Mayo del 68 en ‘Tiempos de cerezas y adioses’: se acabó lo que se daba

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De Gaulle vota el 23

Charles de Gaulle vota en Colombey-les-Deux-Eglises el 23 de junio durante la primera vuelta de las elecciones.

El 23 tenía lugar la primera vuelta de las elecciones. La participación alcanzó el ochenta por cien y la gaullista Unión de Demócratas por la República obtuvo el 43,65 por cien de los votos, la Federación de la Izquierda Democrática y Socialista de Mitterrand el 16,53 y el Partido Comunista el 20,02.

―Queda la segunda vuelta.

―No queda nada, Martha. Desgraciadamente, ha sido un espejismo. Son muchos quienes han reemprendido el trabajo.

El 24 finalizaban la huelga los operarios de la Citroën. Tres días después la Escuela de Bellas Artes, que seguía ocupada por los estudiantes, era desalojada violentamente por la policía. El 30 se celebraba la segunda vuelta de las elecciones con participación similar y parecidos resultados.

―Pues no sé si bajo los adoquines está la playa. Parece ser que no, o si lo está no se han levantado los suficientes adoquines como para llegar hasta ella.

―Ni los trabajadores ni sus organizaciones han llegado a plantearse seriamente un cambio de sistema en ningún momento. Nadie quería a De Gaulle y ha ganado por goleada.

Manuel Cerdà: Tiempos de cerezas y adioses (2018).

Mayo del 68 en ‘Tiempos de cerezas y adioses’: el principio del fin

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anifestación en apoyo de De Gaulle el 30 de mayo

Manifestación en apoyo de De Gaulle el 30 de mayo. / AFP.

El jueves 30 De Gaulle anunciaba que no pensaba retirarse, disolvía la Asamblea General y convocaba elecciones legislativas. Al discurso siguió una enorme manifestación en los Campos Elíseos que congregó en torno al millón de personas para mostrar su apoyo a las medidas anunciadas. Infinidad de banderas francesas, muchas de ellas con la cruz de Lorena incorporada a la enseña en la Francia libre durante la Segunda Guerra Mundial, ondeaban al viento. Los manifestantes cantaban La Marsellesa y llevaban pancartas de adhesión a De Gaulle.

Solo dos días después, el 1 de junio, el periódico comunista L’Humanité publicaba unas declaraciones del secretario general de la CGT anunciando que el sindicato no entorpecería el desarrollo de la consulta electoral. Interesa a los trabajadores poder expresar, en el marco de las elecciones, su voluntad de cambio, concluía.

Manifestación de estudiantes el 1 de junio

Manifestación de estudiantes el 1 de junio. / © Charlet, Hermann/Fonds France-Soir/BHVP /Roger-Viollet.

Ese mismo día Cohn-Bendit condenaba todas las organizaciones dispuestas a abandonar el combate para dejarse llevar por el orden impuesto por las elecciones burguesas y la UNEF se apresuraba a convocar una manifestación, bajo el eslogan Elecciones, traición, que reunió a unas cuarenta mil personas; la mayoría, de nuevo, estudiantes.

―Esto se ha acabado, Martha ─comentaba Sam, decepcionado.

―No seas tan negativo. La mayoría de los trabajadores han mostrado su repulsa a los acuerdos de Grenelle y sigue en huelga.

―Hasta que los acuerdos se mejoren. Luego acudirán en masa a votar y ¿quién ganará las elecciones? ¿Los comunistas? Lo dudo.

Manuel Cerdà: Tiempos de cerezas y adioses (2018).

Mayo del 68 en ‘Tiempos de cerezas y adioses’: siguen los enfrentamientos

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Boulevard St Michel, 24 May 1968 by Claude Dityvon, from the book Mai 68

Bulevar Saint Michel. / Claude Dityvon, del libro Mai 68.

El 24 de mayo, viernes, a las ocho en punto de la tarde, De Gaulle dirigió una dramática alocución al país. Los enfrentamientos habían remitido durante la semana, pero las calles seguían llenas de manifestantes. De Gaulle prometió una renovación de las estructuras universitarias, una reforma económica y mejoras salariales si así lo aprobaban los franceses en un referéndum que pensaba convocar el mes de junio.

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De Gaulle se dirige a los franceses por televisión.

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Bomberos intentando apagar el incendio de la Bolsa.

Solo siete minutos después de terminar la alocución presidencial se alzaban las primeras barricadas junto a la universidad. De nuevo la policía intervino. De nuevo los porrazos, el lanzamiento de todo tipo de objetos por parte de los manifestantes, que cada vez eran más. De nuevo la lucha. La noche del viernes al sábado fue tan dramática como las de mediados de mayo. Los manifestantes atacaron varias comisarías de policía, arrojaron cócteles molotov e incendiaron algunas. Aquello era una auténtica insurrección, o eso al menos parecía. La sede de la Bolsa ―símbolo por excelencia del capitalismo― era asaltada e incendiada. Las emisoras de radio solicitaban instrumental médico, oxígeno, gasas y medicinas. Se habían instalado puestos de socorro en el Barrio Latino, donde, al igual que en la Sorbona, había muchos heridos.

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Jóvenes lanzan córteles molotov a los antidisturbios de las CRS. / AFP.

La televisión mostraba una vez más la brutalidad de los enfrentamientos. Sam y Martha seguían la información y contemplaban la imagen de un joven que, en las inmediaciones de la plaza de la Bastilla, arrojaba con todas sus fuerzas un cóctel molotov en dirección a las fuerzas de las CRS.

―Espero que quien sea haya acertado de pleno ─exclamó Sam.

―No digas eso.

―¿Que no diga eso? ¿Acaso el uso de la violencia es solamente patrimonio del Estado, quiero decir, de quienes controlan el poder? Los seres humanos, querida, somos violentos, entre otras cosas. Hemos olvidado, han querido, y en gran parte conseguido, que olvidemos que somos el resultado de una doble revolución, nuestra sociedad se asienta en los pilares que se levantaron con la revolución francesa y las que siguieron su modelo y la revolución industrial. Ambas fueron muy violentas, no afirmo nada que no se sepa. En este siglo ha habido más muertos por violencia que en toda la historia de la humanidad. Este sistema se mantiene con la violencia, y ahora resulta que los violentos son quienes simplemente dicen ¡ya está bien!, ¡no estamos dispuestos a comulgar por más tiempo con ruedas de molino! Sin violencia estaríamos todavía sometidos al derecho de pernada. No sé si se logrará una comunión de intereses entre estudiantes y trabajadores, sí que sin la fuerza nunca se conseguirá nada.

Manuel Cerdà: Tiempos de cerezas y adioses (2018).