El día que Piero Manzoni defecó fuera de la taza del váter

cap2

Un buen día de mayo de 1961, Piero Manzoni no defecó dentro de la taza del váter, como supongo que haría habitualmente. Desconocemos dónde lo hizo, pero sí por qué y qué sucedió con el más de cuarto de kilo que pesó su deposición. Repartió los excrementos en 90 latas de estaño, de 4’8 centímetros de alto por 6 de ancho, y las etiquetó lateralmente con las palabras Mierda de Artista en los idiomas italiano, francés, inglés y alemán, añadiendo a la etiqueta “Contenido neto: 30 gramos. Conservada al natural. Producida y envasada en mayo de 1961” y, sobre la tapa, el número de la lata y la estampación de su firma. Manzoni puso a la venta las latas equiparando su peso al del oro, y su precio.

pmanzoni1

Una de las latas de “Mierda de artista”.

Hoy, las latas de Mierda de Artista se conservan cual reliquias en museos como la Tate Modern, el Moma o el Pompidou, si bien la mayoría está en manos privadas. La última lata que se vendió, en una subasta de Sotheby’s que tuvo lugar en Milán en 2007, alcanzó la suma de 124.000 euros.

piero-manzoni-con-i-suoi-barattoli-di-merda-d-artista

Manzoni con su obra “Mierda de artista”.

Manzoni creó, pues, una obra de arte. A su pesar, eso sí, pues su idea acerca de las relaciones entre arte y mercado, y la dependencia del primero respecto al segundo, es muy precisa con esta obra: “la experiencia estética concierne solo al artista que la realiza, y quien la recibe solo puede comprarla en ‘caja cerrada’, sin elección ni opinión posible, como, por otra parte, le ocurre con los productos industriales” (Giulio Caro Argan: El arte moderno, 1988).

foto-manzoni-con-uov275e05

Manzoni estampa su huella dactilar sobre varios huevos.

Hay quien dice que en su interior solo hay yeso, pero tal circunstancia, al parecer, importa poco, pues lo cierto es que nadie se ha atrevido a abrir ninguna. Mierda de artista, la obra, el fetiche, ha alcanzado la categoría de mito y, como tal, como obra, como fetiche, tiene su correspondencia en el mercado, como hemos visto. ¿Abrirla? ¿Destrozar una obra de arte? ¡Por Dios!

5_foto-manzoni-scultura-vivente-1961

Una de las “obras de arte andantes” de Manzoni.

Piero Manzoni (1933-1963) fue un artista italiano que se inició en la pintura pero pronto llegó a negarla por considerar que era un lenguaje inacabado y adoptó una postura muy crítica con el arte de su momento en el que la provocación deviene un arma contra el sistema establecido. Este drástico posicionamiento le vincula a determinados precedentes dadaístas y en especial a Duchamp. Firma, autentifica como obras de arte cosas –como hizo en 1960 con huevos, que marcó con su huella dactilar (la firma es lo que importa hoy en día en el mercado del arte)– y personas (1961) –sobre cuyo cuerpo firmó, designándolas como “obras de arte andantes”– y llega, con Mierda de Artista, a convertirse a sí mismo en objeto artístico, acercándose al arte de acción.

“No hay nada más que decir, solo hay que ser, solo hay que vivir», escribió como conclusión de su texto “Dimensión libre” publicado en la revista Azimut (núm. 2, Milán, 1960), que él mismo había fundado. Manzoni fue hallado muerto en su estudio de Milán, a causa de un infarto de miocardio, el 6 de febrero de 1963, pocos meses antes de cumplir los 30 años.

Los huesos de Cervantes y los huevos de otros

daumier_quijote1

“Don Quijote y Sancho Panza” (1870). Honoré Daumier.

Con la solemnidad que suele caracterizar este tipo de actos, se presentaron el pasado martes en Madrid los resultados del equipo de investigación encargado de la búsqueda de los restos de Miguel de Cervantes. Un equipo compuesto por unas treinta personas entre forenses, arqueólogos, antropólogos e historiadores que ha contado con herramientas de trabajo –como el georradar o los rayos infrarrojos– que ya quisiéramos muchos de los que trabajamos con restos materiales de cualquier época histórica como fuente de conocimiento (los de la sociedad industrial en mi caso). Por no hablar del presupuesto: 12.000 euros en la primera fase y 102.000 en la segunda. La tercera ya veremos, pues habrá una tercera fase en la investigación en la que se tratará de extraer ADN de los restos. En estos momentos, lo encontrado en el Convento de las Trinitarias de Madrid –donde Cervantes quiso ser enterrado– permite, en palabras del director del equipo, el forense Francisco Etxeberría, afirmar que “es posible” que “algunos fragmentos” hallados sean del insigne escritor sin «discrepancias», «a la vista de toda la información generada en el caso del carácter histórico, arqueológico y antropológico». Ahora, pues, a por el ADN. Si se consigue.

El equipo investigador durante sus trabajos.

El equipo investigador durante sus trabajos.

Pues vale. Qué quieren que les diga. Tanto da que da lo mismo. Un hueso es un hueso, como una piedra no deja de ser una piedra. Si a usted le doy un hueso o una piedra, lo más seguro es que me responda ¿y yo para qué quiero esto? Ahora bien, si le digo que el hueso es de un neandertal o la piedra un pedazo del extinto Muro de Berlín –por poner dos ejemplos bien alejados en el tiempo– igual cambia de opinión y hasta me lo agradece. Es el carácter simbólico que les otorgamos lo que les da mayor o menor valía. ¿Y qué es un símbolo? Aquello que representa –insisto: representa, no quiere decir que lo sea– una realidad a raíz una convención socialmente aceptada. ¿Quién determina tal circunstancia? Los expertos que se avienen a tal convención, y los poderes que los amparan.

A mí, francamente, me la trae al pairo que los restos sean de Cervantes, de Sancho Panza o de Pocoyó. Lo que me importa es la obra de este escritor universal, y me gustaría saber cuántos de los que han participado en el proyecto –especialmente los que lo han esponzorizado– han leído Don Quijote de la Mancha. Pues de eso se trata: de la obra. Que la escribió Cervantes, y que naturalmente nos interesa conocer su personalidad, qué le empujó, qué le motivó, contextualizar históricamente su legado, claro que sí. ¿Pero sus huesos? ¿Y por qué no sus calzones?

Otra cosa es buscar los restos de personas desaparecidas, y fallecidas, por parte de sus familiares para al menos poder dignificar la memoria de sus antepasados. Las iniciativas para la localización de los aproximadamente cien mil desaparecidos víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista, como las que impulsa la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, solo encuentra obstáculos y el presupuesto gubernamental destinado a tal fin –de acuerdo con la Ley de Memoria Histórica de España– quedó eliminado desde 2011. Y es que hay huesos y huesos. Y huevos y huevos. Y algunos los tienen cuadrados.

*****

“Las visiones del Quijote” (1989). Octavio Ocampo.

“Las visiones del Quijote” (1989). Octavio Ocampo.

No quiso aguardar más tiempo a poner en efecto su pensamiento, apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, y abusos que mejorar, y deudas que satisfacer; y así, sin dar parte a persona alguna de su intención, y sin que nadie le viese, una mañana, antes del día (…), se armó de todas sus armas, subió sobre Rocinante, puesta su mal compuesta celada, embrazó su adarga, tomó su lanza, y por la puerta falsa de un corral, salió al campo con grandísimo contento y alborozo de ver con cuánta facilidad había dado principio a su buen deseo.

Miguel de Cervantes: Don Quijote de la Mancha (1605), capítulo II de la primera parte.

Cinco cortos animados con el jazz de protagonista

cap_vids_jazz1

Fotograma de “Swing of Change”.

Para la entrada de este viernes hemos seleccionado cinco vídeos de animación cuya temática gira en torno al jazz y su música es el motivo de central de todos ellos. El jazz y, por supuesto, el swing, ese estilo de jazz de ritmo vivaz y contagioso que se desarrolló en Estados Unidos a mediados de la década de 1920 y se extendió por el mundo occidental con inusitada rapidez. Los cinco son recientes –ninguno es anterior a 2009– y el criterio para su selección ha sido únicamente el gusto de un servidor, que espero y deseo que compartan o que, al menos, no les defraude.

El primero de ellos se titula Jazz Club y es un cortometraje de poco menos de dos minutos de duración que realizó en 2013 Andy Dupont en su segundo año de estudios en la escuela superior de cine de animación Supinfocom de Valenciennes (Francia). El tema que suena es Jubilee Stomp, una composición de Duke Ellington que grabó por primera vez en 1928. En él se nos presentan los diferentes instrumentos que suelen utilizarse en los grupos de jazz: el saxofón, el contrabajo, la batería, la trompeta, el clarinete, el trombón y el piano. Un vídeo de lo más didáctico, perfecto para que los niños identifiquen cada instrumento y sepan que hay una música que llamada jazz que puede proporcionarles muchos ratos de placer en el futuro.

¿Nunca se les ha metido una melodía en la cabeza que no deja de sonar en su interior por mucho que se empeñen en lo contrario? Sí, ¿verdad? Es lo que le sucede al protagonista de Jazz that nobody asked for (El jazz que nadie pidió), cortometraje de algo más de cuatro minutos realizado en 2013 por Benny Box y dirigido por Rune Fisker y Esben Fisker. La música que ‘persigue’ al joven que acaba de asistir al entierro de su padre se titula Quaker City Jazz (1939) y fue uno de los primeros éxitos de Jan Savitt and his Top Hatters Orchestra. Savitt, que era blanco, fue el primero en integrar en su big band a una vocalista afroamericana.

Que la música contribuye a la formación del carácter y del alma ya lo decía Aristóteles. Su poder transformador nadie lo discute y por eso afirmamos que la música nos une, o que la música amansa las fieras. Y, si no, vean lo que le sucede a este barbero racista cuando se encuentra, precisamente al despreciar a alguien por no ser blanco como él, con una trompeta mágica en este vídeo titulado Swing of Change y ambientado en Nueva York en los años de 1930. Fue realizado en 2011 por Harmony Bouchard, Andy Le Cocq, Joakim Riedinger y Raphael Cenzi, alumnos de la École Superieur des Métiers Artistiques (ESMA) de Montpellier (Francia). La música es de Denis Riedinger.

De 2009 es Leitmotif, cortometraje de Jeanette Nørgaard, Marie Thorhauge, Marie Jørgensen y Mette Ilene Holmriis, con música de la primera, que nos cuenta la historia de un solitario músico de jazz, el único miembro en vida del grupo del que formó parte en su día, cuya compañía se reduce a un gato blanco que le visita a diario y sigue sintiendo nostalgia por los tiempos en que actuaba en directo con sus compañeros. Mas para todo hay solución, piensa, y se le ocurre una idea tan ingeniosa como disparatada.

También de 2009 es el corto con el que cerramos la entrada: Juiced and Jazzed, de Justin Weber. Ambientado en los años de 1920, cuando estaba en vigor la Ley seca que prohibía el consumo de alcohol, una joven de nombre Lulú descubre el placer de lo prohibido y se deja llevar. La música que suena son los temas The Charleston (1923), de James P. Johnson, interpretado por Spike Jones & his City Slickers, y Doin’ the Uptown Lowndown, de Mack Gordon (1933), por Joe Venuti & his Blue Six.

Buen fin de semana.