EL BLOG DE MANUEL CERDÀ

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Prudencio Calamidad (mi última novela)

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Prudencio Calamidad es mi cuarta novela desde que emprendí la aventura de dedicarme a escribir narrativa y dejar más o menos de lado –harto y cansado de moverme en un medio donde lo que prima es la meritocracia, el amiguismo y la corrupción intelectual de tanto mindundi servil del poder, por mucho que algunos se disfracen de progre– la historia social y la arqueología industrial, disciplinas que han centrado mi trayectoria profesional hasta hace unos años. Prudencio Calamidad se suma, así, a El viaje (2014), El corto tiempo de las cerezas (2105) y Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird) (2016).

Prudencio Calamidad quiere ser una sátira de ‘ciencia-ficción’, cuyo argumento transcurre en el presente, divertida, ácida y sumamente crítica con el sistema, o sistemas, de organización social en que se ha dotado la humanidad a lo largo de la historia. También políticamente inconveniente y que el lector se encuentre ante el dilema de corroborar o refutar estas palabras que Prudencio, Prude, o Argararemon, o quien finalmente sea el enigmático personaje que es, o se hace pasar, por genio, nos dijo (a los chicos y a mí): “Los humanos nunca estaréis preparados para entender comportamientos que no se adecuen a vuestro sentido de la normalidad, de lo que consideráis ‘normal’ y tratáis de justificar mediante la lógica o la ciencia”.

Prudencio Calamidad está disponible solo a través de Amazon.

Los humanos nunca estaréis preparados para entender lo que no consideráis ‘normal’

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Prudencio Calamidad es mi cuarta novela desde que emprendí la aventura de dedicarme a escribir narrativa y dejar más o menos de lado –harto y cansado de moverme en un medio donde lo que prima es la meritocracia, el amiguismo y la corrupción intelectual de tanto mindundi servil del poder, por mucho que algunos se disfracen de progres– la historia social y la arqueología industrial, disciplinas que han centrado mi trayectoria profesional hasta hace unos años.

Prudencio Calamidad quiere ser una sátira de ‘ciencia-ficción’, cuyo argumento transcurre en el presente, divertida, ácida y sumamente crítica con el sistema, o sistemas, de organización social en que se ha dotado la humanidad a lo largo de la historia. También políticamente inconveniente y que el lector se encuentre ante el dilema de corroborar o refutar estas palabras que Prudencio, Prude, o Argararemon, o quien finalmente sea el enigmático personaje que es, o se hace pasar, por genio, nos dijo (a los chicos y a mí): “Los humanos nunca estaréis preparados para entender comportamientos que no se adecuen a vuestro sentido de la normalidad, de lo que consideráis ‘normal’ y tratáis de justificar mediante la lógica o la ciencia”.

Prudencio Calamidad está disponible solo a través de Amazon.

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2017/12/03/los-humanos-nunca-estareis-preparados-para-entender-lo-que-no-considerais-normal/

 

 

En obras

Este blog está siendo remodelado. De ahí que pueda presentar diversos aspectos según el momento en que haya accedido.

Ruego a todos que me disculpen si durante este tiempo –que parece que va a ser de días– no respondo a la mayoría de los comentarios ni apenas visito sus blogs. Créanme que materialmente no puedo, o esto no terminará nunca, y no saben las ganas que tengo de ponerle fin.

Gracias.

Reflexiones / 1

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“Les Drapeaux” (1830), óleo de Léon Cogniet.

Una bandera no es más un trozo de tela que siempre, siempre, termina manchado de sangre.

Publicada originalmente en:  https://musicadecomedia.wordpress.com/2015/06/18/ocurrencias-1/

Vivir: de lo que se pueda, como se pueda (si se puede)

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El Cabanyal (Valencia). Juanjo Monzó (18/07/2010) / Las Provincias.

Aquí casi todos estamos sin trabajo. No hay y muchos ya no cobran nada del paro. Hay que vivir de lo que se pueda, como se pueda, si se puede. Cosas materiales, compañero, que hay que pagar con pasta, todos los meses, el alquiler, el butano, la luz, el agua, los impuestos, las multas… y otras cosas que parece mentira que cobren lo que cobran. ¡Menudos hijos de puta! ¿Sabes qué nos costó el otro día vacunar a mi hermanita de la triple no sé qué? Más de setenta euracos, setenta y algo, casi ochenta, ¿qué te parece? ¿Qué hacemos?, ¿no la vacunamos? Pues no hay guita no hay vacuna. ¿Qué te parece, Prude? Hay que buscarse la vida. ¿Cómo? Como sea. ¿Tú qué harías en mi caso? Lo intentamos por lo que ellos dicen que es legal y nos dicen que no puede ser, que no hay trabajo, que nos jodamos y nos conformemos, que la cosa está mal. ¡Y tan mal! Dinero, dinero. Si los tienes comes, si no que te den. ¿Qué haces? ¿Pedir limosna? Si no fuera por la maría y el costo ¿de dónde hubiera salido la pasta para la vacuna?

Manuel Cerdà: Prudencio Calamidad (2017). Disponible solo a través de Amazon.

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2018/01/23/vivir-de-lo-que-se-pueda-como-se-pueda-si-se-puede/

¿Y qué opinión quieren que tengan luego esos jóvenes de nuestros barrios olvidados?

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Supongo que todos conocerán el vídeo, pues se ha hecho viral y encendido las redes sociales, que muestra la agresión de un policía nacional a una mujer en Valencia. En él se ve a dos oficiales de la Policía Nacional hablando, o discutiendo, con una mujer, en plena calle, ya entrada la noche. La mujer vocifera contra los policías, grita entrecortadamente “a mí no me tocas” cuando el policía interrumpe con “¿O te enteras?”. Ella responde: “o te meto una hostia en todos los cojones…”. En ese instante el policía que le habla le da una bofetada que la tumba, mientras su compañero mira sin intervenir.

Si no lo han visto –dura solo cinco segundos– pueden hacerlo antes de continuar leyendo.

La agresión sucede en Barona, en el barrio de Orriols de la capital, un barrio que, de acuerdo con Wikipedia, tiene una población en torno a los 30.000 habitantes y cuenta con una tasa de paro del 40%, y una presencia de inmigrantes del 30%. Es decir, un barrio como en el que viven los chicos –Robin, Johnny y Tomate– que protagonizan mi última novela, Prudencio Calamidad. Luego no querrán que otros jóvenes como ellos –sin trabajo ni futuro– piensen, o se expresen, en los términos que lo hacen los tres muchachos cuando hablan con Prudencio, un genio –dice él– que va a estar a su disposición para satisfacer cuantos deseos quieran durante doce horas.

─ Son unos cabrones, Prude, unos hijos de puta, el recetario en una mano y la porra en la otra. No hacen más que joder.  Ellos y los maderos.  Documentación, venga. Papeles, rápido. No saben otra. Vacía los bolsillos, quítate las zapatillas, las manos sobre el capó, te registran como si fueras del ISIS ese, te empujan, y si te sueltan una hostia pues ya sabes, jódete. El otro día trescientos pavos me clavaron por una china de mierda que me encontraron en el bolsillo, tan mierda que si siquiera me había dado cuenta que la llevaba. Se la quedaron, claro. Se lo quedan todo, costo, maría, farlopa, jaco, ellos también se ponen, y pasan.  Van por ahí, multan a los coches mal aparcados, paran a uno, paran a otro, según la pinta que te vean. Si les pareces un fumeta cuando lo que pasa es que vienes de currar y estás que echas el bofe, como le pasó a un colega que currela en una panadería, si llevas el pelo demasiado largo o demasiado corto, sudadera con capucha, aunque no la lleves puesta, y pantalones anchos y caídos, si están aburridos o no han cumplido su cupo diario de multas y detenciones, te dan la receta, te canean o te enchironan, depende. Si eres gitano, o negro o un machupichu, lo llevas claro. Y si es por la noche peor aún, por la noche vienen los maderos, y a nadie le gusta trabajar de noche ─explicaba Robin.

─ No os caen muy bien que digamos.

─ El único modo de caer bien estos es que lo hagan por un agujero del que no puedan salir nunca ─afirmó Johnny.

─ Te cuento. ¿Sabes qué hacen los monos que machacan nuestras calles? Un ejemplo. En el bloque que yo vivo, bueno, al lado, hay un bar, el bar Adelina. Allí paran dos a almorzar todos los días, se toman su buen bocata a mitad mañana con su birra o su vinillo. Los veo yo, ¡hostia!, los vemos todos, nadie tiene que contármelo. Pues allí dejan el coche donde les sale de los cojones. ¡Como a ellos nadie les va a multar! Bien papeados, cogen el recetario y a multar a los coches que están mal aparcados. Mientras, el suyo sigue frente a unos contenedores, donde pone que si dejas el carro ahí se lo llevará la grúa. Una multa, otra, cuanto antes acaben antes se tomarán la birrilla. ¡Y diles algo! Sin decirles nada ya te miran mal. Si les miras dicen que les has provocado.

─ Mi madre ─terció Tomate─ es de Massapena, un pequeño pueblo cerca de aquí, unos quince kilómetros creo que habrá. Mis abuelos vivían allí hasta hace poco, en una casita de campo. Mi abuelo era… ¿Cómo se llama eso de las abejas? ¡Ah, sí!, apicultor. Ya estaba jubilado, pero seguía haciendo cosas en un pequeño huerto que tiene. Había plantado ajetes y espárragos. Mi madre, un día que fue a verles, se llevó unos manojos, para venderlos en el mercadillo de los jueves. ¡Hostia!, unos euros, una mierda, para la compra del día, poco más. Fue llegar y aparecer de repente dos monos, le quitaron los manojos y le pusieron una multa de mil quinientos pavos por no tener licencia para vender. ¡Mil quinientos pavos! Y le requisaron lo que había sacado. Para ellos, claro. Hay que ser hijoputa. ¿Sabes qué cuestan los permisos que piden? Entre licencia, seguro y demás, unos cuatrocientos ñapos al mes, y tampoco hay plazas, que ya estuvimos mirándolo. Esperando se quedarán a que la paguemos, que nos embarguen. Como no se lleven mi picha, que es lo más valioso que tengo. Mi madre lloró, les contó que estábamos muy mal, que por unos ajetes y unos putos espárragos no hacían daño a nadie. O se calla de una puta vez o se viene con nosotros, eso le contestaron. ¿Son o no unos hijos de puta? Hasta ellos lo saben. Viven de eso.

Manuel Cerdà: Prudencio Calamidad (2017). Disponible solo a través de Amazon.

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2017/12/26/y-que-opinion-quieren-que-tengan-luego-esos-jovenes-de-nuestros-barrios-olvidados/

Asalto al furgón blindado

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Salieron a toda velocidad y giraron a su derecha. A unos ciento cincuenta metros estaba el furgón. Detuvieron el vehículo a menos de diez metros del lugar, en el carril-bus. A los custodios del traslado del dinero apenas les dio tiempo a reaccionar. Antes siquiera de que pudieran darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, los amigos se habían puesto las máscaras antigás y los chubasqueros, sacado del maletero los fusiles, ya cargados, y lanzado contra ellos las granadas, al tiempo que arrojaban un bote de humo y seguían disparando proyectiles de gas pimienta, los cuales, según lo previsto, impactaron en el cuerpo de los policías. Trataban así de sumar el dolor del choque de las bolas con sus cuerpos a los efectos debilitantes del gas. No disponían de mucho tiempo. De acuerdo con las estimaciones de Argararemon durante los ensayos, no debían tardar más de un minuto en cargar el dinero en el coche sustraído y largarse tan rápidamente, o más, de lo que habían llegado. La confusión era tremenda, las personas que circulaban por las inmediaciones se alejaron velozmente del lugar, despavoridos, algunos con ojos llorosos y dificultades para respirar.

Los coches que circulaban por la calzada se detuvieron en seco y hubo alguna que otra colisión. El humo impedía ver lo que realmente sucedía, el caos era absoluto y los policías y guardias de seguridad nada podían hacer. Un par de los primeros, no obstante, consiguió salir del área afectada. Medio aturdidos, pudieron comprobar cómo los asaltantes habían cargado ya las sacas en el maletero de su vehículo y se disponían a subir en él para, obviamente, iniciar la huida. Entrenados para afrontar las más diversas situaciones, aunque ninguna tan inconcebible como la que estaban viviendo, consiguieron armar sus pistolas. Argararemon se dio cuenta de que apuntaban a las cabezas de los chicos. Inexplicablemente, ninguno de los dos acertó el blanco, sus tiros se desviaron hasta el punto que su objetivo parecía ser alguna de las nubes que decoraban el cielo.

Manuel Cerdà: Prudencio Calamidad (2017). Disponible solo a través de Amazon.

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2017/12/19/asalto-al-furgon-blindado/