Come prima

A1 - copia

Para derretirse es esta versión de Come prima que interpreta, con el solo acompañamiento de su guitarra, Caetano Veloso. Come prima es una conocidísima canción que compusieron Vincenzo Di Paola (música) y Mario Panzeri (letra) y grabó por primera vez Tony Dallara en 1957. A pesar de ser rechazada para participar en el Festival de la Canción de San Remo, se vendieron más de 300.000 copias del single que la contenía al poco de salir este a la venta, convirtiéndose en el mayor éxito de ventas de la canción italiana hasta entonces. Un año después también la grabaron Marino Marini, Domenico Modugno y la orquesta de Armando Trovajoli con la cantante Miranda Martino. Las versiones se sucedieron y se grabó en otros idiomas. Así lo hicieron, entre otros, Malcolm Vaughan (1958, con el título More Than Ever), The Platters (1958, con el título For the First Time), Los Cinco Latinos (1958, Como antes) o Dalida (1959, con el título Tu me donnes). Más recientemente hay que mencionar las versiones de Golpes Bajos (1984) y de la italiana Mafalda Minozzi (2013) y la que he elegido para confeccionar este vídeo –para mí, ninguna como esta–, la que interpretó Caetano Veloso en el Teatro Nuovo (Dogana, Republica de San Marino) los días 28, 29 y 30 de octubre de 1997 en homenaje a Federico Fellini y Giulietta Masina (Per Federico e Giulietta), quienes desde que se conocieron se amaron intensamente hasta el fin de sus días. El recital que se grabó en directo y salió en CD en 1999 con el título Omaggio a Federico e Giulietta.

Les dejo con Caetano Veloso y su cautivadora versión de Come prima, y con ella con toda la poética musical y las exquisiteces vocales que transmite su voz embelesadora. No sé si se les gustará el vídeo. La canción seguro que sí, deben conocerla de sobra.

La ballade des gens qui sont nés quelque part (La balada de los idiotas felices)

00A - copia

Otro vídeo, otra canción de Georges Brassens: La ballade des gens qui sont nés quelque part (La balada de la gente nacida en cualquier lugar). Conocida también en español como La balada de los idiotas felices, Brassens –autor de música y letra– la grabó por primera vez en su álbum Fernande, de 1972.

Con él despido esta semana de fastos patrios en la que los que vivimos en el País Valenciano hemos tenido que soportar dos veces: el 9 (Día de la Comunidad Valenciana) y el 12 (Fiesta nacional de España). No todos, obviamente, pues las calles se han llenado de fervorosos patriotas. Se ha visto mucha gente con banderas y pancartas en mano que jamás llegarán a tocar las auténticas palancas del poder, alejadas tanto de ellos como de aquellos que dicen representar ‘sus intereses’. El País Valenciano es ejemplo de que, al final, unos y otros persiguen el mismo objetivo: “ofrendar nuevas glorias a España”, o lo que es lo mismo, a quienes de verdad la controlan, la élite financiera. “Todo discurso político tiene que dar por sentado que estamos de acuerdo en la necesidad del crecimiento económico y que el único problema estriba en encontrar el partido político más capacitado para conseguirlo”. Estos, con su “arrogancia insufrible”, “hace mucho tiempo tuvieron la audacia, valiéndose del control parlamentario de la radio y la televisión, de conquistar para ellos esta parte intelectual de la nación. La política fue definida como política de partidos y luego se la repartieron, desigualmente, entre ellos”. Son palabras de E.P. Thompson (Nuestras libertades y nuestras vidas, 1987), de quien no puede decirse que sea un antisistema. Pero es que Thompson fue uno de los grandes historiadores del siglo XX.

A mí –ya lo he dicho otras veces, y escrito– España me la suda, me suda la polla por delante y por detrás, como dijo el gran Pepe Rubianes. Parafraseando a Camus, amo demasiado la gente para ser nacionalista. Abomino de quienes anteponen la nación a sus habitantes, se autoproclamen –o así se les considere– progresistas o conservadores, socialdemócratas o neoliberales, de izquierdas o de derechas. Simples convencionalismos, pero necesarios para reforzar el sistema y ejecutar y cumplir, todos, las órdenes de otros, los que realmente detentan el poder, a los que este tipo de asuntos también se la sudan.

Que políticos y acólitos dejen ya tan manido asunto y con su pan se lo coman, a ver si se les indigesta. Que dejen de marearnos, se vayan a la playa y disfruten un poco, que siempre están con la misma cuestión. ¡Cuánta milonga! ¡Qué manera de perder el tiempo! En este mismo sentido me la sudan también el País Valenciano (o Comunitat Valenciana), Cataluña (o Catalunya), Francia (o France), Rusia (o Россия), China (o 中华人民共和国), Estados Unidos (o United States of America) que Tuvalu. En todas partes existe, como canta Brassens, “la raza de los chauvinistas, de los portadores de estandartes”, a quienes poco a poco “sus ínfulas suben tan alto que cualquiera les debe envidiar”. Son “los felices idiotas nacidos en cualquier lugar”, imbéciles miserables “que no tiene(n) en el mundo nada de lo que pueda(n) enorgullecerse [y] se refugia(n) en este último recurso de vanagloriarse de la nación a la que pertenece(n) por casualidad; en ello se ceba(n), y en su gratitud estúpida está(n) dispuesto(s) incluso a defender a cualquier precio todos los defectos y todas las tonterías propias de su nación” (Arthur Schopenhauer: Eudemonología o el arte de ser feliz, explicado en 50 reglas para la vida, 1951).

Ciertamente, como dice Brassens, la vida sería más bella si no existiesen esos felices idiotas nacidos en cualquier lugar. Que la ideología se desvanezca y sea la razón la que identifique los verdaderos problemas que afectan al día a día de la gente se me antoja una utopía, pues “debido a su inhibición (de políticos e intelectuales, mejor ‘expertos’) de todo ‘utopismo’ y a su represión de la ‘educación de los deseos’”, esta dinámica “reproduce en el interior del capitalismo las razones mismas del capital –la definición utilitarista de ‘necesidad’–, y por ende en el momento mismo que invita a luchar contra su poder, inculca a su vez la obediencia a sus reglas” (E.P. Thompson: Miseria de la teoría, 1978).

Y ya. Basta de hablar de los idiotas estos. No merecen tanto.

Feliz domingo.

So in Love

01 - copia

Otra bellísima canción, otra de mis preferidas. Esta de Cole Porter, uno de mis compositores favoritos. “So in Love” (Tan enamorada / Tan enamorado / Tan enamorados) es una extraordinaria canción que este escribió en 1948 para Kiss me Kate, musical basado en La fierecilla domada, de Shakespeare. Tan enamorado, o tan enamorada, según, pues la cantan sus dos protagonistas principales, él en el primer acto y ella en el segundo.

En la década de 1940 la popularidad de Porter había descendido considerablemente. Vivía en Hollywood, donde escribía bandas sonoras para películas, al tiempo que seguía componiendo también para Broadway. Sin embargo, sus musicales no gozaban de la aceptación que habían tenido sus obras de la década anterior. Cuando ya todos consideraban su carrera terminada, regresó el triunfo con el estreno de Kiss me Kate, que se representó más de mil veces ininterrumpidamente. Buena parte de este se debió a las magníficas canciones que incluía, sobre todo, “So In Love”.

En el vídeo –donde “So in Love” sería, pues, ‘Tan enamorados’– la interpretan Keely Smith y Frank Sinatra. La versión pertenece al álbum Kiss me Kate, número dos de la serie Reprise Musical Repertory Theatre (12 elepés que se grabaron en Los Angeles en 1963, concebidos y producidos por Frank Sinatra).

Keely Smith (1928-2017) fue una excelente cantante que no es recordada como se merece. Casada con Louis Prima, actuaban en un show nocturno en el Sahara Hotel de Las Vegas en la década de 1950. Smith se hizo amiga de Frank Sinatra, que se convirtió en su admirador y mentor, y con él grabó varias canciones a dúo en la década de 1960. En 1961 se divorció de Prima y parece ser que no aceptó la propuesta de matrimonio de Frank Sinatra. En 1965 triunfó en el Reino Unido con un álbum con canciones de The Beatles. Se casó de nuevo ese mismo año y se retiró del mundo de la música. En 1985 reapareció con el álbum I’m in Love Again. Luego grabaría Swing, Swing, Swing (2000), Keely Sings Sinatra (2001) y Keely Swings Basie-Style With Strings (2002).

Que tengan un buen día.