My Ideal

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Hoy, otro vídeo con una canción de aquellos tiempos en que se bailaba al son de una orquesta, por renombrada que fuera. Se trata de My Ideal, que compusieron en 1930 Richard A. Whiting y Newell Chase (música) y Leo Robin (letra).

My Ideal es uno de los temas que forman parte de la banda sonora de la película Sabrina, una deliciosa comedia del gran Billy Wilder estrenada en 1954 que protagonizaron Humphrey Bogart, Audrey Hepburn y William Holden. Por eso las imágenes del vídeo corresponden a ella, si bien en los fragmentos de las secuencias seleccionadas solo aparecen los dos primeros. Suena, de todos modos, unos instantes, cuando Audrey Hepburn (Sabrina) acompaña a Humphrey Bogart (Linus) a navegar en su yate, justo después de que ella cante un trocito de la canción Yes! We Have No Bananas, al poner otra canción en el tocadiscos.

La versión que suena es la que grabaron Billy Butterfield & his Orchestra con Margaret Whiting (voz) en 1942. Como dato curioso mencionar que Margaret Whiting (1924-2011) era hija de Richard A. Whiting, el autor de la melodía.

Midnight with the stars and you

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Medianoche con las estrellas y contigo. Un dulce romance que recordaré toda mi vida. Toda mi vida me acompañará el recuerdo de aquella medianoche a tu lado bajo las estrellas.

Midnight with the stars and you (Medianoche con las estrellas y contigo) es una canción que compusieron Harry M. Woods (música) y Jimmy Campbell y Reg Connelly (letra) y grabó por primera vez la orquesta de Ray Noble con la voz de Al Bowlly en 1934.

Las imágenes del vídeo son de la película Lost in Translation (2003), dirigida por Sofia Coppola, con Bill Murray y Scarlett Johansson.

Y Dios creó a la mujer… E hizo una chapuza.

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Y Roger Vadim creó a Brigitte Bardot. Puestos a atribuir la creación de la mujer –y del hombre– a alguien, prefiero la Brigitte Bardot que creó, o recreó, Vadim en la película Et Dieu… créa la femme (1956) que la Eva que según los cristianos es obra de Dios, esa Eva veleidosa que por una puñetera manzana –tiene cojones la cosa– condenó a la humanidad, eternamente a una vida de aflicción y dolor, ni más ni menos. Menuda chapuza hizo. Aunque el resultado de su ‘experimento’ era de cajón que no podía salir bien. ¿A quién se le ocurre poblar el mundo a partir de únicamente dos personas? Desde luego que a nadie con dos dedos de frente. ¿No sabía que para que la especie continuase era preciso recurrir al incesto?, ¿que los descendientes debían necesariamente ser fruto de las relaciones sexuales entre hermanos? Y luego entre primos hermanos, y así hasta ahora. ¿Y que eso reduce la variabilidad genética y aumenta considerablemente el número de tarados? Vean, si no, los linajes de las familias reales.  Imposible que no lo supiera. Es omnisciente. ¡Ay!, las prisas por descansar…

Claro que, por otra parte, tal vez sea cierto el asunto este de Adán y Eva. Explica mejor de ninguna otra posibilidad el enorme número de tarados que rigen el destino de la humanidad (reyes, presidentes, ministros, consejeros, alcaldes, concejales y cargos varios) desde unas instituciones que conforman el Estado y están al servicio del que ha mostrado ser el único dios que veneran estos tarados, el mercado, y que regulan los mercaderes-financieros, sumos sacerdotes de todo este tinglado. Con el apoyo de más tarados, obviamente. Pues como decía Boris Vian (Traité de civisme, 1950), “¿Un general sin soldados es peligroso?, “¿un comisario o un prefecto de policía sin agentes?, “un papa sin cardenales, sin arzobispos y sin curas? Los ingleses lo saben: un rey sin poder es maravillosamente inofensivo”.

Estas pajas mentales me las hacía mientras subía a YouTube el vídeo que figura al principio, el cual recoge varias escenas de la película de Vadim –algunas de ellas consideradas sumamente escandalosas en su momento, y en posteriores (en España no se estrenó hasta 1971)– con una más que sensual Brigitte Bardot, sensualidad que acentúa la música de Paul Misraki, autor de la banda sonora. Mientras esperaba a que me indicase que ya estaba listo para ser publicado, pues tarda un montón. Y como aún me sobraba tiempo se me ha ocurrido buscar en internet información acerca de Adán y Eva y su descendencia. ¡La leche! ¡La de artículos, escritos de diversa índole, fórums, comentarios, etc., que hay! Me reconforta comprobar que hay quien práctica el onanismo mental mucho más asiduamente que yo. Buen fin de semana.

Laura

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Otro tema de otra película de Otto Preminger, como ayer. Casualidad. Me he dado cuenta cuando estaba subiendo el vídeo a YouTube. Aunque no tanta, pues Preminger, como todos los grandes directores de cine, cuidaba al máximo todos los elementos, y la música es clave.

El tema de hoy, cuya melodía compuso David Raskin, es Laura   y da título a la película de Preminger, la cual se estrenó en 1994, con Dana Andrews y Gene Tierney en los papeles protagonistas. Lo interpreta el gran Clifford Brown (1930-1956). La grabación corresponde al álbum de 1955 Clifford Brown with Strings.

Haupe

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Haupe es uno de los temas que forman parte de la banda sonora de la magnífica película Anatomía de un asesinato (1959, Anatomy of a Murder), que dirigió Otto Preminger, con James Stewart, Lee Remick y Ben Gazzara en los papeles protagonistas. Uno de los temas, decía, pues toda la banda sonora es de Duke Ellington, toda ella una maravilla.

Puttin’ on the Ritz

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Puttin’ On The Ritz es una popular canción del compositor estadounidense de origen ruso Irving Berlin (1888-1989), autor de canciones tan maravillosas como Cheek to Cheek. Escrita en 1929 el título hace referencia a la expresión coloquial Puttin’ on the Ritz, algo así como engalanarse para el Ritz, es decir, vestir elegantemente, a la última moda, con estilo. Esta última es la que he considerado más acertada, pues para ‘ir al Ritz’ hay que vestir de forma elegante y a la última, pero con clase, es decir, con estilo.

Puttin’ On The Ritz ha formado parte de la banda sonora de diversas películas, como Idiot’s Delight (1939) –en la que la Clark Gable canta y baila el tema en una curiosa y simpática escena–, Blue Skies (1946, Cielo azul), con Fred Astaire, o la divertida Young Frankenstein (1974, El jovencito Frankenstein), con Gene Wilder y Peter Boyle. De esta última, con libreto de Mel Brooks, director de la película, se hizo una adaptación al teatro musical con el mismo título que se estrenó en Broadway en 2007 y luego se ha repuesto varias veces. En 2017 se estrenó en el londinense West End con Shuler Hensley en el papel de Frederick Frankenstein. La representación del número Puttin’ On The Ritz durante la ceremonia de entrega de los Premios Olivier de 2018 es la que recoge el vídeo. Inconmensurable Shuler Hensley y magnífica coreografía.