Arias de ópera

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Ermonela Jaho en un momento de su interpretación de la aria “Un bel dì vedremo” durante la representación de Madama Butterfly en el teatro Opéra Grand Avignon (2013).

Escribo esto hoy, sábado 1 de julio, tras haber visto ayer viernes la retransmisión de la ópera de Giacomo Puccini –estrenada en La Scala de Milán en 1904– Madama Butterfly, en versión de Mario Gas, que ofreció La2 de Televisión Española desde el Teatro Real de Madrid, sumándose de este modo a la celebración de la Semana de la Ópera 2017 (30 de junio al 9 de julio). Y a una hora sensata y no de madrugada, como en otras ocasiones. El papel principal, el de Butterfly (Cio-Cio San), sobre el que recae todo el peso de la obra, tanto en lo musical como en lo emocional, corrió a cargo de la soprano albanesa Ermonela Jaho. Impecable. Su admirable línea de canto y sus soberbias condiciones como actriz la llevan a la plena asunción del personaje, logrando conmover nuestro ánimo hasta el punto que acabamos reconociéndonos en Butterfly y su tragedia.

Así pues, con ella vamos a empezar esta entrada que dedicamos a las arias de ópera. Me he levantado con ganas de ópera y me encantan las arias. La mayoría de las de hoy ya las hemos incluido en otras ocasiones, aunque no con los mismos intérpretes. Veamos, y escuchemos, a Ermonela Jaho en la emotiva aria “Un bel dì vedremo” (Un buen día), aunque no en la representación a que aludía antes –a mi juicio mejor que esta, aún de mayor intensidad dramática–, sino desde el teatro Opéra Grand Avignon en noviembre de 2013.

Vamos ahora con “Casta diva”, de la ‘tragedia lírica en dos actos’ de Vincenzo Bellini Norma, estrenada en 1831. Su intérprete en el vídeo que figura bajo estas líneas es María Callas, La Divina, la cantante de ópera más célebre del siglo XX, cuya prodigiosa voz, de amplia tesitura, unida a su dominio de la técnica, se adaptaba a la perfección a todo tipo de registros. El vídeo recoge el momento del concierto que ofreció el 19 de diciembre de 1958 en el teatro de la Ópera de París en el que interpreta “Casta diva”.

Y hablando de voces célebres del siglo XX, es ahora Luciano Pavarotti, probablemente el tenor más popular de su segunda mitad, poseedor de la más bella voz masculina del periodo, vigorosa, de timbre y potencia únicos, de impoluta técnica e impecable fraseo, quien nos deleita con “Una furtiva lagrima”, de la ópera de Gaetano Donizetti L’elisir d’amore (1832, El elixir de amor).

La aria “Libiamo ne’ lieti calici”, de la famosísima ópera de Giuseppe Verdi La Traviata (1853), es considerada uno de los más brillantes momentos de su obra y de la historia de la ópera en general. Y es que “Libiamo ne’ lieti calici”, y La Traviata en conjunto, es una de esas composiciones que resultan del agrado de hasta quienes no gustan de la ópera. Son sus intérpretes la soprano ruso-austriaca Anna Netrebko y el tenor franco-mexicano Rolando Villazón durante la representación de la obra por la Ópera Estatal de Viena en el marco del festival de Salzburgo de 2005.

“Caro nome” –aria por la que uno siente especial predilección– suena en otra ópera de Giuseppe Verdi, en Rigoletto (1851), casi al final del primer acto. “Caro nome” es perfecta para el lucimiento de cualquier buena soprano, como es la francesa de Patricia Petibon, por la gran versatilidad y frescura de su voz, su excelente dominio de la coloratura, su expresividad y su gama inacabable de recursos interpretativos. La vemos, y escuchamos, en la versión de Rigoletto que se representó en el teatro de la Ópera Estatal de Baviera (Múnich) el 30 de diciembre de 2012.

Y terminamos con El barbero de Sevilla (Il barbiere di Siviglia), una ópera bufa en dos actos con música de Gioachino Rossini y libreto de Cesare Sterbini. Se estrenó –aunque con otro título: Almaviva, o la precaución inútil– el 20 de febrero de 1816 en el Teatro Argentina de Roma. La aria que hemos elegido de la de Rosina, uno de los papeles del repertorio operístico que requieren la mayor precisión, el cual encarna en esta representación, desde el Teatro Real de Madrid (2005), la soprano española María Bayo en una de sus actuaciones más logradas.

Que pasen un buen domingo.

Ópera imaginaria. Una maravilla para iniciar a los niños en la ópera.

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Doce conocidas arias de doce famosas óperas –PagliacciRigolettoCarmenLas bodas de FígaroMadama ButterflyLos pescadores de perlasLa flauta mágicaLa CenicientaFaustoLa TraviataLakmé y Tosca– son las que figuran en la película de animación Ópera imaginaria (Opéra imaginaire es su título original), que coordinó el especialista en animación Pascal Roulin para la televisión pública francesa en 1993 y contó con otros once directores más (uno por aria).

En la línea de las películas de Disney Fantasía (1940) y de la italiana de Bruno Bozzetto Allegro Non Troppo (1976), ambas también de animación, el propietario de esta Ópera imaginaria va presentando a los espectadores diversas arias y explicando sus argumentos y personajes. Se consigue así una uniformidad dentro de la diferencia, ya que los doce cortos que recrean los doce fragmentos están realizados con técnicas distintas, como el stop motion o la animación en 3D. Todos ellos muy logrados y perfectamente ensamblados con la música, que cobra más belleza si cabe. Sus cincuenta minutos de duración seguro que les pasarán en un santiamén, como a los niños que la vean (en principio, sus lógicos destinatarios; claro que esto ya no depende de ellos sino de ustedes).

De estos doce fragmentos hemos seleccionado ocho –aquellos de mayor calidad dentro de los disponibles– y los hemos ordenado no como en la película –en ella aparecen tal mencionábamos las óperas al principio– sino en función del año en que se estrenó cada una de las óperas a las que pertenecen.

Comenzamos con “Voi che sapete che cosa è amor” (Qué sabéis vos lo que es el amor), aria de Las bodas de Fígaro (Le nozze di Figaro), ópera bufa en cuatro actos con música de Wolfgang Amadeus Mozart y libreto en italiano de Lorenzo da Ponte que se basa en la comedia teatral de Pierre Augustin Caron de Beaumarchais del mismo título (1874). Mozart compuso la partitura entre 1785 y 1786 y la ópera se estrenó en Viena el 1 de mayo de 1786 bajo la dirección del mismo compositor. La voz que escuchamos es la de la soprano y mezzosoprano belga especializada en repertorio francés, de Mozart y contemporáneo Suzanne Danco (1911-2000).

También de Mozart es “Bald prangt, den Morgen zu verkünden… Du also bist mein Bräutigam” (Pronto, anunciando el mañana… Pues eres mi novio). Esta es de su ópera cómica La flauta mágica (Die Zauberflöte), un cuento de hadas, una historia de amor, llena de símbolos masones, que fue la última ópera que se escenificó en vida del autor. Él mismo la dirigió, en el Freihaus-Theater auf der Wieden de Viena, el 30 de septiembre de 1791, dos meses antes de fallecer. Interpreta la aria Lucia Popp (1939-1993), popular soprano eslovaca que destacó por el clarísimo timbre de su voz, que dominaba como quería y alcanzaba el culmen con la coloratura.

“La donna è mobile” es una aria de la ópera de Giuseppe Verdi Rigoletto, basada en la obra teatral de Victor Hugo Le roi s’amuse (1832), y se estrenó en el teatro La Fenice de Venecia en 1851. Es su intérprete el gran tenor sueco Nicolai Gedda, una de las más voces más versátiles de la historia de la ópera, la belleza de cuyo tono es única.

El “Coro di zingarelle e mattadori” (Coro de gitanillas y toreros) pertenece a La Traviata, la ópera más famosa de Verdi, si bien su estreno –acaecido el 6 de marzo de 1853 en el teatro La Fenice de Venecia– fue un fiasco, terminando la primera representación con burlas y carcajadas del público. A ello no fue ajeno el hecho de que el papel de la protagonista (Violetta) lo encarnara una soprano que ya contaba con 38 años de edad y cuyo sobrepeso hacía poco creíble que alguien así pudiera morir, como ocurre en la ópera, de consunción. Volvió a representarse un año después en el Teatro San Benedetto, también en Venecia, con nuevos arreglos y una soprano mucho más joven y con menos peso. Y llegó el éxito, convirtiéndose en una de las óperas más representadas de la historia y perfecta para iniciarse en su mundo. En esta ocasión escuchamos al coro y orquesta de la Accademia di Santa Cecilia de Roma.

“Avec la garde montante” (Con la nueva guardia) es una aria de la ópera de Georges Bizet Carmen (libreto en francés de Ludovic Halévy y Henri Meilhac), basada en la novela homónima de Prosper Mérimée (1845) y estrenada en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de París en marzo de 1875. La interpreta el coro infantil parisino Les Petits Chanteurs à la Croix de Bois, cuya fundación se remonta a 1907.

Muy hermoso, y muy conocido e interpretado a menudo como pieza suelta en concierto, es el “Dúo de las flores” (“Duo des fleurs” o “Sous le dôme épais”), de la ópera de Léo Delibes Lakmé, cuya acción transcurre en India a finales del siglo XIX durante la época de la conquista colonial inglesa. Lakmé se presentó por primera vez al público en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de París en 1883. Lo escuchamos por las sopranos francesas Mady Mesplé y Danielle Millet.

De Tosca es la aria “E lucevan le stele” (Y las estrellas brillaban), ópera en tres actos, con música de Giacomo Puccini y libreto en italiano de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa que fue estrenada con éxito en Roma el 14 de enero de 1900, en el Teatro Costanzi. El texto de la obra está basado en el drama La Tosca, de Victorien Sardou, presentado en París en 1887. La voz es la del tenor italiano Carlo Bergonzi (1924-2014).

Terminamos con otra aria de Puccini: “Un bel dì vedremo” (Un buen día), de Madama Butterfly, ópera que se estrenó en La Scala de Milán en 1904. Lo interpreta la soprano estadounidense Felicia Weathers.

Que pasen un buen  día. Y pónganles estos vídeos a los niños. Los disfrutarán, seguro.

Un hermoso regalo

María M. Míguez –como ya hizo con “El corto tiempo de las cerezas”– me ha hecho un precioso regalo en forma de ilustración tras haber leído mi novela “Adiós, mirlo, adiós”, un regalo que me ha conmovido y que deseo compartir con todos ustedes.

Millones de gracias, María. No solo me lees y comentas favorablemente mis novelas –lo que ya de por sí es sumamente gratificante– sino que, encima, me obsequias con esta hermosura. Me estás malacostumbrando, pero me encanta.