La música de Mayo del 68

Galería

cap3

No es de la música que escuchaban aquellos jóvenes que protagonizaron la revolución cultural de 1968 –tanta y tan diversa que sobrepasaría con creces los límites de cualquiera de nuestra publicaciones– de la que nos ocupamos en esta entrada que completa la serie que dedicamos a Mayo del 68, sino de  canciones compuestas dicho año a raíz de los hechos que tuvieron lugar en Francia, en París especialmente, hechos que, por otra parte, son los que hemos tratado en esta serie. Por supuesto, 1968 fue mucho más y podríamos decir que hubo otros “mayos del 68”, pero de ellos –como anunciamos en la primera entrada– hablaremos en sucesivas entregas.

No obstante, empezamos con un tema de 1967, una canción de Georges Moustaki: Ma liberté. Mayo del 68 –lo comentábamos, aunque con otras palabras, a modo de conclusión en la última entrada: “Mayo del 68 (y 5): Bajo los adoquines no estaba la playa”– acabó siendo sobre todo el triunfo del “yo” y el fin del “nosotros”. Que no era eso lo que el movimiento pretendía, es obvio. Que fue su legado, malgré tout, también. “Mi libertad, has sido tú quien me ha ayudado a soltar amarras, para ir a no importa dónde, para llegar la final de los caminos del azar, para arrancar, soñando, una rosa de los vientos de algún rayo de luna.” ¿Mi? ¿La? No me refiero, naturalmente, a las notas musicales.

Una de las canciones que durante los días de la revuelta fue adoptada por la juventud como una especie de himno –no fue la única– es Il est 5 heures, Paris s’éveille (Son las cinco de la mañana, París despierta), de Jacques Dutronc, cantante de éxito que ya había conseguido un par de números uno en el ranking de canciones más escuchadas en Francia. Con letra de Jacques Lanzmann     –inspirada en una canción de 1802, Tableau de Paris à cinq heures du matin, de Marc-Antoine-Madeleine Désaugiers–, miles de gargantas corearon “París despierta, París despierta” durante las manifestaciones.

evariste-face-pochetteUno de aquellos jóvenes –dieciséis años cumplía el 11 de mayo– era el cantante y actor francés Renaud Séchan, quien escribió Crève Salope (Revienta cabrona, refiriéndose a la boca de su padre, es decir, a las palabras que salen de ella. “J’lui réponds: Ta gueule sale con, ça t’regarde pas! / Et j’ui ai dit: Crève salope!”), exposición de las ideas que movían la lucha generacional inspiradora del Mayo francés. “Venía de manifestarme en el Barrio. / Llego a casa cansado, agotado. / Mi padre me dice: buenas noches, chiquillo, ¿cómo te va? / Yo le respondí: ¡cierra la boca!, asqueroso gilipollas, no es asunto  tuyo. / Y le dije: ¡revienta cabrona! / Y le dije: ¡jódete carroña! / Y le dije: ¡jódete basura!”. Con parecidos términos se dirige a a su profesora de inglés o al director del instituto. Condenado a la guillotina “dije: ¡Revienta cabrona! / dije: ¡jódete carroña! / dije: ¡jódete cabrón!”. La cantó a capella cuando se ocupó la Sorbona y nunca ha sido registrada en disco.

Semejante es el mensaje de La révolution, un tema de Evariste, cantante, físico e investigador francés que grabó varios discos entre 1967 y 1975. “¿Qué haces en la calle criatura?”, pregunta el padre. “La Revolución”, “contra la sociedad de consumo”, “la Revolución”. Escuchamos Evariste con un coro formado por miembros del Comité Revolucionario de Agitación Cultural (Sorbona libre).

El 10 mayo –cuya noche pasaría a ser conocida como la de las barricadas– Léo Ferré cantaba en Mutualité pour la Fédération anarchiste por primera vez Les Anarchistes: “No hay más que uno entre cien y, sin embargo, existen; / la mayoría españoles, vaya a saber por qué. / Uno diría que en España no los comprenden / los anarquistas recibieron de todo: bofetadas y adoquines/ (…) / Tienen una bandera negra que se burla de la esperanza, / y la melancolía para avanzar en la vida, /cuchillos para cortar el pan de la amistad / y oxidadas armas para no olvidar / que solo hay uno entre cien y, sin embargo, existen, /y que se mantienen firmes, codo a codo, / dichosos y por ello siempre en pie: los anarquistas.”

La brutalidad con que las fuerzas de seguridad reprimieron a los manifestantes llevó a Claude Nougaro a componer Paris Mai. “La Consagración de la Primavera suena como una masacre, / pero cada día que pasa embellece mi voz. / Es posible que abrigue un Stravinski”.

Nougaro, ex legionario, no era precisamente un izquierdista ni un cantante comprometido, pero tampoco un insensible carente de empatía. La emisión de Paris Mai por radio y televisión fue prohibida.

Dominique Grange

Dominique Grange

 

El Comité Revolucionario de Agitación Cultural (CRAC) a que antes nos referíamos antes estaba integrado por artistas de todo tipo que apoyaban el movimiento. Una de las figuras más emblemáticas del mismo era Dominique Grange (Lyon, 1940), cuya voz fue una de las pocas que nadie consiguió acallar tras el fin de la rebelión. Pagó por ello, por supuesto; estuvo vetada en la radio y televisión francesas durante años y grabar sus temas se convirtió en una odisea. Esta sí fue, y sigue siéndolo, una cantante comprometida. Suya es la canción A bas l’état policier, cuyo disco se vendía en las manifestaciones a tres francos. Fue compuesta en las horas bajas del movimiento “pero –decía– estamos en París / Praga y México / y de Berlín a Tokio / millones gritando que / ¡Abajo el Estado policial”

Hubo más canciones, pero creemos que esta sucinta selección se ajusta bastante a lo que fue la “música de Mayo del 68”. Espero que ustedes opinen lo mismo. Que pasen un buen día.

Mayo del 68 (y 5): Bajo los adoquines no estaba la playa

Galería

cap-1

La historia, como la vida, nunca sucede ni como los que han vivido un momento dado hubieran deseado ni como los demás después desearíamos que hubiera sucedido. Decía uno de los eslóganes de Mayo del 68 que “bajo los adoquines, la playa” (Sous les pavès, la plage). Pero no, no estaba la playa, y si estaba –o está– no se levantaron los suficientes adoquines como para llegar hasta ella.

tumblr_l13jimngTJ1qahhqf

Ni Mayo del 68 fue el principio de la imposición del “relativismo intelectual y moral” que, según Sarkozy, domina la sociedad desde entonces, ni la revolución fracasada o traicionada como otros afirman. No fue la revolución y nunca pareció que pudiera serlo (Hobsbawm), pues una revolución no podía ser protagonizada solamente por los estudiantes. Contrariamente a lo que se cree –dice Ignacio Ramonet– Mayo del 68 no fue una rebelión política, sino una revolución cultural. Su apariencia era política –jerga revolucionaria, consignas subversivas, barricadas, exhibición de iconos insurrectos (Lenin, Mao, Ho Chi Minh, Che Guevara)– y parecía responder al requerimiento de Marx de “transformar el mundo”. Pero en realidad respondía al postulado de Rimbaud de “cambiar la vida”. Sarkozy, que tanto abomina de Mayo del 68, no hubiera podido entonces –por su condición de divorciado casado con una divorciada y luego con una modelo (“una multidivorciada y simpática ninfómana”, como la define Ramonet)– ser siquiera candidato a la Presidencia de la República.

ne-travaillez-jamais

Mayo del 68 fue también el fin de una manera de protestar contra las sempiternas injusticias que siempre han tenido que soportar las clases populares de todos los lugares del mundo en todos los momentos de la historia y el inicio de otro concepto de lo que la protesta significaba hasta entonces. Hasta que la clase obrera no se sumó a huelga general todo parecía ser una algarabía estudiantil más enérgica y violenta de lo habitual. Cuando los obreros se retiraron de la escena, Mayo del 68 encontró rápidamente el fin. Mayo del 68 fue el último gran acto en que la clase obrera, mediante la huelga general y, en cierta medida, la acción directa, puso en jaque el sistema imperante. La edad de oro del capitalismo, los años del boom económico y de la sociedad de consumo, parecía resquebrajarse ante el difícil equilibrio entre el aumento de la producción y la capacidad de los consumidores de absorberlo. De repente. Sin casi aviso previo. A los políticos les pilló en bragas (incluido el PCF, como hemos visto). Pero la clase obrera ya había sido derrotada con anterioridad, el propio sistema que los obreros habían aupado (el comunismo) mostraba que no había acabado con las clases sociales: el capital ya no estaba en manos privadas, pero sí en poder del Estado, unos poseían los resortes del poder y los otros seguían sometidos a estos.

graffiti-mayo-1968

Mayo del 68 significó, pues, el fracaso de la tradicional huelga general en tanto que preludio de una nueva sociedad justa e igualitaria. Ni siquiera los trabajadores llegaron a plantearse seriamente un “cambio de sistema”. Las huelgas que acaecerían después, tanto en Francia como en el resto de Occidente, ya se limitarán únicamente a ser un instrumento para conseguir mejoras laborales. Nada más. Era imposible que los deseos de los trabajadores pudieran conjugarse con los de los estudiantes. Muchos de ellos eran hijos de obreros, que habían podido ir a la Universidad gracias al esfuerzo de sus padres.

Mayo del 68 fue sobre todo una lucha generacional que inició el camino de lo que luego se denominaría “nuevos movimientos sociales”. Cuestiones como el ecologismo –cuyas propuestas acabó abrazando Cohn-Bendit (en 2004 fue elegido diputado al Parlamento Europeo en representación de los verdes)– eran para los obreros cosa de pijos y poco más. Como el feminismo, el racismo o la libre sexualidad, como tantas otras cosas que estaban en el origen del movimiento. A partir de Mayo del 68 estas cuestiones se abordarán de manera diferente y se acomodarán al sistema: lo cuestionarán –!cómo no! – pero no considerarán imprescindible un cambio del mismo para desarrollar sus propuestas. La etnicidad o la otredad no son más que representaciones construidas a partir de una dialéctica de poder ya establecida, y el poder que sostiene el sistema capitalista no es otro que el económico.

Soyez realiste, demandez l’impossibleEl desmenuzamiento en migajas de un movimiento hasta entonces homogéneo –el movimiento obrero (el movimiento estudiantil lo que pretendía era emular sus grandes gestas)– se consolidó nada más acabar los hechos de Mayo. Comienza la época de los nuevos movimientos sociales  –ecologismo, feminismo, pacifismo, antirracismo…– y del acuerdo tácito entre gobiernos, sindicatos, empresarios y financieros de que el sistema capitalista es la única alternativa viable: o eso, o el comunismo practicado por la Unión Soviética. Hay que reformar este, sí, pero sin cuestionarlo, pues el sistema –ha demostrado que podía hacerlo– era capaz de satisfacer ampliamente las demandas de esos nuevos colectivos. Lo único que había que hacer es aceptar la realidad (el sistema). La violencia se volvía entonces gratuita, innecesaria, contraproducente. El mismo 1968 The Beatles lanzaban al mercado uno de sus grandes éxitos (Revolution). Su letra refleja ya el espíritu de la nueva época.

Dices que quieres una revolución.

Bueno, ya sabes

que todos queremos cambiar el mundo.

Me dices que eso es evolución.

Bueno, ya sabes

que todos queremos cambiar el mundo.

Pero cuando hablas de destrucción,

entérate de que no podrás contar conmigo.

¿La herencia del 68? “Sed realistas, pedid lo imposible” (Soyez realiste, demandez l’impossible). Me quedo con lo que decía el sociólogo esloveno Slavoj Žižek: “La verdadera utopía es la creencia de que el sistema mundial actual puede reproducirse de forma indefinida; la única forma de ser verdaderamente realistas es prever lo que, en las coordenadas de este sistema, no tiene más remedio que parecer imposible”.

Mayo del 68 (4): El poder está en la calle

Galería

13-mayo

El lunes 13 París se llenaba de manifestantes. Entre la plaza de la República y la plaza Denfert-Rochereau –casi cinco kilómetros las separan, con el Sena de por medio– no cabía un alma. Sobre un millón de personas secundaron la llamada, al tiempo que nueve millones de trabajadores franceses se declaraban en huelga general. Ya no eran únicamente estudiantes quienes se manifestaban por las calles de París. Buen aniversario, mi general, gritaban, pues se cumplían diez años con De Gaulle al frente de la presidencia de la República francesa. Diez años es suficiente. Otros eran menos irónicos: De Gaulle asesino, De Gaulle al paredón. Gobierno popular reclamaban obreros y estudiantes. Mayores emocionados con el puño en alto cantaban La Internacional mezclados con los jóvenes, que coreaban Esto solo es el principio, continuemos la lucha; El poder está en la calle; Políticos, vuestros discursos nos importan un carajo. Soyez réalistes demandez l'impossibleResultaba incontable el número de banderas rojas y negras que ondeaban, así como el de pancartas con todo tipo de eslóganes, algunos tan ingeniosos como las pintadas que llenaban muchas fachadas y elementos del mobiliario urbano de clara inspiración situacionista: Seamos realistas, pidamos lo imposible; Prohibido prohibir; La imaginación al poder; Bajo los adoquines está la playa; No le pongas parches, la estructura está podrida; El patrón te necesita, tú no necesitas al patrón; El amor es un acto político: La verdad es revolucionaria. La presencia policial era esta vez prácticamente nula, si bien helicópteros del ejército sobrevolaban la ciudad. Los manifestantes iban prácticamente pegados unos a otros.

Asamblea de los trabajadores de la factoría de Renault de Boulogne Billancourt (14 de mayo).

Asamblea de los trabajadores de la factoría de Renault de Boulogne Billancourt (14 de mayo).

La gran manifestación del lunes 13 marcó un punto de inflexión en el desarrollo de los acontecimientos. El martes 14 los más de quince mil trabajadores de la constructora aeronáutica Sud Aviation, cerca de Nantes, ocuparon la factoría encerrando a los directores en sus despachos. Las plantas de Renault en Cleon, Flins, Le Mans y Boulogne Billancourt se declararon en huelga. El 15 los estudiantes se adueñaban otra vez de la Sorbona, reabierta desde el día 13, y tomaban el Teatro del Odéon. Ese día actuaba un ballet estadounidense. Más de cuatro mil jóvenes rodearon el teatro y, apenas terminada la representación, unos pocos abrieron las puertas de par en par. Rápidamente fue ocupado y pasó a convertirse en un lugar de mitin permanente, de encuentro de estudiantes, trabajadores y actores y de agitación política ininterrumpida.Le théâtre de l'Odéon, occupé par des étudiants et des artistes en mai 1968 Dos grandes banderas, una roja y otra negra, ondeaban en la fachada del teatro. Dentro, en la entrada, se veía una gran pancarta en la que ponía: En las actuales circunstancias, el Odéon está cerrado para los espectadores burgueses. El paro en París, Lyon y la Normandía industrial era absoluto el jueves 16. El 17 se unían a la huelga los controladores aéreos del aeropuerto de Orly y los trabajadores de la ORTF, la televisión francesa, y el 18 los del sector del carbón, el transporte público de París, los Ferrocarriles Nacionales, los astilleros, y el gas y la electricidad.

La irrupción de la clase obrera en escena cambió las cosas. Aunque en 1968 los salarios de los trabajadores franceses seguían estando a la alza, muchos de ellos tenían sueldos realmente bajos. El 25% de todos los trabajadores recibían menos de 500 francos al mes. Algunos de los no cualificados únicamente cobraban 400 francos mensuales. El desempleo era de medio millón de personas, en un periodo que era considerado como el boom de la posguerra.

36973978El Partido Comunista lanzó un manifiesto en el que señalaba que los acontecimientos maduraban rápidamente para terminar con el poder gaullista. El Comité director de la CGT declaró la huelga general indefinida, mientras que la Federación de la Izquierda Democrática y Socialista hacía también público un comunicado denunciando que el poder era incapaz de responder a los problemas del momento, por lo que exigía la inmediata dimisión del gobierno y la convocatoria de elecciones generales. Francia entera era un hervidero social. El lunes 21 se calculaba que había más de diez millones de huelguistas. El viernes 24 eran los agricultores de Nantes quienes mostraban su descontento bloqueando las carreteras de acceso a la ciudad. Se creó un Comité Central de Huelga que organizó la distribución de comida y gasolina, el control del tráfico y otras actividades de la vida diaria, apoderándose del ayuntamiento durante seis días y llegando a imprimir su propia moneda. Nantes comenzó a ser llamada “la ciudad de los trabajadores”. Nada funcionaba en las mayores ciudades, ni correos, ni teléfonos, ni metro, ni ferrocarriles, llegándose incluso en París a racionar la gasolina. La práctica totalidad de las universidades francesas estaban en poder de los estudiantes y los obreros ocupaban las fábricas.

Los bomberos intentan apagar el incendio de la Bolsa de París.

Los bomberos intentan apagar el incendio de la Bolsa de París.

Ante el cariz de la situación, el entonces presidente de la República, el general De Gaulle, intervino en la televisión el 24 para tratar de apaciguar los ánimos. Pero sus palabras se ahogan entre el griterío de 30.000 personas que marchaban hacia la Bastilla. La sede de la Bolsa –símbolo por excelencia del capitalismo– era atacada e incendiada, un acto que para el artista Jean Jacques Lebel significó el plus ultra de la realización social del happening.

En el Barrio Latino, en el que los trotskistas controlan la situación, la agitación iba in crescendo. Otros intentaron tomar los ministerios de Finanzas y de Justicia, acciones que impidieron grupos menos radicales. Cohn-Bendit se vio obligado a exiliarse esa misma noche. Según este, “si el 25 de mayo Paris se hubiera despertado para ver sus Ministerios más importantes ocupados, el gaullismo hubiera acabado de una vez”. Pero no fue así. Comenzaron entonces las divergencias en el seno del movimiento y las negociaciones con los sindicatos. Pompidou ofreció un aumento del 35% del salario mínimo y el 10% del conjunto de los salarios. El día 26 el Secretario General de la CGT (Confédération Générale du Travail) ratificó el acuerdo. El conflicto se convirtió de nuevo un tema estudiantil. El 28 dimitió el ministro de Educación y el día 30 De Gaulle disolvió la Asamblea. “Todo el pueblo francés debe implicarse para evitar que la existencia normal sea rota por aquellos elementos que intentar evitar que los estudiantes estudien y que los trabajadores trabajen”, declaró.

Taller popular.

Taller popular.

El 5 de junio únicamente una minoría de trabajadores seguía en huelga.  El jueves 6 el transporte público de París, el ferrocarril y la función pública reemprendían la actividad y la Federación de la Educación Nacional llamaba a sus afiliados a poner fin a la huelga, si bien el Sindicato Nacional de Enseñanza Secundaria decidía proseguirla. Veinticuatro horas después, el 7, los empleados de correos, telégrafos y teléfonos (PTT) regresaban a sus puestos de trabajo. Ese mismo día la factoría de la Renault en Flins era desalojada por la fuerza, aunque los enfrentamientos entre trabajadores y fuerzas de seguridad prosiguieron, no obstante, los días siguientes. Un estudiante de secundaria, Gilles Tautin, de diecisiete años, que formaba parte de una delegación de las juventudes comunistas marxistas-leninistas que había acudido a solidarizarse con los obreros, caía al Sena huyendo de la policía y moría ahogado. También en la factoría de la Peugeot en Sochaux, sus veinticinco mil empleados mantenían el paro y eran reprimidos por la CRS, falleciendo el día 11 dos trabajadores, Pierre Beylot y Henri Blanchet, el primero de bala, el segundo al caerse de un muro. Había, además, ciento cincuenta heridos. La CGT llamó a la huelga general para el día siguiente. Curiosamente, ese mismo día se retomaba el curso en los institutos de secundaria.

La campaña electoral había empezado, estaba prohibida cualquier manifestación en la calle mientras durase y se había ilegalizado varias organizaciones de izquierda: Juventud Comunista Revolucionaria, Voix ouvrière, la Federación de Estudiantes Revolucionarios, la Unión de Juventudes Comunistas Marxistas-leninistas, el Movimiento 22 de Marzo… Huelgas y acciones de protesta continuaron, cada vez menos numerosas, más aisladas. El 14 de junio la policía desalojaba el Odéon y dos días después la Sorbona. Todo se resquebrajaba. Cada día más trabajadores reprendían el trabajo, con mejores condiciones económicas, eso sí.

Militantes gaullistas se manifiestan el 30 de mayo en la avenida de los Campos Elíseos.

Militantes gaullistas se manifiestan el 30 de mayo en la avenida de los Campos Elíseos.

El 23 tenía lugar la primera vuelta de las elecciones. La participación alcanzó el ochenta por cien y la gaullista Unión de Demócratas por la República obtuvo el 43,65 por cien, la Federación de la Izquierda Democrática y Socialista de Mitterrand el 16,53 y el Partido Comunista el 20,02. El 24 finalizaban la huelga los operarios de la Citroën. Tres días después la Escuela de Bellas Artes, que seguía ocupada por los estudiantes, era desalojada violentamente por la policía. El 30 se celebró la segunda vuelta de las elecciones. De Gaulle ganó con el 60% de los votos.