Harlem Nocturne

Otro video. Hoy muy distinto al de ayer excepto en una cosa: la buena música. Harlem Nocturne, la sensual melodía que recoge el de hoy, es un estándar de jazz que compuso en 1939 Earle Hagen, al que luego añadió letra Dick Rogers, para la orquesta de Ray Noble, en la que el primero tocaba el trombón por entonces, siendo elegida por el líder de la big band, Randy Brooks, al año siguiente como su tema principal y grabada en disco. Hagen escribió la canción como un tributo al saxofonista Johnny Hodges, conocido por su trabajo en solitario con la banda de Duke Ellington.

No obstante, la popularidad que alcanzó Harlem Nocturne se debe principalmente a la grabación que llevaron a cabo The Viscounts en 1959. Tres años antes, sin embargo, la había grabado otro gran saxofonista, Illinois Jacquet (1922-2004), y como quiera que su versión es mi preferida es la que he elegido para confeccionar este vídeo acompañada de imágenes de varios clips de YouTube (Harlem Renaissance) y de la película Scarface (1932), dirigida por Howard Hawks.

¿HACE CALOR? PUES ¡DEJA QUE NIEVE! (LET IS SNOW!)

Es probable que al ver el video que figura bajo estas líneas no entiendan gran cosa. Prueben. ¿Nieve y sol tórrido al mismo tiempo?

Let It Snow! Let It Snow! Let It Snow!, o simplemente Let It Snow (Deja que nieve) es una canción de Jule Styne con letra de Sammy Cahn, uno de sus preciados colaboradores. La consideramos una canción navideña, pero nada más lejos de la intención de sus autores. Esta que sigue es la historia de la canción.

Sucedió un día de julio de 1945, uno de los días más calurosos que se recuerdan en California desde que se tienen registros, un día, pues, tan bochornoso como los que estamos pasando ahora con la puñetera ola de calor que nos invade, nos agota y abate. No son, obviamente, estos días los más propicios para dar rienda suelta a la creatividad, pues sabido es que el calor excesivo embota los sentidos, nos aturde y dificulta pensar con claridad. Mas no a todos. ¿Verdad que los niños no dejan de jugar por mucho calor que haga? Algo parecido sucede con las personas hiperactivas, y Jule Styne –el compositor de la melodía de Let is Snow! y de otras canciones como Diamonds Are a Girl’s Best FriendThree Coins in the Fountain o Just in Time y musicales como GypsyGentlemen Prefer Blondes o Funny Girl– lo era, y como suele ser habitual entre los poseedores de tal carácter –y algo de eso sé por mi propia experiencia– hablaba en un tono muy bajo y con una vocalización muy mala, por lo que muchas veces lo que decía resultaba ininteligible.

Pues bien, a Jule Styne y a su amigo el letrista Sammy Cahn –que residían en Hollywood por motivos profesionales– les dio por imaginar que se encontraban en un frío lugar en el que estaba nevando. Los niños y los adultos hiperactivos suelen tener algo en común: la imaginación y la fantasía siempre están activas, lo que fomenta la creatividad. La imaginación, la fantasía, pueden ser una fuga de la realidad, pero en interacción con ella pueden, por esto mismo, crear cosas geniales, como la canción que nos ocupa.

La imaginación lo puede todo, pues todo es cuestión de la mente, se dice. A mí me ha funcionado. Eso sí, he de confesarles que tengo puesto el aire acondicionado.

El excesivismo (la historia del asno que creó una escuela pictórica)

Con motivo de la edición de 1910 del Salón de Artistas Independientes de París se presentaba públicamente pocos días antes de su inauguración –que tuvo lugar el 18 de marzo– una nueva vanguardia pictórica denominada excesivismo. Lo hizo a través de un manifiesto al estilo futurista, que se publicó en los periódicos, en el que se abogaba por “destruir los museos y pisotear las infames rutinas”.

El excesivismo –que llegó a causar gran revuelo– estaba representado en el Salón por un solo cuadro: El sol se durmió sobre el Adriático. No había más obras, ni las habría en un futuro. Y es que el autor del cuadro, Joachim-Raphaël Boronali, era en realidad un asno. Boronali era el anagrama de Aliborón, el asno de las fábulas de La Fontaine.

El Lapin Agile en 1913.

Veamos cómo se gestó el movimiento y cómo se pintó esta obra única en todos los sentidos. La idea fue del periodista Roland Dorgelès, habitual de Montmartre y del cabaret Lapin Agile, el más antiguo de París, cuyo ambiente era más intelectual que el del resto de los cabarets parisinos. Entre sus clientes habituales, además de Dorgelès, y entre otros, estaban Guillaume Apollinaire, Charles Dullin, Maurice Utrillo, Max Jacob, Amedeo Modigliani y Pablo Picasso.

Père Frédé (Frédéric Gérard), su dueño, era músico, pintor, poeta y animador. Un individuo sin duda peculiar, de pelo y barba canosos, largos y descuidados, siempre con su pipa y su sombrero o gorra típica de los marineros. De vez en cuando cogía la guitarra y anunciaba que iba a hacer “un poco de arte”, interpretando generalmente algunos poemas de Ronsard y otras antiguas canciones. Entre tema y tema, algún joven poeta declamaba sus últimos versos sin prestar demasiada atención a la rima. Otras canciones, de procaces letras la mayoría, eran coreadas por la clientela mientras la joven Eliane, siempre sonriente, se movía la sala con su bandeja llena de vasos. Sobre su puerta aparecía escrito en letras blancas: ‘El primer deber del hombre es tener un buen estómago’.

El Lapin Agile en 1907.

Frédé tenía un asno, Lolo, quien sería el encargado de pintar con su cola la obra que expondrían en el Salón haciendo creer a todo el mundo que su autor era un tal Joachim-Raphaël Boronali, principal representante de un nuevo movimiento. Contaban para ello con la colaboración del pintor Pierre Girieud y del joven crítico André Warnod, que trabajaba para la revista satírica Fantasio. Con gran regodeo, llenaron unos cubos con los colores azul, verde, amarillo y rojo y con el asno iban dando vueltas a su alrededor hasta que este se paraba junto a uno de ellos, que resultaba ser el elegido y en el que mojaban su cola, a la que habían atado un pincel. Entonces le mostraban zanahorias y tabaco, sus manjares preferidos, para estimularle y que la agitara. Llevaron a cabo la acción en presencia de un alguacil a fin de que diera fe del proceso seguido en la ejecución. El resultado fue una especie de marina recargada de color a la que pusieron el ampuloso título de El sol se durmió sobre el Adriático.

Obviamente, se divirtieron de lo lindo con la ocurrencia, pero el regocijo alcanzó su cenit cuando, inaugurada la muestra, leyeron los comentarios de los críticos. El cuadro no pasó desapercibido, los representantes del fauvismo, el cubismo o el futurismo, las tendencias más en boga de las vanguardias pictóricas, no merecieron tanta atención. Se dijeron muchas cosas sobre él, que si era una obra que indicaba una “precoz habilidad”, “una torpeza en la factura”, “un temperamento todavía confuso y colorista” o, incluso, un “exceso de personalidad”, y se vendió ¡por cuatrocientos francos! Las carcajadas aún resuenan en La Butte. Días después, Le Matin, en cuya redacción se había presentado Dorgelès con las pruebas que revelaban la verdadera personalidad del autor, publicaba un artículo suyo con el sugerente título “Un asno, líder de una escuela”.

Publicado anteriormente en este blog el 31 de enero de 2018.