I love Paris

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Zaz y Rhiannon Giddens interpretando ‘I love Paris’ (Jazzopen Stuttgart, 11 de julio de 2015).

I love Paris es una canción de Cole Porter perteneciente a su musical Can-Can, el penúltimo que estrenó en Broadway, en 1953. Can-Can se mantuvo en cartel durante casi novecientas representaciones seguidas e incluía canciones tan conocidas como “It’s All Right with Me”, “C’est magnifique” y “I Love Paris”. Esta última, incomprensiblemente, pasó a un segundo plano en la adaptación cinematográfica, que se estrenó en 1960 con el mismo título, dirigida por Walter Lang, y con un reparto encabezado por Frank Sinatra, Shirley MacLaine, Maurice Chevalier, Louis Jourdan y Juliet Prowse.

I love Paris, una ‘declaración’ de amor a la capital francesa, invita al optimismo, al goce, como el cancán. Por eso me encanta esta versión de Zaz –cantante cuya fuerza vocal y frescura transmiten alegría, inyectan vida, como la canción– que ofreció durante el concierto que dio en el festival Jazzopen de Stuttgart el 11 de julio de 2015. Un concierto de lujo para el que contó con el acompañamiento de la SWR (Radio Alemana del Sudoeste) Big Band, una magnífica orquesta con músicos altísima calidad y, para el tema que nos ocupa en concreto, también de Rhiannon Giddens, cantante, violinista e intérprete de banjo, estadounidense, con la que se marca un excelente scat.

En fin, que lo disfruten. No me cabe duda de ello.

A bailar con la Munich Swing Orchestra

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“Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa” es una frase que, al parecer, al menos a ella se le atribuye, dijo en una ocasión la anarquista Emma Goldman a un compañero suyo que el reprochó que estuviese bailando. La suscribo al cien por cien. En primer lugar, porque estoy más que harto de este sistema y de la cantinela que constantemente repiten unos y otros de ‘cambio posible’, incluidos, por supuesto, los partidos supuestamente progresistas: la pusilánime socialdemocracia actual, o lo que queda de ella, o esas ‘nuevas izquierdas’ que con su discurso verde y de desarrollo sostenible, de ‘medidas alcanzables’ y sin una identificación clara con un nuevo sistema social, terminan diluyéndose en el actual y robusteciéndolo. Sus monsergas no me interesan. En segundo lugar, porque me encanta bailar. No soy ningún bailarín, pero podríamos decir que me defiendo. Lamentablemente, no son muchas las ocasiones que puedo hacerlo, pues me gusta el baile de salón, con orquesta, y que en la sala se pueda fumar. Difícil, pues.

Hoy les propongo bailar a ritmo de swing con la Munich Swing Orchestra, una formación que lleva en activo desde 2004 y revive el sonido indestructible de las grandes bandas de swing y leyendas como Glenn Miller, Count Basie, Duke Ellington o Benny Goodman. Puede que no alcance el nivel de las big band mencionadas, aunque tampoco es este su propósito –es otra la época y otros gustos imperan–, pero suenan fantásticamente. No en balde, la mayoría de sus músicos –cinco saxofones, cuatro trompetas, cuatro trombones, piano, guitarra, bajo y batería– ya se habían curtido en orquestas como las de Max Greger, Hugo Strasser y James Last.

Para que puedan bailar sin interrupciones, en vez de insertar los vídeos uno a uno y comentar el tema que recogen, hemos elaborado una lista de reproducción, lo que nos permite fantasear con lo haríamos en aquellos salones de baile que, con alguna excepción, parecen relegados al olvido. Los temas que incluye –los cinco primeros solo con la Munich Swing Orchestra y los otros siete acompañados de The Funny Valentines (Hermine Gascho, Anna Hermann, Barbara Roberts y Alexandra Fischer)– son los siguientes:

  1. The Opener (1964), de Cootie Williams, y arreglos de Duke Ellington; 2. Song of India (1937), popular tema resultante de la adaptación de la aria “Pesni︠a︡ indiĭskogo gosti︠a︡” (de la ópera de Rimsky-Korsakov de 1896 Sadko) que grabó en 1937 Tommy Dorsey y su orquesta; 3. Tuxedo Junction (1940), un hit de Glenn Miller y su orquesta obra de Erskine Hawkins y arreglos de Bill Johnson; 4. Don’t Be That Way (1938), de Benny Goodman y Edgar Sampson, que popularizó el primero con su orquesta; 5. Pennsylvania 6-5000 (1940), música de Jerry Gray y letra de Carl Sigman que ese mismo año grabó Glenn Miller; 6. On the Sunny Side of the Street(1930), música de Jimmy McHugh y letra de Dorothy Fields, habituales del teatro musical estadounidense, que se estrenó en el espectáculo de ese año The International Revue; 7. Boogie Woogie Bugle Boy (1941), compuesta por Don Raye y Hughie Prince en 1941, meses antes de que Estados Unidos entrara en la Segunda Guerra Mundial, el mayor éxito de The Andrews Sisters; 8. Shoo Shoo Shoo Baby (1943), de Phil Moore para la película de ese año Follow the Boys, en la que las estrellas de la Universal se sucedían en una serie de números musicales y sketchs cómicos destinada especialmente a elevar la moral de las tropas estadounidenses en guerra y el ánimo de la población civil, otro hit de The Andrews Sisters; 9. Rum and Coca-Cola (1945), un calipso original de Lord Invader y Lionel Belasco que fue un tremendo éxito de The Andrews Sisters tras grabarlo en 1945; 10. Tico Tico (Tico-Tico no Fubá), conocidísimo tema que compuso en 1917 el brasileño Zequinha de Abreu; 11. Hold Tight, Hold Tight (Want Some Seafood Mama), compuesta en 1938 por Leonard Ware, guitarrista de la orquesta de Sídney Bechet, quien hizo los arreglos, y 12. All of me (1931), de Gerald Marks y Seymour Simons, que grabó por primera vez Belle Baker y se ha convertido en una de las canciones más grabadas de mundo del jazz.

Ya les dejo, que hace calor y, con tanto baile, se agradece una cervecita. ¡A su salud! Feliz tarde de domingo.

Count Basie

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Count Basie en Hamburgo (1974). / Heinrich Klaff.

Nacido como William Basie en 1904, este pianista, director de big band y compositor estadounidense –al que conocemos como Count Basie– es una de las grandes figuras de la historia del jazz. Pronto se le empezó a llamar El Conde por su porte aristocrático. Era a finales de la década de 1920 y se dedicaba a actuar como pianista –su madre, que también lo era, le enseñó a tocar el piano desde bien pequeño– en los arrabales de Kansas City, formando parte de bandas populares y acompañando a artistas de vodevil.

Basie era también majestuoso tocando el piano y destacaba por encima de los demás. Acompañó también a Bessie Smith y en 1926 ingresó en la banda de Walter Page, en Kansas City. En 1934 pasó a las filas de la banda de Benny Moten y comenzó a pensar en su propia formación, que –con el nombre inicial de Barons of Rhythm– creó a finales de 1936 y a la que se incorporaron muchos antiguos miembros de la banda de Moten como Walter Page (contrabajo), Freddie Green (guitarra), Jo Jones (batería) y Lester Young (saxo tenor). Jimmy Rushing era el cantante. Cuando les escuchó el cazatalentos y productor John Hammond les recomendó a varios agentes y compañías discográficas. El éxito acompañó a El Conde el resto de su vida.

Como pianista, Count Basie poseía un estilo potente, lleno de swing. Sobresalió tanto como solista como director de su big band, especialmente por sus arreglos musicales. Su estilo interpretativo se caracteriza por la repetición de una serie de riffs, breves frases rítmico-melódicas a manera de ostinato, que variaba inesperadamente con la introducción de un acorde original e impensado.

Realizó innumerables giras por el mundo, rodó varios filmes, grabó miles de discos y actuó con las grandes estrellas de la canción estadounidense como Ella Fitzgerald, Louis Armstrong, Sarah Vaughan o Frank Sinatra, entre otros. A mediados de la década de 1970 su salud empezó a deteriorarse, tras sufrir un ataque al corazón en 1976. Murió de cáncer de páncreas en Hollywood, en 1984.

Vamos a deleitarnos hoy con esta leyenda del jazz interpretando algunas de las melodías que compuso él mismo y otros conocidos estándares del jazz. Comenzamos con un tema de Basie de 1937, One O’Clock Jump, cuyo origen dimana de los diversos riffs que interpretaban los miembros de su orquesta y que un buen día dos de ellos, Eddie Durham y Buster Smith, sugirieron y ayudaron a Basie a darles forma. One O’Clock Jump fue el tema con que la Orquesta de Count Basie cerró sus conciertos durante más de cincuenta años, aun habiéndola interpretado ya en la función. La actuación que recoge el vídeo corresponde a una secuencia de la película de 1943 Reveille with Beverly, que dirigió Charles Barton y protagonizaron Ann Miller, Franklin Pangborn y Larry Parks.

Con similar criterio compuso Basie un año después, en 1938, Jumpin’ at the Woodside, magnífico tema en el que los riffs de los miembros de la orquesta van sucediéndose hasta llegar al clímax final con la suma de todos ellos. Jumpin’ at the Woodside y O’Clock Jump contribuyeron en gran medida al definitivo lanzamiento nacional e internacional de la big band. Escuchamos Jumpin’ at the Woodside durante un concierto que Basie y su orquesta dieron en Londres en 1965 y que registró la BBC.

A la misma actuación corresponde el vídeo que sigue en el la Orquesta de Count Basie nos ofrece esta cuidada versión de All of Me, canción que escribieron Gerald Marks y Seymour Simons en 1931 y que, merecidamente, se ha convertido en unos de los grandes estándares del jazz.

También de 1965, y para la BBC, Basie interpreta –con su orquesta– una muy, pero que muy, hermosa canción, April in Paris, que escribieron Vernon Duke (música) y E.Y. Harburg (letra) y se estrenó como número de Walk a Little Faster (1932), una revista musical con sketchs de S.J. Perelman y Robert MacGunigle.

Sonny Cohn, Pete Minger, Darle Carley y Bob Summers (trompetas), Bill Hughes, Dennis Wilson, Grover Mitchell y Booty Wood (trombones), Danny Turner (saxo alto), Bobby Plater (saxo alto, fiscorno), Kenny Hing (saxo tenor), Eric Dixon (saxo tenor, fiscorno), John Williams y Cleveland Eaton II (contrabajos), Freddie Green (guitarra) y Gregg Field (batería) son los integrantes de la big band de Count Basie (al piano) que interpretan el gran estándar de jazz Sweet Georgia Brown –composición de 1925 de Ben Bernie y Maceo Pinkard (música) y Kenneth Casey (letra)– durante un concierto celebrado en el Carnegie Hall de Nueva York el 20 de marzo de 1981.

Escuchamos ahora a Basie y su orquesta acompañando a Ella Fitzgerald en esta estupenda canción que es Satin Doll (música de Duke Ellington y Billy Strayhorn, letra de Johnny Mercer) en 1953. La grabación es de 1963.

Y ahora acompañando a Frank Sinatra en un tema de Cole Porter de 1936, I’ve Got You Under My Skin, que formó parte de la banda sonora de la comedia musical que dirigió Roy Del Ruth Born to Dance (Nacida para la danza), en la que la interpretaba Virginia Bruce. I’ve Got You Under My Skin es una de las grandes canciones que asociamos a Frank Sinatra. La actuación tuvo lugar en St. Louis (Estados Unidos) en 1965.

Finalizamos la entrada con El Conde en su faceta de pianista con una reducida formación, un cuarteto, en un éxito de 1936, These Foolish Things (música de Jack Strachey y letra de Eric Maschwitz), que formaba parte de la comedia musical británica Spread it Abroad. La actuación tuvo lugar durante el festival de jazz de Montreux de 1977. Los integrantes del cuarteto son, además de Basie, Benny Carter (saxo alto), Ray Brown (contrabajo) y Jimmie Smith (batería).

Feliz domingo o feliz puente, según sea su caso.

Cinco cortos animados con el jazz de protagonista

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Fotograma de “Swing of Change”.

Para la entrada de este viernes hemos seleccionado cinco vídeos de animación cuya temática gira en torno al jazz y su música es el motivo de central de todos ellos. El jazz y, por supuesto, el swing, ese estilo de jazz de ritmo vivaz y contagioso que se desarrolló en Estados Unidos a mediados de la década de 1920 y se extendió por el mundo occidental con inusitada rapidez. Los cinco son recientes –ninguno es anterior a 2009– y el criterio para su selección ha sido únicamente el gusto de un servidor, que espero y deseo que compartan o que, al menos, no les defraude.

El primero de ellos se titula Jazz Club y es un cortometraje de poco menos de dos minutos de duración que realizó en 2013 Andy Dupont en su segundo año de estudios en la escuela superior de cine de animación Supinfocom de Valenciennes (Francia). El tema que suena es Jubilee Stomp, una composición de Duke Ellington que grabó por primera vez en 1928. En él se nos presentan los diferentes instrumentos que suelen utilizarse en los grupos de jazz: el saxofón, el contrabajo, la batería, la trompeta, el clarinete, el trombón y el piano. Un vídeo de lo más didáctico, perfecto para que los niños identifiquen cada instrumento y sepan que hay una música que llamada jazz que puede proporcionarles muchos ratos de placer en el futuro.

¿Nunca se les ha metido una melodía en la cabeza que no deja de sonar en su interior por mucho que se empeñen en lo contrario? Sí, ¿verdad? Es lo que le sucede al protagonista de Jazz that nobody asked for (El jazz que nadie pidió), cortometraje de algo más de cuatro minutos realizado en 2013 por Benny Box y dirigido por Rune Fisker y Esben Fisker. La música que ‘persigue’ al joven que acaba de asistir al entierro de su padre se titula Quaker City Jazz (1939) y fue uno de los primeros éxitos de Jan Savitt and his Top Hatters Orchestra. Savitt, que era blanco, fue el primero en integrar en su big band a una vocalista afroamericana.

Que la música contribuye a la formación del carácter y del alma ya lo decía Aristóteles. Su poder transformador nadie lo discute y por eso afirmamos que la música nos une, o que la música amansa las fieras. Y, si no, vean lo que le sucede a este barbero racista cuando se encuentra, precisamente al despreciar a alguien por no ser blanco como él, con una trompeta mágica en este vídeo titulado Swing of Change y ambientado en Nueva York en los años de 1930. Fue realizado en 2011 por Harmony Bouchard, Andy Le Cocq, Joakim Riedinger y Raphael Cenzi, alumnos de la École Superieur des Métiers Artistiques (ESMA) de Montpellier (Francia). La música es de Denis Riedinger.

De 2009 es Leitmotif, cortometraje de Jeanette Nørgaard, Marie Thorhauge, Marie Jørgensen y Mette Ilene Holmriis, con música de la primera, que nos cuenta la historia de un solitario músico de jazz, el único miembro en vida del grupo del que formó parte en su día, cuya compañía se reduce a un gato blanco que le visita a diario y sigue sintiendo nostalgia por los tiempos en que actuaba en directo con sus compañeros. Mas para todo hay solución, piensa, y se le ocurre una idea tan ingeniosa como disparatada.

También de 2009 es el corto con el que cerramos la entrada: Juiced and Jazzed, de Justin Weber. Ambientado en los años de 1920, cuando estaba en vigor la Ley seca que prohibía el consumo de alcohol, una joven de nombre Lulú descubre el placer de lo prohibido y se deja llevar. La música que suena son los temas The Charleston (1923), de James P. Johnson, interpretado por Spike Jones & his City Slickers, y Doin’ the Uptown Lowndown, de Mack Gordon (1933), por Joe Venuti & his Blue Six.

Buen fin de semana.