Me refiero a mi libro, mi última novela, que se titula El hoyo. Puede parecer un despropósito que el autor pida que no compren su obra, pero en absoluto lo es. Les explico.
El hoyo es una novela de autoedición, es decir, yo lo hago todo: escribirla, diseñar la portada, maquetarla, corregirla…, todo lo que supone editar un libro, excepto su impresión, conlleva. Puedo, en tanto que autor, pedir que me envíen un ejemplar de prueba a Amazon. Ahora bien, tardan entre 10 y 15 días en mandármelo y lo hacen vía DHL, que es un desastre y al final me toca ir al aeropuerto a recogerlo. Por eso lo publiqué, pero no anuncié en ningún lado que lo había hecho, pues jamás imaginé que alguien llegase siquiera a enterarse, ya que mis libros apenas se venden. Es más, lo he hecho otras veces y esto nunca me había pasado. Por otra parte, solo tiene 109 páginas, y para que en el lomo del libro pueda figurar el título y mi nombre he tenido que maquetarlo varias veces. Ahora ya es la versión buena la que hay en Amazon, pero yo todavía no la he visto. El lunes recibiré un ejemplar. Si está bien, que creo que sí, el martes empezaré a anunciar su publicación y entonces, sí, entonces les diré: Por favor, ¡cómprenlo!
Sin embargo, hay quién ya ha comprado la novela. Y créanme si les digo que lamento profundamente que tal cosa haya sucedido. Conozco a dos personas que lo han hecho y ya me he puesto en contacto con ellas para decirles lo que ahora hago público y que les enviaré un ejemplar en condiciones. Confío en que no haya más ‘damnificados’. Si los hay, les digo lo mismo que a ellas.
En este hoyo solo debía caer el protagonista de la novela, nadie más.
Imagen de la portada del libro Alfred Jarry. Tout Ubu (Le Livre de poche, 1994).
No publico nada desde mediados de julio y lo cierto es que no tenía intención de publicar nada hasta que naciera la criatura. Cuando se está de parto nunca se sabe en qué momento llegará la ruptura de aguas. Yo rompí aguas de pronto, sin tiempo siquiera de avisar a nadie, y desaparecí de repente. La criatura, por fin, ha nacido. Mas, como quiera que ha sido un parto más dificultoso de lo previsto, se encuentra en la incubadora.
Dicho de otro modo: Hace tiempo me puse a escribir una nueva novela, un relato breve, puede que un libelo. Suelo decir que se escribe, más que con la mano, con la mente, que no para de darle vueltas al tema. Y un buen día digamos que mi mente rompió aguas. Parí la novela y ahora la estoy incubando, es decir, cuidándola para que tenga un adecuado desarrollo.
Aunque es una novela breve, sobre cien páginas, es de compleja articulación, o a mí me está resultando muy complicado articularla, estructurarla adecuadamente. Según mis parámetros, por supuesto. Por cierto, va de un hombre que cae en un hoyo y se titula La caída.
En fin, no preveía estar tanto tiempo desaparecido sin publicar nada. Habrá que volver a hacerlo, si no la novela acabará siendo hija de padre desconocido, u olvidado, que viene a ser lo mismo. Publicaré sobre todo vídeos, recurso al que he recurrido cuando mi mente, embotada, no daba para más. Confeccionar vídeos sigue siendo algo que me relaja. Todo lo contrario que me sucede con eso que llaman noticias de actualidad, que son todas, sin excepción, noticias de un mundo miserable en el que no quiero reconocerme por inmerso que esté. De toda esta mierda trataré de huir, siempre en dirección contraria. No soy una mosca.
Que la vida se porte bien con todos ustedes. Bueno, con casi todos, que hay cada uno por ahí…
Johnny Hallyday en el concierto de la plaza De la Nation (22 de junio de 1963).
Uno de cada tres jóvenes franceses escuchaba un programa radiofónico titulado Salut les Copains, de la emisora Europa 1, dedicado a la música pop. Lo emitían todos los viernes de cinco a siete de la tarde. Hannah, a punto de cumplir los 16, no se perdía ni uno, estaba atenta a la recomendación semanal y procuraba comprar el disco en cuanto le era posible. Tenía un tocadiscos que sus padres le habían regalado el año anterior, al terminar el curso, como recompensa a sus buenas notas. Hasta entonces debía compartir con su hermano uno viejo, lo que era fuente de continuas broncas. Tenían gustos distintos. A Hannah le gustaban François Hardy ─cuyo modo de vestir imitaba─ y Sylvie Vartan, los Beach Boys y los Beatles, y la música yeyé que tanto promocionaba el programa; Bill era fan de Les Chaussettes Noires, Johnny Hallyday y Vince Taylor, sobre todo de este último. El tocadiscos de Hannah era uno de los últimos modelos, un Teppaz estéreo ─desde 1958 los discos podían grabarse y reproducirse por estereofonía─ y tenía también radio. Era, sin duda, el que Hannah deseaba. Bill también hubiera estado encantado de poseer otro igual, pero se apañaba con el viejo portátil. Su gran ambición seguía siendo una motocicleta.
Primer número de la revista juvenil Salut les Copains (julio-agosto de 1962).
Cuando Salut les Copains emplazó a los jóvenes parisinos a las nueve de la noche al concierto que organizaba en la plaza De la Nation el 22 de junio de 1963 con motivo de la salida del Tour de Francia para celebrar el año de existencia de la revista homónima, de tanta repercusión como el espacio radiofónico, preveía una buena acogida de su iniciativa, aunque no tanto como la que finalmente consiguió. Ese día la mayoría de los jóvenes tenía prisa, nadie quería perderse el espectáculo en el que participaban los cantantes más populares del momento: Danyel Gérard, Mike Shannon, Les Chats Sauvages, Les Gam’s, Richard Anthony y, los más esperados, Johnny Hallyday y Sylvie Vartan. Todos deseaban ocupar los lugares más próximos al escenario. Se esperaba que acudieran unos veinte mil jóvenes, pero el número de asistentes desbordó cualquier previsión: fueron casi doscientos mil. El metro y los autobuses iban hasta el tope y a medida que uno se acercaba a la plaza las doce vías que en ella desembocan estaban llenas de muchachos y muchachas. Muchos, de ambos sexos, vestían jeans y camisetas de algodón, zapatillas de deporte o botas. La plaza De la Nation era un enorme escaparte de la moda juvenil. Abundaban las chicas al estilo de François Hardy o Sylvie Vartan, peinadas con lacias medias melenas y vestidas con faldas a cuadros y suéteres lisos, rojos o negros la mayoría. Entre ellos predominaban los pantalones estrechos, los suéteres de cuello redondo bajo los que asomaba la camisa y también la chaqueta y corbata estrecha. El pelo tipo Johnny Hallyday o Vince Taylor se repetía entre los muchachos, especialmente entre los que pertenecían a alguna de las pandillas de blousons noirs o, como Bill, se movían en su ambiente.
Un par de horas antes de empezar el concierto era casi imposible acceder a la plaza. Esta y las calles adyacentes estaban a rebosar, no se llegaba a ver el asfalto desde los balcones y terrazas, solo cabezas se apreciaban, y ninguna calva, todas de jóvenes. Muchos se sujetaban de las rejas o cualquier asidero a mano para ver a sus ídolos, otros ocupaban los tejados, se subían los árboles, a las farolas, a los toldos de los cafés. Los más bizarros aupaban a hombros a las muchachas. Tres mil gendarmes trataban de mantener el orden, pero no daban abasto. Los coches de la policía estaban atrapados en medio de la marea juvenil, y la gala no había comenzado aún. […]
Jóvenes subidos a los toldos de los cafés durante el concierto en la plaza De la Nation.
Johnny Hallyday y Sylvie Vartan en el concierto en la plaza De la Nation el 22 de junio de 1963.
Cuando se escucharon los primeros sones de una guitarra eléctrica empezó el delirio, y con Sylvie Vartan y Johnny Hallyday llegó el éxtasis. Al tiempo, en algunas zonas de la plaza empezaron a verse algunos claros. Chicos y chicas se apartaban, los blousons arrojaban botellas de cerveza vacías contra los escaparates y provocaban a cuantos les recriminaban su actitud. Sucedió un intercambio de insultos e increpaciones, puñetazos y golpes. Bien pertrechados con palos, cadenas, puños americanos y otros objetos contundentes, se hicieron los amos de la situación. La policía no podía llegar hasta ellos.
La policía sin poder pasar debido al gran número de jóvenes que habían acudido al concierto.
Con la adrenalina a tope por la agresiva y belicosa atmósfera que le rodeaba, Bill cogió una silla de un café y la lanzó contra el cristal del mismo, que se hizo añicos. Algunos policías, que no advirtió, habían logrado ya acceder a la plaza. Lo cogieron entre cuatro y lo metieron a trompicones en un furgón.
La noche terminó con grandes destrozos en el mobiliario público, lunas de escaparates apedreadas, toldo de cafés arrancados, coches volcados… Las reacciones en los días siguientes eran de lo más críticas. Esa música, esos programas, esas modas, nada puedo pueden traer, decía la prensa. Les Nouvelles littéraires hablaba de aquellos jóvenes como de la cohorte despolitizada y desdramatizada de los franceses de menos de veinte años, bien alimentada, ignorante en historia, opulenta, realista. Paris-Presse jugaba con el título del programa radiofónico y la revista y titulaba su artículo de fondo Salut les voyous! (gamberros). La mayor parte de las opiniones se centraban en los desórdenes que siguieron al concierto, extendiendo la responsabilidad a los organizadores y a las ganas de bronca de un amplio sector de la juventud aparentemente desencantada de todo. Algunos, además, hicieron gala de una tremenda miopía analítica. El propio presidente de la República, Charles de Gaulle, sin ir más lejos, comentó: Estos jóvenes tienen energía de sobra. Podrían empelarla construyendo carreteras. Otros, en cambio, intentaron explicar el movimiento. Desde las páginas de Le Monde, Edgar Morin hacía un análisis más sociológico de los hechos y calificaba a los jóvenes congregados en la plaza De la Nation de yeyés [artículo “El tiempo de los yeyé”], dando así nombre a esta tendencia juvenil cuyo sentido último de sus acciones era ese gozar en todas las formas [que] engloba (y se vierte en) el gozar individualista burgués: gozar de un lugar al sol, gozar de bienes y propiedades; el gozar consumidor, a fin de cuentas.
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El concierto de la plaza De la Nation el 22 de junio de 1963 es uno de los episodios que trata mi novela Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird). De aquí he entresacado el texto que publico hoy, exceptuando el último párrafo. No por estar novelado, este es menos riguroso. Traté de documentarme lo mejor posible sobre él y cuanto narro se ajusta a lo que fue. Otra cosa es mi mayor o menor acierto en la forma de contarlo.
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Completo la entrada con una lista de reproducción con algunos de los grupos y cantantes de moda entre la entonces aún denominada generación yeyé: Danyel Gérard, Les Chats Sauvages, Les Gam’s, Richard Anthony, Sylvie Vartan y Johnny Hallyday. Lamentablemente, no he encontrado ninguno del concierto, al menos con imágenes. Los que figuran son: 1. Danyel Gérard, catapultado al éxito tras grabar la versión francesa de Speedy Gonzales (1962), de Pat Boone (Le petit Gonzalès), quien interpreta el tema en un programa de la televisión francesa del 28 abril 1962. / 2. Les Chats Sauvages (desde 1962 con Mike Shannon de vocalista) era uno de los grupos más admirados por los jóvenes enragés. En el vídeo que sigue los vemos interpretando la canción Je suis amoureux de toi en el programa de la televisión francesa ‘Age tendre et tête de bois’ el 8 de junio de 1963. / 3. Del mismo programa anterior, el mismo día, es esta actuación de Les Gam’s, grupo vocal femenino de rock francés, muy popular a principios de la década de 1960, pero cuya carrera fue efímera, en la que cantan Il a le truc (1963). / 4. Richard Anthony y Johnny Hallyday fueron quienes más discos vendieron en Francia durante 1962. A este año corresponde el siguiente vídeo en el que interpreta J’entends siffler le train, adaptación de 500 Miles, canción estadounidense compuesta por Hedy West en 1961, que se situó en el número de uno de ventas en Francia en 1962. / 5. Sylvie Vartan, una de las chicas yeyé por excelencia, quien había grabado su primer disco en 1961, era, con Johnny Hallyday –con quien se casaría en 1965– era uno de los platos fuertes del concierto. La vemos en el programa de televisión ‘Voulez vous jouer avec nous?’ (febrero de 1963) cantando un de sus éxitos del momento, Le locomotion, que había grabado en 1962. / 6. Y finalmente, Johnny Hallyday, el más idolatrado, cerraba el concierto. Lo vemos en una actuación en directo en Ámsterdam del mismo 1963, no sé si anterior o posterior al concierto de la plaza De la Nation, pero seguro que de los vídeos aquí insertados es el que más se acerca a lo que los jóvenes franceses asistentes al mismo contemplarían. Interpreta el conocido I Got a Woman, el ya clásico r&b de 1954 que previamente habían grabado, entre otros, Ray Charles y Elvis Presley.