El Centre d’Estudis d’Història Local

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Entidad creada en 1988 por la Diputación de Valencia con el objetivo de dar soporte a la historia local y a las nuevas corrientes de renovación historiográfica en el País Valenciano, que vivieron un momento de efervescencia durante la década 1980-90. El Centre nació paralelamente a la organización del Primer Col·loqui Internacional d’Història Local. La sintonía entre Manuel Cerdà, director del Centre, y Antoni Furió, organizadores del coloquio, y otros miembros de las universidades de València (Joan Alcàzar, Pedro Ruiz y Ferran Garcia-Oliver) y Barcelona (Agustí Colomines) fue decisiva en su definición y trayectoria. Fue clausurado en 1995, año en que el Partido Popular consiguió el gobierno de la Diputación de Valencia.

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De izquierda a derecha: Antoni López, Ferran Garcia-Oliver, Joan Alcàzar, Manuel Cerdà, Antoni Furió y Agustí Colomines (1988).

En sus años de existencia desarrolló una notable actividad, que tuvo en la organización de cursos y congresos, la ayuda a la investigación y la política editorial sus materializaciones más notables. El Centre organizó los Col·loquis Internacionals d’Història Local y las Jornadas de Didáctica de la Historia, preparadas con los Centros de Formación del Profesorado; otorgó 38 becas y publicó los 28 títulos de la colección Història Local, que recogen el resultado de las investigaciones financiadas por la entidad, y las actas de los congresos de Historia local, de algunos congresos de estudios comarcales y del Primer Congrés d’Arqueologia Industrial del País Valencià, patrocinados por el Centre. También editó dos números de la colección Història Popular y seis de la revista Taller d’Història.

El Centre trató de cubrir lagunas dentro de la historiografía local, de manera que, si bien las primeras convocatorias fueron de tema libre, a partir de 1990 se favoreció la investigación sobre cultura material de las épocas preindustrial e industrial (con el objetivo de elaborar inventarios comarcales y de crear una gran base de datos) y, en general, sobre historia oral.

Inspirado por la historia social británica más progresista, el Centre trató de abrir sus actividades a los investigadores sin titulación académica y a la sociedad en general. Hacia el final de su existencia (1995, tras la victoria del Partido Popular), organizó talleres de historia, siguiendo la experiencia de los History Workshops británicos y con el asesoramiento de la Assotiation of Oral History.

Luís Pablo Martinez, entrada “Centre d’Estudis d’Història Local del País Valencià”, Diccionari d’historiogrqfia catalana, 2003.

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Noticia publicada en el diario Levante-EMV sobre las II Jornadas de didáctica de la historia (24/IX/1992).

Poco tengo que añadir al resumen que se hace en esta entrada sobre el Centre que, en síntesis, refleja con precisión su trayectoria. Solamente, unas pocas cosas. La primera, este párrafo que habla del Centre y que acabo de encontrar ahora en internet, lo que celebro, pues veo que todavía hay quien se acuerda de aquella experiencia:

“Ja en el període democràtic els ajuntaments crearen consells locals de cultura i patrimoni, i per exemple la Diputació de València creà el Centre d’Estudis d’Història Local, dirigit per Manuel Cerdà –voldria destacar el seu paper en la creació de la Coordinadora de Centres de Parla Catalana, al costat de la Coordinadora de Normalització Lingüística dels Ports i l’Institut d’Estudis de la Marina–, impulsor amb l’editorial Prensa Valenciana de grans obres d’investigació i divulgació vehiculades a través de Levante-EMV, com la Historia del Pueblo Valenciano (1988), Atlas del patrimonio cultural (2011), Gran Enciclopedia de la Comunitat Valenciana (2005-2007), etc., amb l’única taca de ser publicats en castellà.” [Emili Casanova Herrero: “L’aportació de les comarques a la cultura valenciana”, en Segona Trobada Universitat de València-Instituts d’Estudis Comarcals, Universitat de València, 2012, p. 35-54]

La segunda, los medios con que contábamos para llevar adelante las actividades ya citadas, que a continuación describo más detalladamente:

  1. Oferta formativa:
    • Organización y realización de los Col·loquis Internacionals d’Història Local: L’espai viscut (1988), Els espais del mercat (1991) e Història local i societat (1993). Su finalidad era, por una parte, ofrecer un referente teórico y metodológico a todos aquellos interesados en el ámbito de la historia local y su investigación, ámbito que no tiene por qué ceñirse al académico, y, por otro, estimular los debates y las discusiones necesarias para una mejor orientación de la tarea investigadora.
    • Organización y realización de jornadas de didáctica de la historia, orientadas a la enseñanza media, en colaboración con los Centros de Profesores. Se llevaron a cabo cuatro.
    • Organización y fomento de talleres de historia en barrios y pueblos de carácter formativo e investigador con la participación de la gente y de los profesionales de la historia con el fin de construir estudios específicos de mutua colaboración. Llegaron a funcionar siete.
  2. Apoyo a la investigación:
    • Convocatoria anual de becas de investigación. Al principio se becaban proyectos que presentaban los investigadores. Poco después, era el Centre el que marcaba las directrices que debían seguir las investigaciones, centrándose principalmente en dos campos: la creación de tipologías para poder estudiar mejor la cultura material y el recurso a la historia oral y la memoria colectiva. Se trataba, en definitiva, de incidir en la renovación metodológica de los estudios locales mediante la incorporación de toda clase de fuentes en la elaboración de modelos análisis eficaces que proporcionaran explicaciones satisfactorias. Y es que teníamos muy claro que el Centre no podía ser una especie de departamento universitario, uno más, sino trabajar en aquello que en el ámbito académico se soslayaba.
    • Cursos formativos para los investigadores para que pudieran integrar en su tarea los registros material y oral al registro escrito, siempre predominante.
  3. Publicaciones:
    • Colección Historia local (se publicaron un total de 28 títulos).
    • Revista Taller d’història (de periodicidad semestral, se publicaron 6 números).
    • Colección Historia popular (solamente se llegó a publicar tres títulos).
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De izquierda a derecha: Manuel Cerdà, Antoni Todera (vicerrector de Cultura de la Universitat de València) y Francisco Blasco (presidente de la Diputación) durante el acto inaugural del coloquio ‘L’espai viscut’ en la aula magna de la UV (1988).

El personal del Centre era el mismo que mencioné en la entrada Mi trabajo como editor: el Servicio de Publicaciones de la Diputación de Valencia: seis/siete personas: un encargado de corregir las galeradas de las publicaciones, un responsable de las cuentas presupuestarias, uno/dos administrativos, un mozo del almacén y el encargado del mismo, y yo. Lógicamente, también contaba con colaboraciones puntuales en determinados momentos y para determinadas tareas. El presupuesto de que disponíamos fue siempre bastante escaso y tuvimos que compensarlo con dosis de buena voluntad, con muchas horas de dedicación (no remuneradas la mayoría de las veces) y haciendo tareas que, en principio, no eran de la incumbencia de un servidor. Así, por poner un ejemplo, míos son el diseño del logo del Centre y de la mayoría de las publicaciones que editamos.

Quería hablar también en esta entrada de mi relación con los políticos, concretamente con los diputados de Cultura, pero voy a dejarlo para mañana. En 1989, al ver que la puesta en marcha del Centre no acababa de concretarse, recurrí a la prensa e hice unas declaraciones que ahora ni por asomo se harían ni se tolerarían. Y es que ahora existe un mayor recelo entre los funcionarios y más censura (y/o autocensura) que entonces, y más prepotencia. Pero mañana lo veremos.

Que tengan un buen día.

¡Amor en venta!

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Una canción de Cole Porter siempre es una buena canción, y toda buena canción ha de tener buena melodía y buena letra. Porter hacía las dos cosas: la música y la letra siempre eran suyas.

Love for Sale (Amor en venta) la compuso en 1930 para su musical The New Yorkers. En ella describe el amor desde el punto de vista de una prostituta durante los años de la ley seca, un “amor en venta: joven y apetitoso”. Durante décadas, las cadenas de radio estadounidenses se negaron a emitir la canción.

La versión del tema que he elegido para el vídeo es la que grabó Billie Holiday con su orquesta en 1952 para Clef Records, el sello discográfico de jazz estadounidense que creó Norman Granz en 1946. Las imágenes corresponden a cortes de diversos clips descargados de YouTube.

Que pasen un buen domingo.

El género como categoría de análisis histórico. Una reflexión en torno al 8 de marzo

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“Las espigadoras” (1857), óleo de Jean-François Millet.

Hoy, 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora (también Día Internacional de la Mujer, a secas), una jornada que no ha perdido un ápice de su carácter reivindicativo –todo lo contrario– pero sobre la que cabe preguntarse qué es lo que en realidad reivindica en estos momentos.

Hubo un tiempo –allá por las décadas de 1960 y 1970–, en el marco de lo que algunos han bautizado como “eclosión de los nuevos movimientos sociales”, en que comenzaron a cuestionarse muchas de las pautas sobre las que hasta entonces se habían basado las conductas en la sociedad occidental y que apenas habían sido objeto de atención por parte de los movimientos revolucionarios tradicionales. El Estado de bienestar –tras la derrota del movimiento obrero, las secuelas de la Segunda Guerra Mundial y la partición del mundo en dos bloques hegemónicos– parecía ser una garantía de orden social y prosperidad económica.

Manifestación feminista en Nueva York (1970).

Manifestación feminista en Nueva York (1970).

Habían pasado los tiempos en que la única solución posible a la liberación personal y colectiva era el fin del orden social capitalista. Ahora podían hacerse muchas cosas “desde dentro” y, así, surgieron movimientos reivindicativos de diverso signo que, ciertamente, denunciaban las desigualdades del actual modelo de sociedad y se oponían a ellas, y luchaban por conseguirlo. Mas, anticipándose sin pretenderlo a las tesis neoliberales sobre el “fin de la historia”, comenzaba a obviarse la tradicional división entre clases sociales a favor de la división por géneros, razas, etnias…, o incluso, más recientemente, civilizaciones, con lo que se prescindía de una premisa básica: en el orden social capitalista –por algo se llama así– es la situación económica –la posesión de bienes, lo que solo es posible para quien dispone de capital para ello– la que está en el origen de cualquier desigualdad.

poverty-has-a-womans-face_optEn este contexto –en el que prima la resolución más o menos inmediata a los problemas más tangibles de la vida cotidiana en detrimento de la razón última que los hace posibles–, el feminismo se convirtió desde la década de 1960 en uno de los movimientos punteros que defendían una sociedad más libre, más justa y más igualitaria. Y consiguió hacer realidad muchas de sus aspiraciones. Nadie con dos dedos de frente negará la marginación que han padecido las mujeres desde hace 400.000 años (Elisabeth Badinter: El uno es el otro, 1986)  ni su doble explotación (por ser persona y por ser mujer), ni cuestionará la legitimidad de las acciones emprendidas para conseguir una serie de derechos inherentes a la condición humana ni los logros alcanzados. Pero no se trata de esto, o solamente de esto. El problema es más amplio y complejo. Cuando las iniciativas por una sociedad mejor, por conseguir ese “otro mundo posible”, se basan en abstracciones (sexo, color de la piel, edad, etc.), cuando no en entelequias, parten ya de una ventajosa posición: la de aceptar implícitamente el status quo imperante al considerar su “problema” como algo independiente de las circunstancias históricas que lo hacen posible. Se puede reivindicar cuanto se quiera siempre que la economía, o el reparto de bienes, mejor dicho, no esté en su origen.

“Men-Women”. Pauline-Siebers©

“Men-Women”. Pauline-Siebers ©

Así las cosas, cabe que nos preguntemos ¿qué feminismo?, ¿qué logros?, ¿en beneficio de quién? Dejando de lado determinadas tesis del feminismo marxista o del anarcofeminismo, cada vez más alejadas del pensamiento y la acción del movimiento feminista, la llamada “revolución de la mujer” ni de lejos ha alcanzado a ese 50%, o más, que constituye la población femenina, siendo el número de mujeres asalariadas en la actualidad mayor que nunca en la historia. Pero este “crecimiento explosivo de la fuerza de trabajo femenina no se ha visto acompañado de una verdadera emancipación socioeconómica de la mujer” (Global Employment Trends for Women 2004, Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra). En cambio, ha aumentado, y aumenta día a día, el número de mujeres en puestos de responsabilidad, de mando y de decisión, es decir, el número de mujeres que se han incorporado a los centros de poder, hasta hace poco reservados casi exclusivamente a los hombres, las cuales han pasado a hacer suyos determinados valores –como la competitividad o la defensa del libre mercado– considerados por el feminismo, en sus inicios, como masculinos y que, lejos de cuestionar el sistema, lo reafirman. Y la verdad: que quién me explote sea un hombre o una mujer es secundario, lo que me importa es que no me exploten.

El género no puede ser una categoría de análisis del pasado ni del presente. Considerarlo así es subordinarlo de hecho a las relaciones de poder y de clase y reducirlo a símbolos y representaciones. El análisis ha de enmarcarse dentro de los límites en que actúan los mecanismos de control social que posibilitan tal situación. No es el género el que nos separa, es la desigual participación en la distribución de bienes.

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Nota: Publiqué esta entrada por primera vez hoy hace tres años en mi blog (ahora inactivo) Música de Comedia y Cabaret, poco después de que este dejara de ser anónimo y empezara a publicar en él otros escritos míos. Iba a actualizarlo, pero al final me he limitado a corregir alguna que otra cosa, pocas. Sigo pensando lo mismo. Sigo rechazando una supuesta igualdad que no busca la transformación social, sino la participación de la mujer en los privilegios, el poder y los estamentos jerárquicos considerados exclusivamente masculinos. Mas de esto ya hablé en la entrada Manifiesto fundacional de la AIL. A ella les remito en todo caso.