EL CEREBRO DEL AGENTE DE POLICÍA

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Sin duda se recordará este reciente y lamentable asunto: al ser practicada la autopsia, se halló la caja craneana de un agente de policía vacía de todo rastro de cerebro y rellena, en cambio, de diarios viejos. La opinión pública se conmovió y asombró por lo que fue calificado de macabra mistificación. Estamos también dolorosamente conmovidos, pero de ninguna manera asombrados.

No vemos por qué se esperaba descubrir otra cosa que lo que se ha descubierto efectivamente en el cráneo del agente de policía. La difusión de las noticias impresas es una de las glorias de este siglo de progreso; en todo caso, no queda duda que esta mercadería es menos rara que la sustancia cerebral. ¿A quién de nosotros no le ha ocurrido infinitamente más a menudo tener un diario en las manos, viejo o del día, antes que una parcela, aunque fuera pequeña, de cerebro de agente de policía? Con mayor razón, sería ocioso exigir de esas oscuras y mal remuneradas víctimas del deber que, ante el primer requerimiento, puedan presentar un cerebro entero. Y, por otra parte, el hecho está ahí: eran diarios.

El resultado de esta autopsia no dejara de provocar un saludable terror en el ánimo de los malhechores. De aquí en más, ¿cuál será el atracador o el bandido que vaya a arriesgarse a hacerse saltar la tapa de su propio cerebro por un adversario que, por su parte, se expone a un daño tan anodino como el que pueda producir una aguja de ropavejero en un cubo de basuras? Quizás, a algunos contribuyentes demasiado escrupulosos pueda parecerles en cierta manera desleal recurrir a semejantes subterfugios para defender a la sociedad. Pero deberán reflexionar que tan noble función no conoce subterfugios.

Sería un deplorable abuso acusar a la Prefectura de policía. No negamos a esta administración el derecho de munir de papel a sus agentes. Sabemos que nuestros padres marcharon contra el enemigo calzados con borceguíes también de papel y no ha de ser eso lo que nos impida clamar indomable y eternamente, si es necesario, por la Revancha. Pretendemos solamente examinar cuáles eran los diarios de que estaba confeccionado el cerebro del agente de policía.

Aquí se entristecen el moralista y el hombre culto. ¡Ah!, eran La Gaudriole, el último número de Fin de Siècle* y una cantidad de publicaciones algo más frívolas, algunas de ellas traídas de Bélgica de contrabando.

He ahí algo que aclara ciertos actos de la policía, hasta hoy inexplicables, especialmente los que causaron la muerte de héroe de este asunto. Nuestro hombre quiso, si recordamos bien, detener por exceso de velocidad al conductor de un coche que se hallaba estacionado, y el cochero, queriendo corregir su infracción, solo atinó, lógicamente, a hacer retroceder su coche. De allí la peligrosa caída del agente, que se hallaba detrás. No obstante, recobró sus fuerzas, luego de unos días de reposo, pero, al ser intimado a recobrar al mismo tiempo su puesto de servicio, murió repentinamente.

La responsabilidad de tales hechos atañe indudablemente a la incuria de la administración policial. Que en adelante controle mejor la composición de los lóbulos cerebrales de sus agentes; que la verifique, si es menester, por trepanación, previa a todo nombramiento definitivo; que la pericia médico-legal solo encuentre en sus cráneos… no digamos una colección de La Revue Blanche y de Le Cri de Paris**, lo cual sería prematuro en una primera reforma; tampoco nuestras Obras completas: a ello se opone nuestra natural modestia, tanto más que esos agentes, encargados de velar por el reposo de los ciudadanos, constituirían más bien un peligro público con la cabeza así rellenada. He aquí algunas de las obras recomendables en nuestra opinión para el uso:

1º) El Código penal; 2º) Un plano de las calles de París, con la nomenclatura de los distritos, el cual coronaría el conjunto y representaría agradablemente, con su división geográfica, un simulacro de circunvoluciones cerebrales: se lo consultaría sin peligro para su portador por medio de una lupa, fijada luego de la trepanación; 3º) un reducido número de tomos del gran diccionario, de Policía, si nos arriesgamos a prejuzgar por su nombre: La Rousse [La Poli, en argot], 4º) y sobre todo, una rigurosa selección de opúsculos de los miembros más notorios de la Liga contra el abuso de tabaco.

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Esta entrada fue publicada en este blog anteriormente el 15 de octubre de 2019.

El cerebro del agente de policía fue escrito por Alfred Jarry en 1901. El texto que aquí figura es el de la edición del libro ‘Patafísica, junto con Especulaciones, Madrid, Pepitas de calabaza, 2016.

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Notas:

La Gaudriole tenía como subtítulo “diario de relatos alegres, historias picantes y novelas ilustres”. Fin de Siècle, “periódico literario ilustrado que aparece el sábado”, tenía una tirada de más de 70.000 ejemplares y se había vuelto mucho más insustancial y anodino.

** La Revue Blanche era una revista literaria y artística cercana al anarquismo que se publicó solamente entre 1899 y 1903. Le Cri de Paris era un periódico semanal de carácter político y satírico, muy cercano a La Revue Blanche, que apareció en 1897 y dejó de publicarse en 1940.

El cartero

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Me despierto por la mañana y uno de los primeros pensamientos que me vienen a la mente es a ver quién se encarga hoy de joderme la mañana, o el día entero. Que no suene el teléfono, que no haya nada en el buzón cuando lo abra, que no llame el cartero…

De verdad, créanme, justo escribiendo la frase anterior, que dejo en puntos suspensivos, suena el timbre de la puerta de mi casa. Era el cartero. En serio, como se lo digo, no es ninguna broma. Una notificación, o un requerimiento, sobre el pago de unos recibos. Al parecer, no notifiqué los datos de mi nueva cuenta cuando cambié de banco hace unos meses. Nada, aparcaremos el articulillo y vamos a solucionarlo. Y de nuevo vislumbro la alargada sombra kafkiana.

Llamo al teléfono que figura en la notificación: 963 525 478 (Gestión Tributaria Integral). Contesta una mujer y nada más empezar a explicarle mi problema me dice que he llamado a un laboratorio, que no me he equivocado al marcar, que está mal en el impreso y que son muchas las veces que esto les sucede. Ya me extrañaba que hubieran cogido el teléfono tan pronto. Hay otro para cita previa: el 963 895 079. Llamo a ver. Suena. Enseguida se oye un pitido y ya. Silencio absoluto. Al final llamo al 010 (teléfono de información del Ayuntamiento) y me han dado hora (cita previa) para que acuda a las oficinas del servicio de los cojones el próximo 25. Va a ser la manera más efectiva de solucionarlo. Ya ven, todo son facilidades. En fin, más gestiones, más pérdida de tiempo y de salud, otra vez a experimentar la impotencia y la rabia, otra vez a servir a esos chupópteros mentecortas de la Administración.

Ayer la triste situación que viví en el Servicio de Cardiología del C.E. El Grao de Valencia, hoy esto, ¿mañana qué será? Bueno, en realidad ya lo sé. Mañana le toca el turno al asunto del que iba a escribir hoy e interrumpió el cartero. Nada, una bobada, que Vimeo ha eliminado mi cuenta (con todos los vídeos) por “infringir las normas de la comunidad”. Imagino el motivo, pero de eso hablaré mañana. Por hoy ya voy más que servido de mala hostia.

Les dejo con unas reflexiones de Enrico Baj sobre la opresión sacadas de su libro ¿Qué es la ‘patafísica? (1994), concretamente del apartado “Popper y la quintupletta”:


“Porque hay una opresión a nivel de poder, hay una opresión también a nivel cultural.

[…] La opresión va de la regulación del individuo y de sus comportamientos a los medios y la difusión extrema de un sistema de producción y de consumo forzado y presente en todas partes. Esta opresión, para persuadir y coaccionar, se sirve de la burocracia y de sus impedimentos, de los formularios, de los impresos, de modos de hacer y de los plazos de pago, un continuo sistema de distracción del individuo. El hombre ya no tiene la disponibilidad de sí y de su propio tiempo […].

Se ha hablado mucho de las cámaras de gas de Hitler, pero ya está claro que desde hace años todas las ciudades del mundo se están convirtiendo en cámaras de gas. En las de Hitler prevalecía el principio de la solución rápida y en las cámaras de gas del mundo prevalece el sistema del envenenamiento profundo y lento que en cualquier caso es envenenamiento del individuo. […]

Pienso que el riesgo de evanescencia está en el género humano en sí mismo y por sí mismo, lo tenemos ante nuestros ojos. […] Actualmente el hombre da más bien la impresión de querer integrarse también en el nivel espiritual en los sistemas de integración planificados y ministeriales. Mira su aquiescencia a la moda y al conformismo. O bien, irracionalmente, va hacia el lado opuesto, va en busca de evasiones místicas. […]

Si el hombre no quiere salir del consumismo más o menos coactivo y no quiere recaer, más allá de aquel, en otros esquemas de condicionamiento psíquico, estaremos obligados a renunciar a las buenas esperanzas que siempre hemos tenido en el género humano, en la condición humana, en la aspiración a la igualdad y otras cosas.”.

Y ahora voy a abrir una botella de godello y a hacerme una paella para mí solo, que me salen de puta madre.