La ballade des gens qui sont nés quelque part (La balada de los idiotas felices)

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Otro vídeo, otra canción de Georges Brassens: La ballade des gens qui sont nés quelque part (La balada de la gente nacida en cualquier lugar). Conocida también en español como La balada de los idiotas felices, Brassens –autor de música y letra– la grabó por primera vez en su álbum Fernande, de 1972.

Con él despido esta semana de fastos patrios en la que los que vivimos en el País Valenciano hemos tenido que soportar dos veces: el 9 (Día de la Comunidad Valenciana) y el 12 (Fiesta nacional de España). No todos, obviamente, pues las calles se han llenado de fervorosos patriotas. Se ha visto mucha gente con banderas y pancartas en mano que jamás llegarán a tocar las auténticas palancas del poder, alejadas tanto de ellos como de aquellos que dicen representar ‘sus intereses’. El País Valenciano es ejemplo de que, al final, unos y otros persiguen el mismo objetivo: “ofrendar nuevas glorias a España”, o lo que es lo mismo, a quienes de verdad la controlan, la élite financiera. “Todo discurso político tiene que dar por sentado que estamos de acuerdo en la necesidad del crecimiento económico y que el único problema estriba en encontrar el partido político más capacitado para conseguirlo”. Estos, con su “arrogancia insufrible”, “hace mucho tiempo tuvieron la audacia, valiéndose del control parlamentario de la radio y la televisión, de conquistar para ellos esta parte intelectual de la nación. La política fue definida como política de partidos y luego se la repartieron, desigualmente, entre ellos”. Son palabras de E.P. Thompson (Nuestras libertades y nuestras vidas, 1987), de quien no puede decirse que sea un antisistema. Pero es que Thompson fue uno de los grandes historiadores del siglo XX.

A mí –ya lo he dicho otras veces, y escrito– España me la suda, me suda la polla por delante y por detrás, como dijo el gran Pepe Rubianes. Parafraseando a Camus, amo demasiado la gente para ser nacionalista. Abomino de quienes anteponen la nación a sus habitantes, se autoproclamen –o así se les considere– progresistas o conservadores, socialdemócratas o neoliberales, de izquierdas o de derechas. Simples convencionalismos, pero necesarios para reforzar el sistema y ejecutar y cumplir, todos, las órdenes de otros, los que realmente detentan el poder, a los que este tipo de asuntos también se la sudan.

Que políticos y acólitos dejen ya tan manido asunto y con su pan se lo coman, a ver si se les indigesta. Que dejen de marearnos, se vayan a la playa y disfruten un poco, que siempre están con la misma cuestión. ¡Cuánta milonga! ¡Qué manera de perder el tiempo! En este mismo sentido me la sudan también el País Valenciano (o Comunitat Valenciana), Cataluña (o Catalunya), Francia (o France), Rusia (o Россия), China (o 中华人民共和国), Estados Unidos (o United States of America) que Tuvalu. En todas partes existe, como canta Brassens, “la raza de los chauvinistas, de los portadores de estandartes”, a quienes poco a poco “sus ínfulas suben tan alto que cualquiera les debe envidiar”. Son “los felices idiotas nacidos en cualquier lugar”, imbéciles miserables “que no tiene(n) en el mundo nada de lo que pueda(n) enorgullecerse [y] se refugia(n) en este último recurso de vanagloriarse de la nación a la que pertenece(n) por casualidad; en ello se ceba(n), y en su gratitud estúpida está(n) dispuesto(s) incluso a defender a cualquier precio todos los defectos y todas las tonterías propias de su nación” (Arthur Schopenhauer: Eudemonología o el arte de ser feliz, explicado en 50 reglas para la vida, 1951).

Ciertamente, como dice Brassens, la vida sería más bella si no existiesen esos felices idiotas nacidos en cualquier lugar. Que la ideología se desvanezca y sea la razón la que identifique los verdaderos problemas que afectan al día a día de la gente se me antoja una utopía, pues “debido a su inhibición (de políticos e intelectuales, mejor ‘expertos’) de todo ‘utopismo’ y a su represión de la ‘educación de los deseos’”, esta dinámica “reproduce en el interior del capitalismo las razones mismas del capital –la definición utilitarista de ‘necesidad’–, y por ende en el momento mismo que invita a luchar contra su poder, inculca a su vez la obediencia a sus reglas” (E.P. Thompson: Miseria de la teoría, 1978).

Y ya. Basta de hablar de los idiotas estos. No merecen tanto.

Feliz domingo.

So in Love

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Otra bellísima canción, otra de mis preferidas. Esta de Cole Porter, uno de mis compositores favoritos. “So in Love” (Tan enamorada / Tan enamorado / Tan enamorados) es una extraordinaria canción que este escribió en 1948 para Kiss me Kate, musical basado en La fierecilla domada, de Shakespeare. Tan enamorado, o tan enamorada, según, pues la cantan sus dos protagonistas principales, él en el primer acto y ella en el segundo.

En la década de 1940 la popularidad de Porter había descendido considerablemente. Vivía en Hollywood, donde escribía bandas sonoras para películas, al tiempo que seguía componiendo también para Broadway. Sin embargo, sus musicales no gozaban de la aceptación que habían tenido sus obras de la década anterior. Cuando ya todos consideraban su carrera terminada, regresó el triunfo con el estreno de Kiss me Kate, que se representó más de mil veces ininterrumpidamente. Buena parte de este se debió a las magníficas canciones que incluía, sobre todo, “So In Love”.

En el vídeo –donde “So in Love” sería, pues, ‘Tan enamorados’– la interpretan Keely Smith y Frank Sinatra. La versión pertenece al álbum Kiss me Kate, número dos de la serie Reprise Musical Repertory Theatre (12 elepés que se grabaron en Los Angeles en 1963, concebidos y producidos por Frank Sinatra).

Keely Smith (1928-2017) fue una excelente cantante que no es recordada como se merece. Casada con Louis Prima, actuaban en un show nocturno en el Sahara Hotel de Las Vegas en la década de 1950. Smith se hizo amiga de Frank Sinatra, que se convirtió en su admirador y mentor, y con él grabó varias canciones a dúo en la década de 1960. En 1961 se divorció de Prima y parece ser que no aceptó la propuesta de matrimonio de Frank Sinatra. En 1965 triunfó en el Reino Unido con un álbum con canciones de The Beatles. Se casó de nuevo ese mismo año y se retiró del mundo de la música. En 1985 reapareció con el álbum I’m in Love Again. Luego grabaría Swing, Swing, Swing (2000), Keely Sings Sinatra (2001) y Keely Swings Basie-Style With Strings (2002).

Que tengan un buen día.

Misty

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Bella, bellísima, balada, una de mis canciones preferidas. Misty es un estándar de jazz que compuso en 1954 el gran pianista Erroll Garner (1921-1977), quien la grabó por primera vez en el álbum Contrasts (1955). A raíz del éxito que alcanzó, el prolífico letrista Johnny Burke le añadió letra en 1959 y ese mismo año Johnny Mathis grabó la canción en su elepé Heavenly, y su popularidad se disparó. Desde entonces ha sido grabada y formado parte del repertorio de músicos instrumentistas y cantantes como Count Basie, Wes Montgomery, Carmen McRae, Sarah Vaughan, Aretha Franklin, Frank Sinatra o Ella Fitzgerald.

La versión de esta última, que apareció en el álbum Ella Fitzgerald Sings Songs From Let ‘No Man Write My Epitaph (1960), es mi favorita. Por eso es la que suena el vídeo, vídeo que no me ha costado demasiado montar, pero la traducción… ¡Ay la traducción! Las que se encuentran en internet, incluyendo los vídeos en que la canción aparece subtitulada, son del todo inexactas y se ajustan muy poco al sentido que Burke da a determinadas palabras y expresiones. Que mal uso se hace de los traductores automáticos. ¿Cómo traducir misty? Pregunto a una amiga británica y me da un indicio de lo que puede significar en este contexto. Otro amigo, Dale, neoyorquino, me saca finalmente de dudas. Termino, pues, por traducirla como sensible. El protagonista, o la protagonista en este caso, se halla tan enamorada, tan colgada de su amado, que sin él está perdida, indefensa, y extremadamente sensible.

Puede que mi traducción no sea la mejor, pero sí creo que al menos recoge con bastante fidelidad, el sentido de la letra de Burke. Espero que les guste. La canción, desde luego, no creo que desagrade a nadie.

Que pasen un buen día.