Caetano Veloso II. El éxito internacional.

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Tras la turbulenta década de 1970, Caetano siguió haciendo suyos ritmos foráneos (A Foreign Sound titulará su disco de 2004, pero ya hablaremos de él más adelante), adoptando y adaptándolos a las formas musicales brasileñas. “Su repertorio sincrético combina un lirismo romántico en esencia con un empuje vanguardista, unas vocalizaciones audaces y la experimentación con el texto y el sonido” (Músicas do Brasil. Samba, bossa nova y música popular de Brasil, Time Life, 1988).

En 1981 sale un nuevo álbum, Outras palavras, que se convierte en el más vendido de la carrera del artista hasta entonces: más de cien mil copias, logrando su primer disco de oro. Una de las canciones compuestas por él, Rapte-me camaleoa, sintetiza lo que decíamos en el anterior párrafo.

Esta era la versión de 1981. La que sigue, en compañía de Maria Gadú, es de 2011. Quédense con la que más les guste, o con las dos.

Por entonces, su popularidad era enorme. Ya había actuado en Francia, Italia y otros países europeos, pero ahora su fama se extenderá a casi todo el mundo. En 1983 actúa por primera vez en Estados Unidos y un año después publica el elepé Velô. Entre las once canciones que incluye –como Podres poderes u O momem velho– figura Língua, “un buen reflejo del arte de Veloso justamente porque muestra aspectos múltiples de la expresión cultural, desde los Estados Unidos al Brasil, del arte supuestamente intelectual al poder. Adapta formas de expresión popular norteamericanas para reflejar la evolución del portugués brasileño en contacto con otras culturas y apuntalar su propio enfoque experimental” (Músicas do Brasil…). “Sé que la poesía es a la prosa / como el amor a la amistad, / y ¿quién negará que es superior? / Dejad a mi portugués mentir y languidecer, / ‘mi patria es mi lengua’”, dice la letra. Ahora bien, “descarta las ideas académicas de pureza lingüística, asociadas normalmente con el portugués europeo, e introduce el lenguaje de la música popular como afirmación de la identidad lingüística del Nuevo Mundo” (Músicas do Brasil…). Escuchamos la canción en este vídeo de 2012.

En 1983 lanza Uns, uno de los mejores que grabó en la década, con canciones como Eclipse oculto y la deliciosa Você é linda, que escuchamos en directo en esta actuación suya en la televisión brasileña de los años 90.

En 1987 se publica su elepé/CD Caetano, que antes de salir al mercado ya había vendido anticipadamente cien mil copias. De las once canciones que lo conforman, me quedo con la bellísima O ciúme, que interpreta junto a Gal Costa.

Estrangeiro (1989) será su primer disco lanzado casi simultáneamente en Brasil y en distintos países del resto del mundo. Su recepción por la crítica especializada de los Estados Unidos será de las mejores. Dos temas del mismo siguen a estas líneas. El primero, O estrangeiro, que interpreta acompañado de Jaques Morelenbaum durante los Heineken Concerts de 1995 en Rio, canción que, como podrán observar, termina con este par de versos en inglés: «Some may like a soft brazilian singer / but I’ve given up all attempts at perfection» (A algunos les puede gustar un suave cantante brasileño, pero he renunciado a todos intento de perfección). El segundo, la primorosa Genipapo absoluto.

En 1986 un doble álbum, titulado Caetano Veloso, había sido lanzado en los Estados Unidos, todo acústico, con canciones que ya eran conocidas en su país, pero no en versión acústica. Llamado “el disco americano”, no se publicó en Brasil hasta 1990. Para promoverlo realiza la gira Acústico. En noviembre de 1991 aparece Circuladô, que obtuvo tal éxito que dio lugar al doble álbum Circuladô vivo. De Circuladô nos quedamos con Lindeza, tema suyo.

En 1993, con motivo de cumplirse el 25 aniversario del movimiento Tropicália, publica el álbum Tropicália 2, con Gilberto Gil. Ambos realizaron una gira titulada Dois Amigos. Um Século de Música –a la que, por cierto, dedicaremos una entrada– por once países europeos en dieciocho fechas que, luego, continuaría por Brasil. De Tropicália es esta composición de Veloso, Desde que o samba é samba, que interpretan ambos en un momento de la mencionada gira.

Poco después, Polygram le pide un disco con sus canciones en español para el mercado latinoamericano, pero él prefirió grabar clásicos latinoamericanos con arreglos del maestro y violonchelista Jacques Morelenbaum –excelente músico que le acompañó infinidad de veces, como antes había hecho con Tom Jobim–  en estilo bossa nova. Así surgió Fina Estampa (1994), un cautivador disco que obtuvo un enorme éxito e hizo que todavía fuera más conocido y admirado, sobre todo en España. Fina Estampa originó el álbum en vivo homónimo (1995, Fina Estampa ao vivo), con parte de aquellas canciones entre otras consagradas y poco conocidas de la música popular brasileña (O samba e o tango, Canção de amor, Suas mãos, Lábios que beijei, Você esteve com meu bem), antiguos éxitos (Haití, O pulsar, Itapuã, Soy loco por ti América9 y canciones en español fuera del disco de estudio, con Cucurrucucú paloma, La barca y Ay amor. La versión en CD del álbum de estudio contiene también las canciones Tonada de luna llena, Lamento borincano y Vete de mí.

Elegir un par de canciones de este disco con un Caetano en estado de gracia no me resulta tarea fácil. Vamos con la que da título a ambos álbumes y al espectáculo con los que promocionó –Fina estampa, famosa canción de Chabuca Granda que compuso en 1956– y Cucurrucucú paloma, canción del mexicano Tomás Méndez de 1954 interpretada y grabada por numerosísimos cantantes de diversos géneros, pero pocas son las versiones que pueden compararse a esta.

Caetano sigue componiendo, escribiendo, actuando, grabando…, y en 1998 –año en que es nombrado doctor honoris causa por la Universidad Federal de Bahía– sale su álbum Livro. Con la canción Livros, con esa fusión de ritmos que lo hace único, despedimos la entrada de hoy y les emplazamos para la próxima, y última (mañana), que completará este largo artículo sobre Caetano Veloso.

Caetano Veloso I. Inicios, el movimiento ‘Tropicália’ y su consagración en Brasil.

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Nota previa: esta es la primera entrada (de tres) sobre la trayectoria musical de Caetano Veloso. Las otras dos las publicaré el miércoles y el jueves.

Hace ahora quince años, el 8 de julio 2003, actuó Caetano Veloso en Valencia. Obviamente –me apasiona– fui al concierto con unos amigos y con mi hijo, que entonces tenía veinte años y no estaba muy convencido de que aquello le fuera a gustar. No solo le gustó, le entusiasmó. Todavía hoy recuerda aquel concierto como uno de los mejores, si no el mejor, de cuantos ha visto en su vida, que no son pocos. Y es que aquella fue una noche mágica. Caetano, más que cantante, más que cantautor, fue un encantautor. Solo, con la única compañía de su guitarra y el escenario desnudo, de quince metros cuadrados, consiguió que todos –unos cinco mil– enmudeciéramos con las primeras notas que salieron de su alma a través de la garganta. Fueron casi dos horas de recital –se mostró generoso con los bises– que pasaron en un suspiro, en las que gozamos como pocas veces con su poética musical, sus exquisiteces vocales, su voz embelesadora, su desbordante creatividad. Y todo esto como si estuviera en el salón de su casa con unos amigos. Pocos, muy pocos, están al alcance de ello.

No recuerdo con qué canción empezó. Esta –Sozinho (1997), una composición de Peninha que se hizo especialmente famosa tras grabarla Caetano en 1998, en el álbum Prenda minha– por ejemplo. La cantó, eso seguro.

Nacido en 1942 en Santo Amaro da Purificação (Bahia), dejó sus estudios para dedicarse a la música y en 1965 se trasladó, no sin reticencias, a Río, donde residía su hermana, Maria Bethânia. En su primer disco (Domingo, 1967), que grabó con Gal Costa, predomina el estilo bossa nova, con composiciones, la mayoría suyas, como esta maravilla que suena ahora, Coração vagabundo.

Veloso sentía gran admiración por Dorival Caymmi, y sobre todo por João Gilberto, “mi maestro supremo”, como lo califica en su libro Verdad tropical. Música y revolución en Brasil (2004, publicado originalmente en Brasil como Verdade tropical, 1997). “La bossa nova nos arrebató. Mi inteligencia se deleitaba con aquel proceso radical de cambio en la cultura, que nos llevó a revisar nuestro gusto, nuestro acervo y –lo que es más importante– muestras posibilidades” (Verdad tropical).

En 1968 salió su primer álbum en solitario (Caetano Veloso). La canción que lo abría, Tropicália, dio origen al movimiento homónimo, también llamado Tropicalismo, una revisión crítica de la cultura brasileña que exploraba por igual la bossa nova y el rock. “Los tropicalistas decidimos que nuestra materia prima sería una mezcla genuina de todo lo que sucedía en la vida cultural de Brasil: absolutamente todo: las aspiraciones ridículas de los americanófilos, las ingenuas buenas intenciones de los nacionalistas, la tradicional ‘retaguardia’ brasileña, la vanguardia… La auténtica creatividad podría redimir cualquiera de sus aspectos y volverla trascendente” (Verdad tropical).

Sin embargo, este nuevo proyecto –en el que estaban muy presentes el imaginario pop y los sonidos del rock and roll– chocó con la incomprensión del público al presentarse en São Paulo. Así lo cuenta él mismo en su libro citado: “Mientras los presentadores anunciaban el programa, aparecieron los Beta Boys para enchufar sus instrumentos, y el público se sorprendió ante sus cabellos largos, su indumentaria rosa y sus macizas guitarras eléctricas. Comenzó un abucheo iracundo, que yo detuve saliendo con expresión furiosa antes de que anunciaran mi nombre, cosa que intimidó a locutores, directores, productores y auditorio. (…) Yo llevaba un traje marrón a cuadros y un jersey de cuello alto de un naranja vivo (todo, prestado por Guilherme). El breve silencio que siguió a mi aparición fue roto por la voz de la presentadora, que dijo mi nombre, y, casi de inmediato, por las guitarras y la batería de los Beat Boys, que atacaron la introducción. Los tres acordes perfectos y extraños, ejecutados por instrumentos eléctricos, se impusieron, y el silencio de la platea, conquistado por el susto de mi entrada, no volvió a estar amenazado: lo que había sido un abucheo tumultuoso se transformó en una atención redoblada, y la canción les gustó a los oyentes, que terminaron aplaudiendo con entusiasmo”. “Así que –prosiguió– estos son los jóvenes que dicen querer tomar el poder… No entendéis nada. (…) Todos queréis controlar la música brasileña. Si en política sois iguales que en la música, estamos apañados… Dios anda suelto y yo digo no al no. ¡Prohibido prohibir!, ¡basta!”.

Y continuó con Alegria Alegria, cuyo ritmo se asienta en la marcha tradicional brasileña.

Ese mismo año salía el disco Tropicália: ou Panis et Circencis, considerado el manifiesto del tropicalismo, en el que, además de Veloso, participaban Gilberto Gil, Caetano Veloso, Tom Zé, Os Mutantes y Gal Costa. En 1969 aparecía su segundo álbum en solitario, también titulado Caetano Veloso.

Él y Gilberto Gil a la guitarra acústica grabaron en un pequeño estudio en Salvador, donde Veloso estaba confinado por desafiar al autoritario del Gobierno. La grabación se envió al arreglista y productor Rogério Duprat, quien agregó capas de guitarras eléctricas, trompas, bajo, batería y otros instrumentos en un estudio más profesional en São Paulo. El álbum, al igual que su predecesor, es muy ecléctico, con canciones de diversos estilos: bossa nova, rock psicodélico, música de Carnaval, música bahiana tradicional, fado, tango y otros, que interpreta en portugués, español e inglés. Es, sin duda, el disco más representativo del movimiento Tropicália. A él corresponde la canción Não identificado.

Llegó un momento en que los críticos izquierdistas acusaban a Caetano de promover la alienación, pero las autoridades militares no lo veían así y, al igual que a Gilberto Gil, lo consideraban “potencialmente peligrosos”. Ambos fueron expulsados del país en 1969 y se establecieron en Londres. Allí publicó los álbumes Caetano Veloso (1971) y Transa (1972). Este último año, 1972, regresó a Brasil. Su trabajo desde entonces se caracterizará por la mezcla frecuente de estilos musicales y los ritmos tradicionales brasileños. Veloso y Gil ofrecieron el mismo año un recital en Salvador que se recogió en el álbum Caetano e Chico. Juntos e ao vivo. Publica luego otros discos más, como Qualquer Coisa (1975), y en 1976 inicia una gira con Gil, Gal Costa y Maria Bethânia, uno de cuyos recitales, el de São Paulo, se recoge en el doble álbum en directo Doces Bárbaros (1976). Vamos con Caetano e Chico. Juntos e ao vivo y el tema con el que abren el concierto y la grabación del mismo: Os mais doces bárbaros, de Veloso.

Al mismo disco pertenece Você não entende nada, del álbum, compuesta por ambos. Se lo decían a una mujer, pero el mensaje bien podría extenderse a aquellos que Caetano reprochaba querer “controlar la música brasileña”. No entendían nada. La actuación de Caetano que vemos es de un recital que dio en Rio en 2013.

Caetano no deja de trabajar, no solo en la música, también escribe. De sus canciones de finales de la década de 1970 nos quedamos con O Leãozinho (de Bicho, 1977), Terra (de Muito, 1978), esta en una actuación que no sé de qué año es, si bien el vídeo fue comercializado por Universal Music en 2012.

Canciones con corazón y desde el corazón

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Mañana martes me operan de este corazón roto y la puñetera verruga que lo acompaña, como les explicaba en la última entrada. Por ello, hoy vamos con unas pocas canciones que hablan del corazón, de los corazones enamorados, de los corazones locos, de los ingenuos, de los desengañados, de los contentos…

Comenzamos con una adorable canción de uno de los mayores compositores de la música popular brasileña cuya contribución fue esencial tanto para que el ‘choro’ (género musical considerado la primera música popular típica de Brasil) cobrara forma definitiva como para la evolución general de la música brasileña. Me refiero a Pixinguinha (1897-1973) y a su canción que compuso entre 1916 y 1917 Carinhoso, que interpretan Paulinho de Viola y Marisa Monte en el documental de 2004 Meu Tempo é Hoje, que dirigió Izabel Jaguaribe. ‘Mi corazón, no sé por qué, late feliz cuando te ve…’.

My Foolish Heart (Mi ingenuo, o mi loco, corazón) es otra deliciosa canción que compusieron Victor Young (música) y Ned Washington (letra). Se dio a conocer por primera vez en la película del mismo título de 1949 dirigida por Victor Young (en la versión doblada al español se título Mi loco corazón) que protagonizaron Dana Andrews y Susan Hayward. En ella la interpretaba Martha Mears y fue nominada a los Oscar de ese año como Mejor canción original. Vamos a ver, en el primer vídeo, una secuencia del filme con Martha Mears, y en el segundo una versión instrumental –que a servidor de ustedes le encanta– por Bill Evans, a quien acompañan Larry Bunker (bateria) y Chuck Israel (contrabajo). La actuación es de 1963, el lugar no he conseguido averiguarlo.

Bellísima, emotiva a más no poder, es Anema e core (Alma y corazón), canción de 1950 con música de Salve D’Esposito y letra de Tito Manlio. Escuchamos esta hermosa canzone napoletana de amor en una grabación de Roberto Murolo de 1951.

What Will I Tell My Heart? (¿Qué voy a decirle a mi corazón?) se pregunta el protagonista de esta canción tras una ruptura sentimental. La música es de Peter Tinturin y la letra de Jack Lawrence, siendo grabada por primera vez en 1937 por Guy Lombardo and His Royal Canadians. La versión que escuchamos es la de Ella Fitzgerald en la grabación que figura en su álbum de 1957 Like Someone in Love. El saxo tenor es Stan Getz.

De 1967 es Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (El club de los corazones solitarios de la banda del sargento Pepper), canción de Paul McCartney que da título al álbum que The Beatles lanzaron ese año, uno de los mejores de su discografía. La escuchamos por el propio McCartney y la banda de rock U2 en el concierto celebrado en Londres en 2005 dentro de la serie de conciertos Live 8 de ese año que tuvieron lugar simultáneamente en diversos lugares del mundo para concienciar a las sociedades (especialmente a las de los países del G-8) y que presionasen a sus gobernantes para acabar con la pobreza.

Y como quiera que, la verdad, como buen hipocondríaco que es uno me siento un tanto acojonado habrá que animarse como sea. Así que la última canción de esta selección va a ser Corazón contento, también conocida como Tengo el corazón contento, que compuso y lanzó en América el cantante argentino Palito Ortega y popularizó en España Marisol (Pepa Flores). Ambas versiones del tema salieron a la venta casi simultáneamente, en 1968. El vídeo que sigue es de una actuación de la cantante en la televisión española de dicho año.

Y hasta más ver. Hasta que pase todo esto. Afectuosos saludos a todos y disculpad una vez más que no os corresponda como merecéis en vuestros blogs, pues tengo limitado el tiempo para poder hacer esto y las condiciones de conectividad no son precisamente las mejores.