Un policía diputado y dos mindundis trepas de profesión (mis últimos años en la Diputación de Valencia)

Galería

Dipu

Llegamos al final de este apartado (Actividades profesionales) que, dentro de la sección de este blog Sobre mi trayectoria profesional, inicié el pasado 15 de febrero con un artículo titulado “Comenzar de nuevo” y proseguí el 28 del mismo mes con la entrada “Mi trabajo como editor: el Servicio de Publicaciones de la Diputación de Valencia”. Ya tenía ganas de acabar con esta historia, tantas como pereza me daba. Me cansa hablar de esto. Pero bueno, ya que comencé vamos allá. Afortunadamente, me doy cuenta ahora de que he contado ya más de lo que creía sobre esta última etapa de mi trayectoria profesional –aunque en realidad debería decir laboral–, una etapa de la que no guardo precisamente buenos recuerdos.

Decía en aquella entrada que toda la experiencia que adquirí al frente del Servicio de Publicaciones de Diputación y “que se incrementó notablemente con el tiempo como podrán leer en las entradas que siguen, todos mis conocimientos –soy capaz de diseñar un libro y de llevar a cabo todos los pasos que requiere su edición, y también he dirigido varias obras colectivas, en alguna de las cuales colaboraron más de doscientas personas– en 2015, cuando Compromís se hizo cargo del área de Cultura de la Diputación, fueron ignoradas deliberadamente. Y es que hay puestos muy apetitosos y personas muy faltas de ética”. Cuando PSOE y Compromís (y dentro de este el Bloc e Iniciativa) se repartieron las diversas áreas, ni quería ni esperaba nada. Todos sabían que mi único deseo era jubilarme cuanto antes, era algo público y notorio. Seguía contando los días que me faltaban para poder jubilarme como el preso que va tachando estos en un calendario y dice: ya me queda un día menos para salir en libertad. Pero… Un buen día una persona (un mindundi) –al que en la entrada mencionada llamaba Mi única Vocación [es] Ir Medrando– mostró un repentino y gran interés por conocerme en persona. Ningún problema. Creí que era una charla amistosa, pero el tipejo solo quería indagar acerca de mis posibles pretensiones, no fuera a ser que intentara ‘batallar’ por alguna plaza adecuada a mi perfil, lo que resultaría molesto puesto que el candidato estaba más que designado con anterioridad (el que denominé I Ara Meu). Todo quedó muy claro el día en que el nuevo diputado de Cultura, el señor Xavier Rius, del Bloc, nos reunió a toda la plantilla del Museo y dijo más o menos que él ya había hablado con quienes tenía que hablar y había sacado sus conclusiones, que eran las que iban a ponerse en marcha. El señor diputado ni me conocía ni sabía nada de cuanto había hecho. Tampoco le interesaba. Ya había hablado con quienes tenía que hablar… El señor Rius es policía municipal. No puedo evitar que al decir esto me venga a la mente el policía al que le practicaron la autopsia (Alfred Jarry: “El cerebro del agente de policía”, Especulaciones) y hallaron su caja craneana ‘vacía de todo rastro de cerebro y rellena, en cambio, de diarios viejos (puede que de consignas en su caso). ¿Qué iban a encontrar si no?

Cualquiera que conozca un poco esto de la cultura valenciana, cultureta más bien, identificaría enseguida a los sujetos de los que hablaba: el trepa mindundi Mi única Vocación [es] Ir Medrando, el medrador meritócrata I Ara Meu y el policía local que me recuerda al que describía Jarry, ahora diputado del área de Cultura. Son, efectivamente, Rafael Company, director del Museu Valencià de la Il·lustració i de la Modernitat (MuVIM); Vicent Flor, director de la Institució Alfons el Magnànim (IAM), y Xavier Rius, diputado provincial de Cultura.

Y decía más aún: “¿Qué hicieron? Convocar un concurso público para ocupar dicha plaza porque, decían, no se podía cubrir con ningún funcionario. Y, efectivamente, no se podía. ¿Por qué? Porque quedaban excluidos los historiadores. Sociólogos sí, historiadores no [el señor Flor es sociólogo]. De ese modo evitaban cualquier tentación de que tanto yo, como otro funcionario que sí aspiraba al puesto, pudiéramos presentarnos. Así de descarado. Cuando me enteré de todo esto, cogí tal cabreo que todavía me dura. ¡Ay si llego a saberlo a tiempo! Jubilarme seguía siendo prioritario para mí, pero así no. Me plantee entonces pleitear contra tal arbitrariedad. De hecho, hablé por medio de un amigo con una abogada de uno de los bufetes con más prestigio de Valencia y le pasé documentos. Me dijo que ganaría el pleito, que de ningún modo se sostenía que no se trataba de un concurso amañado. Todos sabíamos quién iba a sacar la plaza y ninguno nos equivocamos. Como sé ahora quién ganará cualquiera de las que puedan convocarse en el Área de Cultura. No soy adivino, pero tampoco bobo. No pleiteé porque alguien muy allegado a mí me pidió repetidamente que no lo hiciera. Ya no es posible. Solo me queda denunciar públicamente la maniobra. Y en esas estoy. Quemado, eso sí. Se nota, ¿verdad?”.

Si han leído las entradas anteriores del apartado ‘Actividades profesionales’ de la sección de este blog Sobre mi trayectoria profesional, habrán podido comprobar que conozco perfectamente el mundo de la cultura y de la edición, tanto en el medio institucional (monté y dirigí el Servicio de Publicaciones de Diputación) como en ámbito privado; que colaboré desde sus inicios en la Institució Valenciana d’Estudis i Investigació (ahora Institució Alfons el Magnánim) y contribuí a su consolidación; que he dirigido con éxito obras colectivas en las que han llegado a colaborar hasta más de doscientos especialistas y profesionales –lo que también dice algo de mi capacidad para organizar y dirigir– y que la mayoría de ellas han sido por encargo, y que por algo sería cuando me llamaron para encargarme de este tipo de proyectos más de una vez, ¿puede que porqué lo hiciera bien?), que en la Diputación he llevado a cabo también otras iniciativas vinculadas al mundo de la investigación y la edición, como la creación del Centre d’Estudis d’Història Local, que…, que esta gente tiene más cara que espalda. ¿Saben que nos cuesta a los valencianos el tejemaneje en cuestión? 68.000 euros anuales, que es el sueldo del señor Flor. Con un funcionario al frente nos hubiéramos ahorrado esa cantidad.

Me alegra que por una vez mi incontinencia verbal me haya servido. Así no he de volver a escribir sobre esta cuestión. Llámenme sensiblero, pero toda esta maquinación –de la que no quiero entrar en más detalles– me pudo. Insisto: ni quería ni esperaba nada. Pero que, sin comerlo ni beberlo, me metieran en este entramado de espurios intereses, eso sí que no. Me jodió. Y mucho. Y que se aprovecharan de una persona muy allegada a mí con tan bastarda pretensión todavía más. En 2016 cogí mis vacaciones en septiembre. Me reincorporé el lunes día 3 de octubre y el 5 estaba ingresado en el Hospital Clínico por el síndrome de Takotsubo. Este se desencadena a causa de un elevado estrés emocional y es poco frecuente, sobre todo en hombres. Ese estrés emocional, en mi caso, fue fruto de esta continuada decepción respecto a los mencionados comportamientos. Esto lo dicen los informes médicos. ¡Qué quieren que les diga! Uno es así de sensible. ¿Y saben qué? Orgulloso de serlo. Aunque conlleve el ostracismo. Como dijo Pessoa, “el mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad”.

Y ahora sí. ¡Que les den! Que los compre quien no los conozca. Joder, ¡que a gusto me he quedado!

Gran Enciclopedia de la Comunidad Valenciana

Galería

0_Cap

Como decía en la entrada de ayer, “entre unas cosas y otras, fuera de los ámbitos académico y administrativo, me llamaron de nuevo de Editorial Prensa Valenciana para dirigir un nuevo proyecto, el mayor reto al que me había enfrentado hasta entonces. Mira por dónde había aún quien creía en mi capacidad de trabajo. Fue en 2002. Me ofrecieron nada menos que dirigir lo que sería la Gran Enciclopedia de la Comunidad Valenciana (GECV, 2005-2008), obra que consta de 18 volúmenes en la que colaboraron más de doscientos especialistas y alcanzó una difusión de cincuenta mil ejemplares”.

0_mayor 3

Anuncio publicitario aparecido en ‘Levante-EMV’ durante la campaña de promoción.

Habían comprado los derechos de la Gran Enciclopedia de la Región Valenciana (GERV), publicada en 1973 por Mas-Ivars Editores y compuesta de 12 tomos de unas 300 páginas cada uno. Aquella enciclopedia, que se vendió también por fascículos, tuvo gran eco en su momento y en ella habían colaborado conocidos intelectuales y personas vinculadas al mundo de la cultura valenciana como Joan Fuster, Ricard Blasco, Manuel Sanchis Guarner, Alfons Cucó o Vicente Aguilera Cerni. Tenía yo entonces 18 años y comenzaba mis estudios en la facultad de Filosofía y Letras de la Universitat de València. Recuerdo, visualizo, aquellos fascículos, pues mi tío Pepe los coleccionaba. Quien me iba a decir en aquellos momentos que treinta años después dirigiría yo una obra semejante.

Aquella enciclopedia surgió con la intención de “llenar un vacío que satisfaga una necesidad hondamente sentida entre los valencianos de nacimiento como entre los valencianos de adopción. Son muchas las preguntas sobre quiénes fuimos, cómo somos y, sobre todo, quiénes queremos ser”. Casi treinta años después Editorial Prensa Valenciana estimó conveniente la actualización y ampliación de las entradas que trataban de responder a dichas preguntas, elaborando una nueva enciclopedia que saldría también a la venta por fascículos, esta vez a través del periódico Levante-EMV.

000237

Sin este precedente no hubiera sido posible llevar a cabo el proyecto, al menos en el tiempo de tres años, que es el que tardamos desde que este se gestó hasta que comenzó a publicarse el primer fascículo. Con la compra por parte de Editorial Prensa Valenciana de los derechos de la Gran Enciclopedia de la Región Valenciana partíamos de algo fundamental para elaborar una obra de este tipo: la de un corpus enciclopédico de envergadura sobre el que trabajar. En base a él se imponía ahora hacer una nueva enciclopedia, pues habían pasado treinta años en los que la sociedad valenciana –el mundo entero– había experimentado notables transformaciones. Es por ello que se incrementaron considerablemente, prácticamente se duplicaron, el número de entradas: de las 16.000 con que contaba la GERV se pasó a las 31.000 de que constaba la CECV. Todos los artículos de la primera se recogían en la CECV debidamente actualizados y puestos al día; algunos se redactaron de nuevo. En esta labor tanto yo como la coordinadora general de la enciclopedia (Ana Sebastià Alberola), el equipo editorial (Anna Alfonso, Anna Boira, Mariana Lanzara, Lluís Vidal y Olivia Pérez) y el de redacción (los citados más Sonia Borreguero, Manuel Cerdà García, Montse Escribano, Pablo Cisneros, Ibán García Castillo, Ana Martínez, Ricard Ramon Camps, Nuria Jimeno, Ana I. Martín, José Martínez Tormo y Sergio Tebas) pudimos comprobar que la frase incluida en las páginas de presentación de la GERV –“En el futuro esta enciclopedia será de cita regular y autorizada, tanto para los estudiosos como para el público en general y para todos aquellos, en fin, que, con una disposición u otra, se sientan valencianos y quieran actuar como tales”– no era mera retórica, sino la constatación de lo bien hecho, pues con el tiempo la GERV se convirtió en referencia ineludible. Todos nos ‘conjuramos’ para que la GECV estuviera a su altura y fuese una obra útil, sobre todo útil.

La Gran Enciclopedia de la Comunidad Valenciana respondía, pues, a una doble voluntad: por un lado, presentar de forma sintética los conocimientos fruto de del esfuerzo individual o colectivo obtenidos mediante la investigación y, por otro, ser un fiel reflejo de los diversos acontecimientos, instituciones, organismos y entidades, personajes públicos, profesionales de las más distintas actividades, etc., de la historia y el presente valencianos.

0_Especial 3

Especial presentación (‘Levante-EMV’, 8 de septiembre de 2005).

El presupuesto fue bastante alto. Levante-EMV no escatimó en gastos y se llevó a cabo una gran campaña promocional desde un par de semanas antes desde sus páginas y mediante spots publicitarios en radio y televisión. Igual se actuó en el acto de presentación de la obra, que se celebró el 7 de septiembre de 2003 en la aula magna y claustro de la histórica sede de la Universitat de València. El primer fascículo salía a la venta el sábado 10 de septiembre.

2215_1074677235851_1722_n

Equipo editorial de la GECV. De izquierda a derecha: Ana Sebastià, Anna Boira, Anna Alfonso, Manuel Cerdà y Mariana Lanzara (‘Levante-EMV’, 28 de agosto de 2005).

La buena acogida que tuvo la enciclopedia consolidó la idea que teníamos en principio de continuar la obra a través de suplementos, como es habitual en la mayoría de las enciclopedias, con el fin de que siguiera siendo una obra viva, actual, que reflejara en todo momento los cambios y novedades acaecidos en el País Valenciano, teniendo siempre en cuenta las últimas investigaciones en los diversos campos del saber.

Así, en 2008 se publicaba un nuevo tomo, el 18 (Suplemento A-Z), en el que se actualizaban las entradas de los diecisiete que formaban la obra hasta entonces y se introducían artículos y conceptos que en su día no tuvieron cabida por no estar lo suficientemente estudiados o no tener todavía una incidencia social relevante, así como los principales acontecimientos registrados en el País Valenciano desde 2005. En esta ocasión conté, obviamente, con un equipo más reducido y ya no figuraba yo como único director. Ana Sebastià Alberola había realizado una excelente labor como coordinadora de la enciclopedia. Su buen hacer y su gran capacidad de trabajo fueron claves para que la obra llegara a buen puerto. Me pareció justo y correcto que si los dos trabajábamos lo mismo los dos figurásemos como directores.

En 2010 debía salir otro tomo de similares características, pero las consecuencias de la crisis de 2008 eran ya manifiestas por entonces. Levante-EMV tuvo que recortar su presupuesto editorial y, en consecuencia, su política al respecto. Una lástima, pues de haberlo sabido hubiésemos planteado algunas entradas de distinto modo o no incluido algunas. Pero, claro, esto era imposible cuando se gestó el proyecto.

El PP, el ostracismo funcionarial y mi paso por la universidad

Galería
MINOLTA DIGITAL CAMERA

Con un grupo de alumnos durante una de las clases prácticas de la asignatura Arqueología industrial.

Las elecciones autonómicas y municipales que tuvieron lugar el 28 de mayo de 1995 dieron la victoria al Partido Popular (PP), que conseguía, con el apoyo de Unión Valenciana (UV), el gobierno de la Generalitat Valenciana por primera vez y el de las tres diputaciones valencianas.

Con el PP al frente de la Diputación de Valencia era evidente que tanto yo como quienes desempeñaban algún cargo funcionarial o contractual teníamos los días contados. Recuerdo perfectamente un día de mayo de ese año que estábamos Josep Picó, director de la Institució Valenciana d’Estudis i Investigació (IVEI); Mario García Bonafé, director de Publicaciones del mismo y de la entonces prestigiosa revista Debats, y yo, comiendo con Maurice Aymard, director de la École des hautes études en sciences sociales, en un restaurante que había en la dársena interior del puerto de Valencia. Le comentábamos lo que sabíamos a ciencia cierta que iba a suceder y no daba crédito a nuestras palabras. Impensable que pudiera pasar algo así en Francia, nos decía.

Aquí, lógicamente, no. Pasó. Quienes, como Picó o García Bonafé, tenían un cargo contractual y se hallaban en situación de excedencia universitaria regresaron a sus respectivas plazas en la universidad. Los que no –Artur Heras (director de la Sala Parpalló), Bernat Martí (director del Museu de Prehistòria de València) y yo– fuimos inmediatamente cesados en nuestros puestos de responsabilidad. También el director del Museu Valencià d’Etonologia, institución que, al igual que la IVEI, el Museu de Prehistòria y el Centre, tenía su sede en el recién inaugurado Centre Cultural la Beneficència. En mi caso, el primer día a la vuelta de vacaciones tenía el aviso de que el nuevo diputado de Cultura, Antonio Lis, quería hablar conmigo. No hace falta que diga para qué.

El Centre d’Estudis d’Història Local dejó de existir de un día para otro y al frente de Publicaciones de Diputación fui sustituido por Carles Recio (el mismo que fue despedido en 2018 por llevar “diez años cobrando 50.000 euros anuales únicamente por ir a fichar”). Hoy nadie sabe dónde están los libros que publicamos ni los ejemplares de la revista Taller d’història.

No estoy seguro si tenía o no ordenador en el nuevo despacho que me asignaron, más pequeño y sobrio; sí que había una silla, una mesa, un armario metálico y una estantería. Mi función ahora: ninguna. A la espera, pues al parecer no me encontraban ubicación. Así estuve un tiempo hasta que una amiga común le habló de mí al nuevo director del Museo de Etnología, Enrique Pérez Cañamares, un vivalavirgen al que se la traía todo al pairo, y este me reclamó, ya en 1996.

Ese último año, 1996, otro amigo que había trabajado conmigo y era profesor en la Universitat de València me dijo: ¿y por qué no te presentas a una plaza de profesor asociado en la universidad? No lo pensé dos veces, pues en aquellos momentos Inmaculada Aguilar, profesora del departamento de Historia del Arte y especialista en arquitectura y patrimonio industrial, había conseguido introducir en el plan de estudios una nueva asignatura, Arqueología industrial, y me dijo que, efectivamente, se iban a convocar dos plazas de profesor asociado (una para la docencia en castellano, otra para la docencia en catalán) en el departamento. Me presenté y gané el concurso en las dos opciones, eligiendo la docencia en valenciano. Duró esta etapa desde 1997 a 2011 y terminó como el rosario de la aurora.

La decepción que me llevé al ver cómo funcionaba el departamento y, por extensión, la universidad en general fue mayúscula. Hasta 1998 no comencé a dar clases de arqueología industrial, pues solo había un grupo, por la mañana, y era I. Aguilar quien impartía la docencia. Debía impartir otras asignaturas. Pues bien, pensé, veamos de que asignaturas puedo hacerme cargo, creyendo que serían materias más o menos afines a mi perfil.  ¡Qué va! No recuerdo cuáles fueron las otras, pero sí que me quedé pasmado cuando me ofrecieron la asignatura Historia de las ideas estéticas I. ¿Qué demonios iba a saber yo de ideas estéticas? Pero es que no quedaba nada más, pues resulta que las asignaturas del plan de estudios se repartían en función de la antigüedad y jerarquía del profesorado. Es decir, los que tenían mayor rango y más años en el departamento era los primeros en elegir. A los últimos, yo entre ellos, imagínense qué les quedaba: lo que nadie quería. Adelante, me dije. A ver cómo salimos de esta. Un amable compañero me ofreció sus apuntes de la asignatura y pasé el verano leyendo a Tatarkiewicz, Adorno, De Bruyne…

Al año siguiente ya eran dos los grupos y pude empezar con la arqueología industrial. Ello, sin embargo, no me libraba de la docencia de otras asignaturas. Así, durante los años que permanecí en el departamento, di clases de técnicas de conservación de bienes muebles e inmuebles, de arte del antiguo Egipto y Próximo Oriente, de arte del Renacimiento y del Barroco, de pintura impresionista, de arquitectura contemporánea o de últimas tendencias artísticas. Estas asignaturas, por otra parte, no siempre podía uno seguir impartiéndolas al curso académico siguiente, pues cada año se procedía al reparto de todas ellas de la forma que expliqué antes. Cada año la misma historia, cada año una asignatura nueva, de la que no tenía la más remota idea, cada verano a prepararse un nuevo temario. Un compañero del departamento me llegó a contar que recurría a un pequeño truco: les pasaba a los alumnos una bibliografía de la que recomendaba un par de títulos y obviaba el del manual que él se limitaba a repetir en clase, uno que no fuera muy conocido.

Con otras asignaturas me sentí más cómodo, como las de metodología o fuentes de la historia del arte. En estas, los alumnos, sin embargo, o me odiaban –los más– o me apreciaban, los menos. No había término medio. Por mi formación como historiador podía impartir su docencia con un mayor nivel de conocimientos; también de complejidad y exigencia. Odio tener que sacar los apuntes y repetir como un lorito lo que dicen otros sin aportar nada. Aquí, puesto que podía, nunca lo hice. Los alumnos estaban acostumbrados a ir tomando notas sin parar de cuanto el profesor iba explicando, o repitiendo. ¿Puede ir más despacio?, era una pregunta habitual. Otra, esta a principios de curso, era ¿y que libro me recomienda como manual? ¡En asignaturas de cuarto y quinto carrera!, de lo que se llamaba segundo ciclo. ¿Qué manera es esa de formar a la gente? Además, ¿cómo que una metodología específica para la historia del arte?, ¿cómo que unas fuentes propias? Carece de sentido. El método histórico, el proceso de investigación, los pasos que se siguen, son –con todos los matices que se quiera– los mismos para todas las disciplinas de la historia. También las fuentes, cuya división en primarias y secundarias carece de sentido a mi juicio, prefiriendo la de fuentes escritas, orales y materiales. Esto era lo opuesto de lo que defendía mis compañeros historiadores del arte, los cuales, por otra parte, no solían pasar de la teoría. Mas la teoría no es nada sin la práctica, por lo que yo les encargaba al principio del curso que llevaran a cabo una investigación y en el aula recurría a ejemplos prácticos que luego trabajábamos fuera de ella, en el medio. Con la arqueología industrial, las clases prácticas primaban sobre las otras, así como el trabajo de investigación sobre el tradicional examen de preguntas y respuestas.

2 abril 2011_2

Con un grupo de alumnos e interesados en la materia cuando impartía la asignatura Arqueología industrial

Ser profesor universitario me sirvió para poner en marcha otros proyectos. En 1999 conseguí que el Museu d’Etnologia y la Universitat establecieran un acuerdo de colaboración en materia de arqueología industrial y patrimonio industrial. Al frente del primero ya no estaba Enrique Pérez, pero los que le siguieron en el cargo se portaron bien conmigo, los tres: Joan Gregori, Joan Seguí y Francesc Tamarit, cosa que no puedo decir de otros y de los políticos. Conocedores de mi situación –¿qué demonios pintaba yo allí?–, se mostraron conmigo comprensivos, amables y tolerantes. Pude, así, llevar a cabo distintas actuaciones arqueológicas, especialmente en Alcoi, en concreto en ambas cuencas de los dos ríos que rodean la ciudad, el Barxell y el Molinar, actuaciones que pasan por ser las primeras excavaciones de carácter arqueológico-industriales realizadas en España. De ello dejé constancia en mi libro Arqueología industrial. Teoría y práctica (2008). En este año, 2008, la crisis económica empezaba a causar estragos y se cortó toda financiación. Mas en todo esto ya profundizaré en próximas entradas.

Legamos a 2011 y al final de mi paso por la universidad. Un año ante había desaparecido del plan de estudios la asignatura Arqueología industrial. Debí haber abandonado la docencia universitaria entonces, pero no lo hice. Y ese último año toda la frustración acumulada estalló. Ese año no tuve más remedio que dar clases, una vez más, sobre últimas tendencias artísticas. Las ponía a parir, qué quieren que les diga. Que si el trazo, la pincelada, la mancha, la composición…, o el color de los pelos de los cojones del autor de la obra, o del desaguisado, según. Y todo esto contemplando imágenes de las obras tomadas de internet. Eso en 2011, que antes aún era peor: tenías que hacer tú mismo las diapositivas en casa, fotografiando libros; el departamento te facilitaba los carretes y pagaba el revelado. Lógicamente, el parecido entre lo que se reflejaba en la pantalla y la obra original era pura coincidencia.

IMG_5541

Con los alumnos al finalizar las clases prácticas de la asignatura Últimas tendencias artísticas (2008).

El último día de clase, faltaban unos minutos para que oficialmente terminara, pero los alumnos y yo habíamos acordado que si era necesario alargaríamos el tiempo unos minutos más hasta dejar claras algunas de las cosas en que habíamos trabajado y eran claves para el examen, entró un becario a pasar la encuesta de evaluación de la actuación docente a los alumnos. Tenemos cosas más importantes que hacer que la chorrada esta, le dije. Se largó, claro. Poco después, por la puerta de atrás (el aula tenía dos) entró el director del departamento con las encuestas bajo el brazo. Se quedó al final del aula, de pie. Yo seguí con la clase como si nada. Él empezaba a mostrar signos de impaciencia. Terminé y dije algo así como adelante quien quiera con el paripé, allá vosotros si queréis colaborar con esta hipocresía, si no queréis acabar con la endogamia profesoral, si queréis seguir engordándola. Y me largué. Obviamente, no me renovaron el contrato. No me lo comunicaron, no fueron capaces ni el director ni el secretario del departamento de decírmelo personalmente. La cobardía es un rasgo distintivo de los mindundis, como me demostrarían los mindundis que conocí después, los mindundis más mindundis entre los mindundis.

Entre unas cosas y otras, fuera de los ámbitos académico y administrativo, me llamaron de nuevo de Editorial Prensa Valenciana para dirigir un nuevo proyecto, el mayor reto al que me había enfrentado hasta entonces. Mira por dónde había aún quien creía en mi capacidad de trabajo. Fue en 2003. Me ofrecieron nada menos que dirigir lo que sería la Gran Enciclopedia de la Comunidad Valenciana (2005-2008), obra que consta de 18 volúmenes en la que colaboraron más de doscientos especialistas y alcanzó una difusión de cincuenta mil ejemplares. Pero a ella quiero dedicarle una entrada propia. Así que lo dejo por hoy. Que tengan un buen día.

Enciclopedia valenciana de arqueología industrial

Galería
Portada

Portada de la ‘Enciclopedia valenciana de arqueología industrial’.

Se publicó esta obra, que codirigí con Mario García Bonafé, a mediados de 1995. Consta de 680 páginas que comprenden más de 500 entradas redactadas por un total de 76 colaboradores, versados en los diferentes temas que en ellas se tratan y procedentes de diversos ámbitos, no solo el académico.

Respecto al por qué de su gestación, su necesidad y sus pretensiones, se explicitan en los siguientes párrafos que extraigo de su Introducción:

Los orígenes de esta se remontan a principios de 1994, cuando en la localidad de Sagunt se desarrollaban las sesiones del Segon Congrés d’Arqueologia Industrial del País Valencià, que había organizado la Associació Valenciana d’Arqueologia Industrial (AVAI) con el título ‘Cultura material i canvi social’. Tanto las ponencias como las comunicaciones mostraban que la línea iniciada en el congreso de Alcoi, celebrado cuatro años antes, empezaba a dar sus frutos. En él se intentó abandonar de una vez por todas la asimilación de arqueología industrial al estudio de determinados ‘monumentos’ industriales y definirla como la disciplina que tiene por objetivo la producción de conocimientos históricos a partir del estudio de la cultura material de la sociedad industrial-capitalista. Prácticamente nadie dudaba que la arqueología industrial es arqueología y que ambas son, en definitiva, historia. Sin embargo, y a pesar del buen nivel de las ponencias y comunicaciones del congreso de Sagunt, estas –en su mayor parte– evidenciaban una muy escasa utilización de las técnicas propias de la metodología arqueológica.

Esta situación tiene su lógica. Trabajar en arqueología industrial en el País Valenciano sigue siendo una tarea complicada: se trata de una disciplina aún joven en la que queda mucho por hacer y no existe un reconocimiento académico suficiente que garantice una formación adecuada. Además, la asunción de la arqueología industrial como arqueología era un hecho evidente para muchos de los que participamos en el congreso de Sagunt, pero no tanto para el conjunto de arqueólogos, los cuales siguen ignorando sistemáticamente los estratos contemporáneos en sus excavaciones. Por otra parte, la práctica totalidad de los historiadores que investigan sobre los dos últimos siglos sigue sin recurrir a las fuentes materiales. (….)

Pàg

Una de las páginas de la enciclopedia.

Aparte de esta, hasta la fecha únicamente existe otra enciclopedia, en inglés [B.S. Trinder (dir.): The Blackwell Encyclopedia of Industrial Archaelogy, Londres 1992]. Sin embargo, las referencias a cuestiones metodológicas son escasas. Conceptos como el de ‘estratigrafía muraria’ –imprescindible a la hora de trabajar en arqueología industrial– no figuran como entrada ni son siquiera mencionados. (…)

Esta enciclopedia se basa, en consecuencia, en la premisa de que la arqueología industrial tiene su propio método, que no es otro que el arqueológico (incorporando los registros oral y escrito. La hemos titulado Enciclopedia valencia de arqueología industrial y no ‘del País Valenciano’ porque, si bien su ámbito geográfico es este, hemos pretendido ir más allá al incorporar un gran número de entradas sobre su metodología, válidas para cualquier investigación en cualquier lugar.

Ordenada alfabéticamente, la obra trata sobre aspectos relacionados, como decíamos, con la metodología arqueológica, las diversas industrias –incluyendo la dedicada a la transformación de productos agrícolas–, fuentes de energía, elementos arquitectónicos y de la construcción, transportes y comunicaciones, obras públicas e ingeniería civil y mecánica, así como una amplia selección de las principales localidades en las que las huellas del proceso de industrialización son más evidentes.

000223

Artículo de Jesús Civera sobre la enciclopedia (Levante-EMV, 19 de octubre de 1996).

Salió en mal momento. Un año después, Jesús Civera, entonces jefe de la sección de Cultura del diario Levante-Emv, publi-caba en dicho medio un artículo de opinión titulado “Silencio” (19 de octubre de 1996) en el que, entre cosas, decía lo siguiente:

El último trabajo de Manuel Cerdà y la obra póstuma de M. García Bonafé en la IVEI (G.B. salió de Alfons el Magnánim cuando entró el PP en la Generalitat), firmada conjuntamente, ha pasado desapercibida. Salió hace unos meses publicada por la IVEI, es decir, sumida en la acostumbrada semiclan-destinidad (…) y entre la escasa publicidad de la casa matriz y el menguado estímulo con que suelen acoger los medios de comunicación (…) trabajos como este, el estudio ni siquiera ha alertado a los historiadores del gremio. Y es una lástima. O una barbaridad, según se mire. Porque la enciclopedia repasa los monumentos industriales de esta tierra e intenta una definición de la disciplina (…) Y después interpretar la cultura material de la sociedad industrial. La obra, sin embargo, duerme en el silencio. Significativo, sí.

Así fue. La enciclopedia apenas se difundió, su distribución fue mínima. Aún así, alguna que otra reseña apareció en revistas especializadas como Historia industrial (núm. 10, 1996, que firma Eusebi Casanelles), Industrial Archaeology Review (vol. 18, núm. 2, 1996) o Historia Social, ha sido citada en numerosos trabajos y continúa usándose y siendo útil. En la actualidad sigue a la venta al precio de 48 euros, como figura en catálogo de publicaciones de la Institució Alfons el Magànim. Si se vende o no es algo que desconozco, pues nunca he recibido información al respecto.

Trabajar por encargo

Galería
001349

Portada del tomo I del ‘Diccionario histórico de la Comunidad Valenciana’.

A pesar de los inconvenientes que presenta, que no son pocos, me gustan los trabajos por encargo, aquellos que han de finalizarse dentro de un plazo de tiempo estipulado. Me gustan por el reto que conlleva, incluso el riesgo, porque son cosas que lo más probable es que no hubiera hecho si no, porque tienen principio y fin y luego a otra cosa mariposa. Ahora bien, el proyecto ha de ser de mi agrado, he de sentirme cómodo con él, y debe implicar a otras personas, un trabajo colectivo, pues, que necesariamente requiera un elevado presupuesto. Me gusta dirigir, sí.

El problema que presenta trabajar en este tipo encargos es que tus decisiones han de contar con el visto bueno de quien pone el dinero, en este caso la editorial. En el cine, por poner otro ejemplo ya que decía que me gusta dirigir, con la productora. Casi nunca el director consigue que la película que se estrene responda únicamente a su concepción original, a lo que este pretendía, siendo habituales los choques con el productor, o productores. Lógicamente, el interés de quien pone la pasta no tiene por qué coincidir con el mío. Lo tengo asumido y, de hecho, siempre he tenido discrepancias con la empresa editora. Afortunadamente, siempre hemos llegado a un acuerdo. De lo contrario hubiera desistido.

Poco después de finalizar la Historia del pueblo valenciano, me llamaron de nuevo de Editorial Prensa Valenciana para dirigir otro proyecto, puede que no tan ambicioso, pero no menos interesante. Aparte de la Historia…, había publicado, además de los citados Arqueología industrial de Alcoi y Lucha de clases e industrialización, los libros Els moviments socials al País Valencià (1981) e Historia fotográfica del socialismo español (1984). De nuevo se me presentaba la oportunidad de dirigir un proyecto editorial que requería una amplia participación. Acepté la dirección del nuevo proyecto: un diccionario histórico sobre la historia de lo que sea este espacio geográfico que habitamos. “Con esta finalidad, el profesor Manuel Cerdà, al frente de un equipo de coordinación que ha hecho posible la participación de ciento ochenta colaboradores, en su mayor parte procedentes de distintas universidades, asumió el reto planteado por el periódico Levante-EMV hace tres años”, decía el diario en uno de los numerosos artículos promocionales que se publicaron.

DH _ 3 dic. 92

‘Levante-EMV’, 3 de diciembre de 1992.

Salió el primer fascículo del Diccionario histórico de la Comunidad Valenciana el sábado 5 de diciembre de 1992. La presentábamos como una obra de consulta de carácter analítico y divulgativo, estructurada en voces (o entradas) y ordenada alfabéticamente de la A a la Z, que comprendía conceptos historiográficos, hechos, personajes y familias relevantes, instituciones y perfiles históricos de todos los pueblos. Pretendía ser una obra de consulta que resultara especialmente útil a los alumnos de bachillerato, el entonces vigente COU (Curso de Orientación Universitaria) y estudiantes universitarios, al tiempo que comprensible para el público en general. Tenía, una vez completados los 67 fascículos en que se dividió, 800 páginas que comprendían más de 2.500 entradas y 700 fotografías e ilustraciones. En esta ocasión conté con un equipo de coordinación integrado por Rafael Narbona, Pablo Pérez García y María Cruz Romeo. No alcanzó el elevado número de ventas que registró la Historia del pueblo valenciano –era impensable que así fuera, no entraba en los cálculos– pero la cifra tampoco estuvo mal: más de 70.000 personas coleccionaron los dos volúmenes de que constaba.

001347

Portada y contraportada de ‘52 fines de semana. Rincones de la Comunidad Valenciana’.

La siguiente publicación que firmé con Editorial Prensa Valenciana fue 52 fines de semana. Rincones de la Comunidad Valenciana, también editada en fascículos (52) que pretendía “acercar –de forma ágil, comprensible y manejable– a un público heterogéneo nuestro patrimonio cultural”, ofreciéndoles “la posibilidad de conocer la Comunidad Valenciana de manera gradual o bien de hacer turismo de fin de semana a lo largo de un año sin salir de ella”. Se publicó a lo largo de 2003 y cada ruta se estructuraba en distintas secciones: ‘Cómo llegar’ (itinerario, o itinerarios, aconsejables; medios de transporte, teléfonos de interés y un plano con su correspondiente leyenda), “Qué visitar, dónde ir’ (patrimonio monumental y paisajístico; la de mayor extensión), ‘Qué comer, dónde alojarse’ (selección de hoteles y restaurantes), ‘Más cosas que hacer’ (otras formas de ocupar el tiempo más allá de la ruta sugerida) y ‘Fiestas y tradiciones’ (calendario festivo destacando y describiendo las celebraciones más señaladas). Fue una experiencia de lo más gratificante. Todos los fines de semana hacía, hacíamos, una ruta, descubriendo rincones, costumbres y tradiciones, probando y disfrutando la gastronomía local… Todavía conservo unas dos o tres mil fotografías que hice en aquellos viajes, en papel, que imagino nunca escanearé ni publicaré. La idea era que cada año se renovase la guía. Lamentablemente no fue así. Cosas de trabajar por encargo.

El juego...

Dos tarjetas de ‘El juego de la Comunidad Valenciana’ con preguntas y sus correspondientes respuestas.

Antes empleé la frase “La siguiente publicación que firmé con Editorial Prensa Valenciana”. Firmé. Pues entre una y otra cosa –esto es la primera vez que lo cuento– surgió un nuevo y curioso proyecto. Me llamaron de Barcelona, de la empresa GSC, SL (Gestión Servicios y Comunicación). Habían propuesto a Editorial Prensa Valenciana (EPV) la edición de una especie de Trivial sobre el País Valenciano que se denominaría El juego de la Comunidad Valenciana y esta había aceptado. Necesitaban, no obstante, a alguien que se encargara del contenido, de las preguntas. En EPV les recomendaron que se pusieran en contacto conmigo y eso hicieron. A mí, por novedosa, me pareció una excelente idea, especialmente divertida. Se lo comenté a algunos amigos, que no parecían compartir mi entusiasmo. Dos de ellos y yo quedamos en seguir adelante. Ahora bien, estos –cosas del currículum, a mí me la traía al pairo– no querían que figurara su nombre. Por eso en los créditos figura “Realización y concepto lúdico: Equip Tres en Ratlla”. Nos pusimos a redactar las preguntas y respuestas, que dividimos en seis casillas temáticas: geografía, historia, cultura popular, Castellón, Valencia y Alicante. Y sí, era de lo más divertido. Nos juntábamos cada semana para evaluar lo hecho, y nos descojonábamos cada semana. Al principio. Un par de meses después, día arriba día abajo, estábamos hasta el gorro de tanta preguntita. Y es que su cifra era nada menos que seis mil. Acabamos reclutando, y pagando, a otros por cada pregunta nueva. Salió El juego de la Comunidad Valenciana en 1999. Se hizo una buena campaña promocional en la que, entre otras cosas, personas conocidas de diversos ámbitos jugaban una partida y comentaban la experiencia. En algún sitio es probable que guarde algún recorte de prensa al respecto, pero ¿dónde?

Luego vino la Gran Enciclopedia de la Comunidad Valenciana, un reto mayúsculo del que me ocuparé en una próxima entrada.

Historia del pueblo valenciano

Galería

HPV A

Un buen día tras el verano de 1987 –no recuerdo la fecha exacta– quedé para cenar con mi amigo Mario García Bonafé, por aquel entonces director de Publicaciones de la IVEI (Institució Valenciana d’Estudis i Investigació), algo que hacíamos con relativa frecuencia. Ese día me comentó que el diario Levante les había propuesto colaborar en un proyecto consistente en la elaboración de una obra divulgativa destinada al público en general, y también a estudiantes y entendidos, sobre la historia del País Valenciano, obra que se editaría en fascículos y se distribuiría conjuntamente con el periódico, para lo que contaban con el patrocinio de la Caja de Ahorros de Valencia. La colaboración consistía sobre todo en diseñar su contenido y cómo llevarlo a cabo. Les dijo que creía contar con la persona adecuada para dirigir y coordinar el proyecto y que esa persona era yo. Mi primera reacción fue de asombro. Era algo que no esperaba y dudé de ser capaz de hacer tal cosa. Mas cuando Mario me dijo que si no creyera que estaba suficientemente cualificado para el trabajo no hubiese propuesto mi nombre, se desvanecieron las dudas y me puse enseguida a la tarea. Tenía yo 32 años y me enfrentaba al mayor reto que había tenido hasta la fecha. Fue una decisión acertada, a resultas de la cual hice mía la máxima nunca digas no a algo que te apetezca hacer, nunca digas no sé, no puedo… Di no a aquello que carezca de interés para ti. Si lo tiene, adelante. Eso sí, sé consciente de que vas a dedicarte en cuerpo y alma, como suele decirse, a tal menester, que te va a absorber. Esa máxima la he seguido toda mi vida.

1. HPV 4

Noticia de la presentación de la ‘Historia del pueblo valenciano’ / ‘Levante-EMV’, 23 de septiembre de 1988.

No voy a entrar en detalles acerca del proceso de trabajo, que, por otra parte, se reflejan en los diversos recortes de prensa que acompañan este artículo. Sí respecto a nuestras intenciones, que se explicitan en el texto de Presentación de la obra y de la que extraigo las siguientes líneas:

“Con la intención de ofrecer a un público amplio y diverso un material que nos aleje de tópicas y ritualizadas visiones de nuestra historia, un equipo de profesionales de la misma –los autores y el equipo de dirección y coordinación–, conscientes de la importancia y del significado social del proyecto, nos pusimos a trabajar en la Historia del pueblo valenciano.

Cuál era esa historia y cuál nuestro origen fueron las cuestiones que nos llevaron a abarcar un amplio periodo cronológico que se retrotrae hasta el momento en que el hombre hizo su aparición en el actual territorio valenciano, ya que entendemos que nuestro pueblo tiene más de 750 años de antigüedad [el año de la publicación de la Historia… coincidía con el 750 aniversario de la conquista de Valencia por el rey Jaime I] y que nuestras raíces arrancan más allá de la fundación del antiguo reino. Nuestras tierras eran habitadas ya desde lo que denominamos prehistoria y, en ellas, íberos, romanos, visigodos o musulmanes, desarrollaron, en mayor o menor medida, sus culturas. Todavía sin ser “valencianos”, estos hombres y mujeres fueron, generación tras generación, la base humana con la que Jaime I, junto con las gentes llegadas con él de otras tierras de la Corona de Aragón, pudo edificar el nuevo reino. Durante siglos, los nuevos pobladores convivieron –no sin tensiones– con los antiguos habitantes, y fue precisamente durante estos siglos cuando se creó una ordenación jurídica propia que convertía a los valencianos en un pueblo diferenciado […].

Los valencianos, pues, poseemos una historia rica y plural. Es tal vez por ello que nuestra historiografía ha tenido un notable desarrollo. […].

[…] de una historia centrada en los grandes acontecimientos y los grandes protagonistas, de una historia de reyes y batallas, nuestra atención ha ido evolucionando hacia una historia preocupada por el estudio de las relaciones económicas y sociales, capaces de explicarnos los continuos procesos de cambio, y por el de esas masas anónimas, ignoradas durante tanto tiempo […].

No obstante, los actuales valencianos […] desconocemos en buena medida los orígenes y la evolución histórica de nuestra sociedad. A pesar de la gran cantidad de trabajos publicados […]. Muy probablemente, buena parte de culpa de esta situación la tengamos los mismos historiadores: preocupados por nuestra investigación, imbuidos en épocas más o menos remotas, hemos olvidado a menudo la importancia y la significación de que nuestro trabajo sea conocido fuera del marco académico, acercándonos así a aquella definición que Gramsci hacía de la historia en tanto que disciplina que “se refiere a los hombres, a tantos hombres como sea posible, a todos los hombres del mundo en cuanto se unen entre sí en sociedad, y trabajan, luchan y se mejoran a sí mismos”.

[…]

Desde el convencimiento de que es una noble e importante tarea divulgar la historia de los valencianos han nacido las casi mil páginas que componen la presente obra […]. Hemos intentado, sin renunciar a la erudición y al rigor que debe caracterizar toda disciplina científica, realizar una obra ágil, comprensible y manejable que con un tono divulgativo hiciera accesible las nuevas aportaciones y corrientes interpretativas que han configurado la general renovación historiográfica de las últimas décadas. La Historia del pueblo valenciano va dirigida a los profesionales y a los que no lo son, a aquellos que estudian historia y a los que se interesan por ella por muy diversos motivos, con el fin de ofrecer un instrumento que les permita conocer o ampliar, en un sentido global, el estado de nuestro acontecer histórico.

Este trabajo quiere ser la expresión de una voluntad de colaboración entre historiadores de distintas especialidades e, incluso, de diferentes enfoques de la realidad histórica valenciana. […] Así pues, la Historia del pueblo valenciano es el intento de hacer llegar a un público heterogéneo cómo ha ido evolucionando la sociedad valenciana […] tratando de reconstruir el pasado en toda su amplitud y en toda su complejidad desde las posibilidades que nos ofrece el estado actual de nuestra investigación histórica”.

2. HPV 3

‘Levante-EMV’, 5 de octubre de 1988.

3. HPV 2

‘Levante-EMV’, 9 de octubre de 1988.

4. HPV 1

‘Levante-EMV’, 13 de octubre de 1988.

La Historia del pueblo valenciano se presentó el 23 de septiembre de 1988. Consta de 960 páginas, distribuida en 48 fascículos y encuadernables en 3 tomos. Colaboraron 72 profesionales de la historia, en su mayoría profesores universitarios, algunos de los cuales no hacía muchos años habían sido profesores míos, a los que pedí asesoramiento. Para las distintas áreas conté con tres coordinadores: Vicent Ribes (compañero de promoción que acabada de regresar de México, donde había impartido docencia en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Autónoma de Aguascalientes, y preparaba oposiciones para catedrático de instituto) y dos jóvenes recién licenciados y muy cualificados: Rafael Narbona (actualmente catedrático de Historia Medieval de la Universitat de València) y Manuel Chust (ahora catedrático de Historia Contemporánea en la Universitat Jaume I).

5. HPV 7

‘Levante-EMV’, 14 de octubre de 1988.

Confiábamos en que la obra tendría una buena acogida, pero nadie esperaba el éxito que llegó a alcanzar. La tirada media del diario era de unos 40.000 ejemplares. El domingo 1 de octubre, día que salió el primer fascículo, esta fue de 72.000. Se agotaron rápidamente y se imprimieron 100.000 más para atender la demanda. También se quedaron cortas las tiradas de los números dos y tres (122.000).

Hoy, más de 125.000 bibliotecas y hogares tienen en sus estanterías la Historia del pueblo valenciano, y todavía me encuentro con alguien –normalmente ya de cierta edad– que, hablando, si sale el tema a colación, me dice: ¡Ah! ¿Eso lo hiciste tú? Yo lo tengo en mi casa.

10. HPV 10 _ 2 juny 89

‘Levante-EMV’, 2 de junio de 1989.

11. HPV 11 _ 25 nov. 89

‘Levante-EMV’, 25 de noviembre de 1989.

12. HPV 0 _ 2 dic. 89

‘Levante-EMV’, 2 de diciembre de 1989.

Taller d’història

Galería

001306 - copia

Revista que editó el Centre d’Estudis d’Història Local (Diputación de Valencia) entre 1993 y 1995. De periodicidad semestral, tenía una tirada de mil ejemplares. Se llegaron a publicar un total de seis números, ya que desapareció, con el Centre, poco después de las elecciones municipales de 1995 con el nuevo gobierno del Partido Popular.
Dirigida por Manuel Cerdà, contó con un amplio consejo asesor integrado por destacados historiadores españoles y extranjeros. Taller d’història pretendía, tal como reflejaba la editorial del primer número, “poner al alcance de todo el mundo, del profesional de la historia y de todos los interesados en la misma, algunas contribuciones de la práctica historiográfica más reciente que pueden enriquecer el bagaje teórico y metodológico del investigador y, a un nivel más general, ayudar a comprender y reflexionar sobre el papel de la historia en el mundo actual”. Estructurada en diversas secciones, las de ‘Microanàlisi’ y ‘Orientacions i recerques’ prestaron una atención específica a la historia local. Se publicaron artículos sobre la microhistoria (Giovanni Levi, Joaquim Carvalho), las fuentes de la historia local (Antoni Furió) y los archivos (Josepa Cortés), el mundo de los oficios (Tim Putman, June Freeman), los orígenes del territorio local, la historia oral y el medio local (Robert Parks, Giovanni Contini) y las actas del Tercer Col·loqui Internacional d’Història Local, que organizó el Centre en 1993.

Dos secciones, ‘Història alternativa’ y ‘Controvèrsies’ –esta, a diferencia del resto, no fija–, querían difundir diferentes formas de aproximación a la experiencia histórica de otras partes del mundo (Europa y Estados Unidos básicamente). En ‘Història alternativa’ predominaron los temas referidos al uso de la historia oral y la arqueología en la recuperación de la memoria colectiva, y la construcción de una historia contemporánea a partir de todos los registros y no únicamente del escrito. También se denunció la marginación de los colectivos más indefensos en el Primer Mundo o la historia popular y su práctica social. En este sentido cabe destacar, entre otros: “La rebelión de los cheyenes del Norte (1879): el uso de la historia oral y la arqueología como instrumentos de resistencia” (Douglas y otros, núm. 1), “Discurs de la pèrdua” (Günter Grass, núm. 2), “(Re)leer a Marx” (Alain Guerreau, núm. 5) y “Arxivadates, usurpadors de la memòria i buròcrates prestigitadors (Miquel Izard, núm. 3), el dedicado a las experiencias británica y alemana sobre los talleres de historia (R. Samuel, Sh. Rowbotham, M. Wilde, núm. 4), y otros artículos sobre Thompson (Hobsbawm, núm. 4) y la renta feudal y el trabajo campesino (Miquel Barceló, núm. 6). En la sección ‘Controvèrsies’ se plasmaron los debates de Stone, Joyce y otros (“Historia y posmodernismo”), de Wallerstein y Skotnes (“¿Más allá de Annales?”) y de Strauss y Beik (“El dilema de la historia popular”).
El carácter de la revista determinó en buena parte que predominara la traducción de artículos ya aparecidos en otras publicaciones, sobre todo en revistas como History Workshop, Past and Present, Oral History y Radical History Review, entre otras, si bien, poco a poco, esta tendencia fue disminuyendo en beneficio de artículos encargados por la propia revista, como los ya citados de Alain Guerreau, Miquel Barceló o Miquel Izard.

Ana Sebastià Alberola, entrada “Taller d’història”, Diccionari d’historiogrqfia catalana, 2003.

Buen resumen de la trayectoria de Taller d’història al que poco añadiré. Me gustaría, no obstante, resaltar las características materiales de la misma. Taller d’història era una revista de ajustado presupuesto que, además, estaba financiada con dinero público. Había, en consecuencia, que ofrecer el máximo contenido posible en cuanto menos espacio mejor. Nada de ostentaciones, primaba la sobriedad. Un ejemplo de ello es el citado texto de Günter Grass “Discurs de la pèrdua”, que se publicó en el número 2 (2º semestre 1993). Se trata de un discurso que el escritor polaco-alemán pronunció el 18 de noviembre de 1992 en teatro muniqués Münchner Kammerspiele sobre los peligros del racismo, el cual fue publicado en alemán (Rede vom Verlust. Über den Niedergang der politischen Kultur im geeinten Deutschland) ese mismo año por la editorial Steidl (Göttingen), a la que compramos los derechos para la edición en catalán. Con fotografías incluidas (cuatro) ocupaba las páginas 45 a 54, es decir, diez. En 1999 lo publicó en castellano Paidós Ibérica, con una extensión de 94 páginas.
También quisiera destacar que la revista no pasó desapercibida fuera del ámbito de aquellos dedicados a la investigación o del de la crítica especializada. Algunos artículos llevaron a otros a escribir interesantes reflexiones tras su lectura. Recuerdo ahora un artículo que escribió Vicente Vergara no sé si en la Cartelera Turia o en el periódico Levante-EMV (cito de memoria) sobre el mencionado de la rebelión de los cheyenes del Norte. Pero si tengo que resaltar alguno –no precisamente fruto de la reflexión– es el que figura bajo estas líneas y firma Paco Moreno, en el que critica un artículo aparecido en el número tres de la revista (primer semestre de 1994): “Fuera del sueño. Pobreza y marginación infantil en el primer mundo”. Publicado en el diario de la ciudad de Valencia Las Provincias –que por entonces dirigía María Consuelo Reyna y defendía los valores más rancios y conservadores– su título lo dice todo: “Una revista de la Diputación muestra cómo se droga un niño y un hombre apalea a su mujer”. Entre otras perlas, decía: “La Constitución española tiene entre sus artículos uno que explica la protección que se debe promover a la infancia y a la juventud. Es paradójico que se busque el control de las emisiones televisivas, que reduzcan sus contenidos violentos, que se limite la venta de alcohol y de entrada en algunos establecimientos, para, al mismo tiempo, financiar con dinero público la reproducción de una imagen que incluso hiere la sensibilidad de los adultos”. Una joya, como ven, que parece redactada ayer mismo y que ahora, como entonces, me tomo más como un halago que otra cosa.

000224 - copia

Que pasen un buen día.