Culpa, dominación y sumisión.

Ser sumisos es un mecanismo perfecto de dominación, tan inmejorable que incluso cuando dejas de creer en dioses y la Superioridad y en todos los sofismas en base a los cuales se ha construido tal artificio siguen existiendo marcas en lo más recóndito del espíritu que la razón no alcanza a borrar. Hemos de sentirnos culpables, infractores, pero ahí está el todopoderoso, los todopoderosos, para concederte el perdón.

Te perdonarán. Si te arrepientes. Si no lo haces de nuevo. Resígnate pues. Sé paciente. En este mundo sufrirás, sometido a los que están por encima de ti. Así es la vida, que no te angustien las calamidades, ya tendrás tu recompensa. Llegará en el otro mundo. O, si perseveras, incluso en este, te dicen los omniscientes definidores encargados de formar ciudadanos, es decir, seres dóciles.

Culpa. Hay que sentirse siempre culpable de algo, por algo, es la base de todo poder. Sin culpa no hay miedo.

Culpa. Remordimiento. Vergüenza. Confesión (declaración). Juicio. Arrepentimiento. Pena. Acatamiento. Claudicación. Otra vez.

Lo único que nos queda es la renuencia. La defección ante la epidemia espectacular y la aceptación de la inutilidad de cualquier aspiración es la única resistencia posible, la soledad la única compañera fiable. No erraba de pequeño al preferir mi mundo, si es que de un mundo propio puede hablarse en medio de la locura egotista. Un asedio permanente, sin embargo, contaminaba y degradaba toda experiencia, lo que producía en mí una cada vez mayor aversión por los elementos distorsionadores que impedían su natural evolución, elementos siempre debidos a la acción del hombre, o a su inacción, tanto da.

El fiasco, el desengaño, la indignación, la frustración, la impotencia fueron así absorbidos y superados por la aversión. No hay otra salida posible.

If He Walked into My Life

¿Debería de haber sido más dura con él? ¿Debería de haberle tratado con mayor ternura? ¿Era sensible o solo un tipo frío? ¿Fue poco lo que le di? ¿Fue demasiado?

¿Fueron sus días aburridos? ¿Se sintió abandonado por las noches? ¿Sobreestimé mi propósito? ¿Acaso me interesé demasiado por el hombre y olvidé al niño?

¿Será culpa de las veces que lo mimé, o de las veces que le quise controlar? ¡Qué lástima! Nunca encontré al niño antes de perderlo.

Me preguntaré, sin embargo, toda mi vida que salió mal. ¿Cometería los mismos errores si quisiera de nuevo formar parte de mi vida? Si me llamara, si volviera a aparecer en mi vida.

If He Walked into My Life –que podemos traducir, al menos así lo he hecho yo, como ‘Si volviera a aparecer en mi vida’– es una canción con música y letra de Jerry Herman, uno de los compositores y letristas más reputados del teatro musical de Broadway que hoy, 10 de julio, cumple 88 años. Herman es especialmente conocido por ser el autor de Hello, Dolly! (1964), así como de otros magníficos musicales como Mame (1966) o La Cage aux Folles (1983).

If He Walked into My Life es una de las canciones de Mame, una de las estupendas canciones de Herman, por tanto, además de la más conocida de la obra. Mame, como los otros musicales citados, fue un gran éxito y permaneció en cartel desde el 24 de mayo de 1996 al 3 de enero de 1970. El mismo año de su estreno, If He Walked into My Life fue grabada por Bobby Darin, Louis Armstrong, Herb Alpert y Eydie Gormé. La versión de esta última –que por entonces era conocida en España por sus éxitos con el trío Los Panchos– entusiasmó a público y crítica y le valió a Eydie Gormé el Grammy a la Mejor cantante femenina en 1967. Y aunque uno esto de los premios no se lo acaba de creer y en el fondo se la trae al pairo, en esta ocasión, opino, fue más que merecido.

Escuchamos If He Walked into My Life por Eydie Gormé (1966, álbum Don’t go to Strangers) en este video que he elaborado con imágenes de la película ‘Wicker Park’ (2004, ‘Obsesión’), con Diane Kruger y Josh Hartnett.

¿Qué razón, la suya o la nuestra?

―La situación se enmaraña a pasos de gigante ─se lamentaba Martha─. El mensaje chovinista y racista del nacionalsocialismo parece que cuaja cada vez más entre la opinión pública. Esta mañana, cuando compré el codillo, delante de mí había una mujer que pidió lo mismo. Nada más irse, la dependienta, que creo que es también la dueña, comentó con las clientas que quedábamos, tres éramos, que era judía y compraba cerdo para disimular. No pueden negarlo por mucho que se empeñen, dijo una, su físico ya les delata. Dijo delata. ¿Qué os parece? No pienso volver a comprar más en esa tienda.

―Todo esto se veía venir hace tiempo, pero nadie creía que llegaría a cuajar entre la población hasta este punto. Yo mismo era al principio de esa opinión. Los alemanes no se dejarán arrastrar por la agresividad y la xenofobia del mensaje de Hitler, pensaba. Ya sufrimos bastante con la última guerra. ¡Joder que no! Si parece que lo estaban deseando. Hace algo más de un año los nazis consiguieron ser el segundo partido del Reichstag con casi seis millones y medio de votos. Me temo que en las próximas elecciones esa cifra aumentará.

―La verdad es que no lo creo pero quiero creerlo, no lo sé, pero quiero confiar en que finalmente se impondrá la razón.

―¿Qué razón, Sam? ¿La suya o la nuestra? Me niego a creer que todo esto sea cosa de unos fanáticos a los que sigue un pueblo desorientado. Fanatismo… ¡No, no y no!  Hitler solo hace que reunirse con los principales magnates, recorre el país de un lado a otro buscando apoyos entre los hombres de negocios. Ellos temen al comunismo, y se los dan. Pero los comunistas ya no son los únicos enemigos, ahora lo son todos los que no comulgan con su credo y cualquiera que simplemente no sea como ellos, incluyendo su físico. A un amigo mío, que no es judío, los de las SA le dieron el otro día una paliza porque su aspecto así parecía indicarlo. No tuvo tiempo siquiera de explicarse. Tres costillas rotas, una ceja partida, moratones por todo el cuerpo. ¿Y la gente? Pues, ya ves, encantada.

Manuel Cerdà: Adiós, mirlo, adiós (Bye Bye Blackbird), nueva edición 2019.