Vinícius de Moraes

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En la madrugada del 9 de julio de 1980 fallecía en su casa del barrio de Gávea de Rio de Janeiro Vinicius de Moraes, “el hombre que quiso ‘vivir cada segundo como nunca más’. (…) El único poeta que, según Carlos Drummond de Andrade, vivió como tal”. (Carlos Galilea: “La santísima trinidad”, El País, 10 de julio de 1980).

Nacido en Rio el 19 de octubre de 1913, “llevó –sigue diciendo Gallea– la poesía de los libros a las canciones con versos precisos y casi siempre coloquiales” y se le considera –junto con João Gilberto y Tom Jobim– uno de los padres de la bossa nova. Su primera aproximación a la música –que no el inicio de su carrera como autor de canciones– tuvo lugar en 1932, cuando escribió la letra de un foxtrot con música de Haroldo Tapajós titulado Loura ou Morena (Rubia o morena). Aunque escribió alguna más con Haroldo y su hermano Paulo Tapajós, en 1933 publicó su primer libro de poesía –ante todo se consideraba poeta por vocación– y no volvió a escribir letras de canciones hasta 1952.

En el ínterin, se graduó en derecho, estudió poesía inglesa en la Universidad de Oxford e inició una peculiar carrera diplomática. Entre 1946 y 1950 fue vicecónsul de Brasil en Los Ángeles. Ese último año regresó a Rio. Allí trabajó como periodista, escribió su primer samba (Quando tu passas por mim, publicado en 1953) y vivió intensamente la vida nocturna de la ciudad. Acuciado por problemas económicos, solicitó otro puesto en el extranjero y lo destinaron a París, como segundo secretario de la embajada de Brasil.

En París, “conoció a Sacha Gordine, a quien vendió una historia para una película: Orfeu da conceição. Pero el productor francés no consiguió reunir el dinero necesario para hacer la película. Cuando volvió a Brasil, Vinicius decidió convertir esa historia en una obra de teatro, y empezó a buscar un compositor para que escribiera la música. Entonces se acordó de un joven músico al que había visto actuar en un club nocturno llamado Club da Chave: se trataba de Tom Jobim. Puede decirse que la bossa nova nació en 1956, el año en que Jobim y Vinícius se conocieron y colaboraron en la música de Orfeu da conceição, así como en la composición del tema Chega de saudade. (…) En 1957, Sacha Gordine, una vez conseguido el respaldo económico, viajó a Rio con el director Marcel Camus para rodar la versión cinematográfica de Orfeu da conceição. Gordine quería música original para la producción franco-brasileña, que se titularía Orfeu negro (Orfeo negro). La nueva banda sonora incluía la Samba de Orfeu de Luiz Bonfá y la encantadora Manhã de Carnaval, con letras de Antônio Maria. Jobim y de Moraes compusieron nuevas canciones, entre ellas la dulce y melancólica A felicidade, que incluye la siguiente estrofa: ‘La tristeza no tiene fin, pero la felicidad sí. / La felicidad es como una pluma que el viento lleva por el aire, / vuela tan ligera, pero su vida es breve, / necesita que haya viento sin parar’” (Músicas do Brasil. Samba, bossa nova y música popular de Brasil, Time Life, 1988, 84-85).

Más vayamos por partes y recordemos antes Chega de saudade, la primera canción que se considera una bossa nova y que se grabó en 1958, un tema compuesto por Jobim y Vinicius que grabó João Gilberto y podemos ver bajo estas líneas interpretada por el propio Gilberto y Jobim en 1988 con motivo de celebrarse los treinta años del evento.

Tal vez sin Chega de saudade no hubiera llegado Orfeu negro, o no hubiera alcanzado la fama que consiguió. Chega de saudade marcó un hito y, como escribió el propio Vinícius, “por una especie de telepatía, otros jóvenes compositores brasileños como Carlos Lyra, Roberto Menescal y Oscar Castro Neves estaban empezando a componer en un estilo similar”. Rápidamente la bossa se hizo tremendamente popular en Brasil y sus ecos se dejaron sentir fuera de sus fronteras. Y, ahora sí, veamos la secuencia inicial de Orfeo negro con el tema de Vinícius y Jobim A felicidade.

Los años sesenta del pasado siglo fueron los de consolidación musical de Vinícius y su reconocimiento internacional. Tres años después (1962) vería la luz la canción más popular de todas cuantas se han escrito hasta el momento dentro de la bossa nova. Estamos hablando, cómo no, de Garota de Ipanema (La chica de Ipanema). La anécdota que dio paso a la composición es sobradamente conocida: Tom Jobim y Vinicius de Moraes veían pasar todos los días frente al café Veloso, en el que ellos se sentaban, a una hermosa joven de 18 años (Helô Pinheiro) camino de la playa. La admiración que despertó en ellos dio lugar a Menina que passa, como en un primer momento se denomino Garota de Ipanema.

La primera grabación de estudio y comercial es de Pery Ribeiro en un disco registrado en 1963, É todo bossa, antes de la versión del álbum Getz/Gilberto (1964), que supuso la internacionalización de la bossa nova. Vamos con dos versiones, la de Pery Ribeiro y la Astrud Gilberto y Stan Getz, quienes la interpretan, en inglés, en una actuación para la televisión estadounidense el mismo año que salió el álbum.

Vinicius simultaneó la música con la poesía –escribió y publicó varios libros–, aunque las letras de sus canciones son también eso: pura poesía. Le gustaba vivir a tope y llevó una existencia bohemia que le valió la expulsión del servicio diplomático. Así, en 1968, el máximo jerarca de la dictadura, Artur da Costa e Silva, mandó una nota al ministro de Relaciones Exteriores que al parecer decía “Cesen a este holgazán”.

En 1970, Vinicius estrenó un espectáculo en la sala Canecão (Rio) con Jobim, Toquinho y Miúcha con enorme éxito. El show se trasladó a La Fusa, el café concert La Fusa (el de Buenos Aires) en julio de ese mismo año, con la voz de Maria Creuza. Las actuaciones fueron grabadas –luego retocadas en estudio– y dieron lugar a  uno de los álbumes más carismáticos de la historia de la bossa: Vinicius en La Fusa. Dado el éxito del disco, en enero de 1971 Vinicius regresó a La Fusa (esta vez a la de Mar del Plata), también con Toquinho y, en vez de Miúcha, con Maria Bethânia. El resultado, otro legendario álbum: Vinicius+Bethânia+Toquinho en Mar del Plata. Grabó varios álbumes más y realizó diversas giras con Toquinho, actuando en Italia y grabando, en Milán, en 1975, otro excelente LP: O Poeta e o Violão. Siguió actuando –cada vez menos, su salud comenzaba a deteriorarse– y escribiendo poesía hasta que falleció en Rio hace treinta y cinco años.

Vamos ahora con algunas de las canciones de Vinicius de Moraes que alcanzaron mayor notoriedad (o que más me gustan). Unas pocas, obviamente, pues todas, por su calidad y belleza, podrían figurar en esta entrada. Empezamos con O que tinha de ser, canción de 1959 con música de Jobim, que escuchamos por Caetano Veloso. La versión es la que aparece en el álbum Roberto Carlos e Caetano Veloso e a Música de Tom Jobim, lanzado en CD y DVD en 2008. Del DVD es el vídeo.

Jobim puso música también a estos dos extraordinarios temas: Água de Beber e Insensatez. La primera fue compuesta en 1961 y la escuchamos, y vemos, por los dos autores en una actuación celebrada en Milán en octubre de 1978. El vídeo nos ilustra perfectamente la personalidad de Vinicius, un hombre entregado a la música y a la poesía, a lo que para él, con las mujeres y los placeres en general, era la vida. Sentado frente a una mesa –con su vaso, su botella de whisky y un cubo con hielo–, canta, recita, charla, estableciendo una comunicación total con su público. La versión de Insensatez que incluimos corre a cargo de otro de los padres de la bossa nova, João Gilberto, durante un recital que dio en Roma en agosto de 1983.

¡Qué hermosa es la letra de Poema dos olhos da amada! ¡Y qué hermosa la música que Paulo Soledade compuso al convertirla en canción! ¡Y qué difícil resulta engrandecer un tema como este! Sin embargo, Maria Bethânia –con la colaboración de la actriz francesa Jeanne Moreau, que recita la poesía en francés– lo consigue. La versión que recoge el siguiente vídeo corresponde al álbum de 1988 Maria, año en que se cumplía el veinte aniversario de la composición.

Proseguimos con dos canciones de 1970 que identificamos enseguida con los shows de La Fusa: Eu sei que vou te amar (música de Jobim) y Tarde em Itapoã (música de Toquinho). La primera, en la versión que figura en el álbum Vinicius en La Fusa. La segunda, la del álbum Vinicius+Bethânia+Toquinho en Mar del Plata.

Nos despedimos con este vídeo en el que Toquinho y Vinícius de Moraes interpretan en el programa de la RAI (Radiotelevisione Italiana) Senza rete (1971) un popurrí con los temas A felicidade, Garota de Ipanema, Berimbau (música de Baden Powell), Samba da Bênção (también con música de Baden Powell) y, con música de Toquinho, A tonga da mironga do kabuleté (en italiano). El presentador, estarán de acuerdo conmigo, mejor que se hubiera quedado en casa.

Tengo guitarra, pero toco muy mal; tengo voz, pero más que cantar castigo los oídos de quien me escucha, y tengo whisky, muy buen whisky. Por tanto, esta última es la opción que elijo para rememorar a este gran músico y poeta, a este gran vividor ante todo, pues si uno no vive y se limita a existir poco podrá ofrecer a los demás (y poco podrá recibir de ellos). Me sumo, en consecuencia, a las palabras de Pablo Neruda: “Por todo eso, y por tantos otros motivos, digo como él: Vinicius, Se todos fossem iguais a você / Que maravilha viver!».

¡A su salud y a la suya¡ Que pasen un buen día. Con Vinicius, seguro.

Clásicos para los peques con los animales de protagonistas

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Pensando en los peques, hemos seleccionado cinco temas de cinco composiciones de la llamada música clásica, cinco breves fragmentos de ellas más concretamente, que consideramos pueden ser un excelente vehículo para ampliar el horizonte musical de los niños. Claro que estos, por su cuenta, no accederán a la entrada ni llegarán a leer esto. Así, la complicidad de los adultos deviene, lógicamente, esencial. No creo que sea un gran sacrificio, pues no sé quién disfrutará más con ellos, si los peques o los mayores. En todo caso, hagan la prueba. Lo hemos dicho otras veces y no nos cansaremos de repetirlo: no existe una música específica para niños, por mucho que las discográficas y las productoras de espectáculos musicales se empeñen en lo contrario. La música es sentimiento, vida, y hay música –independientemente del género al que se adscriba– que puede ser disfrutada por niños y adultos. Hay música alegre, divertida, tierna… y hay sentimientos, como la alegría y la ternura, que asociamos al candor e inocencia de los peques. Pero no son exclusivos de ellos. Existe la música, y punto. Por supuesto, una es más apta que otra para los oídos infantiles, ¡faltaría más! Pero insisto: no existe la “música para niños”.

Vamos a comenzar con el “Dúo de Papageno y Papagena”, de la ópera cómica de Wolfgang Amadeus Mozart La flauta mágica (Die Zauberflöte), un cuento de hadas, una historia de amor, llena de símbolos masones, que fue la última ópera que se escenificó en vida del autor. Él mismo la dirigió, en el Freihaus-Theater auf der Wieden de Viena, el 30 de septiembre de 1791, dos meses antes de fallecer. Papageno es un ser mitad pájaro y mitad persona que lleva una gran jaula a sus espaldas enamorado de Papagena, una bella joven. El vídeo que sigue pertenece a la producción de la Ópera de París (Opéra national de Paris) de 2001. Detlef Roth es Papageno y Gaële Le Roi, Papagena.

El carnaval de los animales (Le carnaval des animaux) es una suite musical que compuso en 1886 el compositor francés Camille Saint-Saëns. La concibió como un divertimento para un día de carnaval y en ella los instrumentos recrean los sonidos de animales de todo tipo: leones, gallinas, tortugas, canguros, burros, peces, pajaritos… “El autor, según parece temeroso de que la obra resultara demasiado frívola y pudiera perjudicar su reputación de compositor serio, prohibió que esta obra se editara mientras él viviera (con excepción de una sola pieza: ‘El cisne’). Solo se dieron interpretaciones privadas para un círculo de amigos íntimos, como Franz Liszt. Sin embargo, Saint-Saëns dispuso en su testamento que la suite podría ser publicada tras su muerte, y desde entonces se ha convertido en una de sus obras más populares.” [Wikipedia]. De El carnaval de los animales incluimos esta recreación con el “Gran final” en versión de L’Harmonie Laval (Quebec, Canadá) durante un concierto celebrado en mayo de 2013.

En 1877 Piotr Ilich Chaikovski estrenaba en el Teatro Bolshói de Moscú el que posiblemente sea el ballet más popular de la historia, todavía uno de los más representados: El lago de los cisnes, un encargo que el Bolshói le había hecho dos años antes y cuyo libreto –se cree que de Vladimir Petrovich Begichev y Vasily Geltser– se basa en el cuento alemán Der geraubte Schleier (1782-1786, El velo robado), de Johann Karl August Musäus, que narra cómo un malvado mago convierte a jóvenes doncellas en cisnes. El hechizo solo puede ser vencido por el amor. De El lago de los cisnes, cuya duración –según versiones– oscila entre las dos y tres horas, contemplamos el número del segundo acto “Danza de los pequeños cisnes” (Allegro moderato) por el Ballet de la Ópera de París en una representación de 2005.

Cuadros de una exposición es una famosa suite de 15 piezas que compuso Modest Músorgski en 1874. Este la escribió en principio para piano, pero es más conocida en la orquestación y arreglos que hizo el compositor francés Maurice Ravel en 1922. Músorgski quiso con esta obra rendir un homenaje a su amigo Víktor Hartmann (1834-1873), inspirándose a tal efecto en la exposición póstuma de pinturas que nada más fallecer este se inauguró en San Petersburgo. Uno de estos cuadros da título a la pieza que escuchamos, «Ballet de polluelos en sus cáscaras». El vídeo que la recoge es obra de Natasha Turovsky, que recrea la pintura en que se basó el compositor ruso. La música corre a cargo de la orquesta de cámara I Musici de Montréal, dirigida por Yuli Turovsky.

Finalizamos con Pedro y el lobo, composición sinfónica de Sergéi Prokófiev (Op. 67) escrita en 1936, que es una historia para niños con música y texto adaptado por él mismo y con un narrador que acompaña a la orquesta y explica el argumento: Pedro, un niño que vive con su abuelo, en un pueblo ruso, quiere liberar a sus amiguitos (un gato, un pájaro, un gato) del lobo, que quiere comérselos. No solo lo consigue sino que, además, convence a los cazadores que van en su búsqueda para que no lo maten y lo lleven al zoo. La obra está escrita para una flauta, un oboe, un clarinete en la, un fagot, 3 trompas en mi, un timbal y cuerdas (para la alegoría de los personajes principales), y un acompañamiento de trompeta, trombón, triángulo, pandereta, platillos, castañuelas, tambor de caja, y bombo en la orquestación. Cada personaje de la historia tiene asignado un instrumento y un tema musical: Pedro los instrumentos de cuerda (violín, viola, violonchelo y contrabajo); el abuelo, el fagot; el pájaro, la flauta travesera; el pato, el oboe; el gato, el clarinete; el lobo, la trompa, y los cazadores, los timbales y el bombo. Ya dedicaremos una entrada con en la obra completa (poco más de 25 minutos) en los próximos días. Hoy vamos con esta síntesis por la Orquesta Filarmónica de Holanda en un concierto celebrado en 2003.

¿Han adivinado los instrumentos? ¿Han conseguido identificarlos con cada personaje? ¿Han podido explicárselo a los peques? En todo caso, prueben jugando clicando en el siguiente enlace:

http://www.euskadikoorkestra.es/web/juegos/aula_musica/es/juego05.html

Que pasen un buen día. Y si los peques han disfrutado con la entrada también lo pasará servidor de ustedes. Para ellos la he escrito.

Cinco saxos, cinco baladas

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“Central Park Sax Man” (2011), fotografía de Chris Lord.

Cinco de los mejores saxofonistas de la historia del jazz –Coleman Hawkins, Ben Webster, Lester Young, Charlie Parker y John Coltrane– interpretan cinco grandes baladas: For You, For Me, For Evermore; Stardust; These Foolish Things; Lover Man, y Say It (Over and Over Again). Hemos ordenado los vídeos en función del año de nacimiento de cada uno de los protagonistas de nuestra entrada. Todos –temas e intérpretes–, a juicio de un servidor, son excelentes y nada más lejos de mi ánimo que establecer ningún tipo de preeminencia entre ellos.

Empezamos, así, con Coleman Hawkins (1904-1969), cuyo estilo –tan fluido como enérgico– contribuyó poderosamente a consolidar el saxofón como uno de los principales instrumentos del jazz. Hawkins nos deleita con una composición de George Gershwin –For You, For Me, For Evermore– que compuso alrededor de 1936-1937 y permaneció prácticamente olvidada hasta que en 1946 su hermano Ira escribió la letra para la banda sonora de la película de 1947 The Shocking Miss Pilgrim. La grabación que escuchamos corresponde al álbum At Ease with Coleman Hawkins (1960) y acompañan a Hawkins Tommy Flanagan (piano), Wendell Marshall (contrabajo) y Osie Johnson (batería).

Del saxo, Ben Webster (1909-1973), El Rana, como era conocido este excelente músico por sus ojos saltones, salía un sonido tan aterciopelado como pocos más han conseguido. Su vibrato –alguna ventaja tendría que tener ser asmático, pues en principio a esta circunstancia se debió la celebrada sinuosidad del sonido de su saxo–, su fraseo, su genialidad armónica y melódica, lo convierten en uno de los grandes saxos de la historia del jazz. El bello tema que hemos elegido de su amplísima discografía es Stardust. Lo compuso en 1927 Hoagy Carmichael y es uno de los grandes estándares del jazz, con más de 1.500 grabaciones. La versión pertenece a su álbum There Is No Greater Love, que grabó en 1965 con Kenny Drew (piano), Niels-Henning Ørsted Pedersen (contrabajo) y Alex Riel (batería).

El mismo año que Webster nacía Lester Young (1909-1959), uno de los grandes precursores del jazz moderno y el padre de la tendencia jazzística denominada cool, continuadora del be bop y precursora del hard bop, figura clave en la evolución del jazz contemporáneo. Billie Holiday, su alma gemela, lo bautizó como The Pres, el presidente de los saxofonistas. Escuchamos a este gran músico de sonido elegante y suave, acompañado Oscar Peterson (piano) y su trío – Barney Kessel (guitarra), Ray Brown (contrabajo) y J.C. Heard (batería)– en ese fantástico tema que es These Foolish Things y que compusieron en 1936 Harry Link, Holt Marvell y Jack Strachey para la comedia musical británica Spread it Abroad.

Vamos ahora con el legendario Charlie Parker (1920-1955), emblemática figura del bop, movimiento que revolucionó con sus improvisaciones, su fraseo vertiginoso, su ritmo de acentuaciones irregulares y estructura armónica compleja. El tema que hemos seleccionado, precioso, es Lover Man, escrito por Jimmy Davis, Ram Ramírez y James Sherman en 1941, que siempre se ha asociado a Billie Holiday. No en balde, pues fue compuesto expresamente para ella. La grabación que escuchamos es de 1946 y está considerada una de las más apasionadas de la discografía de Bird. Le acompañan Howard McGhee (trompeta), Jimmy Bunn (piano), Bob Kesterson (contrabajo) y Roy Porter (batería).

Terminamos la entrada con John Coltrane (1926-1967). Una de las características de su estilo es la contraposición entre pasajes rápidos y largos sonidos individualizados que alterna con silencios, logrando así un clima inigualable de emoción y enardecimiento. Sus interpretaciones marcan una etapa hacia al free jazz y puede decirse que fue el creador de una escuela propia que ha influido sobre numerosos músicos. Say It (Over and Over Again) –de Jimmy McHugh y Frank Loesser para la banda sonora de la película de 1940 Buck Benny Rides Again– es el tema que escuchamos en la grabación que figura en el hermoso álbum de Coltrane Ballads, con McCoy Tyner (piano), Jimmy Garrison (contrabajo) y Elvin Jones (batería).

Que pasen un buen día.