Inútiles a más no poder

Me había propuesto no publicar nada por ahora, pues ya saben que si tenemos la cabeza redonda es, como dijo Vian, para que puedan circular las ideas. De pronto vino una a mi mente que me apetecía desarrollar y decidí centrarme en ella unos pocos días.

Sí, cierto es que todos tenemos la cabeza redonda, pero no menos cierto es que por la de algunos no circula idea alguna con el más mínimo atisbo de sentido común al estar su caja craneal vacía, sin rastro de cerebro y rellena, en cambio, de diarios viejos como la de aquel agente de policía al que le hicieron la autopsia que cuenta Jarry, y de consignas y boletines oficiales, añadiría yo. A las pruebas me remito.

El pasado 5 de noviembre, a las 10:26, recibí un mensaje de la Conselleria de Sanidad de la Generalitat Valenciana con el siguiente texto:

“MCP. Con motivo de la crisis por el COVID-19 se le anula la cita programada que tenía en el Servicio de CARDIOLOGIA del C. ESPECIALIDADES EL GRAO el día jueves 12-11-2020. Se estudiará su caso y se le llamará para darle instrucciones, o se le dará nueva cita lo antes posible. Gracias.”

Dicho mensaje, con idéntico texto, volví a recibirlo el domingo 8 de noviembre (a las 10:25), el lunes 9 (a las 10:26), el martes 10 (a las 10:27) y, ayer, miércoles 11 (a las 10:30). El 9 también me llegó otro comunicándome que, no obstante, debía acudir hoy, día 12, para que me hicieran el correspondiente electrocardiograma.

Así que allí estaba yo a las 10:45, la hora de mi cita. Esperaba a que saliese otra persona a la también le estaban haciendo un electrocardiograma, cuando aparece un cardiólogo con una lista y se pone a decir en voz alta nombres de pacientes. Nombra a uno, o una, no recuerdo, y no estaba. A otra persona después. Tampoco respondía nadie. Lee unos pocos nombres más con el mismo resultado y en eso escucho “¿Manuel Cerdà?”. ¡Ese soy yo! Me acerco al médico y le muestro los mensajes que acabo de mencionarles. No da crédito a lo que lee. En el Servicio de Cardiología del C.E. El Grao no saben nada de que se estén anulando las citas de este modo, me dice tan sorprendido como yo. Lógicamente me atiende una vez terminan de hacerme el electro. En quince minutos todo solucionado. Como no había nadie….

¿Pero esto qué es? ¿Quién cojones toma este tipo de decisiones? La Administración, claro.  ¿No son conscientes del daño que pueden ocasionar sus necios despropósitos? Bueno, esto es imposible, claro, tal es su cortedad mental. Menuda panda de ineptos controla la Conselleria de Sanidad, empezando por su conseller, el señor Ana Barceló [sí, señor, me niego a reconocer a tal ser una mujer por mucha vagina que tenga]. Mas si están ahí no es por la ‘gracia divina’. Independientemente del peso en el aparato del partido que necesariamente tenga cada uno (condición sine qua non para ostentar un cargo público), lo están porque hay quien participa de sus dislates y necedades, bien por ser militantes, simpatizantes o votantes, corresponsables necesarios de sus tropelías, participantes voluntarios de ese estado generalizado de idiocia en que nos hallamos inmersos. Lo más triste de todo, sin embargo, es que todo esto no se arregla con un simple cambio de sátrapas marrulleros. Ahora está al frente de la Generalitat un gobierno de coalición formado por el PSOE y Compromís (conmigo y mis amiguetes). Si hubiera otro, de otros partidos, nada cambaría. Saldríamos de Málaga para entrar en Malagón. En fin, como canta Brassens, la vida sería más bella si no existiesen esos felices idiotas nacidos en cualquier lugar. Pero existen. ¿Viven? Eso ya ni lo sé ni me importa.

Malditos socialistas (y asimilables)

Llevaba unos días sin publicar y no pensaba hacerlo hasta mañana para hablar del asesinato de los Rosenberg (19 de junio de 1953). No me apetece. Estoy tan cabreado con todo lo que está sucediendo en el mundo, en esta mierda de mundo, que se me van las ganas de comentar absolutamente nada de eso que llaman actualidad y yo prefiero llamar, por el tratamiento que le dan, cacactualidad. Así que me dedico a escribir un relato que trato de convertir en novela breve y a confeccionar videos, que me sigue gustando.
De ese modo, en una especie de universo paralelo, sobrevivo. Pero, como dice el refrán, poco dura la alegría en casa del pobre. Esta mañana me han hecho la declaración de la renta de 2019 y me he puesto de muy mala hostia, muy mala. No tengo otros ingresos que los de mi pensión. Cobro la máxima y me aplican una retención de casi el 20%. Computados como rendimiento de trabajo, el importe íntegro de lo que he cobrado durante 2019 es de 35.877 euros, de los que me habían retenido 7.874. Vivo de alquiler, aunque tengo una casa en el pueblo cuyo valor catastral es de 28.000 euros. Y ya está. No tengo nada más. Pues bien. Me dice la persona al teléfono que este año me sale a pagar 1.080 euros. ¿Qué?, exclamo, y pregunto cómo es posible. Me dice que se debe a que el año pasado rescaté un fondo de pensiones de 3.300 euros. ¿Y de esa mierda de plan he de pagar tal cantidad? Es lo que me sale, me responde. Pues no me da la gana, que roben a otros que tienen más. Si usted no quiere no pasa nada, cierro el expediente, dice el hombre. ¿Y qué pasará? Pues que va a pasar, no hace falta que me responda, que me embargarán y, encima, me harán pagar una cuantiosa multa. Nada, pues. Adelante. Pero antes, y ya que está siendo grabada la conversación, calle un momento y déjeme decir unas cuantas cosas. Malditos, y malditas; cabrones, y cabronas; hijos de puta e hijas de puta… Y más improperios algunos con destinatario, he dejado registrados, pues me habían indicado que la conversación iba a ser grabada. También la invitación a que me multen. Ni será la primera ni la última vez que lo hagan. Y a mucha honra.
¿Cómo es posible que porcentualmente pague más yo, mucho más, que el tal Amancio Ortega y demás compinches del Ibex 35? Y más, también mucho más, que las grandes compañías multinacionales. Bueno, sí. Claro que es posible.
En su libro Comentarios sobre la sociedad del espectáculo, (1988) escribía Guy Debord: “La fusión económico-estatal es la tendencia más acusada de este siglo y se ha convertido, como mínimo, en el motor más reciente del desarrollo económico. La alianza defensiva y ofensiva pactada por el poder de la economía y el Estado, les ha asegurado a ambos los mayores beneficios en todos los terrenos: puede decirse que cada uno de ellos posee al otro; es absurdo oponerlos o distinguir sus razones y despropósitos”. Instalados en los puestos de poder, simples matices separan unos de otros. Ahora en España hay un gobierno de coalición que forman el Partido Socialista Obrero Español y Unidas Podemos. Los primeros actúan como han hecho siempre, como recita Chicho Sánchez Ferlosio en su pieza del Romancero de Durruti “Malditos socialistas”: Que el mundo va a cambiar, nos dicen… […] Menudos demagogos, con sus perros de presa, / jugando como siempre / al palo y la promesa. / Malditos socialistas vendidos al patrón, / jugando con nosotros al gato y el ratón. / Nos habéis traicionado sin ninguna vergüenza […]. Los segundos les siguen el juego y deberían ser un poco más honestos y pasar a llamarse Ni Unidos ni Unidas: No Podemos. Esto no hace buenos a los de derecha. ¡Faltaría más! Solo pone de manifiesto que, como en la copla, “ni contigo ni sin ti tienen sus males remedio”.
En esta vida he conocido bastante gente del PSOE y algunos de ellos han sido buenos amigos, desde ministros a militantes de base. La mayoría, una vez entraron en política, ya nunca dejaron de vivir de ella. El mismo Ximo Puig, presidente de la Generalitat Valenciana, sin ir más lejos. Lo conocí en sus inicios, tenía su despacho en el Palau de la Generalitat, cerca del mío, el mismo al que venía a llamar por teléfono Cipriá Ciscar para preparar (confabular) los comités nacionales del PSPV-PSOE. Al fin y al cabo, era un “teléfono público”, ¿no? Podría contar muchas cosas, muchas más, algunas hasta delictivas (ya prescritas), y hablar de muchos más, pero no vale la pena.
Vergüenza me daría ser del PSOE, aunque fuese un simple militante de base. Vergüenza también pertenecer a Unidas Podemos y similares (Compromís, por ejemplo). También podría decir muchas cosas de estos. Tampoco vale la pena. En cuanto al resto de partidos del espectro político [recuerden que espectro puede significar fantasma] no hay opción posible.
Y ya. Lo dejo. No se me ha pasado la mala hostia, pero me vuelvo a mi universo paralelo, a seguir con un vídeo que estoy haciendo sobre la Belle Époque. Y a abrir una botella de un buen vino blanco. Una cosa es estar de mala hostia y otra estar disgustado. Y esto último ni por asomo. Me considero un amante de los placeres, incluyendo entre ellos el de ayudar a los demás, que también es placentero. “Buscar en mí la felicidad de los otros, mi dignidad personal en la dignidad de los que me rodean, ser libre en la libertad de los otros, tal es todo mi credo, la aspiración de toda mi vida”, escribió Bakunin.
En fin… Hasta en un Estado bélico y esclavista como los EEUU de Thoreau se podía ejercer la libertad individual mejor que ahora. Thoreau rechazó pagar durante seis años los impuestos debido a su oposición a la guerra mexicano-americana y a la esclavitud y fue encarcelado. Yo no quiero pagar. Que me encarcelen. No quiero pagar a quienes van a utilizar mi dinero para seguir manteniendo esa alianza entre la economía del capital y del Estado. Imposible. Es obligatorio tener cuenta en un banco.

Los niños se portaron como niños ayer en Valencia y algunos ciudadanos actuaron como policías amateurs

Me preguntaba ayer (“Iniquidad y estulticia: los niños y el coronavirus”) qué iba a pasar con los niños, especialmente con los peques, el primer día que podían salir a la calle tras el irracional y cruel encierro a que han estado sometidos durante 43 días. Era de suponer que querrían ir al parque, ansiosos, y jugar y juntarse con sus amiguitos. Los padres debían hacer de vigilantes. Colaboradores necesarios de la policía, tenían la obligación de impedir que tal cosa sucediera y mantener a los niños lejos de cualquier contacto con los demás. Resulta obvio que tal misión no iba a ser fácil. Y no lo fue. Los niños pasaron olímpicamente de normas y los padres se vieron impotentes para frenar su júbilo, dejando de mantener la obligatoria distancia también entre ellos. En unos sitios se cerraron los parques infantiles y los jardines públicos. En otros no, como en Valencia, donde –decía también ayer– al parecer somos un poco más sádicos, pues la labor de vigilancia por parte de los padres se incrementaba. Los problemas también. Los niños hicieron de niños y los padres ejercieron como padres, aunque fuera desbordados por la situación. Fallaron como policías, pues. Pero ahí estaban esos ciudadanos responsables, contribuyentes escrupulosos, para hacer de colaboradores, de delatores, sacar el policía que llevan dentro y alimentan de noticias y opiniones mediáticas, y hacer buena la máxima de Rousseau: “Un pueblo libre […] obedece leyes, pero solo estas, y precisamente por la fuera de ellas no obedece a los hombres”.

En fin, que se armó la de dios. Hoy señala al respecto el diario Las Provincias que “algunas escenas que se dieron en algunos parques de Valencia, sobre todo en el Jardín del Turia, pusieron sobre aviso al Consistorio, que a primera hora de la tarde advirtió de que si no se cumplían las normas volverían a cerrar los parques y jardines”. Esas escenas fueron grabadas por los ‘policías amateurs’ y se divulgaron a través de las redes sociales. Mostraban cientos de niños jugando juntos, con padres hablando a escasa distancia, especialmente en determinados tramos del Jardín del Turia y los alrededores del Palau de la Música.

La diosa imbecilidad, mucho más que la astucia de la razón, ejercía así, una vez más, su señorío mundano. ¿Ahora hay que estigmatizar también a los niños? De acuerdo en que el primer móvil que auxiliar de la obediencia que percibe el espíritu es el instinto de conservación, y que cuando esto sucede el miedo se apodera de gran parte de la sociedad, dispuesta a sacrificar sus libertades por la seguridad. Pero “sacrificar libertad por seguridad es tan insensato como preferir incompetencia a competencia, o la autocracia a la rendición de cuentas” (Antonio Escohotado).

El vídeo que sigue es uno de los que más ha circulado por las redes sociales. Habrá quien vea en él un ejercicio de responsabilidad. Yo solo veo un par de mentecatos confidentes que criminalizan a los padres y propician un clima de inseguridad que facilita la exclusión, la discriminación y la estigmatización. ¡Dejad a los niños en paz!