The Lovers (1874). Óleo de John Atkinson Grimshaw.
El camino que llevaba a la estación era tranquilo, apenas había unas pocas farolas que emitían una tenue luz. Tranquilo como la oscuridad, como el silencio. La cogí de la mano, ella apretó, con fuerza, la mía. Me paré de repente, nos paramos, sin saber por qué, posiblemente para que el camino no acabase nunca y estuviéramos siempre vagando, sin rumbo, sin destino, solos los dos, siempre caminando en una aparente oscuridad que no era falta de luz excepto para los demás, pues solamente podía apreciarse con los ojos del alma. Una alianza de los astros que nos protegían de todo mal. Para nosotros todo resplandecía, o así me lo pareció. Fue verdad, entonces.
Yo nunca había visto a Rosaura tan hermosa, tan radiante. Sin soltarnos de la mano nos alejamos de las pocas farolas que había a ambos lados del camino, evitando así que algún despistado se diera cuenta de que allí había vida y pretendiera adentrarse en un mundo en el que nadie más podía tener cabida. Nos detuvimos de nuevo, nos miramos y comprendimos que debíamos juntar nuestros labios. Nada de roces. Y nos besamos durante toda la vida, hasta que ella tuvo que volver a casa. La vi entrar, la puerta se cerró y yo marché con una extraña y confusa mezcla de sentimientos que resultaba completamente nueva para mí. Rosaura se iba y puede que no volviera a verla. Eso me entristecía. Rosaura y yo nos habíamos besado. Eso me alegraba. No habría más besos con Rosaura. Eso me frustraba. No entendía que el deseo tuviera que morir tan pronto, nada más nacer. Impotencia. Rabia. Luego comprendería que a lo largo de nuestra existencia siempre es así.
Die Philharmoniker (1935-1940). Óleo de Max Oppenheimer.
De la ópera, de cuyas oberturas se ocupaba la entrada de ayer, a la opereta. Hoy siete oberturas de conocidas operetas que he seleccionado siguiendo los mismos criterios que ayer: mi propio gusto; la existencia de vídeos que se puedan insertar y tengan una calidad de audio e imagen aceptable, y que la interpretación sea también de mi agrado. También las he ordenado cronológicamente según el año en que se estrenaron.
La primera es la obertura de Orphée aux enfers (Orfeo en los infiernos), de Jacques Offenbach, estrenada en París en 1858, la primera opereta larga de la historia, pues las operetas anteriores constaban de un solo acto ya que la legislación francesa no permitía otra cosa. Esta, sin embargo, tenía nada menos que cuatro. La versión que sigue corre a cargo de la MÁV Symphony Orchestra de Budapest, dirigida por Balázs Bánfi, en un concierto celebrado en el Hungarian National Museum (Budapest) en 2016.
Seguimos con Offenbach. De 1864 es una de sus mejores operetas: La belle Hélène (La bella Elena). El licencioso mensaje de la obra escandalizó en el momento de su estreno. La obra cuenta la historia de Elena de Esparta, esposa de Menelao, mujer caprichosa y un tanto atolondrada, bella como pocas, o como ninguna, que vivía atada a las rígidas normas de comportamiento que imposibilitan su amorío con Paris y, en soledad, lloraba sus penas mientras en su interior luchaba por llevar adelante sus deseos frente al papel que, como reina y mujer casada, estaba obligada a representar. Nada nuevo. Pero Offenbach invirtió los roles y montó una extravagante historia en la que Elena no era más que una frívola mujer, Menelao un cornudo y el sumo sacerdote un corrupto. Una orquesta de jóvenes músicos, la Portland Youth Philharmonic Alumni Orchestra, bajo la batuta de David Hattner, hace que suene así de bien en el vídeo que sigue, grabado en el Arlene Schnitzer Concert Hall de Portland (Oregon) el 26 de diciembre de 2012.
Leichte Kavallerie (Caballería ligera), de Franz von Suppé, es una de las oberturas de opereta más interpretadas por orquestas y bandas de música, lo que ha convertido en tremendamente popular. Se estrenó el 21 de marzo de 1866 en el Carl Theater de Viena. Vemos a continuación la versión de la Orquesta de Cleveland, dirigida por Franz Welser-Möst, en un concierto que tuvo lugar en enero de 2012 en Cleveland (Ohio).
Durante años, Johann Strauss dudó de sus posibilidades como compositor de operetas –creía no estar a la altura– pero su esposa, la ex cantante de ópera Henriette Challupetzky, conocida como Jetty –que fallecería en 1878– le animó a hacerlo. Gracias a ello llegó su opereta más celebrada: Die Fledermaus (El murciélago), que se estrenó el 5 de abril de 1874 en el Theater an der Wien de Viena. Escuchamos su obertura por la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida por Georges Pretre durante el concierto de Año Nuevo de 2010 de la capital austriaca.
También de Strauss es la obertura de opereta que sigue, correspondiente a Der Zigeunerbaron (El barón gitano), estrenada el 24 de octubre de 1885 en el Theater an der Wien. Al igual que la anterior,Der Zigeunerbaron suele formar parte de los conciertos de Año Nuevo de Viena. A uno de ellos, el de 1992, pertenece el vídeo que sigue, en el que vemos a la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida esta vez por Carlos Kleiber.
Y de austriaco a austriaco, de Strauss a Lehár, otro de los grandes compositores de opereta. Su opereta Die lustige witwe (La viuda alegre) es una de las más conocidas y representadas. También una de las mejores que se han compuesto, con melodías de fácil audición, llena de hallazgos musicales y momentos inspirados, perfecta para iniciarse en el fascinante mundo de la opereta (algo así como La Traviata respecto a la ópera). Vamos a escuchar su obertura en un concierto de la Orchestra giovanile di fiati dell’EUREGIO (comunidad entre cerca de 130 ciudades de Alemania y Países Bajos) celebrado en 2016, con dirección de Wolfgang Rosenberger.
Un salto en el tiempo y finalizamos con Gustavo Dudamel dirigiendo la Filármonica de Viena, que interpreta la obertura de la opereta de Leonard Bernstein Candide (1956), basada en la novela homónima de Voltaire, estrenada ese mismo año en Broadway. La actuación tuvo lugar durante el Summer Night Concert de 2019, frente al Palacio Schönbrunn de Viena.
Concert in the Opera House (1921). Óleo de Max Liebermann.
Vamos hoy con seis oberturas de óperas, esas piezas instrumentales que suelen dar inicio a las obras y nos introducen en ellas. Los criterios para haber elegido estas seis son, ante todo, mi propio gusto; la existencia de vídeos que se puedan insertar y tengan una calidad de audio e imagen aceptable, y que la interpretación sea también de mi agrado. Fueron compuestas entre 1805 a 1875 y las he ordenado cronológicamente según el año en que se estrenaron.
Hasta el estreno de la ópera de Wolfgang Amadeus Mozart Don Giovanni (1787), las oberturas poco tenían que ver con la música de la propia obra. No es esta, sin embargo, una de mis oberturas preferidas. Sí lo es, en cambio, la que posiblemente sea la ópera menos convencional de las elegidas y de todas las del siglo XIX: Fidelio, la única que compuso Ludwig van Beethoven, cuyo estilo musical no se adecuaba a los rígidos cánones que comenzaban a dominar el mundo de la ópera por entonces. Por ello fue objeto de varias versiones entre la fecha de su estreno, el 20 de noviembre de 1805 (Theater an der Wien de la capital austriaca), y 1814, la que se convirtió en definitiva. Influido por los ideales de la Revolución Francesa y por el elevado concepto que Beethoven tenía del amor, Fidelio narra la historia de Leonora, quien disfrazada de hombre y con el nombre de Fidelio acude a la prisión para ganarse la confianza del carcelero y liberar a su marido, preso por motivos políticos. La interpretan la Orquesta y Coro de la Ópera de Zúrich (2004), con dirección de Nikolaus Harnoncourt.
Muy distinta –aunque no menos lograda– es la obertura que sigue, la de la ópera bufa en dos actos de Gioachino Rossini El barbero de Sevilla (Il barbiere di Siviglia), que se estrenó en el Teatro Argentina de Roma el 20 de febrero de 1816. Rossini era un bon vivant al que le gustaba tomarse las cosas con tranquilidad y solía dejar los encargos para el último momento, por lo que muchas veces se copiaba a sí mismo. Este es caso de la obertura de El barbero de Sevilla, que ya había sido utilizada por el compositor como obertura de dos obras anteriores. La ópera cosechó el día de su estreno un fracaso absoluto, con silbidos y abucheos incluidos, pues esta primera representación fue un desastre y se produjeran diversos accidentes en escena: al cantante que hacía de Almaviva se le rompió una cuerda de la guitarra nada más empezar la obra, uno de sus intérpretes se cayó… La segunda representación ya fue bien y desde entonces el éxito a acompañado a la ópera de Rossini. La versión que figura bajo estas líneas corre a cargo de la Tonkünstler-Orchester Niederösterreich (Orquesta Sinfónica de la Baja Austria) durante el Festival de música que tiene lugar todos los veranos en la ciudad austríaca de Grafenegg (edición de 2012). El director es el colombiano Andrés Orozco-Estrada.
Don Pasquale, ópera bufa en tres actos con música de Gaetano Donizetti, sí triunfó desde el primer momento, si bien fue un éxito más de crítica de que de público. Se estrenó en el Teatro de los Italianos de París el 3 de enero de 1843 y se considera la última de las grandes óperas bufas italianas. El vídeo que sigue recoge la versión de la obertura de Don Pasquale durante el Concierto de Año Nuevo celebrado en 2006 en el teatro La Fenice de Venecia con la orquesta del teatro dirigida por Kurt Masur.
Lohengrin es una ópera romántica en tres actos, con música y libreto en alemán de Richard Wagner. Wagner es sin duda uno de los compositores más influyentes de la música occidental. Con él no hay término medio: o se le venera o se le aborrece. Yo soy más bien de los primeros. Lohengrin –de la que se dice que es la más “italiana” de sus óperas– se estrenó en 1850 en el Teatro Großherzoglichen de Weimar, siendo dirigida por Franz Liszt. La historia del personaje homónimo está tomada de un romance alemán medieval, especialmente el Parzival de Wolfram von Eschenbach y su secuela, Lohengrin, escrita por un autor diferente, a su vez inspirada por la épica de Garin le Loherain. Escuchamos la obertura de Lohengrin de la mano de la Filarmónica de Berlín, dirigida por Simon Rattle, en un concierto celebrado en la Berlin Philharmonie el 13 de noviembre de 2012.
La Traviata, de Giuseppe Verdi, es otra ópera cuyo estreno fue un fiasco, terminando la primera representación con burlas y carcajadas del público asistente cuando se estrenó en el teatro La Fenice de Venecia el 6 de marzo de 1853. A ello no fue ajeno el hecho de que el papel de la protagonista (Violetta) lo encarnara la soprano Fanny Salvini-Donatelli, que ya contaba con 38 años de edad y cuyo sobrepeso hacía poco creíble que alguien así pudiera morir, como ocurre en la ópera, de consunción. Volvió a representarse un año después en el Teatro San Benedetto, también en Venecia, con nuevos arreglos y una soprano mucho más joven y con menos peso. Y llegó el éxito, convirtiéndose en una de las óperas más representadas de la historia y perfecta para iniciarse en su mundo. La versión que sigue corresponde a la Orquesta Sinfónica de Milán dirigida por Xian Zhang en el concierto Viva Verdi durante los Proms de 2013, año en que se conmemoró el segundo centenario del nacimiento del compositor.
Poco faltó para que las representaciones de Carmen, la célebre ópera de Georges Bizet basada en la novela homónima de Prosper Mérimée, publicada en 1845, se suspendieran a los cuatro días de su estreno. Tuvo lugar este en el en teatro de la Opéra-Comique de París el 3 de marzo de 1875 y recibió muy malas críticas. Aguantó en cartel hasta las cuarenta y ocho funciones, pero al final el teatro se llenaba porque las entradas se regalaban. ¿Es posible que el fracaso contribuyera a que Bizet sufriera un ataque al corazón a consecuencia del cual falleció el 3 de junio de 1875, a los 36 años de edad? Poco después del deceso, en octubre de 1875, se representaba en Viena y, entonces sí, público y crítica se volcaron en ella y comenzó su popularidad mundial. La versión de la obertura de Carmen, con la que finaliza esta entrada, es la que ofreció la Orchestre de Radio France durante el concierto celebrado en 2015 Hommage à Myung-Whun Chung, pianista y director de orquesta surcoreano. Es él quien dirige.