Kurt Weill y Lotte Lenya. 25 años de amor y música

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Por motivos que no vienen al caso, he estado repasando las entradas que publiqué en su día en mi extinto blog Música de Comedia y Cabaret sobre el cabaret berlinés en tiempos de la República de Weimar (1919-1933), así cuanto sobre él aparece en mi novela Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird).Leyéndolas, he advertido que el próximo sábado 3 se cumplen 71 años del fallecimiento de Kurt Weill y, lógicamente, del final de su matrimonio con Lotte Lenya. Y se me ha ocurrido rescatarla para A mi manera.

En 1925, cuando Berlín vivía en todo su esplendor los “felices años veinte” y era el centro de la modernidad, dos grandes nombres de la música de teatro y cabaret contraían matrimonio: Kurt Weill y Lotte Lenya. Duró este veinticinco años, hasta la muerte de Weill, si bien con un paréntesis desde finales de 1933, cuando se separaron estando exiliados en París, hasta 1935, cuando se reencontraron en EE UU y volvieron a casarse.

Kurt Weill (Dessau, 2 de marzo de 1900 – Nueva York, 3 de abril de 1950) nació en el seno de una familia judía. Siendo adolescente, comenzó a estudiar música con Albert Bing. Pronto empezó a componer y mostró una temprana predilección por la música vocal, que lo condujo al teatro musical. Se trasladó a Berlín a principios de la década de 1920 y se hizo un hueco en su vibrante escena cultural. En 1922 se integró en el Novembergruppe, grupo de artistas de izquierda de Berlín en el que figuraban, entre otros, el compositor de música clásica Hanns Eisler y el también compositor ligado a la Bauhaus y los dadaístas, Stefan Wolpe, quienes solían representar trabajos de compositores como Berg, Schönberg, Stravinsky o Krenek.

En cuanto a Lotte Lenya (18 de octubre de 1898, distrito de Penzing, Viena – 27 de noviembre de 1981, Nueva York), nacida en el seno de una familia de clase obrera, se crió en un ambiente de miseria, con un padre despótico y una madre incapaz de protegerse de él y de proteger a su hija. Según Donald Spoto (Lotte Lenya, 1990) para escapar de los maltratos de su padre, que llegó a violarla, y de la pobreza empezó en la prostitución a los 11 años. Pero luego marchó a Zúrich, donde estudió música, consiguiendo en 1914 un primer trabajo en el Schauspielhaus Zürich con el nombre artístico de Lotte Lenja. Y de Zúrich a Berlín en 1921. En la capital alemana se relacionó con el círculo de artistas que incluía a Kurt Weill y Bertolt Brecht tras conocer al primero en 1924 debido a la amistad que unía a ambos con el dramaturgo Georg Kaiser, con quien Weill había colaborado en su ópera de un solo acto Der Protagonist (1926).

El encuentro, parece ser, resultó más que satisfactorio y en 1925 contraían matrimonio. Este hecho resultaría decisivo en la orientación de la carrera de Lotte y, aunque en menor medida, de Weill, para quien su mujer se convirtió en su musa. El mismo Brecht escribió papeles especialmente pensados para ella en La ópera de cuatro cuartos Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, ambas con música de Weill.

Fue así que en 1928 protagonizó su primer gran papel haciendo de Jenny en Die Dreigroschenoper (La ópera de cuatro cuartos). La poderosa música de Weill combinada con el cinismo y la crítica social del libreto de Brecht produjeron una de las creaciones culturales más importantes de la Europa de entreguerras. De ella incluimos una secuencia –con subtítulos en español– de la película alemana de 1931 Die 3 Groschen-Oper (en la versión doblada al español La comedia de la vida), dirigida por Georg Wilhelm Pabst, con Lotte interpretando “Seeräuberjenny” (Pirata Jenny).

En marzo de 1930 se estrenó en Leipzig Aufstieg und Fall der Stadt Mahagonny (Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny). Simpatizantes del NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán), el partido nazi, boicotearon el estreno y a duras penas se consiguió finalizar la representación. Tras Leipzig, se presentó en Berlín en diciembre de 1931, con Lotte Lenya en el papel de Jenny Smith. A principios de 1933, cuando los nazis llegaron al poder, se prohibió. A Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny pertenece la canción “Rasch wuchs – Oh, Show Us the Way”, más conocida –por cantarse en inglés– como “Alabama Song” que suena el primer acto en interpretación de Jenny y las chicas, que han perdido su patria y no ven otra salida que venderse a los hombres de Mahagonny. La grabación que sigue es la que grabó Lenya en 1930 con The Three Admirals.

Tanto Lenya como Weill y Brecht huyeron del nazismo y se refugiaron en París. El matrimonio entre el compositor y la actriz y cantante estaba en crisis y pronto se divorciaron. Aun así, intervino –como Anna I– en Los siete pecados capitales (Die sieben Todsünden), un ballet satírico con libreto de Brecht con canciones y nueve escenas: prólogo, los siete pecados –“La pereza”, “La soberbia”, “La ira”, “La gula”, “La lujuria”, La avaricia” y “La envidia” (por este orden)– y epílogo, que se estrenó el 7 de junio de 1933 en el Théâtre des Champs-Élysées en París. El millonario Edward James financió la obra e incluyó una cláusula en el contrato por la que su mujer, la bailarina Tilly Losch, que según este tenía gran parecido con Lotte Lenya, debía aparecer en la obra. De este modo el personaje central Anna se dividió en dos: una contaba la historia y la otra la bailaba. La obra fue un fracaso de público y crítica y el mismo mes de junio se presentó en el Savoy Theatre de Londres con el título de Anna-Anna, en una traducción al inglés improvisada por la propia Lotte. Escuchamos la interpretación que del prólogo grabó Lenya en 1956, desgraciadamente en un vídeo con imagen fija de la portada del álbum que se editó en dicho año.

La obra de Weill era conocida en EE EU, aunque en ambientes reducidos del mundo musical. En 1933 se había estrenado en Broadway la versión en inglés de Die Dreigroschenoper con el título de The Threepenny Opera (de ahí muchas veces aparezca su título original traducido al español como La ópera de los tres centavos o de los tres peniques), que solo llegó a representarse trece veces. Ello no fue óbice para que siguiera colaborando y se estableciera definitivamente –junto a Lotte Lenya, convertida de nuevo en su esposa– en el país norteamericano en 1935. En 1936 Weill estrenaba, con libreto de Paul Green, Johnny Johnson, una sátira antibelicista ambientada en la Primera Guerra Mundial. Su música sonaba aún muy “alemana” y la obra se mantuvo en cartel durante 68 funciones. Veamos a Lotte interpretar –si bien en un vídeo de bastante mala calidad que recoge un momento del programa de televisión que grabó en Boston en 1966 con George Voskovec The World of Kurt Weill y se emitió en febrero de 1967– la canción de Johnny Johnson “Song of the Goddess”.

A principios de 1938, con el éxito musical de Knickerbocker Holiday, escrito por el dramaturgo Maxwell Anderson, Weill finalmente tuvo acceso a la escena teatral de los musicales de Broadway. Los otros dos grandes éxitos que Weill tuvo en Broadway fueron escritos durante la guerra: Lady in the Dark (1941), con letra de Ira Gershwin, y One Touch of Venus (1943, Venus era mujer), una comedia musical que alcanzo las 567 representaciones. En estos años, Lotte intervino en la ópera-oratorio de Weill The Eternal Road, estrenada en 1937 en la Manhattan Opera House (Nueva York); cantó en el club de moda neoyorkino Le Ruban Bleu; estrenó la obra de teatro de Maxwell Anderson Candle in the Wind (1941), grabó algunas canciones de su marido, colaboró con la emisora La Voz de América, creada en 1942 por la Oficina de Información de Guerra del Gobierno de Estados Unidos, y se retiró de los escenarios.

Kurt y Lotte trabajaron pocas veces juntos en EE UU. Otros eran los parámetros musicales y otros también los criterios por lo que se regía el mundo del espectáculo. Weill difícilmente podía componer para su esposa y su música era más “americana”, lo que no le quita un ápice de calidad. Vamos a comprobarlo en este vídeo con una muy bella canción: Speak low, de One Touch of Venus, en interpretación de Lenya, quien no formó parte del reparto original pero la grabó en 1957.

En 1950 fallecía Weill. Lotte accedió, a regañadientes, participar en un concierto homenaje del ayuntamiento de Nueva York. Aunque no confiaba demasiado en su talento, obtuvo un gran éxito. Un año después se casaba con el escritor y editor George Davis, quien la convenció para que encarnara a Jenny en una nueva producción de La ópera de cuatro cuartos, primero en concierto –con Leonard Bernstein (1952)– y después en Broadway (1954). Por su papel consiguió un premio Tony en 1956.

Durante las dos décadas que siguieron a la muerte de Weill, Lenya retomó, pues, su carrera internacional como cantante y actriz, dedicándose casi en exclusiva a interpretar la obra de Weill. Es a partir de los años 50 del siglo pasado, cuando Lotte empieza a aparecer en programas de televisión, que disponemos de algún vídeo más suyo interpretando las más celebradas canciones del que había sido su marido. Al mismo tiempo, graba diversos álbumes con estos y otros temas de Weill, incluyendo algunos de sus musicales completos.

Algunas de estas interpretaciones las hemos incluido ya. Vamos con unas pocas más. En los dos vídeos que siguen interpreta, en el primero “Bilbao Song”, de Happy End (1929), incluida en el álbum de 1955 Lotte Lenya sings Berlin Tehatre. En el segundo “September Song”, del musical compuesto por Kurt Weill con letra y argumento de Maxwell Anderson que dirigió Joshua Logan, Knickerbocker Holiday (1938). La grabación corresponde al álbum September Song and Other American Theatre Songs of Kurt Weill, grabado en 1967, que salió a la venta en febrero de 1958.

De 1965 este vídeo correspondiente a la serie de programas de televisión que presentaba Aaron Copland para la WGBH-TV de Boston, en el que Lotte interpreta “Havanna-Lied” y “Surabaya Johnny”. Lamentablemente la calidad deja mucho que desear, pero es un importante testimonio histórico.

Finalizo la entrada con otro vídeo con fotografías suyas, y con Weill y Brecht, para escuchar ese hermoso tango-habanera que es “Youkali”. Weill escribió la música para la obra de Jacques Deval Marie galante, que se estrenó en el Teatro Hébertot de París en 1934. Un año más tarde se rodaba una primera versión cinematográfica en Estados Unidos dirigida por Henry King. En un principio, “Youkali” era un tema instrumental para el que en 1935 Roger Fernay escribió la letra. La grabación pertenece a The Lotte Lenya Album (1970), que incluye grabaciones suyas de 1955 y 1957.

NOTA: Esta entrada fue publicada originalmente en Música de Comedia y Cabaret el 14 de mayo de 2017.

Estado, monarquía y república

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[El fin del Estado] es organizar la explotación más vasta del trabajo en provecho del capital que está concentrado en manos de un puñado; así, pues, es el triunfo del reino de la alta finanza, de la bancocracia bajo la protección poderosa del poder fiscal, burocrático y […] es, por consiguiente, especialmente despótico aun enmascarándose bajo el juego parlamentario del del pseudoconstitucionalismo. La producción capitalista contemporánea y las especulaciones de los bancos exigen, para su desenvolvimiento futuro y más completo, una centralización estatista enorme, que sería la única capaz de someter los millones de trabajadores a su explotación. La organización federal de abajo a arriba, de las asociaciones obreras, de grupos, de comunas, de cantones y, en fin, de regiones y pueblos, es la única condición para una libertad verdadera y no ficticia, pero que repugna a su convicción en el mismo grado que toda autonomía económica es incompatible con sus métodos. Al contrario, se entienden a maravilla con la llamada democracia representativa: porque esa nueva forma estatista, basada en la pretendida dominación de una pretendida voluntad del pueblo que se supone expresada por los pretendidos representantes del pueblo en las reuniones supuestamente populares, reúne en sí las dos condiciones principales para su progreso: la centralización estatista y la sumisión real del pueblo soberano a la minoría intelectual que lo gobierna, que pretende representarlo y que infaliblemente le explota. […]

Y lo mismo que la producción capitalista y la especulación de los bancos que, a fin de cuentas, devora esa producción misma deben, por temor a la bancarrota, ampliar sin cesar sus límites en detrimento de las especulaciones y producciones menos grandes, a las que engloban y aspiran a universalizarse, lo mismo el Estado moderno, militar por necesidad, lleva en sí la aspiración inevitable a convertirse en un Estado universal […]

[…] La diferencia esencial entre la monarquía y la república más democrática está en que, en la primera, la clase de burócratas oprime y saquea al pueblo para mayor provecho de los privilegiados y de las clases propietarias, así como de sus propios bolsillos en nombre del soberano, mientras que en la república oprimirá y robará al pueblo del mismo modo en provecho de los mismos bolsillos y de las mismas clases, pero ya en nombre de la voluntad del pueblo. En la república, el llamado pueblo, el pueblo legal, a quien se supone representado por el Estado, sofoca y sofocará siempre al pueblo viviente y real. Pero el pueblo no estará más aligerado si el palo que le pega lleva el nombre de palo del pueblo.

Mijaíl Bakunin: Estatismo y anarquía, 1873. Hay varias ediciones en castellano. La consultada por mí es la publicada por la editorial Orbis, Barcelona, 1984.

El apache argentino

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No es esta la primera vez que hablo de los apaches en el blog, entre otras cosas porque aparecen en mi novela El corto tiempo de las cerezas y alguna que otra entrada para promocionarla he publicado. Mas los apaches de mi novela no son los del pueblo indio norteamericano, sino los parisinos.

¿Es que había apaches en París? Por supuesto. Y además eran los ‘dueños’ de sus bajos fondos y de Montmartre por la noche. ¿Acaso no han escuchado nunca aquel one-step de 1929 que dice “Si vas a París, papá, cuidado con los apaches”? Si ya tiene cierta edad seguro que sí, por lo que es de suponer que, como me pasó a mí, se preguntara al oírlo por primera vez qué demonios hacían los apaches en París y por qué había que ir con cuidado con ellos, y en consecuencia sepa perfectamente que los apaches a que me refiero son esos nuevos tipos que surgieron en los bajos fondos de París a principios del siglo XX, que iban vestidos con anchas camisas o camisetas de rayas, gorra y pañuelo al cuello, armados de revólver o puñal, controlaban la prostitución y no había asunto turbio que escapara de sus manos.

Para ir a Montmartre de noche se debían tomar, pues, las debidas precauciones. Era territorio apache. En este ambiente –además de los sempiternos valses– otros bailes de moda, como el cakewalk o el tango, que no hacía mucho que se conocían en París y causaban auténtico furor, sobre todo entre los jóvenes, apareció uno nuevo: el baile apache, también conocido como tango apache, pues algo de parecido tenía con el tango argentino, tan en boga en Europa. El baile apache recreaba un encuentro entre una prostituta y un proxeneta, y en él no faltaban, además de las consabidas volteretas, los empujones, las supuestas bofetadas y los puñetazos, y terminaba arrojando al suelo a la mujer y arrastrándola o cargando con ella, que fingía estar inconsciente.

A pesar de su brutalidad, este baile –surgido de las clases populares– pronto atrajo a otros sectores más pudientes de la sociedad parisina y llegó a convertirse en una especie de reclamo turístico. Movidos por la enorme popularidad de que gozaba, los protagonistas del vídeo que encabeza la entrada –un montaje de un par de secuencias del cortometraje de 1934 Art Trouble–, dos jóvenes acaudalados que no quieren ir a París a estudiar arte como habían dispuesto sus padres y contratan a dos pintores (de casas) para que se hagan pasar por ellos, acuden una noche a un cabaret de Montmartre y… ya ven lo que le sucede al más ‘lanzado’ si han visionado el vídeo o, si no, ya lo verán cuando lo hagan.

Los protagonistas de Art Trouble no son argentinos. Sí lo es el compositor del tango (El apache argentino), cuya música he superpuesto sobre las imágenes: el porteño Juan D’Arienzo (1900-1976). Así pues, he juntado ambas cosas y el resultado, que espero les haya complacido, ha sido el que han visto, o pueden ver.