Asger Jorn: ‘Letter to my Son’ (finales de la década de 1950). / Tate Modern.
‘Uno siempre a mi alrededor es excesivo –piensa el solitario–. Uno por uno acaban siendo dos’. Yo y mí están constantemente dialogando con apasionamiento; y esto no lo podríamos soportar sin un amigo. Para el solitario, el amigo es siempre el tercero; ese tercero es el corcho que impide que el diálogo entre los dos se vaya a pique. Lamentablemente, existen demasiadas profundidades para todos los solitarios. Por eso anhelan un amigo a su altura. Nuestra fe en otros revela lo que quisiéramos de nosotros mismos. Nos delata nuestra ansia de amistad. […] El auténtico respeto que no se atreve a solicitar amistad es: ‘¡Por lo menos sé mi enemigo!’. Quien quiere tener un amigo tiene también que querer luchar por él; y para luchar hay que poder ser su enemigo. […] Nuestro amigo debe ser nuestro enemigo. ¿Qué tu amigo debe sentirse horado de que te presentes a él tal y como eres? ¡Pues maldito lo que le importa eso a él! Quien se presenta tal como es termina suscitando irritación. ¡Qué razón tenéis cuando os asusta la desnudez! […]
¿Has visto a tu amigo durmiendo alguna vez para saber qué aspecto tiene? Pues, ¿qué es en otros momentos el rostro de tu amigo? No es más que tu propio rostro reflejado en un espejo tosco e imperfecto. ¿Has visto a tu amigo durmiendo? ¿Y no te horrorizó el aspecto que tenía en ese momento? Amigo mío, el hombre es algo que debe ser superado. Un amigo tiene que dominar el arte de adivinar y de quedarse callado. No te empeñes en verlo todo. Tu sueño te debe revelar qué es lo que hace tu amigo cuando está despierto. Tu compasión ha de ser un adivinar, para que estés seguro de que tu amigo quiere que le compadezcas. La compasión para con el amigo debe estar oculta bajo una dura cáscara; debes dejarte un diente al intentar morderla. Así tu compasión será dulce y delicada.
¿Eres para tu amigo aire puro y soledad, pan y medicina? Hay quien no puede romper sus cadenas y, sin embargo, redime a su amigo. ¿Qué eres un esclavo? Entonces no puedes ser amigo. ¿Qué eres un tirano? […] ¡Cuanta pobreza y cuanta avaricia […] hay aún en vuestra alma! Lo que vosotros le dais a vuestro amigo se lo doy yo a mi enemigo, y sin que ello me empobrezca más. Existe la camaradería, sí; pero, ¡ojalá exista también la amistad!
Friedrich Nietzsche: “El amigo”, Así habló Zaratustra (1893). Traducción de Francisco Javier Carretero Moreno (ed. 1999).
Precisamente es un fragmento que me dejó también perpleja. Qué bueno. Gracias por recordármelo 🙂
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No hay de qué. Me encanta Nietzsche y creo que la perplejidad, la capacidad de desconcertar y generar dudas es una de sus grandezas.
Afectuosos saludos.
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Era filósofo, pero le veo más con madera de poeta muy intuitivo. Feliz entrada de semana 🙂
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Es un texto elegante, no es sano intentar ver todo de tu amigo. Gracias por compartir, a mi vez compartiré en el muro. Saludes.
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Celebro tu opinión, pues soy un apasionado de Nietzsche.
Afectuosos saludos y gracias por compartir.
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Pingback: El amigo — A MI MANERA – Casiopea
Me encontré con tanta sabiduría en este texto. Un saludo. Tendré que seguir leyéndote.
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Gracias, Héctor, aunque en este caso lo único que he hecho es seleccionar unos párrafos de “Así habló Zaratustra”. Afectuosos saludos.
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Estos pensamientos tienen una esencia para-evangélica, ¿no?
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En el sentido de humanidad es posible, pero la verdad es que no sé qué decirte. Me has dejado dudando.
Afectuosos saludos.
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Siento haber te puesto en duda. Saludos!!!
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No lo sientas. Es bueno y saludable crear dudas. No existe la verdad absoluta.
Afectuosos saludos.
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