En esta época, cada vez más reprimida en todos los ámbitos, hay un hombre particularmente repugnante, claramente más policial que la media. Construye habitáculos celulares individuales, una capital para los nepalíes, guetos verticales, tanatorios para una época que sabrá qué hacer con ellos, construye iglesias.
El modulador protestante, el Corbusier-Sing-Sing, el pintamonas de mamarrachos neo-cubistas hace funcionar la ‘máquina de habitar’ para mayor gloria de Dios, que hizo a su imagen las carroñas y los corbusiers.
No olvidemos que, si bien el urbanismo moderno nunca ha sido arte –y menos aún un marco para la vida–, siempre ha estado en cambio inspirado por las directivas de la policía, y que después de todo Haussmann hizo los bulevares solo para conducir cómodamente el cañón.
Pero hoy, la prisión se convierte en habitación-modelo y la moral cristiana triunfa sin réplica cuando se nos dice que Le Corbusier ambiciona suprimir la calle. He aquí su programa: la vida, definitivamente dividida en islotes cerrados, en sociedades vigiladas; es el fin de las posibilidades de insurrección y de encuentro, la resignación automática. (…)
Con Le Corbusier, los juegos y experiencias que tenemos derecho a esperar de una arquitectura verdaderamente perturbadora –el extrañamiento cotidiano– se sacrifican a la casita-vertedero en la periferia (…)
Hay que ser majadero para considerar moderna esta arquitectura. No es más que otra vuelta de tuerca del viejo mundo cristiano mal enterrado. (…)
Internacional letrista: “Los rascacielos por la raíz”, Potlatch, núm.5 (20 de junio de 1954).
Pongo fin a una vida que me pareció que albergaba todas las grandezas, cuando solo vi la incapacidad de quererlas. Si tuve certezas, siempre recuerdo que todos los locos las tuvieron mayores.
El escrúpulo de la precisión, la intensidad del esfuerzo para ser perfecto, lejos de ser estímulos para actuar, son facultades íntimas para el abandono. Más vale soñar que ser. ¡Es tan fácil verlo todo conseguido en el sueño!
Mil ideas juntas, cada una un poema, que crecían en balde. De tantas, no podía acordarme de cuándo las tuve, y menos cuando ya las había perdido.
[…]
Tengo todas las condiciones para ser feliz, salvo la felicidad. Las condiciones están desligadas unas de otras. […]
Aparto la pena y veo, por la ventana abierta al campo nocturno, la luz de la luna alta y redonda que da al aire un nuevo aspecto. Cuántas veces una vista como esta me acompaña en meditaciones sin fin, en sueños sin propósito, en vigilias sin trabajo ni discurso.
Siento el corazón como un peso inorgánico.
En el silencio enteramente negro de las auroras quedas, su perfil se recorta como si hubiera verdad. […]
Desde que existe inteligencia, toda vida es imposible.
Fernando Pessoa: La educación del estoico (1928). El texto seleccionado ha sido extraído de la edición publicada en castellano en 2005 (traducción de Roser Vilagrassa).
“¿Qué es esa cosa llamada amor?”, se preguntaba Cole Porter allá por 1929. “¿Esa cosa tan divertida llamada amor? / ¿Alguien puede resolver el misterio? / ¿Por qué me hace enloquecer? / Te vi un maravilloso día, / tú tomaste mi corazón y lo confundiste. / Por eso le pregunto al Señor de los Cielos / ¿Qué es esa cosa llamada amor?”. Lo hacía en la canción “What is this thing called love?” (“¿Qué es esa cosa llamada amor?”), estrenada en marzo dicho año en Broadway en su musical Wake Up and Dream. La primera que interpretó este excelente tema fue Elsie Carlisle, pero hoy es Gwyneth Paltrow quien lo hace en la secuencia inicial de la película Infamous (2006, Historia de un crimen en la versión doblada al español).
La pregunta, obviamente, quedó sin respuesta. Y es el que el mundo de los sentimientos es muy complicado, y el del amor aún más. Pero el amor nos puede a todos. “Rindámonos al amor. / ¿Por qué no nos dejamos llevar por él? / Ahora es el momento, / ahora que somos jóvenes. Rindámonos al amor”. Es esta una estrofa también de Cole Porter, de su hermosa canción “Let’s Fall In Love”, perteneciente al musical de 1928 Paris, su primer gran éxito en Broadway. En 1960 se incluyó en la película de Walter Lang Can-Can. Del mismo vemos la secuencia en que Frank Sinatra y Shirley MacLaine nos deleitan con ella (los dos primeros minutos son únicamente de diálogo).
Sea lo que sea el amor, decir adiós a la persona de que estamos enamorados es morir un poco, decía Porter. “Siempre que nos decimos adiós / muero un poco. / Siempre que nos decimos adiós / me pregunto por qué / los dioses de allá arriba que deben saberlo todo / piensan tan poco en mí / y te dejan marchar. / Cuando estás cerca de mí / hay un aire primaveral, / puedo oír a un pájaro cantar / que transmite mi sentir. / No hay canción de amor más sublime, / pero qué extraña sensación / cuando paso de tenerte a no tenerte / cada vez que nos decimos adiós.” “Ev’ry Time We Say Goodbye” (Siempre que nos decimos adiós) –la canción a que pertecen estas estrofas– fue escrita por Porter en 1944, estrenándose ese año en el neoyorquino Ziegfeld Theatre dentro de la revista musical Seven Lively Arts. Son Ray Charles y Betty Carter quienes interpretan esta excelente versión de 1961 superpuesta en el vídeo que figura bajo estas líneas con escenas de la película Damage (1992), dirigida por Louis Malle, con Jeremy Irons y Juliette Binoche.
¿Y qué me dicen de “So in love”? Este bellísimo tema ha sido grabado por una larga lista de cantantes y músicos solistas. “So in love” –“Soy tuyo hasta la muerte. / Tan enamorado, tan enamorado / tan enamorado de ti, mi amor / estoy”, dice el estribillo– pertenece al musical de 1948 Kiss me Kate, basado en La fierecilla domada, de Shakespeare, que se representó más de mil veces ininterrumpidamente. La versión que vemos es también de la película De-lovely (2004), dirigida por Irwin Winkler, un biopic sobre el magnífico compositor que se ajusta correctamente a lo que fue su vida, pues a diferencia de Night and Day (1946), otra película basada en la biografía de Porter que dirigió Michael Curtiz, no esconde su homosexualidad. Es Kevin Kline (en el papel de Cole Porter) quien canta la canción a Ashley Judd (Linda Porter, su esposa) en los primeros dos minutos (casi) del filme, prosiguiendo luego con Lara Fabian y Mario Frangoulis y finalizando, de nuevo, con Kline.
Incluyo también, subtitulado al castellano, un vídeo que confeccioné en 2018 con “So in love” interpretada por Keely Smith y Frank Sinatra. La versión pertenece al álbum ‘Kiss me Kate’, número dos de la serie ‘Reprise Musical Repertory Theatre’ (12 elepés que se grabaron en Los Angeles en 1963, concebidos y producidos por Frank Sinatra).
Algunos no tienen duda de qué es eso de enamorarse. “Está clarísimo, nuestro amor ha venido para quedarse. / No por un año, para siempre y un día”. Es lo que le ocurre a Gene Kelly acerca de lo que él y Leslie Caron sienten uno respecto al otro. Ella, desde luego, no se lo discute. Hablamos de la canción que George e Ira Gershwin “Our Love is Here to Stay” escribieron para la película The Goldwyn Follies (1938) –estrenada ya fallecido el primero– y que en 1951 se incorporó a otra sensacional película: Un americano en París, que dirigió Vincente Minnelli.
El amor. ¡Ay, el amor! ¿Algo maravilloso, como dice otra conocida canción? No para todos. “Sobeo gratis”, decía que era un personaje del genial dramaturgo Lauro Olmo en su obra teatral English Spoken (1968). Y a veces, ni gratis, pues el amor también se compra y se vende. Lo dice –lo canta, mejor dicho– la protagonista del musical The New Yorkers, que abrió la temporada en Broadway en diciembre de 1930 y la cerró en mayo del siguiente año, en la canción “Love for Sale”. La versión que vemos pertenece también a la película antes mencionada De-lovely (2004), siendo Vivian Green quien interpreta el conocido tema.
También en este caso incluyo el vídeo que confeccioné en 2019 con la canción subtitulada al castellano e interpretada por Billie Holiday su orquesta en 1952 para Clef Records, el sello discográfico de jazz estadounidense que creó Norman Granz en 1946. Las imágenes corresponden a cortes de diversos clips descargados de YouTube.