Thelonious Monk. Cinco temas

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El “sumo sacerdote del bebop”. Así califican muchos a Thelonious Monk (1917-1982). Y es que este pianista y compositor de jazz estadounidense es una figura clave en el nacimiento y consolidación del nuevo estilo que, en los años cuarenta del siglo pasado, iba a cambiar para siempre la forma de concebir el jazz. Pero Monk es mucho más que eso, es un compositor genial y un pianista inclasificable de marcada personalidad musical que pronto se apartó del bebop para elaborar un lenguaje propio de gran originalidad.

Empezó actuar a mediados de la década de 1930 y a grabar a finales de la de 1940 con otros grandes del jazz de la talla de Art Blakey, Milt Jackson, John Coltrane, Sonny Rollins o Miles Davis. Autodidacta, su estilo pianístico muestra cierta influencia del de Duke Ellington y del stride –un estilo pianístico de jazz/blues que se desarrolló en los años de 1920 y combinaba notas de blues y ritmos con swing–, así como una preferencia por los ataques impensados de las notas, las disonancias y una agresiva sonoridad. Sus composiciones se han convertido en piezas clásicas del repertorio jazzístico. Entre las más conocidas figuran Round Midnight; Epistrophy; Straight, No Chaser; Ruby My Dear, y Monk’s Mood, los cinco temas que conforman nuestra entrada de hoy, interpretados, obviamente, por él.

Comenzamos con el que posiblemente sea el más conocido de todos, Round Midnight, que compuso en 1944 con el trompetista Cootie Williams y se ha convertido –como casi todas sus composiciones– en un estándar del jazz que han grabado infinidad de músicos instrumentistas y cantantes como Ella Fitzgerald. Dio también título a la película homónima que dirigió en 1986 Bertrand Tavernier y protagonizaron Dexter Gordon, François Cluzet y Herbie Hancock.

Lo escuchamos en una actuación durante la gira que dio por Europa en 1966, en este caso en una grabación de la televisión noruega, acompañado de Charlie Rouse (saxo), Larry Gales (contrabajo) y Ben Riley (batería).

Epistrophy, tema que compusieron Monk y Kenny Clarke en 1941 se considera por buena parte de los críticos e historiadores del jazz el primer clásico del jazz moderno. Ese mismo año fue grabado por la big band de Cootie Williams con el título Fly Right. El primer registro por el propio Monk tuvo lugar en 1948 durante las históricas sesiones de Blue Note. La versión que sigue es de 1963 y recoge otra actuación de Monk para la televisión, en este caso la japonesa, durante la gira que realizó dicho año por el país nipón. Son sus acompañantes Charlie Rouse (saxo), Butch Warren (contrabajo) y Frankie Dunlop (batería).

Straight, No Chaser es otro de los grandes estándares de Monk, que grabó en 1951 durante las sesiones de Blue Note. En 1967 salió a la venta un álbum con el mismo título que incluye, además del tema que nos ocupa cuatro más, entre ellos dos magníficos solos al piano de nuestro protagonista de hoy: “Between the Devil and the Deep Blue Sea” y “This Is My Story, This Is My Song”. Vamos con la grabación de 1951, con Monk y Milt Jackson (vibráfono), Sahib Shihab (saxo) y Art Blakey (batería).

Otra excepcional balada, no tan conocida como Round Midnight pero tan buena como esta: Ruby My Dear. La escribió para su primer gran amor, Rubie Richardson, y la grabó por primera vez, también durante las sesiones de Blue Note, en 1947. Luego grabó otras versiones en solitario (1959 y 1965) y con los saxofonistas Coleman Hawkins y John Coltrane, ambas en 1957. Esta última –en la que participan también Wilbur Ware (contrabajo) y Shadow Wilson (batería)– es la que escuchamos en el siguiente vídeo.

Finalizamos con Monk’s Mood, perteneciente al álbum grabado en estudio en 1957 Thelonious Himself, de nuevo con Coltrane en el saxo y Wilbur Ware al contrabajo. Es el único tema del elepé que Monk no interpreta en solitario.

Que terminen bien la semana e inicien mejor la próxima.

Cinco oberturas de ópera

Conductor

Dedicamos la entrada de este domingo a la ópera, en concreto a las oberturas, esas piezas instrumentales que dan inicio a las obras y nos introducen en ellas, y comenzamos con la que posiblemente sea la ópera menos convencional de las que hemos elegido y de todas las compuestas en el siglo XIX: Fidelio, la única ópera de compuso Ludwig van Beethoven, cuyo estilo musical no se adecuaba a los rígidos cánones que comenzaban a dominar el mundo de la ópera por entonces. Por ello fue objeto de varias versiones entre la fecha de su estreno, el 20 de noviembre de 1805, y 1814, la que se convirtió en definitiva.

“Influido por los ideales humanitarios de la Revolución Francesa y por el elevado concepto que, a juzgar por sus diarios y cartas, tenía del amor, Beethoven eligió para su primera y única ópera un libreto francés de Jean-Nicolas Bouilly, Léonore ou L’amour conjugal –al que Pierre Gaveaux ya había puesto música–, que con el título de Fidelio estrenó en 1805 en el Theater an der Wien de la capital austriaca. La obra, ambientada en una cárcel militar sevillana en el siglo XVIII, narra la historia de Leonora, quien disfrazada de hombre y con el nombre de Fidelio acude a la prisión para, ganándose la confianza del carcelero, liberar a su marido, Florestán, preso por motivos políticos” [Lourdes Morgades, “’Fidelio’ o el amor según Beethoven”, El País, 18 de mayo de 2009].

La escuchamos por la Ópera Estatal de Viena, en el teatro de la misma, en una representación de 1978 con Leonard Bernstein al frente de la orquesta.

Muy distinta –aunque no menos lograda– es la obertura que sigue, la de la ópera bufa en dos actos de Gioachino Rossini El barbero de Sevilla (Il barbiere di Siviglia), que se estrenó en el Teatro Argentina de Roma el 20 de febrero de 1816. Rossini era un bon vivant al que le gustaba tomarse las cosas con tranquilidad y solía dejar los encargos para el último momento, por lo que muchas veces se copiaba a sí mismo. Este es caso de la obertura de El barbero de Sevilla, que ya había sido utilizada por el compositor como obertura de dos obras anteriores. La ópera cosechó el día de su estreno un fracaso absoluto, con silbidos y abucheos incluidos, pues esta primera representación fue un desastre y se produjeran diversos accidentes en escena: al cantante que hacía de Almaviva se le rompió una cuerda de la guitarra nada más empezar la obra, uno de sus intérpretes se cayó… La segunda representación ya fue bien y desde entonces el éxito a acompañado a la ópera de Rossini.

La versión que figura bajo estas líneas corre a cargo de la Tonkünstler-Orchester Niederösterreich (orquesta sinfónica de la Baja Austria) durante el Festival de música (edición de 2012) que tiene lugar todos los veranos en la ciudad austríaca de Grafenegg. El director es el colombiano Andrés Orozco-Estrada.

Don Pasquale, ópera bufa en tres actos con música de Gaetano Donizetti, sí triunfó desde el primer momento. Fue un éxito más de crítica de que de público, pero un gran éxito en todos caso. Se estrenó en el Teatro de los Italianos de París el 3 de enero de 1843 y se considera la última de las grandes óperas bufas italianas. El vídeo que sigue recoge la versión de la obertura de Don Pasquale durante el Concierto de Año Nuevo celebrado en 2006 en el teatro La Fenice de Venecia con la orquesta del teatro dirigida por Kurt Masur.

Poco faltó para que las representaciones de Carmen, la célebre ópera de Georges Bizet basada en la novela homónima de Prosper Mérimée, publicada en 1845, se suspendieran a los cuatro días de su estreno. Tuvo lugar este en el en teatro de la Opéra-Comique de París el 3 de marzo de 1875 y recibió muy malas críticas. Aguantó en cartel hasta las cuarenta y ocho funciones, pero ya al final el teatro se llenaba porque las entradas se regalaban. ¿Es posible que el fracaso contribuyera a que Bizet sufriera un ataque al corazón a consecuencia del cual falleció el 3 de junio de 1875, a los 36 años de edad? Poco después del deceso, en octubre de 1875, se representaba en Viena y, entonces sí, público y crítica se volcaron en ella y comenzó su popularidad mundial.

Es Zubin Mehta quien dirige la Orquesta del Royal Opera House en un concierto celebrado en el Covent Garden (Londres) el 1 de enero de 1991.

Terminamos con Giuseppe Verdi y con otra ópera cuyo estreno fue un fiasco, terminando la primera representación con burlas y carcajadas del público asistente cuando se estrenó en el teatro La Fenice de Venecia el 6 de marzo de 1853. Hablamos de La Traviata. A ello no fue ajeno el hecho de que el papel de la protagonista (Violetta) lo encarnara la soprano Fanny Salvini-Donatelli, que ya contaba con 38 años de edad y cuyo sobrepeso hacía poco creíble que alguien así pudiera morir, como ocurre en la ópera, de consunción. Volvió a representarse un año después en el Teatro San Benedetto, también en Venecia, con nuevos arreglos y una soprano mucho más joven y con menos peso. Y llegó el éxito, convirtiéndose en una de las óperas más representadas de la historia y perfecta para iniciarse en su mundo.

La versión que cierra la entrada corresponde a la Orquesta Sinfónica de Milán dirigida por Xian Zhang en el concierto Viva Verdi durante los Proms de 2013, año en que se conmemoró el segundo centenario del nacimiento de este gran compositor.

Que pasen un buen día.

Cinco temas de Disney a ritmo de jazz

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Puede que muchas de las películas de Walt Disney sean un tanto almibaradas y estén llenas de tópicos y clichés, mas lo cierto es que el mundo mágico que creó ha seducido a niños de todo el mundo –y también adultos– durante generaciones. Y va para largo.

En ese mundo la música cobra especial relevancia y sus melodías no solo cautivaron a los espectadores sino también a un gran número de cantantes y músicos instrumentistas, que las han versionado una y mil veces. De ellas vamos a ocuparnos hoy, en concreto de cinco correspondientes a la época de esplendor de la animación tradicional. Todas, eso sí, en clave de jazz.

De los cinco temas que hemos seleccionado, dos corresponden a Blancanieves (Snow White and the Seven Dwarfs) película estrenada en 1937 que inició una nueva etapa en el terreno de la animación: “Someday My Prince Will Come” (mi príncipe vendrá) y “Heigh-Ho”. La música es de Frank Churchill, quien ya en 1933 había colaborado con Disney en el corto The Three Little Pigs (Los tres cerditos) con la canción Who’s Afraid of the Big Bad Wolf? (¿Quién teme al lobo feroz?) y luego compondría las bandas sonoras de Dumbo y Bambi, entre otras. Las letras son de Larry Morey, aunque en los vídeos que figuran bajo estas líneas no la escucharemos, pues ambos son de versiones instrumentales. La primera, a cargo del trío de Bill Evans –Bill Evans (piano), Chuck Israels (contrabajo) y Larry Bunker (batería)– durante una actuación en Londres en marzo de 1965. La segunda por el cuarteto de Dave Brubeck –Dave Brubeck (piano), Paul Desmond (saxofón), Norman Bates (contrabajo) y Joe Morello (batería)–, que la grabó en 1957 en su álbum Dave Digs Disney.

Ese gran guitarrista de jazz que fue Joe Pass interpreta durante un recital que dio en Viena 1988 «When You Wish Upon a Star» (Cuando deseas a una estrella), canción de Leigh Harline y Ned Washington que forma parte de la banda sonora de Pinocchio (1940, Pinocho) y ganó el Oscar a la Mejor canción original. Pinocho fue la segunda película animada de Disney después de Blancanieves.

De gran guitarrista a gran pianista. Vamos con Duke Ellington y “Chim Chim Cheree”, canción de la banda sonora de Mary Poppins (1964), que compusieron –como todas las demás del filme– Richard M. Sherman y Robert B. Sherman y que también ganó el Oscar a la Mejor canción original. La versión que escuchamos forma parte del álbum Duke Ellington Plays Mary Poppins (1965).

Volvemos a la animación tradicional –de la que no estaba exenta del todo Mary Poppins, que mezclaba en algunos momentos personajes reales y animados– con The Jungle Book (1967, El libro de la selva), una muy libre adaptación del libro de historias escritas por el inglés nacido en India Rudyard Kipling The Jungle Book (1894). Y lo hacemos con esa inolvidable canción que, sin duda, es la más famosa de la película: “The Bare Necessities” (“Busca lo más vital” se tituló en la versión doblada al español), compuesta por Terry Gilkyson. La versión de Louis Armstrong, con la que finalizamos la entrada, es difícil de superar y pertenece a su álbum Disney Songs the Satchmo Way (1968).

Feliz domingo.