Comenzar de nuevo

 

Vivimos en un mundo en el que, para mal o para peor, aquello que se encuentra en internet no existe, o es como si no existiera, que al fin y al cabo es lo mismo. Incluso figurando en internet, muchas son las cosas que siguen pasando desapercibidas, también como si no existieran. Son, por un lado, aquellas que no se adecuan a los criterios que rigen esta sociedad, la más opulenta que ha conocido la historia de la humanidad al tiempo que la más injusta, una sociedad que acepta como la única posible una realidad ajena a nuestros designios. Por otro –y consecuencia de esto–, lo mismo sucede con aquello que publicamos en nuestros blogs o en cualquier otra plataforma, y más aún cuando lo que publicamos es un libro, sea del género que sea. O tienes detrás una editorial, cuanto más conocida mejor, o date por jodido. No por fenecido, ¡ojo!

Cuando el 29 de diciembre del pasado año publiqué en este blog una nota titulada “Año nuevo, vida nueva” –en la que explicaba los motivos por los que ya llevaba casi dos meses (desde el 4 de noviembre) sin publicar ninguna entrada– creí que, al menos por una vez, iba a hacer bueno el refrán. No ha sido así. O al menos no lo ha sido, como pensaba, en un tiempo que estimaba iba a ser de días, o de unas pocas semanas. Pero todo llega. Solo hay que echarle horas –muchas horas– y ser perseverante. No puede ser hoy, pues será mañana. Esa me pareció la única alternativa, dado que más que remodelar el blog mi propósito era rehacerlo por completo ahora que puedo, y quiero, dedicarme solamente a escribir y centrarme en el blog.

Mi novela El viaje se abre con una cita del cuento de Hans C. Andersen El caracol y el rosal (1861): “¿Empezamos otra vez nuestra historia desde el principio? No vale la pena; siempre sería la misma”. Eso pienso a veces: no vale la pena. ¿Otra vez? Déjalo estar. Siempre con la misma historia, siempre lo mismo. Luego me acuerdo de André Gide, quien afirmaba que todo está dicho ya, pero que como nadie escucha, es necesario volver a empezar. Pues nada, empecemos otra vez. Y acudo al manido refrán de que no hay mal que por bien venga. Si las entradas que publicamos tienen una difusión limitada por razones obvias, si nuestros libros apenas interesan a cuatro gatos, si da igual lo que hayas hecho o dejado de hacer en tu vida porque en su día fuiste noticia y ya no lo eres, si la gran mayoría de la gente acepta este mundo como el único posible, si confía el futuro de la humanidad a serviles mamporreros del poder, si concibe forzosamente el tiempo libre como tiempo de consumo pasivo y necesita de ‘expertos’ y ‘profesionales’ que determinen qué es lo importante y lo trascendente, qué ha de permanecer en el olvido y qué no, que es lo que debe leerse…, si pasa todo eso, ¡pues de puta madre! ¿Quién se acuerda de lo que publicaste o dejaste de publicar hace un año, por ejemplo? ¿Quién realmente te ha leído? ¡Pero si esto pasa hasta con eso que llaman actualidad! Cacactualidad prefiero denominarla. Lo que hoy es noticia deja de serlo mañana porque los especialistas, analistas y tullidos intelectuales varios así lo aseveran, da igual que se trate de un asunto internacional que de una película o un libro. ¿Se acuerdan de qué fue noticia hace un año, qué películas eran las ‘de obligada visión’, qué libros había ‘necesariamente’ que leer? ¡Pues entonces! Empecemos de nuevo.

Pero hay más. Dijo Boris Vian que si tenemos la cabeza redonda es para que puedan circular las ideas. Las mías nunca dejaron de dar vueltas en la cabeza, y así quiero que sigan. No obstante, últimamente parecer ser que hay un mayor orden y concierto entre ellas. Mi jubilación en julio del pasado año creo que tiene mucho que ver. Supone poder dedicarme solamente a aquello que más me gusta, escribir, novelas o lo que me apetezca. En este sentido comienza, pues, una nueva etapa de mi vida. Mas, como digo en la página Sobre el blog, no se puede comenzar de nuevo sin saldar cuentas con el pasado, sin hacer tabula rasa. Está en la base de cualquier relación, sea esta personal o social.

Pero bueno, de todo esto ya iré contando más cosas en la sección ‘Sobre mí’, que a partir de ahora reflejará mi trayectoria profesional, las actividades que he llevado a cabo, lo que considero más relevante de cuanto he publicado, las circunstancias en que todo ello se produjo y qué ha supuesto para mí cada experiencia. De todo ello quiero dejar constancia. Tengo mucho que decir al respecto.

Y estas son mis únicas pretensiones con el nuevo blog. Por eso he rehecho mis novelas, he sacado una nueva edición de El viaje, El corto tiempo de las cerezas y Adiós, mirlo, adiós, es decir, de todas menos Prudencio Calamidad (por reciente), y voy a empezar de nuevo su promoción. El blog, afortunadamente, no deja de aumentar el número de seguidores, muchos de los cuales son relativamente recientes. Miro quiénes han clicado en el ‘me gusta’ de las últimas entradas y muy pocos se corresponden con aquellos que lo hicieron en su día en las entradas anteriores y muy pocos también –como me indican las estadísticas– se interesan por las entradas que ya llevan tiempo publicadas. Por otro lado, hay otras maneras de elaborar las entradas, como publicar una imagen con un breve texto, con una frase, de la novela, por ejemplo, cosa que pienso hacer desde ahora.

De todas estas cosas, no obstante, hablé ya en la entrada A mi manera: “Empecé a trabajar, como historiador. Investigué, escribí, publiqué, dirigí, fui profesor… Me ‘profesionalicé’. A costa, creo ahora, de seguir siendo un amateur de la vida. Hasta que un buen día dije basta, hastiado de moverme en un medio donde lo que prima es la meritocracia, el amiguismo y la corrupción intelectual de tanto mindundi servil del poder. Entonces los roles se invirtieron y me empeñé –y en esas sigo– en ser amateur en lo que antes había sido profesional y viceversa. Me di cuenta de que todo cuanto había hecho, o intentado hacer, en mi vida, éxitos y fracasos, esperanzas y desilusiones, tenían una cosa en común: lo hice a mi manera, una manera de ser, de comportarme y actuar, que conforman mi carácter y personalidad, al tiempo que cobré conciencia de que sus rasgos ya estaban delimitados cuando dejé mi pueblo para estudiar en Valencia. Fue una especie de reencuentro conmigo mismo”.

Hoy me atrevo a decir que cierro el círculo, aunque, por supuesto, las ideas van a seguir dando vueltas a la cabeza, y por mucho tiempo que así sea. Hoy aseguro –a pesar de aquello de que nunca digas nunca jamás– que este es mi blog definitivo. Por ello, ya puestos, he decidido ‘comenzar de nuevo’.

Confío en que este nuevo y definitivo blog sea un reflejo de mi pensar, de mi sentir, de mi disconformidad con este mundo cada día más inmundo que me niego a aceptar. Me quedan muchas cosas por decir (y por repetir), algunas de las cuales, afortunadamente, molestarán a más de uno, lo que, sinceramente, me alegra e incluso, a riesgo de parecer pretencioso, me enorgullece.

Valencia, 15 de febrero de 2019.

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22 respuestas a “Comenzar de nuevo

    1. Muchas gracias. El número de dios, efectivamente, y la Gidouille de Jarry, pues resulta que, según el calendario patafísco, yo nací el 17 de Gidouille del año 145 de la Era ‘Patafísica, Dia de Santa Hembra (equivalente en el gregoriano al 1 de julio de 1954).

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    1. Es posible, pero un escritor necesita tanto escribir como ser leído. Otra cosa distinta es que uno escriba para sí mismo. Escritor, stricto sensu, es el que se dedica ‘profesionalmente’ (aunque la palabra no me gusta) a escribir.
      Dicho esto, estoy completamente de acuerdo contigo en que hay que ser uno mismo, aunque no te lea nadie. Ese riesgo lo tengo más que asumido. Sigo cobrando más en concepto de derechos de autor por las ventas de mi libro “Arqueología industrial. Teoría y práctica” que por cualquiera de las novelas que llevo publicadas, y eso que el libro se publicó en 2008. Mas eso no va a hacer que me aparte del camino que he decidido seguir.
      Un abrazo (este de domingo).

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  1. Muy bueno. Además de la existencia digital, estamos en la era del micro-relato, de máximo 140 caracteres. Los blogs se han transformado en algo pasado de moda. Los libros implican un compromiso una dedicación que pocos están dispuestos a dedicar.
    Todo su texto me remite a la poesía del tango de Homero Expósito “Chau, no va más”
    Le regalo dos estrofas:
    Vivir es cambiar… ¡dale paso al progreso que es fatal!
    ¡Chau, no va más!… Simplemente, la vida seguirá.
    “-Empezar a pintar todos los días sobre el paisaje muerto del pasado y lograr cada vez que necesite nueva música, nueva, en nuevo piano…”
    “Vos no podés elegir el piano, crear la música de una nueva vida y vivirla intensamente hasta equivocarte otra vez, y luego volver a empezar y volver a equivocarte, pero siempre vivir… ¡vivir intensamente!, porque ¿sabés qué es vivir?…” Vivir es cambiar, en cualquier foto vieja lo verás. ¡Chau, no va más!… Dale un tiro al pasado y empezá, si lo nuestro no fue ni ganar ni perder, ¡fue tan solo la vida, no más!

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