Noche de brujas

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El Día de Todos los Santos es una fiesta popular del calendario cristiano que se celebra el 1 de noviembre para conmemorar a todos los justos, canonizados o no, que –según la tradición– se hallan el cielo.

Celebrada en Oriente en otros momentos –los sirios durante el tiempo pascual, los bizantinos el domingo después de Pentecostés–, en Roma tiene como origen la dedicación del Panteón por Bonifacio IV (610) a la Virgen y a todos los mártires. Esta fiesta fue propagada por todo Occidente bajo el papado de Gregorio IV (827-844).

La tradición ha ido perdiendo peso a favor de la celebración anglosajona, de origen celta, de Halloween, también conocida como Noche de Brujas o Noche de Difuntos, que se conmemora la noche del 31 de octubre, sobre todo en países anglosajones como Canadá, Estados Unidos, Irlanda o Reino Unido, y, en menor medida –aunque cada vez más– en Argentina, Chile, Colombia, España, México, Perú o el conjunto de Centroamérica.

“Con el nacimiento del consumo masivo en Estados Unidos [Halloween] fue convirtiéndose en una fiesta cada vez más popular, con millonarias ventas de disfraces (…) y de caramelos (…) A partir de los años setenta, Hollywood hizo el resto para transformar Halloween en una fiesta universal y derrotar las representaciones de Don Juan en la noche de Todos los Santos. (…) La versión celta de Todos los Santos sigue avanzando ante la irritación de la Iglesia católica –este año el delegado de Hermandades del Obispado de Cádiz, Juan Enrique Sánchez, la ha calificado de ‘fiesta satánica, que propone monstruos’–. Pero, como escribió Roger Clarke, ‘la literatura de fantasmas ha sido el gran regalo de Inglaterra al mundo”. Halloween forma parte de este antiguo e irresistible relato”. (Guillermo Altares, “Cómo Halloween derrotó a Todos los Santos”, El País, 29 de octubre de 2015).

Hoy, pues, es la Víspera de Todos los Santos, Halloween (contracción de All Hallows’ Eve, Víspera de Todos los Santos), la Noche de Brujas o el Día de Brujas, como prefieran. Y es a las brujas a las que dedicamos esta entrada. Una de ellas protagoniza con el Pato Donald y sus sobrinos el cortometraje de 1952 Trick or Treat. La expresión Trick or Treat debemos traducirla como “travesura o golosina”, no como “truco o trato”, pues con treat lo que los niños piden es un regalo, como unas chucherías o unos caramelos, por ejemplo. Vamos con el particular Halloween, lleno de enredos, del popular personaje de Disney.

La bruxa es un cortometraje producido por La Fiesta P.C. y dirigido por Pedro Solís de once minutos de duración. Se estrenó en 2010 y resultó ganador del Premio Goya a la Mejor película de animación en la edición de 2011. Nos cuenta la historia de una de una brujita que se siente un tanto sola y hace uso de su magia para conseguir el amor de un príncipe encantador recurriendo a una pócima. Cuando la está preparando, se da cuenta de que se le ha acabado uno de los ingredientes principales y… ¿Le saldrán bien las cosas? ¿Conseguirá su propósito? Véanlo. Igual se sorprenden.

The Kingdom of Witches (El reino de las brujas) nos cuenta en poco más de tres minutos cómo es lugar dónde viven las brujas, con quién y cómo se organizan. Creado en 2008, la animación es de Greg Rozeboom y toma como modelo las siluetas del escritor e ilustrador de libros infantiles polaco-británico Jan Pieńkowski. La música es del grupo de dark ambient de Estados Unidos Nox Arcana.

Witches Brew (Pócima de brujas) es obra de la estudiante de la Escuela de Cine de Vancouver Gergana Hristova, que lo elaboró en 2009 a través del programa de Animación Clásica VFS. Una pócima la que trata de elaborar una bruja que no va a salir como ella quería.

Finalizamos con dos secuencias de la película Hocus Pocus –estrenada en 1993 y bautizada como El retorno de las brujas en España y Abracadabra en Latinoamérica– que recogen las canciones I Put a Spell On You y Sarah’s Theme. Dirigida por Kenny Ortega, está ambientada en la época de Halloween y cuenta el retorno de tres brujas a la civilización y cómo unos chicos deben derrotarlas antes de que se conviertan en inmortales. Las brujas son Bette Midler, Sarah Jessica Parker y Kathy Najimy.

Feliz día de lo que sea que celebren, si es que celebran algo.

Count Basie

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Count Basie en Hamburgo (1974). / Heinrich Klaff.

Nacido como William Basie en 1904, este pianista, director de big band y compositor estadounidense –al que conocemos como Count Basie– es una de las grandes figuras de la historia del jazz. Pronto se le empezó a llamar El Conde por su porte aristocrático. Era a finales de la década de 1920 y se dedicaba a actuar como pianista –su madre, que también lo era, le enseñó a tocar el piano desde bien pequeño– en los arrabales de Kansas City, formando parte de bandas populares y acompañando a artistas de vodevil.

Basie era también majestuoso tocando el piano y destacaba por encima de los demás. Acompañó también a Bessie Smith y en 1926 ingresó en la banda de Walter Page, en Kansas City. En 1934 pasó a las filas de la banda de Benny Moten y comenzó a pensar en su propia formación, que –con el nombre inicial de Barons of Rhythm– creó a finales de 1936 y a la que se incorporaron muchos antiguos miembros de la banda de Moten como Walter Page (contrabajo), Freddie Green (guitarra), Jo Jones (batería) y Lester Young (saxo tenor). Jimmy Rushing era el cantante. Cuando les escuchó el cazatalentos y productor John Hammond les recomendó a varios agentes y compañías discográficas. El éxito acompañó a El Conde el resto de su vida.

Como pianista, Count Basie poseía un estilo potente, lleno de swing. Sobresalió tanto como solista como director de su big band, especialmente por sus arreglos musicales. Su estilo interpretativo se caracteriza por la repetición de una serie de riffs, breves frases rítmico-melódicas a manera de ostinato, que variaba inesperadamente con la introducción de un acorde original e impensado.

Realizó innumerables giras por el mundo, rodó varios filmes, grabó miles de discos y actuó con las grandes estrellas de la canción estadounidense como Ella Fitzgerald, Louis Armstrong, Sarah Vaughan o Frank Sinatra, entre otros. A mediados de la década de 1970 su salud empezó a deteriorarse, tras sufrir un ataque al corazón en 1976. Murió de cáncer de páncreas en Hollywood, en 1984.

Vamos a deleitarnos hoy con esta leyenda del jazz interpretando algunas de las melodías que compuso él mismo y otros conocidos estándares del jazz. Comenzamos con un tema de Basie de 1937, One O’Clock Jump, cuyo origen dimana de los diversos riffs que interpretaban los miembros de su orquesta y que un buen día dos de ellos, Eddie Durham y Buster Smith, sugirieron y ayudaron a Basie a darles forma. One O’Clock Jump fue el tema con que la Orquesta de Count Basie cerró sus conciertos durante más de cincuenta años, aun habiéndola interpretado ya en la función. La actuación que recoge el vídeo corresponde a una secuencia de la película de 1943 Reveille with Beverly, que dirigió Charles Barton y protagonizaron Ann Miller, Franklin Pangborn y Larry Parks.

Con similar criterio compuso Basie un año después, en 1938, Jumpin’ at the Woodside, magnífico tema en el que los riffs de los miembros de la orquesta van sucediéndose hasta llegar al clímax final con la suma de todos ellos. Jumpin’ at the Woodside y O’Clock Jump contribuyeron en gran medida al definitivo lanzamiento nacional e internacional de la big band. Escuchamos Jumpin’ at the Woodside durante un concierto que Basie y su orquesta dieron en Londres en 1965 y que registró la BBC.

A la misma actuación corresponde el vídeo que sigue en el la Orquesta de Count Basie nos ofrece esta cuidada versión de All of Me, canción que escribieron Gerald Marks y Seymour Simons en 1931 y que, merecidamente, se ha convertido en unos de los grandes estándares del jazz.

También de 1965, y para la BBC, Basie interpreta –con su orquesta– una muy, pero que muy, hermosa canción, April in Paris, que escribieron Vernon Duke (música) y E.Y. Harburg (letra) y se estrenó como número de Walk a Little Faster (1932), una revista musical con sketchs de S.J. Perelman y Robert MacGunigle.

Sonny Cohn, Pete Minger, Darle Carley y Bob Summers (trompetas), Bill Hughes, Dennis Wilson, Grover Mitchell y Booty Wood (trombones), Danny Turner (saxo alto), Bobby Plater (saxo alto, fiscorno), Kenny Hing (saxo tenor), Eric Dixon (saxo tenor, fiscorno), John Williams y Cleveland Eaton II (contrabajos), Freddie Green (guitarra) y Gregg Field (batería) son los integrantes de la big band de Count Basie (al piano) que interpretan el gran estándar de jazz Sweet Georgia Brown –composición de 1925 de Ben Bernie y Maceo Pinkard (música) y Kenneth Casey (letra)– durante un concierto celebrado en el Carnegie Hall de Nueva York el 20 de marzo de 1981.

Escuchamos ahora a Basie y su orquesta acompañando a Ella Fitzgerald en esta estupenda canción que es Satin Doll (música de Duke Ellington y Billy Strayhorn, letra de Johnny Mercer) en 1953. La grabación es de 1963.

Y ahora acompañando a Frank Sinatra en un tema de Cole Porter de 1936, I’ve Got You Under My Skin, que formó parte de la banda sonora de la comedia musical que dirigió Roy Del Ruth Born to Dance (Nacida para la danza), en la que la interpretaba Virginia Bruce. I’ve Got You Under My Skin es una de las grandes canciones que asociamos a Frank Sinatra. La actuación tuvo lugar en St. Louis (Estados Unidos) en 1965.

Finalizamos la entrada con El Conde en su faceta de pianista con una reducida formación, un cuarteto, en un éxito de 1936, These Foolish Things (música de Jack Strachey y letra de Eric Maschwitz), que formaba parte de la comedia musical británica Spread it Abroad. La actuación tuvo lugar durante el festival de jazz de Montreux de 1977. Los integrantes del cuarteto son, además de Basie, Benny Carter (saxo alto), Ray Brown (contrabajo) y Jimmie Smith (batería).

Feliz domingo o feliz puente, según sea su caso.

El síndrome del corazón roto y la verruga puñetera

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No entraré en los anales de la literatura, pero puede que sí en los de la medicina. Síndrome del corazón roto se llama lo que ha hecho que me hospitalizaran en el pabellón de cardiología del clínico de Valencia. Ni idea de que existía esta cardiopatía de nombre tan poético. Claro que esta es una de las maneras corrientes de denominar lo que científicamente se conoce como miocardiopatía de Takotsubo.
Pero antes de seguir quiero dar las gracias desde lo más profundo de este corazón roto a todos cuantos habéis comentado la entrada en la que decía que estaba hospitalizado, clicado el ‘me gusta’, compartido o simplemente leído. Y disculpad que no os conteste uno a uno y os corresponda como merecéis en vuestros blogs, pues no es demasiado el tiempo que puedo estar escribiendo.
Continúo con el síndrome. Se desencadena a causa de un elevado estrés emocional y es poco frecuente, sobre todo en hombres. Ese estrés emocional, en mi caso, es fruto de una continuada decepción respecto a determinados comportamientos de aquellos que dicen ser amigos o compañeros en quehaceres diversos. ¡Qué quieren que les diga! Uno es así de sensible. ¿Y saben qué? Orgulloso de serlo. Aunque conlleve cierto ostracismo. Como dijo Pessoa, “el mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad”.
Ya cuando estaban a punto de darme el alta me hicieron una resonancia magnética. Por si acaso. Mas hete aquí que para sorpresa de todos –médicos incluidos– apareció una verruga en el corazón que igual estaba ahí desde que nací y que el síndrome hizo que ‘despertara’ y provocara un pequeño infarto. No conocen en el Hospital Clínico Universitario de Valencia un caso semejante. De hecho, esta misma mañana ha venido a verme un cirujano de cardiología para pedirme permiso a fin de exponer mi caso en un congreso científico. Por eso les decía al principio que no entraré en los anales de la literatura pero, posiblemente, sí en los de la medicina.
Este pequeño infarto no ha sido por fumar, por beber, por llevar una vida sedentaria o por sobrepeso. Ha sido, como les decía, por un desmesurado estrés emocional. Mis arterias están perfectas y llevo vida normal. Sin salir del hospital, claro. Pero salgo a la calle a fumar –los médicos lo saben– y como lo que me viene en gana.
Me acosejaron que, de todos modos, me operara para que me quitaran la verruga (o pequeño tumor benigno) por si algún día volvía a ‘despertar’ la puñetera verruga y tener consecuencias más graves. También podría ser que nunca más se manifestara. Pero… Así que me operarán el martes por la tarde y una semana después a casa y a seguir con la vida normal (sin hacer esfuerzos ni nada de eso, por supuesto). Por lo demás como antes, o como ahora, pues en cuanto acabe de publicar esto voy a salir a fumarme un cigarrillo.
Espero seguir publicando hasta que me operen pero no estoy seguro de ello. Por falta de medios. Escribo con un ordenador que va a pedales, aquí no hay wifi y utilizo un pincho, y también al hacer poca actividad física mis dos hernias discales cervicales se resienten. Si no, hasta finales de este mes o principios del próximo.
Gracias a todos y reitero mis disculpas por visitar menos vuestros blogs. Un abrazo a todos.