El viaje (nueva edición)

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El viaje es la primera novela que publiqué. Fue a principios de 2014. Hace cinco años, pues. Es también, por ello, la primera que presento hoy de las tres que he que he rehecho (El corto tiempo de las cerezas y Adiós, mirlo, adiós son las otras dos). Cuando hablo de que he rehecho –como exponía hace dos días en la entrada Comenzar de nuevo– no me refiero al texto, que sigue siendo el mismo –con alguna que otra corrección necesaria–, sino a su aspecto, a su diseño y maquetación.

El viaje, sin embargo, presenta otra novedad más: la inclusión de 23 fotografías (21 de ellas de mi hijo, Nelo Cerdà) que en su momento, cuando la publiqué por primera vez, seleccioné para la posible portada. He de aclarar que me he servido de ellas de forma arbitraria, recortándolas o convirtiendo a blanco y negro algunas cuyo original es en color, siguiendo el único criterio de que estas se ajustasen al nuevo diseño. Lógicamente, algunas distan mucho del original. Pero mi hijo me dijo algo así como “haz con ellas lo que te venga en gana”. Y eso hice.

De las opiniones que algunos lectores, pocos, han tenido a bien escribir en Amazon, me quedo con dos: “Una historia de increíbles contrastes entre la sensibilidad de muchas descripciones y la dureza de muchas situaciones y personajes. Una visión crítica de la realidad más inmediata que te atrapa por llamar a las cosas por su nombre, con crudeza y sin dobleces” (que firma Marta Vendrell) y “El autor muestra un gran dominio del lenguaje, con una prosa interesante que te hace pasar de la ternura a la derrota en unas páginas. En definitiva, una lectura que llega y llena” (que firma Ana Sebastià). Es, a fin de cuentas, lo que pretendía.

En fin, espero que a todos aquellos que no han leído El viaje esta nueva edición despierte su interés y –¿hace falta decirlo?– que la compren. Se agradecen, y mucho, los comentarios, sean halagadores o críticos, pero la mayor recompensa es la que se obtiene cuando ves que tu libro ocupa un lugar destacado en la clasificación en los más vendidos de Amazon. C’est la vie, putain de vie.

Mon homme

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“Eres malo y no me convienes, pero me vuelves loca”. Esta frase es de la canción Side to Side, que grabaron hace dos años (2016) Ariana Grande y Nicki Minaj. Busco el vídeo en YouTube y veo que tiene, en estos momentos, 1.416.260.115 visualizaciones y 7,1 millones de ‘me gusta’. Casi nada. Cien años antes de salir a la venta Side to Side, Mistinguett cantaba “En este mundo, mi única alegría, mi única felicidad, es mi hombre. (…) No es guapo, ni rico, ni fuerte. Sé que soy idiota, pero le amo”. Más o menos lo mismo. Siempre se ha cantado y escrito –con mayor o menor fortuna, esa es otra cuestión– sobre el amour fou, ese amor, o enamoramiento, que se siente hacia otra persona a sabiendas de que no te ‘conviene’, que en realidad le importas un bledo y al final acabará destruyéndote. Sin embargo, es tal la obsesión y fascinación que algunos/as experimentan, o más bien sufren, hacia el otro/a que les resulta imposible escapar de una relación, que en realidad es una adición, a todas luces autodestructiva.

Digo esto porque estos tiempos de corrección política mal entendida son muy propicios a mezclar churras con merinas. Que la letra es misógina, pues sí. ¿Y? Que la canción ya cuenta con 102 años de existencia, que todas las cosas y hechos han de enmarcarse en las coordenadas espacio-tiempo. Es así de simple, de lógico.

En fin, vamos ya con esta canción de letra misógina e incorrecta políticamente que no deja de ser otra cosa que una melancólica canción de tantos y tantos amores proletarios. Con su magnífica melodía, es una de las más bellas canciones que se han escrito a una prostituta. La letra es de André Willemetz y Jacques Charles y la música de Maurice Yvain. Mon homme fue el primer gran éxito que conoció Mistinguett, en 1916. Unos años después, en 1920, la grabó por primera vez en disco y desde entonces no ha dejado de ser grabada al tiempo que interpretada por músicos de todos los géneros –instrumentistas y cantantes–, sobre todo en la versión inglesa (My Man).

Mon homme –o My Man, o Mi hombre según el idioma en que se cante– ha sido interpretada y grabada, entre otras, por Édith Piaf (1940), Ella Fitzgerlad (1941), Billie Holiday (1956), Sara Montiel (1958; esta con una letra muy suavizada), Peggy Lee (1959), Juliette Gréco (1964), Barbra Streisand (1965), Diana Ross (1970) y Dee Dee Bridgewater (2005). Puro sentimiento es la versión de Billie Holiday, cuya relación con los hombres –exceptuando al buenazo de Lester Young– fue más que complicada. De todas ellas me he decantado por la de Juliette Gréco, la que figura en su álbum Les grandes chansons de Juliette Gréco (1964). Sobre todo, porque adoro a Juliette Gréco y su interpretación de Mon homme me fascina y embelesa. Y también, porque es una mujer que, fiel a sus ideas políticas, ha aprovechado siempre cualquier oportunidad, y son muchas dada su fama, para defender los derechos humanos y combatir la opresión. Se considera feminista y opina que “ser mujer es lo mejor que hay… y lo más duro”. Y dice acerca del amor: «Es en el amor en donde encuentro la fuerza para seguir cantando. En dejarme ir, en conservar el deseo de conocer gente, la curiosidad por todo lo que ocurre. Pero es muy difícil seguir disponible, seguir entregándose, y a menudo me siento muy decepcionada, porque yo soy terriblemente vulnerable. Soy fuerte, pero abominablemente vulnerable. Es una mezcla difícil. En fin, soy una mujer» (El País, 15 de diciembre de 1983). Juliette Gréco, como vemos, no mezcla churras con merinas.

La complainte de la Butte

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Gran canción la de este vídeo, nostálgica, melancólica, amorosa, triste, pasional, emotiva, poética… Muy bella. La música es de George Van Prys (1902-1971), compositor cinematográfico (más de trescientas partituras de filmes, entre ellas reconocidos clásicos del cine francés), de operetas (uno de los grandes últimos compositores del género) y de música ligera. Compuso la melodía de La complainte de la Butte para la película French Cancan (1955), una excelente comedia romántica que narra el resurgimiento del baile más famoso de París –el cancán, obviamente– mientras cuenta la historia de una productora de teatro que convierte a una humilde lavandera en una estrella en el mítico cabaret Moulin Rouge. Su director, el magnífico Jean Renoir (1894-1979), hijo del conocido pintor Pierre-Auguste Renoir, escribió la letra. Ambos consiguieron –a mi entender al menos– algo verdaderamente difícil: La complainte de la Butte respira todo el sabor de la chanson la Belle Époque y en nada desentona de temas otros clásicos del momento de su banda sonora.

La Butte es el punto más alto de París, la colina sobre la que se asienta Montmartre, el Montmartre de aquellos tiempos con sus cafés, cabarets, talleres de pintores postimpresionistas, su carácter campestre y bucólico… Butte significa colina, y por eso, en prácticamente todas las versiones de la canción se traduce como colina. Yo he preferido dejar La Butte, pues si hago referencia a “la colina” o aclaro de qué colina se trata o puede ser cualquiera. Y es que no me canso decirlo: los traductores automáticos son una gran ayuda, pero solo eso, una ayuda. ¡Qué mal uso se hace de ellos! Y no lo digo solo por lo de La Butte.

En la película la ‘interpreta’ la actriz italiana Anna Amendola, pero no es ella quien la canta. La voz es de la gran Cora Vaucaire (1918-2011), La Dama Blanca de Saint-Germain-des-Prés, una de las mejores cantantes de la chanson de todos los tiempos. A ella, pues, es a quien escuchamos en el presente vídeo que recoge este excepcional lamento clásico de la canción francesa.