Mariconez y gilipollez

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Estaba hoy, a mitad mañana, almorzan-do en el bar en el que tengo costum-bre hacerlo habitual-mente. En la terraza. Entro a pedir un café y en eso veo en la televisión a unos cuantos tertulianos de esos que tanto proliferan en los llamados programas de actualidad –de cacactualidad diría yo– que porfían y pontifican de todo, es decir, a unos y unas de esos, y esas, correveidiles de chismes y demás chafardeos, sean los que sean, que parece que saben de todo. Parece, ¿eh? Solo parece. Por su boca salen chorradas a cada cual más tópica y ridícula.

En el bar, como en otros tantos bares, la televisión siempre está encendida. Al fin y al cabo, las palabras ya solo son sonidos, música ambiental. Pues bien, los tertulianos que hablaban en ese momento –en un programa que, averiguo ahora, se titula La mañana y es un “magacín que incluye secciones de corazón, actualidad y salud”– planteaban una interesantísima, pero que interesantísima, cuestión, sin duda de inconmensurable trascendencia. Resulta que en el programa Operación Triunfo, un negocio privado financiado con fondos públicos, una concursante debía cantar el tema de Mecano Quédate en Madrid y consideró que su letra era inapropiada y ofensiva en esta sociedad tan humana, respetuosa y tolerante. “Yo no voy a decir mariconez porque es un insulto muy homófobo”, argumentó. Quiso cambiar la palabra por gilipollez o estupidez. El autor de la canción y miembro del grupo, José María Cano, no lo permitió. Y polémica al canto. Otro asunto de extrema importancia del que, sin duda, hay que ocuparse y, de paso, lucrarse. La gala en que se interpretará la canción todavía no se ha emitido, está programada para pasado mañana, día 17. ¿Subirá la audiencia? Todo un ejemplo de que “esos felices idiotas nacidos en cualquier lugar” a los que se refiere Brassens en la canción a la que dediqué la entrada de ayer se multiplican como moscas cuando ven la mierda.

Alucino con algunas de las declaraciones que voy leyendo en la prensa a través internet mientras redacto estas líneas. “Me gusta ver cómo chicos de 20 años me hacen cuestionar cosas. Esta es la juventud que quiero que mis hijos tengan como referencia. Os agradezco la valentía que habéis tenido”, manifestó la directora de Operación Triunfo, no sin antes agradecerles también que le hubieran “hecho abrir los ojos sobre la posibilidad de que las letras de las canciones, con el paso del tiempo, puedan llegar a tener otro significado”. Pero mujer, ¿a estas alturas te das cuenta de la evidencia? Y para colmo el desatino del secretario de Estado por el Avance Digital del Gobierno, antiguo responsable de la plataforma Change.org en España: “Mariconez era homofobia interiorizada en los 80 y lo es ahora. La diferencia es que antes había que callar, aunque doliera y ahora NO. No calles ante la homofobia”.

Así a bote pronto se me ocurren unas cuantas canciones cuya letra, según esta argumentación, no es admisible en pleno siglo XXI. “¡Ay, qué tendrá el amor de venenoso, que cuando más cruel es más sabroso!”, canta Luisa Fernanda, la protagonista de la zarzuela homónima en la misma. ¿Cuánto más cruel más hermoso? ¿Qué es esto? ¿Una apología a los malos tratos? Y Manolo Escobar. Tanto viva España y luego que si “viva el vino y las mujeres, que por algo son regalo del Señor”. ¡Toma castaña! Las mujeres son «un regalo» “En este mundo, mi única alegría, mi única felicidad, / es mi hombre. / He dado cuanto tengo, mi amor y todo mi corazón / a mi hombre. / Y por la noche, / cuando sueño es con él, con mi hombre. / No es guapo, ni rico, ni fuerte, / sé que soy idiota, pero le amo. / Él me pega, / me roba, / yo no puedo más, / pero así y todo / ¡qué quieren que les diga! / Estoy tan colgada de él, / que me vuelvo loca”. Es parte de la letra de Mon homme, que estrenó Mistinguett 1916 y luego han cantado Billie Holiday o Barbra Streisand con el título de My man, y Sara Montiel como Mi hombre. Esta, con una letra ‘ligeramente suavizada’. “Búrlate, lastímame, engáñame, déjame, soy tuyo/a hasta la muerte”. Cole Porter escribió esta frase en la letra de So in Love.

¿Qué hacemos? ¡Adaptar la letra las canciones a eso que llaman los nuevos tiempos? Pues nada. Venga, a modificar letras. “Fumar es un placer, genial, sensual” dice la canción Fumando espero. Ahora cantaremos “Fumar es asqueroso, perjudicial, fatal”. Y así todas. No te jode.

Creo que me extendido demasiado en este asunto, no merece tanta atención. O sí, no lo sé. Lo que tengo claro es que la palabra mariconez ni tan solo existe, pero sí gilipollez. Y eso es lo que me parece todo esto: una auténtica gilipollez.

Que la vida les sea propicia.

Valtonyc

Valtonyc

Valtonyc en una imagen del pasado 15 de abril en Barcelona. / Enric Fontcuberta/EFE/La Vanguardia.

Acabo de enterarme de que el rapero mallorquín Josep Miquel Arenas, Valtonyc, tendrá que entrar en prisión después de que el Tribunal Constitucional haya rechazado el recurso de amparo que este presentó contra la condena de tres años y medio que le fue impuesta por la Audiencia nacional. La condena era por enaltecimiento del terrorismo, calumnias, injurias graves a la Corona y amenazas no condicionales en las letras de sus canciones.

¿Qué quieren que les diga? Que estoy indignado, cabreado, enragé. ¡Tres años y medio nada menos! Qué barbaridad, qué… Mejor no sigo.

A través de su cuenta de Twitter, Valtonyc ha difundido un comunicado en el que familia y amigos denuncian la situación y hablan de que será el primer músico en el Estado español que entre en prisión únicamente per sus letras, lo que es un hecho histórico, y recuerdan que el 17 de junio, en Mallorca, se celebrará un concierto solidario con más de cuarenta grupos de todo el Estado. El comunicado concluye (traduzco del catalán): “Esta condena representa un ataque a un derecho democrático que nos afecta a todas y a todos, ¿hasta cuándo vais a permanecer en silencio? Mañana puede ser tu hija, tu hijo. Mañana puedes ser tú”.

Ni me gusta el rap, tenía noticia del caso, pero hasta ahora no había escuchado a Valtonyc. Y aquí me tienen ahora, viendo todos sus vídeos en YouTube. Les dejo con este, con el tema “Pido perdón porque he comprendido”, que publicó el 27 de febrero de 2018. Poco después, en abril Valtonyc dijo que no pensaba entrar en prisión por su propio pie. Yo tampoco lo haría.

Pues no, no estaba muerto

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Hablo de Franco, el nada compasivo, cruel, despiadado y desalmado generalísimo que consiguió con mano férrea transformar España en un país rural que parecía retrotraerse al viejo mundo preindustrial de amos y sirvientes, de señores y vasallos, propiciado por la intensidad de los devastadores efectos de la Guerra Civil y sus dramáticas consecuencias. Con el triunfo de los facciosos y la pérfida dirección del mentado déspota, se estableció un régimen dictatorial entre cuyos rasgos ideológicos cabe destacar un fuerte sentimiento nacionalista que ensalzaba la patria y su unidad, la figura de un ‘caudillo’ que –por encima del bien y del mal– regía los destinos de la nación y el control político, social e ideológico del país para ‘protegerlo’ de los ‘enemigos’ del exterior y el interior. En el sustento del régimen, y a diferencia de otros regímenes totalitarios, desempeñaron un papel primordial el Ejército y la Iglesia católica, aliados con el poder político, la oligarquía económica y el aparato administrativo, asegurando así la supervivencia de un sistema político que nació para frenar el avance del movimiento obrero y consolidar el estado burgués que se plasmaba “en unas instituciones políticas pensadas para asesorar al Caudillo providencial e infalible, y en unos planteamientos culturales e ideológicos que querían recuperar una tradición de tres a cuatro siglos atrás” (Josep Fontana: España bajo el franquismo, 2000).

Tal día como hoy de hace dos años publiqué en este blog un artículo titulado El día que murió Franco en el que contaba cómo viví la esperada noticia de su muerte. Terminaba con estas palabras: “No recuerdo que bebí la noche en que festejábamos la muerte del dictador. Algo barato seguro. Nada de champán como leo hoy en El País que consumieron algunos que rememoran sus vivencias de aquel día. Hoy sí podría celebrarlo con champán. Pero visto lo visto, a dónde hemos llegado y en que situación nos encontramos, lo cierto es que se me van las ganas. No era esto, no”.

Y ahora va y me doy cuenta de que, efectivamente, no era esto, no. Empiezan, pues, a encajarme cómo ese nacionalismo desacerbado del A por ellos, oé ha calado entre tantos españoles a quienes parece ser que ni el paro, ni la corrupción, ni los abusivos contratos laborales remunerados poco más que con una mierda pinchada en un palo, ni los migrantes, ni nada, les afecta tanto como la ‘indivisibilidad de la patria’, que solo es una: España. Y es que, el muy canalla, no estaba muerto. Nunca lo ha estado. Estaba… de parranda. Eso sí, mientras tomaba cañas, contaba con innumerables secuaces que se encargaban de repartir hostias como panes. Contaba y cuenta.