Nunca se dirá bastante

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Sin título. Sarolta Bán (2011).

Nunca se dirá bastante que las actuales reivindicaciones del sindicalismo están condenadas al fracaso, y no tanto por la división y la dependencia de sus organismos reconocidos como por la indigencia de sus programas.

Nunca se dirá bastante a los trabajadores explotados que se trata de sus insustituibles vidas con las que podrían lo que quisiesen, de sus mejores años que transcurren sin ningún placer significativo, sin tomar las armas siquiera.

No hay que pedir que se afiance o que se eleve el ‘mínimo vital’, sino que se deje de mantener al mínimo la vida de las masas. No hay que pedir solo pan, sino también juegos. (…)

La cuestión a plantear no es la subida de los salarios, sino las condiciones que se imponen en Occidente a las personas.

Hay que negarse a luchar dentro del sistema para obtener concesiones de detalle que inmediatamente son cuestionadas o recuperadas en otra parte por el capitalismo. Debe plantearse radicalmente el problema de la supervivencia o destrucción del sistema.

No hay que hablar de acuerdos posibles, sino de realidades inaceptables. (…) La lucha social no deber ser burocrática, sino apasionada. (…) Nunca se dirá bastante.

Por la Internacional letrista: Michèle I. Bernstein, André-Frank Conord, Mohamed Dahou, G.-E. Debord, Jacques Fillon, Gil J. Wolman.

“El mínimo de la vida”. Potlach, 4 (13 de julio de 1954).

La música de Mayo del 68

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No es de la música que escuchaban aquellos jóvenes que protagonizaron la revolución cultural de 1968 –tanta y tan diversa que sobrepasaría con creces los límites de cualquiera de nuestra publicaciones– de la que nos ocupamos en esta entrada que completa la serie que dedicamos a Mayo del 68, sino de  canciones compuestas dicho año a raíz de los hechos que tuvieron lugar en Francia, en París especialmente, hechos que, por otra parte, son los que hemos tratado en esta serie. Por supuesto, 1968 fue mucho más y podríamos decir que hubo otros “mayos del 68”, pero de ellos –como anunciamos en la primera entrada– hablaremos en sucesivas entregas.

No obstante, empezamos con un tema de 1967, una canción de Georges Moustaki: Ma liberté. Mayo del 68 –lo comentábamos, aunque con otras palabras, a modo de conclusión en la última entrada: “Mayo del 68 (y 5): Bajo los adoquines no estaba la playa”– acabó siendo sobre todo el triunfo del “yo” y el fin del “nosotros”. Que no era eso lo que el movimiento pretendía, es obvio. Que fue su legado, malgré tout, también. “Mi libertad, has sido tú quien me ha ayudado a soltar amarras, para ir a no importa dónde, para llegar la final de los caminos del azar, para arrancar, soñando, una rosa de los vientos de algún rayo de luna.” ¿Mi? ¿La? No me refiero, naturalmente, a las notas musicales.

Una de las canciones que durante los días de la revuelta fue adoptada por la juventud como una especie de himno –no fue la única– es Il est 5 heures, Paris s’éveille (Son las cinco de la mañana, París despierta), de Jacques Dutronc, cantante de éxito que ya había conseguido un par de números uno en el ranking de canciones más escuchadas en Francia. Con letra de Jacques Lanzmann     –inspirada en una canción de 1802, Tableau de Paris à cinq heures du matin, de Marc-Antoine-Madeleine Désaugiers–, miles de gargantas corearon “París despierta, París despierta” durante las manifestaciones.

evariste-face-pochetteUno de aquellos jóvenes –dieciséis años cumplía el 11 de mayo– era el cantante y actor francés Renaud Séchan, quien escribió Crève Salope (Revienta cabrona, refiriéndose a la boca de su padre, es decir, a las palabras que salen de ella. “J’lui réponds: Ta gueule sale con, ça t’regarde pas! / Et j’ui ai dit: Crève salope!”), exposición de las ideas que movían la lucha generacional inspiradora del Mayo francés. “Venía de manifestarme en el Barrio. / Llego a casa cansado, agotado. / Mi padre me dice: buenas noches, chiquillo, ¿cómo te va? / Yo le respondí: ¡cierra la boca!, asqueroso gilipollas, no es asunto  tuyo. / Y le dije: ¡revienta cabrona! / Y le dije: ¡jódete carroña! / Y le dije: ¡jódete basura!”. Con parecidos términos se dirige a a su profesora de inglés o al director del instituto. Condenado a la guillotina “dije: ¡Revienta cabrona! / dije: ¡jódete carroña! / dije: ¡jódete cabrón!”. La cantó a capella cuando se ocupó la Sorbona y nunca ha sido registrada en disco.

Semejante es el mensaje de La révolution, un tema de Evariste, cantante, físico e investigador francés que grabó varios discos entre 1967 y 1975. “¿Qué haces en la calle criatura?”, pregunta el padre. “La Revolución”, “contra la sociedad de consumo”, “la Revolución”. Escuchamos Evariste con un coro formado por miembros del Comité Revolucionario de Agitación Cultural (Sorbona libre).

El 10 mayo –cuya noche pasaría a ser conocida como la de las barricadas– Léo Ferré cantaba en Mutualité pour la Fédération anarchiste por primera vez Les Anarchistes: “No hay más que uno entre cien y, sin embargo, existen; / la mayoría españoles, vaya a saber por qué. / Uno diría que en España no los comprenden / los anarquistas recibieron de todo: bofetadas y adoquines/ (…) / Tienen una bandera negra que se burla de la esperanza, / y la melancolía para avanzar en la vida, /cuchillos para cortar el pan de la amistad / y oxidadas armas para no olvidar / que solo hay uno entre cien y, sin embargo, existen, /y que se mantienen firmes, codo a codo, / dichosos y por ello siempre en pie: los anarquistas.”

La brutalidad con que las fuerzas de seguridad reprimieron a los manifestantes llevó a Claude Nougaro a componer Paris Mai. “La Consagración de la Primavera suena como una masacre, / pero cada día que pasa embellece mi voz. / Es posible que abrigue un Stravinski”.

Nougaro, ex legionario, no era precisamente un izquierdista ni un cantante comprometido, pero tampoco un insensible carente de empatía. La emisión de Paris Mai por radio y televisión fue prohibida.

Dominique Grange

Dominique Grange

 

El Comité Revolucionario de Agitación Cultural (CRAC) a que antes nos referíamos antes estaba integrado por artistas de todo tipo que apoyaban el movimiento. Una de las figuras más emblemáticas del mismo era Dominique Grange (Lyon, 1940), cuya voz fue una de las pocas que nadie consiguió acallar tras el fin de la rebelión. Pagó por ello, por supuesto; estuvo vetada en la radio y televisión francesas durante años y grabar sus temas se convirtió en una odisea. Esta sí fue, y sigue siéndolo, una cantante comprometida. Suya es la canción A bas l’état policier, cuyo disco se vendía en las manifestaciones a tres francos. Fue compuesta en las horas bajas del movimiento “pero –decía– estamos en París / Praga y México / y de Berlín a Tokio / millones gritando que / ¡Abajo el Estado policial”

Hubo más canciones, pero creemos que esta sucinta selección se ajusta bastante a lo que fue la “música de Mayo del 68”. Espero que ustedes opinen lo mismo. Que pasen un buen día.

Mayo del 68 (y 5): Bajo los adoquines no estaba la playa

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La historia, como la vida, nunca sucede ni como los que han vivido un momento dado hubieran deseado ni como los demás después desearíamos que hubiera sucedido. Decía uno de los eslóganes de Mayo del 68 que “bajo los adoquines, la playa” (Sous les pavès, la plage). Pero no, no estaba la playa, y si estaba –o está– no se levantaron los suficientes adoquines como para llegar hasta ella.

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Ni Mayo del 68 fue el principio de la imposición del “relativismo intelectual y moral” que, según Sarkozy, domina la sociedad desde entonces, ni la revolución fracasada o traicionada como otros afirman. No fue la revolución y nunca pareció que pudiera serlo (Hobsbawm), pues una revolución no podía ser protagonizada solamente por los estudiantes. Contrariamente a lo que se cree –dice Ignacio Ramonet– Mayo del 68 no fue una rebelión política, sino una revolución cultural. Su apariencia era política –jerga revolucionaria, consignas subversivas, barricadas, exhibición de iconos insurrectos (Lenin, Mao, Ho Chi Minh, Che Guevara)– y parecía responder al requerimiento de Marx de “transformar el mundo”. Pero en realidad respondía al postulado de Rimbaud de “cambiar la vida”. Sarkozy, que tanto abomina de Mayo del 68, no hubiera podido entonces –por su condición de divorciado casado con una divorciada y luego con una modelo (“una multidivorciada y simpática ninfómana”, como la define Ramonet)– ser siquiera candidato a la Presidencia de la República.

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Mayo del 68 fue también el fin de una manera de protestar contra las sempiternas injusticias que siempre han tenido que soportar las clases populares de todos los lugares del mundo en todos los momentos de la historia y el inicio de otro concepto de lo que la protesta significaba hasta entonces. Hasta que la clase obrera no se sumó a huelga general todo parecía ser una algarabía estudiantil más enérgica y violenta de lo habitual. Cuando los obreros se retiraron de la escena, Mayo del 68 encontró rápidamente el fin. Mayo del 68 fue el último gran acto en que la clase obrera, mediante la huelga general y, en cierta medida, la acción directa, puso en jaque el sistema imperante. La edad de oro del capitalismo, los años del boom económico y de la sociedad de consumo, parecía resquebrajarse ante el difícil equilibrio entre el aumento de la producción y la capacidad de los consumidores de absorberlo. De repente. Sin casi aviso previo. A los políticos les pilló en bragas (incluido el PCF, como hemos visto). Pero la clase obrera ya había sido derrotada con anterioridad, el propio sistema que los obreros habían aupado (el comunismo) mostraba que no había acabado con las clases sociales: el capital ya no estaba en manos privadas, pero sí en poder del Estado, unos poseían los resortes del poder y los otros seguían sometidos a estos.

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Mayo del 68 significó, pues, el fracaso de la tradicional huelga general en tanto que preludio de una nueva sociedad justa e igualitaria. Ni siquiera los trabajadores llegaron a plantearse seriamente un “cambio de sistema”. Las huelgas que acaecerían después, tanto en Francia como en el resto de Occidente, ya se limitarán únicamente a ser un instrumento para conseguir mejoras laborales. Nada más. Era imposible que los deseos de los trabajadores pudieran conjugarse con los de los estudiantes. Muchos de ellos eran hijos de obreros, que habían podido ir a la Universidad gracias al esfuerzo de sus padres.

Mayo del 68 fue sobre todo una lucha generacional que inició el camino de lo que luego se denominaría “nuevos movimientos sociales”. Cuestiones como el ecologismo –cuyas propuestas acabó abrazando Cohn-Bendit (en 2004 fue elegido diputado al Parlamento Europeo en representación de los verdes)– eran para los obreros cosa de pijos y poco más. Como el feminismo, el racismo o la libre sexualidad, como tantas otras cosas que estaban en el origen del movimiento. A partir de Mayo del 68 estas cuestiones se abordarán de manera diferente y se acomodarán al sistema: lo cuestionarán –!cómo no! – pero no considerarán imprescindible un cambio del mismo para desarrollar sus propuestas. La etnicidad o la otredad no son más que representaciones construidas a partir de una dialéctica de poder ya establecida, y el poder que sostiene el sistema capitalista no es otro que el económico.

Soyez realiste, demandez l’impossibleEl desmenuzamiento en migajas de un movimiento hasta entonces homogéneo –el movimiento obrero (el movimiento estudiantil lo que pretendía era emular sus grandes gestas)– se consolidó nada más acabar los hechos de Mayo. Comienza la época de los nuevos movimientos sociales  –ecologismo, feminismo, pacifismo, antirracismo…– y del acuerdo tácito entre gobiernos, sindicatos, empresarios y financieros de que el sistema capitalista es la única alternativa viable: o eso, o el comunismo practicado por la Unión Soviética. Hay que reformar este, sí, pero sin cuestionarlo, pues el sistema –ha demostrado que podía hacerlo– era capaz de satisfacer ampliamente las demandas de esos nuevos colectivos. Lo único que había que hacer es aceptar la realidad (el sistema). La violencia se volvía entonces gratuita, innecesaria, contraproducente. El mismo 1968 The Beatles lanzaban al mercado uno de sus grandes éxitos (Revolution). Su letra refleja ya el espíritu de la nueva época.

Dices que quieres una revolución.

Bueno, ya sabes

que todos queremos cambiar el mundo.

Me dices que eso es evolución.

Bueno, ya sabes

que todos queremos cambiar el mundo.

Pero cuando hablas de destrucción,

entérate de que no podrás contar conmigo.

¿La herencia del 68? “Sed realistas, pedid lo imposible” (Soyez realiste, demandez l’impossible). Me quedo con lo que decía el sociólogo esloveno Slavoj Žižek: “La verdadera utopía es la creencia de que el sistema mundial actual puede reproducirse de forma indefinida; la única forma de ser verdaderamente realistas es prever lo que, en las coordenadas de este sistema, no tiene más remedio que parecer imposible”.

Mayo del 68 (4): El poder está en la calle

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13-mayo

El lunes 13 París se llenaba de manifestantes. Entre la plaza de la República y la plaza Denfert-Rochereau –casi cinco kilómetros las separan, con el Sena de por medio– no cabía un alma. Sobre un millón de personas secundaron la llamada, al tiempo que nueve millones de trabajadores franceses se declaraban en huelga general. Ya no eran únicamente estudiantes quienes se manifestaban por las calles de París. Buen aniversario, mi general, gritaban, pues se cumplían diez años con De Gaulle al frente de la presidencia de la República francesa. Diez años es suficiente. Otros eran menos irónicos: De Gaulle asesino, De Gaulle al paredón. Gobierno popular reclamaban obreros y estudiantes. Mayores emocionados con el puño en alto cantaban La Internacional mezclados con los jóvenes, que coreaban Esto solo es el principio, continuemos la lucha; El poder está en la calle; Políticos, vuestros discursos nos importan un carajo. Soyez réalistes demandez l'impossibleResultaba incontable el número de banderas rojas y negras que ondeaban, así como el de pancartas con todo tipo de eslóganes, algunos tan ingeniosos como las pintadas que llenaban muchas fachadas y elementos del mobiliario urbano de clara inspiración situacionista: Seamos realistas, pidamos lo imposible; Prohibido prohibir; La imaginación al poder; Bajo los adoquines está la playa; No le pongas parches, la estructura está podrida; El patrón te necesita, tú no necesitas al patrón; El amor es un acto político: La verdad es revolucionaria. La presencia policial era esta vez prácticamente nula, si bien helicópteros del ejército sobrevolaban la ciudad. Los manifestantes iban prácticamente pegados unos a otros.

Asamblea de los trabajadores de la factoría de Renault de Boulogne Billancourt (14 de mayo).

Asamblea de los trabajadores de la factoría de Renault de Boulogne Billancourt (14 de mayo).

La gran manifestación del lunes 13 marcó un punto de inflexión en el desarrollo de los acontecimientos. El martes 14 los más de quince mil trabajadores de la constructora aeronáutica Sud Aviation, cerca de Nantes, ocuparon la factoría encerrando a los directores en sus despachos. Las plantas de Renault en Cleon, Flins, Le Mans y Boulogne Billancourt se declararon en huelga. El 15 los estudiantes se adueñaban otra vez de la Sorbona, reabierta desde el día 13, y tomaban el Teatro del Odéon. Ese día actuaba un ballet estadounidense. Más de cuatro mil jóvenes rodearon el teatro y, apenas terminada la representación, unos pocos abrieron las puertas de par en par. Rápidamente fue ocupado y pasó a convertirse en un lugar de mitin permanente, de encuentro de estudiantes, trabajadores y actores y de agitación política ininterrumpida.Le théâtre de l'Odéon, occupé par des étudiants et des artistes en mai 1968 Dos grandes banderas, una roja y otra negra, ondeaban en la fachada del teatro. Dentro, en la entrada, se veía una gran pancarta en la que ponía: En las actuales circunstancias, el Odéon está cerrado para los espectadores burgueses. El paro en París, Lyon y la Normandía industrial era absoluto el jueves 16. El 17 se unían a la huelga los controladores aéreos del aeropuerto de Orly y los trabajadores de la ORTF, la televisión francesa, y el 18 los del sector del carbón, el transporte público de París, los Ferrocarriles Nacionales, los astilleros, y el gas y la electricidad.

La irrupción de la clase obrera en escena cambió las cosas. Aunque en 1968 los salarios de los trabajadores franceses seguían estando a la alza, muchos de ellos tenían sueldos realmente bajos. El 25% de todos los trabajadores recibían menos de 500 francos al mes. Algunos de los no cualificados únicamente cobraban 400 francos mensuales. El desempleo era de medio millón de personas, en un periodo que era considerado como el boom de la posguerra.

36973978El Partido Comunista lanzó un manifiesto en el que señalaba que los acontecimientos maduraban rápidamente para terminar con el poder gaullista. El Comité director de la CGT declaró la huelga general indefinida, mientras que la Federación de la Izquierda Democrática y Socialista hacía también público un comunicado denunciando que el poder era incapaz de responder a los problemas del momento, por lo que exigía la inmediata dimisión del gobierno y la convocatoria de elecciones generales. Francia entera era un hervidero social. El lunes 21 se calculaba que había más de diez millones de huelguistas. El viernes 24 eran los agricultores de Nantes quienes mostraban su descontento bloqueando las carreteras de acceso a la ciudad. Se creó un Comité Central de Huelga que organizó la distribución de comida y gasolina, el control del tráfico y otras actividades de la vida diaria, apoderándose del ayuntamiento durante seis días y llegando a imprimir su propia moneda. Nantes comenzó a ser llamada “la ciudad de los trabajadores”. Nada funcionaba en las mayores ciudades, ni correos, ni teléfonos, ni metro, ni ferrocarriles, llegándose incluso en París a racionar la gasolina. La práctica totalidad de las universidades francesas estaban en poder de los estudiantes y los obreros ocupaban las fábricas.

Los bomberos intentan apagar el incendio de la Bolsa de París.

Los bomberos intentan apagar el incendio de la Bolsa de París.

Ante el cariz de la situación, el entonces presidente de la República, el general De Gaulle, intervino en la televisión el 24 para tratar de apaciguar los ánimos. Pero sus palabras se ahogan entre el griterío de 30.000 personas que marchaban hacia la Bastilla. La sede de la Bolsa –símbolo por excelencia del capitalismo– era atacada e incendiada, un acto que para el artista Jean Jacques Lebel significó el plus ultra de la realización social del happening.

En el Barrio Latino, en el que los trotskistas controlan la situación, la agitación iba in crescendo. Otros intentaron tomar los ministerios de Finanzas y de Justicia, acciones que impidieron grupos menos radicales. Cohn-Bendit se vio obligado a exiliarse esa misma noche. Según este, “si el 25 de mayo Paris se hubiera despertado para ver sus Ministerios más importantes ocupados, el gaullismo hubiera acabado de una vez”. Pero no fue así. Comenzaron entonces las divergencias en el seno del movimiento y las negociaciones con los sindicatos. Pompidou ofreció un aumento del 35% del salario mínimo y el 10% del conjunto de los salarios. El día 26 el Secretario General de la CGT (Confédération Générale du Travail) ratificó el acuerdo. El conflicto se convirtió de nuevo un tema estudiantil. El 28 dimitió el ministro de Educación y el día 30 De Gaulle disolvió la Asamblea. “Todo el pueblo francés debe implicarse para evitar que la existencia normal sea rota por aquellos elementos que intentar evitar que los estudiantes estudien y que los trabajadores trabajen”, declaró.

Taller popular.

Taller popular.

El 5 de junio únicamente una minoría de trabajadores seguía en huelga.  El jueves 6 el transporte público de París, el ferrocarril y la función pública reemprendían la actividad y la Federación de la Educación Nacional llamaba a sus afiliados a poner fin a la huelga, si bien el Sindicato Nacional de Enseñanza Secundaria decidía proseguirla. Veinticuatro horas después, el 7, los empleados de correos, telégrafos y teléfonos (PTT) regresaban a sus puestos de trabajo. Ese mismo día la factoría de la Renault en Flins era desalojada por la fuerza, aunque los enfrentamientos entre trabajadores y fuerzas de seguridad prosiguieron, no obstante, los días siguientes. Un estudiante de secundaria, Gilles Tautin, de diecisiete años, que formaba parte de una delegación de las juventudes comunistas marxistas-leninistas que había acudido a solidarizarse con los obreros, caía al Sena huyendo de la policía y moría ahogado. También en la factoría de la Peugeot en Sochaux, sus veinticinco mil empleados mantenían el paro y eran reprimidos por la CRS, falleciendo el día 11 dos trabajadores, Pierre Beylot y Henri Blanchet, el primero de bala, el segundo al caerse de un muro. Había, además, ciento cincuenta heridos. La CGT llamó a la huelga general para el día siguiente. Curiosamente, ese mismo día se retomaba el curso en los institutos de secundaria.

La campaña electoral había empezado, estaba prohibida cualquier manifestación en la calle mientras durase y se había ilegalizado varias organizaciones de izquierda: Juventud Comunista Revolucionaria, Voix ouvrière, la Federación de Estudiantes Revolucionarios, la Unión de Juventudes Comunistas Marxistas-leninistas, el Movimiento 22 de Marzo… Huelgas y acciones de protesta continuaron, cada vez menos numerosas, más aisladas. El 14 de junio la policía desalojaba el Odéon y dos días después la Sorbona. Todo se resquebrajaba. Cada día más trabajadores reprendían el trabajo, con mejores condiciones económicas, eso sí.

Militantes gaullistas se manifiestan el 30 de mayo en la avenida de los Campos Elíseos.

Militantes gaullistas se manifiestan el 30 de mayo en la avenida de los Campos Elíseos.

El 23 tenía lugar la primera vuelta de las elecciones. La participación alcanzó el ochenta por cien y la gaullista Unión de Demócratas por la República obtuvo el 43,65 por cien, la Federación de la Izquierda Democrática y Socialista de Mitterrand el 16,53 y el Partido Comunista el 20,02. El 24 finalizaban la huelga los operarios de la Citroën. Tres días después la Escuela de Bellas Artes, que seguía ocupada por los estudiantes, era desalojada violentamente por la policía. El 30 se celebró la segunda vuelta de las elecciones. De Gaulle ganó con el 60% de los votos.

Mayo del 68 (3): Prohibido prohibir

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cap8

El origen inmediato de los hechos de Mayo del 68 fue un conflicto estudiantil: el día 2 de mayo –cuando aún sonaban las voces de centenares de miles de personas que se habían manifestado el día antes, Primero de Mayo, en las principales ciudades francesas– los estudiantes ocuparon las aulas de la Universidad de Nanterre, a las afueras de París, un campus creado ex profeso para dar cabida al cada vez mayor número de jóvenes que, al amparo del boom económico, accedían a la Universidad. El número de estudiantes universitarios franceses al término de la Segunda Guerra Mundial era de menos de 100.000 y en 1960 ya estaba por encima de los 200.000 (en el curso de los diez años siguientes se triplicaría hasta llegar hasta los 651.000).

París: 1º de Mayo de 1968.

París: 1º de Mayo de 1968.

Ya con anterioridad a la ocupación de Nanterre habían tenido lugar en París otros actos de protesta. En noviembre de 1967 entre 10.000 y 12.000 estudiantes se declararon en huelga en repulsa contra la masificación que afectaba a la Universidad, y el 22 de marzo de 1968 ocho estudiantes irrumpieron en el decanato como forma de mostrar el malestar por la detención de seis compañeros del Comité Nacional de Vietnam. En ambos casos participó de forma activa un joven estudiante de sociología que poco después se convertiría en uno de los más significativos líderes de los hechos de mayo: Daniel Cohn-Bendit, entonces anarquista convencido. Asambleas, mítines y manifestaciones se sucedieron a lo largo de abril. Pero aquella ocupación del 2 de mayo se generalizó rápidamente, los estudiantes empezaron a concentrarse en la plaza de la Sorbona con los de Nanterre, las autoridades académicas se asustaron y acabó de manera distinta a todas las acciones que la habían precedido: la policía cerró las puertas de la Sorbona y detuvo a varios estudiantes. La Sorbona cerró (no lo había hecho antes excepto cuando los nazis ocuparon París en 1940).

Enfrentamientos con la policía en el Barrio Latino el 6 de mayo de 1968.

A partir de aquí, todo se acelera. El día 6 (conocido como el “lunes sangriento”) más de 5.000 estudiantes se dirigieron a la Sorbona exigiendo la liberación de sus compañeros.  El enfrentamiento con la policía no se hizo esperar. Unas veces, los policías conseguían hacer retroceder un centenar de metros a los manifestantes; otras, eran ellos los que retrocedían. El aire era irrespirable a causa de las granadas lacrimógenas. Su gas entraba incluso en los pocos cafés que estaban abiertos por debajo de las puertas, que se aprestaron a cerrar. Con la llegada de la noche el boulevard Saint-Germain, desde la plaza Maubert-Mutualité hasta Saint-Germain-des-Prés, se convirtió en el escenario de un enfrentamiento que la capital francesa no recordaba haber presenciado en mucho tiempo. Resultado: 422 detenidos y 345 policías heridos, según cifras oficiales.

Lo desmesurado de la represión no hizo sino aumentar la popularidad del movimiento estudiantil y su respaldo. Al día siguiente banderas rojinegras colgaban del Arco de Triunfo y la Internacional se escuchaba por las calles. Para esa tarde se convocó una gran manifestación por parte de la Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF), el Sindicato Nacional de Enseñantes y el Movimiento 22 de marzo para protestar por el cierre de la Sorbona, el comportamiento de la policía y las detenciones indiscriminadas de estudiantes. Sus tres representantes –Jacques Sauvageot, Alain Geismar y Daniel Cohn-Bendit– se convertirían en las cabezas visibles de la revuelta, que no en sus representantes, pues el movimiento hacía hincapié en la soberanía de las bases y se apoyaba en comités de acción locales que abarcaban desde los grupos de estudio y de las facultades a los comités de barrio. El Barrio Latino se encontraba en estado de sitio. Las barricadas fueron atacadas por la policía con gases lacrimógenos y granadas CS. La lucha duró toda la noche. Los obreros comenzaron a ver el movimiento como algo más que una algarabía estudiantil. La prensa hablaba de “miles de personas ayudando a construir barricadas… mujeres, obreros, contestatarios, gente en pijama, cadenas humanas llevaban piedras, madera, hierros…”.

Louis Aragon pasa el megáfono a Daniel Cohn-Bendit. Boulevard Saint-Michell, 9 de mayo.

Louis Aragon pasa el megáfono a Daniel Cohn-Bendit. Boulevard Saint-Michell, 9 de mayo.

El miércoles 8 el Partido Comunista se pronuncia a favor del movimiento que hasta entonces había considerado cosa de “hijos de la gran burguesía, despectivos hacia los estudiantes de origen obrero”. Ese día, y el siguiente, continuaron las manifestaciones y las asambleas. Los incidentes fueron escasos, los estudiantes ofrecían la imagen de estar perfectamente organizados y de poder controlar el movimiento. El gobierno, sorprendido por la evolución de los acontecimientos, optó por el silencio, como si nada hubiera pasado, creyendo –o deseando creer– que regresaba la “normalidad”. Los intentos de negociar la libertad de los detenidos fracasaron y el gobierno se negó a hablar con Cohn-Bendit. Una nueva movilización se fijó para la tarde del 10 de mayo.

El Barrio Latino la noche 10 de mayo.

El Barrio Latino la noche 10 de mayo.

La convocatoria del 10 de mayo fue un éxito. Anochecía y el Barrio Latino era un hervidero. En los alrededores de la Sorbona veinte mil estudiantes coreaban consignas contra De Gaulle, la policía, las autoridades académicas y a favor de la liberación de los detenidos. La zona estaba tomada por las fuerzas de seguridad. Se empezaron a levantar barricadas, que –como en 1830, 1848 o durante la Comuna– volvían a ser protagonistas. Tras ellas una multitud de descontentos, indignados, que no cesaba de protestar. A las diez y cuarto de la noche se levantó la primera barricada en la calle Le Goff. Se intentó negociar, pero sin resultado. Los estudiantes siguieron construyendo barricadas; se calculaba que pasada la media noche había más de cincuenta.

La policía en la madrugada del 10 de mayo en el Barrio Latino.

La policía en la madrugada del 10 de mayo en el Barrio Latino.

Sobre las dos de la madrugada la policía atacó con tanta o más ferocidad que el lunes. Los enfrentamientos de esa noche –que pasaría a ser conocida como la de las barricadas– superaron con creces los violentos choques del día 6. La radio retransmitía prácticamente en directo la batalla campal, especialmente Europa 1: los disparos de bombas lacrimógenas y balas de goma, el sordo ruido de los estallidos de los depósitos de gasolina de los coches, el lanzamiento de adoquines y cócteles molotov por parte de los manifestantes, sus quejidos tras resultar heridos y, sobre todo, la agresividad con que se empleaban los policías, agrediendo sin contemplación a cualquiera que encontraran a su paso; de su brutalidad no se libraban ni las mujeres embarazadas. Un periodista de Europa 1 refería que los policías maltrataban a los detenidos, arrestaban a los heridos de las camillas y seguían a los enfermeros hasta las casas particulares para hacer lo mismo con los lesionados que se hubieran refugiado en ellas. Tal fue la acometida que gran parte de los vecinos se solidarizó con los estudiantes echando agua a la calle para despejar la pesada y viscosa atmósfera y abriéndoles las puertas de sus casas. La lucha se prolongó hasta las cinco y media de la madrugada, momento en que la CRS consiguió despejar las barricadas, eso sí, tras haberse producido mil heridos y practicado casi quinientas detenciones.

En la mañana del sábado carros blindados empezaron a limpiar las barricadas en el Boulevard St. Germain, siendo increpados e insultados por la gente. Se convocó una huelga general para el lunes siguiente. El Partido Comunista lanzó un llamamiento a los trabajadores y al pueblo de Francia para una respuesta masiva a la represión. Cohn-Bendit había pedido por la radio la convocatoria de una huelga general. Venciendo o tratando de aparcar las suspicacias que sus dirigentes hacia el movimiento estudiantil, la CGT (Confederación General del Trabajo), la poderosa organización sindical procomunista, junto a la CFDT (Confederación Francesa Democrática del Trabajo), próxima al Partido Socialista Unificado, convocaban la huelga general para el lunes 13. El movimiento se extendía.

Mayo del 68 (2): Los tiempos están cambiando

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Xavier Miserachs 1968 ©

Como respuesta a esta nueva forma de vida surgida tras la Segunda Guerra Mundial y a una cultura cada vez más “oficial” (bendecida desde todas las instancias) nacen dos grandes movimientos contraculturales. Uno se articulará alrededor de la música sobre todo: el pop-rock, la psicodelia. El movimiento hippie buscará reemplazar la organización familiar tradicional, de rígidas normas de conducta, por una vida comunitaria, optando por una vestimenta informal y descuidada e incorporando el uso de las drogas como medio para liberarse de la realidad opresora. Su símbolo sería el festival de Woodstock (1969), en Vermont (EE UU). El otro gran movimiento buscará referentes políticos y tratará de adecuar las tradicionales posiciones de la izquierda revolucionaria a los nuevos tiempos, estando fuertemente marcado por ellas y por el antiimperialismo, el anticolonialismo y la lucha por acabar con las desigualdades. Estos jóvenes leían a Marx, a Marcuse, a Sartre… Su símbolo sería el Mayo del 68 francés.

La década de 1960 del siglo XX fue, pues, diferente a todas las anteriores y mostró al mundo que esa sociedad surgida del Estado de bienestar no era más justa e igualitaria que las anteriores, ni menos represiva. Los jóvenes se sentían descontentos con el presente que vivían, lleno de trabas y convencionalismos de todo tipo, y desconfiaban del futuro que les esperaba. El movimiento de crítica radical tuvo su máxima expresión en el Mayo del 68 francés, pero ese mismo año fue el que asesinaron a Martin Luther King y Robert F. Kennedy, tuvo lugar la invasión de Checoslovaquia y la matanza de la plaza de las Tres Culturas en México D.F. Estos acontecimientos reflejaban, pues, que los tiempos estaban cambiando, parafraseando la famosa canción de Bob Dylan (The Times They Are a-Changin’, 1964):

screen-shot-2013-10-11-at-12-13-29-amVengan padres y madres de alrededor de la tierra

y no critiquen lo que no pueden entender,

sus hijos e hijas están fuera de su control,

su viejo camino envejece rápidamente,

por favor, dejen paso al nuevo si no pueden echar una mano

porque los tiempos están cambiando.

El cambio fue, sobre todo, cultural. Por primera vez en la historia empieza a crearse una cultura específicamente juvenil, cada vez más potente, consecuencia del profundo cambio en la relación existente entre las distintas generaciones. La juventud pasa a ser ahora en un grupo social independiente, algo que nunca había sucedido, y será la protagonista indiscutible de radicalización política de los años sesenta. La juventud dejaba de ser un simple estado que anticipaba la edad adulta. “Espero morir antes de llegar a viejo”, decían The Who en My generation. Aquellos jóvenes creían –así habían visto que sucedía con sus padres– que a partir de los treinta años la vida se encorsetaba, se volvía monótona y acomodaticia, y expresaban en sus acciones la insatisfacción por vivir en una sociedad de consumo en la que todo era mercancía y espectáculo. No eran conscientes, sin embargo, que el auge de su cultura suponía un estupendo negocio. La juventud se convirtió, de este modo, en un importante sujeto de consumo en las economías de mercado desarrolladas. Así, lo que realmente definió el movimiento generalizado de protesta juvenil no fue tanto el fin de un sistema económico injusto (el sistema capitalista) como el abismo histórico que separaba a las nuevas generaciones de las anteriores en la manera de concebir la existencia.

CAP A

Liberación personal y liberación social irán ahora cogidas de la mano. Mas, como certeramente señaló Hobsbawm (Historia del siglo XX, 1994), lo que resulta más significativo de todo este movimiento de contestación juvenil “es que este rechazo no se hiciera en nombre de otras pautas de ordenación social (…) sino en nombre de la ilimitada autonomía del deseo individual, con lo que se partía de la premisa de un mundo de un individualismo egocéntrico llevado hasta el límite. Paradójicamente, quienes se rebelaban contra las convenciones y las restricciones partían de la misma premisa en que se basaba la sociedad de consumo, o por lo menos de las mismas motivaciones psicológicas que quienes vendían productos de consumo y servicios habían descubierto que eran más eficaces para la venta”.

Lo que en definitiva ocurrió el mes de mayo de 1968, como ha explicado Edgar Morin (“Complejidad y ambigüedad”, Debats, núm. 21), fue que se dio una especie de conexión fuerte entre las aspiraciones juveniles, por una parte, y las aspiraciones a la vez libertarias y comunitarias de los movimientos revolucionarios marginales, por otra, una coincidencia de aspiraciones que ya se había manifestado anteriormente en el hervidero cultural californiano y, más en general, en los Estados Unidos. De hecho, hasta que la clase obrera no se sumó a la contestación, el sistema no vio peligro alguno en los hechos de Mayo del 68.

 

Mayo del 68 (1): La década dorada

Galería

Iniciamos con esta la primera de una serie de nueve entradas sobre los hechos de Mayo del 1968. Las dos primeras pretenden contextualizar los sucesos propiamente conocidos como Mayo del 68, que explicaremos en las tres siguientes. A estas cinco, añadiremos una sobre la música de Mayo del 68 y tres más, que hemos titulado “Los otros Mayos del 68”, en las que analizaremos lo sucedido en la antigua Checoslovaquia, Estados Unidos y México, contestaciones que parten del mismo contexto y que completan ese convulso año. El resto las iremos publicando en las próximas semanas.

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“¿Qué es lo que hace que las casas de hoy sean tan diferentes, tan atractivas?” (1956). Richard Hamilton.

Tanto la década de 1960 como la precedente de 1950 se caracterizaron por un acelerado crecimiento económico (el mayor del siglo) de los países norteamericanos y europeos, una expansión industrial capitaneada por los Estados Unidos –país que durante la Segunda Guerra Mundial no había sufrido daños en su infraestructura industrial, urbana, de transportes y comunicaciones– y basada en el enorme potencial de la tecnología americana (made in America) y la pujanza militar de la ya primera nación del mundo. Este boom económico y la aplicación de la revolución tecnológica iniciada durante la guerra a las necesidades de las personas transformaron por completo la vida cotidiana en los países ricos (y en menor medida también en los pobres).

50s-familyA nivel social, el crecimiento económico conllevó un importante aumento del consumo por amplios sectores de la población. Surgió una nueva forma de vida: el American way of life se convirtió en un modelo para el resto del mundo que tenía su traslación europea en el denominado Estado de bienestar.

El modelo se fue generalizando cada día con más fuerza entre las clases medias, contribuyendo a su difusión el hecho que la información comenzase ahora a llegar a todos. En 1947 se había inventado el transistor y, poco después, la televisión empezaba a implantarse en los países desarrollados.

 Las casas comenzaron a llenarse de electrodomésticos. Los transportes experimentaron una segunda revolución con la producción masiva de coches utilitarios. En estas décadas la producción de automóviles y de objetos para el hogar se triplicó. El turismo dejaba de ser algo reservado únicamente a los más pudientes. Nacía la sociedad de consumo.

Cold-war-flagNo obstante, este momento fue también el del comienzo de la Guerra Fría (competencia entre dos potencies con distintas ideologías políticas: EEUU y la URSS), con la consiguiente rivalidad en armamento nuclear y en la carrera espacial, y el de la escalada de nuevos conflictos bélicos: guerra de Corea, rebelión mau-mau en Kenia, operación militar estadounidense en Indonesia, inicio del movimiento a favor de la independencia de Argelia, guerra del Vietnam…

Por otro lado, ese ascenso del consumo no fue acompañado de un mayor nivel de libertades civiles. En Estados Unidos, por ejemplo, se seguía considerando la homosexualidad una enfermedad que podía curarse ¡con la lobotomía!, al tiempo que el racismo seguía estando a la orden del día. La aparente “homogeneidad” norteamericana tenía enormes desigualdades sociales (y raciales).

Lobotomía. Fotografía: Walter Freeman (16 de diciembre de 1960)

Lobotomía. Fotografía: Walter Freeman (16 de diciembre de 1960)

No es de extrañar, pues, que la generación beat tuviera su origen en Estados Unidos ni que fuera en ese mismo país donde el movimiento estudiantil comenzara sus protestas de forma cada vez más contundente (California). Y, al igual que se había difundido el American way of life, se difundían ahora los síntomas de descontento hacia una sociedad que se mostraba cada día más competitiva, individualista y faltada de solidaridad. La insatisfacción permanente caracterizó a las nuevas generaciones que veían que esa sociedad de aparente bienestar no dejaba al ser humano desarrollarse libremente –“El hombre no es otra cosa que lo que él se hace”, había dicho Sartre en 1946– ni era capaz de acabar con los conflictos bélicos, la escalada armamentística, o las desigualdades de todo tipo (económicas, de raza, de género…).

Las muestras de disconformidad y descontento hacia la nueva sociedad vinieron de la mano de los jóvenes. La juventud irrumpía por primera vez como sujeto histórico, accediendo a ese Estado de bienestar como consumidor y, por tanto, como protagonista. “El descontento de los jóvenes no era menguado por la conciencia de estar viviendo unos tiempos que habían mejorado asombrosamente, mucho mejores de lo que sus padres jamás creyeron que llegarían a ver. Los nuevos tiempos eran los únicos que los jóvenes universitarios conocían (…) La explosión de descontento estudiantil se produjo en el momento culminante de la gran expansión mundial, porque estaba dirigido, aunque fuese vaga y ciegamente, contra lo que los estudiantes veían como característico de esa sociedad, no contra el hecho que la sociedad anterior no hubiera mejorado lo bastante las cosas. Paradójicamente, el hecho de que el impulso del nuevo radicalismo procediese de grupos no afectados por el descontento económico estimuló incluso a los grupos acostumbrados a movilizarse por motivos económicos a descubrir que, al fin y al cabo, podían pedir a la sociedad mucho más de lo que habían imaginado”. (Hobsbawm: Historia del siglo XX, 1994).