Cinco saxos, cinco baladas

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“Central Park Sax Man” (2011), fotografía de Chris Lord.

Cinco de los mejores saxofonistas de la historia del jazz –Coleman Hawkins, Ben Webster, Lester Young, Charlie Parker y John Coltrane– interpretan cinco grandes baladas: For You, For Me, For Evermore; Stardust; These Foolish Things; Lover Man, y Say It (Over and Over Again). Hemos ordenado los vídeos en función del año de nacimiento de cada uno de los protagonistas de nuestra entrada. Todos –temas e intérpretes–, a juicio de un servidor, son excelentes y nada más lejos de mi ánimo que establecer ningún tipo de preeminencia entre ellos.

Empezamos, así, con Coleman Hawkins (1904-1969), cuyo estilo –tan fluido como enérgico– contribuyó poderosamente a consolidar el saxofón como uno de los principales instrumentos del jazz. Hawkins nos deleita con una composición de George Gershwin –For You, For Me, For Evermore– que compuso alrededor de 1936-1937 y permaneció prácticamente olvidada hasta que en 1946 su hermano Ira escribió la letra para la banda sonora de la película de 1947 The Shocking Miss Pilgrim. La grabación que escuchamos corresponde al álbum At Ease with Coleman Hawkins (1960) y acompañan a Hawkins Tommy Flanagan (piano), Wendell Marshall (contrabajo) y Osie Johnson (batería).

Del saxo, Ben Webster (1909-1973), El Rana, como era conocido este excelente músico por sus ojos saltones, salía un sonido tan aterciopelado como pocos más han conseguido. Su vibrato –alguna ventaja tendría que tener ser asmático, pues en principio a esta circunstancia se debió la celebrada sinuosidad del sonido de su saxo–, su fraseo, su genialidad armónica y melódica, lo convierten en uno de los grandes saxos de la historia del jazz. El bello tema que hemos elegido de su amplísima discografía es Stardust. Lo compuso en 1927 Hoagy Carmichael y es uno de los grandes estándares del jazz, con más de 1.500 grabaciones. La versión pertenece a su álbum There Is No Greater Love, que grabó en 1965 con Kenny Drew (piano), Niels-Henning Ørsted Pedersen (contrabajo) y Alex Riel (batería).

El mismo año que Webster nacía Lester Young (1909-1959), uno de los grandes precursores del jazz moderno y el padre de la tendencia jazzística denominada cool, continuadora del be bop y precursora del hard bop, figura clave en la evolución del jazz contemporáneo. Billie Holiday, su alma gemela, lo bautizó como The Pres, el presidente de los saxofonistas. Escuchamos a este gran músico de sonido elegante y suave, acompañado Oscar Peterson (piano) y su trío – Barney Kessel (guitarra), Ray Brown (contrabajo) y J.C. Heard (batería)– en ese fantástico tema que es These Foolish Things y que compusieron en 1936 Harry Link, Holt Marvell y Jack Strachey para la comedia musical británica Spread it Abroad.

Vamos ahora con el legendario Charlie Parker (1920-1955), emblemática figura del bop, movimiento que revolucionó con sus improvisaciones, su fraseo vertiginoso, su ritmo de acentuaciones irregulares y estructura armónica compleja. El tema que hemos seleccionado, precioso, es Lover Man, escrito por Jimmy Davis, Ram Ramírez y James Sherman en 1941, que siempre se ha asociado a Billie Holiday. No en balde, pues fue compuesto expresamente para ella. La grabación que escuchamos es de 1946 y está considerada una de las más apasionadas de la discografía de Bird. Le acompañan Howard McGhee (trompeta), Jimmy Bunn (piano), Bob Kesterson (contrabajo) y Roy Porter (batería).

Terminamos la entrada con John Coltrane (1926-1967). Una de las características de su estilo es la contraposición entre pasajes rápidos y largos sonidos individualizados que alterna con silencios, logrando así un clima inigualable de emoción y enardecimiento. Sus interpretaciones marcan una etapa hacia al free jazz y puede decirse que fue el creador de una escuela propia que ha influido sobre numerosos músicos. Say It (Over and Over Again) –de Jimmy McHugh y Frank Loesser para la banda sonora de la película de 1940 Buck Benny Rides Again– es el tema que escuchamos en la grabación que figura en el hermoso álbum de Coltrane Ballads, con McCoy Tyner (piano), Jimmy Garrison (contrabajo) y Elvin Jones (batería).

Que pasen un buen día.

Cinco canciones napolitanas con Roberto Murolo

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A finales del siglo XIX la llamada música popular conoció un auge sin precedentes con la eclosión de nuevas formas de entretenimiento destinadas a las clases trabajadoras de la mano de los cafés-cantante, los cabarets o las salas de baile. En este marco, las innovaciones musicales se sucedieron cada vez más rápidamente e introdujeron numerosos cambios en la música tradicional, al tiempo se difundían con inusitada celeridad. Algunas de ellas cruzaron fronteras y océanos; otras, en cambio, apenas sobrepasaron los límites locales. Este el caso de la canción napolitana, la canzone, que en aquellos momentos conocía su época dorada. Ciertamente, algunas de ellas alcanzaron gran popularidad al ser interpretadas por tenores reconocidos mundialmente, como Enrique Caruso, a principios del siglo XX, pero esta fue pronto barrida por otros ritmos provenientes del mundo del jazz. Tal vez por ello, mantuvo siempre ese carácter dulce, sentimental, melancólico, esa pasión romántica, tan propios de la cultura mediterránea.

Muchas y muy bellas canciones nos ha dado la canzone, como las cinco que hemos elegido. Todas ellas –con una excepción, y no del todo– interpretadas por Roberto Murolo (1912-2003), “la voz de Nápoles”, “la voz de la canción napolitana”, una voz melodiosa y conmovedora que –como señaló a su muerte la alcaldesa de Nápoles, Rosa Russo Iervolino– fue durante más de cincuenta años “la voz de la ciudad”.

La primera es la archiconocida O sole mio, una canción de 1898 con letra de Giovanni Capurro y música de Eduardo di Capua universalmente famosa y grabada hasta la saciedad sobre todo por cantantes líricos. La grabación es de 1952.

De 1900 es I’ te vurria vasà, emblemática canción que musicó también Eduardo di Capua sobre un poema que escribió en 1899 Vincenzo Russo a su amada. Murolo la grabó por primera vez en 1953.

Otro poeta napolitano, Libero Bovio, fue el autor, entre otras muchas más de la época dorada de la canzone, de la letra de A canzone ‘e Napule, a la que puso música otro relevante compositor de la canción napolitana, Ernesto De Curtis, autor de temas tan célebres como Torna a Surriento. La grabación de Murolo que escuchamos es de 1958.

Vamos ahora con dos canciones de mediados del siglo XX, momento de grandes éxitos de la canzone. La primera, la emotiva Anema e core, canción de 1950 con música de Salve D’Esposito y letra de Tito Manlio. Hermosa canción de amor que grabó Murolo en 1951.

La segunda, con la que finalizamos la entrada, fue escrita por el famoso actor napolitano Totó (Antonio de Curtis) en 1951 para el concurso musical que comenzó a celebrarse en la década de 1830 en Nápoles con motivo de la Festa de Piedigrotta, fiesta dedicada a la Virgen de Piedigrotta, muy venerada en el barrio napolitano de Mergellina, y se mantuvo hasta principios de la de 1950, cuando fue sustituido por el Festival de la Canción Napolitana. Hablamos de Malafemmena y –esta la excepción a que nos referíamos al principio– la escuchamos por Teddy Reno en una secuencia de la película Totò, Peppino e la… malafemmina (1956), dirigida por Camillo Mastrocinque.

Pero también decíamos que la excepción no lo era del todo, pues no nos resistimos a incluir este entrañable vídeo en que Roberto Murolo canta Malafemmena en el  DVD que realizó en 2008 el cantautor napolitano Ciro Sebastianelli Ritratto Inedito del Mio Amico, un tierno homenaje a ese extraordinario cantante que fue Murolo, que supo mantener viva la esencia de la canción napolitana, hacerla popular en el mundo entero y cuya influencia marcó toda una generación de músicos italianos que adaptaron la música tradicional napolitana al jazz y al rock.

Que disfruten de un buen domingo.

Cinco arias de ópera

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Dentro de esta serie que empezamos hace unas semanas sobre cinco temas musicales nos ocupamos hoy de la ópera, en concreto de las arias, y dentro de estas de las vocales, pues la aria –habitualmente acompañada de orquesta– puede ser vocal o instrumental. Originariamente, y en la acepción más genérica, aria era sinónimo de melodía instrumental o vocal y designaba pequeños fragmentos, incluso ciertas danzas, de esencia generalmente melódica. En el sentido actual aparece en el mundo de la ópera a principios del siglo XVII, si bien su gran momento tiene lugar un par de siglos más tarde con el auge, en las primeras décadas del XIX, del movimiento operístico italiano y su posterior y rápida expansión.

Las cinco que hemos seleccionado son todas de compositores italianos. Ha sido pura coincidencia, simple cuestión de gustos. Como siempre, ordenamos los temas cronológicamente, según el año en que se estrenó la ópera a que pertenecen cada uno de ellos. Comenzamos, así, con “Casta diva”, de la ‘tragedia lírica en dos actos’ de Vincenzo Bellini Norma, estrenada en 1831. Su intérprete en el vídeo que figura bajo estas líneas es la soprano ruso-austriaca Anna Netrebko, a quien acompaña la Orquesta Sinfónica de la SWR Baden-Baden y Friburgo, dirigida por Marco Armiliato, en un  momento de la Opera Gala de Baden-Baden de 2007.

Vamos ahora con “Una furtiva lagrima”, de la ópera de Gaetano Donizetti L’elisir d’amore (1832, El elixir de amor). La escuchamos por el tenor franco-mexicano Rolando Villazón, uno de los más destacados cantantes líricos de la actualidad, en la producción de 2005 de la Ópera Estatal de Viena.

“Caro nome” –aria por la que uno siente especial predilección– suena en la ópera de Giuseppe Verdi Rigoletto (1851) casi al final del primer acto. “Caro nome” es perfecta para el lucimiento de cualquier buena soprano de coloratura, como es la alemana Diana Damrau. Suya es la interpretación en la versión que de Rigoletto montó el Metropolitan Opera House de Nueva York en 2013.

Más Verdi. Su aria “Libiamo ne’ lieti calici”, de La Traviata (1853), es considerada uno de los más brillantes momentos de su obra y de la historia de la ópera en general. Y es que “Libiamo ne’ lieti calici”, y La Traviata en conjunto, es una de esas composiciones que resultan del agrado de hasta quienes no gustan de la ópera. Son sus intérpretes la soprano italiana Désirée Rancatore y el tenor albanés Saimir Pirgu durante el Concierto de Año Nuevo que se celebró en el Gran Teatro La Fenice de Venecia en 2013.

Finalizamos con la aria de Madama Butterfly “Un bel dì vedremo” (Un buen día). Madama Butterfly es una ópera de Giacomo Puccini que se estrenó en La Scala de Milán en 1904. En esta ocasión el vídeo no recoge, como los otros cuatro, una actuación en directo, pero es que la versión que de “Un bel dì vedremo” grabó Maria Callas en 1954 es de esas que no se olvidan.

Feliz domingo.