Amores imposibles: No te puedo querer

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Si ven el vídeo y les gusta les agradecería que, si no es mucha molestia, así lo hicieran constar en YouTube. Muchas gracias.

No elegimos enamorarnos y, si sucede, ni cuándo ni de quién. Otra cosa es que el enamoramiento fructifique y llegue a buen puerto, pues el amor puede ser algo maravilloso como decía Cole Porter o un tormento si ocurre como en la letra de la conocida copla: “Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas y sin ti porque me muero”. Tal situación puede llevarnos a la locura. Por eso, antes de que esta se apodere de nosotros le decimos a la otra persona: “No te puedo querer”.

Esto es lo que le pasa al protagonista del vídeo de hoy, un baserritarra (vasco que vive en un caserío) que se enamora, o al menos se siente fuertemente atraído por un guardia civil. Compleja situación sin duda, difícil donde las haya. Es un amor imposible, de esos que responden a un “No te puedo querer”.

El vídeo es cien por cien vasco, exceptuando a un servidor. Se trata de un fragmento (‘El baserritarra gay y la Guardia Civil’) de uno de los episodios del programa de la cadena de la televisión vasca Euskal Telebista Vaya Semanita. Cambio Radical, emitido en 2011. He eliminado el sonido original y lo he reemplazado por el pasodoble No te puedo querer, compuesto en 1948 también por un vasco: el bilbaíno Carmelo Larrea (1907-1980). Y también bilbaíno es su intérprete, La Otxoa (José Antonio Nielfa), cantante “humorista con faldas”, como él se autorretrata, que fue encarcelado en 1968 por homosexual, por ‘vago y maleante’, y se convirtió en uno de los iconos de la lucha por la libertad afectiva y sexual en los años setenta y ochenta del pasado siglo. Para que luego se diga del humor vasco.

En fin, tanto si les ha gustado el vídeo como si no, que disfruten de un feliz día.

Amar y odiar

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Buscar en mí la felicidad de los otros, mi dignidad personal en la dignidad de los que me rodean, ser libre en la libertad de los otros, tal es todo mi credo, la aspiración de toda mi vida.

Amar es querer la libertad, la independencia total del otro, es este el primer acto de amor verdadero; es la emancipación completa del objeto al que se ama; verdaderamente no se puede amar más que a un ser perfectamente libre, independiente no solamente de todos los demás sino incluso y sobre todo de aquel de quien es amado y a quien se ama. Esta es mi profesión de fe política, social y religiosa, este es el sentido íntimo no solo de mis acciones y mis tendencias políticas, sino hasta donde puedo de mi existencia particular e individual; porque el tiempo en el que estos dos tipos de acciones podrían ir por separado está ya muy lejos; ahora el hombre quiere la libertad en todas las acepciones de esta palabra, o no la quiere. Querer, al amar, la dependencia de aquella persona a la que se ama, es amar una cosa y no un ser humano, pues el hombre solamente se distingue de la cosa por la libertad; y si el amor también implicara la dependencia sería lo más peligroso y lo más infamante del mundo, porque reaviva entonces una fuente inagotable de esclavitud y embrutecimiento para la humanidad. Todo lo que emancipe a los hombres, todo lo que al hacerlos entrar en sí mismos suscita en ellos el principio de su vida propia, de una actividad original y verdaderamente independiente, todo lo que les da la fuerza para ser ellos mismos, todo esto es verdad; todo lo demás es falso, liberticida, absurdo. […] La verdad no es una teoría sino un hecho, la vida misma, es la comunidad de los hombres libres e independientes: es la unidad del amor que surge de las profundidades misteriosas e infinitas de la libertad.

[…] No debe haber perdón sino guerra implacable contra mis enemigos, porque son los enemigos de todo cuanto hay de humano en nosotros, enemigos de nuestra dignidad y nuestra libertad.

Hemos amado demasiado tiempo,

ahora queremos odiar.

Sí, la capacidad de odiar es inseparable de la capacidad de amar.

[Carta de Mijaíl Bakunin a su hermano Pavel. París, 29 de marzo de 1845]

Y si el destino, desde mi infancia, hubiera querido hacer de mí un marinero, probablemente sería todavía ahora un hombre honrado que no habría pensado en la política y no hubiera buscado otras aventuras que las del mar. Pero la suerte lo decidió todo de otra manera y mi necesidad de movimiento y de acción han quedado insatisfechas. Esta necesidad, unida luego a la exaltación democrática, ha sido por así decirlo mi único móvil. En lo que se refiere a esta exaltación, pude ser definida con muy pocas palabras: el amor a la libertad y un odio invencible contra toda opresión, odio más intenso incluso cuando la opresión pesaba no sobre mí sino sobre otros. Buscar en mí la felicidad de los otros, mi dignidad personal en la dignidad de los que me rodean, ser libre en la libertad de los otros, tal es todo mi credo, la aspiración de toda mi vida.

[Texto escrito por Bakunin em 1848-1849]

Documentos extraídos del libro de Arthur Lehning ‘Conversaciones con Bakunin’, 1999, Barcelona: Anagrama.

Tenderly (tiernamente)

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CapBellísima canción que compusieron en 1946 Walter Gross (música) y Jack Lawrence (letra) en la voz de la gran Sarah Vaughan. Suya es esta versión del vídeo que he elaborado. Pertenece a su álbum Sassy Swings the Tivoli (octubre de 1963), que recoge las actuaciones que la cantante –acompañada de su trío: Kirk Stuart (piano), Charles Williams (contrabajo) y George Hughes (batería)– dio en julio del mismo año en la sala de conciertos del Tivoli Gardens de Copenhague.

Las imágenes son de la película The Cider House Rules (en España, Las normas de la casa de la sidra, y en México y Argentina Las reglas de la vida), dirigida por Lasse Hallström y estrenada en 1999, con Charlize Theron y Tobey Maguire.

Que pasen un buen día.