Coppélia

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Natalia Osipova en ‘Coppélia’ / Fotografía de Marc Haegerman-The New York Times.

Coppélia es un ballet, entre sentimental y cómico, que posee un encanto irresistible. No creo que haya quien lo haya visto o simplemente haya escuchado su música –mucho mejor lo primero, obviamente– y diga que no le gusta. No creo, aunque vete a saber. Como dice la paremia, para gustos los colores.

Nos cuenta la historia del Doctor Coppélius, un viejecito juguetero un tanto misterioso que construye juguetes autómatas, entre ellos una muñeca animada llamada Coppélia, que parece dotada de vida, de la que se enamora un joven llamado Franz. Su novia, Swanilda, una muchacha aldeana, logra acceder al gabinete de Coppélius y descubre el misterio de esa muchacha que está siempre sentada frente a la ventana con un libro en sus manos y saluda maquinalmente a su novio. Es así que el preciado secreto del Doctor Coppélius deja de serlo. Swanilda se hace pasar por la muñeca, con lo que esta cobra vida, y el Doctor Coppélius cae en el ardid. Finalmente, ella le pedirá perdón por tamaña osadía y Franz y Swanilda se casarán en medio de una gran fiesta popular.

Coppélia está basado en una tétrica historia de E.T.A. Hoffmann (El hombre de arena, 1815). Este ballet-pantomima en dos actos y tres escenas se estrenó en el Teatro Imperial de la Opera de la Rue Le Peletier de París el 25 de mayo de 1870 en presencia del emperador Napoleón III. El libreto es original de Charles Nuitter y Arthur Saint-Léon, y la música de Léo Delibes, quienes sitúan la acción en una pequeña y típica aldea alemana. “Nuitter, archivero de la Opera y conocedor de los entresijos del ballet, no quiso trasladar al guión del ballet Coppélia todos los detalles morbosos del cuento de Hoffmann, un universo tenebroso donde un personaje de tintes satánicos, Coppélius, no se priva de extraerle los ojos de los vivos para trasladarlos a los muñecos autómatas que construía y así pasarles el aliento de la vida. Nuitter prefiere hacerle pasar por un vejete un poco alocado y excéntrico, avaro por más señas, que construye hermosos y entretenidos mecanismos. También traslada la acción a la región de Galizia, ideal para un ballet por su profusión de mazurkas y czardas endiabladas de vertiginosas dificultades y de ritmos vivos” (Roger Salas, “Una ‘Coppélia’ de tradición”, El País, 30 de enero de 2014).

Rudolf Nureyev, que bailó muchas veces esta obra, decía que Coppélia “puede ser infantil, pero no estúpida”. Y esta es –sigue diciendo Salas– otra clave de su interés actual: “no hay arbitrariedad en su historia, salvo que los autómatas han pasado de moda como juguete infantil, sustituidos por las consolas electrónicas”.

Conocen Coppélia, imagino. Si así es, supongo que estarán de acuerdo conmigo cuando digo que es una delicia que se disfruta con todos los sentidos. ¿No? Vean los vídeos que siguen y me darán la razón. Por todo esto, como he dicho en otras ocasiones que he publicado alguna entrada pensando sobre todo en los niños, es obvio que estos, por su cuenta, no accederán a la misma ni llegarán a leer esto. Así, la complicidad de los adultos deviene, lógicamente, esencial. Pero, sinceramente, no creo que sea un gran sacrificio, pues seguro que disfrutarán tanto o más que ellas con Coppélia.

Y ya les dejo con la selección de los números del ballet que hemos preparado, correspondientes todos –con el fin de darle una razonable homogeneidad– a las giras del Bolshoi Ballet de 2009 y 2011, con la coreografía original de Marius Petipa, la más lograda y la más representada, en versión de Sergei Vikharev. A destacar la siempre magnífica Natalia Osipova (Coppélia), ahora bailarina principal del Royal Ballet de Londres.

Del acto primero, incluimos –en el orden en que se suceden en la representación– los números del ballet “Vals lento (2011), “Mazurca” (2011), “Balada de L’Epi” (2011) –Natalia Osipova y Vyacheslav Lopatin– y “Swanilda y sus amigas” (2011).

Al acto segundo corresponden los dos siguientes: Bolero (2009) y “Gigue” (2009). La giga (en francés: gigue) es una danza barroca alegre en compás de seis por ocho, con aire acelerado, que surgió en Irlanda e Inglaterra.

Y del tercero, y último, el conocido “Vals de las horas (2011), en el primer vídeo; “La paz” (2001), con Natalia Osipova y Vyacheslav Lopatin, “Variation, con Anna Tihomirova, y “Danza de Fiesta” (2011) –los tres en el segundo– y el galop final con que finaliza Coppélia. En este tercero, el galop comienza a partir del minuto 2:41, pues repite final del anterior.

Que les vaya bien (o lo mejor posible).

Arias de ópera

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Ermonela Jaho en un momento de su interpretación de la aria “Un bel dì vedremo” durante la representación de Madama Butterfly en el teatro Opéra Grand Avignon (2013).

Escribo esto hoy, sábado 1 de julio, tras haber visto ayer viernes la retransmisión de la ópera de Giacomo Puccini –estrenada en La Scala de Milán en 1904– Madama Butterfly, en versión de Mario Gas, que ofreció La2 de Televisión Española desde el Teatro Real de Madrid, sumándose de este modo a la celebración de la Semana de la Ópera 2017 (30 de junio al 9 de julio). Y a una hora sensata y no de madrugada, como en otras ocasiones. El papel principal, el de Butterfly (Cio-Cio San), sobre el que recae todo el peso de la obra, tanto en lo musical como en lo emocional, corrió a cargo de la soprano albanesa Ermonela Jaho. Impecable. Su admirable línea de canto y sus soberbias condiciones como actriz la llevan a la plena asunción del personaje, logrando conmover nuestro ánimo hasta el punto que acabamos reconociéndonos en Butterfly y su tragedia.

Así pues, con ella vamos a empezar esta entrada que dedicamos a las arias de ópera. Me he levantado con ganas de ópera y me encantan las arias. La mayoría de las de hoy ya las hemos incluido en otras ocasiones, aunque no con los mismos intérpretes. Veamos, y escuchemos, a Ermonela Jaho en la emotiva aria “Un bel dì vedremo” (Un buen día), aunque no en la representación a que aludía antes –a mi juicio mejor que esta, aún de mayor intensidad dramática–, sino desde el teatro Opéra Grand Avignon en noviembre de 2013.

Vamos ahora con “Casta diva”, de la ‘tragedia lírica en dos actos’ de Vincenzo Bellini Norma, estrenada en 1831. Su intérprete en el vídeo que figura bajo estas líneas es María Callas, La Divina, la cantante de ópera más célebre del siglo XX, cuya prodigiosa voz, de amplia tesitura, unida a su dominio de la técnica, se adaptaba a la perfección a todo tipo de registros. El vídeo recoge el momento del concierto que ofreció el 19 de diciembre de 1958 en el teatro de la Ópera de París en el que interpreta “Casta diva”.

Y hablando de voces célebres del siglo XX, es ahora Luciano Pavarotti, probablemente el tenor más popular de su segunda mitad, poseedor de la más bella voz masculina del periodo, vigorosa, de timbre y potencia únicos, de impoluta técnica e impecable fraseo, quien nos deleita con “Una furtiva lagrima”, de la ópera de Gaetano Donizetti L’elisir d’amore (1832, El elixir de amor).

La aria “Libiamo ne’ lieti calici”, de la famosísima ópera de Giuseppe Verdi La Traviata (1853), es considerada uno de los más brillantes momentos de su obra y de la historia de la ópera en general. Y es que “Libiamo ne’ lieti calici”, y La Traviata en conjunto, es una de esas composiciones que resultan del agrado de hasta quienes no gustan de la ópera. Son sus intérpretes la soprano ruso-austriaca Anna Netrebko y el tenor franco-mexicano Rolando Villazón durante la representación de la obra por la Ópera Estatal de Viena en el marco del festival de Salzburgo de 2005.

“Caro nome” –aria por la que uno siente especial predilección– suena en otra ópera de Giuseppe Verdi, en Rigoletto (1851), casi al final del primer acto. “Caro nome” es perfecta para el lucimiento de cualquier buena soprano, como es la francesa de Patricia Petibon, por la gran versatilidad y frescura de su voz, su excelente dominio de la coloratura, su expresividad y su gama inacabable de recursos interpretativos. La vemos, y escuchamos, en la versión de Rigoletto que se representó en el teatro de la Ópera Estatal de Baviera (Múnich) el 30 de diciembre de 2012.

Y terminamos con El barbero de Sevilla (Il barbiere di Siviglia), una ópera bufa en dos actos con música de Gioachino Rossini y libreto de Cesare Sterbini. Se estrenó –aunque con otro título: Almaviva, o la precaución inútil– el 20 de febrero de 1816 en el Teatro Argentina de Roma. La aria que hemos elegido de la de Rosina, uno de los papeles del repertorio operístico que requieren la mayor precisión, el cual encarna en esta representación, desde el Teatro Real de Madrid (2005), la soprano española María Bayo en una de sus actuaciones más logradas.

Que pasen un buen domingo.

Ópera imaginaria. Una maravilla para iniciar a los niños en la ópera.

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Doce conocidas arias de doce famosas óperas –PagliacciRigolettoCarmenLas bodas de FígaroMadama ButterflyLos pescadores de perlasLa flauta mágicaLa CenicientaFaustoLa TraviataLakmé y Tosca– son las que figuran en la película de animación Ópera imaginaria (Opéra imaginaire es su título original), que coordinó el especialista en animación Pascal Roulin para la televisión pública francesa en 1993 y contó con otros once directores más (uno por aria).

En la línea de las películas de Disney Fantasía (1940) y de la italiana de Bruno Bozzetto Allegro Non Troppo (1976), ambas también de animación, el propietario de esta Ópera imaginaria va presentando a los espectadores diversas arias y explicando sus argumentos y personajes. Se consigue así una uniformidad dentro de la diferencia, ya que los doce cortos que recrean los doce fragmentos están realizados con técnicas distintas, como el stop motion o la animación en 3D. Todos ellos muy logrados y perfectamente ensamblados con la música, que cobra más belleza si cabe. Sus cincuenta minutos de duración seguro que les pasarán en un santiamén, como a los niños que la vean (en principio, sus lógicos destinatarios; claro que esto ya no depende de ellos sino de ustedes).

De estos doce fragmentos hemos seleccionado ocho –aquellos de mayor calidad dentro de los disponibles– y los hemos ordenado no como en la película –en ella aparecen tal mencionábamos las óperas al principio– sino en función del año en que se estrenó cada una de las óperas a las que pertenecen.

Comenzamos con “Voi che sapete che cosa è amor” (Qué sabéis vos lo que es el amor), aria de Las bodas de Fígaro (Le nozze di Figaro), ópera bufa en cuatro actos con música de Wolfgang Amadeus Mozart y libreto en italiano de Lorenzo da Ponte que se basa en la comedia teatral de Pierre Augustin Caron de Beaumarchais del mismo título (1874). Mozart compuso la partitura entre 1785 y 1786 y la ópera se estrenó en Viena el 1 de mayo de 1786 bajo la dirección del mismo compositor. La voz que escuchamos es la de la soprano y mezzosoprano belga especializada en repertorio francés, de Mozart y contemporáneo Suzanne Danco (1911-2000).

También de Mozart es “Bald prangt, den Morgen zu verkünden… Du also bist mein Bräutigam” (Pronto, anunciando el mañana… Pues eres mi novio). Esta es de su ópera cómica La flauta mágica (Die Zauberflöte), un cuento de hadas, una historia de amor, llena de símbolos masones, que fue la última ópera que se escenificó en vida del autor. Él mismo la dirigió, en el Freihaus-Theater auf der Wieden de Viena, el 30 de septiembre de 1791, dos meses antes de fallecer. Interpreta la aria Lucia Popp (1939-1993), popular soprano eslovaca que destacó por el clarísimo timbre de su voz, que dominaba como quería y alcanzaba el culmen con la coloratura.

“La donna è mobile” es una aria de la ópera de Giuseppe Verdi Rigoletto, basada en la obra teatral de Victor Hugo Le roi s’amuse (1832), y se estrenó en el teatro La Fenice de Venecia en 1851. Es su intérprete el gran tenor sueco Nicolai Gedda, una de las más voces más versátiles de la historia de la ópera, la belleza de cuyo tono es única.

El “Coro di zingarelle e mattadori” (Coro de gitanillas y toreros) pertenece a La Traviata, la ópera más famosa de Verdi, si bien su estreno –acaecido el 6 de marzo de 1853 en el teatro La Fenice de Venecia– fue un fiasco, terminando la primera representación con burlas y carcajadas del público. A ello no fue ajeno el hecho de que el papel de la protagonista (Violetta) lo encarnara una soprano que ya contaba con 38 años de edad y cuyo sobrepeso hacía poco creíble que alguien así pudiera morir, como ocurre en la ópera, de consunción. Volvió a representarse un año después en el Teatro San Benedetto, también en Venecia, con nuevos arreglos y una soprano mucho más joven y con menos peso. Y llegó el éxito, convirtiéndose en una de las óperas más representadas de la historia y perfecta para iniciarse en su mundo. En esta ocasión escuchamos al coro y orquesta de la Accademia di Santa Cecilia de Roma.

“Avec la garde montante” (Con la nueva guardia) es una aria de la ópera de Georges Bizet Carmen (libreto en francés de Ludovic Halévy y Henri Meilhac), basada en la novela homónima de Prosper Mérimée (1845) y estrenada en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de París en marzo de 1875. La interpreta el coro infantil parisino Les Petits Chanteurs à la Croix de Bois, cuya fundación se remonta a 1907.

Muy hermoso, y muy conocido e interpretado a menudo como pieza suelta en concierto, es el “Dúo de las flores” (“Duo des fleurs” o “Sous le dôme épais”), de la ópera de Léo Delibes Lakmé, cuya acción transcurre en India a finales del siglo XIX durante la época de la conquista colonial inglesa. Lakmé se presentó por primera vez al público en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de París en 1883. Lo escuchamos por las sopranos francesas Mady Mesplé y Danielle Millet.

De Tosca es la aria “E lucevan le stele” (Y las estrellas brillaban), ópera en tres actos, con música de Giacomo Puccini y libreto en italiano de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa que fue estrenada con éxito en Roma el 14 de enero de 1900, en el Teatro Costanzi. El texto de la obra está basado en el drama La Tosca, de Victorien Sardou, presentado en París en 1887. La voz es la del tenor italiano Carlo Bergonzi (1924-2014).

Terminamos con otra aria de Puccini: “Un bel dì vedremo” (Un buen día), de Madama Butterfly, ópera que se estrenó en La Scala de Milán en 1904. Lo interpreta la soprano estadounidense Felicia Weathers.

Que pasen un buen  día. Y pónganles estos vídeos a los niños. Los disfrutarán, seguro.

4’33’’

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Si conoce la obra de John Cage 4’33’’ siga leyendo si le apetece. Si no, deténgase a ver primero el vídeo que hay bajo estas líneas por la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Nacional de Quito (Ecuador), en el concierto de fin de semestre que dio el 30 de enero de 2012. No hay ningún problema con el sonido, es de muy buena calidad.

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John Cage en 1988.

John Cage (1912-1999) está considerado uno de los iniciadores de la llamada “música abierta”, en la que el azar interviene como método de composición, y de los happenings. El happening es un acontecimiento artístico de naturaleza escénica que consiste en la “apropiación” de un espacio, generalmente urbano, en el que llevar a cabo una “acción/actuación” y producir un paréntesis estético. Se trata, pues, de una acción efímera, irrepetible. Ahí radica su mayor valor.

El happening nació a finales de la década de 1950. 18 happenings in 6 parts, de Allan Kaprow, acción llevada a cabo en 1958, se considera la primera de este tipo; al menos, la primera en utilizar la palabra. En este evento Kaprow creó un acontecimiento, del que apenas quedan unas pocas fotografías, en el que combinaba elementos de diversas artes: música, baile, construcciones, proyección de imágenes… Nacidos como una contestación al arte oficial, o académico, especialmente el expresionismo abstracto y otras tendencias similares, la finalidad de los happenings consistía en superar el objeto artístico tradicional uniendo arte y vida, creando situaciones en las que no hubiesen espectadores y artistas, sino solamente participantes de una experiencia común (“Todos somos artistas”, diría Beuys en 1965), una experiencia liberadora y creadora de conciencias críticas a través de la experiencia estética.

La fugacidad de la acción, la irrepetibilidad de lo vivido, se mostraba como su principal arma: difícilmente una situación puede configurarse como una obra de arte concreta y terminada. El arte se liberaba, de este modo, pensaban, de la instrumentalización mercantilista, poniendo fin a la pervivencia del culto burgués respecto a la pintura y escultura. El arte se emancipaba de conceptos como estilo, unicidad o perdurabilidad, lejos del arte oficial promovido por críticos y marchantes, lejos de los museos y del mercado.

La música desempeñó un papel muy importante en los primeros happenings; luego, problemas presupuestarios casi siempre harían que su presencia fuera disminuyendo. La obra de Cage, 4’33’’, fue compuesta en 1952 y en el ánimo de Cage estaba sin duda realizar una crítica social del gusto musical medianamente cultivado y de la mercantilización del arte a través de la industria musical (del mundo del espectáculo). Durante cuatro minutos y treinta y tres segundos, los intérpretes se sientan en silencio ante sus instrumentos y la música la constituyen los sonidos inconexos del ambiente, como habrá podido observar. Pero, como todo en esta sociedad, el happening acabó siendo fagocitado por el sistema. Hoy se le rinde culto, anulando cualquier intento de trasgresión. En el video que ha visto, la “representación” es tratada y recibida con todos los honores de una composición clásica. Nada puede escapar al sistema. Por lo menos mientras dure. Y parece que va para largo.

La divertida y singular música de Leroy Anderson

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Leroy Anderson es un compositor ciertamente singular, capaz de convertir la máquina de escribir o el papel de lija en solistas de concierto y autor de  muchas “miniaturas orquestales” alegres, divertidas, absolutamente sorprendentes.

Hijo de inmigrantes suecos, nació en Cambridge (Massachusetts, Estados Unidos). En 1919 empezó a estudiar música en el Conservatorio de Nueva Inglaterra. Prosiguió sus estudios en la Universidad de Harvard hasta comienzos de 1930, cuando decidió en el último momento –estaba a punto de abandonar la música para siempre– dedicarse a esta ante todo. Esta decisión resultó esencial en su vida y hay que agradecerle que así lo hiciera.

Dirigió la banda de música de Harvard y escribió numerosas composiciones para dicha formación, las cuales llamaron la atención de Arthur Fiedler, director de la Boston Pops Orchestra. Con ella estrenó su primera composición en 1938, Jazz Pizzicato, que tuvo un éxito inmediato. Vamos escuchar el tema por la Lviv Virtuosos Academic Chamber Orchestra (Ucrania) durante un concierto de 2012.

Durante estos años trabajó con su hermano en varias orquestas de baile y al estallar la Segunda Guerra Mundial llegó a ser capitán del ejército estadounidense. Al terminar esta, desestimó la oferta de seguir en las fuerzas armadas –que querían que continuara como agregado militar por su dominio de diversos idiomas– y regresó a la música.

Fue en los años que siguieron al final de la contienda cuando Anderson compuso varias de sus admiradas obras (las “miniaturas orquestales”), como Serenata (1947), The Typewriter (1950), The Waltzing Cat (1950), Plink, Plank, Plunk! (1951), Belle of the Ball (1951), Blue Tango (1951), Bugler’s Holiday (1954), Sandpaper Ballet (1954) y Forgotten Dreams (1954).

Puede que no sepa que es de Anderson The Typewriter (La máquina de escribir), pero seguro que la conoce. Aquí, el sonido de las teclas –en realidad solo dos–, la campana y el mecanismo de retorno del carro hacen de la máquina de escribir un instrumento musical. Muchos creyeron que quienes manejan la máquina de escribir eran mecanógrafos, pero Anderson aclaró que solo los percusionistas profesionales tienen la suficiente flexibilidad en su muñeca para poder ejecutar la pieza. Excelente es la versión que vemos en el vídeo que sigue a cargo de Voces para la Paz (Músicos Solidarios) –asociación independiente fundada en 1998 por Juan Carlos Arnanz para recaudar fondos que contribuyan a la erradicación de la pobreza y a la mejora de las condiciones de vida de las personas y comunidades más vulnerables y desfavorecidas– en este concierto dirigido por Miguel Roa con el percusionista Alfredo Anaya en 2011.

¿La reconocen? Seguro que sí. Alguien puede que se pregunte de qué. Igual de esta genial secuencia de la película protagonizada por Jerry Lewis Lío en los grandes almacenes (1963).

Anímense si tienen o están con niños a mostrarles estos vídeos y a ampliar su horizonte musical. No todo va a ser el Cantajuego ese de las narices que los más peques ven casi obsesivamente. Pónganles este The Waltzing Cat por ejemplo, un hermoso vals que protagonizan Tom y Jerry en un momento de la película de animación Fantasia 2000.

Parece ser que una tarde de primavera, una de esas en que uno empieza a disfrutar de sus cálidos rayos de sol, Anderson se disponía a dirigir un concierto al aire libre cuando, de repente, empezó a llover. El ruido que hacían las gotas al caer le inspiró para componer este Plink, Plank, Plunk!, un pizzicato que imita las gotas de la lluvia y escuchamos por la Portland Youth Philharmonic, dirigida por David Hattner, en diciembre de 2103.

Compuesta en 1951 y publicada en 1952, Blue Tango es la primera obra instrumental que vendió un millón de copias. Escuchamos la grabación para Decca del propio Anderson de 1952.

En Sandpaper Ballet (Papel de lija) Anderson utiliza secciones de madera con papel de lija, como antes hiciera con la máquina describir, como solistas. La divertida versión que incluimos forma parte del Concierto Voces para la Paz (Músicos Solidarios) en su edición de 2013. Los solistas son los percusionistas Alfredo Anaya y Alberto Román y Andrés Salado quien dirige la orquesta.

La música de Anderson alcanzó con estas y otras “miniaturas orquestales” una enorme popularidad en casi todo el mundo y se le consideró el compositor más importante de música ligera de concierto. Mas Anderson también compuso obras más largas, como Concierto en C para piano y orquesta (19 minutos), su obra más ambiciosa, que él mismo estrenó en 1952. La crítica no fue muy amable con ella y Anderson la retiró para hacer algunos cambios, no estrenándose de nuevo hasta 1988, ya fallecido este y sin que llegara a hacer los cambios. Escuchamos el segundo movimiento de Concierto en C. Lamento no poder decir quien interpreta, ni cuando, ni donde, los ocho últimos minutos de la obra en el vídeo que sigue. Si alguien lo sabe y me lo comunica se lo agradeceré.

También probó con el teatro musical, llegando a estrenar en Broadaway, en 1958, Goldilocks, una parodia de la época del cine mudo con libreto y letras de Jean Kerr y Walter Kerr. El musical no fue precisamente un éxito –solo 161 representaciones– y su argumento fue muy criticado. La música de Anderson, sin embargo, recibió numerosos elogios.

Compuso poco a partir de la década de 1960 pero siguió dirigiendo su música hasta que falleció en 1975.

Que tengan un buen día.

Ópera. Cinco dúos

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Domingo de ópera. Más concretamente de conocidos dúos –o duetos, como prefieran– de famosas óperas. Con las arias –a las que en su día dedicamos una entrada–, los dúos son una de sus composiciones principales y más exigentes, pues requieren por parte de sus ejecutantes una compenetración dramática y un acoplamiento vocal nada fácil de conseguir. Para la entrada de hoy hemos seleccionado cinco partiendo de nuestro particular gusto que, como siempre, hemos tenido que supeditar a la existencia de vídeos susceptibles de ser insertados y a la calidad de sus intérpretes, de la de su imagen y, sobre todo, de la claridad con que se escuchan las voces. Y, como siempre también, los hemos ordenado cronológicamente en función del año en que se estrenó cada una de las óperas a las que pertenecen.

Comenzamos con el “Dúo de Papageno y Papagena”, de la ópera cómica de Wolfgang Amadeus Mozart La flauta mágica (Die Zauberflöte), un cuento de hadas, una historia de amor, llena de símbolos masones, que fue la última ópera que se escenificó en vida del autor. Él mismo la dirigió, en el Freihaus-Theater auf der Wieden de Viena, el 30 de septiembre de 1791, dos meses antes de fallecer. Papageno es un ser mitad pájaro y mitad persona que lleva una gran jaula a sus espaldas enamorado de Papagena, una bella joven.

El vídeo recoge el momento en que el barítono británico Simon Keenlyside (Papageno) y la soprano irlandesa Ailish Tynan (Papagena) lo interpretan durante la representación producida por la Royal Opera House en el Covent Garden (Londres) a principios de 2003.

El barbero de Sevilla (Il barbiere di Siviglia) es una ópera bufa en dos actos con música de Gioachino Rossini y libreto de Cesare Sterbini (basado en la comedia del mismo nombre de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais, editada en 1775). Se estrenó –aunque con otro título: Almaviva, o la precaución inútil– el 20 de febrero de 1816 en el Teatro Argentina de Roma. La historia nos cuenta las peripecias de una pareja de enamorados: el conde de Almaviva y la joven huérfana Rosina, a quien también pretende Bartolo, preceptor de la muchacha, a pesar de la diferencia de edad. La pareja, que no quiere dejar de serlo, recurre a la ayuda en un barbero llamado Fígaro para que, mediante enredos, engañe a Bartolo y los enamorados puedan casarse.

Son el barítono sueco Peter Mattei (Fígaro) y la mezzosoprano de coloratura estadounidense Joyce DiDonato (Rosina) los intérpretes de este “Dúo de Fígaro y Rosina” en la producción que de El barbero de Sevilla llevó a cabo la Ópera del Metropolitan en Nueva York en 2007.

Producida también por la Ópera del Metropolitan de Nueva York, es esta versión de 1987 de la ópera de Georges Bizet Carmen, basada en la novela homónima de Prosper Mérimée (1845) y estrenada en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de París en  marzo de 1875. Su dramática trama –la historia de una pasión atormentada entre una muchacha astuta y atractiva y un soldado ingenuo que enloquece por los celos– se ubica en esa España meridional de la segunda mitad del siglo XIX que tanto atraía a los países más industrializados de Europa por su –para ellos– exotismo. “Parle-moi de ma mère” es uno de sus espléndidos dúos. Lo interpretan, sobre el escenario del Metropolitan, el tenor español José Carreras y la soprano estadounidense Leona Mitchell.

Simón Boccanegra, ópera con música de Giuseppe Verdi sobre el personaje histórico homónimo, que llegó a ser Dux de Génova en 1339, se basa en la pieza teatral homónima de Antonio García Gutiérrez y se estrenó en el Teatro La Fenice de Venecia en marzo de 1857. La trama no acabó de gustar y en 1881 se presentó una versión revisada, que es la que actualmente se representa, en el Teatro de La Scala de Milán. Desde el mismo coliseo escuchamos este dúo entre Bocanegra y su hija Amelia en las voces del tenor español Plácido Domingo y la soprano alemana Anja Harteros en una representación de la ópera de 2010.

Finalizamos la entrada con el “Dúo de las flores” (“Duo des fleurs” o “Sous le dôme épais”), un hermoso dúo, muy conocido e interpretado como pieza suelta en concierto, de la ópera de Léo Delibes Lakmé, cuya acción transcurre en India a finales del siglo XIX, durante la época de la conquista colonial inglesa. Lakmé se presentó por primera vez al público en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de París en 1883. El “Dúo de las flores” –cuando, en el primer acto, Lakmé, hija de un sacerdote brahmán, y su criada Mallika, van a recoger flores cerca de un río– está compuesto para dos voces femeninas. Estas son, en esta ocasión, la mezzo-soprano letona Elīna Garanča, y la soprano ruso-austriaca Anna Netrebko. Lo interpretan en el Festspielhaus Baden-Baden (Casa de los Festivales de Baden-Baden), sala de conciertos y ópera situada en la ciudad alemana de Baden-Baden, durante la gala del verano de 2007.

Buen domingo y que la semana que comienza mañana les sea propicia.

Yo-Yo Ma

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Presentation of the Crystal Award: Yo-Yo Ma

Yo-Yo Ma durante su actuación en el WEF© de 2008.

“Pocos sonidos fascinan tanto como la caricia del violonchelo. Si además esta sale de las manos de uno de los grandes expertos del momento, como Yo-Yo Ma, mejor. Y si las cuerdas pertenecen al Montagnana de 1733 que perdió y recuperó más tarde o al Stradivarius que heredó –comprándolo, claro– de Jacqueline du Pré, la cosa no tiene parangón”. (Jesús Ruiz Mantilla: “El arte Yo-Yo Ma”, El País, 28 de febrero de 2010).

No son muchos los intérpretes de música clásica que gozan de la popularidad que ha alcanzado el protagonista de la entrada de hoy: Yo-Yo Ma. De padres de origen chino, nació en París en 1955 y a los cuatro años comenzó a estudiar violín y viola. Sus dotes se revelaron enseguida y a los cinco empezó a actuar en público. En 1962 su familia se mudó a Nueva York –de aquí que Yo-Yo Ma posea la doble nacionalidad franco-estadounidense– y, aquí, al igual que París, pronto actuó también ante el público. Así, con siete años apareció en la televisión estadounidense, en un programa grabado en Washington D.C. cuyo maestro de ceremonias era Leonard Bernstein titulado American Pageant of the Arts y organizado con el fin de recaudar fondos para el que sería el John F. Kennedy Center for the Performing Arts (o Kennedy Center). Veamos el momento.

En el evento participaba también Pau Casals, que alabó las cualidades del chico. Tras escuchar a Pau Casals, Yo-Yo Ma se volvió un apasionado del violonchelo y el niño prodigio es hoy uno de los mejores violonchelistas del mundo. Para conseguirlo, prosiguió sus estudios en la prestigiosa Juilliard School of Music (Nueva York) y después ingresó en Harvard, licenciándose en 1976. Allí, dice, “estudié filosofía, psicología, antropología. La música es una de las artes, pero debe estar llena de humanidad en contacto con otras disciplinas”.

Esta manera de concebir la música le ha llevado a abarcar un repertorio que va más allá de la música clásica, un repertorio tan ecléctico como amplio. Para muchos críticos el mejor Yo-Yo Ma es el ‘clásico’, sobre todo cuando interpreta a Bach. También hay quien no ve con muy buenos ojos sus incursiones en otros ámbitos musicales, su heterodoxia. Mas como él mismo declaró: “Me gusta probar todos los estilos de música. Lo que me parece esencial en música es poder improvisar, algo que apenas existe hoy. Compositores como Beethoven o Mozart lo hacían”.

De todos modos, juzguen ustedes. La selección que hemos confeccionado viene –como casi siempre– determinada por la cantidad de vídeos disponibles para ser insertados. Es, pues, una selección tan ecléctica como su música, y arbitraria, por supuesto. En todo caso, en cualquiera de los géneros, una auténtica delicia.

Comenzamos con el preludio de la Suite para violonchelo núm. 1, de Johann Sebastian Bach, que Yo-Yo Ma grabó para su álbum Bach: Cello Suites Nos. 1, 5 & 6 (1983). Se trata de una actuación directo en Japón de la que lamentamos no poder ofrecer más datos.

El álbum Songs from the Arc of Life (2015), con la pianista británica Kathryn Stott, recoge temas tan bellos como esta Ave Maria que el compositor romántico francés Charles Gounod compuso en 1853 sobre la “Meditación” del Preludio núm. 1 en do mayor, BWV 846, del “Libro I” de Bach, El clave bien temperado, nombre de dos ciclos de preludios y fugas compuestos por Johann Sebastian Bach en todas las tonalidades mayores y menores de la gama cromática.

El mismo álbum incluye también temas como esta preciosa Canción de cuna (Wiegenlied, op. 49, no. 4) de Johannes Brahms, que el autor escribió en ocasión del nacimiento del segundo hijo de la joven cantante Bertha Faber.

Continuamos con el penúltimo movimiento de El carnaval de los animales (Le carnaval des animaux), “Le cygne” (El cisne), suite musical que compuso en 1886 el compositor francés Camille Saint-Saëns. La concibió como un divertimento para un día de carnaval y en ella los instrumentos recrean los sonidos de animales de todo tipo: leones, gallinas, tortugas, canguros, burros, peces, pajaritos… Yo-Yo Ma grabó el tema en el álbum antes mencionado Songs from the Arc of Life.

Vamos ahora con la otra faceta –si en realidad se puede llamar así, pues la música es música, y punto– de Yo-Yo Ma. Con el trompetista estadounidense de de jazz y smooth jazz, Chris Botti, acompañados por la Boston Pops Orchestra, les escuchamos en esta versión de Cinema Paradiso, entrañable película de Giuseppe Tornatore estrenada en 1988, cuya banda sonora compuso Ennio Morricone. Yo-Yo Ma grabó en 2004 el álbum Yo-Yo Ma Plays Ennio Morricone.

Con Diana Krall interpreta acto seguido “You Couldn’t Be Cuter”, composición de 1938 (música de Jerome Kern, letra de Dorothy Fields) para la película estrenada ese año Joy Of Living (El placer de vivir). La canción figura en su álbum de 2008 Songs of Joy & Peace, que incluye diversos duetos con otros artistas.

Terminamos con Um a zero, un tema con música del gran Pixinguinha y letra de Benedito Lacerda que fue compuesto en 1919, para conmemorar la victoria de la selección de fútbol de Brasil sobre la de Uruguay ese año en el Campeonato Sudamericano de Selecciones por uno a cero. Um a zero fue grabada por Yo-Yo Ma en el álbum Obrigado Brazil (2003). En el vídeo le acompañan entre otros –también en el álbum Paquito D’Rivera al clarinete y Nilson Matta al bajo.

Que disfruten de lo queda de domingo y que la semana que viene les sea propicia.