Sobre las olas. Consideraciones en torno a los refugiados rescatados por el Open Arms y el Ocean Viking.

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Sobre las olas se puede navegar plácidamente por propia voluntad o zozobrar. En este último caso, nunca por voluntad propia.

¿Solidaridad? No es cuestión de solidaridad, ni de caridad, ni mucho menos de política, tratados o leyes, a no ser que sea la ley del mar. Es únicamente de pura humanidad. Humanidad han mostrado, y siguen mostrando, tener muy poca, o ninguna, los políticos de todas las tendencias. Como dice el fundador y director de Proactiva Open Arms, Òscar Camps, y pueden escuchar en este vídeo, “Me caería la cara de vergüenza si yo fuera un líder, un político o un presidente de gobierno en estos momentos, porque lo que estamos viviendo ciudadanos españoles a bordo del Open Arms es injustificable”.

Me produce impotencia, rabia, pero sobre todo repugnancia lo que se está haciendo con los refugiados rescatados por el Open Arms y el Ocean Viking. Y me preocupa, me asusta, la falta de respuesta de los españoles en su conjunto.

Puede que al final acaben desembarcando todos en algún puerto, pero el daño causado en ellos por los sufrimientos físicos que se les han infligido difícilmente llegarán a superarlo. Claro que al menos no perdieron la vida en alta mar. No pasarán a engrosar la triste y repulsiva de lista de muertos por huir de la guerra, de la violencia y de los conflictos étnicos, una lista que jamás recogerá, por imposible, todos los nombres de quienes han sido engullidos por las olas.

Plegaria. El tango de la muerte.

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¿Se repite la historia? Las situaciones son distintas, pero las condiciones que las han generado y sus protagonistas no, las mismas y los mismos. De ahí esa especie de déjà vu que he tenido al contemplar las imágenes de este vídeo. El vídeo recoge diversos testimonios documentales de la tragedia a que se ven abocados los refugiados que llegan, o tratan de llegar, a Europa. He procurado que sean todos de este año –algunos de ayer mismo– y lo he acompañado con la música de un tango titulado Plegaria, que compuso en 1931 Eduardo Bianco.

En 1933 el NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán), que lideraba Hitler, llegaba al poder aupado fervorosamente por millones de alemanes, nada menos que diecisiete millones les votaron (un 43,9 por cien). El tango no se resintió. Es más, a los nazis les encantaba, y como todo lo que les gustaba lo utilizaron para sus perversos fines. El paradigma de tal circunstancia es Plegaria, el “tango de la muerte”.

Su compositor, Eduardo Bianco, no era alemán, sino argentino, pero nazi como el que más. Plegaria era un tango ya conocido desde que en 1931 Bianco lo dedicase al rey Alfonso XIII. No es de extrañar. Dedicó también tangos a Benito Mussolini y frecuentó a Adolf Hitler y a otros líderes del régimen nazi. De hecho, Bianco lo tocó frente a Hitler y Goebbels en 1939. Y Plegaria inició así su funesta trayectoria. Era el tema preferido por los mandamases de los campos de exterminio para que las orquestas de presos interpretaran cuando llegaban los trenes repletos de prisioneros. Lo último que esperaban era ser recibidos con música. Nada malo nos puede suceder, pensaban. Y confiados avanzaban hacia la cámara de gas creyendo que iban a las duchas para ser desinfectados.

Dice Rafael Sánchez Ferlosio en un duro poema publicado en 1993 que “Vendrán más años malos / y nos harán más ciegos; / vendrán más años ciegos / y nos harán más malos. / Vendrán más años tristes / y nos harán más fríos / y nos harán más secos / y nos harán más torvos”. Pues parece ser que han llegado, aunque seguirán llegando más. De eso no tengo la más mínima duda. Los seres humanos hemos dado suficientes muestras de que la solución de los problemas que causamos no está en nosotros; nosotros somos el problema.

Sustituyan las cámaras de gas por el mar y los campos de exterminio por los campos de refugiados y es posible que les suceda algo parecido a lo que me pasó a mí viendo las imágenes. ¿No hemos aprendido nada del pasado? No nos engañemos. Al ser humano actual el pasado le importa un bledo, el futuro le trae sin cuidado y del presente solo preocupa, y se ocupa, de aquello que le afecta directamente, muy directamente.

Hay, sin embargo, una diferencia sustancial entre el momento actual y el genocidio nazi. Los alemanes que habían aupado a Hitler al poder podían alegar –aunque no fuese así en la gran mayoría de los casos– que nada sabían de lo que estaba sucediendo en aquellos campos con aquella pobre gente, que cómo iban a imaginar que barbaridades como esa pudieran siquiera tener lugar, que nada sabían. Hoy no. Hoy lo sabemos, hay testimonios de sobra, lo vemos todos los días, en internet, en la prensa, en televisión… ¿Y…? Y nada. Se nos llena como mucho la boca hablando de humanidad, pero a la hora de la verdad miramos hacia otro lado. Sí, cada día somos más torvos.

Todo esto me lleva a pensar que lo peor está aún por llegar. O tal vez lo mejor. Nunca se sabe. Según cómo se mire.

Fascinación

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Fascination es un hermoso vals francés que compusieron en 1905 Maurice de Féraudy (letra) y Fermo Marchetti (música). Estrenado en los cafés-concierto de la época, en París, pronto se hizo enormemente popular. De las innumerables versiones que se han grabado de este romántico vals, yo me quedo con la gran Elis Regina (1945-1982), la cual está incluida en el elepé Falso brilhante (1976, aquí Fascinaçao).

Las imágenes son de la película Love in the Afternoon (1957, Ariane), dirigida por Billy Wilder, con Audrey Hepburn y Gary Cooper, en cuya banda sonora suena el vals unos instantes.

Que la vida les sea amable.

¡Ay, qué buena es Doña Elena!

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¿Se acuerdan de Elena Francis, doña Elena, del programa Consultorio de Elena Francis? Los españoles que ya tienen una edad seguro que sí. Aunque el Consultorio se emitió entre los años 1947 y 1984, fue en las décadas de 1950 y 1960 cuando alcanzó mayor popularidad, llegándose a recibir quince mil cartas mensuales.

Para mí, el programa está asociado a mi niñez. De su contenido no recuerdo nada, pero sí de todo lo que lo rodeaba, incluida su sintonía, que muchos años más tarde averiguaría que se trataba de Indian Summer, el excelente tema que compuso en 1919 Victor Herbert. Pasaba de pequeño muchas horas en el taller de la sastrería de mi padre, con las chicas que en él trabajaban y tenían siempre la radio puesta. Sonaba la melodía y llegaban los ¡chsss!, los calla, pues la señora Francis –que, como saben, luego resultó no ser tal señora– se disponía a aconsejar a las pobres desventuradas que sufrían por haber contravenido algunas de las sagradas normas del noviazgo o del matrimonio, ayudándolas a que fueran lo que tenían que ser: fieles servidoras del hogar sumisas a sus maridos. Nada más recuerdo. Y esto último porque lo leí después, claro.

No está motivado este vídeo, por tanto, por el recuerdo del programa. Lo que en realidad me ha movido a confeccionarlo es la canción que suena, ¡Ay qué buena es Doña Elena!, una canción de lo más divertida. La interpreta el grupo Patxinguer Z, el cual puede que, también los que ya cuenten con cierta edad, recuerden haberlos visto en el programa que emitió la segunda cadena de Televisión Española entre 1983 y 1985 Si yo fuera presidente, presentado por Fernando García Tola. Patxinguer Z surgió de una iniciativa, una de tantas, del músico, cantante, compositor, actor de doblaje y productor, Lluís Miquel Campos (1947), conocido en el mundo artístico como Lluís Miquel, una de las figuras más interesantes del panorama musical valenciano, difusor de la chanson entre nosotros con el grupo Els 4 Z. ¡Ah! La voz femenina es la de Mamen García, actriz también valenciana de amplia trayectoria profesional (en la actualidad pueden verla en un papel de una serie que se titula Señoras del (h)AMPA).

En fin, espero que se lo pasen tan bien viendo el vídeo como me lo he pasado yo haciéndolo. Que la vida se amable con todos ustedes.

Sophisticated Lady: Grace Kelly

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Fantástico tema de Duke Ellington que, a juicio de un servidor, le va como anillo al dedo a Grace Kelly, mujer considerada símbolo de la elegancia –o de lo que se entiende por esta–, cuya imagen sofisticada y llena de glamour es difícil comparar con la de ninguna otra estrella del momento. En este sentido, estoy completamente de acuerdo con el crítico cinematográfico James Spada:

“¿Qué fue lo que hizo de ella una super estrella en tan poco tiempo? Su belleza habría garantizado una carrera cinematográfica de éxito, pero su meteórico ascenso pudo estar basado, principalmente, en el hecho de que Grace Kelly fuese la persona adecuada en el momento oportuno. La irresistible combinación de refinamiento y atractivo sexual resultaba perfecta en los años cincuenta; cuando en Estados Unidos las actitudes más conservadoras se dejaban de lado, cada vez con mayor audacia, a favor de la apertura sexual, y sobre todo en los medios cinematográficos. Los norteamericanos estaban fascinados por la sexualidad, pero algunas veces consideraban ofensiva la descarada exhibición de Marilyn Monroe. En cierta manera, Grace Kelly era: la Marilyn del beato.” (Cineforever.com).

Sophisticated Lady fue compuesta Ellington en 1932 y grabada en 1933 como tema instrumental (más tarde se le añadiría letra). Pronto se convirtió en uno de los grandes estándares del jazz y fue versionado por, entre otros, Harry James, Billie Holiday, Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Julie London o Tony Bennett. Sin embargo, para mí, ninguna versión es comparable a la primera grabación. Si antes me mostraba de acuerdo con Spada, más aún lo estoy con las siguientes palabras del historiador Eric Hobsbawm:

“Lo mejor de la obra de Ellington es lo que creó para cabarets y salones de baile (…) Quien esto escribe, a los dieciséis años se enamoró para siempre de la orquesta de Ellington en su mejor época, al oírla tocar en lo que se llamaba un ‘baile-desayuno’ en un salón de baile de las afueras de Londres ante un público atónito que no contaba para nada, salvo como una masa oscilante de gente bailando que era lo que orquesta estaba acostumbrada a ver ante ella. Los que nunca han oído a Ellington tocando música para bailar o, mejor aún, en un comedor lleno de noctámbulos elegantes, donde el verdadero aplauso consistía en el cese de las conversaciones alrededor de las mesas, no pueden saber cómo era la mejor orquesta de la historia del jazz cuando tocaba a gusto en su propio ambiente.” [“Duke Ellington”, New York Review of Books, 19 de noviembre de 1987; reproducido en el libro Gente poco corriente. Resistencia, rebelión y jazz, 1999).

The Shadow of Your Smile

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La sombra de tu sonrisa. De su en este caso. La de la bella Diane Lane. Y la no menos bella melodía que compuso Johnny Mandel para la película The Sandpiper (1965) en la armónica de Toots Thielemans, “un instrumento muy sencillo de tocar y tan ligero como una pluma” como él decía, pero que en su boca era pura delicia, sobre todo para los amantes del jazz.

I Will Survive

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Si la casualidad no hubiera hecho que el otro día viese en televisión la película El bar Coyote (Coyote Ugly, 2000), no creo que se me hubiese ocurrido confeccionar este vídeo. I Will Survive es una de las canciones incluidas en su banda sonora, una buena canción, de ritmo trepidante y de lo más pegadiza, pero la música disco no me dice gran cosa. Seguro que la habré bailado alguna vez en alguna fiesta de pueblo; en una discoteca estoy convencido de que no.

Peper Perabo.

De todos modos, no fue la película en sí, ni la canción, lo que me motivó a hacer el vídeo, sino su actriz protagonista: la estadounidense Piper Perabo (1976). No la había visto jamás, pero llamó poderosamente mi atención y a la mañana siguiente busque en internet información sobre ella, y sobre el filme. Entonces me encontré con que no solo a mí me había cautivado esta mujer. El crítico estadounidense de cine, ya fallecido, Roger Ebert escribió: “Hay una razón para ver la película, y esa razón se llama Piper Perabo” (leído en Filmaffinity). Completamente de acuerdo. También con otro crítico, Fernando Morales, este de El País: “Correctísima cinta rodada con gran habilidad técnica (…) Gran interpretación de Piper Perabo”.

Peper Perabo.

Y bueno, espero que disfruten el vídeo con fragmentos de algunas escenas de la película y la estupenda y pegadiza I Will Survive. La versión que suena es la del single original de 1978 que grabó Gloria Gaynor.