Ópera imaginaria

Por mucho que se explique todo esto del coronavirus a los niños, y por mucho tacto que se tenga, deben estar flipando. Si la prohibición de salir a la calle, excepto por causa justificada, ya la llevamos mal los mayores, imagínense los peques, y aclárenles qué demonios es eso de ‘causa justificada’, cuáles son los supuestos, y porqué. En fin…

Esta entrada está dirigida especialmente a ellos, a hacerles un poco más llevadero su confinamiento. Claro que, por su cuenta, los peques no creo que accedan a ella. Mas como no van a estar solos, lógicamente, si usted está leyendo esto y tiene niños a su cargo, ¿qué tal si ve los vídeos con ellos? Son perfectos para iniciarles en la ópera. En la línea de las películas de Disney Fantasía (1940) y de la italiana de Bruno Bozzetto Allegro non troppo (1976), ambas también de animación, el propietario de esta Ópera imaginaria va presentando a los espectadores diversas arias y explicando sus argumentos y personajes. Se consigue así una uniformidad dentro de la diferencia, ya que los doce cortos que recrean los doce fragamentos están realizados con técnicas distintas, como el stop motion, o la animación en 3D.

De estos doce fragmentos he seleccionado ocho –aquellos de mayor calidad dentro de los disponibles– y los he ordenado tal como figuran en la película. Comenzamos, pues, con “La donna è mobile”, aria de la ópera de Giuseppe Verdi Rigoletto, basada en la obra teatral de Victor Hugo Le roi s’amuse (1832), que se estrenó en el teatro La Fenice de Venecia en 1851. Es su intérprete el gran tenor sueco Nicolai Gedda, una de las más voces más versátiles de la historia de la ópera, la belleza de cuyo tono es única.

“Avec la garde montante” (Con la nueva guardia) es una aria de la ópera de Georges Bizet Carmen (libreto en francés de Ludovic Halévy y Henri Meilhac), basada en la novela homónima de Prosper Mérimée (1845) y estrenada en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de París en marzo de 1875. La interpreta el coro infantil parisino Les Petits Chanteurs à la Croix de Bois, cuya fundación se remonta a 1907.

Vamos ahora con “Voi che sapete che cosa è amor” (Qué sabéis vos lo que es el amor), aria de Las bodas de Fígaro (Le nozze di Figaro), ópera bufa en cuatro actos con música de Wolfgang Amadeus Mozart y libreto en italiano de Lorenzo da Ponte que se basa en la comedia teatral de Pierre Augustin Caron de Beaumarchais del mismo título (1874). Mozart compuso la partitura entre 1785 y 1786 y la ópera se estrenó en Viena el 1 de mayo de 1786 bajo la dirección del mismo compositor. La voz que escuchamos es la de la soprano y mezzosoprano belga especializada en repertorio francés, de Mozart y contemporáneo Suzanne Danco (1911-2000).

Sigue la aria de Puccini “Un bel dì vedremo” (Un buen día), de Madama Butterfly, ópera que se estrenó en La Scala de Milán en 1904. Lo interpreta la soprano estadounidense Felicia Weathers.

De nuevo Mozart. Ahora con “Bald prangt, den Morgen zu verkünden… Du also bist mein Bräutigam” (Pronto, anunciando el mañana… Pues eres mi novio), de su ópera cómica La flauta mágica (Die Zauberflöte), un cuento de hadas, una historia de amor, que fue la última ópera que se escenificó en vida del autor. Él mismo la dirigió, en el Freihaus-Theater auf der Wieden de Viena, el 30 de septiembre de 1791, dos meses antes de fallecer. Interpreta la aria Lucia Popp (1939-1993), popular soprano eslovaca que destacó por el clarísimo timbre de su voz, que dominaba como quería y alcanzaba el culmen con la coloratura.

El “Coro di zingarelle e mattadori” (Coro de gitanillas y toreros) pertenece a La Traviata, la ópera más famosa de Verdi, si bien su estreno –acaecido el 6 de marzo de 1853 en el teatro La Fenice de Venecia– fue un fiasco, terminando la primera representación con burlas y carcajadas del público. A ello no fue ajeno el hecho de que el papel de la protagonista (Violetta) lo encarnara una soprano que ya contaba con 38 años de edad y cuyo sobrepeso hacía poco creíble que alguien así pudiera morir, como ocurre en la ópera, de consunción. Volvió a representarse un año después en el Teatro San Benedetto, también en Venecia, con nuevos arreglos y una soprano mucho más joven y con menos peso. Y llegó el éxito, convirtiéndose en una de las óperas más representadas de la historia y perfecta para iniciarse en su mundo. En esta ocasión escuchamos al coro y orquesta de la Accademia di Santa Cecilia de Roma.

Muy hermoso, y muy conocido e interpretado a menudo como pieza suelta en concierto, es el “Dúo de las flores” (“Duo des fleurs” o “Sous le dôme épais”), de la ópera de Léo Delibes Lakmé, cuya acción transcurre en India a finales del siglo XIX durante la época de la conquista colonial inglesa. Lakmé se presentó por primera vez al público en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de París en 1883. Lo escuchamos por las sopranos francesas Mady Mesplé y Danielle Millet.

Finalizamos con la aria “E lucevan le stele” (Y las estrellas brillaban), de Tosca, ópera en tres actos, con música de Giacomo Puccini y libreto en italiano de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa que fue estrenada con éxito en Roma el 14 de enero de 1900, en el Teatro Costanzi. El texto de la obra está basado en el drama La Tosca, de Victorien Sardou, presentado en París en 1887. La voz es la del tenor italiano Carlo Bergonzi (1924-2014).

Que pasen un buen día. Y pónganles estos vídeos a los niños. Los disfrutarán, creo.

Boris Vian

¿Quién fue Boris Vian?, ¿qué fue? ¿Un investigador-ingeniero convertido en escritor? ¿Un aprendiz de todo y maestro de nada? ¿Un aristócrata-anarco, un anarco-aristócrata? ¿Un agitador-alborotador harto todo y cabreado con todo el mundo? ¿Un personaje incendiario? ¿Un transgresor? ¿Un incomprendido? ¿Un poco de todo tal vez?, ¿un mucho? “Aceptar el principio del interés de la curiosidad, base de la evolución”, dijo quien siempre mostró un gran interés por conocer, por explorar la vida con los sentidos y el intelecto.

Boris Vian, que habría cumplido hoy cien años, murió a los 39 sin conocer, obviamente, la trascendencia que llegaría a alcanzar su obra y su compleja personalidad. Despreciado en su tiempo, hoy es aclamado por su ‘modernidad’.

Autor de la letra de la canción J’suis snob (1954, música de Jimmy Walte), de hecho fue todo lo contrario. En realidad, Vian es lo opuesto al esnobismo. Cantante de cabaret y trompetista de jazz, fue ingeniero y periodista, y también se dedicó al cine. Relacionado en cierto modo con el surrealismo y el existencialismo, dentro de la línea del absurdo de Alfred Jarry, su mundo de ficciones contribuye a dar una visión desintegradora y corrosiva de la realidad. Su obra causó en su momento un gran revuelo.

Vian era conocido en el París existencialista de finales de la década de 1940 y principios de la de 1950, cuando artistas y filósofos llenaban los cabarets y clubs de jazz instalados en las cavas de la Rive Gauche, llenos de humo y palabras. Allí actuaba con otras leyendas del jazz, como Miles Davis.

Fue su novela J’irai cracher sur vos tombes (Escupiré sobre vuestras tumbas) –el escándalo que causó su publicación– la que lo hizo conocido para el gran público. Publicada en noviembre de 1946, escrita bajo el seudónimo de Vernon Sullivan y presentada como ‘traducida del estadounidense’, es un thriller crudo y enfurecido, erótico y atroz sobre el segregacionismo de Estados Unidos. El éxito fue enorme, tanto como el revuelo que provocó y la reacción de los censores. El libro fue prohibido, su ‘traductor’ –una vez que se supo el engaño– condenado por desprecio a la buena moral, luego fue indultado. La novela se publicó nuevamente, se prohibió nuevamente…

La provocación y la trasgresión acompañaron a Vian toda su vida, y con ellas el rechazo de las mentes biempensantes de la sociedad francesa y sus políticos. En el cabaret Les Trois Baudets, uno de los locales de moda, que cerraba más tarde que los demás, Boris Vian cantaba Le déserteur (1954), una canción antimilitarista creada durante la guerra de Indochina con la que provocaba toda clase de insultos y de cuya letra acabó por cambiar el final. En una primera versión este era “Señor presidente, / si me persigue / advierta a sus policías / de que llevo armas / y sé disparar”. Estos dos últimos versos se sustituyeron por “de que yo no tendré armas/ y que podrán disparar”. La primera versión jamás llegó a grabarse.

De su obra literaria destacan, o son destacadas, las novelas L’automne à Pékin (1947, El otoño en Pekín), L’ecume des jours (1947, La espuma de los días), L’herbe rouge (1950, La hierba roja), novela con tintes autobiográficos,  Et on tuera tous les affreux (1948, Que se mueran los feos), y L’arrache-cœur (1953, El arrancacorazones), que no fue precisamentee un éxito, así como las piezas teatrales Les bâtisseurs d’empire (1959, Los forjadores de imperios) y Le goûter des généraux (1962, La merienda de los generales). Esta última, una comedia antimilitarista, fue publicada por el Colegio de ‘Patafísica, del cual Vian fue miembro con el cargo de Sátrapa desde 1953.

De sus canciones –escribió la letra de más de cuatrocientas– se citan como más representativas, además de las ya mencionadas Le déserteur y J’suis snob, La complainte du progrès (1950, La endecha del progreso, música de Alain Goraguer) y Je bois (1955, Bebo, también con música de Alain Goraguer), una declaración amorosa de principios etílicos.

Y como quiera que de estas dos últimas publiqué sendos vídeos –con la letra traducida al castellano–, con ellas termino esta apresurada crónica, pues me he enterado de que hoy se cumplía el centenario hace unas horas.

Bossa nova para peques

“Pienso que cuanto más temprano los chicos traban contacto con los autores, con la poesía, con la musicalidad, mucho mejor”, dijo Adriana Partimpim (Adriana Calcanhotto), una de las protagonistas de la entrada de hoy, cuyo propósito es acercar a los peques a ese ritmo nuevo que en su día fue la bossa nova y que nos dejó una manera distinta de hacer música mucho más libre, alejada de los cánones imperantes, mezcla del mestizaje y de la diversidad cultural brasileña.

La primera canción seleccionada es O pato. Compuesta por Jaime Silva y Neuza Teixeira en 1959 como una sarcástica burla hacia aquellos que criticaban la bossa nova y la tachaban de ser una música desafinada, nos cuenta la historia de “un pato que iba cantando alegremente cua cua, / se encontró un lindo gato que hacía miau miau / y se puso a cantar bossa nova”. Pero “sus notas feas eran peor que las del gato y su voz un desacato”. Tanto que “en la nota final lo empujaron al agua”, lo que no fue obstáculo para que menguara su entusiasmo por la bossa nova.

La noche del 8 de julio de 1980, cuenta Toquiho, estaba con Vinícius de Moraes ultimando los detalles del álbum que iba a salir a la venta en pocas semanas cuando Vinícius dijo encontrarse cansado y que necesitaba un baño. En la madrugada del día siguiente, el músico y poeta brasileño fue encontrado en la bañera con gran dificultad para respirar y falleció a las pocas horas. El álbum era A Arca de Noé y en él se musicaban los poemas que este escribió y se habían publicado en su libro homónimo de 1975, un conjunto de treinta y dos poemas infantiles en los que recreaba, de ahí el título, el mundo de los animales. En 2013, su hija, la cineasta Susana Moraes, concibió la idea de relanzar el álbum con grandes voces de la música popular brasileña: Gal Costa, Chico Buarque, Caetano Veloso, Arnaldo Antunes, Maria Bethânia, Marisa Monte, Ivete Sangalo, Adriana Partimpim, Zeca Pagodinho, entre otros. Al mismo pertenecen las tres canciones que escuchamos en los tres vídeos animados que figuran bajo estas líneas: O pinguim (con Chico Buarque), O leão (con Caetano Veloso y Moreno Veloso), A galinha-d’angola (con Ivete Sangalo), y A foca (con Alceu Valença).

En 2004 Adriana Calcanhotto editó el álbum para niños Adriana Partimpim. En la misma entrevista en que decía la frase con que encabezaba la entrada (publicada en el periódico argentino Página/12 el 29 de agosto de 2004) explicaba las razones de su heterónimo: “Cuando empezó la idea de hacer un disco para niños supe que debía hacerlo Adriana Partimpim, que es el nombre que me di cuando era niña. No tiene ningún significado especial, simplemente era un nombre que me traducía mejor. Y quise asumir un heterónimo como apellido para poder seguir usándolo: siempre que grabe Partimpim será un disco más lúdico, más gracioso, con las características de este”. Vamos a escuchar dos de los temas que aparecen en él: Ciranda da bailarina (1983), de Chico Buarque y Edu Lobo, y Saiba (2004), de Arnaldo Antunes.

Confío en que les haya gustado la entrada de hoy y, a ser posible, que la hayan disfrutado en compañía de algún peque. Sabe mejor.