Tiempos de cerezas y adioses: mi último libro

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Tiempos de cerezas y adioses es el último libro que he publicado. Es, pues, un libro recién editado –desde hoy está a la venta–, un libro nuevo, pero solo en su diseño, es decir, en su aspecto formal. No lo es por lo que al contenido se refiere, pues reúne en un solo volumen mis dos novelas de carácter histórico publicadas, respectivamente, en 2015 y 2016: El corto tiempo de las cerezas y Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird).

Aunque una y otra pueden leerse por separado, forman una única unidad tanto en su trama como en su discurso y se enmarcan en el periodo histórico comprendido entre 1820 y 1990, es decir, desde los inicios de la industrialización a la caída del Muro de Berlín. Es por esto que he decidido publicar esta edición conjunta de las dos novelas, que forman una misma realidad. Me he limitado a maquetar Tiempos de cerezas y adioses de otra manera para ganar espacio y que no tuviera una extensión excesiva y fuera un libro poco manejable. Aun así, han salido 708 páginas (en sus ediciones por separado El corto tiempo… tiene 518 páginas y Adiós mirlo adiós… 520). El texto, en ambos casos, es el mismo, si bien he corregido alguna que otra errata que en su momento me pasó desapercibida y poco más.

Ninguna de las dos, no obstante, pretenden contar la historia de una época a través de los hechos más sobresalientes, sino como estos fueron vividos por sus protagonistas y condicionaron sus vidas. Los personajes son el hilo conductor de los hechos, el elemento fundamental de la narración, en la que la música es un elemento narrativo más. Los hechos no se pueden modificar, siquiera en la ficción, pero la presencia de personajes inventados en su acontecer, junto a otros reales, permite ofrecer una visión en la que los acontecimientos se enmarcan en una realidad particular, aquella que es vivida. Un mismo hecho no influye por igual a todas las personas. Sus efectos sobre nosotros no son ajenos a nuestra voluntad, sea mediante la aceptación –‘Así es la vida…–, el rechazo, o la abulia, la apatía, la indolencia.

La cantidad de ejemplares vendidos hasta la fecha de una y otra novela van más o menos a la par: sobre 350 El corto tiempo… y poco más de 300 Adiós mirlo adiós… Hablo de la edición impresa. Desconozco, obviamente, cuántos de quienes las han comprado han adquirido las dos. En todo caso, compradas conjuntamente tal como hasta ahora se podía, es decir, editadas por separado, el precio final es de 32,61 euros. Ahora, ambas, al estar reunidas en un solo volumen, Tiempos de cerezas y adioses, el precio final es de 19,76 euros.

Manuel Cerdà: Tiempos de cerezas y adioses (2018). A la venta a través de Amazon y librerías que distribuyen libros editados en su plataforma CreateSpace.

Un físico tan inteligente como cándido e ingenuo

Fórmula

Ese físico se llama Peter Naive. Sus colegas lo consideran un chiflado, un excéntrico incapaz deslindar con claridad los límites que separan la ciencia de la filosofía. Cuando llegó a hacer público su convencimiento de que es la conciencia la que puede viajar a la velocidad de la luz y no la materia, le ignoraron. Su teoría apenas tuvo eco más allá de la parapsicología. También algunos defensores del creacionismo trataron de manipular sus tesis para defender la existencia de una inteligencia superior, la divina. Fue un duro golpe para Naive, pero él siguió trabajando en sus ideas y a punto estuvo de descubrir la fórmula que demostraría que la inteligencia no es exclusiva de ser humano y que existe vida inteligente fuera de nuestro plante, la cual, además, es superior a la nuestra.

Naive –que en castellano se puede traducir por cándido, o ingenuo– es, en verdad, un personaje de mi novela Prudencio Calamidad y a punto está de averiguar con su fórmula el modo en que una y otra podrían encontrarse. A ello ha contribuido la particular manera de actuar de Prudencio, ahora ya Argararemon, no un genio, sino un esente. Para el mundo de los esentes sería fatídico que tal cosa llegara a suceder. Por eso, el Esente Mayor llama al orden a Argararemon y mantienen una larga discusión de la que reproduzco parte acto seguido.

─ Los humanos, como bien sabes, siempre se han preguntado por el origen de la vida y del universo. De una intervención divina, un poder sobrenatural que crea y rige lo creado, poco a poco pasaron a buscar otras explicaciones más acordes con la ordenación universal. Algunas son ciertamente inverosímiles, pero otras se acercan bastante, mucho incluso, a la realidad que nosotros conocemos. Es el caso de Naive.  Siempre se ha interesado por el origen de la vida, de la vida consciente, ¿cómo apareció?, y sobre todo ¿qué la hizo posible?

─ Bueno, esa es la eterna pregunta entre ellos.

─ Sí, pero Naive, aunque afortunadamente no tiene la respuesta, la intuye. Las dudas le pueden. A medida que avanza en sus hipótesis, estas se van volviendo más intrincadas. De todos modos, defiende una teoría que, como verás, no puede dejarnos indiferentes. Cree, como otros científicos, en la existencia de último antepasado común universal, lo que ellos denominan Luca, Last Universal Common Ancestor. Luca habría surgido hace más de tres mil millones de años, probablemente con la aparición del oxígeno en la atmósfera. Hasta aquí nada diferencia el pensamiento de Naive de los demás expertos que aceptan la existencia de Luca. Con todos ellos está de acuerdo en que de Luca proceden todas las formas de vida que se conocen, pues las demás se extinguieron. Por supuesto que Luca no fue el primer organismo vivo con conciencia, no cuestiona eso, pero Naive va más allá: de este organismo surgió, dice, la vida inteligente. ¿Qué novedades introduce Naive? Bien. Sostiene que de Luca viene todo organismo viviente, pero también lo que él denomina First Universal Common Conscious Ancestor: Fucca. ¿Qué es Fucca? Pues, a juicio de Naive, ni más ni menos que un organismo unicelular del que vienen los esentes y los humanos. Por supuesto, él no habla de esentes. ¡Eso faltaba! Pero sí de que antes que la materia fue la conciencia. ¿Qué te parece? No, no digas nada, aún no he terminado. Para Naive, Fucca tenía conciencia propia, rudimentaria pero conciencia, que evolucionó en dos direcciones: una se mantuvo tal cual, es decir, unicelular ─lo que no significa que no evolucionara; son palabras suyas─ mientras que otra se mezcló con más células y de ahí vienen los primates. Ahora bien, la conciencia ya existía, al nivel que sea, pero ya existía. Naive denomina a los organismos que evolucionaron sin materia resistentes, mientras que a los que darían origen al ser humano y pasarían a convertirse en organismos pluricelulares, débiles. Entre estos organismos se produjo una selección natural, como después ocurriría también entre los primates, entre quienes Fucca pasó a ser una de tantas partes individuales diferenciadas de un único organismo que se necesitan mutuamente. ¿Te suena todo esto? Supongo que no es necesario que te explique lo que significa.

─ No, no es necesario.

─ Fue una partícula de Fucca, que él ha bautizado como mcd, siglas de lo que vendría a significar molécula capaz de distinguir, de discernir, la que hizo posible que esa conciencia desarrollara el intelecto, que los primates evolucionaran hasta el homo sapiens y se iniciase el proceso de adaptación cultural al orden natural. Esa “partícula inteligente” no es exclusiva del ser humano, sigue Naive. Esta, por fortuna, es la parte más débil de su teoría, la más difícil de demostrar y lo que hizo que sus colegas tacharan sus teorías de seudociencia. Ahora bien, como te habrás dado cuenta, apunta en la dirección correcta. Primero la conciencia. ¿Te suena esto también?

─ Por supuesto.

─ Hay muchas cosas que desconoce. Ignora qué nivel de conciencia, qué tipo de inteligencia desarrollaron esas células resistentes. De hecho, desconoce que existimos, de qué forma procedemos ni cuántos somos, por supuesto, ni de qué somos capaces ni hasta donde podemos llegar en conocimiento.

─ Habrá que actuar, pues, para que no siga investigando en esa línea, ¿verdad?

─ ¿A ti qué te parece? Hasta ahora la mayoría de los físicos, por no decir la totalidad, no dejan de pensar que es un chiflado, un excéntrico que no sabe deslindar con claridad los límites que separan la ciencia de la filosofía. Cuando llegó a hacer público su convencimiento de que es la conciencia la que puede viajar a la velocidad de la luz y no la materia, le ignoraron, su teoría apenas tuvo eco más allá de lo que los humanos llaman parapsicología. También algunos defensores del creacionismo trataron de manipular sus tesis para defender la existencia de una inteligencia superior. Fue un duro golpe para Naive, nunca más volvió sobre el tema y todo se olvidó, pero él siguió trabajando en sus ideas, y ha llegado a conclusiones que no dejan de ser preocupantes.

─ Ciertamente lo que dices, esente Mayor, es para alarmarse.

─ Para Naive las propiedades de Fucca resistente, por la presencia de la mcd, son semejantes a las del fotón. Naturalmente, solo en el sentido que su masa es cero y viaja a la velocidad de la luz. ¡Qué casualidad!, como nosotros. Mas, por si faltara poco, Fucca resistente dejaría rastro lumínico al viajar a esa velocidad. De nuevo como nosotros. Esa velocidad es, por supuesto, imperceptible a simple vista por los humanos, incluso con los aparatos más sofisticados del mercado, pero no con la tecnología del Instituto Internacional de Física de Partículas. Sin decir nada a nadie, cuando ya todo el mundo se había marchado, alegando que le quedaban cosas por resolver, lo que a nadie extrañaba dado el temperamento obsesivo de Naive, siguió trabajando. Su interés aumentó cuando, con su participación, un grupo de científicos del Instituto consiguió hace unos años medir el estado de un fotón sin destruirlo. Calló de nuevo, pero su conclusión fue: si es posible hacer esto con un fotón, ¿por qué no con Fucca? Al fin y al cabo, reflexionaba, su comportamiento es similar. No se atrevió a plantearlo, ya estaba harto de que le tomaran por un chalado, y del mismo modo y con la misma constancia prosiguió sus investigaciones en la más absoluta reserva hasta llegar a desarrollar la teoría que te explicaba acerca de la conciencia y la materia. Fucca para él viene a ser algo así ─olvidemos ahora los matices─ un fotón con conciencia. ¿Qué opinas?

─ No sabía nada de eso, pero de todos modos ¿no crees, esente Mayor, que le va ser difícil demostrar sus hipótesis? No le van tomar en serio.

─ Eso cree, por eso calla. Claro que no puede probar todo esto, tampoco lo pretende. Ya está escarmentado y actúa de manera ciertamente cautelosa. Se centra exclusivamente en poder demostrar la existencia de la mcd, y ha conseguido desarrollar una fórmula que está a punto de concluir gracias a tu intervención.

Manuel Cerdà: Prudencio Calamidad (2017). A la venta a través de Amazon y librerías que distribuyen libros editados en su plataforma CreateSpace.

A mi manera

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Mi madre (Amparo Pérez Valls), yo (Manuel Cerdà Pérez) y mi padre (Manuel Cerdà Gisbert), 1954.

Nací el 1 de julio de 1954 en un pueblo al norte de la provincia de Alicante que entonces contaba unos 4.000 habitantes: Muro (oficialmente Muro de Alcoy/Muro d’Alcoi.

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Mi padre poco después de instalarse en Barcelona (principios de la década de 1930).

Mi padre, Manuel Cerdà Gisbert, era sastre, un buen sastre. En 1925, con 16 años, se fue a vivir a Barcelona, donde aprendió el oficio, llegando incluso –me lo contaba de pequeño y para mí era algo grandioso– a vestir a jugadores del Barça. Pero vino la sublevación militar de 1936, la guerra que le siguió y se saldó con la derrota de los republicanos, y el posterior éxodo de los vencidos a Francia tras la caída de Barcelona a finales de enero de 1939. Entre ellos mi padre, confinado en el campo de concentración de Argelès hasta que lo deportaron a España. Cuando le dejaron libre, las cosas en Barcelona no eran igual y se vino a Muro (él era de un pueblo muy cercano, l’Alqueria d’Asnar). Montó una sastrería, empezaron a llegar clientes, cada día más. En su taller trabajaban varias chicas del pueblo. Una de ellas, dieciocho años más joven que él, era mi madre: Amparo Pérez Valls (Amparín para la gente mayor). Entre ellos surgió el amor y nací yo, el fill de Manolo el Sastre. Dos años después lo haría mi hermana, Fina, la filla de Manolo el Sastre.

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Las chicas que trabajaban en el taller de mi padre. La de abajo, la que está sentada con una niña (Reme) en el regazo, es mi madre. La fotografía es anterior a mi nacimiento.

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Con mis padres y mi hermana (Fina) un día de Pascua (1963).

Mi niñez fue plácida, si exceptuamos una hepatitis que padecí a los cuatro años de la me salvé de milagro. Eso sí, con un hígado que ni el de Chavela Vargas, con quien –dicho sea de paso– me identifico cuando dice que ella ama con el hígado. Fui creciendo y mi adolescencia y primeros años de juventud transcurrieron relajadamente, sin preocupaciones materiales. Preocupaciones espirituales sí ocupaban mi mente. Las religiosas fueron especialmente desasosegantes en la niñez, pero poco a poco dejaron de existir. Estas, y todas las demás, fueron convirtiéndose en inquietudes durante mi adolescencia. Entre ellas, ante todo, estaban las chicas, y también las de tipo intelectual. No sé muy bien los motivos, aunque puede que algo tuviera que ver que en el taller –donde de niño pasaba muchas horas con las chicas y a veces las ‘ayudada’ a sobrehilar– siempre estaba la radio puesta, la misma en la que, pocos años después, escuchaba por la noche Radio Pirenaica (Baja el volumen, que te oirán desde la calle, me decían mi padre, o mi madre); que en mi casa había bastantes libros o que todos los días nos traían el periódico a casa (magnífica fuente de información, pues en mi pueblo nos dejaban entrar al cine fuera la película ‘tolerada menores’ o estuviese calificada 4R, aquellas cuya visión se consideraba ‘gravemente peligrosa para todos’, y en el periódico venía la calificación de cada una, por lo que trataba de no perderme ninguna 4R). No sé. Elucubro, supongo.

Poco antes de marchar a estudiar a València –lo que hice a los 18 años– mis inquietudes se habían afianzado y robustecido. Unas y otras. Soñaba con ser escritor, o periodista de guerra, y me gustaban aún más las chicas, y también la música y el cine. Llegué a montar un cine-club en mi pueblo. En el autobús de línea iba a València, a contratar las películas, y ya allí visitaba algunas librerías (la de Paco Dávila, sobre todo, donde podía conseguir libros prohibidos, como los de Ruedo Ibérico). Conocía a Marx, a Engels, a Bakunin, a Lenin o a Trotski –otra cosa es que les entendiera correctamente; en realidad constituían un totum revolutum ideológico que me costó mucho articular, diría que aún sigo en ello)– y leía todas semanas Triunfo y Cuadernos para el diálogo. Me gustaban Led Zeppelin y Deep Purple y acababa de descubrir el jazz (a los 17 años compré mis dos primeros elepés: uno de Duke Ellington y otro de Bill Evans). Y andaba loco por conseguir el libro de Kerouac En la carretera. Todo esto no era incompatible, ni mucho menos, con los guateques, las verbenas de pueblo y las chicas.

Ya en Valencia –donde finalmente acabé matriculándome en Filosofía y Letras– pude ahondar en mis inquietudes con mayor o menor fortuna. Me casé, tuve –y tengo– un hijo, Nelo, de madre murera, valencianohablante (o catalanohablante, que es lo mismo), como sus padres y sus respectivas familias.

Empecé a trabajar, como historiador. Investigué, escribí, publiqué, dirigí, fui profesor… Me ‘profesionalicé’. A costa, creo ahora, de seguir siendo un amateur de la vida. Hasta que un buen día dije basta, hastiado de moverme en un medio donde lo que prima es la meritocracia, el amiguismo y la corrupción intelectual de tanto mindundi servil del poder. Entonces los roles se invirtieron y me empeñé –y en esas sigo– en ser amateur en lo que antes había sido profesional y viceversa.

Me di cuenta de que todo cuanto había hecho, o intentado hacer, en mi vida, éxitos y fracasos, esperanzas y desilusiones, tenían una cosa en común: “lo hice a mi manera”, una “manera” de ser, de comportarme y actuar, que conforman mi carácter y personalidad, al tiempo que cobré conciencia de que sus rasgos ya estaban delimitados cuando dejé mi pueblo para estudiar en Valencia. Fue una especie de reencuentro conmigo mismo.

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Con mi madre a las pocas semanas de haber nacido (1954).

Ya apuntaba maneras al nacer. Lo hice, como comentaba, un 1 de julio, sobre las dos de la tarde, es decir, en el momento más bochornoso del día. Bochornoso en valenciano (catalán) se traduce, entre otras acepciones, como bascós, término que a la vez equivale a inquieto, hiperactivo. Mi madre –dicen que nadie nos conoce mejor que nuestra madre– siempre me decía que era un bascós, que no podía estar quieto un minuto y no paraba de tramar toda clase cosas. También Fill meu, tu no serveixes ni per la política ni per als negocis, eres massa cabota (demasiado obstinado y de ideas fijas) i massa confiat. Todo ello revelaba evidentes rasgos de puerilidad en mi comportamiento. És que eres com un xiquet, o Eres pitjor que un xiquet (niño). No se equivocó un ápice. Así he sido y seré. Así me ha ido y me irá. A estas alturas de mi vida más que nunca me identifico con el niño-adolescente-joven que era en Muro.

Debe ser por todo esto que My Way es mi canción preferida. My Way, no Comme d’habitude, y por Frank Sinatra, es decir, con la versión de la letra en inglés que hizo Paul Anka.

(…) He vivido una vida plena,

viajé por todos y cada una de los caminos.

Y más, mucho más que esto,

lo hice a mi manera.

Arrepentimientos he tenido unos pocos,

demasiado pocos como para mencionarlos.

Hice lo que tenía que hacer,

como consideré, sin excepción.

Planifiqué todo,

cada paso a lo largo del camino, cuidadoso.

Y más, mucho más que esto,

lo hice a mi manera.

Sí, hubo veces,

seguro de que lo sabéis,

en las que mordí

más de lo que podía masticar.

Pero durante ese tiempo,

cuando tuve dudas,

todo me lo comí y lo escupí.

Me enfrenté a todo y no me hundí.

Y lo hice a mi manera.

He amado, he reído y llorado,

ya he perdido suficiente.

Y ahora, que las lágrimas se consumen,

encuentro todo aquello tan entretenido…

Pensar que hice todo eso.

Y, puedo decir, sin timidez:

Oh, no, oh, no, no. Yo, yo, lo hice a mi manera.

Pues, ¿qué es un hombre?, ¿lo que tiene?

Si no es él mismo, no tiene nada.

Decir las cosas que realmente siente

y no las palabras de alguien que se arrodilla.

Mi historia muestra que encajé los golpes

y lo hice a mi manera.

Sí, fue a mi manera.

Sinatra detestaba cantar My Way, pues era algo así como cantar uno su propio epitafio en vida, decía. Yo canto muy mal. Más aún: peor. No tengo, pues, ese problema. Y a mí –y seguro que no solo a mí– sí me gustaría que cuando muera y sea un montón de cenizas mis allegados me despidieran con esta canción. Y que las cenizas, sobre todo si son tóxicas, que, como dijo Groucho Marx, “el diez por ciento sean vertidas sobre mi representante”. En mi caso, sobre mis representantes, es decir, sobre aquellos que se arrogan la facultad de decidir cómo tenemos que ser todos los demás, y sobre tanto tullido intelectual y travestido ideológico. Todas.

En fin, la canción debe estar finalizando si no lo ha hecho ya. Si quieren saber más sobre mí, sobre las actividades que, desde entonces, profesional y/o vocacionalmente, he llevado a cabo y son, en definitiva, el sustento de este blog, pueden consultar mi biografía en Wikipedia.

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Manuel Cerdà

Pité, silbé, y que a gusto me quedé

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Amor celebra el primer gol marcado por el Barça al Real Madrid en la final de la Copa del Rey de 1990.

En 1990, el 5 de abril. Por eso lo cuento ahora. En caso de haber cometido una infracción o de haber incurrido en el delito de injurias a la Corona y de ultrajes a España, una cosa y otra ya habrían prescrito. Aunque nunca se sabe. Igual hay que mostrar aún ahora muestras de arrepentimiento y no se puede decir que me quedé a gusto. Hablo –que no lo había dicho todavía– de pitar al Rey y al himno de España, la Marcha Real. Fue, como decía, el 5 de abril de 1990 aquí, en Valencia, con motivo de la final de la Copa del Rey entre el F.C. Barcelona y el Real Madrid. Fui, para más inri, con mi hijo, a quien le faltaban dos días para cumplir 9 años (pueden ver las entradas, que conservaba y acabo de escanear para incluirlas aquí). Nos sentamos con los seguidores del Barça, pues más que ir a ver un partido de fútbol yo iba a ver al Barça. Hace mucho tiempo que digo –desde que, en parecidos términos, se lo escuché a Ernest Lluch, de quien tuve el honor de ser amigo– que a mí el fútbol, sí, me gusta, está bien, pero lo que se dice gustar, gustar, solo me gusta el Barça. Por eso, ya me cuidé cuando compré las entradas en la reventa, pues era la única manera de conseguirlas, de que estas correspondieran a la parte del campo reservada para la afición blaugrana. Por cierto, pagué casi el triple de su precio en taquilla. ¡Uy! ¿Otra infracción?

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Bueno, a lo que íbamos. Entró el Rey, sonaron las primeras notas del himno y pitada al canto. A mí, la verdad, aquello me divertía y digamos que me sumé a la fiesta. Luego empezó el partido y ya está. A otra cosa, mariposa, que no es para tanto, leche.

Todo esto no tendría por qué pasar, pero pasa y seguirá pasando. ¿Por qué llamar Copa del Rey a lo que antes se denominaba Copa del Generalísimo? ¿No se dan cuenta los responsables de tal circunstancia de que en el fondo establecen un vínculo entre franquismo y monarquía? Y como en tiempos del dictador aquel de los cojones, o del cojón –pues será casualidad, pero tanto Franco como Hitler y Napoleón tenían un solo testículo–, a ver quién era el guapo que se atrevía ya no a silbar sino a quedarse sentado siquiera cuando sonaba el himno, con tanta prohibición solo consiguen hacer aún más evidente tal conexión. Es que lo ponen a huevo. Llámenla Copa de España, por ejemplo. Aunque bien pensado, tampoco sé si es muy buen idea. O simplemente La Copa, como coloquialmente nos referimos a ella. ¿Verás hoy la final de La Copa?, solemos decir, y todos saben de qué copa se trata. U otro. Yo que sé. Pero dejen de hacer política, mala política por si fuera poco, con eventos de todo tipo, sean de índole social, académica, artística o deportiva.

Por otra parte, ¿por qué ha de sonar el himno cada vez que tiene lugar un evento de cualquier clase, incluidas conmemoraciones religiosas o fiestas populares? ¿Y qué puñetas pintan los políticos en ellos? La Nit de la Cremà es el acto que clausura las Fallas con la quema de los monumentos, siendo el último en arder, a la una de la madrugada del 20 de marzo, el monumento fallero de la plaza del Ayuntamiento, que está fuera de concurso, ya que es la falla oficial del Ayuntamiento. Pues bien, la cremà de la Falla Municipal se cierra con el himno de la Comunitat Valenciana, o himno de la Exposición, pues fue compuesto por el maestro José Serrano para Exposición Regional Valenciana de 1909, aquel que puso letra Maximiliano Thous y que empieza con el verso “Per a ofrenar noves glòries a Espanya…”. Y, acto seguido, suenan los primeros minutos del de España, también entre abucheos otras veces, no este año. ¿Por qué será? Dejen a los falleros organizar su fiesta como quieran o sepan. Un poco de sensatez, por favor. Aunque mucho me temo que esto es pedir peras al olmo.

También en mi pueblo sucede algo parecido. La patrona de Muro es la Mare de Déu dels Desamparats y, en honor a ella, se celebran las fiestas de Moros y Cristianos la segunda semana de mayo. La Virgen es traslada en procesión de la ermita donde permanece todo el año a la iglesia parroquial. Allí permanece una semana, trascurrida la cual otra procesión retorna la imagen a su ermita (el acto es conocido como La Pujà). Pues bien, acabo de visionar un vídeo sobre La Pujà de 2017 –la de este año, obviamente, aún no ha tenido lugar– y ¿cómo termina el acto? Con el himno nacional, la Marcha Real, y con las autoridades presentes. Y eso que los mureros y mureras tenemos un himno dedicado a la Mare de Déu que le da mil patadas al de España. Porque, la verdad, el de España es feo, pero feo, feo, feo a rabiar, mientras que el himno que compuso mi paisano Francisco Esteve (1915-1989) es ciertamente bonito, su melodía es de lo más emotiva. Que cierren las fiestas con él y no que, al igual que en las Fallas, tras sonar este, ¡hala! pedacito de himno de España.

En fin, qué quieren que les diga. ¿Que todo es un sinsentido?, ¿que no se puede, mejor no se debe, mezclar churras con merinas? Para el caso que me van a hacer… Total, que dentro de un rato comienza el partido, que lo veré por televisión, y que espero, deseo, ansío, que gane el Barça. Sevilla me cae muy bien, y los sevillanos, pero el Betis también es de la capital andaluza y me cae mejor. Que es un espectáculo, nada más que eso.

Cuídate de las apariencias

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“Somos seres intangibles, no tenemos cuerpo, adopté la forma del primer ser humano que vi. (…) Reconoced que hubiera sido mucho más difícil que me creyerais si no lo hubiera hecho de ese modo. Necesitaba una identidad que pudiera ser admisible en vuestro contexto conceptual, que pudierais identificar y relacionar con algo que por imposible que parezca no deje de ser creíble, aunque escape a la lógica, una apariencia. De eso los humanos sabéis mucho, de apariencias. Olvidáis pronto quiénes sois y de dónde procedéis”.

Lo dice Prudencio, o Argararemon, que tanto da que da lo mismo. Sin embargo, como quiera que se dirige a seres humanos, él mismo se sirve de la apariencia para que no se sepa quién, o qué, es en realidad: “las apariencias son para vosotros muy importantes, para los humanos quiero decir. No valoráis a la gente por lo que es, sino por lo que tiene”.

Dice una frase proverbial muy usada que “las apariencias engañan”. Que sea una frase hecha y forme parte de nuestro discurso convencional y, por tanto, la banalicemos, no quita que sea una verdad como un templo y que haga buena la aseveración de Maquiavelo en El príncipe (1513): “Este mundo se compone de vulgo, el cual se lleva de la apariencia, y solo atiende al éxito”. “La apariencia, [pues,] es el disfraz perfecto en nuestra sociedad imperfecta”.

Prudencio Calamidad está a la venta a través de Amazon.

Prudencio Calamidad: “mezcla de cuento, gamberrada, tratado filosófico y metáfora”

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Imagen que ilustra la reseña de Rosa Berros en MoonMagazine.

Tras esta larga ausencia motivada por la remodelación de mis, ahora, dos blogs –como explicaba en la entrada de ayer–, empiezo la tarea de ponerme al día con los comentarios, las publicaciones de los blogs a los que estoy suscrito, los correos, las novedades que tengan relación con las cosas que hago, etc. Y, he aquí, que me encuentro con una magnífica noticia, una de esas que halagan y endulzan la existencia y también –cómo no– refuerzan el ego. Me refiero a una reseña que publicó el pasado 12 de abril Rosa Berros Canuria en la “revista [digital] lúdico-cultural” MoonMagazine.

Ma ha encantado eso de que “es una mezcla de cuento, gamberrada, tratado filosófico y metáfora”. Eso y muchas cosas más, como el excelente resumen que hace del argumento, dejando al lector intrigado por conocer el desenlace, que se presenta totalmente imprevisible: “Argararemon, Prudencio para los amigos, aún guarda algún secreto y es que, en realidad, no es un genio, es un esente, y ya no os puedo contar lo que es eso porque destriparía la novela, cosa de la que no tengo ninguna intención. Solo deciros que, a partir de ese momento, el tema se pone cuántico y nuestro genio, perdón esente, tendrá que dar nuevas explicaciones a los tres amigos” [los tres jóvenes que, con Prudencio, protagonizan la novela, o lo que sea esto que he escrito: Robin, Johnny y Tomate].

Me hubiera gustado poder compartir con ustedes la reseña completa, pero MoonMagazine no da opción a compartir en WordPress. Así que les dejo con un par de frases de la misma y la posibilidad de que puedan acceder a ella clicando en el enlace que figura bajo estas:

Prudencio Calamidad es una novela por momentos, social; por momentos, filosófica; por momentos, negra; bastante cuántica, pero en todo momento, muy divertida. Una novela que alterna las reflexiones acerca de lo real y lo fantástico con las aventuras que corren nuestros amigos en su afán por dejar de ser pobres aprovechando los poderes de Prudencio Calamidad, pero sin dejar rastro de dichos poderes. (…) una mezcla de cuento, gamberrada, tratado filosófico y metáfora para mostrarnos, de manera divertida y desenfadada, la situación actual de los que tienen muy poco, pero mantienen intactos los deseos; de los que ya casi han perdido la esperanza, pero tan solo necesitan un genio que se la devuelva. Una novela sin pretensiones, divertida, sorprendente y muy fresca.

Rosa Berros Canuria: “Prudencio Calamidad, de Manuel Cerdá”, MoonMagazine, 12 de abril de 2018 [lo que está en negrita es porque así figura en la reseña]

Una cosa más quiero agradecer a Rosa. Este jueves, día 20, he de presentar Prudencio Calamidad en mi pueblo –imposible decir que no a algo así, es mi pueblo, es mi gente– y su reseña me va a venir como anillo al dedo. Siempre es engorroso hablar de uno mismo, mejor hablar sobre lo que dicen otros. Por supuesto, ella era ajena a tal circunstancia.

Dijous literaris

¿Casualidad? No creo en las casualidades. Debe haber sido cosa de Prudencio, Prude para los tres amigos, Argararemon en su mundo, el de los genios, que no son genios sino esentes.

Que disfruten de un excelente día. Muchas gracias por su visita.

De vuelta. Por fin.

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Ya tenía ganas, muchas ganas, de quitar la nota que permanecía fija desde el 3 de febrero. Más de dos meses ha estado ahí la puñetera entrada En obras, como destacada. Por fin terminaron (las obras). Queda algún que otro retoque, pero poca cosa.

La situación me ha recordado una vez que un conocido mío del barrio me pintó la casa e hizo también varios apaños para, así, poder sacarse unos pocos cuartos más, que buena falta le hacían, pues –como tantos– cobraba un salario de mierda. Yo no tenía prisa y él solo podía hacerlo los fines de semana. Y, claro, aquello parecía que no iba a terminar nunca. Un amigo mío, Salvador, que vive en una caseta de campo, me preguntaba si iría a visitarle el fin de semana. Siempre le contestaba que no podía, que Miguel Ángel –así se llama el vecino– tenía que seguir con el adecentamiento de mi casa. Un buen día, Salvador me preguntó: ¿pero ese Miguel Ángel quién es, el mismo que pintó la Capilla Sixtina?

Pues así me he sentido este tiempo, como Miguel Ángel, el contemporáneo claro, el vecino, no el renacentista. Con la diferencia que mi dedicación no se ha reducido a los fines de semana, sino que tal menester ha venido ocupando prácticamente todo mi tiempo y ha sido mucho mayor del que en un principio calculaba.

Cuando en 2012 empecé a publicar Música de Comedia y Cabaret –blog que sigue activo y ha sido también objeto de una profunda remodelación por los motivos que paso a explicar– este era anónimo y había surgido de la casualidad. Una amiga mía, Ana, estaba creando un blog por motivos profesionales. Yo andaba por entonces fascinado por una música que, se podría decir, acababa de descubrir: la música para teatro (la opereta y los musicales especialmente) y la música de cabaret, la del cabaret alemán de entreguerras, sobre todo, y la de los cabarets franceses de la Belle Époque. Tal fascinación se debía a la exhaustiva labor de documentación que había llevado a cabo para escribir mis novelas El corto tiempo de las cerezas y Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird), pues en ambas –quien las conozca podrá dar fe de ello– la música juega un papel trascendental. Suelo decir que son novelas “con banda sonora”.

Se me ocurrió, así, crear yo también un blog como mero divertimento. Los originales de las novelas estaban terminados, lo que no significa listos para ser publicados. No necesitaba documentarme más, pero continuaba seducido por esa música. Me pasaba horas y horas buscando cosas nuevas. Y escribiendo sobre ellas. Siempre he dicho que en esta materia soy un mero aficionado.

Así continuó hasta el 1 de diciembre de 2014, cuando al publicar mi primera novela (El viaje) –hasta esa fecha solo había publicado libros acerca de mi especialidad (la historia social y la arqueología industrial) y de divulgación histórica y/o cultural– introduje alguna que otra entrada para difundirla y promocionarla con fragmentos de la misma. Con ello abandoné el anonimato y –aunque siguió titulándose Música de Comedia y Cabaret– poco después empecé a publicar otras entradas sobre dichos temas y otros de mi interés.

Con el tiempo, el blog se convirtió en una especie de batiburrillo: demasiadas cosas que no guardaban entre sí otra relación que ser yo su autor. Llegó un momento en que no me sentía cómodo con el contenido. Por otra parte, no me gustaba nada que los artículos (o entradas) que publicaba remitieran siempre a musicadecomedia.wordpress.com. Compré el dominio manuelcerda.com y decidí abrir un nuevo blog, este, que reflejara mi trabajo y mi trayectoria profesional, mis gustos y aficiones, mis principios y contradicciones, mis ideas, mis pensamientos, mi manera de entender la vida, en definitiva.

No encontré otra manera de hacerlo –no digo que no las haya– que trasladar las entradas que figuraban en Música de Comedia y Cabaret una por una si no quería que cuando alguien encontrara alguna de estas (las trasladadas) en cualquier otro sitio de internet y quisiera acceder a ella se topase con el mensaje de error ¡Vaya! Esa página no se puede encontrar, con lo que también se perdían los comentarios (me parecía una falta de respeto hacia quien se había tomado la molestia de comentar alguna de mis entradas).

Anunciaba en la dichosa entrada “En obras” que estaba remodelando el blog y que, durante el tiempo que durase la ‘mudanza’, este podía “presentar diversos aspectos según el momento en que se accediera”. También escribía “ruego a todos que me disculpen si durante este tiempo –que parece que va a ser de días– no respondo a la mayoría de los comentarios ni apenas visito sus blogs”.

Sin embargo, con todo este trasiego de la ‘mudanza’ de las entradas de un blog a otro, han sido muchos a quienes les ha pasado inadvertida aquella nota. Si este es su caso, lamento la confusión que haya causado. Nada más lejos de mi intención que desatender a nadie.

De ahí que, hoy, 16 de abril, día que podría decirse que el blog ‘queda inaugurado oficialmente’, este cuente ya con un importante número de visitas. A todos cuantos han contribuido a ello mis más afectuosos saludos, mis mejores deseos y mi más sincero agradecimiento.

En cuanto a su estructura, lo he dividido en varias categorías, tal como pueden observar en el menú desplegable que figura bajo la cabecera. Solo queda añadir una más, “Sobre mí”, que incluirá –además de alguna que otra vivencia personal– cuanto he hecho profesionalmente, sea fruto del trabajo retribuido o del trabajo en tanto que prolongación de la vida, tanto da.

¡Ah! La fotografía con que ilustro este ‘primer artículo’ es del viernes –cuando ya vislumbraba el final del calvario–, y la razón de haberla elegido es porque, créanme, ha sido el único momento de esparcimiento que he tenido durante este tiempo. Ahora bien, con esto no pretendo hacerme el mártir. Lo de salir a comer por ahí no lo tengo nada fácil, pues no voy a ningún sitio donde no me dejen fumar.

En fin, la cuestión es que arrancamos ya. Bienvenidos sean a este espacio, que, sin ustedes, los que lo leen y/o siguen, no tendría razón de ser. Espero que se sientan a gusto en él y consideren mi blog suyo también.

Y ahora voy a ver si me da tiempo a hacer hoy lo mismo con Música de Comedia y Cabaret, no sin antes desearles un muy feliz día y agradecerles la visita.