Una felación simulada y un coño insumiso

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“La historia sería una cosa demasiado estúpida sin el espíritu que los impotentes han introducido en ella” (Nietzsche). Cito mucho a Nietzsche últimamente, pero es que llevo unos días leyendo su obra La genealogía de la moral. Eso estaba haciendo esta mañana, al tiempo que almorzaba en uno de los dos bares en los que acostumbro a hacerlo. Es uno de esos bares de barrio ‘de siempre’ que suelen tener encendido el televisor aunque esté sin volumen (o muy bajo). En eso, levanto la cabeza, miro en dirección al aparato y leo –afortunadamente no se escucha– que un padre “denuncia la simulación de una felación en clase” (titular). Lo primero que me viene a la mente es: menudo gilipollas.

Ya en casa, ni me molesto en buscar en internet información al respeto. ¿Despilfarrar tiempo con tales majaderías? Eso me faltaba. Sigo pensado que se trata de un auténtico gilipollas, uno de esos del PIN, acrónimo que bien podría usarse para referirse a los Padres Imbéciles Negadores. Consideran a sus hijos propiedad privada y sobre ellos vuelcan su frustración, su agobio, su apatía, su desilusión, su tristeza, su idiocia. ¿PIN? Pim, pam, pum.

En otro momento, me fijé de nuevo en el televisor. Ahora estaban hablando de Willy Toledo. Eso decía el rótulo de la noticia. A Willy Toledo resulta que unos leguleyos de un clan que se hace llamar Asociación de Abogados Cristianos lo denunciaron por publicar en 2017 en Facebook lo siguiente: “Yo me cago en Dios y me sobra mierda para cagarme en el dogma de la santidad y virginidad de la Virgen María. Este país es una vergüenza insoportable. Me puede el asco. Iros a la mierda. Viva el coño insumiso”. Y esos sentenciadores de túnica negra y gorro con flecos toman en consideración su rogativa y la acusación de presunto delito de ofensa religiosa, por el que esos leguleyos cagatintas piden 22 meses de multa para él.

Entre unos y otros estamos apañados. Menudo atajo de cretinos comehostias. Y pobres niños. Sobre todo, pobres niños. ¡Déjenlos en paz! Todos: gobierno y partidos, AMPAs y (h)ampones, instructores de la mediocridad disfrazada de enseñanza, instituciones, congregaciones y organizaciones veladoras de la mediocridad. Con sus programas, sus leyes, sus pactos y componendas, sus acuerdos y conciertos, su probada ineficacia y su avanzada imbecilidad, son los auténticos responsables de este dislate social. Son sus actuaciones las que, al dar pábulo a tales falacias con su doblez, crean un problema en donde nunca ha existido. Ya sé que su misión es asegurarse de que a la cumbre solo llegarán las personas de espíritu mezquino y poco originales, espíritus de idea fija, cicateros de sentimientos y codiciosos de satisfacer sus frustraciones y fantasías en los demás.

Como cantaba Brassens, “empalados de una vez por todas en sus campanarios” qué “bien que estaríamos en este mundo”. ¡La hostia! ¡Cuánto mamón! “Con acento en la n, que jode más” (san Pepe Rubianes, dixit).

Ideales

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¿Os habéis preguntado alguna vez suficientemente cuán caro se ha hecho pagar en la tierra el establecimiento de todo ideal? ¿Cuánta realidad tuvo que ser siempre calumniada e incomprendida para ello, cuánta mentira tuvo que ser santificada, cuánta conciencia conturbada, cuánto ‘dios’ tuvo que ser sacrificado tal vez? […] Durante demasiado tiempo el hombre ha contemplado ‘con malos ojos’ sus inclinaciones naturales, de modo que estas han acabado por hermanarse en él con la ‘mala conciencia’. […] Los ideales que hasta ahora han existido […] son ideales hostiles a la vida, ideales calumniadores del mundo. […] ¡Qué complaciente, qué afectuoso se muestra todo el mundo con nosotros tan pronto como hacemos lo que hace todo el mundo y nos ‘dejamos llevar’ como todo el mundo!

Friedrich Nietzsche: La genealogía de la moral (1887). Edición en español de 1972 (traducción de Andrés Sánchez Pascual).

Menos sensibilidad que una almeja

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Decimos que alguien tiene menos sensibilidad que una almeja cuando da muestras –o creemos que las da– de sentir escasa o ninguna conmiseración por quienes sufren penalidades o desgracias; alguien, pues, falto de humanidad.

Cuando a una almeja le echamos unas gotitas de limón se contrae, reacciona. Sobre nuestros ojos caen todos los días, no gotas, chorros de toda clase de sustancias mucho más ácidas que el limón, algunas incluso tóxicas. Caen en forma de imágenes y noticias, que vemos o leemos según sea el medio por el que nos enteramos de cuanto sucede a nuestro alrededor. Y no nos contraemos (contraer es también, según la RAE, “asumir obligaciones o compromisos”). Tampoco reaccionamos (“actuar por reacción de la actuación de otro, o por efecto de un estímulo”) a no ser en beneficio propio. Bien vamos al oculista o cerramos los ojos; da igual que nos quedemos ciegos. Sí, tenemos menos sensibilidad que una almeja.

Entrada publicada anteriormente el 27 de marzo de 2018.

El precio de un parlamentario (un texto de Boris Vian)

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La verdadera manera de comprar un parlamentario es el método directo. Nos preguntamos: ¿debemos comprarlo de pie o abatido tras un disparo? Elija la segunda solución. Abatido vale más aún. Fijemos las cifras: personalmente consideramos bastante barato todo parlamentario muerto que nos sea ofrecido por una suma de uno a cinco millones según corpulencia. Puede parecer caro. En realidad, un rápido cálculo al nivel de la escuela primaria hará que advierta enseguida que, vivo, es aún más ruinoso.

El vocablo ‘parlamentario’ deriva, como se sabe, del viejo francés ‘hablar mentiroso’ [en español diríamos ser un bolero, un trolero, un charlatán…], y su significado resulta evidente. […]

Una cuestión que a veces nos preguntamos es el valor de un parlamentario; se dice de hecho corrientemente ‘Fulano se vende” o “Fulano es un vendido”, pero se omite especificar el precio. ¿Es posible, a partir de algunos de los elementos de que disponemos, fijar un baremo aproximado que permita sacarles provecho? La actual afluencia de visitantes que se respira es ciertamente molesta, y el extranjero, el turista que intentamos atraer a nuestro territorio, puede querer llevarse a casa un recuerdo que no sea la Torre Eiffel. La Cámara de Diputados está a punto de convertirse, más allá de nuestras fronteras, tan valiosa como nuestro primer monumento de exportación: ¿por qué no aprovecharla y no renunciar a algunos de sus pensionados? […]

Excelente ocasión para montar un fructífero pequeño comercio. […]

Es muy de tener en cuenta el hecho de que estar ya vendido no impide en ningún momento que el parlamentario vivo siga estando en venta. Es este uno de los pocos casos comerciales de transferibilidad permanente […] La venta de un parlamentario es una operación financiera compleja que pone en juego un código más o menos oculto, bastante ridículamente mantenido en secreto por las partes interesadas a pesar de que el hombre corriente conoce el mínimo detalle. […]

Eliminemos de entrada esta idea de que tenemos interés en comprar al parlamentario mediante contratación-compra o a crédito. En realidad, en estas condiciones, el parlamentario nunca le pertenece a usted. El procedimiento es tramposo: un individuo, aún no parlamentario, se os presenta y se os ofrece, a cambio de nada, pues es astuto, ha de ser elegido. Al elegirlo, tendrá derecho a decir que es su parlamentario; pero le demuestra inmediatamente lo contrario al votar algunos impuestos progresivos que lo arruinan y no conducen a nada, pues –atención a la astucia– él siempre se las apaña, gracias al déficit, para que sea nula la venta, y, milagro de la estrategia, es usted el que está en bancarrota. El juego es la leche. Está harto, pero el parlamentario tiene más de un truco en su saco y sabe cómo cubrirse con la amenaza de severos castigos ante cualquier propaganda a favor de una huelga fiscal (que uniría otra vez de inmediato sus combinaciones maquiavélicas), para que el consumidor esté lo suficientemente desarmado. […]

La verdadera manera de comprar un parlamentario es el método directo. Nos preguntamos: ¿debemos comprarlo de pie o abatido tras un disparo? […] Elija la segunda solución Caballero abatido vale más aún. […] Fijemos las cifras: personalmente consideramos bastante barato todo parlamentario muerto que nos sea ofrecido por una suma de uno a cinco millones según corpulencia. Puede parecer caro. En realidad, un rápido cálculo al nivel de la escuela primaria hará que advierta enseguida que, vivo, es aún más ruinoso.

Extracto de la crónica de Boris Vian “Le prix d’un parlamentaire”, publicada por primera vez en el diario La Parisienne en 1953. Traducción propia del mismo en la edición de su libro Traité de civisme, edición de Nicole Bertolt (© Cohérie Vian, 2006, Le Livre de Poche).

Asociación Internacional de Lesbianos

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Reproduzco el Manifiesto fundacional de la Asociación Internacional de Lesbianos (AIL) que publiqué el 17 de Gidouille del año 145 de la Era ‘Patafísica, Dia de Santa Hembra, ‘especialista’ (en el calendario vulgar 1 de julio de 2018), día en que se fundó la asociación, tres horas después de su inicio.

Tuvo esta lugar en la Terrasse del Lesbiano Mayor, donde tiene su sede. Hasta la fecha, sus únicos miembros somos los que la fundamos: Yo (Lesbiano Mayor), Mi (Lesbiano Pendolista), Me (Lesbiano de Soluciones Imaginarias) y Conmigo (Lesbiano Incivil). La AIL sigue estando abierta a todos los individuos (e individuas) discordantes y disconformes con la argamasa social que mantiene mansas y unidas a las personas en un estado de idiocia colectiva. Hacemos, por tanto, un llamamiento a quienes sientan afinidad con nuestros principios para que se sumen a la AIL. No hay cuota. Puedes elegir nombre y, si mandas tu foto, te remitiremos el carnet de miembro.

Qué significa ser lesbiano

Los lesbianos somos hombres, si por hombre se entiende aquel que tiene pene y testículos, o polla y cojones. Sin embargo, nuestra personalidad y carácter, nuestra manera de sentir y, en consecuencia, de comportarnos, son más propias de lo que habitualmente se considera que configura ‘lo femenino’. Entendemos que no es el género el que nos separa, sino la desigual participación en la distribución de bienes, y nos sentimos tan castrados por la sociedad patriarcal como las propias mujeres.

Los lesbianos aspiramos a una sociedad formada por seres iguales, libres y responsables, y nos oponemos a la tendencia en boga que predica la igualdad de los géneros tomando como base los valores por los que el varón se ha regido siempre en sociedad. Rechazamos, así, una supuesta igualdad que no busca la transformación social, sino la participación de la mujer en los privilegios, el poder y los estamentos jerárquicos considerados exclusivamente masculinos.

Negamos rotundamente que personas como las que están al frente de organizaciones financieras internacionales, bancos, ejecutivos estatales o autonómicos sean consideradas más mujeres que nosotros. No es verdad que estas, y muchas otras, carezcan de pene y testículos, o polla y cojones. La diferencia es que, en vez de tenerlos entre las piernas, como los varones, los tienen incrustados en el cerebro.

Qué es la AIL y quién puede formar parte de ella

Por todo lo expuesto hasta ahora, los que nos declaramos lesbianos reclamamos el reconocimiento de nuestra identidad y nos agrupamos en la Asociación Internacional de Lesbianos (AIL), organización desordenadamente organizada por una sociedad eudaimónica en la que el individuo (o individua) sea un ser social y no un ser colectivo, mito actual de nuestra sociedad, capaz de desarrollar procesos conscientes sobre su propia existencia.

La AIL está abierta a todo aquel, toda aquella –o ‘todo aquella’ y ‘toda aquel’– que se sienta identificado, o identificada, con los razonamientos de este manifiesto, sean hombres, es decir, varones, machos, caballeros, señores, individuos (sinónimos que figuran en los diccionarios), o mujeres, es decir, hembras, féminas, damas, señoras, señoritas, doncellas, muchachas, mozas, chicas (sinónimos que figuran en los diccionarios), sean heterosexuales, homosexuales, bisexuales, asexuales o practicantes de cualquier parafilia que no comporte la explotación, e independientemente del tamaño de cada uno, es decir, sean grandes o pequeños (vulgarmente llamados niños).

Declaración de principios de la AIL

1. Nos oponemos a todo tipo de explotación (sexual, laboral, moral, intelectual…), venga de donde venga y la ejerza quien la ejerza. Y, puesto que nos oponemos, la combatimos con todos los medios lícitos a nuestro alcance, pasándonos por el forro el principio de legalidad. Cada individuo es una excepción y ha de vivir bajo su propia ley. No hay verdades absolutas. En esta sociedad, la única verdad es la ausencia de verdad.

2. La AIT hace suyas las palabras del Nuevo Manifiesto Futurista que redactó Enrico Baj: ‘Estamos a favor del feminismo, a favor de la mujer portadora de vida y no de destrucción. Rechazamos, pues, la imagen de una paridad sexual que no existe y la machización en la jefatura de la industria, en la competencia y en la violencia’.

3. Abominamos de los serviles colaboracionistas de todo poder instituido que se prostituyen física e intelectualmente, incluso de aquellos que no son conscientes de que se están prostituyendo al haber pasado ya por la máquina de descerebrar del padre Ubú.

4. Reprobamos el proceder de madres y padres engendradores de niños y niñas a los que, sin su consentimiento, obligan a pasar más horas que ellos en centros de domesticación social para que puedan ‘realizarse’ en el trabajo lamiendo los culos de sus amos, al tiempo que otros congéneres limpian los de sus hijos mientras.

5. Reivindicamos, en consecuencia, que niños y niñas dejen de estar considerados como seres humanos de pequeño tamaño que carecen de cualquier derecho Queremos lesbianitos y no corderitos.

6. Aborrecemos a los parásitos sociales, a la gente que no produce nada y vive de lo que otros producen, despilfarrando lo han ganado a costa de los demás; a los determinadores de todo tipo, sus normas y sus leyes; a quienes les mantienen en sus torres de marfil y, aún más, a quienes no solo condenan estos comportamientos, sino que incluso admiran a sus protagonistas y ansían ser como ellos.

7. Reivindicamos el derecho a la pereza y reiteramos las siguientes palabras de Lafargue: “Un ciudadano que entrega su trabajo por dinero se degrada a la categoría de los esclavos, comete un crimen, que merece años de prisión”. Hay que luchar por el placer, no por el trabajo, por los Derechos de la Pereza, “mil veces más nobles y más sagrados”.

8. Despreciamos la competitividad, el militarismo, el patriotismo, el nacionalismo y el patridiotismo, el egocentrismo, la eterna velocidad con que vivimos en aras a un progreso inexistente, las masas y las grandes multitudes, la inercia mental y el servilismo, la cacactualidad y sus manipulados y manipuladores propagadores y propagandistas, las pompas institucionales y sus espectáculos, la burocracia y todo principio de autoridad.

9. Amamos el juego, la creatividad, la imaginación, la quietud pensativa, el sueño, la pereza y el dolce far niente, la fantasía, la contemplación, la locura liberadora, la vida vivida y buscada, la resistencia del ser humano contra los abusos y la arrogancia del poder en su vida cotidiana, la restitución de lo robado legalmente, que no legítimamente, en bienes y tiempo.

Ser lesbiano es una forma de ver y vivir la vida que se sirve de la transgresión, la provocación, la agitación y toda acción que perturbe la normalidad de la vacua vida cotidiana.

Nota: La imagen de nuestro logo es una dactilopintura de Carla Insa titulada Mi visión de Monet, realizada en 2014, cuando tenía cuatro años.

E luxo só

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Si ven el video y les gusta les agradecería que, si no es mucha molestia, así lo hicieran constar en YouTube. Muchas gracias.

Una canción de Ary Barroso (música) y Luiz Peixoto (letra). Barroso fue un compositor brasileño, precursor de lo que podríamos llamar pre-bossa nova. Popularizó la música brasileña con canciones como Aquarela do Brasil, al tiempo que compuso muchas canciones para las películas que Carmen Miranda rodó en Hollywood en las décadas de 1940 y 1950 y que tanto contribuyeron a dar la imagen de un Brasil idílico, ‘tierra de samba y pandero’.

La versión de E luxo só, excelente, que suena el vídeo es de Rosa Passos y pertenece a su álbum Pano pra manga (1996).