Cinco cortos animados para peques II

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Más vídeos de animación para niños con la finalidad de hacerles un poco más llevadero el confinamiento a que están sometidos. Y para adultos, medio de enlace con ellos. Si estos no se los muestran a los peques, no veo factible que por su cuenta los niños accedan a este blog.

Comenzamos con Silent, corto de dos minutos y medio de duración producido por los estudios Moonbo (ganadores en 2011 del Oscar al Mejor cortometraje animado por The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore) dirigido por Limbert Fabian y Brandon Oldenburg que se estrenó en 2014. Nos cuenta la historia de dos artistas callejeros que anhelan poder llevar su incomprendido show “Imagen y sonido” a un público que sepa apreciarlo. Una niña descubrirá la magia del cine en una vieja sala de teatro. Silent no deja de ser un homenaje al cine mudo y al momento en que este empezó a ser sustituido por el sonoro. Reconocerán enseguida a Harold Lloyd.

Son ahora dos pintores que rivalizan por ver quién pinta mejor los protagonistas de The Artists, corto dirigido por Sean Mullen, producido por Giant Animation Studios y estrenado en 2011. Al final, se dan cuenta que es mejor colaborar que competir. El vals musette que suena es Bourrasque, que compuso Émile Vacher en la década de 1920.

Anya es un galardonado cortometraje dirigido por Daniel O´Connor que narra la vida de una niña rusa en un orfanato. Es una enternecedora historia de la vida de una niña rusa en un orfanato detrás de la cual hay otra historia, real, no menos conmovedora. El cortometraje se realizó en 2015 para ayudar a la fundación To Russia With Love en su trabajo con los niños huérfanos y abandonados. To Russia With Love fue fundada en 1998 por la dublinesa Debbie Deegan, una ama de casa que decidió acoger en su hogar a dos huérfanas rusas de siete años para que disfrutaran de dos semanas de vacaciones. Se encariñó tanto con ellas que quiso que se quedaran para siempre. Lo consiguió con una, ya que cogió una meningitis y no podía viajar; la otra tuvo que marcharse pasado el tiempo establecido. Un año más tarde, la señora Deegan fue a Rusia a buscarla, la localizó en un orfanato y cuando vio el inmundo establecimiento –como “un enorme retrete” lo describió– regresó a Irlanda con la intención de montar uno en condiciones. De aquí nació la asociación To Russia With Love, que tiene por misión ayudar a transformar las vidas de los niños abandonados y desfavorecidos a través de programas diseñados para aumentar su autoestima y dignidad.

Un cabrero y su rebaño protagonizan el corto que sigue: El cabrero (The Goat Herder), cortometraje de Will Rose que se alzó con el premio de Animación Independiente en el festival de animación The Blue Plum en Tennessee. Rose se inspiró en su sobrina de dos años tras unas vacaciones en España, cuando paseando por el campo la niña se quedó embobada viendo a un pastor con su rebaño, y decidió realizar este corto.

Terminamos la entrada con Baxter, un mapache obsesionado con el orden. Todo debe estar en armonía. Y de ese modo actúa cuando se cuela en una tienda de dulces. Pero tanta conformidad, al final, termina por jugarle una mala pasada. Dirigido por Ty Coyle –como tesis final de estudios– y presentado al público en 2011, ha sido proyectado en casi treinta festivales y ganado varios premios como mejor corto animado. Fue también nominado al Oscar de la Academia de Estudiantes a la categoría de Mejor película animada.

Que pasen un buen día (o que lo pasen lo mejor posible).

My Heart Belongs to Daddy (Mi corazón pertenece a papi)

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Como decía en la entrada de ayer dedicada a los peques, la de hoy es para los padres (no para las madres), pues es el Día del Padre. Quienes celebren la efeméride recibirán las correspondientes felicitaciones de manera virtual o, en todo caso, sin contacto alguno con aquellos que les agasajan. No puede ser de otro modo mientras la pandemia de coronavirus siga haciendo estragos entre nosotros. De manera virtual también –tampoco puede ser de otro modo–, esta bella y exuberante mujer les ofrece nada menos que su corazón. Su corazón pertenece a papi, dice cantando Marilyn Monroe en el vídeo que figura al inicio. Así que, por una vez –esperemos que así sea–, sus seres queridos y Marilyn les felicitan de igual manera.

Habrán adivinado ya que estoy hablando de la canción My Heart Belongs to Daddy (Mi corazón pertenece a papi), que interpreta Marilyn Monroe en la estupenda película de George Cukor Let’s Make Love (1960, El multimillonario) y compuso Cole Porter para su musical Leave It to Me!, estrenado en 1938. Ambientado en la Unión Soviética, fue un éxito, pero después de la Segunda Guerra Mundial su tratamiento cómico de los soviets y de los nazis parecía fuera de lugar. No volvió a reponerse hasta finales de la década de 1980. No sucedió lo mismo con My Heart Belongs to Daddy, pues figura desde entonces entre los grandes estándares de la música popular y ha sido grabada por todo tipo de cantantes y músicos instrumentistas.

La versión que interpreta Marilyn en El multimillonario es un tanto distinta a la original. La introducción cambia por completo, pues ella se presenta como Lolita, a quien no se le permite “jugar con chicos”. ¿Por qué Lolita? Lolita, la excelente novela de Vladimir Nabokov, hacía apenas dos años que había sido publicada en Estados Unidos (la primera edición data de 1955, en Francia). Nadie quería publicarla, la consideraban una novela pornográfica. Dado el éxito alcanzado en Francia, finalmente el negocio pudo más. Por otra parte, en aquellos momentos Marilyn Monroe estaba casada con el dramaturgo Arthur Miller, activista en la lucha por las libertades civiles, perseguido por el Comité de Actividades Antiamericanas y uno de los pocos intelectuales que no cedió a las prebendas de que comenzaron a disfrutar aquellos que colaboraron en el Congreso por la Libertad Cultural impulsado por la CIA, como tampoco lo hizo Vladimir Nabokov. El propio Miller se encargó de revisar el guión. Además, Yves Montand era claramente de izquierdas y George Cukor vivía abiertamente, aunque sin alardes, su homosexualidad. También en el caso de Porter esta era conocida y aceptada por todos, incluso por su esposa. ¿Puede que, tras tantos años de macartismo, todo ello influyera? No sé, solo son suposiciones mías.

Que pasen un buen día (o lo mejor posible).

Cinco cortos animados para peques I

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La entrada de hoy, al igual que la de anterior, está dirigida especialmente a los peques, a hacerles un poco más llevadero el confinamiento a que están sometidos y que parece va para largo. A los peques y a los mayores, por supuesto; entre otras cosas porque, si los adultos no les muestran estos vídeos, no veo factible que por su cuenta los niños accedan a este blog. Hoy no son musicales. Sí de animación.

Vamos con los cinco de esta entrada que confío en que les guste y, a ser posible, vean con ellos. El primero se titula Sheeped Away y es obra del director y actor holandés Junaid Chundrigar. Realizado en 2011 como proyecto de graduación, su argumento gira en torno a un granjero que solo desea estar con sus ovejas. Hasta que llega un ovni y… Explica su autor que “La idea de hacer Sheeped Away era hacer un homenaje a los viejos dibujos animados americanos con los que crecí. Estos, no necesariamente se hacen para los niños, o no solo para ellos. Yo quería hacer algo (…) para los adultos y los niños. Y para los niños adultos como yo”.

Tamara, una niña soñadora sordomuda a la que le encanta el baile, es la protagonista del cortometraje que, como proyecto de fin de carrera, realizó Jason Marino en 2013. Tamara es una tierna historia que ha recibido numerosas críticas favorables y cuenta con una acertada banda sonora que compusieron Pade Schimdt y Jaco Won.

Mouse for Sale es un premiado cortometraje del belga Wouter Bongaerts –que cuenta con una amplia experiencia en el cine de animación– estrenado en 2010. Su protagonista es un solitario ratón de una tienda de animales llamado Snickers que anhela que alguien lo compre y ser su mascota, pero tiene un problema: sus orejas son excesivamente grandes. Al final, se lo llevará un niño que se identifica con el nada más verlo, pues sus orejas no son precisamente pequeñas.

El que sigue es un corto de 2015 titulado Soar que dirigió la artista de animación californiana Alyce Tzue como proyecto de final de carrera y trascendió rápidamente el ámbito académico tras ganar el premio Student Academy Awards (el Oscar de los estudiantes) ese mismo año. A este galardón siguieron otros muchos más. Soar nos cuenta la historia de una adolescente que ayuda a un niño a pilotar el avión que le llevará de regreso a casa antes de que sea demasiado tarde.

No menos premiado –más bien al contrario: supera los cincuenta galardones, obtenidos en los ciento ochenta festivales en que ha sido programado– es el corto que sigue, realizado en 2014 por el director de animación alemán Jacob Frey. Se titula The Present y está basado en los cómics que el dibujante brasileño Fabio Coala publica desde 2010 en diversos medios. Su protagonista, Jake, pasa la mayor parte de su tiempo jugando con videojuegos en casa hasta que su madre le regala un perrito.

Que pasen un buen día. Y pónganles estos vídeos a los niños. Los disfrutarán, creo. En los próximos días habrá más, pero mañana dedicaré la entrada a los padres (no a las madres), pues es el Día del Padre, y lo haré con un vídeo que estoy convencido de que les encantará, pues no siempre una bella y exuberante mujer les cantará que su corazón les pertenece.

Hasta mañana, pues.

El orden natural de las cosas (Network)

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Estos días, en que la pandemia de coronavirus ha alterado –y no poco– el ritmo normal de nuestras vidas, se ha producido un considerable aumento de la audiencia de televisión, especialmente por lo que a los espacios informativos se refiere. No es la televisión, obviamente, el único medio por el que nos informamos, pero en amplias capas de la población es el principal.

“Pues lo han dicho en la tele”, o “lo he visto en internet”, son frases habituales estos días en cualquier conversación coloquial sobre el coronavirus. Esto me mueve a reflexionar acerca de la distancia que hay entre la información que nos llega y la realidad. Y la reflexión me ha llevado a recordar la película estrenada en 1976 Network, dirigida por Sydney Lumet, con Faye Dunaway, William Holden, Peter Finch, Robert Duvall y Ned Beatty en los principales papeles. La película, magnífica, se considera una ácida y corrosiva crítica contra el poder de la televisión. Y sí, lo es, pero a mi entender solo porque en 1976 la televisión era el único sistema que permitía transmitir imágenes y sonidos a distancia. Aún no existía internet. En realidad, creo que es ante todo una crítica al poder del espectáculo (y la sociedad del espectáculo), un espectáculo unitario, centralizador y despótico en su espíritu.

“En todas partes donde reina el espectáculo las únicas fuerzas organizadas son aquellas que desean el espectáculo. Así pues, ninguna puede ser enemiga de lo que existe, ni transgredir la omertá que concierne a todo. Se ha acabado con aquella inquietante concepción, que dominó durante doscientos años, según la cual una sociedad podía ser criticable y transformable, reformada o revolucionada. […] La discusión vacía sobre el espectáculo, es decir, sobre lo que hacen los propietarios del mundo, está pues organizada por el espectáculo mismo. […] Lo que se comunica son las órdenes; y, muy armoniosamente, aquellos que las han dado son también los que dirán lo que piensan de ellas”.

Son palabras de Guy Debord, de su libro Comentarios sobre la sociedad del espectáculo (1988). La cita que sigue corresponde a Network, a la secuencia en la que Arthur Jensen (Ned Beatty), propietario de la de la cadena de televisión UBS aclara a Howard Beale (Peter Finch), presentador del noticiero nocturno, cuál es “el orden natural de las cosas” y, por tanto, cuál ha de ser la lógica de su discurso: “No hay personas. No hay naciones. No hay rusos. No hay árabes. No hay un Tercer Mundo. No hay Occidente. Solo hay un sistema holístico, un sistema de sistemas. Solo existe el vasto dominio, enorme, interrelacionado, interactivo y multivariable del del dólar. Petrodólares, electrodólares, multidólares. Marcos, rin, rublos, libras y siclos. Es el sistema monetario internacional el que determina la vida de este planeta. Ese es el orden natural de las cosas hoy en día. Esa es la estructura atómica, subatómica y galáctica de las cosas ahora”.

Entre estas palabras y las que recogíamos antes de Debord median veintidós años, y cuarenta y cuatro del momento presente. Sin embargo, resultan de lo más actuales. Me pregunto, y les pregunto, ¿por qué será?, ¿sabremos alguna vez la verdad sobre el coronavirus, sobre el por qué del mismo? Mucho me temo que no.

“No se puede excluir la posibilidad de que este virus ‎haya sido creado en un laboratorio”, afirma Michel ‎Chossudovsky, profesor de la Universidad de Ottawa. Y en un artículo publicado en el diario italiano Il manifesto (“La epidemia de miedo se extiende por ‎el mundo‎”, 26 de febrero), el geógrafo y politólogo Manlio Dinucci señala la “existencia en Wuhan de un laboratorio biológico donde ‎científicos chinos realizan, en colaboración con Francia, investigaciones sobre virus letales, ‎entre ellos algunos enviados por el Laboratorio de Microbiología de Canadá. En julio de 2015, el ‎instituto gubernamental británico Pirbright patentó en Estados Unidos un coronavirus ‎atenuado. En octubre de 2019, el Johns Hopkins Center for Health Security realizó en ‎Nueva York un simulacro de pandemia por coronavirus utilizando un guión que, de convertirse ‎en realidad, provocaría 65 millones de muertos”.

¿Bulo? ¿Evidencia? Ni lo sé, ni lo sabré nunca. Ni ustedes tampoco. De lo que no cabe duda, por mucho secretismo se quiera, es que Estados Unidos, Rusia, China y las demás ‎grandes potencias tienen laboratorios donde se realizan investigaciones sobre virus que, al ser ‎modificados, pueden ser utilizados como agentes de guerra biológica. ¿Tiene esto algo que ver con el coronavirus? Las pandemias, recordaba director de Foreign Policy In Focus, John Feffer, siempre han estado relacionadas con los desplazamientos comerciales y militares y conducen a replantarse “cómo funciona el mundo”. Replantémonoslo, pues. Más allá del qué y del cómo, preguntémonos el por qué.

En fin, confío en que el vídeo que acabo de subir a Vimeo con los dos speech más sobresalientes de Network sirvan, en la medida que sea, a meditar acerca de ese “orden natural de las cosas hoy en día” del que en él se habla.

Taxi Driver

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Por favor, si ven el video y les gusta les agradecería que, si no es mucha molestia, así lo hicieran constar en YouTube. Muchas gracias.

Extraordinaria película de Martin Scorsese con un Robert de Niro excepcional en el papel de Travis, un perdedor solitario que ha regresado de la guerra del Vietnam –importante detalle este– y encuentra un mundo sórdido y cruel que le supera. Taxi Diver se estrenó en 1976 y, a pesar del tiempo transcurrido, sigue siendo una película igual de poderosa, enérgica, brutal. A ello no es ajena la magnífica banda sonora que compuso Bernard Herrmann (1911-1975), la última de su dilatada trayectoria, pues falleció mientras dormía en su habitación en un hotel de Los Ángeles a las pocas horas de haber terminado su grabación. Su brillante partitura musical, su acercamiento al jazz, transmite a la perfección la inquietante atmósfera de un mundo convulso y la perturbada personalidad del protagonista.

Herrmann fue también el compositor de las bandas sonoras de la película El hombre que vendió su alma (The Devil and Daniel Webster, 1941), por la que ganó un Oscar, y de varias de Orson Welles (Ciudadano Kane y La guerra de los mundos) y de Alfred Hitchcock (Vértigo, El hombre que sabía demasiado, Psicosis).

La música que escucharán en el vídeo es la pieza A Night Piece for Orchestra, en la que Herrmann aúna los temas de Taxi Driver ‘Prelude’, ‘Blues’, ‘Night Prowl’, ‘Bloodbath’ y ‘Finale’. Él es quien dirige la Royal Philharmonic Orchestra, de cuyo trabajo cabe destacar a David Roach (saxo alto).

El funeral del abuelo

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Por favor, si ven el video y les gusta les agradecería que, si no es mucha molestia, así lo hicieran constar en YouTube. Muchas gracias.

No recuerdo haberme reído tanto y enternecido al mismo tiempo como hace unas noches viendo la película Nuestro último verano en Escocia (2014, What We Did on Our Holiday), concretamente con la secuencia que recoge el vídeo que figura sobre estas líneas, cuando los niños organizan un sentido y emotivo funeral a su abuelo.

Les pongo en antecedentes por si no han visto la película. Un matrimonio a punto de divorciarse viaja con sus tres hijos –dos niñas de cuatro o cinco años (la pequeña) y unos nueve (la mayor) y un niño de seis– a las Highlands escocesas para celebrar una lujosa fiesta con motivo del cumpleaños del padre de él. Va a tener lugar en la residencia de su hermano, un millonario escocés, y va a ser la última vez que pueda festejar su cumpleaños, pues padece un cáncer terminal.

Cierto que, al poco de empezar, la comicidad decae y la película se vuelve un tanto sensiblera, pero momentos después los niños –motor esencial del filme– vuelven a entrar en acción y la locura, el disparate, regresan, haciéndolo de forma magistral en la secuencia del funeral del abuelo. Este hace inmediatamente muy buenas migas con sus nietos, les cuenta historias sobre los antiguos vikingos y las huellas que dejó su presencia en las Highlands, y se los lleva de excursión a la playa, a un lugar donde todavía quedaban restos de sus actividades, entre ellas de sus particulares funerales. El abuelo muere en la playa y los niños –después de que la mayor vaya a la residencia de su tío a contar lo sucedido y nadie le preste atención, atareados como están con sus problemas y con los preparativos de la fiesta– deciden organizarle un funeral vikingo, como deducen que a él le hubiera gustado. Este es el momento que plasma el vídeo.

He creído conveniente –pues llega a sonar brevemente en la película– acompañar este de un fragmento de la banda sonora de la película de Fleischer Los vikingos (1958), que compuso Mario Nascimbene. Es esta una película, por otra parte, que recuerdo con especial cariño. Yo tendría cinco años cuando la estrenaron en el cine de verano mi pueblo y mi abuelo me llevó con él. Era un tanto miope y le gustaba sentarse en las primeras filas. En una de ellas nos sentamos los dos. Empezó la película y al rato –no puedo determinar el tiempo transcurrido a estas alturas– la pantalla se llenó con el rostro de un enfurecido vikingo que gritaba con todas sus fuerzas y tenía una presencia pavorosa. Menudo miedo daba. Salté de la silla y ‘pies para qué os quiero’. Eché a correr y no paré hasta llegar a casa, a casi un kilómetro de distancia. Al poco llegó mi abuelo, jadeante, preocupado y un tanto alterado. Cosas de niños.

Que la vida sea amable con todos ustedes.

El lado lúdico de la muerte

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Hoy 1 de noviembre es el Día de Todos los Santos, día en que el cristianismo rinde culto a los santos y justos en general. La conmemoración –estrechamente relacionada con antiguas tradiciones paganas de origen celta– parece ser que fue instituida en el mundo cristiano por el papa Gregorio IV, quien ordenó en el año 835 honrar a todos los santos del cielo en esta fecha y recordar a los difuntos.

La creencia tradicional es que el 1 de noviembre los vivos visitan a los muertos y el 2 de noviembre los muertos visitan a los vivos. Cuando yo era pequeño vivía muy mal la noche del 1 al 2 de noviembre temiendo que el fantasma de algún difunto se me apareciera de repente. Y eso a pesar de que mi pueblo, Muro d’Alcoi (Alicante), dista solo cinco kilómetros de Cocentaina, donde desde 1346 se celebra la Fira de Tots Sants, antigua feria de ganado que fue evolucionando y, ya entonces –les hablo de hará unos cincuenta años– había, además de productos agrícolas y/o industriales, atracciones recreativas, circo, puestos de venta de dulces y de chucherías, etc.

Pero, así y todo, Todos los Santos no dejaba de ir asociado a la muerte, que era algo tétrico. Tal vez por ello –y considerando el peso que tenía el catolicismo en la España franquista– Halloween –cuyo aspecto festivo sobresale sobre todos los demás– ha terminado por imponerse.

No en todos los países la muerte se relaciona tan estrechamente con lo siniestro y lo tenebroso. El Día de los Muertos de México y las diversas maneras en que se celebra la festividad en muchos países latinoamericanos nada tienen que ver con mis vivencias. El color y los motivos alegres son sus protagonistas. Aun así, Halloween tiene cada vez más relevancia, además de en España, en países como Argentina, Chile, Colombia, México, Perú y, general, el conjunto de Centroamérica.

Hecha esta introducción –que ha quedado bastante más extensa de lo que en un principio pretendía– vamos con lo que es la entrada en sí: cinco cortos animados que hemos seleccionado con motivo de estas fechas en los que el aspecto lúdico de la muerte prima sobre el tétrico. El primero de ellos es todo un clástico: The Skeleton Dance (La danza de los esqueletos), un corto animado de 1929 que produjo y dirigió Walt Disney con dibujos de Ub Iwerks y música de Carl Stalling.

La Danse macabre (Danza macabra) es el título de una breve composición sinfónica que compuso en 1874 Camille Saint-Saëns inspirándose en un poema de Henri Cazalis. Se estrenó en París en enero de 1875 y nos presenta a la Muerte tocando el violín a media noche con los esqueletos bailando a su ritmo. Hasta el amanecer, cuando con el canto del gallo, y como dice la leyenda, los muertos regresan a sus tumbas. La pieza de Saint-Saëns ha sido tema recurrente de las bandas sonoras de películas y de cortometrajes. De los últimos, nos quedamos con este que realizó S.E. Henderson en 2010.

Día de los Muertos se titula el corto que viene a continuación, cuyo argumento se centra en una niña que visita la tierra de los muertos, donde aprende el verdadero significado de la fiesta mexicana Día de Muertos, que también se celebra en otros países de América Central. Fue realizado por Ashley Graham Kate Reynolds y Lindsey St. Pierre como trabajo de final de graduación en el Ringling College of Art and Design (Sarasota, Estados Unidos). La música es de Corey Wallace. Fue galardonado con el Oscar Estudiantil a Mejor Corto Animado en 2013, año de su producción.

Trick or Treat es obra de Brad Chmielewski con dibujos de Ethan Barnowsky, Brad Chmielewski y Jake Williams, y se realizó en 2012. Trick or Treat, que podríamos traducir como “Travesura o golosina” –no como “truco o trato”, pues con treat lo que los niños piden es un regalo, como unas chucherías o unos caramelos, por ejemplo–, nos ofrece una divertida situación con unos peques que van de casa en casa y que al final solo se asustan cuando ven al adulto de verdad, sin disfraz.

Finalizamos la entrada con The Ritual, primer cortometraje de Mike Gambardella que resultó ganador del concurso MODO Halloween que convoca en Londres The Foundry para aquellos cortometrajes realizados con su programa de animación MODO.