¿Cuándo llegará el momento en que ya no sea necesario recordar que los antialcohólicos son enfermos presos de ese veneno, el agua, tan disolvente y corrosivo que ha sido elegido entre todas las sustancias para las abluciones y lavados, y una de cuyas gotas, volcada en un líquido puro –el ajenjo, por ejemplo– lo enturbia?
Los microbios tienen una ventaja por encima de las virtudes: son concretos, visibles y su imagen se puede exhibir a la gente en las conferencias.
La idea de Dios data exactamente del día que el cuadrúpedo –o el cuadrúmano– sintió los músculos de sus nalgas lo bastante duros y fuertes para permitirle la posición vertical. Ese día miró el cielo y tuvo miedo de que se le cayera en la cabeza. Y no sirviéndole sus patas delanteras para caminar, juntó las manos. La religiosidad [pues] está (por lo menos lo estuvo en su origen) en relación directa con el desarrollo de los músculos de los glúteos. Se comprenderá, sin mayores comentarios, que las mujeres permanezcan más devotas que los hombres.
El suicidio es una de las formas socialmente admitidas, aunque fraudulentas, de seguir siendo un hombre decente.
Pensemos en la perplejidad de un hombre que, fuera del tiempo y del espacio, ha perdido su reloj, su regla de medir y su diapasón. Creo que este es el estado que constituye la muerte.
No habremos logrado derribar todo a menos que también demolamos las ruinas.
El amor es un acto sin importancia, ya que podemos hacerlo indefinidamente.
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Frases extraídas del libro ‘Patafísica junto con Especulaciones (Alfred Jarry, y otros. Pepitas de calabaza, 2003).
La muerte no es como la vida, que se presenta siempre sin avisar, sin preguntar si la aceptas, si la quieres o la deseas. Es arbitraria. Sabe que es dueña y señora de todos nosotros, que estamos aquí mientras lo consienta, que nada más nacer ya estamos en sus manos. Y así actúa: con prepotencia, como todos los dueños y señores de todos los tiempos, con arbitrariedad, caprichosamente, pues nos tiene en sus manos, y nos tomará como quiera y cuando quiera, y de la forma que le apetezca. A algunos les envía antes un emisario. Ella ya está dentro de nosotros, pero ha decidido comportarse de manera cruel: unos análisis, unas pruebas que no comprendemos, así lo indican, y para explicárnoslas está su recadero, quien nos comunicará cuánto nos falta para tan, generalmente, poco deseado encuentro.
Acaban de condenarte a muerte y te lo han soltado así, sin ningún tipo de contemplaciones. Cierto que en el corredor de la muerte estamos desde que nacemos, pero el condenado, bien que no siempre –pues a veces ya está tan exhausto de morir en vida que ansía vivir la muerte– recibe sin duda la mayor tortura cuando se le comunica la aciaga noticia de su próximo fin.
Con otros es todavía más cruel, pues a veces ese plazo no se cumple y la incertidumbre y el desasosiego los acompañan un tiempo más, la mayoría de las ocasiones sumidos en el dolor y conscientes de ese terrible, y al parecer necesario, deterioro progresivo solo porque ella, la muerte, así lo ha dispuesto. Sus emisarios, confundidos, nunca saben qué hacer ni qué decir. Algunos te facilitan su encuentro, pues conocen dónde están sus dominios y cómo llegar a ellos, pero otros, que se consideran simples mensajeros cuya obligación consiste únicamente en comunicar las nuevas, se limitan a decir: es lo que hay.
En ese momento, que puede ser más o menos breve o durar una eternidad, pero que generalmente va unido a un progresivo y lamentable proceso degenerativo que alcanza tanto a las facultades físicas como a las intelectuales, es la muerte quien dispone, y eso es algo para lo que hemos de prepararnos desde que somos capaces de asimilar conceptos y expresarlos. Debería ser, esta, materia obligatoria en las escuelas. Al menos de ese modo, llegado el momento sabríamos con mayor precisión, creíble al menos, cómo afrontar el trance. Aunque igual no sirve de nada: nuestra mente se encuentra completamente expuesta y vulnerable a cualquier pensamiento.
Otros, pocos, son más afortunados: no saben nada, no hay recadero de por medio, la muerte llega como la vida, sin avisar, y se acabó. Los criterios por los que actúa, la muerte, de forma tan gratuita los desconozco. Lo cierto es que no elegimos cómo morir, como tampoco decidimos cómo nacer, pero a diferencia de cuando morimos al nacer no tenemos herramientas con las que defendernos, no porque no las haya, que las hay, sino porque nadie te avisa de que van a sacarte de allí; es un desahucio sin previo aviso, que no te da tiempo a recoger tus cosas, que te arroja a la nada sin tiempo para prepararte para ello.
En un artículo titulado “El coronavirus puso al mundo frente a las dignidades solidarias y la miserabilidad de un sistema que agoniza”, la periodista y escritora argentina Stella Calloni [1] expone que las potencias occidentales, incluyendo a los países de la Unión Europea, están adoptando una visión economicista y administrativa del problema del Covid-19 y optan por replegarse sobre sí mismas, cerrando sus fronteras y restringiendo sus exportaciones de insumos médicos en espera de un remedio milagroso. Y es que –prosigue– esta “nueva cepa del ya existente [coronavirus], cuya mutación está siendo investigada, [ha puesto] al mundo entre las dignidades solidarias y la miserabilidad de un sistema que agoniza, capaz de utilizar los efectos de una pandemia para imponer un estado de terror a nivel global y justificar una crisis de las bolsas. […] En tanto, lo que se está viendo en Europa es nada más y nada menos que el desenmascaramiento de la destrucción del sistema de bienestar que, con sus bajas y sus altas, se había logrado instalar en esos países”.
Este 31 de marzo Thierry Meyssanpublicó en Red Voltaire un nuevo artículo [2] sumamente esclarecedor, a mi juicio, sobre los efectos de la pandemia de Covid-19. “La primera enseñanza que nos deja lo que está sucediendo es, por consiguiente, que en los países desarrollados la lógica administrativa prevalece sobre la experiencia médica”, afirma periodista y activista político francés. “No dudo que milenios de experiencia médica y sanitaria tienen que ser más eficaces contra una enfermedad que las ‘recetas’ burocráticas”, prosigue. Es así que “en casi todos los países estamos viendo la palabra de los políticos quedar en segundo plano ante la palabra de los altos funcionarios del sector de la salud, que lógicamente deben ser más eficaces. Y esto es lógico dado el hecho que la decisión de confinamiento es puramente administrativa. Se ha aceptado colectivamente luchar por los hospitales y tratar de protegernos de la enfermedad, en vez de combatirla”.
Puede que alguien rebata esta argumentación aduciendo que tales medidas son las que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero la OMS no es un organismo médico, es una agencia de la ONU encargada de cuestiones de salud, y sus funcionarios –aunque sean médicos– actúan ante todo como políticos. “En las actuales circunstancias de la crisis del coronavirus, los altos funcionarios del sector de la salud se ven investidos abruptamente de una autoridad que normalmente no tienen. Ante eso, banqueros y militares aspiran ahora a una promoción similar, en detrimento de los políticos.” (Meyssan: artículo citado en nota 2).
Sin entrar –al menos por ahora– en posibles teorías conspiratorias, lo cierto es que desde mucho antes de que el Covid-19 iniciara su propagación se venía hablando de que una nueva crisis estaba por llegar, y preparando a la opinión pública y la gente en general de que esta podía ser mucho más grave que la de 2008. “Todos los factores para una nueva crisis financiera estaban y están presentes y juntos desde hace varios años, al menos desde 2017-2018. Cuando la atmósfera está saturada de materias inflamables, en cualquier momento, una chispa puede provocar una explosión financiera. Es difícil prever dónde puede producirse la chispa. La chispa es como si fuera un detonador, pero no es la causa profunda de la crisis. Todavía no sabemos si la fuerte caída bursátil de fines de febrero de 2020 va a ‘degenerar’ en una enorme crisis financiera. Pero es una posibilidad real” [3].
Así las cosas, “lo que comenzó, al menos aparentemente, como una crisis de salud que afectaba exclusivamente a China y de la que incluso el capitalismo occidental, según sus ensoñaciones, podría sacar beneficios, se ha convertido en una crisis global con un dramático impacto socio-económico, más allá del sanitario, que también. […] China no solo está superando la crisis de salud condicionada por el Covid-19, sino que está demostrando que su modelo socio-político tiene mucha más capacidad que los occidentales para afrontar una crisis global como la que estamos viviendo. La evidente –aunque pretendan disimularlo– capacidad de China para resolver la cuestión está incidiendo en el inicio de un cambio en la correlación de fuerzas en la batalla ideológico-político-cultural a nivel mundial” [4].
Basta señalar que la globalización económica ha llevado a que quede un solo fabricante de respiradores artificiales… y a que ese fabricante sea chino. Los procedimientos de licitación imponen un plazo de varios meses antes de lograr disponer de ese “producto” y los políticos no están para saltarse esos procedimientos. Estados Unidos ha tenido que intervenir empresas para resolver ese problema. Y en España, ya lo han visto, han engañado al gobierno como a un chino (los chinos).
Al respecto es muy interesante lo que dice Meyssan en otro artículo [5] sobre la cultura china: “Cuando el país sufre una catástrofe –terremoto, huracán o epidemia– es porque el gobernante ha perdido [el] mandato celestial. Ante esa percepción cultural de las cosas, y a pesar de que vivimos en la era moderna, el presidente Xi Jinping se sintió amenazado por la irresponsabilidad del gobierno regional de la provincia de Hubei. El Consejo de Estado decidió entonces asumir el control de la situación y decretó el confinamiento de la población de la capital provincial, la ciudad de Wuhan, en solo días construyó varios hospitales, envió equipos de trabajadores de la salud a visitar cada familia de Wuhan –casa por casa– para tomar la temperatura a cada habitante y aplicar diversos controles de salud, ordenó que toda persona que presentara síntomas sospechosos fuese llevada de inmediato a una instalación sanitaria para someterla a exámenes de salud más detallados y aplicó a las personas que parecían infectadas un tratamiento a base de cloroquina. Los casos más graves eran internados en salas de cuidados intensivos y recibían un tratamiento a base del medicamento cubano denominado Interferón Alfa 2B recombinante (IFNrec). Esta gran operación de salud pública apunta también a demostrar que el Partido Comunista conserva su ‘mandato celestial’”. El régimen de partido único queda, así, reforzado y se convierte en ejemplo de buena gestión.
“En este marco de situaciones múltiples, los medios del sistema ocultan verdades, y frente a una tragedia humanitaria no dudan en manipular las informaciones y utilizarlas también como armas de una guerra ciega” [6]. Estaríamos, pues, ante un posible –puede que probable–gobierno financiero mundial, de quien dependerían las decisiones y medidas que tendrán que implementar los gobiernos. Algo muy parecido al sistema de gobierno de partido único. El pensamiento único hace ya tiempo que es aceptado y consentido por la opinión pública y la sociedad.
“Nada permite creer que tal gobierno mundial haría las cosas mejor que los gobiernos nacionales. Lo que sí es seguro es que esa entelequia escaparía a toda forma de control democrático” [7]. ¿Cuáles serían las potencias más influyentes dentro de ese nuevo orden? China, sobre todo, y Estados Unidos. ¿Y Europa? ¿No era el ‘viejo mundo’? Pues incapacitada por senilidad, a rebufo de los nuevos amos.
[1] Stella Calloni: “El coronavirus puso al mundo frente a las dignidades solidarias y la miserabilidad de un sistema que agoniza”, Red Voltaire, 24 de marzo de 2020.
[2] Thierry Meyssan: “Golpistas a la sombra del coronavirus”, Red Voltaire, 31 de marzo de 2020.
[3] Eric Toussaint, cientifista político, profesor de las universidades de Lieja y de París, quien está al frente del Comité para la Abolición de la Deuda Ilegítima (CADTM). Citado por Calloni (ver nota 1).
[4] Izquierda Castellana: “Realmente, ¿a qué crisis nos enfrentamos?”, La Haine, 20 de marzo de 2020.
[5] Thierry Meyssan: “Covid-19: propaganda y manipulación”, Red Voltaire, 21 de marzo de 2020.