28-A (con A de ABSTENCIÓN)

Cap

Izquierda, derecha, adelante, atrás… Adelante, atrás… Atrás, atrás… Un, dos, tres… Y vuelta a empezar.

No te degrades. No votes.

Fraude, vileza, calumnia, hipocresía, mentira, todo el cieno que yace en el fondo de la bestia humana; he ahí el hermoso espectáculo que nos ofrece un país civilizado cuando llega un periodo electoral. Así es y será mientras haya elecciones para elegir amos.

Las Cortes son siempre inferiores al término medio del país, no solo en conciencia sino en inteligencia. Un país culto se rebaja con su representación. Si sus propósitos fueran estar representado por imbéciles y malos sujetos no estaría más acertado en la elección.

Piotr Kropotkin: Palabras de un rebelde (París 1885)

Lucha de clases e industrialización

Lucha de clases e industrialización (2)Entre el 8 y el 13 de julio de 1873 los obreros de la ciudad de Alcoi protagonizaron la primera huelga general de carácter revolucionario que tuvo lugar en el Estado español, una insurrección que marcó no solo el devenir de la clase obrera local y de la Federación Regional Española de la Asociación Internacional de Trabajadores, sino que fue determinante en el fin de la Primera República. Popular-mente se la ha conocido siempre con el sobrenombre de El Petrolio, por ser el petróleo el líquido con que los insurrectos rociaron e incendiaron la casa consistorial y algunos inmuebles colindantes desde donde se ofrecía resistencia a los amotinados. Los sucesos del Petrolio se saldaron con la muerte de forma violenta del alcalde y de quince personas más, siete de los cuales eran guardias civiles y tres huelguistas. En los días inmediatos a la entrada del ejército en la ciudad se instruyó un sumario en el que fueron encausados entre 600 y 700 trabajadores, de los que 286 acabaron siendo procesados y muchos de ellos encarcelados, acusados de 110 delitos.

Los hechos del Petrolio fueron el objeto de investigación de mi tesis de licenciatura que dirigió mi buen amigo, lamentablemente ya fallecido (2002), Alfons Cucó. Alfons me recomendó hablar con Mario García Bonafé, quien gracias a ello se convertiría en otro gran amigo. Mario –con su cuñado, luego también amigo, Rafael Aracil– había trabajado sobre la industrialización valenciana, y la alcoyana en particular, y la clase obrera. Su ayuda fue esencial a la hora de abordar metodológicamente la investigación. Fue entonces cuando entre en contacto con la historiografía marxista británica promovida por el llamado grupo de historiadores del Partido Comunista de Gran Bretaña que propugnaba una “historia desde abajo”, especialmente con la obra de E.P. Thompson.

Partí, así, de la base de que el término clase obrera es un concepto moderno, propio de la sociedad que se origina con la industrialización capitalista. Es una categoría histórica que se define en su efectivo acontecer y que solo existe realmente en el momento histórico en que adquiere conciencia de sí misma como tal, cuando –como consecuencia de múltiples y diversas experiencias compartidas– se da cuenta de la identidad de sus intereses y de la oposición de estos respecto a la clase dominante. Las clases, pues, son formaciones históricas que surgen del propio proceso de la lucha de clases y su análisis es en realidad el análisis de la lucha de clases.

Cómo llegó el proletariado alcoyano a adquirir esa conciencia es el tema que analiza la tesis y el libro, para lo que se remonta a los inicios de la industrialización y la aparición del maquinismo y estudia las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera y su lucha desde las tempranas manifestaciones luditas (a partir de 1821) hasta la insurrección de julio 1873 (la conocida Revolución del petróleo, el Petroli).

Con John Foster

Con John Foster en 1988.

La tesis llevaba por título “El movimiento obrero alcoyano: de los orígenes a la Internacional (1821-1873)”. Resumida y abreviada se editó en 1980 con otro título aún más largo: Lucha de clases e industrialización. La formación de una conciencia de clase en una ciudad obrera del País Valencià (Alcoi: 1821-1873). El título he de reconocer que lo saqué del libro del historiador británico John Foster Class Struggle and the Industrial Revolution (Early Industrial Capitalism in three English Towns), publicado en Londres en 1974 (Methuen). Fue uno de los que Mario García Bonafé me recomendó leer y me fue muy útil. A Foster no le pareció mal; todo lo contrario.

El libro, de solo 136 páginas, tuvo una muy buena aceptación tanto académica como popular y se agotó la tirada. Hoy es un libro inencontrable, sobre todo porque la editorial, Almudín, hace tiempo que cerró. Pero, aunque siguiera estando activa y pudiera, por tanto, reeditar el libro, no daría mi consentimiento. Han pasado muchos años desde 1980, tanto para la monografía como para mí, y eso se trasluce en el libro. En la actualidad considero Lucha de clases una obra de juventud, de excesos y carencias. Eso sí, no renuncio a reeditarla algún día.

Estuve a punto de hacerlo en 2008, año en que se cumplían 135 años de la revolución del Petrolio. La reescribí por completo. Pero, hete aquí, que sucedió lo peor que le puede pasar a un autor: perder el manuscrito al dañarse el disco duro de mi ordenador y no tener copia de seguridad. Del borrador, por fortuna, sí tenía y me puse de nuevo manos a la obra. Sin embargo, por entonces mis inquietudes se orientaban más que nada hacia el campo de la novelística y decidí novelar los hechos, surgiendo de este modo El corto tiempo de las cerezas.

La idea de reeditarla –de reescribirla– persiste, no obstante. Me ofrecieron hacerlo hará tres o cuatro años en una de las colecciones de la Institució Alfons el Magnànim, de la Diputación de Valencia, pero uno no puede publicar un libro en una editorial institucional cuando es más que crítico con este tipo de iniciativas que enarbolan sin pudor la bandera de la meritocracia y amiguismo más descarados.

Se me ha ocurrido mientras escribía estas líneas buscar en internet alguna referencia del libro y me encuentro con esto: “Ahora el Círculo Industrial [de Alcoi], merecedor de la Medalla de Oro a juicio de la izquierda institucional, reedita el libro de Coloma [La Revolución Internacionalista Alcoyana de 1873 (El Petrolio), 1959]. De gran interés si se busca indagar en el franquismo sociológico más rancio. Un cuento de mártires y villanos. Pero si la intención fuese rescatar una investigación histórica, digna de tal nombre, publicarían la obra de Clara Lida, Anarquismo y Revolución en la España del XIX, o Lucha de clases e industrialización, de Cerdà. Lástima.” (Diego Fernández Vilaplana, profesor de Historia y Geografía del IES Nou Derramador de Ibi, “El Petrolio”, diario Información, 29 de mayo de 2018).

Pues nada, un motivo más para terminar de reescribir el libro y editarlo de nuevo. Perdón, de autoeditarlo.

Que pasen un buen día.

Los hechos de Cullera de 1911

cap6

Cuerda de presos por los hechos de Cullera. / Mundo Gráfico.

En 1911 se recrudecían en el País Valenciano las protestas contra la guerra de Marruecos (la segunda, o Guerra del Rif), tras los dramáticos sucesos de la Semana Trágica (1909).

Ese año, la protesta contra la guerra alcanzaba un alto nivel de excitación. Las organizaciones anarquistas, sobre todo, se lanzaron con todos sus efectivos a protestar contra una situación que se llevaba jóvenes trabajadores a luchar por una causa extraña para ellos y que, probablemente, dejarían allí sus vidas. Sin duda, este motivo y el tradicional odio contra las quintas hicieron que la campaña tuviera gran eco entre amplios sectores de la población.

En el País Valenciano se produjeron alborotos en numeras localidades. En la ciudad de Valencia veinte sociedades obreras, reunidas en la Casa del Pueblo, acordaron el 17 de septiembre declarar la huelga general. En la calles se sucedieron las manifestaciones y los enfrentamientos con la Guardia Civil. El capitán general declaró el estado de guerra y se clausuraron la Casa del Pueblo y la Escuela Moderna. En Xàtiva también se produjeron manifestaciones: los manifestantes levantaron barricadas y hubo un muerto y tres heridos a causa de diversos enfrentamientos con el ejército. La tensión en Alicante llegó a ser extrema. En el municipio alicantino de Aspe la huelga duró seis meses, y en el valenciano de Alzira los campesinos se amotinaron a los gritos de ¡Viva la Revolución social y el anarquismo! y ¡Muerte al capitalismo!, destrozaron un buen tramo de vía férrea y detuvieron dos trenes llenos de reclutas cuando iban a salir de la estación. También hubo manifestaciones y enfrentamientos en Elche, Alcoi, Carcaixent –donde los amotinados quemaron los archivos del ayuntamiento–, Silla, Buñol, Chiva y Castellón de la Plana.

Al primer congreso de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) –celebrado en Madrid los días 8, 9 y 10 septiembre de 1911– asistió una delegación de Cullera*, la cual, al domingo siguiente, se reunía con la Junta General de la Unión Agrícola para informar de las resoluciones del congreso, acordándose declarar la huelga general el día siguiente. El lunes 18 nadie trabajaba en el municipio y unas doscientas personas impedían la salida del primer tren de la mañana.

Cuando la noticia llegó a Sueca –donde se emplazaba el partido judicial– el juez, Jacobo López de Rueda, se jactó de que sofocaría la revuelta él solo, y temerariamente, sin hacer caso a nadie, marchó hacia Cullera acompañado del secretario, el habilitado, los hijos mayores de estos dos, el alguacil y un vecino de Cullera que había ido a Sueca por razones administrativas. Al llegar a la estación increparon a unos huelguistas que estaban levantando los raíles y detuvieron a dos. Cuando entraron en la ciudad la gente empezó a gritar Que s’enduen els homes! (¡Que se llevan a los hombres!) y rodearon la galera en que iban, consiguiendo que se detuviera y pudieran salir los detenidos. La tensión llegó a tal punto que un exaltado salió de entre la multitud y dio una puñalada al secretario. El juez y sus acompañantes trataron de huir en dirección al ayuntamiento. Consiguieron refugiarse en sus dependencias, pero durante el trayecto resultó herido el aguacil. Los ánimos estaban aún más encendidos y algunos huelguistas asaltaron la casa consistorial, cogieron al juez y al habilitado, los sacaron a la calle y los cosieron a puñaladas.

Mientras esto sucedía, una columna de carabineros llegó al pueblo y los amotinados emprendieron la retirada, uniéndose a otros grupos de fugitivos de otras localidades cercanas donde también habían tenido lugar altercados. La represión se inició inmediatamente. Pronto comenzaron a practicarse las primeras detenciones y se instruyó un sumario a 29 hombres, de los cuales 22 fueron procesados, si bien el número de detenidos en un primer momento parece que fue muy elevado.

El juicio que se celebró en enero de 1912 condenó a seis de ellos a la pena de muerte. Finalmente todos fueron indultados excepto el principal encausado, Juan Jover El Xato de Cuqueta, a quien en última instancia el rey le conmutó también la pena. Catorce más fueron condenados a penas de entre doce años de prisión a cadena perpetua.

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A la izquierda El Xato de Cuqueta, autor de la muerte del juez y Jacobo López de Rueda, el juez de Sueca (a la derecha). / Mundo Gráfico.

Los hechos de Cullera –de los que hoy se cumplen 105 años–, protagonizados por campesinos en una comarca donde el anarquismo consiguió canalizar el descontento por la marcha de sus jóvenes a Marruecos en un año en que la cosecha del arroz había sido catastrófica, fueron explotados al máximo por la derecha para atemorizar a la gente, logrando un fortalecimiento de los partidos monárquicos en las siguientes elecciones.

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* Cullera es un municipio de la provincia de Valencia (comarca de La Ribera) de más de 22.000 habitantes hoy muy conocido por sus playas, uno de los mayores centros de veraneo de España. Cuando tuvieron lugar los sucesos que tratamos sus habitantes eran unos 12.000, la mayoría de los cuales vivían del cultivo del arroz y, en menor medida, del naranjo y la pesca.

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Publicado originalmente, en catalán, mi libro Els movimentos socials al País Valencià (1981).