Ennio Morricone en concierto

maxresdefault-1

Por un puñado de dólares, El bueno, el feo y el malo, Hasta que llegó su hora, Novecento, La misión, Érase una vez en América, Días del cielo, Cinema Paradiso… Son solo unos pocos títulos de conocidas películas cuya banda sonora es obra de Ennio Morricone, compositor y director de orquesta nacido en Roma en 1928 considerado, con todo merecimiento, uno de los compositores de temas instrumentales más populares de la segunda mitad del siglo XX. Autor nada menos que de las bandas sonoras de más de quinientas películas y series de televisión, su trabajo para Sergio Leone en aquellos míticos spaghetti westerns de la década de 1960 le inmortalizó y le dio a conocer internacionalmente. Morricone –versátil como pocos– ha compuesto también para Pasolini, Cavani o Bertolucci, entre otros, y su música está presente en filmes de muy diversos géneros cinematográficos: películas policiacas, documentales, comedias eróticas, dramas y, por supuesto, los westerns de Leone que lo dieron a conocer.

Nominado varias veces a los premios Oscar, no ha conseguido ninguno, pero en 2006 –tal vez para lavar la mala conciencia de los académicos que en su momento dieron el preciado galardón a obras de manifiesta calidad inferior– se le recompensó con el Oscar honorífico. Ha obtenido también Varios premios BAFTA, varios David de Donatello, varios Nastro d’argento y el Grammy Trustees Award (Premio a la trayectoria musical) en 2014.

La música de Ennio Morricone aúna dos aspectos que pocas veces se dan: es al mismo tiempo fácil de escuchar y de elaboración ciertamente compleja, lo que le permite recrearse en ella y orquestarla a su manera. “Desprecio la melodía, pero en el cine estoy obligado a hacerla, y así lo cumplo. Solo que la abordo de una manera distinta, más científica, más matemática; no llevado por la intuición ni por el romanticismo”, declaró a El País en marzo de 2007. En el concierto que vamos a ver –parte de él, claro; siempre estamos condicionados a la existencia de vídeos que pueden insertarse– se nota que está exento de tal obligación.

El concierto a que nos referimos –uno de tantos con los que nos ha deleitado en los últimos años– tuvo lugar en el Arena de Verona (Verona, Italia) el 28 de septiembre de 2002. Además de la Orchestra Roma Sinfonietta, dirigida por él mismo, participaron en el evento la pianista Gilda Buttà, la soprano Susanna Rigacci y el Nuovo Coro Lirico Sinfonico Romano. El mismo concierto se celebró en la plaza de San Marcos de Venecia en 2007.

Hemos ordenado los vídeos –pertenecientes a los dos conciertos mencionados– según el año en que se estrenó la película a cuya banda sonora pertenece el fragmento musical elegido por el propio Morricone, por lo que comenzamos con el tema principal del filme Il buono, il brutto, il cattivo (El bueno, el feo y el malo en España, El bueno, el malo y el feo en Hispanoamérica), que dirigió en 1966 Sergio Leone e interpreta Susanna Rigacci acompañada del coro.

El cine de Gillo Pontecorvo, comprometido, de fuerte carga política, ganó en intensidad narrativa gracias a la música de Morricone, que no se limita a una simple ambientación y sirve a las necesidades de la película. “No hay que olvidar que el cine se dirige por igual al oído y a la vista, y la música no puede estar en un escalón inferior”, declaró este. En los dos vídeos que siguen escuchamos los temas principales de los filmes de Pontecorvo La batalla de Argel (La battaglia di Algeri), de 1966, y Queimada, de 1969.

Entre una y otra Morricone –prolífico, infatigable– colaboró de nuevo con Leone en la banda sonora de Hasta que llegó su hora (1968, C’era una volta il West). Así de bien suena la versión sinfónica de este tema que compuso para ella con Susanna Rigacci y el coro.

Finalizamos –no por falta de ganas de seguir con la música de este excepcional compositor sino porque es el último de los vídeos que hemos localizado del concierto que nos ocupa con una buena calidad de imagen y sonido– con una de sus mejores obras para el cine, la banda sonora de Cinema Paradiso (su suite orquestal siendo precisos), entrañable película de Giuseppe Tornatore estrenada en 1988 y ganadora de prestigiosos premios cinematográficos como el Gran Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes (1989), Mejor banda sonora en los David de Donatello (1989), Oscar a la Mejor película de habla no inglesa (1989) y Globo de Oro a la Mejor película extranjera (1990), entre otros.

Que pasen un muy buen día.

Bossa nova: de los orígenes a la internacionalización

bossa

En el origen fue el samba, un baile que se desarrolló a inicios del siglo XX en Río de Janeiro, São Paulo y Bahia, de movimiento rápido, ritmo sincopado y evidentes  raíces africanas, una danza que representaba el legado cultural de los negros llevados al país como esclavos. Su nombre, parece ser, viene de la coreografía de dicha danza, que incluía la frotación de los ombligos (semba significa ombligo en idioma bantú). Con las primeras manifestaciones a favor de la preservación de una cultura en vías de desintegración, en la primera década del siglo XX empezaron a aparecer los compositores, y las canciones –hasta entonces mero acompañamiento de la danza– se transformaron en obras de autor, dejando las letras de ser improvisadas.

Como expresión cultural de las clases populares que era, el samba no fue aceptado en sus inicios como parte de la cultura oficial, llegando a suceder en ocasiones incluso que la policía confiscara las guitarras de los sambistas. Pero el auge de los carnavales –que no tendrían sentido sin el samba– y la consagración a nivel popular de algunos músicos, como Pixinguinha, cambió las cosas. De Pixinguinha escuchamos su famoso tema Carinhoso –que compuso entre 1916 y 1917 y al que luego puso letra João de Barro– en la magnífica versión que nos ofrecen Paulinho da Viola y Marisa Monte.

Con el auge de compositores y músicos, nació el samba-canção, más pausado y sentimental que el samba de carnaval, y el samba-exaltação, con temas que abordan la cultura propia del país más allá de su adscripción a un folclore específico. A partir de aquí, y en unos momentos en que se produjeron cambios políticos de gran calado en Brasil, la propia evolución del samba daría lugar a la bossa nova. Entre estos compositores juegan un papel destacado Ary Barroso y Dorival Caymmi. El primero es autor de sambas de elaboradas armonías como Na baixa do sapateiro (1938, conocida también como Bahia, tema que versionaría poco después nada menos que John Coltrane) y Aquarela do Brasil (1939). El segundo compuso algunos de los más hermosos sambas, como Samba da minha terra (1940). El samba se convertía, así, en un género popular cada día más aceptado. Como dice la letra de Samba da minha terra, “Quem não gosta de samba / bom sujeito não é / é ruim da cabeça / ou é doente do pé” (Quien no gusta del samba / no es buena persona / o está mal de la cabeza / o enfermo de los pies).

Vamos con algunos temas de estos dos sensacionales compositores. Los dos primeros vídeos recogen una versión de Aquarela do Brasil a cargo de Gal Costa y Na baixa do sapateiro, interpretada por la gran Elis Regina durante el Festival de Jazz de Montreux de 1979.

Los dos siguen corresponden a sendos temas de Caymmi: en el primero vemos a Gilberto Gil en Saudade da Bahia; en el segundo son Alcione y Terra Samba quienes interpretan Samba da minha terra.

En la década de 1950 Brasil, tras haber roto relaciones diplomáticas con Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, conoció una forma de gobernar distinta con una nueva constitución de marcado carácter progresista que dejaba libertad de actuación a los sindicatos y toleraba la presencia en la escena política del Partido Comunista. No obstante, con el socialdemócrata Juscelino Kubitschek al frente el país conoció una fuerte inflación y una crítica situación financiera a causa de su política de grandes inversiones, como las que supuso la creación de la nueva capital: Brasilia. Le sucedió el laborista João Goulart después de una crisis político-militar, pero en 1964 sería destituido por un golpe de estado auspiciado por la oligarquía conservadora.

En estos años de mediados de los 50, en los que hubo una mayor libertad, irrumpió la bossa nova –“ritmo nuevo” –, una manera distinta de hacer música mucho más libre, alejada de los cánones imperantes, mezcla de mestizaje cultural, representativa de la diversidad del país, que entre sus innovaciones propagaba la práctica de acordes disonantes y armonías modulantes, interpretaciones intimistas a partir de un instrumental simple y un lirismo coloquial. Con raíces en el samba tradicional, y especialmente en el samba-canção, la bossa es un género más elaborado, desarrollado por músicos con base jazzística y erudita. Fue en un principio la música de la clase media.

La primera canción que se considera una bossa nova se grabó en 1958. Nos referimos a Chega de Saudade, un tema compuesto por Antonio Carlos Jobim y Vinícius de Moraes que grabó João Gilberto y podemos ver bajo estas líneas interpretada por el propio João Gilberto y Caetano Veloso en un concierto que tuvo lugar en Buenos Aires en 2000.

Rápidamente la bossa se hizo tremendamente popular en Brasil y sus ecos se dejaron sentir fuera de sus fronteras. Ello se debería principalmente a los trabajos de João Gilberto, Tom Jobim y Vinicius de Moraes, entre otros, y al interés por el ritmo nuevo que mostraron muchos músicos de jazz, como el saxofonista Stan Getz. Fue también determinante el éxito conseguido por la película de Marcel Camus Orfeo negro (1959), Palma de Oro en el Festival de Cannes y oscar a la mejor película extranjera, cuya banda sonora corrió a cargo de Jobim y Luiz Bonfá, con canciones tan famosas como A felicidade –“Tristeza não tem fim, felicidade sim”– y Manhã de Carnaval. Escuchemos ambas. La primera por el propio Jobim en Montreal (1986). La segunda (música de Bonfá) a cargo de Baden Powell.

Tres años después (1962) vería la luz la canción más popular de todas cuantas se han escrito hasta el momento dentro de la bossa nova. Estamos hablando, cómo no, de Garota de Ipanema. La anécdota que dio paso a la composición es sobradamente conocida: Tom Jobim y Vinicius de Moraes veían pasar todos los días frente al café Veloso, en el que ellos se sentaban, a una hermosa joven de 18 años (Helô Pinheiro) camino de la playa. La admiración que despertó en ellos dio lugar a Menina que passa, como en un primer momento se denomino Garota de Ipanema. Escuchemos a João Gilberto y Tom Jobim treinta años después de que fuera compuesta la canción.

Garota de Ipanema, el mayor éxito de la música brasileña, pasaría a partir de entonces a formar parte del repertorio de toda clase de músicos, hasta el punto de ser el segundo tema más versionado en el mundo, solo superado por Yesterday, de The Beatles. A través de ella la bossa sería conocida, y reconocida, internacionalmente. Decisiva fue la grabación que en 1964 realizaron Stan Getz y João Gilberto del tema, incluido en el legendario LP Getz/Gilberto, un disco que tuvo una gran repercusión a todos los niveles y sirvió para descubrir otra de las voces carismáticas de la bossa: Astrud Gilberto, entonces pareja sentimental de João. Quedarse con uno solo de los temas que figuran en este espléndido disco es prácticamente imposible, pero Garota de Ipanema es, sin duda, imprescindible. La interpretan Astrud Gilberto y Stan Getz en una actuación para televisión el mismo año que salió el álbum.

De los demás que integran este legendario álbum nos hemos decantado por Desafinado (música de Jobim, letra de Newton Mendoça) en tanto que su letra es una declaración de intenciones de lo que representaba y quería ser la bossa nova:  “Si usted dice que yo desafino, amor, / sepa que esto en mí provoca inmenso dolor / … / Si usted insiste en clasificar / mi comportamiento de antimusical, / yo, incluso mintiendo, puedo argumentar / que esto es “bossa nova”, / que esto es muy natural / …/ Usted con su música olvidó lo principal / y es que en el pecho de los desafinados, / en el fondo del pecho late callado… / y es que en el pecho de los desafinados / ¡también late un corazón!”. En el vídeo con que finalizamos esta entrada vemos a Tom Jobim en un momento del histórico recital que tuvo lugar en Milán en 1978.

Por supuesto, no están aquí todos los nombres que formaron el movimiento, solo hemos hecho un sucinto repaso por esos momentos clave que posibilitaron el auge de la bossa nova y la llevaron a ser conocida, y reconocida, internacionalmente. Pero de ellos hablaremos en futuras entradas.

Que pasen un buen día.

____

* Buena parte de la información la hemos consultado en Músicas do Brasil. Samba, bossa nova y música popular de Brasil, Time Life, 1988.

Cinco cortos animados con Halloween de protagonista

cap13

Mañana, 31 de octubre, es la víspera del Todos los Santos, día en que el cristianismo rinde culto a los santos y justos en general. La conmemoración –estrechamente relacionada con antiguas tradiciones paganas de origen celta– parece ser que fue instituida en el mundo cristiano por el papa Gregorio IV, quien ordenó en el año 835 honrar a todos los santos del cielo en esta fecha y recordar a los difuntos.

La creencia tradicional es que el 1 de noviembre los vivos visitan a los muertos y el 2 de noviembre los muertos visitan a los vivos. Cuando yo era pequeño vivía muy mal la noche del 1 al 2 de noviembre temiendo que el fantasma de algún difunto se me apareciera de repente. Y eso a pesar de que mi pueblo, Muro d’Alcoi (Alicante), dista solo cinco kilómetros de Cocentaina, donde desde 1346 se celebra la Fira de Tots Sants, antigua feria de ganado que fue evolucionando y, ya entonces –les hablo de hará unos cincuenta años– había, además de productos agrícolas y/o industriales, atracciones recreativas, circo, puestos de venta de dulces y de chucherías, etc.

Pero, así y todo, Todos los Santos no dejaba de ir asociado a la muerte, que era algo tétrico. Tal vez por ello –y considerando el peso que tenía el catolicismo en la España franquista– Halloween –cuyo aspecto festivo sobresale sobre todos los demás– ha terminado por imponerse. Por supuesto, no es este el único motivo. Como muy bien describe Guillermo Altares en su artículo “Cómo Halloween derrotó a Todos los Santos” (El País, 29 de octubre de 2015):

“Con el nacimiento del consumo masivo en Estados Unidos fue convirtiéndose en una fiesta cada vez más popular, con millonarias ventas de disfraces (…) y de caramelos (…) A partir de los años setenta, Hollywood hizo el resto para transformar Halloween en una fiesta universal y derrotar las representaciones de Don Juan en la noche de Todos los Santos. (…) La versión celta de Todos los Santos sigue avanzando ante la irritación de la Iglesia católica –este año el delegado de Hermandades del Obispado de Cádiz, Juan Enrique Sánchez, la ha calificado de ‘fiesta satánica, que propone monstruos’–. Pero, como escribió Roger Clarke, ‘la literatura de fantasmas ha sido el gran regalo de Inglaterra al mundo». Halloween forma parte de este antiguo e irresistible relato”.

Lógicamente, no en todos los países ha sido así. Por eso decía que el peso que en España tuvo la Iglesia católica no fue el único motivo y recurría a las palabras de Altares. El Día de los Muertos de México y las diversas maneras en que se celebra la festividad en muchos países latinoamericanos nada tienen que ver con mis vivencias, el color y los motivos alegres son sus protagonistas. Aun así, Halloween tiene cada vez más relevancia, además de en España, en países como Argentina, Chile, Colombia, México, Perú y, general, el conjunto de Centroamérica.

Hecha esta introducción –que ha quedado bastante más extensa de lo que en un principio pretendía– vamos con lo que es la entrada en sí: los cinco cortos animados que hemos seleccionado tomando Halloween como motivo. El primero de ellos es todo un clástico: The skeleton dance (La danza del esqueleto), un corto animado de 1929 que produjo y dirigió Walt Disney con dibujos de Ub Iwerks y música de Carl Stalling.

La Danse macabre (Danza macabra) es el título de una breve composición sinfónica que compuso en 1874 Camille Saint-Saëns inspirándose en un poema de Henri Cazalis. Se estrenó en París en enero de 1875 y nos presenta a la Muerte tocando el violín a media noche con los esqueletos bailando a su ritmo. Hasta el amanecer, cuando con el canto del gallo, y como dice la leyenda, los muertos regresan a sus tumbas. La pieza de Saint-Saëns ha sido tema recurrente de las bandas sonoras de películas y de cortometrajes. De los últimos, nos quedamos con este que realizó S.E. Henderson en 2010.

Día de los Muertos se titula el corto que viene a continuación, cuyo argumento se centra en una niña que visita la tierra de los muertos, donde aprende el verdadero significado de la fiesta mexicana Día de Muertos, que también se celebra en otros países de América Central. Fue realizado por Ashley Graham Kate Reynolds y Lindsey St. Pierre como trabajo de final de graduación en el Ringling College of Art and Design (Sarasota, Estados Unidos). La música es de Corey Wallace. Fue galardonado con el Oscar Estudiantil a Mejor Corto Animado en 2013, año de su producción.

Trick or Treat es obra de Brad Chmielewski con dibujos de Ethan Barnowsky, Brad Chmielewski y Jake Williams, y se realizó en 2012. Trick or Treat, que podríamos traducir como “Travesura o golosina” –no como “truco o trato”, pues con treat lo que los niños piden es un regalo, como unas chucherías o unos caramelos, por ejemplo– nos ofrece una divertida situación con unos peques que van de casa en casa y que al final solo se asustan cuando ven al adulto  de verdad, sin disfraz.

Finalizamos la entrada con The Ritual, primer cortometraje de Mike Gambardella que resultó ganador del concurso MODO Halloween que convoca en Londres The Foundry para aquellos cortometrajes realizados con su programa de animación MODO.

Feliz fin de semana.