Ópera imaginaria

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Por mucho que se explique todo esto del coronavirus a los niños, y por mucho tacto que se tenga, deben estar flipando. Si la prohibición de salir a la calle, excepto por causa justificada, ya la llevamos mal los mayores, imagínense los peques, y aclárenles qué demonios es eso de ‘causa justificada’, cuáles son los supuestos, y porqué. En fin…

Esta entrada está dirigida especialmente a ellos, a hacerles un poco más llevadero su confinamiento. Claro que, por su cuenta, los peques no creo que accedan a ella. Mas como no van a estar solos, lógicamente, si usted está leyendo esto y tiene niños a su cargo, ¿qué tal si ve los vídeos con ellos? Son perfectos para iniciarles en la ópera. En la línea de las películas de Disney Fantasía (1940) y de la italiana de Bruno Bozzetto Allegro non troppo (1976), ambas también de animación, el propietario de esta Ópera imaginaria va presentando a los espectadores diversas arias y explicando sus argumentos y personajes. Se consigue así una uniformidad dentro de la diferencia, ya que los doce cortos que recrean los doce fragamentos están realizados con técnicas distintas, como el stop motion, o la animación en 3D.

De estos doce fragmentos he seleccionado ocho –aquellos de mayor calidad dentro de los disponibles– y los he ordenado tal como figuran en la película. Comenzamos, pues, con “La donna è mobile”, aria de la ópera de Giuseppe Verdi Rigoletto, basada en la obra teatral de Victor Hugo Le roi s’amuse (1832), que se estrenó en el teatro La Fenice de Venecia en 1851. Es su intérprete el gran tenor sueco Nicolai Gedda, una de las más voces más versátiles de la historia de la ópera, la belleza de cuyo tono es única.

“Avec la garde montante” (Con la nueva guardia) es una aria de la ópera de Georges Bizet Carmen (libreto en francés de Ludovic Halévy y Henri Meilhac), basada en la novela homónima de Prosper Mérimée (1845) y estrenada en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de París en marzo de 1875. La interpreta el coro infantil parisino Les Petits Chanteurs à la Croix de Bois, cuya fundación se remonta a 1907.

Vamos ahora con “Voi che sapete che cosa è amor” (Qué sabéis vos lo que es el amor), aria de Las bodas de Fígaro (Le nozze di Figaro), ópera bufa en cuatro actos con música de Wolfgang Amadeus Mozart y libreto en italiano de Lorenzo da Ponte que se basa en la comedia teatral de Pierre Augustin Caron de Beaumarchais del mismo título (1874). Mozart compuso la partitura entre 1785 y 1786 y la ópera se estrenó en Viena el 1 de mayo de 1786 bajo la dirección del mismo compositor. La voz que escuchamos es la de la soprano y mezzosoprano belga especializada en repertorio francés, de Mozart y contemporáneo Suzanne Danco (1911-2000).

Sigue la aria de Puccini “Un bel dì vedremo” (Un buen día), de Madama Butterfly, ópera que se estrenó en La Scala de Milán en 1904. Lo interpreta la soprano estadounidense Felicia Weathers.

De nuevo Mozart. Ahora con “Bald prangt, den Morgen zu verkünden… Du also bist mein Bräutigam” (Pronto, anunciando el mañana… Pues eres mi novio), de su ópera cómica La flauta mágica (Die Zauberflöte), un cuento de hadas, una historia de amor, que fue la última ópera que se escenificó en vida del autor. Él mismo la dirigió, en el Freihaus-Theater auf der Wieden de Viena, el 30 de septiembre de 1791, dos meses antes de fallecer. Interpreta la aria Lucia Popp (1939-1993), popular soprano eslovaca que destacó por el clarísimo timbre de su voz, que dominaba como quería y alcanzaba el culmen con la coloratura.

El “Coro di zingarelle e mattadori” (Coro de gitanillas y toreros) pertenece a La Traviata, la ópera más famosa de Verdi, si bien su estreno –acaecido el 6 de marzo de 1853 en el teatro La Fenice de Venecia– fue un fiasco, terminando la primera representación con burlas y carcajadas del público. A ello no fue ajeno el hecho de que el papel de la protagonista (Violetta) lo encarnara una soprano que ya contaba con 38 años de edad y cuyo sobrepeso hacía poco creíble que alguien así pudiera morir, como ocurre en la ópera, de consunción. Volvió a representarse un año después en el Teatro San Benedetto, también en Venecia, con nuevos arreglos y una soprano mucho más joven y con menos peso. Y llegó el éxito, convirtiéndose en una de las óperas más representadas de la historia y perfecta para iniciarse en su mundo. En esta ocasión escuchamos al coro y orquesta de la Accademia di Santa Cecilia de Roma.

Muy hermoso, y muy conocido e interpretado a menudo como pieza suelta en concierto, es el “Dúo de las flores” (“Duo des fleurs” o “Sous le dôme épais”), de la ópera de Léo Delibes Lakmé, cuya acción transcurre en India a finales del siglo XIX durante la época de la conquista colonial inglesa. Lakmé se presentó por primera vez al público en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de París en 1883. Lo escuchamos por las sopranos francesas Mady Mesplé y Danielle Millet.

Finalizamos con la aria “E lucevan le stele” (Y las estrellas brillaban), de Tosca, ópera en tres actos, con música de Giacomo Puccini y libreto en italiano de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa que fue estrenada con éxito en Roma el 14 de enero de 1900, en el Teatro Costanzi. El texto de la obra está basado en el drama La Tosca, de Victorien Sardou, presentado en París en 1887. La voz es la del tenor italiano Carlo Bergonzi (1924-2014).

Que pasen un buen día. Y pónganles estos vídeos a los niños. Los disfrutarán, creo.

4’33’’

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Si conoce la obra de John Cage 4’33’’ siga leyendo si le apetece. Si no, deténgase a ver el video que hay bajo estas líneas. No hay ningún problema con el sonido, el video es de muy buena calidad.

John Cage (1912-1999) está considerado uno de los iniciadores de la llamada “música abierta”, en la que el azar interviene como método de composición, y de los happenings. El happening es un acontecimiento artístico de naturaleza escénica que consiste en la “apropiación” de un espacio, generalmente urbano, en el que llevar a cabo una “acción/actuación” y producir un paréntesis estético. Se trata, pues, de una acción efímera, irrepetible. Ahí radica su mayor valor.

El happening nació a finales de la década de 1950 como una contestación al arte oficial, o académico, especialmente el expresionismo abstracto y otras tendencias similares. Su finalidad consistía en superar el objeto artístico tradicional uniendo arte y vida, creando situaciones en las que no hubiese espectadores y artistas, sino solamente participantes de una experiencia común (“Todos somos artistas”, diría Beuys en 1965), una experiencia liberadora y creadora de conciencias críticas a través de la experiencia estética. La fugacidad de la acción, la irrepetibilidad de lo vivido, se mostraba como su principal arma: difícilmente una situación puede configurarse como una obra de arte concreta y terminada. El arte se liberaba, de este modo, pensaban, de la instrumentalización mercantilista, poniendo fin a la pervivencia del culto burgués respecto a la pintura y escultura. El arte se emancipaba de conceptos como estilo, unicidad o perdurabilidad, lejos del arte oficial promovido por críticos y marchantes, lejos de los museos y del mercado.

La música desempeñó un papel muy importante en los primeros happenings; luego, problemas presupuestarios casi siempre harían que su presencia fuera disminuyendo. La obra de Cage 4’33’’ fue compuesta en 1952 y en el ánimo de Cage estaba sin duda realizar una crítica social del gusto musical medianamente cultivado y de la mercantilización del arte a través de la industria musical (del mundo del espectáculo). Durante cuatro minutos y treinta y tres segundos, los intérpretes se sientan en silencio ante sus instrumentos y la música la constituyen los sonidos inconexos del ambiente, como habrás podido observar. Pero, como todo en esta sociedad, el happening acabó siendo fagocitado por el mercado. Hoy se le rinde culto, anulando cualquier intento de trasgresión. En el video que ha visto, la “representación” es tratada y recibida con todos los honores de una composición clásica. Nada puede escapar a las leyes del mercado.

Como en el caso del urinario de Duchamp, la acción de Cage no era algo nuevo, y de no haber tenido lugar en Estados Unidos es posible que su repercusión hubiera sido escasa, si no nula. Como señaló Asger Jorn, hacia 1930 se produjo la separación entre artistas de vanguardia e izquierda revolucionaria, aliados antaño y desde entonces “no ha habido un movimiento revolucionario ni una vanguardia artística que respondiesen a las posibilidades de la época”. Lo cierto es que 4’33’’ nada nuevo aportó, pues de innovación poco tenía. Otra cosa es la intencionalidad de Cage. En 1897 el escasamente reconocido Alphonse Allais, una de las mentes más geniales y punzantes de los tiempos de la de la Belle Époque, había ‘compuesto’ su Marche funèbre composée pour les funérailles d’un grand homme sourd (Marcha fúnebre compuesta para las exequias de un célebre hombre sordo). “Las grandes penas son mudas”, decía.

“Todo está dicho” se titula una de las secciones de este blog. La presente podría formar parte de una que llamara algo así como “Se haga lo que se haga, todo se hizo ya”.

Coppélia

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Natalia Osipova en ‘Coppélia’ / Fotografía de Marc Haegerman-The New York Times.

Coppélia es un ballet, entre sentimental y cómico, que posee un encanto irresistible. No creo que haya quien lo haya visto o simplemente haya escuchado su música –mucho mejor lo primero, obviamente– y diga que no le gusta. No creo, aunque vete a saber. Como dice la paremia, para gustos los colores.

Nos cuenta la historia del Doctor Coppélius, un viejecito juguetero un tanto misterioso que construye juguetes autómatas, entre ellos una muñeca animada llamada Coppélia, que parece dotada de vida, de la que se enamora un joven llamado Franz. Su novia, Swanilda, una muchacha aldeana, logra acceder al gabinete de Coppélius y descubre el misterio de esa muchacha que está siempre sentada frente a la ventana con un libro en sus manos y saluda maquinalmente a su novio. Es así que el preciado secreto del Doctor Coppélius deja de serlo. Swanilda se hace pasar por la muñeca, con lo que esta cobra vida, y el Doctor Coppélius cae en el ardid. Finalmente, ella le pedirá perdón por tamaña osadía y Franz y Swanilda se casarán en medio de una gran fiesta popular.

Coppélia está basado en una tétrica historia de E.T.A. Hoffmann (El hombre de arena, 1815). Este ballet-pantomima en dos actos y tres escenas se estrenó en el Teatro Imperial de la Opera de la Rue Le Peletier de París el 25 de mayo de 1870 en presencia del emperador Napoleón III. El libreto es original de Charles Nuitter y Arthur Saint-Léon, y la música de Léo Delibes, quienes sitúan la acción en una pequeña y típica aldea alemana. “Nuitter, archivero de la Opera y conocedor de los entresijos del ballet, no quiso trasladar al guión del ballet Coppélia todos los detalles morbosos del cuento de Hoffmann, un universo tenebroso donde un personaje de tintes satánicos, Coppélius, no se priva de extraerle los ojos de los vivos para trasladarlos a los muñecos autómatas que construía y así pasarles el aliento de la vida. Nuitter prefiere hacerle pasar por un vejete un poco alocado y excéntrico, avaro por más señas, que construye hermosos y entretenidos mecanismos. También traslada la acción a la región de Galizia, ideal para un ballet por su profusión de mazurkas y czardas endiabladas de vertiginosas dificultades y de ritmos vivos” (Roger Salas, “Una ‘Coppélia’ de tradición”, El País, 30 de enero de 2014).

Rudolf Nureyev, que bailó muchas veces esta obra, decía que Coppélia “puede ser infantil, pero no estúpida”. Y esta es –sigue diciendo Salas– otra clave de su interés actual: “no hay arbitrariedad en su historia, salvo que los autómatas han pasado de moda como juguete infantil, sustituidos por las consolas electrónicas”.

Conocen Coppélia, imagino. Si así es, supongo que estarán de acuerdo conmigo cuando digo que es una delicia que se disfruta con todos los sentidos. ¿No? Vean los vídeos que siguen y me darán la razón. Por todo esto, como he dicho en otras ocasiones que he publicado alguna entrada pensando sobre todo en los niños, es obvio que estos, por su cuenta, no accederán a la misma ni llegarán a leer esto. Así, la complicidad de los adultos deviene, lógicamente, esencial. Pero, sinceramente, no creo que sea un gran sacrificio, pues seguro que disfrutarán tanto o más que ellas con Coppélia.

Y ya les dejo con la selección de los números del ballet que hemos preparado, correspondientes todos –con el fin de darle una razonable homogeneidad– a las giras del Bolshoi Ballet de 2009 y 2011, con la coreografía original de Marius Petipa, la más lograda y la más representada, en versión de Sergei Vikharev. A destacar la siempre magnífica Natalia Osipova (Coppélia), ahora bailarina principal del Royal Ballet de Londres.

Del acto primero, incluimos –en el orden en que se suceden en la representación– los números del ballet “Vals lento (2011), “Mazurca” (2011), “Balada de L’Epi” (2011) –Natalia Osipova y Vyacheslav Lopatin– y “Swanilda y sus amigas” (2011).

Al acto segundo corresponden los dos siguientes: Bolero (2009) y “Gigue” (2009). La giga (en francés: gigue) es una danza barroca alegre en compás de seis por ocho, con aire acelerado, que surgió en Irlanda e Inglaterra.

Y del tercero, y último, el conocido “Vals de las horas (2011), en el primer vídeo; “La paz” (2001), con Natalia Osipova y Vyacheslav Lopatin, “Variation, con Anna Tihomirova, y “Danza de Fiesta” (2011) –los tres en el segundo– y el galop final con que finaliza Coppélia. En este tercero, el galop comienza a partir del minuto 2:41, pues repite final del anterior.

Que les vaya bien (o lo mejor posible).

Arias de ópera

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Ermonela Jaho en un momento de su interpretación de la aria “Un bel dì vedremo” durante la representación de Madama Butterfly en el teatro Opéra Grand Avignon (2013).

Escribo esto hoy, sábado 1 de julio, tras haber visto ayer viernes la retransmisión de la ópera de Giacomo Puccini –estrenada en La Scala de Milán en 1904– Madama Butterfly, en versión de Mario Gas, que ofreció La2 de Televisión Española desde el Teatro Real de Madrid, sumándose de este modo a la celebración de la Semana de la Ópera 2017 (30 de junio al 9 de julio). Y a una hora sensata y no de madrugada, como en otras ocasiones. El papel principal, el de Butterfly (Cio-Cio San), sobre el que recae todo el peso de la obra, tanto en lo musical como en lo emocional, corrió a cargo de la soprano albanesa Ermonela Jaho. Impecable. Su admirable línea de canto y sus soberbias condiciones como actriz la llevan a la plena asunción del personaje, logrando conmover nuestro ánimo hasta el punto que acabamos reconociéndonos en Butterfly y su tragedia.

Así pues, con ella vamos a empezar esta entrada que dedicamos a las arias de ópera. Me he levantado con ganas de ópera y me encantan las arias. La mayoría de las de hoy ya las hemos incluido en otras ocasiones, aunque no con los mismos intérpretes. Veamos, y escuchemos, a Ermonela Jaho en la emotiva aria “Un bel dì vedremo” (Un buen día), aunque no en la representación a que aludía antes –a mi juicio mejor que esta, aún de mayor intensidad dramática–, sino desde el teatro Opéra Grand Avignon en noviembre de 2013.

Vamos ahora con “Casta diva”, de la ‘tragedia lírica en dos actos’ de Vincenzo Bellini Norma, estrenada en 1831. Su intérprete en el vídeo que figura bajo estas líneas es María Callas, La Divina, la cantante de ópera más célebre del siglo XX, cuya prodigiosa voz, de amplia tesitura, unida a su dominio de la técnica, se adaptaba a la perfección a todo tipo de registros. El vídeo recoge el momento del concierto que ofreció el 19 de diciembre de 1958 en el teatro de la Ópera de París en el que interpreta “Casta diva”.

Y hablando de voces célebres del siglo XX, es ahora Luciano Pavarotti, probablemente el tenor más popular de su segunda mitad, poseedor de la más bella voz masculina del periodo, vigorosa, de timbre y potencia únicos, de impoluta técnica e impecable fraseo, quien nos deleita con “Una furtiva lagrima”, de la ópera de Gaetano Donizetti L’elisir d’amore (1832, El elixir de amor).

La aria “Libiamo ne’ lieti calici”, de la famosísima ópera de Giuseppe Verdi La Traviata (1853), es considerada uno de los más brillantes momentos de su obra y de la historia de la ópera en general. Y es que “Libiamo ne’ lieti calici”, y La Traviata en conjunto, es una de esas composiciones que resultan del agrado de hasta quienes no gustan de la ópera. Son sus intérpretes la soprano ruso-austriaca Anna Netrebko y el tenor franco-mexicano Rolando Villazón durante la representación de la obra por la Ópera Estatal de Viena en el marco del festival de Salzburgo de 2005.

“Caro nome” –aria por la que uno siente especial predilección– suena en otra ópera de Giuseppe Verdi, en Rigoletto (1851), casi al final del primer acto. “Caro nome” es perfecta para el lucimiento de cualquier buena soprano, como es la francesa de Patricia Petibon, por la gran versatilidad y frescura de su voz, su excelente dominio de la coloratura, su expresividad y su gama inacabable de recursos interpretativos. La vemos, y escuchamos, en la versión de Rigoletto que se representó en el teatro de la Ópera Estatal de Baviera (Múnich) el 30 de diciembre de 2012.

Y terminamos con El barbero de Sevilla (Il barbiere di Siviglia), una ópera bufa en dos actos con música de Gioachino Rossini y libreto de Cesare Sterbini. Se estrenó –aunque con otro título: Almaviva, o la precaución inútil– el 20 de febrero de 1816 en el Teatro Argentina de Roma. La aria que hemos elegido de la de Rosina, uno de los papeles del repertorio operístico que requieren la mayor precisión, el cual encarna en esta representación, desde el Teatro Real de Madrid (2005), la soprano española María Bayo en una de sus actuaciones más logradas.

Que pasen un buen domingo.

Ópera imaginaria. Una maravilla para iniciar a los niños en la ópera.

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Doce conocidas arias de doce famosas óperas –PagliacciRigolettoCarmenLas bodas de FígaroMadama ButterflyLos pescadores de perlasLa flauta mágicaLa CenicientaFaustoLa TraviataLakmé y Tosca– son las que figuran en la película de animación Ópera imaginaria (Opéra imaginaire es su título original), que coordinó el especialista en animación Pascal Roulin para la televisión pública francesa en 1993 y contó con otros once directores más (uno por aria).

En la línea de las películas de Disney Fantasía (1940) y de la italiana de Bruno Bozzetto Allegro Non Troppo (1976), ambas también de animación, el propietario de esta Ópera imaginaria va presentando a los espectadores diversas arias y explicando sus argumentos y personajes. Se consigue así una uniformidad dentro de la diferencia, ya que los doce cortos que recrean los doce fragmentos están realizados con técnicas distintas, como el stop motion o la animación en 3D. Todos ellos muy logrados y perfectamente ensamblados con la música, que cobra más belleza si cabe. Sus cincuenta minutos de duración seguro que les pasarán en un santiamén, como a los niños que la vean (en principio, sus lógicos destinatarios; claro que esto ya no depende de ellos sino de ustedes).

De estos doce fragmentos hemos seleccionado ocho –aquellos de mayor calidad dentro de los disponibles– y los hemos ordenado no como en la película –en ella aparecen tal mencionábamos las óperas al principio– sino en función del año en que se estrenó cada una de las óperas a las que pertenecen.

Comenzamos con “Voi che sapete che cosa è amor” (Qué sabéis vos lo que es el amor), aria de Las bodas de Fígaro (Le nozze di Figaro), ópera bufa en cuatro actos con música de Wolfgang Amadeus Mozart y libreto en italiano de Lorenzo da Ponte que se basa en la comedia teatral de Pierre Augustin Caron de Beaumarchais del mismo título (1874). Mozart compuso la partitura entre 1785 y 1786 y la ópera se estrenó en Viena el 1 de mayo de 1786 bajo la dirección del mismo compositor. La voz que escuchamos es la de la soprano y mezzosoprano belga especializada en repertorio francés, de Mozart y contemporáneo Suzanne Danco (1911-2000).

También de Mozart es “Bald prangt, den Morgen zu verkünden… Du also bist mein Bräutigam” (Pronto, anunciando el mañana… Pues eres mi novio). Esta es de su ópera cómica La flauta mágica (Die Zauberflöte), un cuento de hadas, una historia de amor, llena de símbolos masones, que fue la última ópera que se escenificó en vida del autor. Él mismo la dirigió, en el Freihaus-Theater auf der Wieden de Viena, el 30 de septiembre de 1791, dos meses antes de fallecer. Interpreta la aria Lucia Popp (1939-1993), popular soprano eslovaca que destacó por el clarísimo timbre de su voz, que dominaba como quería y alcanzaba el culmen con la coloratura.

“La donna è mobile” es una aria de la ópera de Giuseppe Verdi Rigoletto, basada en la obra teatral de Victor Hugo Le roi s’amuse (1832), y se estrenó en el teatro La Fenice de Venecia en 1851. Es su intérprete el gran tenor sueco Nicolai Gedda, una de las más voces más versátiles de la historia de la ópera, la belleza de cuyo tono es única.

El “Coro di zingarelle e mattadori” (Coro de gitanillas y toreros) pertenece a La Traviata, la ópera más famosa de Verdi, si bien su estreno –acaecido el 6 de marzo de 1853 en el teatro La Fenice de Venecia– fue un fiasco, terminando la primera representación con burlas y carcajadas del público. A ello no fue ajeno el hecho de que el papel de la protagonista (Violetta) lo encarnara una soprano que ya contaba con 38 años de edad y cuyo sobrepeso hacía poco creíble que alguien así pudiera morir, como ocurre en la ópera, de consunción. Volvió a representarse un año después en el Teatro San Benedetto, también en Venecia, con nuevos arreglos y una soprano mucho más joven y con menos peso. Y llegó el éxito, convirtiéndose en una de las óperas más representadas de la historia y perfecta para iniciarse en su mundo. En esta ocasión escuchamos al coro y orquesta de la Accademia di Santa Cecilia de Roma.

“Avec la garde montante” (Con la nueva guardia) es una aria de la ópera de Georges Bizet Carmen (libreto en francés de Ludovic Halévy y Henri Meilhac), basada en la novela homónima de Prosper Mérimée (1845) y estrenada en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de París en marzo de 1875. La interpreta el coro infantil parisino Les Petits Chanteurs à la Croix de Bois, cuya fundación se remonta a 1907.

Muy hermoso, y muy conocido e interpretado a menudo como pieza suelta en concierto, es el “Dúo de las flores” (“Duo des fleurs” o “Sous le dôme épais”), de la ópera de Léo Delibes Lakmé, cuya acción transcurre en India a finales del siglo XIX durante la época de la conquista colonial inglesa. Lakmé se presentó por primera vez al público en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de París en 1883. Lo escuchamos por las sopranos francesas Mady Mesplé y Danielle Millet.

De Tosca es la aria “E lucevan le stele” (Y las estrellas brillaban), ópera en tres actos, con música de Giacomo Puccini y libreto en italiano de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa que fue estrenada con éxito en Roma el 14 de enero de 1900, en el Teatro Costanzi. El texto de la obra está basado en el drama La Tosca, de Victorien Sardou, presentado en París en 1887. La voz es la del tenor italiano Carlo Bergonzi (1924-2014).

Terminamos con otra aria de Puccini: “Un bel dì vedremo” (Un buen día), de Madama Butterfly, ópera que se estrenó en La Scala de Milán en 1904. Lo interpreta la soprano estadounidense Felicia Weathers.

Que pasen un buen  día. Y pónganles estos vídeos a los niños. Los disfrutarán, seguro.

4’33’’

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Si conoce la obra de John Cage 4’33’’ siga leyendo si le apetece. Si no, deténgase a ver primero el vídeo que hay bajo estas líneas por la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Nacional de Quito (Ecuador), en el concierto de fin de semestre que dio el 30 de enero de 2012. No hay ningún problema con el sonido, es de muy buena calidad.

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John Cage en 1988.

John Cage (1912-1999) está considerado uno de los iniciadores de la llamada “música abierta”, en la que el azar interviene como método de composición, y de los happenings. El happening es un acontecimiento artístico de naturaleza escénica que consiste en la “apropiación” de un espacio, generalmente urbano, en el que llevar a cabo una “acción/actuación” y producir un paréntesis estético. Se trata, pues, de una acción efímera, irrepetible. Ahí radica su mayor valor.

El happening nació a finales de la década de 1950. 18 happenings in 6 parts, de Allan Kaprow, acción llevada a cabo en 1958, se considera la primera de este tipo; al menos, la primera en utilizar la palabra. En este evento Kaprow creó un acontecimiento, del que apenas quedan unas pocas fotografías, en el que combinaba elementos de diversas artes: música, baile, construcciones, proyección de imágenes… Nacidos como una contestación al arte oficial, o académico, especialmente el expresionismo abstracto y otras tendencias similares, la finalidad de los happenings consistía en superar el objeto artístico tradicional uniendo arte y vida, creando situaciones en las que no hubiesen espectadores y artistas, sino solamente participantes de una experiencia común (“Todos somos artistas”, diría Beuys en 1965), una experiencia liberadora y creadora de conciencias críticas a través de la experiencia estética.

La fugacidad de la acción, la irrepetibilidad de lo vivido, se mostraba como su principal arma: difícilmente una situación puede configurarse como una obra de arte concreta y terminada. El arte se liberaba, de este modo, pensaban, de la instrumentalización mercantilista, poniendo fin a la pervivencia del culto burgués respecto a la pintura y escultura. El arte se emancipaba de conceptos como estilo, unicidad o perdurabilidad, lejos del arte oficial promovido por críticos y marchantes, lejos de los museos y del mercado.

La música desempeñó un papel muy importante en los primeros happenings; luego, problemas presupuestarios casi siempre harían que su presencia fuera disminuyendo. La obra de Cage, 4’33’’, fue compuesta en 1952 y en el ánimo de Cage estaba sin duda realizar una crítica social del gusto musical medianamente cultivado y de la mercantilización del arte a través de la industria musical (del mundo del espectáculo). Durante cuatro minutos y treinta y tres segundos, los intérpretes se sientan en silencio ante sus instrumentos y la música la constituyen los sonidos inconexos del ambiente, como habrá podido observar. Pero, como todo en esta sociedad, el happening acabó siendo fagocitado por el sistema. Hoy se le rinde culto, anulando cualquier intento de trasgresión. En el video que ha visto, la “representación” es tratada y recibida con todos los honores de una composición clásica. Nada puede escapar al sistema. Por lo menos mientras dure. Y parece que va para largo.