Cosas de la vida

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Ya veis, a veces la vida se porta mal. Pero un par de días en la UCI, desde el sábado en planta y el miércoles o jueves volveré a estar activo. Salud a todos. Gracias por los comentarios pero todavía no estoy en condiciones de contestaros. De hecho, esto tampoco lo estoy escribiendo yo, sino una amiga a quien se lo he encargado. Un abrazo fuerte.

Cinco canciones para despedir septiembre

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Fotografía de Mert Alas y Marcus Piggott para ‘Vogue’ © (septiembre de 2016).

Despedimos septiembre con cinco canciones para cuya selección ha contado como único criterio que en su título llevara la palabra “septiembre”. Supeditadas, eso sí, al particular gusto de servidor de ustedes, para quien este mes era, en los tiempos de juventud, el máximum de la nostalgia.

Durante el verano, además de los guateques que organizábamos casi día sí y día no, íbamos a las verbenas que tenía lugar en los pueblos del alrededor durante sus fiestas patronales. A pie incluso, muchas veces, como a las de L’Alqueria d’Asnar, municipio que dista del mío, Muro d’Alcoi, kilómetro y medio. Eran prácticamente las últimas. Solo quedaban las de Planes el primer fin de semana de octubre, pero Planes se sitúa a diez kilómetros de Muro y, en consecuencia, dependíamos de que alguien más mayor, que ya dispusiera de coche, nos llevara.

A finales de septiembre yo ya sabía que estábamos en otoño, pero eso era lo de menos, pura convención del calendario. Para mí el verano terminaba con las fiestas de L’Alqueria. Pasado el fin de semana comenzaban las clases –entonces los estudios de Bachillerato y Preu, que eran los que me correspondían, no lo hacían tan pronto como ahora–, la noche llegaba antes y el tiempo dejaba de ser propicio para esos guateques al aire libre que tanto nos gustaban. Mas, por si fuera poco, se largaba la chica forastera con que uno había ligado. Sí, era el fin.

Vamos a dejar las cuestiones sentimentales aparte y a centrarnos en la entrada. Aunque no sin aclarar antes que esto, naturalmente, ocurre en el hemisferio norte, donde la primavera abarca el periodo comprendido entre el 19-21 de marzo (equinoccio de primavera) al 20-21 de junio (solsticio de verano). En el hemisferio sur, las fechas, lógicamente, son otras: del 31-23 de septiembre al 19-21 de diciembre. Mas independientemente el hemisferio al que pertenezcamos, nunca está de más halagar nuestros sentidos con buenas canciones como, a juicio de un servidor, son las cinco que conforman esta entrada. Ahora bien, si reside en el hemisferio sur y le apetece escuchar otras buenas melodías de jazz –a mi juicio también buenas, por eso las seleccioné– pueden visitar la entrada Primavera: cinco canciones a ritmo de jazz.

Y, ahora sí, vamos, con las canciones seleccionadas, que hemos ordenado en función del año que fueron compuestas. La primera, September in the Rain, es una popular canción de Harry Warren y Al Dubin publicada en 1937 que fue presentada por James Melton en la película Melody for Two, estrenada ese mismo año. Pronto se convirtió en un estándar que ha sido grabado por una larga lista de intérpretes y que ya escuchamos por Sarah Vaughan en la entrada Melodías de otoño. Hoy la interpreta otra gran voz: Dinah Washington. La versión que sigue es la que figura en su álbum The Best of Dinah Washington (1961).

Al musical compuesto por Kurt Weill con letra y argumento de Maxwell Anderson que dirigió Joshua Logan, Knickerbocker Holiday (1938), pertenece September Song, hermosa canción que interpreta Sissel Kyrkjebø, soprano noruega de amplio registro vocal y voz cristalina, en un programa de la televisión sueca emitido en agosto de 2016.

The September of my Years –música de Jimmy Van Heusen y letra de Sammy Cahn– es la canción que da título al álbum homónimo de Frank Sinatra –para él se compuso– de 1965. Obviamente, esta es la versión que incluimos.

De ‘voz’ a ‘voz’, de Frank Sinatra a Tony Bennett, pues este último es quien popularizó Maybe September. Maybe September sonaba como tema en versión instrumental, tal como lo compuso Percy Faith, en la película de 1966 The Oscar (El Óscar). En pleno proceso de montaje del filme la lanzó Tony Bennett, con letra de Jay Livingston y Ray Evans y arreglos de Johnny Mandel, en su álbum The Movie Son Album (1966), como nos cuenta el cantante en su autobiografía The Good Life (1998), donde dice también que este álbum es su preferido.

Terminamos con September When It Comes, canción de Rosanne Cash y John Leventhal, incluido en el álbum de la primera Rules of Travel (2003), donde la canta acompañada de su hermano, Johnny Cash.

Espero que septiembre haya sido un buen mes para todos cuantos hayan llegado hasta aquí y que octubre sea todavía mejor.

La divertida y singular música de Leroy Anderson

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Leroy Anderson es un compositor ciertamente singular, capaz de convertir la máquina de escribir o el papel de lija en solistas de concierto y autor de  muchas «miniaturas orquestales» alegres, divertidas, absolutamente sorprendentes.

Hijo de inmigrantes suecos, nació en Cambridge (Massachusetts, Estados Unidos). En 1919 empezó a estudiar música en el Conservatorio de Nueva Inglaterra. Prosiguió sus estudios en la Universidad de Harvard hasta comienzos de 1930, cuando decidió en el último momento –estaba a punto de abandonar la música para siempre– dedicarse a esta ante todo. Esta decisión resultó esencial en su vida y hay que agradecerle que así lo hiciera.

Dirigió la banda de música de Harvard y escribió numerosas composiciones para dicha formación, las cuales llamaron la atención de Arthur Fiedler, director de la Boston Pops Orchestra. Con ella estrenó su primera composición en 1938, Jazz Pizzicato, que tuvo un éxito inmediato. Vamos escuchar el tema por la Lviv Virtuosos Academic Chamber Orchestra (Ucrania) durante un concierto de 2012.

Durante estos años trabajó con su hermano en varias orquestas de baile y al estallar la Segunda Guerra Mundial llegó a ser capitán del ejército estadounidense. Al terminar esta, desestimó la oferta de seguir en las fuerzas armadas –que querían que continuara como agregado militar por su dominio de diversos idiomas– y regresó a la música.

Fue en los años que siguieron al final de la contienda cuando Anderson compuso varias de sus admiradas obras (las “miniaturas orquestales”), como Serenata (1947), The Typewriter (1950), The Waltzing Cat (1950), Plink, Plank, Plunk! (1951), Belle of the Ball (1951), Blue Tango (1951), Bugler’s Holiday (1954), Sandpaper Ballet (1954) y Forgotten Dreams (1954).

Puede que no sepa que es de Anderson The Typewriter (La máquina de escribir), pero seguro que la conoce. Aquí, el sonido de las teclas –en realidad solo dos–, la campana y el mecanismo de retorno del carro hacen de la máquina de escribir un instrumento musical. Muchos creyeron que quienes manejan la máquina de escribir eran mecanógrafos, pero Anderson aclaró que solo los percusionistas profesionales tienen la suficiente flexibilidad en su muñeca para poder ejecutar la pieza. Excelente es la versión que vemos en el vídeo que sigue a cargo de Voces para la Paz (Músicos Solidarios) –asociación independiente fundada en 1998 por Juan Carlos Arnanz para recaudar fondos que contribuyan a la erradicación de la pobreza y a la mejora de las condiciones de vida de las personas y comunidades más vulnerables y desfavorecidas– en este concierto dirigido por Miguel Roa con el percusionista Alfredo Anaya en 2011.

¿La reconocen? Seguro que sí. Alguien puede que se pregunte de qué. Igual de esta genial secuencia de la película protagonizada por Jerry Lewis Lío en los grandes almacenes (1963).

Anímense si tienen o están con niños a mostrarles estos vídeos y a ampliar su horizonte musical. No todo va a ser el Cantajuego ese de las narices que los más peques ven casi obsesivamente. Pónganles este The Waltzing Cat por ejemplo, un hermoso vals que protagonizan Tom y Jerry en un momento de la película de animación Fantasia 2000.

Parece ser que una tarde de primavera, una de esas en que uno empieza a disfrutar de sus cálidos rayos de sol, Anderson se disponía a dirigir un concierto al aire libre cuando, de repente, empezó a llover. El ruido que hacían las gotas al caer le inspiró para componer este Plink, Plank, Plunk!, un pizzicato que imita las gotas de la lluvia y escuchamos por la Portland Youth Philharmonic, dirigida por David Hattner, en diciembre de 2103.

Compuesta en 1951 y publicada en 1952, Blue Tango es la primera obra instrumental que vendió un millón de copias. Escuchamos la grabación para Decca del propio Anderson de 1952.

En Sandpaper Ballet (Papel de lija) Anderson utiliza secciones de madera con papel de lija, como antes hiciera con la máquina describir, como solistas. La divertida versión que incluimos forma parte del Concierto Voces para la Paz (Músicos Solidarios) en su edición de 2013. Los solistas son los percusionistas Alfredo Anaya y Alberto Román y Andrés Salado quien dirige la orquesta.

La música de Anderson alcanzó con estas y otras “miniaturas orquestales” una enorme popularidad en casi todo el mundo y se le consideró el compositor más importante de música ligera de concierto. Mas Anderson también compuso obras más largas, como Concierto en C para piano y orquesta (19 minutos), su obra más ambiciosa, que él mismo estrenó en 1952. La crítica no fue muy amable con ella y Anderson la retiró para hacer algunos cambios, no estrenándose de nuevo hasta 1988, ya fallecido este y sin que llegara a hacer los cambios. Escuchamos el segundo movimiento de Concierto en C. Lamento no poder decir quien interpreta, ni cuando, ni donde, los ocho últimos minutos de la obra en el vídeo que sigue. Si alguien lo sabe y me lo comunica se lo agradeceré.

También probó con el teatro musical, llegando a estrenar en Broadaway, en 1958, Goldilocks, una parodia de la época del cine mudo con libreto y letras de Jean Kerr y Walter Kerr. El musical no fue precisamente un éxito –solo 161 representaciones– y su argumento fue muy criticado. La música de Anderson, sin embargo, recibió numerosos elogios.

Compuso poco a partir de la década de 1960 pero siguió dirigiendo su música hasta que falleció en 1975.

Que tengan un buen día.