Cinco temas de Henry Mancini

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Hay películas cuya banda sonora alcanza tanta notoriedad, o más, que ellas mismas. Algunas incluso son recordadas sobre todo por esta, o solo por esta. Las bandas sonoras de Henry Mancini (1924-1994) son un caso excepcional, casi único, pues compuso música espléndida para espléndidas películas, y es que “Henry Mancini tenía el don de una gracia leve y exquisita, de una elegancia no superficial –teñida de un necesario spleen– que contaminaba toda la película. Tuvo la suerte de encontrarse con los filmes en los que su sofisticado talento podía desarrollarse solarmente, y estos tuvieron a su vez la suerte de encontrarse con él y, entonces, ser realmente perfectos. (…) tuvo el talento, la sensibilidad y el sentido de lo cinematográfico necesarios como para que sus bandas sonoras fueran a la vez éxitos millonarios en ventas de discos, standards de larga vida en los repertorios de los mejores cantantes y jazzistas, y eficaces elementos dramáticos dentro de las películas.” (Carlos Colón: “Muere Henry Mancini, uno de los grandes compositores del cine”, El País, 15 de junio de 1994).

Autor de bandas sonoras para más de noventa películas, y ganador, por ellas, de veinte premios Grammy y cuatro Oscar, quedarse solo con cinco de sus temas no es fácil. Hay tanto para elegir… En fin, vamos con los cinco seleccionados según el particular criterio de un servidor. Con la seguridad, eso sí, de que todos –que seguro que conocen–van a ser de su agrado.

Comenzamos con el que, sin duda, es el más popular de todos, Pink Panther theme, que compuso para la película, estrenada en 1963, de Blake Edwards –con quien mantuvo una larga y fructífera colaboración desde que en 1958 lo contrató para hacer la música de su serie de televisión Peter Gunn (otra joya musical)– La Pantera Rosa (The Pink Panther). Estupenda la película, estupendo el tema, y –algo que se cuidó mucho en el cine de aquella época– estupenda la secuencia inicial con los títulos de crédito. Edwards pensó en una pantera rosa animada y encargó su diseño a Friz Freleng, creador –entre otros personajes– del cerdito Porky o del gato Silvestre. Freleng hizo una animación tan conseguida que el personaje imaginado por Edwards y creado por él trascendió la película y dio lugar a la popular serie de animación del mismo título. Escuchar los primeros compases de Pink Panther theme y asociarlo inmediatamente al dibujo animado es prácticamente inevitable.

Y ahora –en orden cronológico– continuamos con los otros cuatro temas seleccionados. Le toca, así, el turno a Moon River, canción –con letra de Johnny Mercer– de otro filme de Edwards estrenado en 1961: Breakfast at Tiffany’s (Desayuno con diamantes en España y Muñequita de lujo o Diamantes para el desayuno en Latinoamérica). Mancini la compuso expresamente para Audrey Hepburn. El resultado: una maravilla. Moon River ganó el Oscar a la Mejor Canción y el Grammy al Disco del Año, y ha sido luego versionada por infinidad de cantantes y músicos instrumentistas de todos los géneros. Veamos la secuencia inicial de Desayuno con diamantes con Moon River de fondo y la que recoge la deliciosa interpretación de Audrey Hepburn.

Más Blake Edwards, más Mancini, más de esa productiva y magnífica colaboración. Mancini no solo compuso bandas sonoras para comedias,  también –aunque en menor medida– para dramas, como Sed de mal (1958) de Orson Welles. Y Edwards lo mismo. Una de las pocas excepciones, pues, de ambos, de la que dos salen más que airosos, y que dio como resultado temas como Días de vino y rosas (Days of wine and roses), de la película del mismo título estrenada en 1962, que ganó el Oscar a la Mejor Canción y el Grammy al Disco del Año.

Otro de los grandes directores de cine con los que Mancini trabajó fue Stanley Donen. Suyas dos películas las que pertenecen los dos temas con que finalizamos la entrada. El primero el que Charada (Charade), espléndido filme de 1963. Donen había escuchado “Baby Elephant Walk”, de la película Hatari!, y le había encantado, por lo que decidió telefonear a Mancini a Londres para hablarle sobre su próximo proyecto. La melodía suena en diversos momentos de la película. Lo escuchamos en la secuencia inicial con los títulos de crédito, excelente obra del diseñador gráfico estadounidense Maurice Binder, autor también de los títulos de crédito de la serie de James Bond.

Dos en la carretera (Two for the road) se estrenó en 1967, y escuchamos el tema homónimo en este vídeo con imágenes del filme: una historia sobre la  relación de un matrimonio entre un arquitecto (Albert Finney) y su esposa (Audrey Hepburn) durante doce años en diferentes viajes en coche por la Normandía.

Feliz día.

Vinícius de Moraes

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En la madrugada del 9 de julio de 1980 fallecía en su casa del barrio de Gávea de Rio de Janeiro Vinicius de Moraes, “el hombre que quiso ‘vivir cada segundo como nunca más’. (…) El único poeta que, según Carlos Drummond de Andrade, vivió como tal”. (Carlos Galilea: “La santísima trinidad”, El País, 10 de julio de 1980).

Nacido en Rio el 19 de octubre de 1913, “llevó –sigue diciendo Gallea– la poesía de los libros a las canciones con versos precisos y casi siempre coloquiales” y se le considera –junto con João Gilberto y Tom Jobim– uno de los padres de la bossa nova. Su primera aproximación a la música –que no el inicio de su carrera como autor de canciones– tuvo lugar en 1932, cuando escribió la letra de un foxtrot con música de Haroldo Tapajós titulado Loura ou Morena (Rubia o morena). Aunque escribió alguna más con Haroldo y su hermano Paulo Tapajós, en 1933 publicó su primer libro de poesía –ante todo se consideraba poeta por vocación– y no volvió a escribir letras de canciones hasta 1952.

En el ínterin, se graduó en derecho, estudió poesía inglesa en la Universidad de Oxford e inició una peculiar carrera diplomática. Entre 1946 y 1950 fue vicecónsul de Brasil en Los Ángeles. Ese último año regresó a Rio. Allí trabajó como periodista, escribió su primer samba (Quando tu passas por mim, publicado en 1953) y vivió intensamente la vida nocturna de la ciudad. Acuciado por problemas económicos, solicitó otro puesto en el extranjero y lo destinaron a París, como segundo secretario de la embajada de Brasil.

En París, “conoció a Sacha Gordine, a quien vendió una historia para una película: Orfeu da conceição. Pero el productor francés no consiguió reunir el dinero necesario para hacer la película. Cuando volvió a Brasil, Vinicius decidió convertir esa historia en una obra de teatro, y empezó a buscar un compositor para que escribiera la música. Entonces se acordó de un joven músico al que había visto actuar en un club nocturno llamado Club da Chave: se trataba de Tom Jobim. Puede decirse que la bossa nova nació en 1956, el año en que Jobim y Vinícius se conocieron y colaboraron en la música de Orfeu da conceição, así como en la composición del tema Chega de saudade. (…) En 1957, Sacha Gordine, una vez conseguido el respaldo económico, viajó a Rio con el director Marcel Camus para rodar la versión cinematográfica de Orfeu da conceição. Gordine quería música original para la producción franco-brasileña, que se titularía Orfeu negro (Orfeo negro). La nueva banda sonora incluía la Samba de Orfeu de Luiz Bonfá y la encantadora Manhã de Carnaval, con letras de Antônio Maria. Jobim y de Moraes compusieron nuevas canciones, entre ellas la dulce y melancólica A felicidade, que incluye la siguiente estrofa: ‘La tristeza no tiene fin, pero la felicidad sí. / La felicidad es como una pluma que el viento lleva por el aire, / vuela tan ligera, pero su vida es breve, / necesita que haya viento sin parar’” (Músicas do Brasil. Samba, bossa nova y música popular de Brasil, Time Life, 1988, 84-85).

Más vayamos por partes y recordemos antes Chega de saudade, la primera canción que se considera una bossa nova y que se grabó en 1958, un tema compuesto por Jobim y Vinicius que grabó João Gilberto y podemos ver bajo estas líneas interpretada por el propio Gilberto y Jobim en 1988 con motivo de celebrarse los treinta años del evento.

Tal vez sin Chega de saudade no hubiera llegado Orfeu negro, o no hubiera alcanzado la fama que consiguió. Chega de saudade marcó un hito y, como escribió el propio Vinícius, “por una especie de telepatía, otros jóvenes compositores brasileños como Carlos Lyra, Roberto Menescal y Oscar Castro Neves estaban empezando a componer en un estilo similar”. Rápidamente la bossa se hizo tremendamente popular en Brasil y sus ecos se dejaron sentir fuera de sus fronteras. Y, ahora sí, veamos la secuencia inicial de Orfeo negro con el tema de Vinícius y Jobim A felicidade.

Los años sesenta del pasado siglo fueron los de consolidación musical de Vinícius y su reconocimiento internacional. Tres años después (1962) vería la luz la canción más popular de todas cuantas se han escrito hasta el momento dentro de la bossa nova. Estamos hablando, cómo no, de Garota de Ipanema (La chica de Ipanema). La anécdota que dio paso a la composición es sobradamente conocida: Tom Jobim y Vinicius de Moraes veían pasar todos los días frente al café Veloso, en el que ellos se sentaban, a una hermosa joven de 18 años (Helô Pinheiro) camino de la playa. La admiración que despertó en ellos dio lugar a Menina que passa, como en un primer momento se denomino Garota de Ipanema.

La primera grabación de estudio y comercial es de Pery Ribeiro en un disco registrado en 1963, É todo bossa, antes de la versión del álbum Getz/Gilberto (1964), que supuso la internacionalización de la bossa nova. Vamos con dos versiones, la de Pery Ribeiro y la Astrud Gilberto y Stan Getz, quienes la interpretan, en inglés, en una actuación para la televisión estadounidense el mismo año que salió el álbum.

Vinicius simultaneó la música con la poesía –escribió y publicó varios libros–, aunque las letras de sus canciones son también eso: pura poesía. Le gustaba vivir a tope y llevó una existencia bohemia que le valió la expulsión del servicio diplomático. Así, en 1968, el máximo jerarca de la dictadura, Artur da Costa e Silva, mandó una nota al ministro de Relaciones Exteriores que al parecer decía “Cesen a este holgazán”.

En 1970, Vinicius estrenó un espectáculo en la sala Canecão (Rio) con Jobim, Toquinho y Miúcha con enorme éxito. El show se trasladó a La Fusa, el café concert La Fusa (el de Buenos Aires) en julio de ese mismo año, con la voz de Maria Creuza. Las actuaciones fueron grabadas –luego retocadas en estudio– y dieron lugar a  uno de los álbumes más carismáticos de la historia de la bossa: Vinicius en La Fusa. Dado el éxito del disco, en enero de 1971 Vinicius regresó a La Fusa (esta vez a la de Mar del Plata), también con Toquinho y, en vez de Miúcha, con Maria Bethânia. El resultado, otro legendario álbum: Vinicius+Bethânia+Toquinho en Mar del Plata. Grabó varios álbumes más y realizó diversas giras con Toquinho, actuando en Italia y grabando, en Milán, en 1975, otro excelente LP: O Poeta e o Violão. Siguió actuando –cada vez menos, su salud comenzaba a deteriorarse– y escribiendo poesía hasta que falleció en Rio hace treinta y cinco años.

Vamos ahora con algunas de las canciones de Vinicius de Moraes que alcanzaron mayor notoriedad (o que más me gustan). Unas pocas, obviamente, pues todas, por su calidad y belleza, podrían figurar en esta entrada. Empezamos con O que tinha de ser, canción de 1959 con música de Jobim, que escuchamos por Caetano Veloso. La versión es la que aparece en el álbum Roberto Carlos e Caetano Veloso e a Música de Tom Jobim, lanzado en CD y DVD en 2008. Del DVD es el vídeo.

Jobim puso música también a estos dos extraordinarios temas: Água de Beber e Insensatez. La primera fue compuesta en 1961 y la escuchamos, y vemos, por los dos autores en una actuación celebrada en Milán en octubre de 1978. El vídeo nos ilustra perfectamente la personalidad de Vinicius, un hombre entregado a la música y a la poesía, a lo que para él, con las mujeres y los placeres en general, era la vida. Sentado frente a una mesa –con su vaso, su botella de whisky y un cubo con hielo–, canta, recita, charla, estableciendo una comunicación total con su público. La versión de Insensatez que incluimos corre a cargo de otro de los padres de la bossa nova, João Gilberto, durante un recital que dio en Roma en agosto de 1983.

¡Qué hermosa es la letra de Poema dos olhos da amada! ¡Y qué hermosa la música que Paulo Soledade compuso al convertirla en canción! ¡Y qué difícil resulta engrandecer un tema como este! Sin embargo, Maria Bethânia –con la colaboración de la actriz francesa Jeanne Moreau, que recita la poesía en francés– lo consigue. La versión que recoge el siguiente vídeo corresponde al álbum de 1988 Maria, año en que se cumplía el veinte aniversario de la composición.

Proseguimos con dos canciones de 1970 que identificamos enseguida con los shows de La Fusa: Eu sei que vou te amar (música de Jobim) y Tarde em Itapoã (música de Toquinho). La primera, en la versión que figura en el álbum Vinicius en La Fusa. La segunda, la del álbum Vinicius+Bethânia+Toquinho en Mar del Plata.

Nos despedimos con este vídeo en el que Toquinho y Vinícius de Moraes interpretan en el programa de la RAI (Radiotelevisione Italiana) Senza rete (1971) un popurrí con los temas A felicidade, Garota de Ipanema, Berimbau (música de Baden Powell), Samba da Bênção (también con música de Baden Powell) y, con música de Toquinho, A tonga da mironga do kabuleté (en italiano). El presentador, estarán de acuerdo conmigo, mejor que se hubiera quedado en casa.

Tengo guitarra, pero toco muy mal; tengo voz, pero más que cantar castigo los oídos de quien me escucha, y tengo whisky, muy buen whisky. Por tanto, esta última es la opción que elijo para rememorar a este gran músico y poeta, a este gran vividor ante todo, pues si uno no vive y se limita a existir poco podrá ofrecer a los demás (y poco podrá recibir de ellos). Me sumo, en consecuencia, a las palabras de Pablo Neruda: “Por todo eso, y por tantos otros motivos, digo como él: Vinicius, Se todos fossem iguais a você / Que maravilha viver!».

¡A su salud y a la suya¡ Que pasen un buen día. Con Vinicius, seguro.

Clásicos para los peques con los animales de protagonistas

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Pensando en los peques, hemos seleccionado cinco temas de cinco composiciones de la llamada música clásica, cinco breves fragmentos de ellas más concretamente, que consideramos pueden ser un excelente vehículo para ampliar el horizonte musical de los niños. Claro que estos, por su cuenta, no accederán a la entrada ni llegarán a leer esto. Así, la complicidad de los adultos deviene, lógicamente, esencial. No creo que sea un gran sacrificio, pues no sé quién disfrutará más con ellos, si los peques o los mayores. En todo caso, hagan la prueba. Lo hemos dicho otras veces y no nos cansaremos de repetirlo: no existe una música específica para niños, por mucho que las discográficas y las productoras de espectáculos musicales se empeñen en lo contrario. La música es sentimiento, vida, y hay música –independientemente del género al que se adscriba– que puede ser disfrutada por niños y adultos. Hay música alegre, divertida, tierna… y hay sentimientos, como la alegría y la ternura, que asociamos al candor e inocencia de los peques. Pero no son exclusivos de ellos. Existe la música, y punto. Por supuesto, una es más apta que otra para los oídos infantiles, ¡faltaría más! Pero insisto: no existe la “música para niños”.

Vamos a comenzar con el “Dúo de Papageno y Papagena”, de la ópera cómica de Wolfgang Amadeus Mozart La flauta mágica (Die Zauberflöte), un cuento de hadas, una historia de amor, llena de símbolos masones, que fue la última ópera que se escenificó en vida del autor. Él mismo la dirigió, en el Freihaus-Theater auf der Wieden de Viena, el 30 de septiembre de 1791, dos meses antes de fallecer. Papageno es un ser mitad pájaro y mitad persona que lleva una gran jaula a sus espaldas enamorado de Papagena, una bella joven. El vídeo que sigue pertenece a la producción de la Ópera de París (Opéra national de Paris) de 2001. Detlef Roth es Papageno y Gaële Le Roi, Papagena.

El carnaval de los animales (Le carnaval des animaux) es una suite musical que compuso en 1886 el compositor francés Camille Saint-Saëns. La concibió como un divertimento para un día de carnaval y en ella los instrumentos recrean los sonidos de animales de todo tipo: leones, gallinas, tortugas, canguros, burros, peces, pajaritos… “El autor, según parece temeroso de que la obra resultara demasiado frívola y pudiera perjudicar su reputación de compositor serio, prohibió que esta obra se editara mientras él viviera (con excepción de una sola pieza: ‘El cisne’). Solo se dieron interpretaciones privadas para un círculo de amigos íntimos, como Franz Liszt. Sin embargo, Saint-Saëns dispuso en su testamento que la suite podría ser publicada tras su muerte, y desde entonces se ha convertido en una de sus obras más populares.” [Wikipedia]. De El carnaval de los animales incluimos esta recreación con el “Gran final” en versión de L’Harmonie Laval (Quebec, Canadá) durante un concierto celebrado en mayo de 2013.

En 1877 Piotr Ilich Chaikovski estrenaba en el Teatro Bolshói de Moscú el que posiblemente sea el ballet más popular de la historia, todavía uno de los más representados: El lago de los cisnes, un encargo que el Bolshói le había hecho dos años antes y cuyo libreto –se cree que de Vladimir Petrovich Begichev y Vasily Geltser– se basa en el cuento alemán Der geraubte Schleier (1782-1786, El velo robado), de Johann Karl August Musäus, que narra cómo un malvado mago convierte a jóvenes doncellas en cisnes. El hechizo solo puede ser vencido por el amor. De El lago de los cisnes, cuya duración –según versiones– oscila entre las dos y tres horas, contemplamos el número del segundo acto “Danza de los pequeños cisnes” (Allegro moderato) por el Ballet de la Ópera de París en una representación de 2005.

Cuadros de una exposición es una famosa suite de 15 piezas que compuso Modest Músorgski en 1874. Este la escribió en principio para piano, pero es más conocida en la orquestación y arreglos que hizo el compositor francés Maurice Ravel en 1922. Músorgski quiso con esta obra rendir un homenaje a su amigo Víktor Hartmann (1834-1873), inspirándose a tal efecto en la exposición póstuma de pinturas que nada más fallecer este se inauguró en San Petersburgo. Uno de estos cuadros da título a la pieza que escuchamos, «Ballet de polluelos en sus cáscaras». El vídeo que la recoge es obra de Natasha Turovsky, que recrea la pintura en que se basó el compositor ruso. La música corre a cargo de la orquesta de cámara I Musici de Montréal, dirigida por Yuli Turovsky.

Finalizamos con Pedro y el lobo, composición sinfónica de Sergéi Prokófiev (Op. 67) escrita en 1936, que es una historia para niños con música y texto adaptado por él mismo y con un narrador que acompaña a la orquesta y explica el argumento: Pedro, un niño que vive con su abuelo, en un pueblo ruso, quiere liberar a sus amiguitos (un gato, un pájaro, un gato) del lobo, que quiere comérselos. No solo lo consigue sino que, además, convence a los cazadores que van en su búsqueda para que no lo maten y lo lleven al zoo. La obra está escrita para una flauta, un oboe, un clarinete en la, un fagot, 3 trompas en mi, un timbal y cuerdas (para la alegoría de los personajes principales), y un acompañamiento de trompeta, trombón, triángulo, pandereta, platillos, castañuelas, tambor de caja, y bombo en la orquestación. Cada personaje de la historia tiene asignado un instrumento y un tema musical: Pedro los instrumentos de cuerda (violín, viola, violonchelo y contrabajo); el abuelo, el fagot; el pájaro, la flauta travesera; el pato, el oboe; el gato, el clarinete; el lobo, la trompa, y los cazadores, los timbales y el bombo. Ya dedicaremos una entrada con en la obra completa (poco más de 25 minutos) en los próximos días. Hoy vamos con esta síntesis por la Orquesta Filarmónica de Holanda en un concierto celebrado en 2003.

¿Han adivinado los instrumentos? ¿Han conseguido identificarlos con cada personaje? ¿Han podido explicárselo a los peques? En todo caso, prueben jugando clicando en el siguiente enlace:

http://www.euskadikoorkestra.es/web/juegos/aula_musica/es/juego05.html

Que pasen un buen día. Y si los peques han disfrutado con la entrada también lo pasará servidor de ustedes. Para ellos la he escrito.