Si ven el video y les gusta les agradecería que, si no es mucha molestia, así lo hicieran constar en YouTube. Muchas gracias.
Desconozco si Duke Ellington pensaba en el Valle de la Muerte (California, EEUU) cuando compuso Warm Valley (Valle cálido), pero el Valle de la Muerte es el lugar más caluroso del planeta, donde fácilmente se superan los 50°C (58,1 en julio de 2006). Sea como sea, este vídeo combina la hermosa balada de Ellington –en la grabación de 1949 que figura en el elepé Duke Ellington and his Orchestra, del que sobresale un fantástico Johnny Hodges al saxo alto– con imágenes de diversos vídeos del Valle de la Muerte publicados en YouTube.
En absoluto. Que nadie podía prever una cosa así –argumento al que tantas veces se recurre– es algo que no se sostiene. A no ser –y he aquí el meollo del asunto– que se tratase como una cuestión, si no menor, supeditada a la estricta salvaguarda de otros objetivos relacionados con los intereses económicos.
Veamos. En octubre de 2019 –dos meses antes del comienzo de la pandemia– el Foro de Davos llevó a cabo un ejercicio contra una posible epidemia de coronavirus, con la participación del Johns Hopkins Center for Health Security y de la Bill & Melinda Gates Foundation. Fue en Nueva York, el día 18. “El objetivo explícito del ejercicio realizado en Nueva York era planificar la respuesta de ciertas transnacionales y gobiernos ante una pandemia de coronavirus, cuando nada permitía predecir el inicio de la epidemia detectada en la ciudad china de Wuhan a inicios de diciembre”, explica un artículo que leo en el portal de la organización internacional Red Voltaire [1]. A este ejercicio –conocido como Evento 201– asistieron, dice el artículo:
Latoya Abbott, responsable de situaciones de riesgo del grupo hotelero estadounidense Marriott International;
Sofia Borges, vicepresidente de la Fundación de las Naciones Unidas;
Brad Connett, presidente del grupo Henry Schein, líder mundial de la producción de material médico;
Christopher Elias, responsable de Desarrollo Global de la Bill & Melinda Gates Foundation;
Tim Evans, ex director del departamento de Salud del Banco Mundial;
George Gao, director del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de la República Popular China;
Avril Haines, ex directora adjunta de la CIA y ex miembro del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, bajo la administración Obama;
Jane Halton, ex ministro de Salud en Australia, miembro del consejo de administración del Banco de Australia y Nueva Zelanda (ANZ);
Matthew Harrington, director de Edelman, la oficina de relaciones públicas más importante del mundo;
Martin Knuchel, director para situaciones de crisis de la línea aérea alemana Lufthansa;
Eduardo Martinez, consejero jurídico de UPS, líder mundial de logística postal, y director de UPS Foundation;
Stephen Redd, director adjunto del US Center for Disease Control and Prevention;
Hasti Taghi, vicepresidente del grupo de comunicación NBC Universal;
Adrian Thomas, vicepresidente de la transnacional farmacéutica Johnson & Johnson; y
Lavan Thiru, gobernador del Banco Central de Singapur.
Como quiera que el artículo no aclara la fuente, y dada la susceptibilidad de la gente ante esta cuestión y su incondicional seguimiento de la versión oficial acerca del origen y causas del coronavirus, entro en la página del Foro de Davos. Allí leo lo siguiente:
“El Foro Económico Mundial ha anunciado el tema y los detalles de su 50ª Reunión Anual, que se celebrará del 21 al 24 de enero [de 2020] en Davos, Suiza. El tema de la reunión será Actores para un mundo coherente y sostenible. […]
‘Las personas se están rebelando contra las ‘élites’ económicas que creen que las han traicionado, y nuestros esfuerzos para mantener el calentamiento global limitado a 1.5°C se están quedando peligrosamente cortos’, dijo el profesor Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial. ‘Con el mundo en una encrucijada tan crítica, este año debemos desarrollar un ‘Manifiesto de Davos 2020’ para reinventar el propósito y los cuadros de mando para las empresas y los gobiernos. Es para lo que se fundó el Foro Económico Mundial hace 50 años, y es a lo que queremos contribuir durante los próximos 50 años’.” [2]
Por su parte, la revista estadounidense de ciencia Neoscope publicó el 27 de enero de este año un artículo cuyo título es de por sí la mar de esclarecedor: “En una reciente simulación, un coronavirus mató a 65 millones de personas” [3]. Entre cosas, dice:
“En octubre de 2019, un grupo de 15 empresarios, funcionarios gubernamentales y expertos en salud se reunieron alrededor de una mesa en Nueva York para planificar la respuesta global a un brote mundial de un coronavirus nunca antes visto y completamente ficticio.
Fue un ejercicio de entrenamiento con similitudes inquietantes, en retrospectiva, con 2019-nCoV [Covid-19], el virus chino que se ha globalizado rápidamente este mes.
Tres horas y media después, el grupo terminó el ejercicio de simulación y, a pesar de sus mejores esfuerzos, no pudieron evitar que el hipotético coronavirus matara a 65 millones de personas. […]
En la simulación CAPS [Coronavirus Associated Pulmonary Syndrome] se infectó a personas de todo el mundo en seis meses y, a los 18 meses, mató a 65 millones de personas y provocó una crisis financiera mundial”.
Sería esta crisis financiera peor que la de 2008, si bien ya se venía pronosticando desde bastante tiempo antes su llegada, advirtiendo a la gente de que se avecinaba una nueva recesión de consecuencias imprevisibles. Es así que se creó “una lista de siete acciones que los líderes de los sectores público y privado podrían tomar ahora para prepararse para un escenario como el Evento 201”, pues era muy preocupante que “si el 2019-nCoV alcanza el nivel de pandemia, ya podría ser demasiado tarde para evitar los millones de muertes predichas”.
Hub, la red de noticias de la Johns Hopkins University, publicó a principios de noviembre de 2019 un artículo [4] en el que podemos leer:
“En 2001, fue un brote de viruela, provocado por terroristas en centros comerciales estadounidenses. Este otoño, fue un virus similar al SARS, que germinó silenciosamente entre granjas porcinas en Brasil antes de extenderse a todos los países del mundo.
Con cada pandemia ficticia que los expertos de Johns Hopkins han diseñado, la lección a la que se llega es la misma: no estamos preparados para nada.
‘Una vez estamos en medio de una pandemia severa, las opciones son muy limitadas’, dice Eric Toner, investigador principal del Centro para la Seguridad de la Salud de la Universidad Johns Hopkins. ‘El mayor bien puede suceder con la planificación previa’.
La última simulación de pandemia de ese centro, el Evento 201, dejó a los participantes justo en medio de un brote de coronavirus incontrolado que se estaba extendiendo como un incendio forestal fuera de Sudamérica para causar estragos en todo el mundo. Como narraron los presentadores de noticias ficticios de ‘GNN’ [Good News Network], el virus inmune-resistente (apodado CAPS) estaba paralizando el comercio y los viajes, enviando a la economía global a una caída libre. Las redes sociales estaban desenfrenadas con rumores y desinformación, los gobiernos colapsaron y los ciudadanos se rebelaron”.
¿Cómo, pues, puede hablarse de factor sorpresa? ¿Cómo que ‘nos pilló desprevenidos’? Las pandemias no son algo nuevo en la historia, ni mucho menos. Desde el advenimiento de la sociedad industrial-capitalista, estas se han sucedido de forma más o menos periódica. Entre 1817 y 1881 hubo hasta seis pandemias de cólera: 1817, 1829, 1852, 1863, 1881-1896 y 1899-1923. Se calcula que murieron unos diez millones de personas. Entre 1918 y 1919 la gripe española ocasionó entre veinte y cincuenta millones de víctimas. Entre 1968 y 1969 la gripe de Hong Kong fue responsable del fallecimiento de dos millones de personas. Desde 1976, el virus del ébola –con una mortalidad de entre el 50% y el 90% de los infectados– causa estragos. Desde 1981 la pandemia del sida se ha cobrado más de 30 millones de muertes. El siglo XXI empieza prácticamente (2003) con la epidemia del SARS (síndrome respiratorio agudo severo), que fue detectado por primera vez en noviembre de 2002 en la provincia de Cantón (China) y de allí pasó a otros países a través de viajes por medio aéreo o terrestre de personas infectadas. Es decir, como ahora. En dos meses causó 8.000 infectados y 700 muertes. Lla OMS (Organización Mundial de la Salud) y los laboratorios clasificaron a este virus como SARS-CoV, un tipo de coronavirus desconocido hasta entonces en seres humanos. En 2009-2010 hace su aparición la Pandemia de gripe A (H1N1), también llamada en un principio ‘gripe porcina’, causada por una variante del Influenzavirus A (subtipo H1N1). Esta vez la OMS, muy a su pesar, utilizó la categorización de pandemia. “Pese a que la mayoría de casos fueron considerados ‘leves’, la infección tuvo un número estimado de muertes de entre 100.000 y 400.000 tan solo el primer año de la pandemia, recoge el organismo. Los CDC (Centros para la Prevención y Control de Enfermedades) elevan ese número hasta los casi 600.000 en ese mismo periodo. Actualmente, es un ‘virus de la gripe humana habitual y continúa circulando de forma estacional alrededor del mundo’, apuntan desde los Centros de Control y Prevención de Enfermedades.”. [5]
Para evitar que un nuevo virus pudiera causar una nueva pandemia es por lo que se llevó a cabo el Ejercicio 201, para que –como destacaba más arriba– “los líderes de los sectores público y privado [pudieran] tomar [medidas] para prepararse para un escenario como el Evento 201”. ¿O acaso el evento tenía como principal fundamento evaluar su impacto socio-económico?
Mucho se ha hablado sobre el origen del Covid-19 y no han faltado teorías que apuntan a una conspiración, de la cual, por razones sobre todo de espacio, hablaré en un próximo artículo. Desde las instituciones y la práctica totalidad de los medios de comunicación se afanan en desmentirlas y demonizarlas. No sé qué habrá de cierto en ellas, pero tal vez deberíamos prestarles un poco más de atención. “No hay que olvidar que todo mediático, ya sea por el salario ya sea por otras recompensas y gratificaciones, tiene siempre un amo, a veces varios”, como señaló Debord [6]. No es posible creer nada que uno no haya sabido directamente por sí mismo. ¡Pero si todavía no sabemos la verdad sobre el asesinato de Kennedy! Y de las guerras de Irak, ¿qué me dicen? ¿Cuántos bulos fueron, a sabiendas, divulgados desde las más altas instancias para ‘justificar’ la intervención? ¿Conocemos la verdad de lo sucedido el 11-S?
Casi sería mejor para los gobernantes actuales –especialmente los de los países más afectados– que el origen del Covid-19 se debiera a un complot, cuanto más enrevesado mejor. Al menos así, podrían disimular sus carencias. Como proféticamente anunció Debord, “todos esos pánfilos ingenuos de la economía y la administración probablemente acabarán llevando al mundo a alguna gran catástrofe”, pues por primera vez se puede gobernar sin tener ningún conocimiento prominente ni ningún sentido de lo auténtico o de lo imposible. ¿Es que ustedes, como no participaron en el Ejercicio 201 no sabían nada de él? ¿Y para qué tienen ustedes tantos asesores? ¿Para que no nos salgamos del rumbo marcado?¿Para que Estado y economía se fundan en un mismo propósito: dar por sentado que estamos de acuerdo en la necesidad de un continuo crecimiento económico? ¿Solo leen y se documentan acerca de cómo gestionar lo que las élites financieras disponen? Tiempo ha habido para dotarse de recursos suficientes, tanto de material como de profesionales sanitarios. Voluntad, desde luego, no. Solo se actúa cuando el problema es una amenaza. Y entonces se recurre al consabido argumento de que nadie podía prever algo así.
Bueno, aquí termino por hoy, que no lo dejo. Seguiré con el tema en próximos artículos.
Para peques y mayores, si –como es mi caso– les gusta el circo. Al entrar en la adolescencia mi hijo me dijo un buen día: ¿Por qué no te buscas a otro que te acompañe al circo? Sus gustos, obviamente, empezaban a cambiar y, al parecer, estaba ya un poco harto de tanto circo, pues íbamos a todos cuantos pasaban por Valencia. Normalmente en Navidades, pero porque no solían acudir en otras épocas del año, que, si no, también. Me encanta el circo. Desde siempre, desde pequeño. Para mí –y para mis amigos, claro, y para todos los niños en general– era todo un acontecimiento la llegada de un circo al pueblo. Hoy, no es, lógicamente, algo tan extraordinario pero mi interés por el circo continua. De hecho, le hice caso a mi hijo y con los peques que me rodean trato de ir tantas veces es posible, pasándomelo tan bien como ellos, o puede que más, pues disfruto con el espectáculo y con su compañía.
Así que vamos hoy con cinco vídeos de animación cuya temática gira en torno al mundo del circo siguiendo el gusto de un servidor, que espero y deseo que compartan o que, al menos, no les defrauden.
Comenzamos con un corto dirigido por cuatro alumnos de la escuela superior de cine de animación Supinfocom de Valenciennes (Francia) –Philippe Desfretier, Nicolas Dufresne, Sylvain Kauffmann y Martin Laugero–, con música de Thomas Miquel, titulado Bave Circus: un cortometraje de cinco minutos de duración absolutamente genial. Sus protagonistas son un niño y unos caracoles que muestran poseer unas increíbles habilidades circenses. Un corto estrenado en 2008 que rezuma magia y sensibilidad.
The Show fue producido en 2010 por el Royal Melbourne Institute of Technology (RMIT) y su directora, escritora y animadora es la australiana Rebecca Hayes. Nos ofrece una bella visión de la vida de los artistas en una compañía de circo ambulante mientras ensayan y preparan la función.
Tachaaan! es un corto español que realizaron en 2009 tres alumnos de la escuela de animación en 3D radicada en Barcelona Pepe-School-Land: Rafael Cano Rafiki, Carlos del Olmo y Miguel A. Bellot. Nos cuenta las divertidas peripecias entre Maurice, el hombre bala que se considera la estrella del circo y no quiere que un elefante rosa llamado Fred, nuevo en el espectáculo, le robe el protagonismo. La música es original del grupo sevillano Jazz de Marras y fue nominado al Mejor cortometraje de animación en los Premios Goya en la edición de 2010.
Ursus es el título del corto que sigue y también el nombre de su protagonista: un oso que trabaja como motorista acróbata en un circo ambulante, pero que añora su anterior vida en el bosque. Es una producción letona de 2011 que dirigió Reinis Petersons y ha recibido varios premios internacionales en diversos festivales de cine de animación.
Finalizamos con Circus, un cortometraje dirigido por el animador y realizador californiano Mackenzie Cauley en 2010 sobre el romance y desavenencia de voluntades entre tres artistas de un anticuado circo.
Que pasen un buen día (o que lo pasen lo mejor posible).