Coloratura

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A servidor de ustedes le encanta la coloratura, gorgoritos como dicen despectivamente sus detractores. La coloratura es una técnica que se aprende, no existe en realidad la soprano de coloratura. Las que han profundizado en ella y conseguido dominarla poseen una sorprendente agilidad vocal que no está al alcance de cualquiera y su voz puede alcanzar los registros más agudos, ejecutar pasajes rápidos y trinos con envidiable habilidad y precisa vocalización. A mí, eso me gusta. Y como no hay nada mejor que dedicar el tiempo a hacer algo que a uno le gusta, he confeccionado esta entrada con algunas arias y otras piezas de óperas y operetas. El criterio de la selección ha sido mi gusto personal y las he ordenado cronológicamente según el año en que se estrenaron las obras a las que corresponden.

Empezamos por la aria “Caro nome” (Querido nombre), de la ópera de Giuseppe Verdi Rigoletto (1851). Por esta aria siento especial predilección y la incorporé a la ‘banda sonora’ de mi novela El corto tiempo de las cerezas, pues la hija del protagonista, Camila, es soprano. Quien la interpreta en este primer vídeo es la soprano estadounidense Nadine Sierra en un concierto celebrado en el marco del NDR Klassik Open Air, festival que se celebra todos los años en el Maschpark de Hannover (edición de 2017). Dirige la NDR Radiophilharmonie la canadiense Keri-Lynn Wilson.

También de Verdi es la aria “Mercè, dilette amiche” (A vuestra disposición, queridos amigos). Pertenece a I vespri siciliani (Las vísperas sicilianas), ópera estrenada en la Académie Impériale de Musique (Ópera de París) el 13 de junio de 1855. La interpreta la soprano rusa Olga Peretyatko en un momento de la Gala de Año Nuevo de Baden-Baden (Alemania) de 2012, acompañada de la Radio-Sinfonieorchester Stuttgart des SWR, que dirige el colombiano Andrés Orozco-Estrada.

El francés Charles Gounod es el compositor de Roméo et Juliette (Romeo y Julieta), ópera basada en el famoso drama homónimo de Shakespeare que se estrenó en 1867 y a la que corresponde esta otra aria, o arietta: “Je veux vivre” (Quiero vivir). La canta la alemana Diana Damrau, una de las voces más destacadas del mundo de la ópera actual, sobre todo por sus interpretaciones de Mozart, Mahler y Strauss. El video con este fragmento es una grabación de una de las representaciones de Roméo et Juliette de la temporada de 2017 en la Metropolitan Opera House de Nueva York.

Seguimos con la opereta, con Die Fledermaus (El murciélago), una de las mejores operetas de Johann Strauss y también de todos los tiempos. Durante años, Strauss dudó de sus posibilidades como compositor de operetas –creía no estar a la altura– pero su esposa, la ex cantante de ópera Henriette Challupetzky, conocida como Jetty le animó a hacerlo. Gracias a ello, en 1874, llegó Die Fledermaus, su opereta más celebrada, y con ella la fantástica aria “Mein herr marquis” (Mi señor marqués). Su interprete es la joven soprano alemana Patricia Janečková (n. 1998), a la que vemos en la gala New Years Concert in Vienna Style de 2016 celebrada en Ostrava (República Checa).

Vamos ahora con un divertimento: el “Romance de l’étoile”, de la opereta de Emmanuel Chabrier L’étoile, estrenada en el Théâtre des Bouffes Parisiens de Offenbach en 1877. Original, divertida y espléndida es la interpretación que del “Romance de l’étoile” hace Patricia Petibon, soprano francesa de coloratura conocida sobre todo por su repertorio de música barroca francesa y de obras de Mozart, aunque nunca ha querido especializarse solamente en un repertorio “porque –confiesa– la música clásica es muy amplia, abarca desde lo puramente clásico, lo muy antiguo, hasta lo más contemporáneo”. El vídeo corresponde al DVD French Touch (2005), título del CD homónimo que salió a la venta en 2003.

De nuevo, Strauss. Ahora con Frühlingsstimmen (Voces de Primavera), vals que compuso en 1882 y que a veces se utiliza como una aria de la introducción del baile del acto segundo de Die Fledermaus. Aunque suele escucharse más en la versión orquestal, fue concebido para ser cantado. Únicamente aquellas sopranos con un gran dominio de la coloratura pueden con él. Kathleen Battle, soprano estadounidense nacida en 1948 –cuyo repertorio abarca melodías francesas, lieder alemanes, música sacra, jazz y espirituales–, es una de ellas. Su interpretación del mismo durante el Concierto de Año Nuevo de Viena, que dirigió Herbert von Karajan en 1987, es realmente espléndida.

Finalizo con la que probablemente la última gran opereta del siglo XX: Candide (Cándido). Se estrenó en Broadway en 1956 y su autor es el gran Leonard Bernstein. “Glitter and be gay” es el divertido número que interpreta la actriz y cantante Janine LaManna durante la representación que de Candide tuvo lugar en el Avery Fisher Hall de Nueva York el 12 de enero de 2005. En el vídeo vemos al principio a la gran Patti LuPone.

Que la vida sea amable con todos ustedes.

Covid-19: ¡Más madera! ¡Es la guerra!

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El uso del lenguaje bélico domina el discurso oficial y oficioso sobre el Covid-19. El 10 de febrero de este año, cuando el virus se extendía en China a una velocidad inusitada y se empezaban a registrar casos de positivos en otros lugares del mundo, el presidente chino Xi Jinping llamaba a la “guerra popular” para frenar la epidemia. A medida que el Covid-19 fue pasando de epidemia a pandemia, los gobiernos de la práctica totalidad de los países afectados por esta fueron adoptando el lenguaje bélico para vencer al “enemigo común”. “Estamos en guerra”, dijo el presidente de Francia, Emmanuel Macron, en un discurso a la nación televisado el pasado 16 de marzo. Al día siguiente, el presidente de España, Pedro Sánchez, declaraba: “El enemigo no está a las puertas. Penetró hace ya tiempo en la ciudad. Ahora la muralla para contenerlo está en todo aquello que hemos puesto en pie como país, como comunidad”. “Soy un presidente en periodo de guerra”, afirmaba Donald Trump el 17. Y así hasta hoy. Y sigue.

Se habla de economía de guerra, de industria de guerra, de batallas, de frentes, de trincheras, de primera línea de fuego, de combatientes… Por supuesto, también de víctimas caídas en el frente o muertas en la retaguardia y, como en todo conflicto bélico, de víctimas civiles.

En un estado de guerra es necesario elevar la moral de la tropa y mantenerla bien alta. Para ello es imprescindible el apoyo de la sociedad civil, que esta se muestre unida y que tal unidad sea manifiesta. Todos, pues, con la moral por las nubes, dispuestos a todo. Solo así venceremos.

Este discurso parece haber calado en la población, que hace gala de una solidaridad sin precedentes. Si nos dividimos, el virus nos ganará, se repite machaconamente. Las muestras de apoyo y cariño a los “bravos soldados que están en el frente” se dan todos los días en forma de aplausos colectivos y se trata de ayudar a las necesarias víctimas por daños colaterales, que siempre suelen estar alineados con los sectores más débiles de la sociedad.

La verdad es que no me creo nada de todo esto: ni estamos en guerra, ni somos tan solidarios como parece. ¿Guerra contra quién? ¿Contra un enemigo invisible? “Estamos combatiendo una epidemia, apelar a la guerra es una forma de humanización del virus. No hay un sujeto político o social que nos desafíe, ni un centro estratégico que dirija las operaciones.” [Josep Ramoneda: “El discurso de la guerra”, El País, 26 de marzo de 2020].

¿Y cuándo acabará esta guerra?, ¿cuándo expulsaremos a ese enemigo que –decía Sánchez– hace tiempo ya que penetró en las ciudades y se celebrará el correspondiente desfile de la victoria? Y, en tal tesitura, ¿cómo será este desfile? ¿Quién lo encabezará? ¿Los valerosos políticos y sus aguerridos asesores, los generales de esta guerra? Es lo habitual. ¿Sucederá igual que cuando entraron los aliados en París en 1945 y tanto el ejército estadounidense como como el francés excluyeron del mismo a los negros? Quiero decir: ¿desfilarán los “héroes” que en ese momento volverán a estar en paro? ¿A quién aplaudiremos en ese desfile?

En todo caso el fin de la “guerra” se presenta bastante lejano. Dice el doctor Tomàs Pumarola, jefe de microbiología del hospital Vall d’Hebron de Barcelona [“El virus parará cuando haya inmunidad poblacional”, El País, 10 de abril de 2020]: “El virus se parará en el momento en el que haya infectado a un número determinado de la población, cuando haya inmunidad poblacional. Si detectamos que el 30% de la población está infectada, es probable que deje de infectar durante un tiempo. Si solo se ha infectado el 10%, es posible que cuando se empiece a desconfinar, continúe infectando. […] Si hay un nivel de la población alto que le protege, cada vez le va a costar más y es posible que desaparezca o no. La clave es la vacuna. Si nos consigue proteger al 100% de forma duradera, conseguiremos eliminarlo definitivamente, como hicimos con la viruela. Pero si la vacuna no es 100% efectiva y el virus va cambiando, tendremos que convivir con él, con mucha menor malignidad.”. Los cálculos más optimistas establecen que esta no estará disponible hasta dentro de un año o año y medio, contando incluso con la improbable cooperación, absoluta al menos, de las multinacionales farmacéuticas.

En cuanto a la solidaridad, qué quieren que les diga. Somos solidarios porque tenemos miedo. No pongo en duda la buena voluntad de nadie –esto quiero que quede claro–, pero la razón última de esta circunstancia es que la incertidumbre reina por doquier y nos movemos por el instinto de conservación. No hay nada peor que el miedo al miedo. “¿Qué aportan las escenificaciones y apelaciones patrióticas en un momento en que la ciudadanía vive apurada por una situación extrema que nos obliga a separarnos de los demás, como paradójica forma de estar unidos?” [Ramoneda, art. cit.].

Miedo y obediencia siempre van de la mano. Nada sería igual sin el temor, sin la ansiedad que se siente frente a la posibilidad de perder las dádivas por el poder concedidas, sin sobrecogerse ante las múltiples posibilidades que pueden llevarnos a la ruina. Más en un caso como este que está por encima de nuestras percepciones y conocimientos, cuando nos enfrentamos a un “enemigo” que no controlamos pero nos controla (el Covid-19), pues carecemos de referencias para enfrentarnos a él. No sabemos muy bien de dónde procede ni quien lo engendra, pero está ahí.

Nunca hemos ‘luchado’ más unidos al tiempo que nunca hemos estado tan separados. Y lo que nos une y separa es la misma cosa: la incertidumbre, el miedo a lo desconocido. Es esta una reacción muy humana. Los niños temen la oscuridad, temen sentirse solos, desamparados, y buscan el cobijo de los padres o se refugian en sus maestros si están en el cole. Los adultos nos refugiamos en papá Estado y nos encomendamos a los expertos. Ellos saben lo que hay que hacer. Nosotros, pobre masa ignorante, nos arrojamos a sus brazos. Sin ningún tipo de reservas aceptamos primero el látigo y luego el terrón de azúcar, como en la doma.

A medida que se vaya restableciendo la “normalidad”, o se inicie una nueva “normalidad”, la solidaridad tal como ahora se muestra mucho me temo que irá menguando en favor del individualismo y el corporativismo. Desde mucho antes que el Covid-19 hiciera acto de presencia se nos viene anunciando repetidamente la llegada de una nueva crisis. Ahora, advierte el FMI (Fondo Monetario Internacional) que la incidencia del Covid-19 “provocará la recesión más profunda en la economía mundial desde la Gran Depresión de los años treinta, y será dos veces más grave que la Gran Recesión del 2009. […] España registrará un colapso del PIB del 8% –una revisión de casi 10 puntos porcentuales frente a la previsión anterior–, con una subida del paro a casi el 21%.” [La Vanguardia, 14 de abril de 2020]. ¿Entre ese 21% estarán los sanitarios contratados en estos momentos para hacer frente a la pandemia? ¿Encontrará abiertos el bar o la tienda de su barrio a la que solía acudir antes del confinamiento? ¿Qué habrá sido de los pequeños propietarios y sus trabajadores de aquellos establecimientos que no tuvieron más remedio que cerrar definitivamente? ¿Y con los cuatro millones de trabajadores afectados por ERTE? ¿Lucharemos otra vez entre nosotros por un puesto de trabajo por precario que sea? ¿Qué pasará cuando regresen los desahucios, cuando se acaben las moratorias de hipotecas, préstamos, pago de recibos de suministros básicos (agua, luz y gas) a los más vulnerables y estos no puedan liquidarlos? ¿Continuaremos siendo solidarios con ellos o defenderemos como sea nuestra estabilidad? ¿Quiénes serán entonces los héroes? ¿A quién aplaudiremos? ¿De verdad alguien se cree que la situación que estamos viviendo, y padeciendo, nos volverá mejores, que un nuevo sol alumbrará una nueva sociedad más solidaria y colaborativa? Yo, desde luego, no. Y no es porque sea un agorero, sino porque un simple repaso a la historia de la humanidad es más que suficiente para darse cuenta de lo infundado de tal suposición.

Mientras tanto, ¡Más madera! ¡Es la guerra! ¡Ánimo! ¡Adelante! ¡Venceremos! Al menos los Hermanos Marx cultivaban el absurdo y cuestionaban la necesidad de racionalizar todo cuanto existe y sucede. El espectáculo guerrero al que asistimos nada tiene que ver con esto. De absurdo nada, es simplemente incoherencia. Vean, si no, los debates del Congreso y las manifestaciones públicas de los políticos españoles.

Estupidez y poder

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Nota previa: He seleccionado esta fotografía porque reúne los políticos cuya acción más me perjudica. Ustedes pueden escoger otra con políticos de su territorio. Todos encarnan el principio de la quinta ley fundamental de la estupidez según Cipolla: “El estúpido es más peligroso que el malvado”.

Como ocurre con todas las criaturas humanas, también los estúpidos influyen sobre otras personas con intensidad muy diferente. Algunos estúpidos causan normalmente solo perjuicios limitados, pero hay otros que llegan a ocasionar daños terribles, no y a uno o dos individuos, sino a comunidades o sociedades enteras. […] Entre los burócratas, generales, políticos y jefes de Estado se encuentra el más exquisito porcentaje entre la población de individuos fundamentalmente estúpidos, cuya capacidad de hacer daño al prójimo ha sido (o es) peligrosamente potenciada por la posición de poder que ha ocupado u ocupan). ¡Ah!, y no nos olvidemos de los prelados.

La pregunta que se plantean las personas razonables es cómo es posible que estas personas estúpidas lleguen a alcanzar posiciones de poder o de autoridad.

Las clases y las castas (tanto laicas como eclesiásticas) fueron las instituciones sociales que permitieron un flujo constante de personas estúpidas a puestos de poder en la mayoría de las sociedades preindustriales. En el mundo industrial moderno, las clases y las castas van perdiendo cada vez más su importancia. Pero el lugar de clases y castas lo ocupan hoy los partidos políticos, la burocracia y la democracia. En el seno del sistema democrático, las elecciones generales son un instrumento de gran eficacia para asegurar el mantenimiento estable de la fracción de estúpidos entre los poderosos. Hay que recordar que […] la fracción poblacional de personas que votan son estúpidas, y las elecciones les brindan una magnífica ocasión de perjudicar a todos los demás, sin obtener ningún beneficio a cambio de su acción. Estas personas cumplen su objetivo, contribuyendo al mantenimiento del nivel porcentual de estúpidos entre las personas que están en el poder.

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Carlo. M. Cipolla: “Estupidez y poder” (1976), en Allegro ma non troppo, 1988.

Que c'est triste Venise

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Que c’est triste Venise (Que triste está Venecia) es una canción escrita por la novelista Françoise Dorin y compuesta e interpretada por Charles Aznavour.

Se lanzó como un single de 45 rpm en 1964 y fue un éxito internacional, especialmente en los países latinos gracias a su versión en español, titulada esta vez Venecia sin ti.

El vídeo, con la versión que grabó en francés Aznavour en 1964, recoge imágenes de otros publicados en YouTube en los que vemos Venecia estos últimos días prácticamente desierta a causa del coronavirus.

Fuera del sueño: fotografías de Stephen Shames

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En 1994 dirigía yo la revista semestral Taller d’història (Centre d’Estudis d’Història Local) y en su número 3 (primer semestre) publicamos el artículo “Fuera del sueño. Pobreza y marginación infantil en Estados Unidos”, que era la traducción al español del libro del fotógrafo Stephen Shames Outside the Dream: Child Poverty in America, publicado en 1991 por la fundación Aperture (organismo artístico sin ánimo de lucro con sede en Nueva York), parte de cuyas ganancias obtenidas por la venta se destinaban a Children’s Defense Fund (Fondo de Defensa Infantil), una fundación privada sin ánimo de lucro que inició sus actividades en 1973 y se financia con donaciones y subvenciones.

Stephen Shames (Cambridge, Massachusetts, 1947) es un fotógrafo estadounidense, o un reportero gráfico, que realiza una fotografía social con la finalidad de crear conciencia sobre los problemas sociales con un particular enfoque sobre la pobreza infantil y la discriminación por razones de raza o género. De él suele que es un dignísimo heredero de la línea iniciada por Jacob Riss o Lewis Hine.

La publicación de este número no sentó muy bien en determinados ambientes. En concreto, el diario de la ciudad de Valencia Las Provincias, destacó la portada de la misma en la suya y nos acusó de fomentar la drogadicción entre los jóvenes. Así, como se lo cuento. Vean:

Mas a vayamos a este interesante trabajo de Shames reproduciendo su introducción y una selección de diez fotografías de las cincuenta que contiene el libro.

Texto de Stephen Shames

Estados Unidos es un sueño. Somos una nación creada por nuestros sueños colectivos. Nuestros padres de la patria soñaron “la vida, la libertad y la persecución de la felicidad”. Martin Luther King Jr. tuvo un sueño de libertad. Otros soñaron con el éxito material, con una vida mejor. Millones de personas continúan emigrando hasta nuestras playas con sus sueños y aspiraciones porque Estados Unidos continúa siendo el lugar donde se convierten en realidad.

Sin embargo, dentro de nuestras fronteras una generación de niños estadounidenses vive al margen del sueño. Han sido abandonados en la pobreza y la desesperanza. Es como si no formaran parte del sueño americano. Hay más de 12 millones de niños estadounidenses que viven en la pobreza. Constituyen más de un tercio de todos los pobres de Estados Unidos. En la actualidad, los pobres son niños. Y sus cifras van creciendo.

He encontrado muchos niños en mis viajes. He hablado con “bebés” que ellos mismos tenían bebés. He fotografiado la prole de los “trabajadores pobres” y los desempleados. He visto a través de la cámara su juventud en los guetos urbanos. He vivido con niños sin casa en parques y playas. He observado a adolescentes colegiales estudiando con una linterna y a hermanos protegiéndose y emparentado entre sí. He documentado cómo los jóvenes afrontan los problemas sociales, las urgencias inesperadas o simplemente la mala suerte. He presenciado la presión, la violencia y la frustración; pero también el amor, la esperanza y un coraje extraordinario.

Nunca es fácil contemplar el dolor. Me hacía sentirme triste y a menudo impotente de ser testigo de actos autodestructivos y peligrosos que miles de jóvenes cometen cada día. Estos eran difíciles de fotografiar, igual que suele ser duro para ti contemplarlos en este reportaje. Debemos observar y ver. No podemos ignorar la lamentable situación de una tercera parte de nuestros sucesores si queremos detener la destrucción de una generación de niños.

Los jóvenes fotografiados aquí, al igual que las famosas fotografías de la Farm Security Admistration de la Gran Depresión, continuarán siendo recordados en los años venideros. Y, al igual que los compañeros de los años treinta, la historia puede decidir verles como heroicos. Se trata de buenos chicos. Son tiernos. Tienen desafíos y esperanzas. Quizá este reportaje nos ayudará a permitir que estos niños pasen a formar parte del sueño americano.

Selección de fotografías

Los comentarios que acompañan algunas de las imágenes son los que aparecen en la edición de Outside the Dream.

3. Cada día 135.000 niños llevan pistolas a la escuela. Cada día 10 niños mueren por disparos y 30 resultan heridos.

4. Kevin, de 11 años, duerme en el asiento delantero del coche familiar. Su hermano, de 13 años, lo hace en el asiento de atrás. “Esta no es una vida fácil para los chicos”, dice su madre. “Mis hijos han cambiado de escuela tres veces. Sus compañeros de clase les llaman vagabundos”.

6. Cada día 100.000 niños en Estados Unidos son homeless. De hecho, un tercio de los homeless residentes en albergues son niños con sus familias.

7. Tres de los nueve hijos de Leopoldo e Iris. Leopoldo, que perdió cuatro dedos de su mano derecha en un accidente laboral, no puede encontrar trabajo. La familia, de 14 miembros, recibe 500 dólares al mes en vales de comida y 700 dólares en subvenciones, más de la mitad de lo cual es para pagar el alquiler de su apartamento de cuatro habitaciones. Los niños hacen trapicheos callejeros para aportar ingresos extra.

8. Cada día miles de mujeres son víctimas de la violencia doméstica. Algunas abandonan sus casas y, con sus niños, ingresan en las filas de los homeless.

9. Juan y Sylvia compraron un solar en un suburbio periférico con la esperanza de escapar de las drogas y la violencia del centro de la ciudad. Después de trasladarse, descubrieron que las conducciones de agua y el alcantarillado que el promotor les había prometido no existían.

La familia vive sin agua corriente y se ve obligada a utilizar un barreño para bañarse en un anexo de la casa. Se unieron con otras familias para formar EPISO, una organización comunitaria que registró más de 28.000 votos y planteó la cuestión del agua ante los gobiernos local y estatal. Las construcciones del agua y alcantarillado todavía no están construidas.

10. Toni y sus seis hijos abandonaron su apartamento cuando su marido le pegó. Gracias a un programa de ayuda a los homeless, y después de buscar durante un año, Toni encontró un apartamento que podía pagar.

Hello, Dolly! (Jerry Herman)

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Por favor, si ven el video y les gusta les agradecería que, si no es mucha molestia, así lo hicieran constar en YouTube. Muchas gracias.

El pasado 26 de diciembre falleció Jerry Herman, uno de los mejores compositores y letristas del teatro musical de Broadway. Herman es especialmente conocido por ser el autor del famosísimo musical Hello, Dolly!, del que he subido este vídeo que figura arriba a mi canal de YouTube con un fragmento de la secuencia de la película Hello, Dolly! (1969), dirigida por Gene Kelly, en la que Barbra Streisand y Louis Armstrong interpretan la popular canción homónima. A mí me entusiasma Jerry Herman y he querido que la primera entrada que publico este año estuviese dedicada a él. De hecho, este es el tercer vídeo con una canción suya que subo.

Su obra, no obstante, abarca otros, también muy conocidos, como Mame o La Cage aux Folles (La jaula de las locas). Herman ha sido el único compositor-letrista que ha conseguido estrenar en Broadway tres musicales con más de mil quinientas representaciones seguidas cada uno (los tres que acabamos de mencionar).

Nacido en 1931, tras graduarse en la Universidad de Miami y trabajar en su departamento de teatro, marchó a Nueva York, donde estrenó en Off-Broadway y, más tarde, en Broadway. En 1964, el productor David Merrick unió a Herman y Carol Channing en el que sería el proyecto que se convertiría en un enorme éxito de trascendencia internacional: el musical Hello, Dolly! Basado en la obra de teatro de Thornton Wilder de 1938 The Matchmaker (La casamentera), que el propio Wilder revisó en 1954, obtuvo el récord de premios Tony el año de su estreno: nada menos que diez –incluyendo el de Mejor musical–, récord que mantuvo hasta que en 2001 The Producers (Los productores) consiguió doce.

Dos años después del estreno de Hello, Dolly!, es decir, en 1966, Herman cosecharía otro gran triunfo con Mame. Sus dos protagonistas, Angela Lansbury y Bea Arthur, ganaron por sus papeles los Tony a la Mejor actriz y al Mejor actor en musicales respectivamente. Mame también sería llevado al cine en 1974 de la mano de Gene Saks con Lucille Ball como Mame en vez de Angela Lansbury y de Ginger Rogers, su protagonista en la versión que se estrenó en el West End londinense en 1969.  Ante todo, mujer se tituló la versión en español del filme.

Tras unos años en que parecía que su música no acaba de ajustarse a los gustos del momento, sorprendió a todos con La Cage aux Folles (La jaula de las locas). Basado en obra de teatro del mismo título de Jean Poiret (1973) –como también lo hiciera su versión cinematográfica franco-italiana de 1978–, se estrenó en Broadway en 1983. Ese año fue nominado para nueve premios Tony, de los que ganó seis, entre ellos los de Mejor musical y Mejor música original.

Como decía anteriormente, soy un ferviente admirador de Jerry Herman y, con el vídeo de hoy, ya son tres los que he subido a mi canal con canciones suyas. El primero ya lo hemos visto. Vamos con los otros dos.

De La Cage aux Folles que es “The Best of Times” (El mejor de los tiempos), con Kelsey Grammer, Douglas Hodge y la compañía de su revival en Broadway de 2010. Y de Mame “If He Walked into My Life”, canción que interpreta en el vídeo Eydie Gormé (1966, álbum Don’t go to Strangers), con imágenes de la película Wicker Park (2004, Obsesión). Si desean más información sobre ellos cliquen en los respectivos enlaces que conducen a las entradas que publiqué en su día.

Que la vida sea amable con todos ustedes.

Un collar de ojos de indios peruanos.

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O fantasea cuanto quieras que la realidad siempre te superará.

Cuando pasé el manuscrito de El corto tiempo de las cerezas a unos pocos amigos para que dieran su opinión –algo que suelo hacer siempre–, uno de ellos me dijo algo así como que el pasaje que sigue resultaba un tanto algo exagerado:

“Samuel apenas dominaba el inglés y sus rudimentarios conocimientos resultaban más insuficientes todavía con el acento yanqui.

―Traduce, traduce.

―Están hablando de moda.

―Eso ya lo sé, ¿pero por qué miran todos el escote de la señora esa? No creo que sea por sus pechos, que deben ser pasas enormes. ¿Qué tiene el collar que luce, o más bien desluce, qué piedras son esas? Anda, pregúntale.

William así lo hizo. Estaba seguro de que la respuesta no agradaría a Samuel, en absoluto, e incluso dudó transmitírsela, pero pudo más la lealtad y el respeto que sentía hacia el padre de su esposa y amigo.

―Pues… verás… Al preguntarle por el tipo de piedras me ha respondido que no eran piedras.

―¿Y qué demonios eran? Se la veía divertida. ¿Cojoncillos de sus antiguos amantes?

―Casi. Me he quedado estupefacto y no sé si decía la verdad o estaba tomándome el pelo, aunque no lo creo, pero me ha dicho que se trataba de ojos de indios peruanos, que, gracias a una composición química, obtienen la dureza y el brillo del cristal. Y ha añadido que no solo es bonito sino enormemente caro, pues no es muy fácil proporcionarse ojos humanos, de personas vivas y sanas, aunque sean indias.”

El corto tiempo de las cerezas.

Nada más lejos de la realidad, le dije, y le expliqué –para su asombro– que en absoluto la anécdota era fruto de mi imaginación. Le aclaré entonces que el hecho que refiere está sacado de un periódico de la época, de un ejemplar de la época del periódico La Vanguardia.

Indígenas peruanos capturados (finales siglo XIX)

Y es que –como escribía en la entrada sobre los zoos humanos, las llamadas “exposiciones etnográficas” o “aldeas negras” estuvieron muy de moda en el mundo occidental desde principios de década de 1870 hasta la de 1930, manteniéndose en algunos casos hasta hace poco más de medio siglo. Estas exhibiciones coloniales mostraban aborígenes de diversos lugares del planeta colonizados por los blancos –a principios del siglo XX prácticamente no quedaba rincón alguno libre de la dominación occidental– en su “estado natural”, recreando su entorno a modo de decorados teatrales –en los que representaban sus danzas y rituales– y justificando así que fueran desnudos o semidesnudos.

París, Londres, Berlín, Bruselas, Madrid, Nueva York, fueron algunas de las capitales que ofrecían este tipo de atracciones cuyos visitantes se contaban por centenares de miles. La ocupación de vastos y lejanos territorios puso de moda lo exótico al despertar la curiosidad –el morbo si se quiere– por lo desconocido, que a los ojos de los occidentales resultaba extraño y estrafalario al tiempo que reafirmaba su superioridad. Primero se exhibieron animales. Pero pronto, avispados empresarios circenses –los encargados de proveer de animales a zoológicos y circos– descubrieron un auténtico filón con las “exposiciones etnográficas”. Para ello contaban con el beneplácito y colaboración de los gobiernos y de las principales sociedades científicas.

Retrato de los Kali’na exhibidos en el Jardin d’acclimatation de Paris en 1892.

Carl Hagenbeck –zoólogo, domador y director de circo alemán– fue el primero en exhibir, en el zoológico de Berlín, seres humanos (hombres, mujeres y niños samoanos y lapones) en 1874. Su iniciativa obtuvo un rotundo éxito y no tardó en ser seguida por otros. El Jardín de Aclimatación de París organizó en 1877 dos “espectáculos etnológicos” con indígenas africanos de involuntarios protagonistas. El éxito fue aún mayor. Más de un millón de personas visitaron las “exposiciones”, que se prolongaron hasta 1912. La cifra no fue nada comparada con la que alcanzaron las exposiciones universales de París desde 1878, en las que uno de los platos fuertes era este tipo de muestras. Así, la 1889 –que coincidía con el centenario de la Revolución francesa (aquella de la libertad, la igualdad y la fraternidad)– presentaba una “aldea negra” con más de cuatrocientos africanos capturados a tal efecto. La de 1900 mostraba un cuadro viviente de la isla de Madagascar que contó con más de 50 millones de visitantes. Y en la última, la de 1931, el “zoo humano” que se montó alcanzó los 34 millones de visitas.

En fin, lo dicho: fantasea todo lo que quieras que la realidad te superará siempre.

Entrada publicada originalmente en mi blog Música de Comedia y Cabaret el 15 de julio de 2015.