EL BLOG DE MANUEL CERDÀ

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Canciones de la Primera Guerra Mundial

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Soldados estadounidenses y muchachas de la Young Men’s Christian Association (YMCA) cantando alrededor de un piano en Aix-les-Bains (Francia) en agosto de 1918.

Cien años se cumplirán el próximo noviembre del fin de la Primera Guerra Mundial, un hecho trascendental que acabó con el orden político y económico conformado a raíz de las revoluciones burguesas decimonónicas e inició otro nuevo, lleno de tensiones sociales y conflictos, que desembocó en una segunda guerra también mundial apenas veinte años después. Significó, por tanto, nada menos que el final del largo siglo XIX y el inicio del corto siglo XX, como bien ha definido historiográficamente Eric Hobsbawm.

No será esta, desde luego, la única entrada que publique a lo largo del año sobre la Primera Guerra Mundial. En esta primera, vamos a ocuparnos de algunas de las canciones que surgieron a raíz de la contienda, canciones que se hicieron muy populares entre las tropas y la población civil –la mayoría de las cuales nada (o poco) tenían que ver con la música militar– y cuyos temas hablaban de la nostalgia, la familia, el hogar, la novia que uno había dejado, su pueblo o su ciudad… Quiero aclarar que esta entrada fue publicada originalmente en Música de Comedia y Cabaret el 27 de junio de 2014 y que, por tanto, no es nueva. Lo único que he hecho es –como con tantas otras– trasladarla aquí, pues –así lo he mencionado repetidas veces– ambos blogs están en proceso de remodelación y, ni en uno ni en otro, he empezado a publicar aún, cosa que, por otra parte, deseo hacer cuanto antes.

Desde la Grecia clásica, filósofos y tratadistas han analizado los efectos de la música en el ser humano. “No se pueden tocar las reglas de la música, sin alterar las leyes fundamentales de la gobernación”, escribió Platón. La música, sostenían los pensadores medievales, proporciona “diversión y descanso, es necesaria en la guerra y en los tiempos de paz, produce efectos religiosos y morales, tranquiliza la mente inquieta, ennoblece el carácter, contribuye incluso a un sistema político más adecuado, es un medio curativo y afecta hasta a los mismos animales.” [Wladyslaw Tatarkiewicz: Historia de la estética II. La estética medieval, 1970].

En líneas generales, todo el pensamiento posterior, grosso modo, está de acuerdo en que la música es esencial en la vida del hombre. La música llega más lejos que ninguna otra arte, es la más próxima a nosotros y al mundo. Su poder es innegable: “Conozco a mucha gente, yo incluido, que no hubiera sobrevivido sin la música. Yo casi muero, y la música me ayudó a sobrevivir. Es increíblemente poderosa y debemos tener cuidado de que no sea utilizada de mala manera.” [Declaraciones de Stefan Koelsch a La Vanguardia, 17 de agosto de 2011].

pf_bousquet_quand_madelon_03La música nos proporciona placer, nos deleita, estimula nuestras emociones, los sentimientos cobran sonido. En tiempos de guerra, todo ello se acrecienta. Puede ser una válvula de escape tanto para los civiles como para los soldados, pero también una herramienta de reivindicación y autoafirmación, en oposición a “los otros” –marchas, himnos–, e incluso –y ya es difícil que puede utilizarse de peor manera– un instrumento de tortura [véase al respecto nuestras entradas “J’attendrai” y “El peso del pasado”].

Comenzamos con una canción francesa que se estrenó poco antes de estallar la guerra europea: Quand Madelon (1914, letra de Louis Bousquet y música de Camille Robert). Quand Madelon describe cómo coqueteaban los soldados con una joven camarera y fue  un gran éxito de Charles-Joseph Pasquier, conocido como Bach. No al principio, sino ya avanzado el conflicto. Bach fue uno de tantos “cómicos troupiers” que actuaban por diversas ciudades y que al comenzar la guerra pasaron a hacerlo ante los soldados. La escuchamos por Line Renaud en una secuencia de La Madelon, película francesa dirigida en 1955 por Jean Boyer.

tipperary-posterMuchas de estas canciones eran melodías populares que los soldados llevaban en su equipaje emocional. Tipperary es un municipio irlandés que en la actualidad cuenta con unos cinco mil habitantes. Jack Judge, un cantante de Music-hall originario de dicha localidad, compuso en 1912, junto con Harry Williams, y como homenaje a la misma It’s A Long Way To Tipperary (Es un largo camino hasta Tipperary). Al estallar la guerra el Séptimo Batallón del Regimiento Connaught Rangers del Ejército Británico –formado sobre todo por irlandeses y estrechamente ligado a Tipperary, donde parte del regimiento estuvo acuartelado entre 1908 y 1910– la tomó como una especie de himno y la popularizó hasta el punto que otras unidades del ejército británico hicieron lo mismo. Ello fue posible, en parte, al corresponsal del Daily Mail, George Curnock, que habló de ello en el diario. Sucedía esto en agosto de 1914 y en noviembre del mismo año la canción era grabada por el tenor John McCormack, llegando así a todo el mundo y convirtiéndose en una de las canciones más populares de la época (posiblemente porque no era una típica canción de guerra). Escuchemos la versión de McCormack.

La nostalgia es también el motivo central de Avec Bidasse, canción compuesta en 1914 por Henri Mailfait (música) y Louis Bousquet (letra) que evidencia la frustración ante una guerra que nadie creía que pudiera llegar, pero para la que todos se preparaban. ¿Te acuerdas Bidasse de los buenos tiempos?, pregunta el protagonista del tema desde el frente de batalla. Es de nuevo el cantante cómico y actor popular Bach, para quien fue creada, a quien escuchamos en esta versión (grabación de 1931).

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Batalla del Somme: hombres del 11 Batallón del Regimiento de Cheshire en las cercanías de Ovillers-la-Boisselle (julio de 1916).

La guerra avanzaba y mostraba ser la más brutal y mortífera de cuentas habían tenido lugar a lo largo de la historia. Los desastres de la guerra hacían mella, cada día más, entre los soldados y la población civil. Una de las batallas más sangrientas y de mayor duración (julio-noviembre de 1916) fue la del Somme (Picardía, Francia), en la que las tropas anglo-francesas derrotaron a las alemanas tras sufrir el ejército británico una de sus mayores pérdidas de hombres. Solo el primer día, el 1 de julio, este tuvo que contabilizar nada menos que 57.740 bajas (19.240 de ellas mortales).

En este contexto, Dòmhnall Ruadh Chorùna, un soldado escocés que combatía en ejército británico compuso en el mismo frente de batalla, para su novia, una de las canciones más populares en gaélico escocés: An Eala Bhàn (El cisne blanco), una canción de amor en la que le dice que no deja de pensar en ella a pesar de la brutalidad del momento (“Estoy cegado por el humo, / mis oídos están ensordecidos / por el sonoro rugir del cañón”). Dòmhnall Ruadh Chorùna –también conocido como Donald MacDonald– resultó malherido en la batalla del Somme, pero sobrevivió a la guerra. La versión que incluimos corre a cargo de Julie Fowlis, intérprete de música celta originaria de Escocia que canta principalmente en gaélico escocés.

El horror de la guerra acrecentó el antimilitarismo, activo desde el inicio de la conflagración incluso en países que, en un principio, no participaban en ella, como es el caso de Estados Unidos. Aquí –y en Gran Bretaña y Australia, que ya estaban en guerra– se hizo muy popular la canción I Didn’t Raise My Son to be a Soldier (No crié a mi hijo para ser un soldado): “No crié a mi chico para ser soldado, / lo traje al mundo para mi orgullo y alegría. / ¿Quién es nadie para ponerle un fusil al hombro / para disparar contra el querido hijo de otra madre? / (…) / No habrían guerras hoy en día / si todas las madres dijesen: / Yo no crié a mi chico para ser soldado”. Roosevelt dijo que la gente que aplaudía la canción es la misma que en su corazón aplaude otra se debería titular no crié a mi chica para ser madre. I Didn’t Raise My Son to be a Soldier sonó de nuevo con fuerza entre los movimientos de oposición a la guerra del Vietnam en Estados Unidos. Compuesta por Al Piantadosi (música) y Alfred Bryan (letra), fue grabada por los Peerless Quartet a finales de 1914. Esta es su versión.

En 1917 los estragos de la guerra se dejaban sentir en la población como nunca antes. El conflicto parecía no tener fin; la barbarie tampoco. La chanson de Craonne, un hermoso vals, es posiblemente el más claro ejemplo del antimilitarismo reinante en amplios sectores de la sociedad. Canción anónima escrita basándose en la música de Bonsoir m’amour, fue censurada por las autoridades militares, que llegaron a ofrecer una sustanciosa recompensa a quien informara acerca de su autor. “Adiós vida, adiós amor. / Adiós a todas la mujeres. / Todo ha acabado, para siempre, / en esta guerra infame”. El vídeo que sigue pertenece a la secuencia de la película Oh! What a Lovely War (¡Oh, qué guerra tan bonita!) –un filme musical británico de 1969 dirigido por Richard Attenborough– en el que se interpreta la canción.

Hubo, naturalmente, infinidad de marchas patrióticas que, ante todo, pretendían enaltecer el ánimo de las tropas. Algunas de ellas fueron compuestas por músicos militares. Es el caso de la conocida Marcha del coronel Bogey, famosa por ser parte de la banda sonora de El puente sobre el río Kwai. Se compuso en 1914 por el entonces teniente F. J. Ricketts (bajo el seudónimo de Kenneth J. Alford), director de banda del ejército británico. Vamos con la versión original y con una secuencia de la película que dirigió en 1957 el gran David Lean.

Otra marcha patriótica de gran ascendencia entre los soldados y la población civil rusa es El adiós de Slavianka (Slavianka significa ‘mujer eslava’). Aunque escrita con anterioridad al inicio de la guerra, en 1912, por el compositor Vasily Agapkin (militar director de orquesta) en honor a las mujeres búlgaras cuyos maridos partieron al frente en la Primera Guerra de los Balcanes, fue durante el conflicto cuando alcanzó enorme notoriedad al ser la canción con que los soldados rusos solían despedirse de los suyos para marchar al frente. En el siguiente vídeo –subtitulado al español– es interpretada por los cantantes rusos Zara y Dmitri Pevzov.

Las marchas de las potencias centrales presentaban un carácter mucho más marcial. Prueba de ello es esta Die blauen Dragoner, marcha compuesta por Hans Hertel (música) y G.W. Harmssen (letra) en los momentos inciales de la contienda para el  regimiento “dragones azules” del ejército alemán, que posteriormente sería utilizada y popularizada por las SS. “Los dragones azules cabalgan. / (…) las bandas tocan / marchas con fanfarrias / cuyo sonido sube hasta las pálidas colinas”.

cover-of-sheet-music-over-there-1917-with-photo-of-singer-nora-bayesFinalizamos con un tema del último país que entró en la guerra, Estados Unidos. Lo hicieron en abril de 1917 y su intervención resultó decisiva. Una de las melodías más populares de aquel año fue Over here, over there, canción de propaganda pensada para animar a los jóvenes estadounidenses a alistarse en el ejército y luchar contra el “Hun” (el Huno), como despectivamente llamaban a los alemanes. Fue compuesta por George M. Cohan, actor, cantante, bailarín, autor, compositor, productor, empresario teatral, director y coreógrafo conocido como ‘El amo de Broadway’. En el vídeo que sigue escuchamos a Nora Bayes, popular cantante y actriz de la década de 1930, en la versión original de 1917.

La canción fue un éxito y en 1936 Roosevelt condecoró a Cohan con la Medalla de Oro del Congreso. La canción se utilizó también durante la Segunda Guerra Mundial. Así, por ejemplo, aparece en la película estrenada en 1942 sobre la vida de Cohan que dirigió Michael Curtiz Yankee Doodle Dandy (Yanqui Dandy en la versión española). En ella James Cagney encarna a Cohan. Veamos la interpretación de Cagney con Frances Langford.

Que disfruten de un buen fin de semana.

 

 

20 años sin Antonio Carlos Jobim

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Hace veinte años, el 8 de diciembre de 1994, fallecía a los 67 años en Nueva York, tras una operación coronaria, uno de los grandes compositores del siglo XX –también cantante, guitarrista y pianista–, uno de los creadores de la bossa nova y uno de los máximos símbolos de la música popular de su país, tanto que hasta llevaba su nombre en el apellido: Antonio Carlos Brasileiro de Almeida Jobim. El novelista Jorge Amado escribió al día siguiente en un diario: “Todos los brasileños estamos de luto: perdimos lo mejor que teníamos”.

Jobim en 1960

Jobim en 1960

Antonio Carlos Jobim, o Tom Jobim, había nacido en Río de Janeiro el 25 de enero de 1927. Cuando tenía veinte años dejó los estudios de arquitectura para centrarse en la que era su verdadera vocación: la música. Empezó entonces a tocar el piano en los night-clubs, a trabajar en estudios de grabación y a componer. De su enorme talento salieron canciones tan hermosas como Chega de saudade, A felicidade, Garota de Ipanema, Corcovado, Desafinado, Samba de uma nota só, Agua de beber, Só tinha de ser com você, Dindi, Aguas de março o Insensatez. Canciones que se consideran patrimonio de la humanidad y que han grabado intérpretes como Miles Davis, Sarah Vaughan, Nat King Cole, Ella Fitzgerald, Errol Garner, Stéphane Grappelli, Françoise Hardy, Mina, Peggy Lee… Canciones que nos gustaría incluir en la presente entrada –las mencionadas y más– pero que no vamos a hacer por las características de Música de Comedia y Cabaret. Nos limitaremos a la presencia de su música en el cine, si bien con las limitaciones que siempre supone estar condicionados a la disponibilidad de vídeos que se puedan insertar.

La primera canción que se considera una bossa nova se grabó en 1958. Nos referimos a Chega de Saudade, un hermoso tema compuesto por Jobim y Vinicius que grabó João Gilberto. Rápidamente la bossa se hizo tremendamente popular en Brasil y sus ecos se dejaron sentir fuera de sus fronteras. Ello se debió principalmente al trabajo de Jobim y de otros como Vinícius de Moraes y João Gilberto, así como al interés por el ritmo nuevo que mostraron muchos músicos de jazz, como el saxofonista Stan Getz. Fue también determinante el éxito conseguido por la película de Marcel Camus Orfeo negro (1959), Palma de Oro en el Festival de Cannes y Oscar a la Mejor película extranjera, cuya banda sonora corrió a cargo de Jobim y Luiz Bonfá, con canciones tan famosas como A felicidade –“Tristeza não tem fim, felicidade sim”– y Manhã de Carnaval (música de Bonfá).

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Carátula del álbum de 1959 con la banda sonora de “Orfeo negro”.

Orfeu negro (Orfeo negro) es una coproducción brasileña, francesa e italiana, que fue rodada en Río de Janeiro y contribuyó a convertir en mundialmente famosa la música popular brasileña. Dirigida por el francés Marcel Camus, se estrenó en 1959. Basada en la obra teatral de 1954 Orfeu da Conceição, del poeta y también músico Vinícius de Moraes, la película constituye una adaptación del mito de Orfeo al ambiente del carnaval brasileño. Antonio Carlos Jobim y Luiz Bonfá (1922-2001) son los autores de los dos temas principales de la música, que llegarían a ser clásicos de la bossa nova y del jazz: A felicidade, de Jobim, y Manhã de Carnaval, de Bonfá. Vamos con A felicidade en la secuencia con la que se inicia el filme en la voz de Agostinho dos Santos.

También para Orfeo negro compuso Jobim O nosso amor, tema que suena en diversos momentos de la película, como en esta secuencia del baile de Carnaval.

No se prodigó en el cine Jobim a pesar del éxito de Orfeo negro, pero alguna que otra incursión realizó y sus canciones han formado parte de la banda sonora de muchas películas. De estas escasas colaboraciones cabe señalar el filme franco-ítalo-brasileño Copacabana Palace, que dirigió en 1962 el director italiano Steno con Sylva Koscina de protagonista. A él corresponden los dos vídeos que siguen. En el primero, el inicio de la película –en su versión en italiano (diálogos)–, Jula De Palma y el grupo I 4 + 4 di Nora Orlandi interpretan la conocida Samba do avião; en el segundo, vemos a João Gilberto y Os Cariocas interpretando Só danço samba, canción que compuso con Vinícius de Moraes.

garotadisk2Ese mismo año, 1962, veía la luz la canción más popular de todas cuantas se han escrito hasta el momento dentro de la bossa nova. Estamos hablando, cómo no, de Garota de Ipanema. La anécdota que dio paso a la composición es sobradamente conocida: Tom Jobim y Vinícius de Moraes veían pasar todos los días frente al café Veloso, en el que ellos se sentaban, a una hermosa joven de 18 años (Helô Pinheiro) camino de la playa. La admiración que despertó en ellos dio lugar a Menina que passa, como en un primer momento se denominó la canción. Garota de Ipanema, el mayor éxito de la música brasileña, pasaría a partir de entonces a formar parte del repertorio de toda clase de músicos, hasta el punto de ser el segundo tema más versionado en el mundo, solo superado por Yesterday, de The Beatles. A través de ella la bossa sería conocida, y reconocida, internacionalmente. Decisiva fue la grabación que en 1964 realizaron Stan Getz y João Gilberto del tema, incluido en el legendario LP Getz/Gilberto, un disco que tuvo una gran repercusión a todos los niveles y sirvió para descubrir otra de las voces carismáticas de la bossa: Astrud Gilberto, entonces pareja sentimental de João.

Es Astrud Gilberto, acompañada de Stan Getz, quien la interpreta (en inglés) en esta secuencia de la película musical de 1964 Get Yourself a College Girl, dirigida por Sidney Miller.

El éxito del LP Getz/Gilberto proyectó a nivel internacional  la bossa nova e hizo de Garota de Ipanema su emblema. Con Frank Sinatra, Jobim grabó en 1967 el álbum Frank Albert Sinatra & Antonio Carlos Jobim en el que se incluía, obviamente, la celebérrima canción. Y enseguida se estrenó en la televisión estadounidense un especial, que dirigió Michael Pfleghar, titulado Frank Sinatra: A Man and His Music+Ella+Jobim que no tiene desperdicio. Veamos a los dos genios interpretando Garota de Ipanema –más bien The Girl From Ipanema– en un momento del mismo.

Finalizamos este modesto homenaje a una de las figuras clave de la música –popular suele decirse, yo prefiero no añadir adjetivo alguno al término– con una secuencia de la película de Caetano Veloso de 1986 De O Cinema Falado, en la que escuchamos a João Gilberto en otra magnífica canción de Jobim: Águas de Março.

Que pasen un buen día.

Zaz

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Nacida el 1 de mayo de 1980 en Tours, esta cantautora francesa que combina hábilmente el gypsy jazz, el musette, el swing y la chanson de toda la vida, se ha convertido en poco tiempo en un todo un fenómeno mediático. Hace tres años prácticamente nadie conocía a Zaz, hoy es una de las cantantes francesas de mayor repercusión mundial.

Su trayectoria musical se inicia en 2001. Formó parte de diversos grupos y en 2007 el productor musical –también cantante y compositor– Kerredine Soltani se cruzó en su camino. Buscaba una voz “cascada y un poco rota”, Zaz mandó una muestra de su trabajo, de las canciones que publicaba en su cuenta de Myspace, que entusiasmó a Soltani. En 2010 apareció, primero como sencillo, luego formando parte de su primer Cd (Zaz), la canción que escribieron para ella Soltani y Tryss, Je veux, y el éxito fue inmediato y rotundo. Veamos a Zaz en esta versión acústica de la canción que la lanzó en el que es su escenario preferido: la colina de Montmartre. La actuación es de 2012.

“Dame una habitación en el Ritz, no la quiero. / Las joyas de la casa Chanel, no las quiero. / Dame una limusina, ¿qué haría con eso? / Ofreceme sirvientes, ¿qué haría con ellos? / Una mansión en Neufchâtel; eso no es para mí. / Ofréceme la Torre Eiffel, ¿que haría con eso? / Quiero el amor, la alegría, el buen humor. / No es tu dinero lo que me hará feliz”, dice la letra de esta excelente canción, toda una declaración de principios de quien ha mostrado tener un fuerte compromiso social.

Hemos elegido este vídeo por dos razones. La primera, y más importante, porque a Zaz hay que verla en directo. Escuchando sus discos se disfruta –y mucho–, pero en directo –con la viveza que desprende, su fuerza vocal, su frescura– transmite alegría, inyecta vida. La segunda –estrechamente ligada a la primera– porque, contrariamente a lo que muchos piensan, Zaz no es una cantante formada en la escuela de la calle sino que estudió solfeo, violín y piano en conservatorio. “Lo que ocurre es que, cuando salió el primer disco, yo estaba cantando en la calle. Pero fue apenas un momento en mi vida”, declaró a El País (23 de julio de 2015).

Disfrutemos de un par más de actuaciones suyas en Montmartre. En el primer vídeo interpretando Les passantes, una canción de Georges Brassens que compuso en 1972 con estrofas del poema homónimo de Antoine Pol publicado en 1913. En el segundo, la famosísima La vie en rose, uno de los mayores éxitos de Édith Piaf que estrenó en 1945 con letra suya y música de Louiguy (Louis Gugliemi).

Tras el éxito de su primer álbum, en 2011 salió a la venta su álbum Sans tsu tsou, una recopilación de sus mejores directos; en 2013 Recto Verso, con catorce nuevas canciones, y en 2014 esa joya titulada Paris, Cd en el que versiona once fantásticos temas de la chanson además del clásico de Cole Porter I Love Paris y de uno nuevo: Paris, l’après-midi.

Es de este último álbum –me dejo llevar por mi gusto personal– que incluimos las cuatro canciones que siguen: Paris sera toujours Paris –un éxito de 1939 de Maurice Chevalier con música de Casimir Oberfeld y letra de Albert Willemetz–, Sous le ciel de Paris (1954, letra de Jean Dréjac y música de Hubert Giraud), La complainte de la butte (letra de Jean Renoir y música de Georges van Parys para la película de 1955 French Cancan, del propio Jean Renoir –en un momento del concierto que dio en el festival de San Sebastián Jazzaldia, en 2015–, y –con Charles Aznavour– J’aime Paris au mois de mai, del propio Aznavour y Pierre Roche, que el primero grabó en 1964.

Que disfruten de un buen día.

La muñeca (pues eso era)

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Michel Piccoli en “Tamaño natural” (1973).

Llevo un par de semanas sin publicar nada en el blog. Dejé de hacerlo el día de Reyes de manera súbita e imprevista, de la misma que decidí, esa misma noche, marcharme unos días. La hija de un viejo amigo, que vive en Londres y a la que conozco desde que era una adolescente, acababa de ser madre y, en consecuencia, mi amigo, abuelo. No conocía aún a la criatura y estaba loco por hacerlo. Vente conmigo, anda, me dijo. Pues no estaría nada mal, me dije y le dije yo. Londres, unos días, con bebé de por medio y la subsiguiente y enorme satisfacción de mi amigo, satisfacción de la que iba a ser partícipe, era para mí una proposición irrechazable. Así, que allá que nos fuimos. Los dos. Solos. Sin mi regalo de Reyes.

Regresé el 14, pero seguí sin publicar por otro tipo de razones menos placenteras, mucho menos, razones víricas. Allí estaba mi regalo, tal cual lo dejé, en la misma posición, no se había movido. Y con él la duda que nadie me ha despejado. “¿Qué harían ustedes en mi caso? ¿Lo venderían? ¿Se lo quedarían?”, preguntaba en mi última entrada, si se encontraran, hipotéticamente, en la misma situación. Es decir, si alguien les hubiera regalado algo así. Alguien, una persona. ¿O acaso siguen creyendo que existen los Reyes Magos? Yo, la verdad, no conozco a nadie que sea tan generoso ni que pueda permitirse hacerme un regalo como este. Se trata de una escultura de John de Andrea, uno de los artistas (escultor) más reputados, y, en consecuencia, más cotizados del hiperrealismo. Una escultura (¿muñeca?) como la que figura en la imagen de aquella entrada –no sé si alguien ha llegado a confundirla con una mujer de carne y hueso– perfectamente podría alcanzar en el mercado una cifra cercana a los 200.000 euros.

¿Qué haría yo? Pues venderla. Incluso por mucho menos. Si la tuviera, claro. Mi misantropía no llega a tanto. Es una misantropía compartida, con muy pocos, pero compartida. Nada tengo que ver con los personajes de dos películas –casualmente ambas del mismo año, 1973– cuyo argumento gira en torno a la relación de un hombre con una muñeca: Tamaño natural (Grandeur nature), de Luis García Berlanga, y No es bueno que el hombre esté solo, de Pedro Olea.

Tampoco podría llegar a “enamorarme” de la Olympia de la ópera de Jacques Offenbach Los cuentos de Hoffmann (1881). Sí de la ópera, basada en una obra que Jules Barbier y Michel Carré habían escrito sobre cuentos de E.T A. Hoffmann. Me encanta. Y puede que, también, de la excelente soprano Patricia Petibon, que encarna a Olympia en la versión que de la obra de Offenbach llevó a cabo el Grand Théâtre de Genève en 2008. También me encanta. Pero entonces ya no sería una muñeca, sino una persona que encarna a una muñeca.

Bueno, ¿qué? ¿Venderían el “regalo” o no? En el supuesto de que se hallaran en una situación similar, que es mucho suponer. Aunque ya puestos a fantasear, puede que haya alguien que no
lo haría por la simple y llana de razón de haber encontrado lo que buscaba. O haber descubierto que era esto lo que buscaba. Aun así, hay muñecas (no consideradas esculturas) mucho más económicas que, además, se pueden customizar. Veamos un ejemplo de entre los muchísimos que se encuentran en internet. De este modo se presenta Alina Li, muñeca que cuesta 2.590 euros y que pueden ver en las imágenes que figuran bajo estas líneas: “Hola! Mi nombre es Alina y actualmente vivo (aunque no estoy muy segura de estar viva) en Guangzhou (China) pero estoy dispuesta a viajar a cualquier país del mundo donde se me ame. Como podéis ver por mis fotos soy una chica delgada con un rostro que me dicen que es una monada. Soy tímida y callada en la vida diaria, pero me han fabricado para ser puro fuego en el terreno sexual y creo que me encanta hacer disfrutar a mi pareja… Besos”. Y así la describe el fabricante: “Muñeca sexual hiperrealista fabricada en TPE (Elastómero termoplástico), material que imita a la perfección la piel y la carne humana, su esqueleto interno de metal articulado hace que pueda disfrutar con ella en cualquier posición imaginable. Con un peso medio de 35/50 kg nuestras muñecas sexuales se sienten firmes y solidas como el cuerpo de una mujer real. Su muñeca incluye: peluca, sencillo vestido al azar, e irrigador vaginal (facilita la limpieza de la muñeca). No incluido: la ropa, joyas y accesorios que aparecen en las imágenes tienen fines estéticos para la sesión de fotos y no están incluidos. Desarrollada para tener sexo vaginal, sexo anal, sexo oral y masturbación con los pechos”.

No tengo prejuicio alguno respecto al fetichismo ni a cualquier otra parafilia. Como dijo Oscar Wilde, si “somos tan dados a juzgar a los demás, es debido a que temblamos por nosotros mismos”. Allá cada uno con sus manías y extravagancias. Si alguien es feliz con una muñeca como estas (o muñeco, que también los hay), pues que disfrute mientras pueda.

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2018/01/21/la-muneca-pues-eso-era/

Al final los Reyes se portaron

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Pues sí. Ya ven lo que me han traído los Reyes Magos. Nada más ni nada menos. Entre otras cosas, pero es que un regalo como este no se recibe todos los años. Les decía en mi carta [Esperando a los Reyes Magos]: “Me parece que aquí hay un malentendido, señores Reyes, o señoras Reinas, y confío que en esta ocasión entiendan de otro modo lo que les pido”. No ha sido así, pero no me quejo. Ni mucho menos.

Boquiabierto sigo aún. Aunque, la verdad, no sé qué hacer. Estoy pensando en venderlo, pero tengo dudas. ¿Qué harían ustedes en mi caso? ¿Lo venderían? ¿Se lo quedarían?

Espero que no me malentiendan, como los Reyes, los cuales, dicho sea de paso, deseo que hayan sido generosos con todos ustedes.

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2018/01/06/20237/

Esperando a los Reyes Magos

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Cigarrillos, whisky y chavalas

te tejan grogui y te vuelven un tanto loco.

Cigarrillos, whisky y chavalas.

Si esta es tu vida

tienes razón para amarla.

Sabes que fumar es malo para la voz,

que el alcohol no es bueno para el hígado,

que las chavalas son fatales para el corazón,

pero quien prueba las tres cosas dice que no hay nada mejor.*

Así es, señores Reyes. Supongo que lo saben. Son magos, no mojigatos. Digo. No sé. No tengo el placer de conocerles, aunque una vez fui uno de ustedes por unas horas: Baltasar. Fue un día inolvidable, una auténtica gozada. Ya ven, yo creo en ustedes. No soy eso que se dice “un dechado de virtudes”, pero tampoco me he portado tan mal. Es más, en comparación con tanto cabronazo como hay mi comportamiento ha sido ejemplar. Si els fills de puta volessin no veuriem mai el sol, canta Pi de la Serra (no se lo traduzco, pues ustedes saben todos los idiomas).

Por esto no entiendo como no me traen lo que les pido, pues ya es la tercera vez que lo hago. La primera vez me respondieron preguntándome qué había pasado, porque había cambiado mis deseos, pues antes pedía cosas como la paz, la igualdad, la solidaridad… Les contesté –¿recuerdan?– que ya estaba cansado de hacerlo. Año tras año, con toda humildad, sin ningún resultado. A punto estuve de responderles como a mis congéneres, a quienes también pido estas estas cosas con idénticos resultado: ¡que les den! No lo hice, por educación y por afecto y respeto hacia ustedes. La segunda se portaron mejor. Estupendos habanos, excelente whisky de las Highlands. Eso sí, de chavalas nada de nada, que me las apañe como pueda, decían. Y me recordaban también que ahora son reyes y reinas, magos y magas, tachándome de sexista y advirtiéndome de que al próximo año, si volvía a dirigirme a sus majestades en los mismos términos, me dejarían sin nada.

Me parece que aquí hay un malentendido, señores Reyes, o señoras Reinas, y confío en que en esta ocasión entiendan de otro modo lo que les pido. Así pues, espero impaciente mañana su respuesta.

* De la canción “Cigarettes, whisky et p’tites pépées” (1947, música de Tim Spencer, letra de Jacques Soumet y François Llenas), que interpretaba Annie Cordy en la película del mismo título (1959), lo que la hizo tremendamente popular.

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2018/01/05/esperando-a-los-reyes-magos/

Brasil: 30 canciones VI (y última) (26-30)

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Con la entrada de hoy finalizamos esta serie de seis dedicada a la música popular brasileña iniciada el pasado 17 de noviembre para cuya selección he seguido un criterio muy simple: aquellas versiones que más me gustan de las canciones que más me gustan.

“Después de su época dorada, entre 1958 y 1964, el movimiento de la bossa nova perdió impulso, pero todos los músicos que vinieron después [lo veíamos en la anterior entrada] se nutrieron de sus sofisticadas armonías. Músicos jóvenes que antes de la bossa nova habrían buscado novedades en el extranjero empezaron a buscarlas dentro de Brasil, dentro de ellos mismos. En los años siguientes, muchos artistas, cuando se les preguntaba sobre los inicios de su interés por la música, contestaban: ‘Bueno, todo empezó con la bossa nova’” (Músicas do Brasil. Samba, bossa nova y música popular de Brasil, Time Life, 1988).

En la década de 1980, a juicio de algunos críticos, la música popular brasileña empobreció y se volvió mediocre. No sé si tanto, pero lo cierto es que –junto a éxitos como la lambada– tuvo lugar una explotación comercial de la musica sertaneja (canciones tradicionales del mundo rural, una especie de country brasileño), generalmente interpretada por dúos, que proporcionó pingües beneficios a las discográficas y a las cadenas de radio y televisión; nacieron numerosos grupos de pagode (un nuevo estilo de samba surgido en Rio a finales de la década de 1970 y principios de la de 1980) que, salvo alguna que otra excepción –pienso en Zeca Pagodinho–, recurrían a los tópicos más conocidos y extendidos (bailarinas semidesnudas acompañándoles, mulatas normalmente), y hubo una breve explosión del funk que protagonizaron músicos procedentes de las clases más pobres sin, por desgracia, ninguna cultura musical. Así las cosas, los compositores e intérpretes de la música popular brasileña vieron cómo, más que disminuir, que también, su notoriedad se diluía en un mar de mediocridad. Por supuesto, estos prosiguieron su trayectoria y lanzaron grandes álbumes como Alibí (Maria Bethânia, 1978), Chico Buarque (Chico Buarque, 1978), Sentinela (Milton Nascimento, 1980), Cinema Transcendental, Outras palavras y Estrangeiro (Caetano Veloso, 1979, 1981 y 1989), Aquarela do Brasil (Gal Costa, 1980), Edu & Tom (Edu Lobo y Tom Jobim, 1981) o Passarim (Jobim, 1987), entre otros. Ahora bien, muchas de las canciones que en ellos se incluyen son versiones de melodías compuestas anteriormente y ya grabadas.

Llegados a este momento, la autoría de las últimas cinco canciones seleccionadas para este periodo que va de finales década de 1970 a principios de la de 1980 es de solo dos compositores, Antonio Carlos Jobim y Caetano Veloso, dos artistas en el más amplio sentido de la palabra que renovaron y transformaron para siempre, cada uno a su modo, la música popular brasileña. Del primero –recuerden que ahora hablamos de sus respectivas facetas como compositores, no como intérpretes–Falando de amor, una bossa nova de Jobim que forma parte de su álbum de 1980 Terra Brasilis, que escuchamos en un momento del concierto Ao Vivo em Montreal (1985), y Luíza, que compuso para la telenovela Brilhante en 1981 (esta un momento del DVD de 2002 Ela é Carioca).

Las tres canciones de Veloso –insisto en que como compositor, no como cantante– con las que finalmente me he quedado son Sampa (1978), precioso tema que apareció originalmente en el álbum de 1978 Muito (Dentro da Estrela Azulada), Terra, otra gran canción del mismo álbum, y Cajuina, del álbum Cinema Transcendental (1979). La versión que sigue de Sampa corresponde al DVD Caetano e Maria Gadú. Multishow ao vivo (2011). Sampa es un homenaje a la ciudad de São Paulo, ciudad natal de Maria Gadú. La de Terra en una actuación de Veloso que no sé de qué año es, si bien el vídeo fue comercializado por Universal Music en 2012. Lo mismo me sucede con la última, Cajuina, original del álbum Cinema Transcendental (1979), una de mis favoritas, en este vídeo comercializado por Universal Music en 2012. La escribió a raíz del suicidio de su compañero Torquato Neto, destacado poeta y letrista del tropicalismo, y sus versos relatan un encuentro con el padre de Torquato en Teresina, su ciudad natal, tiempo después. La cajuina es una bebida no alcohólica obtenida del cajú, fruto del anacardo.

Que les vaya bien (o lo mejor posible).

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2017/12/04/brasil-30-canciones-vi-y-ultima-26-30/