Malditos socialistas (y asimilables)

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Llevaba unos días sin publicar y no pensaba hacerlo hasta mañana para hablar del asesinato de los Rosenberg (19 de junio de 1953). No me apetece. Estoy tan cabreado con todo lo que está sucediendo en el mundo, en esta mierda de mundo, que se me van las ganas de comentar absolutamente nada de eso que llaman actualidad y yo prefiero llamar, por el tratamiento que le dan, cacactualidad. Así que me dedico a escribir un relato que trato de convertir en novela breve y a confeccionar videos, que me sigue gustando.
De ese modo, en una especie de universo paralelo, sobrevivo. Pero, como dice el refrán, poco dura la alegría en casa del pobre. Esta mañana me han hecho la declaración de la renta de 2019 y me he puesto de muy mala hostia, muy mala. No tengo otros ingresos que los de mi pensión. Cobro la máxima y me aplican una retención de casi el 20%. Computados como rendimiento de trabajo, el importe íntegro de lo que he cobrado durante 2019 es de 35.877 euros, de los que me habían retenido 7.874. Vivo de alquiler, aunque tengo una casa en el pueblo cuyo valor catastral es de 28.000 euros. Y ya está. No tengo nada más. Pues bien. Me dice la persona al teléfono que este año me sale a pagar 1.080 euros. ¿Qué?, exclamo, y pregunto cómo es posible. Me dice que se debe a que el año pasado rescaté un fondo de pensiones de 3.300 euros. ¿Y de esa mierda de plan he de pagar tal cantidad? Es lo que me sale, me responde. Pues no me da la gana, que roben a otros que tienen más. Si usted no quiere no pasa nada, cierro el expediente, dice el hombre. ¿Y qué pasará? Pues que va a pasar, no hace falta que me responda, que me embargarán y, encima, me harán pagar una cuantiosa multa. Nada, pues. Adelante. Pero antes, y ya que está siendo grabada la conversación, calle un momento y déjeme decir unas cuantas cosas. Malditos, y malditas; cabrones, y cabronas; hijos de puta e hijas de puta… Y más improperios algunos con destinatario, he dejado registrados, pues me habían indicado que la conversación iba a ser grabada. También la invitación a que me multen. Ni será la primera ni la última vez que lo hagan. Y a mucha honra.
¿Cómo es posible que porcentualmente pague más yo, mucho más, que el tal Amancio Ortega y demás compinches del Ibex 35? Y más, también mucho más, que las grandes compañías multinacionales. Bueno, sí. Claro que es posible.
En su libro Comentarios sobre la sociedad del espectáculo, (1988) escribía Guy Debord: “La fusión económico-estatal es la tendencia más acusada de este siglo y se ha convertido, como mínimo, en el motor más reciente del desarrollo económico. La alianza defensiva y ofensiva pactada por el poder de la economía y el Estado, les ha asegurado a ambos los mayores beneficios en todos los terrenos: puede decirse que cada uno de ellos posee al otro; es absurdo oponerlos o distinguir sus razones y despropósitos”. Instalados en los puestos de poder, simples matices separan unos de otros. Ahora en España hay un gobierno de coalición que forman el Partido Socialista Obrero Español y Unidas Podemos. Los primeros actúan como han hecho siempre, como recita Chicho Sánchez Ferlosio en su pieza del Romancero de Durruti “Malditos socialistas”: Que el mundo va a cambiar, nos dicen… […] Menudos demagogos, con sus perros de presa, / jugando como siempre / al palo y la promesa. / Malditos socialistas vendidos al patrón, / jugando con nosotros al gato y el ratón. / Nos habéis traicionado sin ninguna vergüenza […]. Los segundos les siguen el juego y deberían ser un poco más honestos y pasar a llamarse Ni Unidos ni Unidas: No Podemos. Esto no hace buenos a los de derecha. ¡Faltaría más! Solo pone de manifiesto que, como en la copla, “ni contigo ni sin ti tienen sus males remedio”.
En esta vida he conocido bastante gente del PSOE y algunos de ellos han sido buenos amigos, desde ministros a militantes de base. La mayoría, una vez entraron en política, ya nunca dejaron de vivir de ella. El mismo Ximo Puig, presidente de la Generalitat Valenciana, sin ir más lejos. Lo conocí en sus inicios, tenía su despacho en el Palau de la Generalitat, cerca del mío, el mismo al que venía a llamar por teléfono Cipriá Ciscar para preparar (confabular) los comités nacionales del PSPV-PSOE. Al fin y al cabo, era un “teléfono público”, ¿no? Podría contar muchas cosas, muchas más, algunas hasta delictivas (ya prescritas), y hablar de muchos más, pero no vale la pena.
Vergüenza me daría ser del PSOE, aunque fuese un simple militante de base. Vergüenza también pertenecer a Unidas Podemos y similares (Compromís, por ejemplo). También podría decir muchas cosas de estos. Tampoco vale la pena. En cuanto al resto de partidos del espectro político [recuerden que espectro puede significar fantasma] no hay opción posible.
Y ya. Lo dejo. No se me ha pasado la mala hostia, pero me vuelvo a mi universo paralelo, a seguir con un vídeo que estoy haciendo sobre la Belle Époque. Y a abrir una botella de un buen vino blanco. Una cosa es estar de mala hostia y otra estar disgustado. Y esto último ni por asomo. Me considero un amante de los placeres, incluyendo entre ellos el de ayudar a los demás, que también es placentero. “Buscar en mí la felicidad de los otros, mi dignidad personal en la dignidad de los que me rodean, ser libre en la libertad de los otros, tal es todo mi credo, la aspiración de toda mi vida”, escribió Bakunin.
En fin… Hasta en un Estado bélico y esclavista como los EEUU de Thoreau se podía ejercer la libertad individual mejor que ahora. Thoreau rechazó pagar durante seis años los impuestos debido a su oposición a la guerra mexicano-americana y a la esclavitud y fue encarcelado. Yo no quiero pagar. Que me encarcelen. No quiero pagar a quienes van a utilizar mi dinero para seguir manteniendo esa alianza entre la economía del capital y del Estado. Imposible. Es obligatorio tener cuenta en un banco.

Me gusta

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Quienes hayan intentado indicar que ‘me gusta’ –lo que se agradece, y mucho– habrán observado que no es posible en mi blog (no es el único, ni mucho menos). Algunos lectores habituales se han dado cuenta de tal circunstancia y me han preguntado acerca de ello. Pues bien. Desactivé la opción. Prefiero no saber a quién le gusta lo que publico. Voy a intentar explicar sucintamente los motivos.

Existen, en WordPress, los ‘me gusta’ que yo califico como ‘de cortesía’, o ‘solidarios’, aquellos que se ponen, que ponemos, a alguien cuya trayectoria más o menos ya conocemos cuando no tenemos tiempo o nos topamos con una entrada cuyo tema nos interesa poco, aunque no su autor. Me parece estupendo que así lo hagamos, que nos apoyemos unos a otros dentro de este complejo, dispar y saturado mundo de los blogs. Nada que objetar, pues. Todo lo contrario.

Algunos compartimos lo que aquí publicamos en otras redes. En mi caso, tengo activados los widgets de Twitter y Facebook. Twitter no lo utilizo para nada, pero sí comparto en Facebook cuantas entradas publico en el blog. Este es, generalmente, el único uso que hago de esta plataforma, terreno propicio a la vanidad y el exhibicionismo. En Facebook no cabe hablar de los ‘me gusta de cortesía’, o ‘solidarios’. La experiencia me dice que son ‘me gusta de intercambio’, es decir me gusta y, por tanto, ahora te toca a ti hacer lo mismo con mi publicación. Como haya un par de veces que no les hayas correspondido ya no hay ‘me gusta’ que valgan. No tengo nada contra la gente que está todo el día conectada a Facebook, cuya primera publicación suele ser un “buenos días” y la última un “buenas noches”, nada en absoluto. Cada uno que use Facebook como quiera, o pueda, y para lo que quiera, o pueda.

Un ejemplo muy clarificador, uno de tantos, acerca de lo que les señalaba es el que sigue. En 2013 yo administraba con otros una página de Facebook titulada Una Pizca de Cine, Música, Historia y Arte (ahora parece ser un blog personal), que abandoné poco después cuando los demás adiestradores me pidieron que me autocensurase al querer compartir en ella un vídeo sobre Donald Trump (Rata de dos patas), pues no debíamos posicionarnos políticamente porque los lectores eran muy diversos. Pues nada. Adiós. Antes de esto, creo recordar que fue la entrada que publiqué en Música de Comedia y Cabaret con motivo del centenario de Édith Piaf, más de 4.000 usuarios de Facebook indicaron que les gustaba o bien la compartieron (ahora en WordPress ya no se indica las veces que una publicación ha recibido un ‘me gusta’ o ha sido compartida en Facebook). En el widget de la plataforma que puede encontrar bajo la entrada figuraba +4k. Bien. La entrada sobre Édith Piaf –acabo de mirar las estadísticas– ha tenido hasta el momento 2.876 visitas. ¿Pero no gustaba a más de 4.000 y fueron centenares quienes la compartieron? No hay tanta gente que me aprecie, siquiera juntado a todos cuantos me hayan conocido durante mis 65 años de vida. ¡Ah! Y los comentarios todos buenos, la mayoría deshaciéndose en halagos hacia la cantante francesa. ¿Y el desfase de cifras?, ¿cómo se explica? Verán. Resulta que antes cuando uno (o una) clicaba en el ‘me gusta’ de Facebook, WordPress lo contabilizaba como una visita. O sea, la mayoría de los que le dieron al ‘me gusta’ no accedieron a la entrada. De ella solo leyeron las pocas líneas que acompañaban la fotografía, no leyeron a la entrada, ni vieron los vídeos. Eso sí, los comentarios reflejaban un enorme interés y conocimiento sobre Piaf. ¿A qué jugamos? ¿A intercambiar cromos como cuando éramos pequeños? Insisto en lo que decía antes: cada uno que use Facebook como quiera, o pueda, y para lo que quiera, o pueda. Yo no quiero hacer amigos, solo promocionar mis cosas. Quien lo entienda bien y quien no también, pero yo me guiaré únicamente por el contenido de las publicaciones cuando entre a compartir (me conecto muy poco). Me niego al intercambio gratuito de ‘me gusta’ a cambio de unas cuantas visitas más o menos.

Nunca creí que diría algo acerca de YouTube más allá de echar pestes, pero me parece muy bien que el que sube un vídeo no sepa la identidad de quienes indican que les gusta. De ese modo no se puede dar esa reciprocidad interesada de los ‘me gusta’. Facebook no permite desactivar esta opción, o bien no sé cómo se hace en caso de que se pueda. Si alguien lo sabe y me lo cuenta se lo agradeceré. WordPress sí, y por eso lo hecho. Aunque, repito, parece estupendo que nos apoyemos unos a otros dentro de este complejo, dispar y saturado mundo de los blogs con los ‘me gusta’ que calificaba como ‘de cortesía’, o ‘solidarios’. Ya nos conocemos, sé lo que me gusta y lo que no, con quien me identifico más y con quien menos, y seguiré clicando en el ‘me gusta’. En Facebook no, pues no sé si pasarme a página o cerrar la cuenta. Me enfada.

Covid-19 y el arte de birlibirloque: saldremos mejores, más solidarios, renovados y cambiados.

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“Más juntos que nunca”, “Juntos lo conseguiremos”, “Saldremos de esta”, “Saldremos adelante”, “Unidos venceremos al virus”, “Salimos más fuertes”… Eslóganes como estos se repiten cual mantra desde todas las instancias e instituciones, y han calado tan profundamente que muchos los reproducen en las redes sociales, convencidos –o abducidos– de que, una vez pase la primera oleada de la pandemia del Covid-19 –¿o acaso alguien duda de que no van a venir más?–, seremos mejores, más solidarios, saldremos renovados y cambiados. Vamos, que el hombre nuevo que debía crear la nueva sociedad comunista nacida de la Revolución soviética será por fin una realidad. Y sin violencia ni confortación alguna con otros.

Tengo dudas, muchas dudas, todas las dudas, pero voy a confiar en que tales afirmaciones no carecen de fundamento, a pesar de no encontrarlo. Voy a suponer que quienes así piensan y tanta confianza depositan en la humanidad y su inmediato futuro tienen razón y yo, pesimista incorregible, nihilista y misántropo, estoy equivocado.

Según el Banco Mundial, “la crisis en marcha revertirá casi todos los avances logrados en los últimos cinco años. […] Entre 40 millones y 60 millones de personas caerán en la pobreza extrema (vivir con menos de 1,90 dólares USA al día) en 2020. […] La tasa de pobreza extrema mundial podría aumentar entre 0,3 y 0,7 puntos porcentuales, hasta llegar a alrededor del 9 % en 2020”. Mas como quiera que no hay dificultad que “todos unidos” no podamos superar, “saldremos adelante”, más fuertes y mejores.

Forbes (11 de abril de 2020), consciente de la necesidad de que estemos “más juntos que nunca”, señala que “las personas más ricas del mundo no son inmunes al coronavirus”. Y añade: “A medida que la pandemia se fue apoderando de Europa y América, los mercados de valores mundiales se desplomaron, arrastrando muchas fortunas. Al 18 de marzo, cuando se finalizó el estudio para esta lista, Forbes contaba con 2.095 milmillonarios, 58 menos que hace un año […]. De los multimillonarios que quedan, el 51% son más pobres que el año pasado. En términos brutos, los milmillonarios de todo el mundo tienen un patrimonio valorado en 8 billones de dólares, lo que supone una disminución de 700.000 millones de dólares desde 2019”. Lo superaremos también, con la buena voluntad de todos. Y conseguiremos, ¡cómo no!, que los más de 1.000 millones de personas todavía carecen de acceso al agua limpia dispongan de la necesaria, que los 2,4 millones de niños que mueren de enfermedades transmitidas por el agua cada año se conviertan en una cifra insignificante, que los aproximadamente 1.000 millones de personas que no saben leer ni escribir hagan ahora ambas cosas con fluidez, que los 6 millones de niños de menos de cinco años que mueren cada año como consecuencia del hambre ahora se puedan hartar hasta la saciedad. Y así todo, pues vamos a salir renovados. ¡Faltaría más!

También la obscenidad (se dice que algo es obsceno cuando ofende al pudor o la decencia, es decir, a la dignidad y honestidad de nuestros actos) desaparecerá de la vida pública. Las excéntricas e impúdicas acciones que hasta el momento han protagonizado los multimillonarios dejarán de existir. Ya no habrá más casos como estos de los que daba noticia el periódico mexicano El Clarinete hace un par de años: “Datta Phuge, un empresario indio, mandó fabricar esta camisa de oro de 22 quilates. Se necesitaron 15 artesanos trabajando durante 16 días, tiene un peso de 3,3 kilogramos y un valor de 242.000 USD. […] Este Mercedes SL600 fue presentado en el salón del automóvil de Dubái en el año del aniversario de la creación del famoso modelo de la marca alemana. El auto está cubierto de diamantes, es propiedad del príncipe saudí (Amir) y cuesta 4´8 millones de USD. […] El millonario jeque árabe, Hamad Bin Hamdan, hizo construir su nombre en el suelo con la intención de que pudiese ser visto desde el espacio; las letras tienen 1 km de altura y 3 km de longitud. […] El conocido magnate ruso Pavel Durov, decidió divertirse un rato lanzando billetes en forma de avión desde una ventana de un edificio de San Petersburgo; los billetes eran de 5.000 rublos (unos 165 UDS). […] Un edificio de 40 plantas y 37.000 metros cuadrados es la vivienda del hombre más rico de la India, el empresario Mukesh Ambani. La vivienda está situada en la calle Altamount de Bombai y, pese a que se desconoce su valor, se presume como una de las viviendas más caras del mundo”. Estamos todos unidos, no lo olviden, y saldremos mejores, no les quepa duda.

Lo mismo ocurrirá con las extravagancias de los personajes famosos. Así, por ejemplo, Rihanna (o Jennifer Lopez, depende de dónde se lea) dejará de pedir que reemplacen los asientos en los baños por unos nuevos antes de entrar a un hotel; a David y Victoria Beckham ni se les ocurrirá volver a gastarse 240.000 dólares decorando la habitación de su hija pequeña o regalar a su hijo Romeo, como cuando tenía dos años, una fortaleza de madera que costó 180.000 euros; la hija mayor de Beyoncé y Jay Z, que aún no ha cumplido 8 años, dejará de vivir rodeada de lujo y caprichos como una cuna en forma de carruaje, biberones con zafiros, una trona con cristales de Swarovski, pendientes con diamantes, un caballito balancín de oro, una Barbie de edición especial decorada con diamantes e incrustaciones de oro blanco o una casita de muñecas que vale más de 25.000 euros, y ya no le organizaran más fiestas de cumpleaños con gastos de 60.000 euros en rosas y 2.000 euros en la tarta, y la hija de Kim Kardashian y Kanye West, que tiene desde los 3 años un vestidor más grande que la casa entera de muchas personas (mide 180 metros cuadrados y está valorado en más de dos millones de dólares) y tiene dos estilistas a su servicio, vestirá ropa de mercadillo. Ni estos ni otros dislates, que he sacado de la revista Elle (25 de julio de 2018), tendrán cabida en ese nuevo mundo que todos juntos, más unidos que nunca, vamos a levantar.

Por fin, pues hemos aprendido de la historia un montón, viviremos dignamente, sin odios ni rencores, sin violencia ni vanas confrontaciones que a nada conducen. Contentos y orgullosos de nuestro ahora recto proceder, saldremos a la calle de paseo, reconoceremos a mucha gente que antes siquiera vimos y, con voz también mejorada, todos a una cantaremos: “¡Viva la gente¡ / la hay donde quiera que vas. / ¡Viva la gente¡ / es lo que nos gusta más. / Con más gente a favor de gente / en cada pueblo y nación / habría menos gente difícil / y más gente con corazón”.

Así será. Ya lo verán. ¿Que cómo? Pues por arte de birlibirloque. Porque, en caso contrario, ya me dirán de qué modo.