La tiranía del engaño

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El secreto domina el mundo y, en primer lugar, lo hace como secreto de la dominación.

Nuestra sociedad se basa en el secreto, desde las “sociedades-pantalla” que ponen a cubierto los bienes concentrados de los poseedores, hasta el “secreto-defensa” que cubre actualmente un inmenso espacio de plena libertad extrajudicial del Estado; desde los secretos, a menudo pavorosos, de la fabricación pobre, que se esconde tras la publicidad, hasta las proyecciones del futuro extrapolado, sobre las cuales la dominación lee por sí sola el progreso más probable de lo que afirma no tener ninguna clase de existencia, calculando las respuestas que aportará misteriosamente. […]

Los rumores mediático-policiales adquieren al instante, o en el peor de los casos tras haber sido repetidos tres o cuatro veces, el peso indiscutible de pruebas históricas seculares. […]

La imbecilidad cree que todo está claro cuando la televisión muestra una imagen bella y la comenta con una mentira. La semielite se contenta con saber que todo es oscuro, ambivalente, “montado” en función de códigos establecidos. Una elite más restringida querría saber lo verdadero, muy difícil de distinguir en cada caso, a pesar de todos los datos reservados y todas las confidencias de que pueda disponer. Porque esa elite quisiera conocer el método de la verdad, aunque esa voluntad suya está por regla general abocada al fracaso.

El secreto domina el mundo y, en primer lugar, lo hace como secreto de la dominación. […]

Las migajas de información que les ofrecen a esos parientes de la tiranía del engaño, normalmente están infectadas de mentira, son incontrolables, manipuladas. Sin embargo resultan placenteras para aquellos que acceden a ellas, puesto que les hace sentirse superiores a todos los que no saben nada. Constituyen el privilegio de los espectadores de primera clase: los que cometen la estupidez de creer que pueden comprender algo, no sirviéndose de lo que se les oculta sino ¡creyendo en lo que se les revela! […]

Con la victoria total del secreto, la dimensión general de los ciudadanos, la completa pérdida de la lógica y los progresos de la venalidad y dejadez universales, se dieron todas las condiciones favorables para que la Mafia llegara a ser una potencia modera y ofensiva. […]

La Mafia no es ajena al mundo; está perfectamente integrada en él. En el momento de lo espectacular integrado, la Mafia reina como el modelo de todas las empresas comerciales avanzadas. […]

De las redes de promoción-control se resbala insensiblemente a las de vigilancia-desinformación. En otras épocas se conspiraba siempre contra un orden establecido. Hoy en día conspirar a favor es un nuevo oficio de gran futuro. Bajo la dominación espectacular, se conspira para mantenerla y para asegurar que solo ella podrá denominar su buena marcha. […]

Llegadas las cosas a este punto, puede verse a algunos actores colectivos empleados por los más modernos medios de edición, es decir, por aquellos que tienen la mejor difusión comercial. […] Se encargan de expresar el estilo de vida y de pensamiento de la época no en virtud de su personalidad, sino según las órdenes. […]

Dado que las fuentes de información son rivales, las falsificaciones también lo son.

Es a partir de tales condiciones de su práctica cuando puede hablarse de una tendencia de rentabilidad decreciente del control, a medida que se aproxima a la totalidad del espacio social y que, consecuentemente, aumenta su personal y sus medios. Pues aquí cada medio aspira, y trabaja, por llegar a un fin. La vigilancia se vigila a sí misma y conspira contra ella misma. […]

La aparición de la dominación espectacular constituye una transformación social tan profunda que ha cambiado radicalmente el arte de gobernar. […] No solamente se hace creer a los sujetos que, en lo esencial, aún están en un mundo que ha de desaparecer, sino que los propios gobernantes experimentan a veces la inconsecuencia de creerse en él. […]

Hay que concluir que es inminente e inevitable un relevo en la casta corporativa que administra la dominación, y especialmente dirige la protección de esa dominación. Solo aparece como el rayo, que se reconoce por sus consecuencias. Ese relevo que va a concluir decisivamente la obra de los tiempos espectaculares opera de forma discreta aunque implicando conspirativamente a personas ya instaladas en la esfera del poder. Selecciona a los que tomarán parte sobre esta premisa principal: que sepan claramente de qué obstáculos se han librado y de lo que son capaces.

Guy Debord: Comentarios sobre la sociedad del espectáculo (1988). Extracto de los apartados XVI a XXIII (último de la obra).

El poder del espectáculo

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Todo experto sirve a su amo, pues cada una de las antiguas posibilidades de independencia ha sido poco a poco reducida a nada por las condiciones de organización de la sociedad presente. El experto que mejor sirve es, sin duda, el que miente.

El espectáculo es hoy más poderoso de lo que era antes […] La vaga impresión de que se trata de una especie de invasión rápida que obliga a la gente a llevar una vida completamente distinta está ampliamente extendida; con todo y con eso, el hecho se vive más bien a la manera en que se experimenta una modificación inexplicable del clima o ante la cual la ignorancia solo sabe que no tiene nada que decir. Además, muchos admiten que se trata de una invasión civilizadora, al parecer inevitable, e incluso desean colaborar con ella. […]

La discusión vacía sobre el espectáculo, es decir, sobre lo que hacen los propietarios del mundo, está pues organizada por el espectáculo mismo: se insiste sobre los grandes medios del espectáculo para no decir nada sobre su amplia utilización. Con frecuencia se prefiere llamarlo mediático más que espectáculo. Con ello se quiere designar un simple instrumento, una especie de servicio público que administraría con imparcial “profesionalidad” la nueva riqueza de la comunicación a través de los mass-media, comunicación finalmente asimilada a la pureza unilateral en la que la decisión ya tomada se deja admirar apaciblemente. Lo que se comunica son las órdenes; y, muy armoniosamente, aquellos que las han dado son también los que dirán lo que piensan de ellas. […]

El cambio de mayor importancia en los últimos veinte años reside en la continuidad misma del espectáculo. […] La dominación espectacular ha educado a una generación sometida a sus leyes. […]

Exceptuando una herencia aún importante pero destinada a disminuir, constituida por libros y construcciones antiguos, que por otra parte son cada vez más a menudo seleccionados y relativizados según la conveniencia del espectáculo, no existe nada –en la cultura, en la naturaleza– que no haya sido transformado y polucionado, según los medios y los intereses de la industria moderna. Incluso la genética ha llegado a ser plenamente accesible para las fuerzas dominantes de la sociedad. […]

La sociedad modernizada hasta el estadio de lo particular integrado se caracteriza por el efecto combinado de cinco rasgos principales que son: la incesante renovación tecnológica, la fusión económico-estatal, el secreto generalizado, la falsedad sin réplica y un perpetuo presente. […]

La fusión económico-estatal es la tendencia más acusada de este siglo y se ha convertido, como mínimo, en el motor más reciente del desarrollo económico. La alianza defensiva y ofensiva pactada por el poder de la economía y el Estado, les ha asegurado a ambos los mayores beneficios en todos los terrenos: puede decirse que cada uno de ellos posee al otro; es absurdo oponerlos o distinguir sus razones y despropósitos. […]

El solo hecho de carecer en lo sucesivo de réplica, ha dado a lo falso una cualidad nueva. Es a la vez lo verdadero que ha dejado de existir casi por todas partes o, en el mejor de los casos, se ha visto reducido al estado de una hipótesis que nunca puede ser demostrada. La falsedad sin réplica ha acabado por hacer desparecer la opinión pública, que primero se encontró incapaz de hacerse oír y después, muy rápidamente, incapaz siquiera de formarse. […]

Todos los expertos son mediáticos-estáticos y eso es lo único por lo que son reconocidos como expertos. Todo experto sirve a su amo, pues cada una de las antiguas posibilidades de independencia ha sido poco a poco reducida a nada por las condiciones de organización de la sociedad presente. El experto que mejor sirve es, sin duda, el que miente. […]

La sociedad llamada democrática […] no es atacable puesto que es perfecta como jamás lo fue sociedad alguna. […] Por primera vez en la Europa contemporánea, ningún partido ni fracción de partido intenta ya fingir que tratará de cambiar algo importante. La mercancía no puede ser criticada por nadie: ni como sistema general ni como una pacotilla determinada que a los empresarios les ha convenido colocar en ese momento en el mercado. […]

Jamás la censura ha sido tan perfecta. Jamás a aquellos a quienes en algunos países se les ha hecho creer que son ciudadanos libres, se les ha permitido menos dar a conocer su opinión, toda vez que se trata de una elección que afectará a su vida real. Jamás ha estado permitido mentirles con una falta de consecuencias tan perfecta. Se supone que el espectador lo ignora todo, que no merece nada. Quien siempre mira para saber la continuación, no actuará jamás: y ese deber ser el espectador.

Guy Debord: Comentarios sobre la sociedad del espectáculo (1988). Extracto de los apartados I a IX.

El amigo

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‘Uno siempre a mi alrededor es excesivo –piensa el solitario–. Uno por uno acaban siendo dos’. Yo y mí están constantemente dialogando con apasionamiento; y esto no lo podríamos soportar sin un amigo. Para el solitario, el amigo es siempre el tercero; ese tercero es el corcho que impide que el diálogo entre los dos se vaya a pique. Lamentablemente, existen demasiadas profundidades para todos los solitarios. Por eso anhelan un amigo a su altura. Nuestra fe en otros revela lo que quisiéramos de nosotros mismos. Nos delata nuestra ansia de amistad. […] El auténtico respeto que no se atreve a solicitar amistad es: ‘¡Por lo menos sé mi enemigo!’. Quien quiere tener un amigo tiene también que querer luchar por él; y para luchar hay que poder ser su enemigo. […] Nuestro amigo debe ser nuestro enemigo. ¿Qué tu amigo debe sentirse horado de que te presentes a él tal y como eres? ¡Pues maldito lo que le importa eso a él! Quien se presenta tal como es termina suscitando irritación. ¡Qué razón tenéis cuando os asusta la desnudez! […]

¿Has visto a tu amigo durmiendo alguna vez para saber qué aspecto tiene? Pues, ¿qué es en otros momentos el rostro de tu amigo? No es más que tu propio rostro reflejado en un espejo tosco e imperfecto. ¿Has visto a tu amigo durmiendo? ¿Y no te horrorizó el aspecto que tenía en ese momento? Amigo mío, el hombre es algo que debe ser superado. Un amigo tiene que dominar el arte de adivinar y de quedarse callado. No te empeñes en verlo todo. Tu sueño te debe revelar qué es lo que hace tu amigo cuando está despierto. Tu compasión ha de ser un adivinar, para que estés seguro de que tu amigo quiere que le compadezcas. La compasión para con el amigo debe estar oculta bajo una dura cáscara; debes dejarte un diente al intentar morderla. Así tu compasión será dulce y delicada.

¿Eres para tu amigo aire puro y soledad, pan y medicina? Hay quien no puede romper sus cadenas y, sin embargo, redime a su amigo. ¿Qué eres un esclavo? Entonces no puedes ser amigo. ¿Qué eres un tirano? […] ¡Cuanta pobreza y cuanta avaricia […] hay aún en vuestra alma! Lo que vosotros le dais a vuestro amigo se lo doy yo a mi enemigo, y sin que ello me empobrezca más. Existe la camaradería, sí; pero, ¡ojalá exista también la amistad!

Friedrich Nietzsche: “El amigo”, Así habló Zaratustra (1893). Traducción de Francisco Javier Carretero Moreno (ed. 1999).

Estado social, estado hipnótico

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El estado social, como el hipnótico, no es sino una forma del sueño, aquí sueño de mando convertido en acción. No tener sino ideas sugeridas y creerlas espontáneas: tal es la misión del sonámbulo, y asimismo la del hombre social.

Fue […] necesario, al principio de cualquier sociedad antigua, un gran despliegue de autoridad ejercido por unos cuantos hombres imperiosos y positivos. ¿Acaso gobernaron esencialmente, como se dice, mediante el terror y la impostura? De ninguna manera. Dominaron por su prestigio. El ejemplo del hipnotizador nos hace comprender la profunda significación de esta palabra. Para ser creído ciegamente por el hipnotizado, el hipnotizador no precisa mentir; tampoco necesita aterrorizar para ser obedecido pasivamente. Es prestigioso: ello lo explica todo.

Gabriel Tarde: Las leyes de la imitación (1890).

El precio de un parlamentario.

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UN TEXTO DE BORIS VIAN (Primera traducción al español).

La verdadera manera de comprar un parlamentario es el método directo. Nos preguntamos: ¿debemos comprarlo de pie o abatido tras un disparo? Elija la segunda solución. Abatido vale más aún. Fijemos las cifras: personalmente consideramos bastante barato todo parlamentario muerto que nos sea ofrecido por una suma de uno a cinco millones según corpulencia. Puede parecer caro. En realidad, un rápido cálculo al nivel de la escuela primaria hará que advierta enseguida que, vivo, es aún más ruinoso.

El vocablo ‘parlamentario’ deriva, como se sabe, del viejo francés ‘hablar mentiroso’ [en español diríamos ser un bolero, un trolero, un charlatán…], y su significado resulta evidente. […]

Una cuestión que a veces nos preguntamos es el valor de un parlamentario; se dice de hecho corrientemente ‘Fulano se vende” o “Fulano es un vendido”, pero se omite especificar el precio. ¿Es posible, a partir de algunos de los elementos de que disponemos, fijar un baremo aproximado que permita sacarles provecho? La actual afluencia de visitantes que se respira es ciertamente molesta, y el extranjero, el turista que intentamos atraer a nuestro territorio, puede querer llevarse a casa un recuerdo que no sea la Torre Eiffel. La Cámara de Diputados está a punto de convertirse, más allá de nuestras fronteras, tan valiosa como nuestro primer monumento de exportación: ¿por qué no aprovecharla y no renunciar a algunos de sus pensionados? […]

Excelente ocasión para montar un fructífero pequeño comercio. […]

Es muy de tener en cuenta el hecho de que estar ya vendido no impide en ningún momento que el parlamentario vivo siga estando en venta. Es este uno de los pocos casos comerciales de transferibilidad permanente […] La venta de un parlamentario es una operación financiera compleja que pone en juego un código más o menos oculto, bastante ridículamente mantenido en secreto por las partes interesadas a pesar de que el hombre corriente conoce el mínimo detalle. […]

Eliminemos de entrada esta idea de que tenemos interés en comprar al parlamentario mediante contratación-compra o a crédito. En realidad, en estas condiciones, el parlamentario nunca le pertenece a usted. El procedimiento es tramposo: un individuo, aún no parlamentario, se os presenta y se os ofrece, a cambio de nada, pues es astuto, ha de ser elegido. Al elegirlo, tendrá derecho a decir que es su parlamentario; pero le demuestra inmediatamente lo contrario al votar algunos impuestos progresivos que lo arruinan y no conducen a nada, pues –atención a la astucia– él siempre se las apaña, gracias al déficit, para que sea nula la venta, y, milagro de la estrategia, es usted el que está en bancarrota. El juego es la leche. Está harto, pero el parlamentario tiene más de un truco en su saco y sabe cómo cubrirse con la amenaza de severos castigos ante cualquier propaganda a favor de una huelga fiscal (que uniría otra vez de inmediato sus combinaciones maquiavélicas), para que el consumidor esté lo suficientemente desarmado. […]

La verdadera manera de comprar un parlamentario es el método directo. Nos preguntamos: ¿debemos comprarlo de pie o abatido tras un disparo? […] Elija la segunda solución Caballero abatido vale más aún. […] Fijemos las cifras: personalmente consideramos bastante barato todo parlamentario muerto que nos sea ofrecido por una suma de uno a cinco millones según corpulencia. Puede parecer caro. En realidad, un rápido cálculo al nivel de la escuela primaria hará que advierta enseguida que, vivo, es aún más ruinoso.

Extracto de la crónica de Boris Vian Le prix d’un parlamentaire, publicada por primera vez en el diario La Parisienne en 1953.

Traducción propia del mismo en la edición de su libro Traité de civisme, edición de Nicole Bertolt (© Cohérie Vian, 2006 y 2015), Le Livre de Poche).

El arte de tirarse pedos

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En plena Belle Époque, el marsellés Joseph Pujol mostró poseer un enorme talento en el arte de la flatulencia, tanto que sus pedos se cotizaban muchísimo más que la voz y las cualidades interpreta-tivas de la mismísima Sarah Bernardt. Era el artista mejor pagado del momento y la gente llenaba el Moulin Rouge para verlo actuar. En 1900 Sarah Bernardt ganaba tres mil francos diarios, Le Pétomane –nombre artístico de Pujol por razones obvias– veinte mil. No fue un artista cualquiera, pues. En absoluto.

Joseph Pujol consiguió algo que, desde luego, no está al alcance de todos: vivir de sus flatulencias. Por eso fue conocido con el nombre artístico de Le Pétomane (algo así como El Pedómano). Unas flatulencias que reunían los elementos fundamentales de la música: melodía, ritmo y armonía, y los combinaba. Aunque no sé si, por ello, calificarlas de música. Sonoridad, desde luego, no le falta. ¿Música de viento tal vez?

Joseph Pujol (Marsella, Francia, 1857-1945; su padre era catalán, de Mataró) descubrió su especial habilidad, la de controlar a voluntad sonoras ventosidades, siendo adolescente, un día mientras nadaba en el mar. Al parecer, se sumergió en el agua y contuvo la respiración. Sintió entonces un frío helado que penetraba por su “retaguardia”. Salió asustado y se sorprendió al ver que brotaba agua de su ano.

Debutó en el Moulin Rouge el 11 de febrero de 1890, apenas cuatro meses después de su inauguración. Un buen día fue a ver a su director, Charles Zidler, explicándole que su número consistía en beber y cantar por el culo. “Soy pedómano, señor Zidler, y quiero convertirme en El Pedómano del Moulin Rouge”, se presentó. “¿Puede usted tocar la Marsellesa?, preguntó Zidler. Dicho y hecho. Zidler, que estaba acostumbrado a presenciar números de lo más insólitos, le contrató. Su repertorio incluía imitaciones y melodías populares con su ano como instrumento. Con el mismo tocaba otros instrumentos más convencionales, apagaba velas, fumaba cigarrillos, etc. Causó sensación, contándose entre sus admiradores Eduardo, príncipe de Gales, el rey Leopoldo II de Bélgica, el príncipe de Orleans y Sigmund Freud.

Pujol preparaba a conciencia su espectáculo y era sumamente meticuloso en todos los detalles del mismo. En pocos días, se convirtió en la gran estrella de las variedades parisienses. Al estallar la Primera Guerra Mundial se retiró a Marsella, se hizo panadero y nunca más volvió a subir a un escenario. Supongo que sí seguiría tirándose pedos.

Llegó a grabar discos, pero no se han conservado. Ya en su tiempo proliferaron los imitadores, que han continuado hasta hoy. Pero ninguno logró lo que él. A su muerte, la Facultad de Medicina de París ofreció una buena cantidad de dinero para hacerse con su cuerpo y poder estudiarlo, pero sus hijos se negaron. ¿Cuál era el origen de las extraordinarias virtudes de su ano? Nunca lo sabremos.

En 1983 Pasquale Festa Campanile estrenó una película basada en su vida, Il Pétomane, en la que Ugo Tognazzi hacía de Pujol. Vamos, pues, con Tognazzi y un momento del singular show de Le Pétomane en el Jardin d’hiver del Moulin Rouge.

Que pasen un buen domingo. Y coman lo que les apetezca, no les preocupe si les provoca flato. ¿Quién sabe si sus vidas pueden cambiar para siempre gracias a un pedo?

Una versión de esta entrada fue publicada anteriormente en Música de Comedia y Cabaret el 26 de mayo de 2014.