Un policía diputado y dos mindundis trepas de profesión (mis últimos años en la Diputación de Valencia)

Galería

Dipu

Llegamos al final de este apartado (Actividades profesionales) que, dentro de la sección de este blog Sobre mi trayectoria profesional, inicié el pasado 15 de febrero con un artículo titulado “Comenzar de nuevo” y proseguí el 28 del mismo mes con la entrada “Mi trabajo como editor: el Servicio de Publicaciones de la Diputación de Valencia”. Ya tenía ganas de acabar con esta historia, tantas como pereza me daba. Me cansa hablar de esto. Pero bueno, ya que comencé vamos allá. Afortunadamente, me doy cuenta ahora de que he contado ya más de lo que creía sobre esta última etapa de mi trayectoria profesional –aunque en realidad debería decir laboral–, una etapa de la que no guardo precisamente buenos recuerdos.

Decía en aquella entrada que toda la experiencia que adquirí al frente del Servicio de Publicaciones de Diputación y “que se incrementó notablemente con el tiempo como podrán leer en las entradas que siguen, todos mis conocimientos –soy capaz de diseñar un libro y de llevar a cabo todos los pasos que requiere su edición, y también he dirigido varias obras colectivas, en alguna de las cuales colaboraron más de doscientas personas– en 2015, cuando Compromís se hizo cargo del área de Cultura de la Diputación, fueron ignoradas deliberadamente. Y es que hay puestos muy apetitosos y personas muy faltas de ética”. Cuando PSOE y Compromís (y dentro de este el Bloc e Iniciativa) se repartieron las diversas áreas, ni quería ni esperaba nada. Todos sabían que mi único deseo era jubilarme cuanto antes, era algo público y notorio. Seguía contando los días que me faltaban para poder jubilarme como el preso que va tachando estos en un calendario y dice: ya me queda un día menos para salir en libertad. Pero… Un buen día una persona (un mindundi) –al que en la entrada mencionada llamaba Mi única Vocación [es] Ir Medrando– mostró un repentino y gran interés por conocerme en persona. Ningún problema. Creí que era una charla amistosa, pero el tipejo solo quería indagar acerca de mis posibles pretensiones, no fuera a ser que intentara ‘batallar’ por alguna plaza adecuada a mi perfil, lo que resultaría molesto puesto que el candidato estaba más que designado con anterioridad (el que denominé I Ara Meu). Todo quedó muy claro el día en que el nuevo diputado de Cultura, el señor Xavier Rius, del Bloc, nos reunió a toda la plantilla del Museo y dijo más o menos que él ya había hablado con quienes tenía que hablar y había sacado sus conclusiones, que eran las que iban a ponerse en marcha. El señor diputado ni me conocía ni sabía nada de cuanto había hecho. Tampoco le interesaba. Ya había hablado con quienes tenía que hablar… El señor Rius es policía municipal. No puedo evitar que al decir esto me venga a la mente el policía al que le practicaron la autopsia (Alfred Jarry: “El cerebro del agente de policía”, Especulaciones) y hallaron su caja craneana ‘vacía de todo rastro de cerebro y rellena, en cambio, de diarios viejos (puede que de consignas en su caso). ¿Qué iban a encontrar si no?

Cualquiera que conozca un poco esto de la cultura valenciana, cultureta más bien, identificaría enseguida a los sujetos de los que hablaba: el trepa mindundi Mi única Vocación [es] Ir Medrando, el medrador meritócrata I Ara Meu y el policía local que me recuerda al que describía Jarry, ahora diputado del área de Cultura. Son, efectivamente, Rafael Company, director del Museu Valencià de la Il·lustració i de la Modernitat (MuVIM); Vicent Flor, director de la Institució Alfons el Magnànim (IAM), y Xavier Rius, diputado provincial de Cultura.

Y decía más aún: “¿Qué hicieron? Convocar un concurso público para ocupar dicha plaza porque, decían, no se podía cubrir con ningún funcionario. Y, efectivamente, no se podía. ¿Por qué? Porque quedaban excluidos los historiadores. Sociólogos sí, historiadores no [el señor Flor es sociólogo]. De ese modo evitaban cualquier tentación de que tanto yo, como otro funcionario que sí aspiraba al puesto, pudiéramos presentarnos. Así de descarado. Cuando me enteré de todo esto, cogí tal cabreo que todavía me dura. ¡Ay si llego a saberlo a tiempo! Jubilarme seguía siendo prioritario para mí, pero así no. Me plantee entonces pleitear contra tal arbitrariedad. De hecho, hablé por medio de un amigo con una abogada de uno de los bufetes con más prestigio de Valencia y le pasé documentos. Me dijo que ganaría el pleito, que de ningún modo se sostenía que no se trataba de un concurso amañado. Todos sabíamos quién iba a sacar la plaza y ninguno nos equivocamos. Como sé ahora quién ganará cualquiera de las que puedan convocarse en el Área de Cultura. No soy adivino, pero tampoco bobo. No pleiteé porque alguien muy allegado a mí me pidió repetidamente que no lo hiciera. Ya no es posible. Solo me queda denunciar públicamente la maniobra. Y en esas estoy. Quemado, eso sí. Se nota, ¿verdad?”.

Si han leído las entradas anteriores del apartado ‘Actividades profesionales’ de la sección de este blog Sobre mi trayectoria profesional, habrán podido comprobar que conozco perfectamente el mundo de la cultura y de la edición, tanto en el medio institucional (monté y dirigí el Servicio de Publicaciones de Diputación) como en ámbito privado; que colaboré desde sus inicios en la Institució Valenciana d’Estudis i Investigació (ahora Institució Alfons el Magnánim) y contribuí a su consolidación; que he dirigido con éxito obras colectivas en las que han llegado a colaborar hasta más de doscientos especialistas y profesionales –lo que también dice algo de mi capacidad para organizar y dirigir– y que la mayoría de ellas han sido por encargo, y que por algo sería cuando me llamaron para encargarme de este tipo de proyectos más de una vez, ¿puede que porqué lo hiciera bien?), que en la Diputación he llevado a cabo también otras iniciativas vinculadas al mundo de la investigación y la edición, como la creación del Centre d’Estudis d’Història Local, que…, que esta gente tiene más cara que espalda. ¿Saben que nos cuesta a los valencianos el tejemaneje en cuestión? 68.000 euros anuales, que es el sueldo del señor Flor. Con un funcionario al frente nos hubiéramos ahorrado esa cantidad.

Me alegra que por una vez mi incontinencia verbal me haya servido. Así no he de volver a escribir sobre esta cuestión. Llámenme sensiblero, pero toda esta maquinación –de la que no quiero entrar en más detalles– me pudo. Insisto: ni quería ni esperaba nada. Pero que, sin comerlo ni beberlo, me metieran en este entramado de espurios intereses, eso sí que no. Me jodió. Y mucho. Y que se aprovecharan de una persona muy allegada a mí con tan bastarda pretensión todavía más. En 2016 cogí mis vacaciones en septiembre. Me reincorporé el lunes día 3 de octubre y el 5 estaba ingresado en el Hospital Clínico por el síndrome de Takotsubo. Este se desencadena a causa de un elevado estrés emocional y es poco frecuente, sobre todo en hombres. Ese estrés emocional, en mi caso, fue fruto de esta continuada decepción respecto a los mencionados comportamientos. Esto lo dicen los informes médicos. ¡Qué quieren que les diga! Uno es así de sensible. ¿Y saben qué? Orgulloso de serlo. Aunque conlleve el ostracismo. Como dijo Pessoa, “el mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad”.

Y ahora sí. ¡Que les den! Que los compre quien no los conozca. Joder, ¡que a gusto me he quedado!

Gran Enciclopedia de la Comunidad Valenciana

Galería

0_Cap

Como decía en la entrada de ayer, “entre unas cosas y otras, fuera de los ámbitos académico y administrativo, me llamaron de nuevo de Editorial Prensa Valenciana para dirigir un nuevo proyecto, el mayor reto al que me había enfrentado hasta entonces. Mira por dónde había aún quien creía en mi capacidad de trabajo. Fue en 2002. Me ofrecieron nada menos que dirigir lo que sería la Gran Enciclopedia de la Comunidad Valenciana (GECV, 2005-2008), obra que consta de 18 volúmenes en la que colaboraron más de doscientos especialistas y alcanzó una difusión de cincuenta mil ejemplares”.

0_mayor 3

Anuncio publicitario aparecido en ‘Levante-EMV’ durante la campaña de promoción.

Habían comprado los derechos de la Gran Enciclopedia de la Región Valenciana (GERV), publicada en 1973 por Mas-Ivars Editores y compuesta de 12 tomos de unas 300 páginas cada uno. Aquella enciclopedia, que se vendió también por fascículos, tuvo gran eco en su momento y en ella habían colaborado conocidos intelectuales y personas vinculadas al mundo de la cultura valenciana como Joan Fuster, Ricard Blasco, Manuel Sanchis Guarner, Alfons Cucó o Vicente Aguilera Cerni. Tenía yo entonces 18 años y comenzaba mis estudios en la facultad de Filosofía y Letras de la Universitat de València. Recuerdo, visualizo, aquellos fascículos, pues mi tío Pepe los coleccionaba. Quien me iba a decir en aquellos momentos que treinta años después dirigiría yo una obra semejante.

Aquella enciclopedia surgió con la intención de “llenar un vacío que satisfaga una necesidad hondamente sentida entre los valencianos de nacimiento como entre los valencianos de adopción. Son muchas las preguntas sobre quiénes fuimos, cómo somos y, sobre todo, quiénes queremos ser”. Casi treinta años después Editorial Prensa Valenciana estimó conveniente la actualización y ampliación de las entradas que trataban de responder a dichas preguntas, elaborando una nueva enciclopedia que saldría también a la venta por fascículos, esta vez a través del periódico Levante-EMV.

000237

Sin este precedente no hubiera sido posible llevar a cabo el proyecto, al menos en el tiempo de tres años, que es el que tardamos desde que este se gestó hasta que comenzó a publicarse el primer fascículo. Con la compra por parte de Editorial Prensa Valenciana de los derechos de la Gran Enciclopedia de la Región Valenciana partíamos de algo fundamental para elaborar una obra de este tipo: la de un corpus enciclopédico de envergadura sobre el que trabajar. En base a él se imponía ahora hacer una nueva enciclopedia, pues habían pasado treinta años en los que la sociedad valenciana –el mundo entero– había experimentado notables transformaciones. Es por ello que se incrementaron considerablemente, prácticamente se duplicaron, el número de entradas: de las 16.000 con que contaba la GERV se pasó a las 31.000 de que constaba la CECV. Todos los artículos de la primera se recogían en la CECV debidamente actualizados y puestos al día; algunos se redactaron de nuevo. En esta labor tanto yo como la coordinadora general de la enciclopedia (Ana Sebastià Alberola), el equipo editorial (Anna Alfonso, Anna Boira, Mariana Lanzara, Lluís Vidal y Olivia Pérez) y el de redacción (los citados más Sonia Borreguero, Manuel Cerdà García, Montse Escribano, Pablo Cisneros, Ibán García Castillo, Ana Martínez, Ricard Ramon Camps, Nuria Jimeno, Ana I. Martín, José Martínez Tormo y Sergio Tebas) pudimos comprobar que la frase incluida en las páginas de presentación de la GERV –“En el futuro esta enciclopedia será de cita regular y autorizada, tanto para los estudiosos como para el público en general y para todos aquellos, en fin, que, con una disposición u otra, se sientan valencianos y quieran actuar como tales”– no era mera retórica, sino la constatación de lo bien hecho, pues con el tiempo la GERV se convirtió en referencia ineludible. Todos nos ‘conjuramos’ para que la GECV estuviera a su altura y fuese una obra útil, sobre todo útil.

La Gran Enciclopedia de la Comunidad Valenciana respondía, pues, a una doble voluntad: por un lado, presentar de forma sintética los conocimientos fruto de del esfuerzo individual o colectivo obtenidos mediante la investigación y, por otro, ser un fiel reflejo de los diversos acontecimientos, instituciones, organismos y entidades, personajes públicos, profesionales de las más distintas actividades, etc., de la historia y el presente valencianos.

0_Especial 3

Especial presentación (‘Levante-EMV’, 8 de septiembre de 2005).

El presupuesto fue bastante alto. Levante-EMV no escatimó en gastos y se llevó a cabo una gran campaña promocional desde un par de semanas antes desde sus páginas y mediante spots publicitarios en radio y televisión. Igual se actuó en el acto de presentación de la obra, que se celebró el 7 de septiembre de 2003 en la aula magna y claustro de la histórica sede de la Universitat de València. El primer fascículo salía a la venta el sábado 10 de septiembre.

2215_1074677235851_1722_n

Equipo editorial de la GECV. De izquierda a derecha: Ana Sebastià, Anna Boira, Anna Alfonso, Manuel Cerdà y Mariana Lanzara (‘Levante-EMV’, 28 de agosto de 2005).

La buena acogida que tuvo la enciclopedia consolidó la idea que teníamos en principio de continuar la obra a través de suplementos, como es habitual en la mayoría de las enciclopedias, con el fin de que siguiera siendo una obra viva, actual, que reflejara en todo momento los cambios y novedades acaecidos en el País Valenciano, teniendo siempre en cuenta las últimas investigaciones en los diversos campos del saber.

Así, en 2008 se publicaba un nuevo tomo, el 18 (Suplemento A-Z), en el que se actualizaban las entradas de los diecisiete que formaban la obra hasta entonces y se introducían artículos y conceptos que en su día no tuvieron cabida por no estar lo suficientemente estudiados o no tener todavía una incidencia social relevante, así como los principales acontecimientos registrados en el País Valenciano desde 2005. En esta ocasión conté, obviamente, con un equipo más reducido y ya no figuraba yo como único director. Ana Sebastià Alberola había realizado una excelente labor como coordinadora de la enciclopedia. Su buen hacer y su gran capacidad de trabajo fueron claves para que la obra llegara a buen puerto. Me pareció justo y correcto que si los dos trabajábamos lo mismo los dos figurásemos como directores.

En 2010 debía salir otro tomo de similares características, pero las consecuencias de la crisis de 2008 eran ya manifiestas por entonces. Levante-EMV tuvo que recortar su presupuesto editorial y, en consecuencia, su política al respecto. Una lástima, pues de haberlo sabido hubiésemos planteado algunas entradas de distinto modo o no incluido algunas. Pero, claro, esto era imposible cuando se gestó el proyecto.

Enciclopedia valenciana de arqueología industrial

Galería
Portada

Portada de la ‘Enciclopedia valenciana de arqueología industrial’.

Se publicó esta obra, que codirigí con Mario García Bonafé, a mediados de 1995. Consta de 680 páginas que comprenden más de 500 entradas redactadas por un total de 76 colaboradores, versados en los diferentes temas que en ellas se tratan y procedentes de diversos ámbitos, no solo el académico.

Respecto al por qué de su gestación, su necesidad y sus pretensiones, se explicitan en los siguientes párrafos que extraigo de su Introducción:

Los orígenes de esta se remontan a principios de 1994, cuando en la localidad de Sagunt se desarrollaban las sesiones del Segon Congrés d’Arqueologia Industrial del País Valencià, que había organizado la Associació Valenciana d’Arqueologia Industrial (AVAI) con el título ‘Cultura material i canvi social’. Tanto las ponencias como las comunicaciones mostraban que la línea iniciada en el congreso de Alcoi, celebrado cuatro años antes, empezaba a dar sus frutos. En él se intentó abandonar de una vez por todas la asimilación de arqueología industrial al estudio de determinados ‘monumentos’ industriales y definirla como la disciplina que tiene por objetivo la producción de conocimientos históricos a partir del estudio de la cultura material de la sociedad industrial-capitalista. Prácticamente nadie dudaba que la arqueología industrial es arqueología y que ambas son, en definitiva, historia. Sin embargo, y a pesar del buen nivel de las ponencias y comunicaciones del congreso de Sagunt, estas –en su mayor parte– evidenciaban una muy escasa utilización de las técnicas propias de la metodología arqueológica.

Esta situación tiene su lógica. Trabajar en arqueología industrial en el País Valenciano sigue siendo una tarea complicada: se trata de una disciplina aún joven en la que queda mucho por hacer y no existe un reconocimiento académico suficiente que garantice una formación adecuada. Además, la asunción de la arqueología industrial como arqueología era un hecho evidente para muchos de los que participamos en el congreso de Sagunt, pero no tanto para el conjunto de arqueólogos, los cuales siguen ignorando sistemáticamente los estratos contemporáneos en sus excavaciones. Por otra parte, la práctica totalidad de los historiadores que investigan sobre los dos últimos siglos sigue sin recurrir a las fuentes materiales. (….)

Pàg

Una de las páginas de la enciclopedia.

Aparte de esta, hasta la fecha únicamente existe otra enciclopedia, en inglés [B.S. Trinder (dir.): The Blackwell Encyclopedia of Industrial Archaelogy, Londres 1992]. Sin embargo, las referencias a cuestiones metodológicas son escasas. Conceptos como el de ‘estratigrafía muraria’ –imprescindible a la hora de trabajar en arqueología industrial– no figuran como entrada ni son siquiera mencionados. (…)

Esta enciclopedia se basa, en consecuencia, en la premisa de que la arqueología industrial tiene su propio método, que no es otro que el arqueológico (incorporando los registros oral y escrito. La hemos titulado Enciclopedia valencia de arqueología industrial y no ‘del País Valenciano’ porque, si bien su ámbito geográfico es este, hemos pretendido ir más allá al incorporar un gran número de entradas sobre su metodología, válidas para cualquier investigación en cualquier lugar.

Ordenada alfabéticamente, la obra trata sobre aspectos relacionados, como decíamos, con la metodología arqueológica, las diversas industrias –incluyendo la dedicada a la transformación de productos agrícolas–, fuentes de energía, elementos arquitectónicos y de la construcción, transportes y comunicaciones, obras públicas e ingeniería civil y mecánica, así como una amplia selección de las principales localidades en las que las huellas del proceso de industrialización son más evidentes.

000223

Artículo de Jesús Civera sobre la enciclopedia (Levante-EMV, 19 de octubre de 1996).

Salió en mal momento. Un año después, Jesús Civera, entonces jefe de la sección de Cultura del diario Levante-Emv, publi-caba en dicho medio un artículo de opinión titulado “Silencio” (19 de octubre de 1996) en el que, entre cosas, decía lo siguiente:

El último trabajo de Manuel Cerdà y la obra póstuma de M. García Bonafé en la IVEI (G.B. salió de Alfons el Magnánim cuando entró el PP en la Generalitat), firmada conjuntamente, ha pasado desapercibida. Salió hace unos meses publicada por la IVEI, es decir, sumida en la acostumbrada semiclan-destinidad (…) y entre la escasa publicidad de la casa matriz y el menguado estímulo con que suelen acoger los medios de comunicación (…) trabajos como este, el estudio ni siquiera ha alertado a los historiadores del gremio. Y es una lástima. O una barbaridad, según se mire. Porque la enciclopedia repasa los monumentos industriales de esta tierra e intenta una definición de la disciplina (…) Y después interpretar la cultura material de la sociedad industrial. La obra, sin embargo, duerme en el silencio. Significativo, sí.

Así fue. La enciclopedia apenas se difundió, su distribución fue mínima. Aún así, alguna que otra reseña apareció en revistas especializadas como Historia industrial (núm. 10, 1996, que firma Eusebi Casanelles), Industrial Archaeology Review (vol. 18, núm. 2, 1996) o Historia Social, ha sido citada en numerosos trabajos y continúa usándose y siendo útil. En la actualidad sigue a la venta al precio de 48 euros, como figura en catálogo de publicaciones de la Institució Alfons el Magànim. Si se vende o no es algo que desconozco, pues nunca he recibido información al respecto.

Trabajar por encargo

Galería
001349

Portada del tomo I del ‘Diccionario histórico de la Comunidad Valenciana’.

A pesar de los inconvenientes que presenta, que no son pocos, me gustan los trabajos por encargo, aquellos que han de finalizarse dentro de un plazo de tiempo estipulado. Me gustan por el reto que conlleva, incluso el riesgo, porque son cosas que lo más probable es que no hubiera hecho si no, porque tienen principio y fin y luego a otra cosa mariposa. Ahora bien, el proyecto ha de ser de mi agrado, he de sentirme cómodo con él, y debe implicar a otras personas, un trabajo colectivo, pues, que necesariamente requiera un elevado presupuesto. Me gusta dirigir, sí.

El problema que presenta trabajar en este tipo encargos es que tus decisiones han de contar con el visto bueno de quien pone el dinero, en este caso la editorial. En el cine, por poner otro ejemplo ya que decía que me gusta dirigir, con la productora. Casi nunca el director consigue que la película que se estrene responda únicamente a su concepción original, a lo que este pretendía, siendo habituales los choques con el productor, o productores. Lógicamente, el interés de quien pone la pasta no tiene por qué coincidir con el mío. Lo tengo asumido y, de hecho, siempre he tenido discrepancias con la empresa editora. Afortunadamente, siempre hemos llegado a un acuerdo. De lo contrario hubiera desistido.

Poco después de finalizar la Historia del pueblo valenciano, me llamaron de nuevo de Editorial Prensa Valenciana para dirigir otro proyecto, puede que no tan ambicioso, pero no menos interesante. Aparte de la Historia…, había publicado, además de los citados Arqueología industrial de Alcoi y Lucha de clases e industrialización, los libros Els moviments socials al País Valencià (1981) e Historia fotográfica del socialismo español (1984). De nuevo se me presentaba la oportunidad de dirigir un proyecto editorial que requería una amplia participación. Acepté la dirección del nuevo proyecto: un diccionario histórico sobre la historia de lo que sea este espacio geográfico que habitamos. “Con esta finalidad, el profesor Manuel Cerdà, al frente de un equipo de coordinación que ha hecho posible la participación de ciento ochenta colaboradores, en su mayor parte procedentes de distintas universidades, asumió el reto planteado por el periódico Levante-EMV hace tres años”, decía el diario en uno de los numerosos artículos promocionales que se publicaron.

DH _ 3 dic. 92

‘Levante-EMV’, 3 de diciembre de 1992.

Salió el primer fascículo del Diccionario histórico de la Comunidad Valenciana el sábado 5 de diciembre de 1992. La presentábamos como una obra de consulta de carácter analítico y divulgativo, estructurada en voces (o entradas) y ordenada alfabéticamente de la A a la Z, que comprendía conceptos historiográficos, hechos, personajes y familias relevantes, instituciones y perfiles históricos de todos los pueblos. Pretendía ser una obra de consulta que resultara especialmente útil a los alumnos de bachillerato, el entonces vigente COU (Curso de Orientación Universitaria) y estudiantes universitarios, al tiempo que comprensible para el público en general. Tenía, una vez completados los 67 fascículos en que se dividió, 800 páginas que comprendían más de 2.500 entradas y 700 fotografías e ilustraciones. En esta ocasión conté con un equipo de coordinación integrado por Rafael Narbona, Pablo Pérez García y María Cruz Romeo. No alcanzó el elevado número de ventas que registró la Historia del pueblo valenciano –era impensable que así fuera, no entraba en los cálculos– pero la cifra tampoco estuvo mal: más de 70.000 personas coleccionaron los dos volúmenes de que constaba.

001347

Portada y contraportada de ‘52 fines de semana. Rincones de la Comunidad Valenciana’.

La siguiente publicación que firmé con Editorial Prensa Valenciana fue 52 fines de semana. Rincones de la Comunidad Valenciana, también editada en fascículos (52) que pretendía “acercar –de forma ágil, comprensible y manejable– a un público heterogéneo nuestro patrimonio cultural”, ofreciéndoles “la posibilidad de conocer la Comunidad Valenciana de manera gradual o bien de hacer turismo de fin de semana a lo largo de un año sin salir de ella”. Se publicó a lo largo de 2003 y cada ruta se estructuraba en distintas secciones: ‘Cómo llegar’ (itinerario, o itinerarios, aconsejables; medios de transporte, teléfonos de interés y un plano con su correspondiente leyenda), “Qué visitar, dónde ir’ (patrimonio monumental y paisajístico; la de mayor extensión), ‘Qué comer, dónde alojarse’ (selección de hoteles y restaurantes), ‘Más cosas que hacer’ (otras formas de ocupar el tiempo más allá de la ruta sugerida) y ‘Fiestas y tradiciones’ (calendario festivo destacando y describiendo las celebraciones más señaladas). Fue una experiencia de lo más gratificante. Todos los fines de semana hacía, hacíamos, una ruta, descubriendo rincones, costumbres y tradiciones, probando y disfrutando la gastronomía local… Todavía conservo unas dos o tres mil fotografías que hice en aquellos viajes, en papel, que imagino nunca escanearé ni publicaré. La idea era que cada año se renovase la guía. Lamentablemente no fue así. Cosas de trabajar por encargo.

El juego...

Dos tarjetas de ‘El juego de la Comunidad Valenciana’ con preguntas y sus correspondientes respuestas.

Antes empleé la frase “La siguiente publicación que firmé con Editorial Prensa Valenciana”. Firmé. Pues entre una y otra cosa –esto es la primera vez que lo cuento– surgió un nuevo y curioso proyecto. Me llamaron de Barcelona, de la empresa GSC, SL (Gestión Servicios y Comunicación). Habían propuesto a Editorial Prensa Valenciana (EPV) la edición de una especie de Trivial sobre el País Valenciano que se denominaría El juego de la Comunidad Valenciana y esta había aceptado. Necesitaban, no obstante, a alguien que se encargara del contenido, de las preguntas. En EPV les recomendaron que se pusieran en contacto conmigo y eso hicieron. A mí, por novedosa, me pareció una excelente idea, especialmente divertida. Se lo comenté a algunos amigos, que no parecían compartir mi entusiasmo. Dos de ellos y yo quedamos en seguir adelante. Ahora bien, estos –cosas del currículum, a mí me la traía al pairo– no querían que figurara su nombre. Por eso en los créditos figura “Realización y concepto lúdico: Equip Tres en Ratlla”. Nos pusimos a redactar las preguntas y respuestas, que dividimos en seis casillas temáticas: geografía, historia, cultura popular, Castellón, Valencia y Alicante. Y sí, era de lo más divertido. Nos juntábamos cada semana para evaluar lo hecho, y nos descojonábamos cada semana. Al principio. Un par de meses después, día arriba día abajo, estábamos hasta el gorro de tanta preguntita. Y es que su cifra era nada menos que seis mil. Acabamos reclutando, y pagando, a otros por cada pregunta nueva. Salió El juego de la Comunidad Valenciana en 1999. Se hizo una buena campaña promocional en la que, entre otras cosas, personas conocidas de diversos ámbitos jugaban una partida y comentaban la experiencia. En algún sitio es probable que guarde algún recorte de prensa al respecto, pero ¿dónde?

Luego vino la Gran Enciclopedia de la Comunidad Valenciana, un reto mayúsculo del que me ocuparé en una próxima entrada.

Historia del pueblo valenciano

Galería

HPV A

Un buen día tras el verano de 1987 –no recuerdo la fecha exacta– quedé para cenar con mi amigo Mario García Bonafé, por aquel entonces director de Publicaciones de la IVEI (Institució Valenciana d’Estudis i Investigació), algo que hacíamos con relativa frecuencia. Ese día me comentó que el diario Levante les había propuesto colaborar en un proyecto consistente en la elaboración de una obra divulgativa destinada al público en general, y también a estudiantes y entendidos, sobre la historia del País Valenciano, obra que se editaría en fascículos y se distribuiría conjuntamente con el periódico, para lo que contaban con el patrocinio de la Caja de Ahorros de Valencia. La colaboración consistía sobre todo en diseñar su contenido y cómo llevarlo a cabo. Les dijo que creía contar con la persona adecuada para dirigir y coordinar el proyecto y que esa persona era yo. Mi primera reacción fue de asombro. Era algo que no esperaba y dudé de ser capaz de hacer tal cosa. Mas cuando Mario me dijo que si no creyera que estaba suficientemente cualificado para el trabajo no hubiese propuesto mi nombre, se desvanecieron las dudas y me puse enseguida a la tarea. Tenía yo 32 años y me enfrentaba al mayor reto que había tenido hasta la fecha. Fue una decisión acertada, a resultas de la cual hice mía la máxima nunca digas no a algo que te apetezca hacer, nunca digas no sé, no puedo… Di no a aquello que carezca de interés para ti. Si lo tiene, adelante. Eso sí, sé consciente de que vas a dedicarte en cuerpo y alma, como suele decirse, a tal menester, que te va a absorber. Esa máxima la he seguido toda mi vida.

1. HPV 4

Noticia de la presentación de la ‘Historia del pueblo valenciano’ / ‘Levante-EMV’, 23 de septiembre de 1988.

No voy a entrar en detalles acerca del proceso de trabajo, que, por otra parte, se reflejan en los diversos recortes de prensa que acompañan este artículo. Sí respecto a nuestras intenciones, que se explicitan en el texto de Presentación de la obra y de la que extraigo las siguientes líneas:

“Con la intención de ofrecer a un público amplio y diverso un material que nos aleje de tópicas y ritualizadas visiones de nuestra historia, un equipo de profesionales de la misma –los autores y el equipo de dirección y coordinación–, conscientes de la importancia y del significado social del proyecto, nos pusimos a trabajar en la Historia del pueblo valenciano.

Cuál era esa historia y cuál nuestro origen fueron las cuestiones que nos llevaron a abarcar un amplio periodo cronológico que se retrotrae hasta el momento en que el hombre hizo su aparición en el actual territorio valenciano, ya que entendemos que nuestro pueblo tiene más de 750 años de antigüedad [el año de la publicación de la Historia… coincidía con el 750 aniversario de la conquista de Valencia por el rey Jaime I] y que nuestras raíces arrancan más allá de la fundación del antiguo reino. Nuestras tierras eran habitadas ya desde lo que denominamos prehistoria y, en ellas, íberos, romanos, visigodos o musulmanes, desarrollaron, en mayor o menor medida, sus culturas. Todavía sin ser “valencianos”, estos hombres y mujeres fueron, generación tras generación, la base humana con la que Jaime I, junto con las gentes llegadas con él de otras tierras de la Corona de Aragón, pudo edificar el nuevo reino. Durante siglos, los nuevos pobladores convivieron –no sin tensiones– con los antiguos habitantes, y fue precisamente durante estos siglos cuando se creó una ordenación jurídica propia que convertía a los valencianos en un pueblo diferenciado […].

Los valencianos, pues, poseemos una historia rica y plural. Es tal vez por ello que nuestra historiografía ha tenido un notable desarrollo. […].

[…] de una historia centrada en los grandes acontecimientos y los grandes protagonistas, de una historia de reyes y batallas, nuestra atención ha ido evolucionando hacia una historia preocupada por el estudio de las relaciones económicas y sociales, capaces de explicarnos los continuos procesos de cambio, y por el de esas masas anónimas, ignoradas durante tanto tiempo […].

No obstante, los actuales valencianos […] desconocemos en buena medida los orígenes y la evolución histórica de nuestra sociedad. A pesar de la gran cantidad de trabajos publicados […]. Muy probablemente, buena parte de culpa de esta situación la tengamos los mismos historiadores: preocupados por nuestra investigación, imbuidos en épocas más o menos remotas, hemos olvidado a menudo la importancia y la significación de que nuestro trabajo sea conocido fuera del marco académico, acercándonos así a aquella definición que Gramsci hacía de la historia en tanto que disciplina que “se refiere a los hombres, a tantos hombres como sea posible, a todos los hombres del mundo en cuanto se unen entre sí en sociedad, y trabajan, luchan y se mejoran a sí mismos”.

[…]

Desde el convencimiento de que es una noble e importante tarea divulgar la historia de los valencianos han nacido las casi mil páginas que componen la presente obra […]. Hemos intentado, sin renunciar a la erudición y al rigor que debe caracterizar toda disciplina científica, realizar una obra ágil, comprensible y manejable que con un tono divulgativo hiciera accesible las nuevas aportaciones y corrientes interpretativas que han configurado la general renovación historiográfica de las últimas décadas. La Historia del pueblo valenciano va dirigida a los profesionales y a los que no lo son, a aquellos que estudian historia y a los que se interesan por ella por muy diversos motivos, con el fin de ofrecer un instrumento que les permita conocer o ampliar, en un sentido global, el estado de nuestro acontecer histórico.

Este trabajo quiere ser la expresión de una voluntad de colaboración entre historiadores de distintas especialidades e, incluso, de diferentes enfoques de la realidad histórica valenciana. […] Así pues, la Historia del pueblo valenciano es el intento de hacer llegar a un público heterogéneo cómo ha ido evolucionando la sociedad valenciana […] tratando de reconstruir el pasado en toda su amplitud y en toda su complejidad desde las posibilidades que nos ofrece el estado actual de nuestra investigación histórica”.

2. HPV 3

‘Levante-EMV’, 5 de octubre de 1988.

3. HPV 2

‘Levante-EMV’, 9 de octubre de 1988.

4. HPV 1

‘Levante-EMV’, 13 de octubre de 1988.

La Historia del pueblo valenciano se presentó el 23 de septiembre de 1988. Consta de 960 páginas, distribuida en 48 fascículos y encuadernables en 3 tomos. Colaboraron 72 profesionales de la historia, en su mayoría profesores universitarios, algunos de los cuales no hacía muchos años habían sido profesores míos, a los que pedí asesoramiento. Para las distintas áreas conté con tres coordinadores: Vicent Ribes (compañero de promoción que acabada de regresar de México, donde había impartido docencia en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Autónoma de Aguascalientes, y preparaba oposiciones para catedrático de instituto) y dos jóvenes recién licenciados y muy cualificados: Rafael Narbona (actualmente catedrático de Historia Medieval de la Universitat de València) y Manuel Chust (ahora catedrático de Historia Contemporánea en la Universitat Jaume I).

5. HPV 7

‘Levante-EMV’, 14 de octubre de 1988.

Confiábamos en que la obra tendría una buena acogida, pero nadie esperaba el éxito que llegó a alcanzar. La tirada media del diario era de unos 40.000 ejemplares. El domingo 1 de octubre, día que salió el primer fascículo, esta fue de 72.000. Se agotaron rápidamente y se imprimieron 100.000 más para atender la demanda. También se quedaron cortas las tiradas de los números dos y tres (122.000).

Hoy, más de 125.000 bibliotecas y hogares tienen en sus estanterías la Historia del pueblo valenciano, y todavía me encuentro con alguien –normalmente ya de cierta edad– que, hablando, si sale el tema a colación, me dice: ¡Ah! ¿Eso lo hiciste tú? Yo lo tengo en mi casa.

10. HPV 10 _ 2 juny 89

‘Levante-EMV’, 2 de junio de 1989.

11. HPV 11 _ 25 nov. 89

‘Levante-EMV’, 25 de noviembre de 1989.

12. HPV 0 _ 2 dic. 89

‘Levante-EMV’, 2 de diciembre de 1989.

Lucha de clases e industrialización

Galería

Lucha de clases e industrialización (2)Entre el 8 y el 13 de julio de 1873 los obreros de la ciudad de Alcoi protagonizaron la primera huelga general de carácter revolucionario que tuvo lugar en el Estado español, una insurrección que marcó no solo el devenir de la clase obrera local y de la Federación Regional Española de la Asociación Internacional de Trabajadores, sino que fue determinante en el fin de la Primera República. Popular-mente se la ha conocido siempre con el sobrenombre de El Petrolio, por ser el petróleo el líquido con que los insurrectos rociaron e incendiaron la casa consistorial y algunos inmuebles colindantes desde donde se ofrecía resistencia a los amotinados. Los sucesos del Petrolio se saldaron con la muerte de forma violenta del alcalde y de quince personas más, siete de los cuales eran guardias civiles y tres huelguistas. En los días inmediatos a la entrada del ejército en la ciudad se instruyó un sumario en el que fueron encausados entre 600 y 700 trabajadores, de los que 286 acabaron siendo procesados y muchos de ellos encarcelados, acusados de 110 delitos.

Los hechos del Petrolio fueron el objeto de investigación de mi tesis de licenciatura que dirigió mi buen amigo, lamentablemente ya fallecido (2002), Alfons Cucó. Alfons me recomendó hablar con Mario García Bonafé, quien gracias a ello se convertiría en otro gran amigo. Mario –con su cuñado, luego también amigo, Rafael Aracil– había trabajado sobre la industrialización valenciana, y la alcoyana en particular, y la clase obrera. Su ayuda fue esencial a la hora de abordar metodológicamente la investigación. Fue entonces cuando entre en contacto con la historiografía marxista británica promovida por el llamado grupo de historiadores del Partido Comunista de Gran Bretaña que propugnaba una “historia desde abajo”, especialmente con la obra de E.P. Thompson.

Partí, así, de la base de que el término clase obrera es un concepto moderno, propio de la sociedad que se origina con la industrialización capitalista. Es una categoría histórica que se define en su efectivo acontecer y que solo existe realmente en el momento histórico en que adquiere conciencia de sí misma como tal, cuando –como consecuencia de múltiples y diversas experiencias compartidas– se da cuenta de la identidad de sus intereses y de la oposición de estos respecto a la clase dominante. Las clases, pues, son formaciones históricas que surgen del propio proceso de la lucha de clases y su análisis es en realidad el análisis de la lucha de clases.

Cómo llegó el proletariado alcoyano a adquirir esa conciencia es el tema que analiza la tesis y el libro, para lo que se remonta a los inicios de la industrialización y la aparición del maquinismo y estudia las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera y su lucha desde las tempranas manifestaciones luditas (a partir de 1821) hasta la insurrección de julio 1873 (la conocida Revolución del petróleo, el Petroli).

Con John Foster

Con John Foster en 1988.

La tesis llevaba por título “El movimiento obrero alcoyano: de los orígenes a la Internacional (1821-1873)”. Resumida y abreviada se editó en 1980 con otro título aún más largo: Lucha de clases e industrialización. La formación de una conciencia de clase en una ciudad obrera del País Valencià (Alcoi: 1821-1873). El título he de reconocer que lo saqué del libro del historiador británico John Foster Class Struggle and the Industrial Revolution (Early Industrial Capitalism in three English Towns), publicado en Londres en 1974 (Methuen). Fue uno de los que Mario García Bonafé me recomendó leer y me fue muy útil. A Foster no le pareció mal; todo lo contrario.

El libro, de solo 136 páginas, tuvo una muy buena aceptación tanto académica como popular y se agotó la tirada. Hoy es un libro inencontrable, sobre todo porque la editorial, Almudín, hace tiempo que cerró. Pero, aunque siguiera estando activa y pudiera, por tanto, reeditar el libro, no daría mi consentimiento. Han pasado muchos años desde 1980, tanto para la monografía como para mí, y eso se trasluce en el libro. En la actualidad considero Lucha de clases una obra de juventud, de excesos y carencias. Eso sí, no renuncio a reeditarla algún día.

Estuve a punto de hacerlo en 2008, año en que se cumplían 135 años de la revolución del Petrolio. La reescribí por completo. Pero, hete aquí, que sucedió lo peor que le puede pasar a un autor: perder el manuscrito al dañarse el disco duro de mi ordenador y no tener copia de seguridad. Del borrador, por fortuna, sí tenía y me puse de nuevo manos a la obra. Sin embargo, por entonces mis inquietudes se orientaban más que nada hacia el campo de la novelística y decidí novelar los hechos, surgiendo de este modo El corto tiempo de las cerezas.

La idea de reeditarla –de reescribirla– persiste, no obstante. Me ofrecieron hacerlo hará tres o cuatro años en una de las colecciones de la Institució Alfons el Magnànim, de la Diputación de Valencia, pero uno no puede publicar un libro en una editorial institucional cuando es más que crítico con este tipo de iniciativas que enarbolan sin pudor la bandera de la meritocracia y amiguismo más descarados.

Se me ha ocurrido mientras escribía estas líneas buscar en internet alguna referencia del libro y me encuentro con esto: “Ahora el Círculo Industrial [de Alcoi], merecedor de la Medalla de Oro a juicio de la izquierda institucional, reedita el libro de Coloma [La Revolución Internacionalista Alcoyana de 1873 (El Petrolio), 1959]. De gran interés si se busca indagar en el franquismo sociológico más rancio. Un cuento de mártires y villanos. Pero si la intención fuese rescatar una investigación histórica, digna de tal nombre, publicarían la obra de Clara Lida, Anarquismo y Revolución en la España del XIX, o Lucha de clases e industrialización, de Cerdà. Lástima.” (Diego Fernández Vilaplana, profesor de Historia y Geografía del IES Nou Derramador de Ibi, “El Petrolio”, diario Información, 29 de mayo de 2018).

Pues nada, un motivo más para terminar de reescribir el libro y editarlo de nuevo. Perdón, de autoeditarlo.

Que pasen un buen día.

Arqueología industrial de Alcoi

Galería

AI_AlcoiEn 1978 –lo contaba en la entrada Mi trabajo como editor: el Servicio de Publicaciones de la Diputación de Valencia– yo era un recién licenciado que había regresado a Muro, mi pueblo natal. Allí iba tirando como podía –dando clases a maestros de valenciano en los cursos que organizaba el ICE (Institut de Ciències de l’Educació) o corrigiendo galeradas para la editorial Almudín– mientras elaboraba mi tesis de licenciatura sobre la clase obrera alcoyana (Alcoi está a solo diez kilómetros de Muro).

El director de la tesis era Alfons Cucó. Con él establecí una estrecha relación de amistad que duró hasta su temprano fallecimiento en 2002. Y, de su mano, nació también otra larga amistad con Mario García Bonafé. Alfons me aconsejó que me pusiera en contacto con él, pues con su cuñado, luego también amigo, Rafael Aracil, había trabajado sobre la industrialización valenciana, y la alcoyana en particular, y la clase obrera. Supongo que ambos valoraron positivamente mi inquietud por aprender y hacer cosas y me propusieron colaborar en un proyecto que tenían en mente: un trabajo de investigación, un trabajo de campo, mediante una disciplina llamada arqueología industrial, para estudiar el pasado industrial de Alcoi a través de los restos materiales conservados, independientemente de su estado de conservación.

Nunca había oído hablar de la arqueología industrial. Ellos me explicaron entonces –obviamente, con mucho más detalle, al tiempo que me prestaban algunos libros de lo que hasta el momento se había publicado acerca de la arqueología industrial– más o menos lo siguiente: “En 1962 era destruida una estación de ferrocarril británica –la Euston Station–, que contenía un pórtico dórico. Este hecho levantó corrientes de opinión de historiadores y científicos que, en poco tiempo, encontró un positivo eco popular a favor de la salvaguarda del patrimonio industrial británico. Ciudadanos con su cámara fotográfica en sus paseos, empresarios facilitando la entrada a sus fábricas y conservando sus restos, corporaciones locales patrocinando iniciativas, etc., posibilitaron la formación de un fondo susceptible de ser registrado e historiado. De este modo nacía una nueva disciplina, la arqueología industrial, la cual trataría de conocer mejor las condiciones históricas de la producción industrial a través de lo que ella ha engendrado: fábricas, máquinas, comunicaciones, residencias burguesas, barrios obreros, etc.”.

Este párrafo que entrecomillo figura en la contraportada del del libro Arqueología industrial de Alcoi, que recogía buena parte de los resultados del trabajo y fue editado por el Ayuntamiento de Alcoi en 1980. Gracias a la generosidad de Mario y Rafael, logré publicar mi primer libro (en coautoría con ellos, claro está). Y no un libro cualquiera sino, así se reconoce, “el primer libro que se publicó en España sobre arqueología industrial”. Con una amiga de Muro, Delia Ferrándiz, fotógrafa de profesión, recorrimos y documentamos viejas fábricas abandonadas o en ruinas, otras que conservaban procesos de producción en desuso, viviendas obreras, infraestructuras…, y hablamos con gente, con mucha gente, con quienes habían trabajado en aquellos lugares y con aquellas máquinas, quienes habían habitado aquellas viviendas que un coetáneo de la época describió como edificios que pretenden “llegar a los cielos cual otra Babel, con olvido punible de todas las prescripciones higiénicas”. Y, créanme, esta fue la experiencia más enriquecedora. Sus conocimientos fueron mucho más útiles que los obtenidos de la lectura de muchos libros.

Éramos –o eran Rafa y Mario; yo no pasaba de aprendiz– sabedores de las limitaciones del estudio. “Hasta el momento, la arqueología industrial ha sido en el Estado español una disciplina desconocida e ignorada. El presente trabajo pretende ser una primera aportación. Con pocos medios económicos y con las dificultades que supone abrir camino a un nuevo tema, hemos intentado rescatar el patrimonio industrial de Alcoi, primera ciudad que se industrializó en el País Valenciano y, por consiguiente, con interesante pasado industrial que, lamentablemente, no se ha conservado en buena parte. Somos conscientes de que los resultados no son lo apetecibles que debieran, pero, así y todo, nuestro intento –incompleto y desigual, tímido y precario–, aunque solo fuese por comenzar a llenar un hueco, podría estar sobradamente justificado”, se lee en el texto de la contraportada.

Así fue cómo descubrí la arqueología industrial y despertó mi interés hacia ella, interés que fue incrementándose hasta el punto de hacer de la arqueología industrial mi especialidad. La arqueología industrial tal como la entiendo ahora: la aplicación del método arqueológico –de algunas de sus técnicas siendo más preciso– al estudio de la cultura material del periodo industrial-capitalista. Para estudiar el pasado, los historiadores recurrimos a tres tipos de fuentes: escritas, materiales y orales, a las que habría que añadir las audiovisuales si limitamos las orales a los testimonios y tradiciones y la materialidad a los restos de carácter arqueológico. Cada una de ellas aporta una determinada información y se complementan entre ellas. Integrar las tres en el proceso de investigación ha sido siempre mi objetivo. Pero de todo ello ya hablaré en próximas entradas.

Que tengan un buen día.