Soy loco por ti, América

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Más de 60 horas he empleado en la confección de este vídeo, que quiere ser un homenaje al pueblo latinoamericano. Si lo ven y les gusta les agradecería que así lo hicieran constar en YouTube. Muchas gracias.

Soy loco por ti, América.

Soy loco por ti de amores.

Soy loco por ti, México. Por ti, Cuba. Por ti, República Dominicana. Por ti, Guatemala. Por ti, Honduras. Por ti, El Salvador. Por ti, Costa Rica. Por ti, Nicaragua. Por ti, Panamá. Por ti, Colombia. Por ti, Venezuela. Por ti, Ecuador. Por ti, Perú. Por ti, Brasil. Por ti, Bolivia. Por ti, Paraguay. Por ti, Uruguay. Por ti, Chile. Por ti, Argentina.

Taxi Driver

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Extraordinaria película de Martin Scorsese con un Robert de Niro excepcional en el papel de Travis, un perdedor solitario que ha regresado de la guerra del Vietnam –importante detalle este– y encuentra un mundo sórdido y cruel que le supera. Taxi Diver se estrenó en 1976 y, a pesar del tiempo transcurrido, sigue siendo una película igual de poderosa, enérgica, brutal. A ello no es ajena la magnífica banda sonora que compuso Bernard Herrmann (1911-1975), la última de su dilatada trayectoria, pues falleció mientras dormía en su habitación en un hotel de Los Ángeles a las pocas horas de haber terminado su grabación. Su brillante partitura musical, su acercamiento al jazz, transmite a la perfección la inquietante atmósfera de un mundo convulso y la perturbada personalidad del protagonista.

Herrmann fue también el compositor de las bandas sonoras de la película El hombre que vendió su alma (The Devil and Daniel Webster, 1941), por la que ganó un Oscar, y de varias de Orson Welles (Ciudadano Kane y La guerra de los mundos) y de Alfred Hitchcock (Vértigo, El hombre que sabía demasiado, Psicosis).

La música que escucharán en el vídeo es la pieza A Night Piece for Orchestra, en la que Herrmann aúna los temas de Taxi Driver ‘Prelude’, ‘Blues’, ‘Night Prowl’, ‘Bloodbath’ y ‘Finale’. Él es quien dirige la Royal Philharmonic Orchestra, de cuyo trabajo cabe destacar a David Roach (saxo alto).

Let is Snow! ¿Canción navideña o veraniega?

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Si teclean en cualquier buscador el título de esta canción, la gran mayoría de los resultados que aparezcan harán referencia a la Navidad, pues como canción navideña está considerada. Sin embargo, nada más lejos de la realidad.

Let It Snow! Let It Snow! Let It Snow!, o simplemente Let It Snow! (Deja que nieve) es una canción de Jule Styne – compositor también de otras canciones como Diamonds Are a Girl’s Best FriendThree Coins in the Fountain o Just in Time y musicales como GypsyGentlemen Prefer Blondes o Funny Girl– con letra de Sammy Cahn, uno de sus preciados colaboradores. La compusieron un día de julio de 1945, uno de más calurosos que se recuerdan en California desde que se tienen registros. No son, obviamente, estos días los más propicios para dar rienda suelta a la creatividad, pues sabido es que el calor excesivo embota los sentidos, nos aturde y dificulta pensar con claridad. Mas no a todos. ¿Verdad que los niños no dejan de jugar por mucho calor que haga? Algo parecido sucede con las personas creativas e hiperactivas, y Jule Styne lo era.

Pues bien, a Jule Styne y a su amigo el letrista Sammy Cahn –que residían en Hollywood por motivos profesionales– les dio por imaginar que se encontraban en un frío lugar en el que estaba nevando. Los niños y los adultos hiperactivos suelen tener algo en común: la imaginación y la fantasía siempre están activas, lo que fomenta la creatividad. La imaginación, la fantasía, pueden ser una fuga de la realidad, pero en interacción con ella pueden, por esto mismo, crear cosas geniales, como la canción que nos ocupa.

Así pues, Let It Snow!  puede servir tanto para celebrar el inicio del solsticio de invierno como el del verano; el primero en el hemisferio norte, el segundo en el hemisferio sur. Puesto que es una magnífica canción –de esas que siempre se escuchan con agrado–, con ella les deseo a todos felices fiestas, feliz Navidad, feliz solsticio, o feliz lo que sea celebren. Y, si como yo, son de los que aborrecen estas fechas, que sea una horita corta, como se le dice a una parturienta.


El funeral del abuelo

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No recuerdo haberme reído tanto y enternecido al mismo tiempo como hace unas noches viendo la película Nuestro último verano en Escocia (2014, What We Did on Our Holiday), concretamente con la secuencia que recoge el vídeo que figura sobre estas líneas, cuando los niños organizan un sentido y emotivo funeral a su abuelo.

Les pongo en antecedentes por si no han visto la película. Un matrimonio a punto de divorciarse viaja con sus tres hijos –dos niñas de cuatro o cinco años (la pequeña) y unos nueve (la mayor) y un niño de seis– a las Highlands escocesas para celebrar una lujosa fiesta con motivo del cumpleaños del padre de él. Va a tener lugar en la residencia de su hermano, un millonario escocés, y va a ser la última vez que pueda festejar su cumpleaños, pues padece un cáncer terminal.

Cierto que, al poco de empezar, la comicidad decae y la película se vuelve un tanto sensiblera, pero momentos después los niños –motor esencial del filme– vuelven a entrar en acción y la locura, el disparate, regresan, haciéndolo de forma magistral en la secuencia del funeral del abuelo. Este hace inmediatamente muy buenas migas con sus nietos, les cuenta historias sobre los antiguos vikingos y las huellas que dejó su presencia en las Highlands, y se los lleva de excursión a la playa, a un lugar donde todavía quedaban restos de sus actividades, entre ellas de sus particulares funerales. El abuelo muere en la playa y los niños –después de que la mayor vaya a la residencia de su tío a contar lo sucedido y nadie le preste atención, atareados como están con sus problemas y con los preparativos de la fiesta– deciden organizarle un funeral vikingo, como deducen que a él le hubiera gustado. Este es el momento que plasma el vídeo.

He creído conveniente –pues llega a sonar brevemente en la película– acompañar este de un fragmento de la banda sonora de la película de Fleischer Los vikingos (1958), que compuso Mario Nascimbene. Es esta una película, por otra parte, que recuerdo con especial cariño. Yo tendría cinco años cuando la estrenaron en el cine de verano mi pueblo y mi abuelo me llevó con él. Era un tanto miope y le gustaba sentarse en las primeras filas. En una de ellas nos sentamos los dos. Empezó la película y al rato –no puedo determinar el tiempo transcurrido a estas alturas– la pantalla se llenó con el rostro de un enfurecido vikingo que gritaba con todas sus fuerzas y tenía una presencia pavorosa. Menudo miedo daba. Salté de la silla y ‘pies para qué os quiero’. Eché a correr y no paré hasta llegar a casa, a casi un kilómetro de distancia. Al poco llegó mi abuelo, jadeante, preocupado y un tanto alterado. Cosas de niños.

Que la vida sea amable con todos ustedes.

My Way (subtitulada). Frank Sinatra

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Este blog se llama ‘A mi manera’ por la canción My Way, concretamente por la versión que de ella hizo Frank Sinatra. Me identifico mucho con la letra de la canción, y no creo que sea el único al que le ocurre esto. Lo explicaba en una entrada titulada precisamente así: ‘A mi manera’.

Por otra parte, he de decir que me encanta Frank Sinatra. Actor premiado con un Oscar, amigo de presidentes y socio de mafiosos, tierno y duro a la vez, Sinatra fue uno de los personajes más populares del siglo XX. Su inconfundible estilo, la sensualidad de su voz, la naturalidad con que cantaba –su obsesión era que al cantar no se notara que estaba respirando– le convirtieron en uno de los grandes iconos del siglo pasado. Y hasta ahora la verdad es que nadie le ha superado. Además, que alguien que se hace enterrar con una botella de whisky, un paquete de cigarrillos y un encendedor, solo por eso ya merece mi todo mi respeto.

Aunque ya hice un vídeo con My Way, me ha apetecido confeccionar otro (subtitulado en español). Esta vez con fotografías y fragmentos de documentales sobre su vida.

Espero que sea de su agrado. Que la vida les sea amable.

The Golden Age

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Suelo decir siempre que publico un vídeo que si les gusta les agradecería que, si no es mucha molestia, así lo hagan constar en YouTube. En este caso, por razones obvias, mejor diré que si lo consideran merecedor de su reconocimiento le pongan un ‘me gusta’ en YouTube. Muchas gracias.

Solo para mayores de 18 años. Así he calificado yo mismo este vídeo por el contenido de sus imágenes y porque, de no hacerlo, seguro que alguien lo denunciaría. Las 31 fotografías de Joel-Peter Witkin que, acompañadas por la música de Shostakovich, lo conforman, se exhibieron en 1988, con otras muchas más, en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid), primero, y acto seguido en la Sala Parpalló de la Diputación de Valencia, que por entonces dirigía Artur Heras. No pasó nada. Me cuesta creer que si esta misma exposición se presentase hoy no levantara airadas protestas, manifestaciones y denuncias por parte de los veladores morales de nuestros rancios valores, meapilas varios y demás personas de mente biempensante. O igual no. Es posible que ni siquiera se hubiese llevado a cabo ante el temor a este tipo de reacciones. En todo caso, la autocensura no hubiera faltado. Si ven el vídeo, imagino que estarán de acuerdo conmigo.

No me detendré, por razones de espacio, en la biografía de este fotógrafo neoyorkino nacido en 1939, cuya obra fotográfica ‘grita la iconografía cristiana presa en las garras del infierno’ y cuya ‘verdadera esencia reside en la mezcla alquímica del tradicionalismo y los traumas psíquicos de la humanidad: el sexo, el dolor y la muerte’, una obra que es una ‘blasfemia elevada hasta un grado de belleza desconcertante’, ‘la revelación de la perversidad glorificada por el arte’. Son palabras del que fuera comisario de la mencionada exposición (Alain Dupuy) que figuran en el catálogo de la misma. Del catálogo extraigo también las que siguen, del propio Witkin (“El porqué de mi obra”):

‘El ser humano es el único ser vivo con imaginación. Ningún océano, montaña o galaxia tiene capacidad para representarse el destino. Por desgracia, el mundo de hoy se está convirtiendo en sistemas materiales que anestesian la tendencia de todo individuo a forjarse un destino. Es como si nuestros corazones y nuestras mentes hubieran sido bañados en plástico. Mientras tanto, estamos sacrificando nuestro derecho como seres humanos al conocimiento de lo ignoto. El no sentir la necesidad de plantearse en la vida otra ambición que no sea la indulgencia material, supone la gran desesperanza de nuestro tiempo.

Todos aspiramos a deslindar las conexiones humanas y místicas que nos emparentan con nuestros semejantes y con Dios, así como a una introspección profunda encaminada al entendimiento y la satisfacción de las capacidades que nos han sido dadas para poder ver cuanto hay de alegre y dramático en la evolución de cada uno en su persecución de la verdad. Este es el porqué de mi obra. Los cambios en mi obra reflejan la intensidad y la claridad de mi vida. La progresión de mi obra se mide en el grado de contemplación que esta refleja’.

En cuanto a la música, que a mi parece de lo más apropiada, se trata del tango del ballet The Golden Age (La edad de oro), que compuso Dmitri Shostakovich en 1930, una mirada satírica del cambio político y cultural en la Europa de los años veinte del siglo pasado, años que en muchas cosas nos recuerdan el momento actual.