Que nos muestren los cojones

“… ella [Ana Puigvert], enseguida me corrigió, silabeando:

—Te digo que era mo-nór-qui-do.

—¿Y eso qué significa? –pregunté desconcertado.

―Que solo tenía un testículo.

—¡Uno solo! ¿Estás segura de lo que dices?

—Completamente, me lo dijo mi abuelo varias veces”.

La doctora Ana Puigvert, nieta del célebre urólogo Puigvert, habla de Franco. Se lo explica a José María Zavala, periodista e historiador, y él mismo lo cuenta. Sucedió en la primera conversación que tuvo Zavala con Ana Puigvert para su libro Franco, el republicano. La vida secreta de Ramón Franco, sobre el hermano del dictador. Lo perdió en la guerra de África como consecuencia de las heridas que recibió en la parte inferior del abdomen en El Biutz, cerca de Ceuta. Tanto tocar los cojones a los demás… Igual era por eso.

No solo a Franco le faltaba un huevo. También a Hitler. Hace unos pocos años se dio a conocer que el dictador alemán perdió un testículo en la batalla del Somme, durante la Primera Guerra Mundial. Y, al parecer, en el mismo caso estaría Napoleón. Demasiada casualidad. Y las casualidades, como dijo Friedrich Schiller, no existen: “Lo que nos parecen meros accidentes emergen siempre de la fuente más profunda del destino”. En consecuencia, cuanto más poder concentre un gobernante mayores son las posibilidades de que sea monórquido. No diré, así y todo, que todos los que tienen un único testículo sean unos dictadores o feroces sanguinarios, pero convendrán conmigo que, visto lo visto, aquellos que no tienen dos cojones no son de fiar.

¿Solución? Que nadie ocupe puesto de responsabilidad, sea pública o privada, sin antes demostrar que tiene dos cojones. Para algunos igual servía para demostrar lo que tanta insistencia proclaman cuando se sienten atacados: todo es un montaje mediático, ellos son más inocentes que la gallina Caponata bajo el efecto de algún alucinógeno. Mas no lo hacen. Pero me dirán, ¿y las mujeres?, las mujeres no tienen testículos. No es verdad. Hay quienes sí los tienen, como aquellas féminas que están al frente de organizaciones financieras internacionales, bancos, ejecutivos estatales o autonómicos. La diferencia es que, en vez de tenerlos entre las piernas, como los varones, los tienen incrustados en el cerebro. Así, para poder ver los suyos me temo que se tendría que abrir la caja craneal, o bien hacer una resonancia magnética cerebral. Esta última opción me parece más lógica.

En fin. Las cosas, como ven, podrían ser muy fáciles. Que se dejen de monsergas y que nos muestren los cojones. ¡Ya! Así sabremos dónde está cada uno.

________________

Nota bene: Yo tengo dos (huevos).

Amores imposibles: No te puedo querer

Si ven el vídeo y les gusta les agradecería que, si no es mucha molestia, así lo hicieran constar en YouTube. Muchas gracias.

No elegimos enamorarnos y, si sucede, ni cuándo ni de quién. Otra cosa es que el enamoramiento fructifique y llegue a buen puerto, pues el amor puede ser algo maravilloso como decía Cole Porter o un tormento si ocurre como en la letra de la conocida copla: “Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas y sin ti porque me muero”. Tal situación puede llevarnos a la locura. Por eso, antes de que esta se apodere de nosotros le decimos a la otra persona: “No te puedo querer”.

Esto es lo que le pasa al protagonista del vídeo de hoy, un baserritarra (vasco que vive en un caserío) que se enamora, o al menos se siente fuertemente atraído por un guardia civil. Compleja situación sin duda, difícil donde las haya. Es un amor imposible, de esos que responden a un “No te puedo querer”.

El vídeo es cien por cien vasco, exceptuando a un servidor. Se trata de un fragmento (‘El baserritarra gay y la Guardia Civil’) de uno de los episodios del programa de la cadena de la televisión vasca Euskal Telebista Vaya Semanita. Cambio Radical, emitido en 2011. He eliminado el sonido original y lo he reemplazado por el pasodoble No te puedo querer, compuesto en 1948 también por un vasco: el bilbaíno Carmelo Larrea (1907-1980). Y también bilbaíno es su intérprete, La Otxoa (José Antonio Nielfa), cantante “humorista con faldas”, como él se autorretrata, que fue encarcelado en 1968 por homosexual, por ‘vago y maleante’, y se convirtió en uno de los iconos de la lucha por la libertad afectiva y sexual en los años setenta y ochenta del pasado siglo. Para que luego se diga del humor vasco.

En fin, tanto si les ha gustado el vídeo como si no, que disfruten de un feliz día.

…Y los árboles terminaron suicidándose.

Hartos de que se les esquilmara y se les convirtiera en papel, de que sobre este se imprimieran informaciones y noticias interesadas y tergiversadas, opiniones travestidas de objetividad y análisis disfrazados de cientificidad, hartos de que se les usara en forma de libros, diarios y revistas para satisfacer bastardos intereses de tanto mediocre meritócrata, de ser vehículo de vanaglorias y vacuidades, antes de acabar llenos de polvo y moho en cochambrosos almacenes, los árboles entraron en una profunda depresión y terminaron suicidándose.