Historia del pueblo valenciano

HPV A

Un buen día tras el verano de 1987 –no recuerdo la fecha exacta– quedé para cenar con mi amigo Mario García Bonafé, por aquel entonces director de Publicaciones de la IVEI (Institució Valenciana d’Estudis i Investigació), algo que hacíamos con relativa frecuencia. Ese día me comentó que el diario Levante les había propuesto colaborar en un proyecto consistente en la elaboración de una obra divulgativa destinada al público en general, y también a estudiantes y entendidos, sobre la historia del País Valenciano, obra que se editaría en fascículos y se distribuiría conjuntamente con el periódico, para lo que contaban con el patrocinio de la Caja de Ahorros de Valencia. La colaboración consistía sobre todo en diseñar su contenido y cómo llevarlo a cabo. Les dijo que creía contar con la persona adecuada para dirigir y coordinar el proyecto y que esa persona era yo. Mi primera reacción fue de asombro. Era algo que no esperaba y dudé de ser capaz de hacer tal cosa. Mas cuando Mario me dijo que si no creyera que estaba suficientemente cualificado para el trabajo no hubiese propuesto mi nombre, se desvanecieron las dudas y me puse enseguida a la tarea. Tenía yo 32 años y me enfrentaba al mayor reto que había tenido hasta la fecha. Fue una decisión acertada, a resultas de la cual hice mía la máxima nunca digas no a algo que te apetezca hacer, nunca digas no sé, no puedo… Di no a aquello que carezca de interés para ti. Si lo tiene, adelante. Eso sí, sé consciente de que vas a dedicarte en cuerpo y alma, como suele decirse, a tal menester, que te va a absorber. Esa máxima la he seguido toda mi vida.

1. HPV 4

Noticia de la presentación de la ‘Historia del pueblo valenciano’ / ‘Levante-EMV’, 23 de septiembre de 1988.

No voy a entrar en detalles acerca del proceso de trabajo, que, por otra parte, se reflejan en los diversos recortes de prensa que acompañan este artículo. Sí respecto a nuestras intenciones, que se explicitan en el texto de Presentación de la obra y de la que extraigo las siguientes líneas:

“Con la intención de ofrecer a un público amplio y diverso un material que nos aleje de tópicas y ritualizadas visiones de nuestra historia, un equipo de profesionales de la misma –los autores y el equipo de dirección y coordinación–, conscientes de la importancia y del significado social del proyecto, nos pusimos a trabajar en la Historia del pueblo valenciano.

Cuál era esa historia y cuál nuestro origen fueron las cuestiones que nos llevaron a abarcar un amplio periodo cronológico que se retrotrae hasta el momento en que el hombre hizo su aparición en el actual territorio valenciano, ya que entendemos que nuestro pueblo tiene más de 750 años de antigüedad [el año de la publicación de la Historia… coincidía con el 750 aniversario de la conquista de Valencia por el rey Jaime I] y que nuestras raíces arrancan más allá de la fundación del antiguo reino. Nuestras tierras eran habitadas ya desde lo que denominamos prehistoria y, en ellas, íberos, romanos, visigodos o musulmanes, desarrollaron, en mayor o menor medida, sus culturas. Todavía sin ser “valencianos”, estos hombres y mujeres fueron, generación tras generación, la base humana con la que Jaime I, junto con las gentes llegadas con él de otras tierras de la Corona de Aragón, pudo edificar el nuevo reino. Durante siglos, los nuevos pobladores convivieron –no sin tensiones– con los antiguos habitantes, y fue precisamente durante estos siglos cuando se creó una ordenación jurídica propia que convertía a los valencianos en un pueblo diferenciado […].

Los valencianos, pues, poseemos una historia rica y plural. Es tal vez por ello que nuestra historiografía ha tenido un notable desarrollo. […].

[…] de una historia centrada en los grandes acontecimientos y los grandes protagonistas, de una historia de reyes y batallas, nuestra atención ha ido evolucionando hacia una historia preocupada por el estudio de las relaciones económicas y sociales, capaces de explicarnos los continuos procesos de cambio, y por el de esas masas anónimas, ignoradas durante tanto tiempo […].

No obstante, los actuales valencianos […] desconocemos en buena medida los orígenes y la evolución histórica de nuestra sociedad. A pesar de la gran cantidad de trabajos publicados […]. Muy probablemente, buena parte de culpa de esta situación la tengamos los mismos historiadores: preocupados por nuestra investigación, imbuidos en épocas más o menos remotas, hemos olvidado a menudo la importancia y la significación de que nuestro trabajo sea conocido fuera del marco académico, acercándonos así a aquella definición que Gramsci hacía de la historia en tanto que disciplina que “se refiere a los hombres, a tantos hombres como sea posible, a todos los hombres del mundo en cuanto se unen entre sí en sociedad, y trabajan, luchan y se mejoran a sí mismos”.

[…]

Desde el convencimiento de que es una noble e importante tarea divulgar la historia de los valencianos han nacido las casi mil páginas que componen la presente obra […]. Hemos intentado, sin renunciar a la erudición y al rigor que debe caracterizar toda disciplina científica, realizar una obra ágil, comprensible y manejable que con un tono divulgativo hiciera accesible las nuevas aportaciones y corrientes interpretativas que han configurado la general renovación historiográfica de las últimas décadas. La Historia del pueblo valenciano va dirigida a los profesionales y a los que no lo son, a aquellos que estudian historia y a los que se interesan por ella por muy diversos motivos, con el fin de ofrecer un instrumento que les permita conocer o ampliar, en un sentido global, el estado de nuestro acontecer histórico.

Este trabajo quiere ser la expresión de una voluntad de colaboración entre historiadores de distintas especialidades e, incluso, de diferentes enfoques de la realidad histórica valenciana. […] Así pues, la Historia del pueblo valenciano es el intento de hacer llegar a un público heterogéneo cómo ha ido evolucionando la sociedad valenciana […] tratando de reconstruir el pasado en toda su amplitud y en toda su complejidad desde las posibilidades que nos ofrece el estado actual de nuestra investigación histórica».

2. HPV 3

‘Levante-EMV’, 5 de octubre de 1988.

3. HPV 2

‘Levante-EMV’, 9 de octubre de 1988.

4. HPV 1

‘Levante-EMV’, 13 de octubre de 1988.

La Historia del pueblo valenciano se presentó el 23 de septiembre de 1988. Consta de 960 páginas, distribuida en 48 fascículos y encuadernables en 3 tomos. Colaboraron 72 profesionales de la historia, en su mayoría profesores universitarios, algunos de los cuales no hacía muchos años habían sido profesores míos, a los que pedí asesoramiento. Para las distintas áreas conté con tres coordinadores: Vicent Ribes (compañero de promoción que acabada de regresar de México, donde había impartido docencia en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Autónoma de Aguascalientes, y preparaba oposiciones para catedrático de instituto) y dos jóvenes recién licenciados y muy cualificados: Rafael Narbona (actualmente catedrático de Historia Medieval de la Universitat de València) y Manuel Chust (ahora catedrático de Historia Contemporánea en la Universitat Jaume I).

5. HPV 7

‘Levante-EMV’, 14 de octubre de 1988.

Confiábamos en que la obra tendría una buena acogida, pero nadie esperaba el éxito que llegó a alcanzar. La tirada media del diario era de unos 40.000 ejemplares. El domingo 1 de octubre, día que salió el primer fascículo, esta fue de 72.000. Se agotaron rápidamente y se imprimieron 100.000 más para atender la demanda. También se quedaron cortas las tiradas de los números dos y tres (122.000).

Hoy, más de 125.000 bibliotecas y hogares tienen en sus estanterías la Historia del pueblo valenciano, y todavía me encuentro con alguien –normalmente ya de cierta edad– que, hablando, si sale el tema a colación, me dice: ¡Ah! ¿Eso lo hiciste tú? Yo lo tengo en mi casa.

10. HPV 10 _ 2 juny 89

‘Levante-EMV’, 2 de junio de 1989.

11. HPV 11 _ 25 nov. 89

‘Levante-EMV’, 25 de noviembre de 1989.

12. HPV 0 _ 2 dic. 89

‘Levante-EMV’, 2 de diciembre de 1989.

Lucha de clases e industrialización

Lucha de clases e industrialización (2)Entre el 8 y el 13 de julio de 1873 los obreros de la ciudad de Alcoi protagonizaron la primera huelga general de carácter revolucionario que tuvo lugar en el Estado español, una insurrección que marcó no solo el devenir de la clase obrera local y de la Federación Regional Española de la Asociación Internacional de Trabajadores, sino que fue determinante en el fin de la Primera República. Popular-mente se la ha conocido siempre con el sobrenombre de El Petrolio, por ser el petróleo el líquido con que los insurrectos rociaron e incendiaron la casa consistorial y algunos inmuebles colindantes desde donde se ofrecía resistencia a los amotinados. Los sucesos del Petrolio se saldaron con la muerte de forma violenta del alcalde y de quince personas más, siete de los cuales eran guardias civiles y tres huelguistas. En los días inmediatos a la entrada del ejército en la ciudad se instruyó un sumario en el que fueron encausados entre 600 y 700 trabajadores, de los que 286 acabaron siendo procesados y muchos de ellos encarcelados, acusados de 110 delitos.

Los hechos del Petrolio fueron el objeto de investigación de mi tesis de licenciatura que dirigió mi buen amigo, lamentablemente ya fallecido (2002), Alfons Cucó. Alfons me recomendó hablar con Mario García Bonafé, quien gracias a ello se convertiría en otro gran amigo. Mario –con su cuñado, luego también amigo, Rafael Aracil– había trabajado sobre la industrialización valenciana, y la alcoyana en particular, y la clase obrera. Su ayuda fue esencial a la hora de abordar metodológicamente la investigación. Fue entonces cuando entre en contacto con la historiografía marxista británica promovida por el llamado grupo de historiadores del Partido Comunista de Gran Bretaña que propugnaba una “historia desde abajo”, especialmente con la obra de E.P. Thompson.

Partí, así, de la base de que el término clase obrera es un concepto moderno, propio de la sociedad que se origina con la industrialización capitalista. Es una categoría histórica que se define en su efectivo acontecer y que solo existe realmente en el momento histórico en que adquiere conciencia de sí misma como tal, cuando –como consecuencia de múltiples y diversas experiencias compartidas– se da cuenta de la identidad de sus intereses y de la oposición de estos respecto a la clase dominante. Las clases, pues, son formaciones históricas que surgen del propio proceso de la lucha de clases y su análisis es en realidad el análisis de la lucha de clases.

Cómo llegó el proletariado alcoyano a adquirir esa conciencia es el tema que analiza la tesis y el libro, para lo que se remonta a los inicios de la industrialización y la aparición del maquinismo y estudia las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera y su lucha desde las tempranas manifestaciones luditas (a partir de 1821) hasta la insurrección de julio 1873 (la conocida Revolución del petróleo, el Petroli).

Con John Foster

Con John Foster en 1988.

La tesis llevaba por título “El movimiento obrero alcoyano: de los orígenes a la Internacional (1821-1873)”. Resumida y abreviada se editó en 1980 con otro título aún más largo: Lucha de clases e industrialización. La formación de una conciencia de clase en una ciudad obrera del País Valencià (Alcoi: 1821-1873). El título he de reconocer que lo saqué del libro del historiador británico John Foster Class Struggle and the Industrial Revolution (Early Industrial Capitalism in three English Towns), publicado en Londres en 1974 (Methuen). Fue uno de los que Mario García Bonafé me recomendó leer y me fue muy útil. A Foster no le pareció mal; todo lo contrario.

El libro, de solo 136 páginas, tuvo una muy buena aceptación tanto académica como popular y se agotó la tirada. Hoy es un libro inencontrable, sobre todo porque la editorial, Almudín, hace tiempo que cerró. Pero, aunque siguiera estando activa y pudiera, por tanto, reeditar el libro, no daría mi consentimiento. Han pasado muchos años desde 1980, tanto para la monografía como para mí, y eso se trasluce en el libro. En la actualidad considero Lucha de clases una obra de juventud, de excesos y carencias. Eso sí, no renuncio a reeditarla algún día.

Estuve a punto de hacerlo en 2008, año en que se cumplían 135 años de la revolución del Petrolio. La reescribí por completo. Pero, hete aquí, que sucedió lo peor que le puede pasar a un autor: perder el manuscrito al dañarse el disco duro de mi ordenador y no tener copia de seguridad. Del borrador, por fortuna, sí tenía y me puse de nuevo manos a la obra. Sin embargo, por entonces mis inquietudes se orientaban más que nada hacia el campo de la novelística y decidí novelar los hechos, surgiendo de este modo El corto tiempo de las cerezas.

La idea de reeditarla –de reescribirla– persiste, no obstante. Me ofrecieron hacerlo hará tres o cuatro años en una de las colecciones de la Institució Alfons el Magnànim, de la Diputación de Valencia, pero uno no puede publicar un libro en una editorial institucional cuando es más que crítico con este tipo de iniciativas que enarbolan sin pudor la bandera de la meritocracia y amiguismo más descarados.

Se me ha ocurrido mientras escribía estas líneas buscar en internet alguna referencia del libro y me encuentro con esto: “Ahora el Círculo Industrial [de Alcoi], merecedor de la Medalla de Oro a juicio de la izquierda institucional, reedita el libro de Coloma [La Revolución Internacionalista Alcoyana de 1873 (El Petrolio), 1959]. De gran interés si se busca indagar en el franquismo sociológico más rancio. Un cuento de mártires y villanos. Pero si la intención fuese rescatar una investigación histórica, digna de tal nombre, publicarían la obra de Clara Lida, Anarquismo y Revolución en la España del XIX, o Lucha de clases e industrialización, de Cerdà. Lástima.” (Diego Fernández Vilaplana, profesor de Historia y Geografía del IES Nou Derramador de Ibi, “El Petrolio”, diario Información, 29 de mayo de 2018).

Pues nada, un motivo más para terminar de reescribir el libro y editarlo de nuevo. Perdón, de autoeditarlo.

Que pasen un buen día.

Arqueología industrial de Alcoi

AI_AlcoiEn 1978 –lo contaba en la entrada Mi trabajo como editor: el Servicio de Publicaciones de la Diputación de Valencia– yo era un recién licenciado que había regresado a Muro, mi pueblo natal. Allí iba tirando como podía –dando clases a maestros de valenciano en los cursos que organizaba el ICE (Institut de Ciències de l’Educació) o corrigiendo galeradas para la editorial Almudín– mientras elaboraba mi tesis de licenciatura sobre la clase obrera alcoyana (Alcoi está a solo diez kilómetros de Muro).

El director de la tesis era Alfons Cucó. Con él establecí una estrecha relación de amistad que duró hasta su temprano fallecimiento en 2002. Y, de su mano, nació también otra larga amistad con Mario García Bonafé. Alfons me aconsejó que me pusiera en contacto con él, pues con su cuñado, luego también amigo, Rafael Aracil, había trabajado sobre la industrialización valenciana, y la alcoyana en particular, y la clase obrera. Supongo que ambos valoraron positivamente mi inquietud por aprender y hacer cosas y me propusieron colaborar en un proyecto que tenían en mente: un trabajo de investigación, un trabajo de campo, mediante una disciplina llamada arqueología industrial, para estudiar el pasado industrial de Alcoi a través de los restos materiales conservados, independientemente de su estado de conservación.

Nunca había oído hablar de la arqueología industrial. Ellos me explicaron entonces –obviamente, con mucho más detalle, al tiempo que me prestaban algunos libros de lo que hasta el momento se había publicado acerca de la arqueología industrial– más o menos lo siguiente: “En 1962 era destruida una estación de ferrocarril británica –la Euston Station–, que contenía un pórtico dórico. Este hecho levantó corrientes de opinión de historiadores y científicos que, en poco tiempo, encontró un positivo eco popular a favor de la salvaguarda del patrimonio industrial británico. Ciudadanos con su cámara fotográfica en sus paseos, empresarios facilitando la entrada a sus fábricas y conservando sus restos, corporaciones locales patrocinando iniciativas, etc., posibilitaron la formación de un fondo susceptible de ser registrado e historiado. De este modo nacía una nueva disciplina, la arqueología industrial, la cual trataría de conocer mejor las condiciones históricas de la producción industrial a través de lo que ella ha engendrado: fábricas, máquinas, comunicaciones, residencias burguesas, barrios obreros, etc.”.

Este párrafo que entrecomillo figura en la contraportada del del libro Arqueología industrial de Alcoi, que recogía buena parte de los resultados del trabajo y fue editado por el Ayuntamiento de Alcoi en 1980. Gracias a la generosidad de Mario y Rafael, logré publicar mi primer libro (en coautoría con ellos, claro está). Y no un libro cualquiera sino, así se reconoce, “el primer libro que se publicó en España sobre arqueología industrial”. Con una amiga de Muro, Delia Ferrándiz, fotógrafa de profesión, recorrimos y documentamos viejas fábricas abandonadas o en ruinas, otras que conservaban procesos de producción en desuso, viviendas obreras, infraestructuras…, y hablamos con gente, con mucha gente, con quienes habían trabajado en aquellos lugares y con aquellas máquinas, quienes habían habitado aquellas viviendas que un coetáneo de la época describió como edificios que pretenden “llegar a los cielos cual otra Babel, con olvido punible de todas las prescripciones higiénicas”. Y, créanme, esta fue la experiencia más enriquecedora. Sus conocimientos fueron mucho más útiles que los obtenidos de la lectura de muchos libros.

Éramos –o eran Rafa y Mario; yo no pasaba de aprendiz– sabedores de las limitaciones del estudio. “Hasta el momento, la arqueología industrial ha sido en el Estado español una disciplina desconocida e ignorada. El presente trabajo pretende ser una primera aportación. Con pocos medios económicos y con las dificultades que supone abrir camino a un nuevo tema, hemos intentado rescatar el patrimonio industrial de Alcoi, primera ciudad que se industrializó en el País Valenciano y, por consiguiente, con interesante pasado industrial que, lamentablemente, no se ha conservado en buena parte. Somos conscientes de que los resultados no son lo apetecibles que debieran, pero, así y todo, nuestro intento –incompleto y desigual, tímido y precario–, aunque solo fuese por comenzar a llenar un hueco, podría estar sobradamente justificado”, se lee en el texto de la contraportada.

Así fue cómo descubrí la arqueología industrial y despertó mi interés hacia ella, interés que fue incrementándose hasta el punto de hacer de la arqueología industrial mi especialidad. La arqueología industrial tal como la entiendo ahora: la aplicación del método arqueológico –de algunas de sus técnicas siendo más preciso– al estudio de la cultura material del periodo industrial-capitalista. Para estudiar el pasado, los historiadores recurrimos a tres tipos de fuentes: escritas, materiales y orales, a las que habría que añadir las audiovisuales si limitamos las orales a los testimonios y tradiciones y la materialidad a los restos de carácter arqueológico. Cada una de ellas aporta una determinada información y se complementan entre ellas. Integrar las tres en el proceso de investigación ha sido siempre mi objetivo. Pero de todo ello ya hablaré en próximas entradas.

Que tengan un buen día.