Tenderly (tiernamente)

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CapBellísima canción que compusieron en 1946 Walter Gross (música) y Jack Lawrence (letra) en la voz de la gran Sarah Vaughan. Suya es esta versión del vídeo que he elaborado. Pertenece a su álbum Sassy Swings the Tivoli (octubre de 1963), que recoge las actuaciones que la cantante –acompañada de su trío: Kirk Stuart (piano), Charles Williams (contrabajo) y George Hughes (batería)– dio en julio del mismo año en la sala de conciertos del Tivoli Gardens de Copenhague.

Las imágenes son de la película The Cider House Rules (en España, Las normas de la casa de la sidra, y en México y Argentina Las reglas de la vida), dirigida por Lasse Hallström y estrenada en 1999, con Charlize Theron y Tobey Maguire.

Que pasen un buen día.

¡Amor en venta!

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Cap

Una canción de Cole Porter siempre es una buena canción, y toda buena canción ha de tener buena melodía y buena letra. Porter hacía las dos cosas: la música y la letra siempre eran suyas.

Love for Sale (Amor en venta) la compuso en 1930 para su musical The New Yorkers. En ella describe el amor desde el punto de vista de una prostituta durante los años de la ley seca, un “amor en venta: joven y apetitoso”. Durante décadas, las cadenas de radio estadounidenses se negaron a emitir la canción.

La versión del tema que he elegido para el vídeo es la que grabó Billie Holiday con su orquesta en 1952 para Clef Records, el sello discográfico de jazz estadounidense que creó Norman Granz en 1946. Las imágenes corresponden a cortes de diversos clips descargados de YouTube.

Que pasen un buen domingo.

Lolita: Mi alma se llena de amor cuando estamos juntos

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XXD

Cuando veo una película cuyo argumento está basado en una novela, o que es la adaptación de una novela, no me gusta comparar una con otra. Son lenguajes distintos. El literario solo narra, mientras que el cinematográfico narra y representa. El espacio para la imaginación es menor en este último, el espectador se encuentra con unos protagonistas personificados. Leyendo una novela, nuestra imaginación –por mucho que el autor los describa– siempre conformará su propia imagen de ellos. La imaginación tiene su propia lógica y recurre a la verosimilitud, aunque sea nuestra verosimilitud.

Con Lolita –la novela y sus dos adaptaciones cinematográficas–, sin embargo, no puedo evitar la comparación. Lolita es una excelente novela que relata la historia de amor de un profesor de literatura cuarentón con una adolescente de 12 años que, además, es su hijastra, con increíble fuerza narrativa. Es imposible que al leerla no nos forjemos una imagen de ambos personajes, más teniendo en cuenta la anormalidad y excepcionalidad de estos y la temática que aborda.

De la novela de Vladimir Nabokov (1899-1977) –editada por primera vez en septiembre de 1955– se han llevado a cabo, como decíamos, dos adaptaciones cinematográficas: la dirigida por Stanley Kubrick en 1962, con guión del propio Nabokov, y la de Adrian Lyne de 1997. Que Kubrick es un director infinitamente mejor que Lyne nadie lo cuestionará. Ni punto de comparación puede establecerse entre el director de obras maestras como Espartaco, La naranja mecánica, El resplandor o 2001: Una odisea en el espacio, con el director de bodrios como Nueve semanas y media, Atracción fatal o Una proposición indecente.

Sin embargo, en el caso de Lolita me es imposible no confrontar ambas películas. ¿Mejor la de Kubrick? No lo niego, aunque la de Lyne no es una mala película ni mucho menos. Mas la de Lyne me resulta mucho más verosímil. En las dos, para evitar problemas con la censura –que ni así se pudieron esquivar–, se elevó la edad de la protagonista, pasando en ambos casos de 12 a 14 años. La Lolita de Kubrick era Sue Lyon y, aunque cuando comenzó el rodaje tenía 15 años, su aspecto la hacía mayor de lo que en realidad era. Cuando se estrenó la película eran ya 17, pero no pudo asistir al estreno al ser menor de edad. En la de Lyne, Lolita sí parecía ser esa joven ninfa por la que perdió la cabeza Humbert Humbert. Y es que Dominique Swain, a pesar de contar con la misma edad que Sue Lyon cuando comenzó el rodaje, sí daba la imagen de adolescente procaz y seductora que tan magistralmente describió Nabokov.

Por otra parte, el aspecto físico de James Mason y Jeremy Irons –quienes encarnan a Humbert Humbert en la película de Kubrick y la de Lyne respectivamente– es asimismo muy distinto. Mason era un actor dramático de carácter al que durante mucho tiempo se le identificó como el malo de la película. Su penetrante mirada deja entrever una lascivia casi enfermiza. Nada que ver con Jeremy Irons, su mirada melancólica y su aspecto de gentleman.

Más allá de consideraciones estrictamente cinematográficas, la historia de amor entre Jeremy Irons, o Humbert Humbert, y Dominique Swain (Lolita), me resulta más creíble. También menos dura y más tierna. Por supuesto, el final es tan dramático en una como en otra. Y es precisamente el final el que he obviado en el siguiente vídeo, vídeo en el que la canción, I’m in the mood for love, compuesta por Jimmy Mchugh (música) Dorothy Fields (letra) en 1935 y que interpreta Vera Lynn con Ambrose and his Orchestra en una grabación de ese mismo año, es, o he pretendido que sea, la protagonista del mismo. La canción se incluye en la banda sonora de Lolita (la de Lyne), y atendiendo a su letra esta Lolita del vídeo tiene un final si no feliz, tampoco trágico. ¿No dicen que el amor no sabe de edades? Pues eso.