El orden

Xxxxxx

‘The Keyboard of Isolation’ (2011). Instalación de Jody Xiong.

Lo que hoy se entiende por orden, según los partidarios de lo existente, es la monstruosidad de que hayan de trabajar nueve décimas partes de la humanidad para procurar lujo, felicidades y satisfacción de todas sus pasiones, hasta las más execrables, a un puñado de holgazanes.

Entendámonos antes de entrar en materia. ¿De qué orden se trata? ¿Es el orden de la armonía que nosotros anhelamos; de la que se establecerá en las relaciones humanas cuando nuestra especie acabe de estar dividida en dos clases y de ser devorada una por otra? […] Los que reprochan a la anarquía ser la negación del orden, no hablan de la armonía del porvenir; se refieren al orden tal como se define en la organización social actual. Veamos, pues, qué orden es este que la anarquía quiere destruir.

Lo que hoy se entiende por orden, según los partidarios de lo existente, es la monstruosidad de que hayan de trabajar nueve décimas partes de la humanidad para procurar lujo, felicidades y satisfacción de todas sus pasiones, hasta las más execrables, a un puñado de holgazanes. El orden es […] reducir a nueve décimas partes de la humanidad al estado de bestias de carga, viviendo apenas al día, sin derecho ni siquiera a pensar en los goces que al hombre procura el estudio de la ciencia, la creación del arte…

El orden es la miseria y el hambre convertidos en estado normal de la sociedad […]. El orden es una minoría insignificante, educada en las cátedras gubernamentales […] que educa a sus hijos para ocupar más tarde las mismas funciones con objeto de mantener los mismos privilegios, por la astucia, la corrupción, la fuerza y el crimen; es la guerra continua de hombre a hombre, de oficio a oficio, de clase a clase, de nación a nación; […] es la servidumbre, el embrutecimiento de la inteligencia, es el envilecimiento de la raza humana mantenido por el hierro, por el látigo y el fuego […].

Veamos ahora el desorden, lo que las gentes sensatas llaman desorden.

Es la rotesta del pueblo contra el innoble orden presente, la protesta para romper las cadenas, […] el timbre más glorioso que la humanidad tiene en su historia.

Es el despertar del pensamiento, la víspera misma de las revoluciones; la negación de las hipótesis sancionadas por la inmovilidad de los siglos precedentes; el germen de un raudal de ideas nuevas; […] la abolición de la esclavitud antigua, la insurrección de los pueblos, la supresión de la servidumbre […], las tentativas de abolición de la esclavitud económica; es la rebeldía [del pueblo indignado] contra el clero y los señores, incendiando los palacios para engrandecer su choza, saliendo de lúgubres tugurios para disfrutar del sol y el aire […].

El desorden es el germen de las más hermosas pasiones, de los más grandes heroísmos, es la epopeya del supremo amor a la humanidad.

Piotr Kropotkin: Palabras de un rebelde (París 1885).

El país de la cultura

c4ea2ad8d851cf52bf33a01c96dacf85

Karel Appel: «Niños que preguntan» (1948, grupo CoBra).

Todo está dicho. Inicio hoy una nueva sección del blog con ese título: Todo está dicho. Corresponde a una frase de André Gide que se ha hecho bastante conocida y suele traducirse –no sé si por descono-cimiento o exceso de erudición– de varias formas: “Todo está dicho, pero como nadie escucha hay que repetirlo cada mañana”. O “es necesario repetirlo constantemente”. O “es necesario volver a decirlo”. La frase tal como la escribió Gide es “Toutes choses sont dites déjà; mais comme personne n’écoute, il faut toujours recommencer”, y corresponde a Le traité du narcisse (Tratado del narcisismo), un opúsculo suyo de veinte páginas del cual se hizo una primera tirada, ‘provisional’, en la Librairie de l’art independant en 1891. La edición más conocida, no obstante, es la que publicó Gallimard en 1958 dentro del volumen Romans, récits et soties, œuvres lyriques, de Gide. Figura nada más empezar el tratado, al final del segundo párrafo.

Todo está dicho, pero nadie escucha… Suelo recurrir la cita de Gide con relativa frecuencia. Casi siempre, sin embargo, sin repetir ‘lo ya dicho’, para reafirmar mi voluntad de no ser uno de esos tísicos intelectuales y morales que os guían con sus doctrinas y os convierten en cadáveres vivientes al poco de nacer. Mi voluntad en este aspecto sigue intacta. Y por eso recurro a quienes pensaron como yo antes que yo, a quienes lo hicieron con la profundidad que solo se tiene desde la altura y yo nunca poseeré, a quienes se negaron a ser rebaño y antes que serlo mataron al pastor, a quienes disienten y son tachados de locos por los creadores de conceptos y enterradores de valores.

Y hecha esta especie de preámbulo vamos con el primer texto de Todo está dicho, “El país de la cultura”, uno de los pasajes de Zaratustra que conforman la obra, ¡esa gran obra!, ¡obra!, de Friedrich Nietzsche Así habló Zaratustra, de su segunda parte. Nietzsche escribió la primera y segunda parte (de cuatro) en 1893, en Rapallo, cerca de Génova, la primera, entre el 1 y el 10 de febrero, y en Roma y en su casa de Sils-Maria entre el 26 de junio al 6 de julio. Un año antes había conocido a Lou Andreas-Salomé y se había enamorado de ella. Llegó a pensar en el matrimonio, pero ella lo rechazó. Vivió entonces una etapa de severa depresión que le llevó a pensar incluso en el suicidio.

Todo está dicho. Todo está dicho, pero nadie escucha… Todo. Ya me lo dirán, si no, cuando acaben de leer este extracto de “El país de la cultura”:

‘Esta es, sin duda, la patria de los mil colores’, me dije. […] No hubierais podido elegir, hombres del presente, una careta mejor que vuestra propia cara. ¿Quién os hubiera podido reconocer? Estáis pintarrajeados con los signos del pasado, y sobre ellos han trazado otros, a su vez. ¡Ni los que descifran signos podrían reconoceros! Aunque los augures examinaran vuestras entrañas, ¿quién iba a decir que las tenéis? Parecéis un amasijo de colorines y de papeles encolados. Todos los tiempos y todos los países miran a través de vuestros velos en total confusión; todas las costumbres y todas las creencias hablan en total confusión a través de vuestros abigarrados gestos. Quien os quitara todos esos velos, adornos, colorines y gestos tendría suficiente material para hacer un espantapájaros. Realmente, yo mismo soy el pájaro espantado que un día os vio desnudos y sin colorines, y alcé el vuelo en cuanto vislumbré que vuestro esqueleto me hacía señas amorosas. Preferiría ser jornalero en el mundo subterráneo y entre las sombras del pasado, puesto que las sombras de quienes habitan en el infierno son más gruesas y más rollizas que vosotros. […] Todo lo que hay de siniestro en el futuro, cuanto ha podido espantar a los pájaros extraviados, resulta, sin duda, más tranquilizador y más familiar que vuestra ‘realidad’. Pero vosotros os decís: ‘Somos reales, no tenemos fe ni supersticiones; y os quedáis tan ufanos, sacando mucho el pecho; aunque, a decir verdad, ni siquiera tenéis pecho. ¿Cómo podrías vosotros creer, gente pintarrajeada, si no sois más que pinturas de todo lo que se ha creído en otros tiempos? Sois la refutación andante de la propia fe, quebrantahuesos de todos los pensamientos. Considero que no sois dignos de fe, hombres reales. En vuestro espíritu parlotean todas las épocas, pero todos los sueños y el parloteo de todas las épocas han sido más reales aún que vuestro estar despiertos. Sois estériles, y esta es la razón de que os falte la fe; pero el que tuvo que crear tuvo también sus sueños proféticos y sus signos estelares; creía en la fe. Sois puertas entornadas detrás de las cuales esperan los sepultureros, y vuestra realidad consiste en que todo merece perecer. […] Me hacéis reír, hombres del presente; sobre todo cuando os admiráis de vosotros mismos. ¡Pobre de mí si no pudiese reírme de vuestro asombro y hubiera de tragarme toda la bazofia de vuestras escudillas! Pero prefiero tomaros a broma, porque ya tengo bastantes cosas graves con las que cargar. ¡Que más me da que se posen sobre mi carga algún escarabajo o algún gusano con alas! ¿Es que por eso va a ser mi carga más pesada? No sois vosotros, hombres del presente, quienes me vais a fatigar hasta el extremo. […] soy un nómada por todas las ciudades; en todas las puertas me despiden. Los hombres del presente, hacia los cuales no hace mucho me impulsaba mi corazón, me son extraños y burlescos; de este modo estoy desterrado de la tierra de mis padres y mis madres. Por eso solo amo ya a la tierra de mis hijos; la tierra ignota, allende los mares; y gobierno las velas de mi barco para que busque sin cesar.