Yo besé a Rosaura y Rosaura me besó a mí

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Yo besé a Rosaura y ella me besó a mí. Ese era el hecho. Eso sucedió. Pero si ahora me reencontrase con Rosaura, Rosaura ya no sería Rosaura, la Rosaura que yo había conocido, sería otra Rosaura, como yo no era aquel yo, sino otro yo. ¿Qué lugar ocuparía ahora aquel beso en los recuerdos de Rosaura? ¿Lo habría olvidado? ¿Seguiría presente en su memoria? Si lo recordaba es que para ella fue, simplemente fue, lo que ya es; si solo rara vez lo rememorara es que seguía existiendo pero no fue lo que para mí fue, por lo que ya serían dos cosas distintas un simple hecho, o tres si, contrariamente a lo que yo creía, alguien llegó a contemplar la escena. Tres cosas distintas, tres significados diferentes, un mismo hecho, y es posible que donde yo viera amor Rosaura únicamente apreciase un gesto cariñoso de despedida, y el hipotético observador simple concupiscencia. Pero yo besé a Rosaura y Rosaura me besó a mí. Eso fue. Claro que nada es lo que es y tampoco lo que parece. Un reencuentro (…) podría corromper mi recuerdo, incluso romperlo en mil pedazos, y tendría que empezar de nuevo, o abandonar la empresa, tal vez recomponerme, y de ahí a la locura hay un paso.

Manuel Cerdà: El viaje (2014).

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2015/11/04/yo-bese-a-rosaura-y-rosaura-me-beso-a-mi/

Migrantes en la isla de Ellis

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Migrantes haciendo cola en la isla de Ellis para pasar los correspondientes exámenes médico y administrativo (1892).

El Bretaña se aproximaba a la bahía de Nueva York. Desde cubierta se veían cada vez más altos los edificios, se agrandaban por momentos. El barco se detuvo en la isla de Ellis. La cercana estatua de la Libertad parecía darles la bienvenida. Samuel creyó que ya habían llegado pero no era así, allí solo desembarcaron los pasajeros de tercera clase, migrantes que habían dejado su país y con ello, creían, también su infortunio. Estados Unidos era para millones de trabajadores de finales del siglo XIX y principios del XX la tierra de las oportunidades, la esperanza de lograr una vida digna con su esfuerzo.

De pronto, junto al barco, entre vallas de madera, vio alineados –no supo calcular el número, puede que un centenar– a hombres, mujeres y niños, compañeros suyos de viaje de los que en ningún momento advirtió su presencia. La expresión de sus rostros, no obstante, le resultaba familiar: evidenciaban esa apatía que caracteriza a los perdedores, a los ya derrotados antes de emprender batalla alguna. ¿Dónde estaba toda esta gente?, preguntó al capitán. Abajo, son los que vienen buscando mejorar su suerte, los que viajan en tercera clase, no tienen acceso a las plantas superiores, respondió este. Claro, claro, entiendo, dijo Samuel.

El barco siguió hacia la bahía alta una vez que los pasajeros de tercera hubieran abandonado el buque para pasar los correspondientes exámenes médico y administrativo. Los nativos blancos estadounidenses de las clases media y alta no querían en sus tierras a inmigrantes de los pueblos eslavos o mediterráneos, ni semitas; para ellos suponían una carga o una amenaza para la seguridad de la cada día más próspera nación que hacía del progreso seña de identidad nacional.

Manuel Cerdà: El corto tiempo de las cerezas (2015).

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2015/11/03/en-la-isla-de-ellis/

El estrecho camino por el que deambulamos

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El artista ruso Piotr Pavlenski rueda envuelto en un rollo de alambre de púas en una protesta simbólica frente a la sede de la Asamblea Legislativa de San Petersburgo (3 de mayo de 2013).

La holgura que ansiabas tener cuando estabas en el angosto vientre de tu madre se ha mostrado tan reducida como la vía por la que se accede al dolor ajeno. Siempre es estrecho el camino por el que deambulamos, pensar en el futuro es un suplicio.

Llega un día en que la barrera más grande resulta que eres tú mismo, algo que solamente alcanzas a comprender al cabo de muchos años, cuando ya sabes que la sociedad ─la humanidad también─ no acepta a los volubles, a los que cambian de parecer según se experimenta y se aprende, a los que caminan sin rumbo fijo buscando únicamente percibir sensaciones, las que sean, a los renuentes a estandarizar y simplificar costumbres e intenciones hasta que se diluyan en la unicidad, en la hipnosis espectacular a que nos hemos entregado. Impotentes con nosotros mismos, y desde la premisa de la futilidad de toda aspiración propia y de la inutilidad de cualquier esfuerzo, solo nos movemos en la impasibilidad, poco importa que los cimientos que sostienen el entramado vital se hallen ahora sobre arenas movedizas, incapaces de soportar tanto peso. Ya no somos, dejamos de ser hace tiempo. Separación de las distintas facetas de la vida en esferas concéntricas que nunca se juntarán por próximas que estén.

Manuel Cerdà: El viaje (2014).

Publicada originalmente en: https://musicadecomedia.wordpress.com/2015/10/27/el-estrecho-camino-por-el-que-deambulamos/