Un policía diputado y dos mindundis trepas de profesión (mis últimos años en la Diputación de Valencia)

Dipu

Llegamos al final de este apartado (Actividades profesionales) que, dentro de la sección de este blog Sobre mi trayectoria profesional, inicié el pasado 15 de febrero con un artículo titulado “Comenzar de nuevo” y proseguí el 28 del mismo mes con la entrada “Mi trabajo como editor: el Servicio de Publicaciones de la Diputación de Valencia”. Ya tenía ganas de acabar con esta historia, tantas como pereza me daba. Me cansa hablar de esto. Pero bueno, ya que comencé vamos allá. Afortunadamente, me doy cuenta ahora de que he contado ya más de lo que creía sobre esta última etapa de mi trayectoria profesional –aunque en realidad debería decir laboral–, una etapa de la que no guardo precisamente buenos recuerdos.

Decía en aquella entrada que toda la experiencia que adquirí al frente del Servicio de Publicaciones de Diputación y “que se incrementó notablemente con el tiempo como podrán leer en las entradas que siguen, todos mis conocimientos –soy capaz de diseñar un libro y de llevar a cabo todos los pasos que requiere su edición, y también he dirigido varias obras colectivas, en alguna de las cuales colaboraron más de doscientas personas– en 2015, cuando Compromís se hizo cargo del área de Cultura de la Diputación, fueron ignoradas deliberadamente. Y es que hay puestos muy apetitosos y personas muy faltas de ética”. Cuando PSOE y Compromís (y dentro de este el Bloc e Iniciativa) se repartieron las diversas áreas, ni quería ni esperaba nada. Todos sabían que mi único deseo era jubilarme cuanto antes, era algo público y notorio. Seguía contando los días que me faltaban para poder jubilarme como el preso que va tachando estos en un calendario y dice: ya me queda un día menos para salir en libertad. Pero… Un buen día una persona (un mindundi) –al que en la entrada mencionada llamaba Mi única Vocación [es] Ir Medrando– mostró un repentino y gran interés por conocerme en persona. Ningún problema. Creí que era una charla amistosa, pero el tipejo solo quería indagar acerca de mis posibles pretensiones, no fuera a ser que intentara ‘batallar’ por alguna plaza adecuada a mi perfil, lo que resultaría molesto puesto que el candidato estaba más que designado con anterioridad (el que denominé I Ara Meu). Todo quedó muy claro el día en que el nuevo diputado de Cultura, el señor Xavier Rius, del Bloc, nos reunió a toda la plantilla del Museo y dijo más o menos que él ya había hablado con quienes tenía que hablar y había sacado sus conclusiones, que eran las que iban a ponerse en marcha. El señor diputado ni me conocía ni sabía nada de cuanto había hecho. Tampoco le interesaba. Ya había hablado con quienes tenía que hablar… El señor Rius es policía municipal. No puedo evitar que al decir esto me venga a la mente el policía al que le practicaron la autopsia (Alfred Jarry: “El cerebro del agente de policía”, Especulaciones) y hallaron su caja craneana ‘vacía de todo rastro de cerebro y rellena, en cambio, de diarios viejos (puede que de consignas en su caso). ¿Qué iban a encontrar si no?

Cualquiera que conozca un poco esto de la cultura valenciana, cultureta más bien, identificaría enseguida a los sujetos de los que hablaba: el trepa mindundi Mi única Vocación [es] Ir Medrando, el medrador meritócrata I Ara Meu y el policía local que me recuerda al que describía Jarry, ahora diputado del área de Cultura. Son, efectivamente, Rafael Company, director del Museu Valencià de la Il·lustració i de la Modernitat (MuVIM); Vicent Flor, director de la Institució Alfons el Magnànim (IAM), y Xavier Rius, diputado provincial de Cultura.

Y decía más aún: “¿Qué hicieron? Convocar un concurso público para ocupar dicha plaza porque, decían, no se podía cubrir con ningún funcionario. Y, efectivamente, no se podía. ¿Por qué? Porque quedaban excluidos los historiadores. Sociólogos sí, historiadores no [el señor Flor es sociólogo]. De ese modo evitaban cualquier tentación de que tanto yo, como otro funcionario que sí aspiraba al puesto, pudiéramos presentarnos. Así de descarado. Cuando me enteré de todo esto, cogí tal cabreo que todavía me dura. ¡Ay si llego a saberlo a tiempo! Jubilarme seguía siendo prioritario para mí, pero así no. Me plantee entonces pleitear contra tal arbitrariedad. De hecho, hablé por medio de un amigo con una abogada de uno de los bufetes con más prestigio de Valencia y le pasé documentos. Me dijo que ganaría el pleito, que de ningún modo se sostenía que no se trataba de un concurso amañado. Todos sabíamos quién iba a sacar la plaza y ninguno nos equivocamos. Como sé ahora quién ganará cualquiera de las que puedan convocarse en el Área de Cultura. No soy adivino, pero tampoco bobo. No pleiteé porque alguien muy allegado a mí me pidió repetidamente que no lo hiciera. Ya no es posible. Solo me queda denunciar públicamente la maniobra. Y en esas estoy. Quemado, eso sí. Se nota, ¿verdad?”.

Si han leído las entradas anteriores del apartado ‘Actividades profesionales’ de la sección de este blog Sobre mi trayectoria profesional, habrán podido comprobar que conozco perfectamente el mundo de la cultura y de la edición, tanto en el medio institucional (monté y dirigí el Servicio de Publicaciones de Diputación) como en ámbito privado; que colaboré desde sus inicios en la Institució Valenciana d’Estudis i Investigació (ahora Institució Alfons el Magnánim) y contribuí a su consolidación; que he dirigido con éxito obras colectivas en las que han llegado a colaborar hasta más de doscientos especialistas y profesionales –lo que también dice algo de mi capacidad para organizar y dirigir– y que la mayoría de ellas han sido por encargo, y que por algo sería cuando me llamaron para encargarme de este tipo de proyectos más de una vez, ¿puede que porqué lo hiciera bien?), que en la Diputación he llevado a cabo también otras iniciativas vinculadas al mundo de la investigación y la edición, como la creación del Centre d’Estudis d’Història Local, que…, que esta gente tiene más cara que espalda. ¿Saben que nos cuesta a los valencianos el tejemaneje en cuestión? 68.000 euros anuales, que es el sueldo del señor Flor. Con un funcionario al frente nos hubiéramos ahorrado esa cantidad.

Me alegra que por una vez mi incontinencia verbal me haya servido. Así no he de volver a escribir sobre esta cuestión. Llámenme sensiblero, pero toda esta maquinación –de la que no quiero entrar en más detalles– me pudo. Insisto: ni quería ni esperaba nada. Pero que, sin comerlo ni beberlo, me metieran en este entramado de espurios intereses, eso sí que no. Me jodió. Y mucho. Y que se aprovecharan de una persona muy allegada a mí con tan bastarda pretensión todavía más. En 2016 cogí mis vacaciones en septiembre. Me reincorporé el lunes día 3 de octubre y el 5 estaba ingresado en el Hospital Clínico por el síndrome de Takotsubo. Este se desencadena a causa de un elevado estrés emocional y es poco frecuente, sobre todo en hombres. Ese estrés emocional, en mi caso, fue fruto de esta continuada decepción respecto a los mencionados comportamientos. Esto lo dicen los informes médicos. ¡Qué quieren que les diga! Uno es así de sensible. ¿Y saben qué? Orgulloso de serlo. Aunque conlleve el ostracismo. Como dijo Pessoa, “el mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad”.

Y ahora sí. ¡Que les den! Que los compre quien no los conozca. Joder, ¡que a gusto me he quedado!


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