¿Quién fue Gypsy Rose Lee?

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Actualizando ayer mi blog Música de Comedia y Cabaret, como hago de vez en cuando aunque ya no está activo por si hay algún vídeo eliminado y lo puedo sustituir, me di cuenta de que el pasado 26 de abril se cumplieron 50 años del fallecimiento de Gypsy Rose Lee, actriz estadounidense y artista del burlesque norteamericano, género en el que se inició a los 15 años espoleada por su madre, quien no dudó en falsificar la fecha de su nacimiento para cumplir su sueño de verla convertida en estrella.

He buscado en internet noticias al respecto aparecidas en cualquier medio y no he encontrado la más mínima referencia. Nadie se acordó de la que en su día fue tan popular que incluso se la encontraba en sitios inimaginables para una artista de burlesque, como en los bailes de la alta sociedad. Y es que la suya fue una de esas vidas rotas, esas vidas que queman al arder como celebridades y cuyas cenizas luego no interesan a nadie. O a casi nadie, pues esta es mi conmemoración a su memoria.

Su verdadero nombre era Rose Louise Hovick y nació en Seattle (Washington) el 8 de enero de 1911, pero todos la llamaban Louise. Su padre era un hombre de negocios, John Olaf Hovick, un vendedor de anuncios publicitarios cuya aspiración era llevar una vida tranquila y sosegada. Su madre, Rose Thompson Hovick, tenía otras ambiciones. Soñaba con salir de Seattle y aspiraba a labrarse una vida muy distinta a la de su marido en el mundo del espectáculo, para ella y para su hija, en cuya beldad centraba su futuro. Cuando en 1912 tuvo otra hija, June, le pareció que era aún más bella y fotogénica. No se lo pensó dos veces y decidió hacer carrera en el mundo del vodevil con sus hijas. Su marido se opuso y se divorció de él. Cuando Louise tenía 7 años y June 5 ya habían conseguido cierto renombre como Baby June and Her Farmboys. June era la estrella y por sus actuaciones venían a ganar unos 1.500 dólares a la semana, cantidad más que respetable que, sin embargo, no les alcanzaba para poder seguir el alto nivel de vida que, según muchos, llevaba su madre.

Sin embargo, había una forma de vodevil que todavía atraía multitudes: el burlesque. Eventualmente, Rose, Louise y compañía tuvieron que actuar en una local de burlesque. En algún momento durante su estancia allí, la estríper que hacía uno de los números principales no pudo continuar su actuación y Rose, que nunca dejó pasar una oportunidad, sugirió que la terminara Louise, que solo tenía 15 años. Subió al escenario vistiendo poco más que una falda de hierba y lenta, provocativamente, continuó el estriptis. El público respondió favorablemente. Louise finalmente había encontrado su vocación, o, más bien, la que su madre había previsto. Fue entonces que cambió su nombre de nacimiento (Rose Louise Hovick) y formó su nombre artístico anteponiendo al suyo la palabra Gypsy (gitana) –por su afición a leer las hojas de té para predecir el futuro– y añadiendo Lee porque le pareció que, de ese modo, sonaba mejor. Como Gypsy Rose Lee inició una exitosa carrera en el burlesque, incorporando humor e inteligencia, así como la necesaria eliminación de varias prendas de ropa en sus actuaciones.

Tentada por el cine, decidió probar suerte en el mismo. Rodó cinco películas entre 1937 y 1943, pero su carrera cinematográfica fue un fracaso. En la década de 1950 se la consideraba la reina del burlesque. Ella se sentía a gusto con el rol, tanto como a disgusto en su vida personal. Había pasado por tres matrimonios, a cual más infeliz, y las disputas con su madre eran continuas. Mamá Rose era inflexible y no dudaba en recurrir al chantaje emocional y la manipulación.

Al morir su madre en 1954, Gypsy Rose se sintió libre de ataduras y escribió un libro de memorias titulado Gypsy: A Memoir (Nueva York, Harper & Bros., 1957). El libro se convirtió en un best seller y no tardó en llamar la atención de los productores de Broadway. Una historia como la suya prometía, y así nació el que muchos consideran el mejor musical de Broadway de todos los tiempos: Gypsy. Con libreto de Arthur Laurents, música de Jule Styne y letras de Stephen Sondheim, se estrenó en 1959 y fue un éxito inmediato, superando todas las previsiones. Fue producido por David Merrick, con coreografía de Jerome Robbins, y protagonizado por Ethel Merman, La Gran Dama de Broadway, como Rose, y Sandra Church en el papel de Louise. Otros montajes de Gypsy se estrenaron después, pero para mí ninguno como el de 2015 en el West End (Savoy Theatre), con una inconmensurable Imelda Staunton haciendo de Rose. En 1962, tres años después de su presentación en 1959, se estrenó la versión cinematográfica de 1962 Gypsy (La reina del Vaudeville), con Natalie Wood como Gypsy Rose Lee y Rosalind Russell como su madre (Rose).

Termino con unos vídeos. Los dos primeros, con la auténtica Gypsy Rose Lee en sendas secuencias de las películas Stage Door Canteen (1943, Tres días de amor y fe), típico filme rodado en plena Segunda Guerra Mundial en el que célebres artistas entretienen a los soldados que regresan del frente, en esta ocasión en un club de Broadway, y Screaming Mimi (1958, La caza del asesino). Los otros dos son sendos resúmenes de la producción de 2015 del West End y de la película de 1962.

Quede aquí el testimonio de mi recuerdo hacia Gypsy Rose Lee, una mujer cuya vida fue consumida por el mundo del espectáculo, como tantas otras, alimento de ambiciones ajenas e instrumento y víctima de una sociedad en que la vida misma que se entiende básicamente como espectáculo.

Victor Victoria

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Aunque cerré mi blog Música de Comedia y Cabaret en febrero del año pasado, sigue recibiendo un buen número de visitas y de vez en cuando voy revisando las entradas para ver qué videos de los que en ellas figuran han sido eliminados e incluirlos de nuevo. Hoy ha sido uno de esos días y me he ocupado de revisar, entre otras, la entrada que dediqué a la película musical Victor Victoria. Me he llevado la sorpresa que el número de vídeos susceptibles de ser insertados es mucho mayor que cuando la publiqué en Música de Comedia y Cabaret y he decidido trasladarla aquí por una razón: me encanta esta película.

La primera versión que se hizo de ella se remonta a los inicios de la llegada al poder del nacionalsocialismo alemán. En 1917 se había creado en Berlín Universum Film AG (UFA), uno de los estudios cinematográficos de mayor importancia entre dicho año y 1945, del que salieron títulos como El gabinete del doctor Caligari (1919), Metrópolis (1927) o El ángel azul (1930). En 1933, ya con los nazis en el Gobierno, se creó el Departamento de Higiene Racial y comenzaron las purgas de realizadores, productores, guionistas y actores judíos. Muchos fueron los que se vieron obligados a exiliarse, entre ellos directores como Fritz Lang, Max Ophüls, Robert Siodmak o Billy Wilder. No solo peligraba su carrera, también –y sobre todo– su vida.

Aunque pueda parecer raro, Hitler –pintor fracasado– consideraba que no había que mezclar arte y política. Goebbels, por su parte, gran cinéfilo y responsable de la industria cinematográfica, tenía una opinión sobre el séptimo arte mucho más compleja y problemática, aunque no distaba mucho de la del Führer. Se ejerció un control muy estricto tanto sobre la producción alemana como sobre las películas importadas, pero la gran mayoría de obras que realizadas por aquel entonces fueron filmes de entretenimiento o epopeyas históricas que se siguen proyectando en la televisión alemana sin despertar el menor malestar. De hecho, de los más de 1.100 largometrajes de ficción producidos durante los once años de existencia del III Reich, el porcentaje de películas claramente políticas es mínimo.

Este amago de tolerancia se acompañó en los primeros tiempos con el ofrecimiento a algunos reconocidos actores y directores de hacer la vista gorda respecto a su ascendencia judía y ser nombrados “arios de honor”. La maniobra no tuvo mucho éxito, pero algunos picaron, entre ellos Reinhold Schünzel –aunque finalmente no tendría otro remedio que exiliarse también–, quien el mismo año que los nazis ganaron las elecciones, consiguieron la Cancillería del Reich y pusieron en marcha sus medidas de “higiene racial” rodó Viktor und Viktoria (1933). La historia de Susanne, cantante de cabaret que no logra que su carrera despegue hasta que se hace pasar por un hombre que se disfraza de mujer, fue un tremendo éxito. Así, solo un año después ya se rodó un remake en Francia con el título Georges et Georgette, dirigido por Roger Le Bon y Reinhold Schünzel.

Viktor und Viktoria se estrenó en Estados Unidos en 1934. También triunfó. Al año siguiente una nueva versión, esta vez británica y titulada First a Girl, llegaba a las carteleras anglosajonas. Tiempo después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, en 1957, se estrenó otro remake alemán con el mismo título de la versión original, Viktor und Viktoria, y en 1975 se presentaba en las pantallas argentinas Mi novia el…, título que la censura no permitió y los productores decidieron recortar (el original era “Mi novia el travesti”). Unos años después, en 1982, Blake Edwards –el último de los grandes directores de comedia (no solo) de Hollywood– rodaba y estrenaba Victor Victoria (¿Víctor o Victoria? en la versión española), con Julie Andrews, James Garner, Robert Preston y Alex Karras en los papeles principales. Eso de que “segundas partes nunca fueron buenas” no siempre es verdad. Al menos en este caso, en absoluto.

Pero antes de contemplar algunos de los mejores números musicales de la versión de Edwards, veamos una secuencia del film alemán de 1933. Renate Müller encarna el papel que luego desempeñaría Julie Andrews y que aquí se llama Susanne Lohr, mientras que Viktor Hempel es Victor.

Y ahora vamos ya con la película de Edwards, con algunas de las secuencias musicales en el orden en que estas se suceden en la película. La música es nada más y nada menos que uno de los mejores compositores –¿el mejor?– con que ha contado Hollywood: Henry Mancini, quien ganó el Oscar a la Mejor adaptación musical por esta película. Las letras fueron escritas por Leslie Bricusse. Todos los números musicales son una verdadera maravilla. Comenzamos con dos vídeos que incluyen “Le Jazz Hot” y “The Shady Dame From Seville”, ambos interpretados por Julie Andrews.

Tras “The Shady Dame from Seville” figuran “Chicago, Illinois”, con Lesley Ann Waren; “You and Me”, con Robert Preston y Julie Andrews, y “Crazy World” (Julie Andrews).

El último número de Victor Victoria es la desternillante versión que de “The Shady Dame From Seville” realiza al final de película un genial Robert Preston. Absolutamente magnífico.

Que tengan un buen día.

Cinco cortos animados para peques II

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Más vídeos de animación para niños con la finalidad de hacerles un poco más llevadero el confinamiento a que están sometidos. Y para adultos, medio de enlace con ellos. Si estos no se los muestran a los peques, no veo factible que por su cuenta los niños accedan a este blog.

Comenzamos con Silent, corto de dos minutos y medio de duración producido por los estudios Moonbo (ganadores en 2011 del Oscar al Mejor cortometraje animado por The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore) dirigido por Limbert Fabian y Brandon Oldenburg que se estrenó en 2014. Nos cuenta la historia de dos artistas callejeros que anhelan poder llevar su incomprendido show “Imagen y sonido” a un público que sepa apreciarlo. Una niña descubrirá la magia del cine en una vieja sala de teatro. Silent no deja de ser un homenaje al cine mudo y al momento en que este empezó a ser sustituido por el sonoro. Reconocerán enseguida a Harold Lloyd.

Son ahora dos pintores que rivalizan por ver quién pinta mejor los protagonistas de The Artists, corto dirigido por Sean Mullen, producido por Giant Animation Studios y estrenado en 2011. Al final, se dan cuenta que es mejor colaborar que competir. El vals musette que suena es Bourrasque, que compuso Émile Vacher en la década de 1920.

Anya es un galardonado cortometraje dirigido por Daniel O´Connor que narra la vida de una niña rusa en un orfanato. Es una enternecedora historia de la vida de una niña rusa en un orfanato detrás de la cual hay otra historia, real, no menos conmovedora. El cortometraje se realizó en 2015 para ayudar a la fundación To Russia With Love en su trabajo con los niños huérfanos y abandonados. To Russia With Love fue fundada en 1998 por la dublinesa Debbie Deegan, una ama de casa que decidió acoger en su hogar a dos huérfanas rusas de siete años para que disfrutaran de dos semanas de vacaciones. Se encariñó tanto con ellas que quiso que se quedaran para siempre. Lo consiguió con una, ya que cogió una meningitis y no podía viajar; la otra tuvo que marcharse pasado el tiempo establecido. Un año más tarde, la señora Deegan fue a Rusia a buscarla, la localizó en un orfanato y cuando vio el inmundo establecimiento –como “un enorme retrete” lo describió– regresó a Irlanda con la intención de montar uno en condiciones. De aquí nació la asociación To Russia With Love, que tiene por misión ayudar a transformar las vidas de los niños abandonados y desfavorecidos a través de programas diseñados para aumentar su autoestima y dignidad.

Un cabrero y su rebaño protagonizan el corto que sigue: El cabrero (The Goat Herder), cortometraje de Will Rose que se alzó con el premio de Animación Independiente en el festival de animación The Blue Plum en Tennessee. Rose se inspiró en su sobrina de dos años tras unas vacaciones en España, cuando paseando por el campo la niña se quedó embobada viendo a un pastor con su rebaño, y decidió realizar este corto.

Terminamos la entrada con Baxter, un mapache obsesionado con el orden. Todo debe estar en armonía. Y de ese modo actúa cuando se cuela en una tienda de dulces. Pero tanta conformidad, al final, termina por jugarle una mala pasada. Dirigido por Ty Coyle –como tesis final de estudios– y presentado al público en 2011, ha sido proyectado en casi treinta festivales y ganado varios premios como mejor corto animado. Fue también nominado al Oscar de la Academia de Estudiantes a la categoría de Mejor película animada.

Que pasen un buen día (o que lo pasen lo mejor posible).